Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: lenguaje, y no sé si merece la pena poner nada más…

A casi un mes de no haber actualizado (a falta de un día) vuelvo con un pequeño oficio que se me vino mientras pensaba en este fic, las fechas en las que estamos…

Perdonad las erratas, que sea tan breve y espero que os entretenga un poco al menos ^^


A esas alturas de su vida, después de tanto tiempo, ya era pura inercia. Era algo natural e inherente a su forma de ser, a su forma de vida. Al menos, así lo era antes…

En ese nuevo mundo en el que el futuro se había convertido en "el siguiente minuto" o el "próximo segundo", y en el que el pensar en más allá de un día era irrisorio, en el que pensar en la siguiente semana o mes, o un año más allá de donde se encontraban en ese instante; era algo completamente impensable; él, lo sentía en los huesos.

Mantuvo la boca cerrada los primeros días sin querer levantar sospechas o suspicacias por su actitud. Él se limitaba a seguir caminando su mirada alternando entre la vegetación a su paso, las huellas dejadas por los animales y ese verdor que no hacía más que invitarle a mirarles con fijeza.

No había demasiados en su camino, no eran excesivamente habituales pero… De vez en cuando, como las migas de pan indicando un camino, a él le marcaban el paso del tiempo de una forma implacable. La bajada de temperaturas y ese frescor en el ambiente que helaba mejillas y narices hasta convertirlas en color carmesí, ese frescor que convertía alientos invisibles en niebla que opacaba sus miradas mientras caminaban; todo ello convergía bajo una misma premisa: ya era invierno y para ser más exactos, la vieja conocida Navidad estaba pisándoles los talones.

Daryl caminaba entre los árboles con la ballesta preparada en las manos y la mente atenta al más leve movimiento o ruido que pudiera surgir a su alrededor. Su pie izquierdo avanzó de forma ladeada con el paso ralentizado y sus ojos azules mirando a través de la mirilla. Sabía que había algo entre aquellos árboles.

El pie derecho continuó el avance bordeando aquella haya de tronco ancho. Pie izquierdo. Silencio. Pie derecho. Silencio. Pie izquierdo y Daryl por fin pudo ver el pelaje más que reconocible de un mapache rebuscando entre la tierra a los pies de un abeto.

El cazador tomó aire unos segundos, su mejilla presionó contra el arma entre sus manos. La flecha voló con su inconfundible silbido hasta aterrizar sobre la cabeza del animal, quitándole la vida. Sin más dilación y tras cargar de nuevo la ballesta, Daryl la colocó a su espalda para así poder coger su presa y librarla de la flecha.

Restregó la punta contra su pantalón y agarró al mapache de la cola, atándolo a su cintura de una pata con la cuerda que siempre llevaba encima.

Daryl no hizo amago de moverse, su mirada clavada en la pequeña concavidad que el animal había creado junto a las raíces del abeto. Se colocó de cuclillas frente al árbol rozando con la punta de los dedos las hojas en forma de aguja.

El tacto era demasiado familiar para él, como la visión de los pequeños frutos en los extremos de las ramas, o la forma en la que crecían éstas últimas dándole esa forma característica. Aquel se salía de los cánones preestablecidos para su venta, estaba convencido que de haber tenido aquel abeto en su vivero, no habría encontrado casa o no había podido sacar el mismo dinero por él que cualquier otro cuya simetría fuera más evidente.

Era evidente que se trataba de un abeto de Douglas, y no alguna de esas variantes que algunos insistían en que cruzaran el charco, como la picea Noruega o el abeto de Normandía. Podían llamarle lo que quisiera, pero ese abeto, como el que estaba frente a él, era el maldito árbol que toda familia americana llevaba poniendo en sus salones y jardines desde que decidieron hacerlo así décadas atrás.

Ladeó el rostro al reconocer un cierto tono rojizo ya no sólo en las hojas caídas, sino en algunas ramas inferiores. Se mordió la uña del pulgar. Eso no era buena señal. Probablemente la cercanía de las ardillas rebuscando entre los raíces, y alguna de esas malditas plagas que habían destrozado su cosecha varios años antes del caos, le estaban pasando factura al árbol.

Aquello fue una gran putada. Nunca había sido muy partidario de usar pesticidas en su pequeño pero abundante cosecha de abetos navideños, pero, cuando comenzó a ver a aquellos pequeños hijosdeputa destrozar su trabajo de todo el año… Poco faltó para que prendiera fuego a todo. Al final sólo ardieron tres de ellos antes de que terminara abriendo la manguera de agua y lo regara a todo.

Merle le llamó nenaza. Él alegó no querer terminar con sus huesos en la cárcel por haber provocado un incendio forestal.

Chaqueó la lengua y se puso en pie, rozando la palma de la mano sobre la copa del abeto quedando absorto, hipnotizado por el movimiento.

Dio un paso atrás viendo las ramas y las hojas asentarse de nuevo, más agujas rojizas a los pies del árbol cubriendo el agujero que el mapache había creado.

Aquel abeto quizá corría la suerte de llegar a la Navidad, sin espumillones, luces que pudieran quemarlo por la falta de cuidado, ramas arrancadas por las manos excitadas de los niños o arañados por las garras de alguna mascota familiar.

Quizá con un poco de suerte sobrevivía a aquel invierno y a su fiesta más señalada.

Sonrió ante la ironía. Había tenido que desatarse un caos como en el que estaban inmersos, para que aquel abeto fuera de lo habitual, pudiera sobrevivir sin miedo a que su no venta lo convirtiera en leña que calentar un hogar.

Echó un último vistazo al abeto tras amontonar algo más de tierra, hojas secas de árboles cercanos y los excrementos resecos de algún animal. Con un poco de suerte ese aporte extra aunque ínfimo podría ayudar en algo a que el final de aquel abeto no se precipitara en exceso.


Dos semanas más tarde mientras cazaba en las inmediaciones de ese bosque con Rick pisándole los talones, no pudo evitar detenerse frente a aquel abeto y parpadear sorprendido al ver que continuaba de una pieza y parecía que con un mejorado aspecto.

Algunas hojas aún tenían ese cariz cobrizo, pero no tanto como cuando sus pies terminaron frente a él por primera vez.

El cazador esbozó una media sonrisa agitando la cabeza de forma negativa para sí mismo, continuando con su cacería.

Puede que en el fondo, los milagros navideños, siguieran existiendo en ese nuevo mundo.


Sé que no ha sido algo excesivamente emocionante pero… Quería volver a este fic en estas fechas tan señaladas (me está entrando complejo rey en su discurso navideño) con algo relacionado con las mismas y… Dándole vueltas al asunto, se me ocurrió esto.

Perdonar por el retraso y gracias a quien, a pesar de mis idas y venidas por estos lares, sigue al pie del cañón.

Aprovecho para deciros: Feliz Navidad, Eguberri on, Joyeux Noel, Merry Christmas… Espero que disfrutéis de estos días en familia y con vuestros amigos.

Un abrazo y gracias como siempre por estar ahí :) ¡Os debo una!