Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencia: lenguaje, y no sé si merece la pena poner nada más…
¡Un maldito mes sin actualizar! No tengo perdón, lo sé, y no voy a pedir que me perdonéis porque… En fin, no sé si la espera habrá merecido la pena pero, es lo que he logrado sacar de a poco y a regañadientes como nuevo oficio Dixoniano. Sé que no es ni de lejos el mejor de los que he escrito hasta ahora.
Perdonad las erratas y espero que os entretenga un poco al menos ^^
Chloe
Bajó las escaleras que llevaban a la sala común con rapidez deshaciéndose del poncho en el proceso, dejándolo a un lado. Se acercó a Carl quien sujetaba a la pequeña en brazos inmersa en un llanto propio de un recién nacido hambriento. Con cuidado, cogió al bebé en brazos poniéndose en pie, balanceándose ligeramente en sus talones, buscando que el vaivén relajara a la pequeña mientras Maggie y Beth se encargaban de preparar el biberón.
Con la niña bien sujeta en su brazo izquierdo, cogió el biberón con la derecha acercándoselo a la boca. Rozó el labio inferior de la pequeña con la tetina para que abriera la boca y sellara sus finos labios entorno a la goma.
Pronto la boca de la niña comprendió el mensaje y las suaves palabras del menor de los Dixon y comenzó a beber el preparado con ansias.
Daryl no pudo evitar esbozar una sonrisa viendo cómo comía y miró al resto de supervivientes allí reunidos. No se sorprendió al comprobar que no era el único que sonreía ante esa pequeña victoria. La salida había merecido la pena sólo por ver a la pequeña seguir respirando entre esas cuatro paredes de hormigón.
Sintió los ojos de Carl en ambos, observándoles con cierta fascinación y recato. ¿Le habrían puesto ya un nombre?
El suave roce de la pelusa que era el pelo de la niña sobre su antebrazo era tranquilizador, al igual que la calidez que desprendía envuelta en esa camisa de cuadros. El color de su pelo era rubio, casi blanco, como el de ella.
Algunas salpicaduras de barro acompañaban las cervezas vacías sobre la mesa, ahí donde tenía apoyadas las botas. Su trasero estaba a escasos palmos de terminar cayéndose por el borde del desecho sillón, su cabeza descansaba contra su puño cerrado y el codo sobre el reposabrazos.
Le dio un trago a su cerveza viendo la imagen en el pequeño televisor de tercera mano desaparecer unos segundos antes de reaparecer en blanco y negro. No se molestó en ponerse en pie para arrearle un guantazo al aparato, estaba claro que pronto acabaría en llamas o explotando en mitad del testimonio de Christine en el estrado.
Hacía años que había visto esa película, siendo un crío, pero era uno de esos clásicos que cuando coincidía que lo emitían en la televisión, terminaba viéndolo con unas cervezas.
Se rascó la sien y terminó la lata de cerveza acomodándola en el pequeño hueco entre sus rodillas al mantener las piernas entrelazadas a la altura del tobillo.
Desvió su mirada hacia el exterior. El cielo encapotado oscurecía ligeramente todo lo que tocaba, dándole un tono grisáceo que no auguraba nada halagüeño para las próximas horas.
Sabía que tenía que conseguir algo para la cena, apenas les quedaban dos de esas bandejas de comida precocinada en el frigorífico, y si Merle decidía aparecer por allí con alguna rubia artificial del brazo, sabía que alguien acabaría acostándose con el estómago vacío.
Se pasó una mano por la frente, acomodándola sobre sus labios bajo su nariz mirando hacia la puerta de la entrada. Soltó un largo suspiro. Casi no quedaba gasolina en la camioneta y la caminata hasta la tienda más cercana le garantizaba una ducha gratuita al no alcanzarla probablemente antes de que la tormenta empezara.
- Joder…- Masculló entre dientes poniéndose finalmente en pie.
Rebuscó en sus bolsillos encontrando varios dólares arrugados y monedas sueltas. No iba a servir de mucho realmente.
Volvió a mirar hacia la ventana, el cielo más ennegrecido que instantes antes. ¿Merecía la pena salir ahora que amenazaba tormenta sin prácticamente dinero encima para comprar? Sus dedos tantearon las llaves sobre la estantería junto a la ventana.
Se mordió el interior de la mejilla y con paso resuelto se dirigió a la puerta de entrada. La abrió sin molestarse en coger una chaqueta o algo que pudiera librarle de empaparse hasta los huesos cuando la tormenta arreciase. No pudo poner ni un pie al otro lado de la puerta, retrocediendo en el acto al darse de bruces con una mujer.
- Hola.- Dijo ella con expresión cansada y frenética.
Daryl parpadeó confuso, incapaz de comprender qué diablos hacía esa mujer en su puerta y mucho menos, por qué cojones había decido llevarse a un bebé apostado a su cadera.
- Soy… Soy Madison, acabo de mudarme ahí al lado.
La mujer señaló la caravana junto a la de ellos. En el jardín delantero pudo ver una bicicleta azul, una pelota de fútbol y un viejo camión rojo. Para cuando Daryl volvió a mirarle a la cara, ella le tendía la mano a modo de saludo.
Él se cruzó de brazos, escondiendo sus manos bajo las axilas, marcando aún más su ceño ya fruncido ante su intrusión en su propiedad. Cuadró su cuerpo en el hueco de la puerta entreabierta dejándole claro que no era bien recibida y que el tiempo corría en su contra.
Ella sonrió rehuyendo su mirada, reacomodando el peso del bebé en su costado e intentando devolver a su melena revuelta algo de la normalidad que le faltaba.
- Sé que no nos conocemos y…
- En absoluto.- Atajó él en tono hosco alternando su mirada entre el rostro de ella y el recién despertado bebé que se enganchaba al cuello de la camiseta de tirantes de su madre, hundiendo su rostro rechoncho contra sus pechos.
Daryl apartó la vista de inmediato hacia el camino, tragando grueso.
- Lamento molestarte, de verdad pero… Debo ir al hospital y, no puedo llevar conmigo a Chloe,- ante la confusión patente en la mirada del chico, aclaró- mi hija.- Alzó el cuerpo del bebé dándole a entender a quién se refería. – Había pensado que quizá podrías…
- ¿Me estás vacilando?- Le espetó dando un paso hacia el frente, viéndola recuperar la distancia perdida con rapidez.- ¿Me ves cara de niñera? ¿No tienes un… novio o marido para que se ocupe de ella?- Siseó entre dientes señalándole con el brazo de forma brusca.- No es mi puto problema.- Los ojos de la mujer se empañaron.
- Es mi marido el que está en el hospital, sufrió un accidente en el trabajo y…
Agachó la mirada y besó la coronilla de su hija, mojando el pelo de la pequeña con las lágrimas que terminó derramando. Daryl agachó la mirada a la punta de sus botas, jugando con un hilo roto del bajo de su camisa.
- Créeme que no te pediría que cuidaras de mi hija si…
- ¿Qué estás queriendo insinuar?- Le preguntó él con el rostro ladeado, mirándole con acidez.
- No te conozco, no sé qué clase de…- Empezó a hablar ella de nuevo. Daryl ahogó una carcajada.
- A ver si lo entiendo bien, ¿quieres que cuide de tu hija, pero "no me conoces y no sabes qué clase de basura" soy?- Se acercó más a ella hasta acorralarla contra la pequeña cerca que marcaba el escaso sendero hacia el camino principal. Su frente a escasos centímetros de los de ella quien mantenía la cabeza agachada.- ¿Eso era lo que ibas a decir, zorra? Porque lo que te pase a ti, tu hija o tu marido, no es mi puto problema.
Ante el insulto la mujer alzó su mirada encendida hacia él, pero se mordió la lengua para no responderle, era evidente que lo quisiera o no, necesitaba su ayuda en ese instante. Aunque fuera de un paleto analfabeto como él.
- ¿Cuidarás de ella hasta que vuelva? Sólo quiero comprobar que está bien y…- Insistió ella moviendo su cuerpo con un ligero vaivén para calmar a la niña que parecía percibir la tensión reinante en el ambiente. – Te pagaré.- Le dijo ella viendo que el dinero sería la única manera de convencerle. Daryl se humedeció los labios mirándole con detenimiento.
- No tengo ni puta idea de niños, y menos de uno tan…- Señaló al bebé quien frotaba su puño cerrado contra su mejilla izquierda, arrugando su rostro contra el pecho de su madre.
- Sólo… Sólo tienes que hacer lo que te diga el instinto.- Dijo ella con sencillez, encogiéndose de hombros, besando de nuevo la cabeza de la pequeña.
Daryl se mordió la uña del pulgar, su brazo izquierdo rodeando su torso reposando contra su abdomen.
- Te dejaré mi número de teléfono y te pagaré cuarenta dólares.
Daryl le miró con suspicacia cómo sacaba una vieja cartera del bolsillo trasero de su pantalón y maniobrando con el bebé para sacar el dinero acordado.
- Acaba de comer y, hasta dentro de un par de horas o así no necesitará hacerlo de nuevo.- Le aseguró ella con los billetes en la mano a la espera de que él aceptara.- ¿Me harás el favor, entonces?- Preguntó moviendo el peso de un pie a otro murmurando palabras suaves en el oído de su hija.
- De acuerdo…- Dijo finalmente tras unos segundos sopesando los pros y los contras, mandando la lista infinita de contras al pensar en lo que podría hacer con esos 40 dólares en el bolsillo.
Total, cuidar de un bebé, ¿no podía ser demasiado complicado, no?
10 minutos más tarde…
Daryl apartó la cortina de la ventana para mirar hacia el exterior, por si por azares del destino o alineación de los astros, su vecina se había olvidado algo y había optado por volver. Pero no iba a tener esa jodida suerte.
Cerró los ojos tensando su espalda ante el nuevo aullido de la pequeña que parecía tener los pulmones y maneras de un gato recién parido. Intentó imitar el movimiento que había visto usar a su madre, balanceándola ligeramente en sus brazos contra su pecho pero la pequeña no se calmaba. Chloe seguía llorando a pleno pulmón y si no lograba que se callara algún otro vecino cotilla iba a asomar la cabeza por su ventana y llamar a la policía acusándole de secuestro, corrupción de menores o dios sabía qué…
Apoyó su frente contra la cabeza de la pequeña, tomando aire, intentando dar con algo que lograra calmar a la enana.
- A ver, hambre no puedes tener todavía…- Se dijo para sí mismo, mirándole con detenimiento su rostro enrojecido. La madre había dicho que hasta dentro de hora y media, nada. Se mordió el interior de la mejilla, paseando con la pequeña en brazos. Arrugó la nariz y miró con suspicacia a Chloe, alzándola hasta poner su trasero a la altura de su nariz y olerle el pantalón.- Vale, eso no es tampoco. ¿Entonces? Vamos enana, tienes que ayudarme.- Le dijo en voz baja viendo los ojos llenos de lágrimas de la niña mirarle con fijeza sin cesar el llanto, su pequeña mano derecha fue derecha hacia el cuello de su camisa, agarrándose con fuerza a ella. – Quién cojones me mandaría a mí decirle que sí.- Farfulló mirando al techo, sin dejar de moverse en ese pequeño baile sin sentido ni dignidad alguna.- Por cuarenta putos dólares…- Añadió escuchándola coger aire para berrear aún más alto todavía.
Iba a perforarle los tímpanos.
Exasperado miró a su alrededor en busca de la bolsa que Madison le había llevado "en caso de necesidad". Balanceando a la niña contra su cadera izquierda, abrió la cremallera de la bolsa con la derecha y rebuscó entre los juguetes y peluches uno que pudiera lograr acallar el llanto de la niña. Optó por un peluche con forma de tortuga y lo alzó hasta quedar a la altura del rostro de la pequeña.
- ¿Quieres a tu tortuga? ¿La echas de menos?- Le preguntó usando un tono de voz más calmado pero inseguro. Chloe alzó las manos en pos del animal inanimado y lo cogió, frotándose las lágrimas contra él.
Daryl exhaló un hondo suspiro cuando por fin sus oídos alcanzaron una tregua. Con la pequeña en brazos encendió el televisor de nuevo y se sentó en el sofá destartalado y dejó a Chloe a su lado tumbada boca arriba, brazos y piernas peleándose por tocar a la tortuga.
Desvió unos segundos la mirada hacia el televisor viendo que la película aún no había terminado. Estiró las piernas apoyándolas sobre una banqueta pequeña, enlazando ambas manos sobre su abdomen.
- La mujer tiene clase…- Comentó a la televisor escuchando un gritito acompañado de una sombra moviéndose por la periferia de su ojo. Como acto reflejo, estiró su brazo que logró salvar a Chloe de rodar sofá abajo abrazada a la tortuga. Daryl sintió el aire abandonar sus pulmones y cogió a la niña en volandas pegándola contra su pecho, abrazándola hasta casi estrujarla y hacerla papilla.- Serás…- Farfulló sintiendo su corazón acelerado contra su pecho golpeando el menudo cuerpo de la niña.
Ajena al infarto que casi le provoca al chico, Chloe babeaba una de las patas de la tortuga con la cabeza encajada bajo el mentón de Daryl.
Cerró los ojos y se reclinó sobre el respaldo del sofá decidiendo que no iba a dejar que la niña se despegara de él ni cinco centímetros. Era demasiado arriesgado. Y tampoco quería tener que devolverle el dinero a la vecina y poner más para cualquier visita del médico que tuviera que hacer con la niña si se abría la cabeza por no vigilarla.
- Va a ser una tarde cojonuda.- Suspiró escuchando la música de los créditos finales de la película, los gorjeos de Chloe entre sus brazos y las primeras gotas de lluvia golpeando el techo de la caravana.
Y hasta aquí puedo leer... Nat-Marie, creo que fuiste tú la que comentó este trabajo que ya tenía anotado en la lista. Perdón por haber tardado tanto en escribirlo.
Gracias por continuar leyendo y apoyando semejante locura como esta. Aprovecho para decir a quienes guste saber de la vida de "El Padre Dixon" que escribí un OS en el que sale con motivo del Gareth Fest. Se llama Ego te absolvo y podéis encontrarlo en mi perfil ;)
Dicho esto, espero de verdad no tardar TANTO en actualizar.
Gracias por vuestra paciencia, tiempo, comentarios y apoyo.
Cualquier duda, comentario, sugerencia, idea, petición, soy toda oídos.
Ekhi
