Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencia: lenguaje, drama, espíritu de San Valentín, mención a la muerte de un personaje…
Éste era el otro oficio que se me ocurrió anteayer mientras pensaba en San Valentín y Dixon como blanco de mis paranoias.
Perdonad las posibles erratas, espero que os guste^^
El día del amor
Había demasiado bullicio en el bloque en esos momentos, demasiado para su gusto y para poder pensar con tranquilidad.
Sin darle aviso a nadie, ni molestarse en mirar dos veces por encima de su hombro al alejarse del grupo de celdas; Daryl se alejó por el laberinto de pasillos en penumbra con la ballesta.
Caminaba sin un rumbo fijo, simplemente deambulando, dejando que sus pasos le llevaran a donde fuera lejos del ruido y de la gente.
No tardó en encontrarse frente a una puerta amplia. La empujó con cuidado y esperó en el hueco bajo el quicio de la puerta, escuchando a cualquier tipo de ruido que le anunciara que no iba a estar solo allí se aventuraba a entrar finalmente.
Entró con sigilo en la sala y cerró la puerta a su espalda con cuidado. Sorteó la mesa redonda que coronaba el inicio y centro de la sala, y caminó hacia el pasillo de la izquierda, perdiéndose entre la infinidad de estanterías. Quizá un poco de lectura le ayuda a centrarse en otras cosas que no fueran aquellos seres queriendo morderles el culo a la más mínima oportunidad, el hambre al que podrían verse abocados si no encontraban suministros o la caza fallaba…
Pasó de largo varias secciones mirando los títulos en el lomo de los volúmenes, ninguno atrajo su atención lo suficiente como para detenerse y leer el breve resumen en la parte trasera del libro.
Dobló a la derecha encontrándose con la sección de jardinería y medicina natural. De forma inconsciente sus pasos se ralentizaron ligeramente hasta detenerse frente a un libro en concreto.
Daryl depositó la ballesta en el suelo contra la balda más baja y cogió el libro en sus manos. Era más alto y ancho que el resto tal y como solían usar en ese tipo de libros de colección. Con la palma derecha quitó el polvo de la carátula desvelando el título y el dibujo de unos crisantemos, dalias y margaritas.
Abrió con cuidado el libro hacia la mitad del mismo, y pasó varias hojas hasta detenerse en una. En la fotografía podía verse un amplio campo lleno de ellos, con sus tallos altos y sus pétalos amarillos vueltos hacia el sol. Su dedo índice y corazón pasaron por encima de las frases hasta detenerse en el significado escondido tras la flor. Su dedo pulgar bordeó las letras recordando aquel día, recordando su nombre que volvió a ver tiempo después aunque no lograba ubicarlo con exactitud.
El volumen de la radio estaba lo suficientemente alto como para escucharlo por encima de sus propios pensamientos. Su brazo izquierdo colgaba por el hueco de la ventanilla con el cigarro entre el dedo índice y el corazón, el pulgar asegurándose de que no se cayera por la brisa. Su mano derecha giraba el volante mientras circulaba por las calles.
- Imbéciles…- Masculló entre dientes cuando vio los escaparates decorados de corazones de diferentes tamaños, colores y brillos. También había flores por doquier y parejas cuyas caras parecían iban a partirse en dos al ver al otro.- Nenazas…- Murmuró para sí al ver a una pareja besarse.
La chica se había encaramado a la cintura de él con sus largas piernas; el chico hacía verdaderos esfuerzos para sujetar el peso de ella contra su cuerpo y evitar que el resto de viandantes le vieran la ropa interior cortesía del vestido que lucía.
Daryl ahogó una carcajada al darle otra calada el cigarrillo al imaginar lo que su hermano habría dicho de estar en su lugar. Una escena como esa eran el blanco perfecto y deseado por su hermano mayor.
Echó un rápido vistazo al retrovisor sopesando el tráfico y giró a la derecha. Rebuscó entre los papeles del salpicadero con el cigarro entre los labios hasta dar con la lista de direcciones que le habían facilitado en la oficina antes de salir.
Dos giros más y estaría en su último destino del día.
Una leve curvatura de labios y el tamborileo de sus dedos sobre el cuero del volante fueron la única muestra visible de que estaba queriendo terminar con aquel maldito día cuanto antes.
Daryl aparcó la furgoneta junto al grupo de contenedores que estaban frente a la casa. Valla blanca, porche de madera, una casa de ensueño. Cogió la gorra del asiento y se la caló con energía queriendo así que pudieran reconocerle. Ya que las gafas de sol no estaban permitidas (aunque le importaba bien poco el código de conducta y vestimenta de la empresa; necesita el dinero que el trabajo le proporcionaba), tendría que conformarse con aquella ridiculez.
Lanzó la colilla al suelo y abrió la puerta del piloto tras asegurarse de que no había nadie en la calle y que el albarán estaba en su bolsillo trasero. Sus botas rozaron el asfalto mientras se acercaba a las puertas de atrás del vehículo. Abrió la derecha y se subió al interior para así poder arrastrar la maceta.
Con cierto esfuerzo que jamás reconocería, logró arrastrarla hasta depositarla en el suelo sin volcarla o verter un gramo de la tierra. Se frotó las palmas de las manos contra los vaqueros sucios y estiró el bajo de su camiseta rosada (otra gran razón para calarse la gorra al máximo), frotándose de forma inconsciente el bordado del nombre de la empresa y el pequeño centro de flores bajo el mismo.
- Vamos, Dixon. Éste es el último.- Se animó a sí mismo cogiendo la maceta y apoyándola contra su cadera para poder transportar el peso con más facilidad.
Daryl cruzó la valla dando gracias a Dios porque no hubiera un perro esperándole al otro lado. Mientras avanzaba por el camino empedrado vio, no sin cierta sorpresa, narcisos, jazmines, tulipanes y otras variedades de flores cuyos nombres había ido aprendiendo a fuerza de repartirlos en diferentes casas. Un pequeño estanque albergaba entre su borde de piedras imperfectas, varios nenúfares.
Definitivamente aquel jardín era el mejor con el que se había cruzado a lo largo de ese día.
Depositó la maceta en el suelo junto al felpudo y sacó el papel del bolsillo del pantalón. Apretó el timbre y esperó.
Los segundos pasaron y no lograba escuchar nada en el interior. Volvió a llamar y miró en el papel por si había alguna indicación en cuanto al horario que hubiera incumplido. Miró la hora escrita en el papel y su reloj comprobando que era el momento para efectuar la entrega.
Llamó una tercera vez pensando en si dejar o no allí mismo la maceta y la tarjeta clavada en la tierra.
Dio un paso hacia el costado para poder ver a través la cortina pero el interior estaba en penumbras.
- Maldita sea…- Farfulló para sí incapaz de creer su mala suerte.
Tentando a la suerte, llamó de nuevo a la puerta y aguantó el aliento con un ojo guiñado, expectante. Débil y casi ilusorio llegó hasta él el sonido inconfundible de unos pasos acercándose. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa que no tardó en borrar, frunciendo la boca con rapidez.
La puerta se abrió con un leve crujido y Daryl alzó la mirada del suelo donde aparecieron dos pies enfundados en unas zapatillas de casa azul marino. Ascendió hasta alcanzar el borde de un vestido floreado cubierto por una bata color granate y aterrizó sobre la mirada serena de una mujer con el cabello cubierto por un pañuelo.
Daryl se movió inquieto bajo su mirada, incapaz de apartar sus ojos del cuero cabelludo casi inexistente que aquel trozo de tela ocultaba contra sus sienes. Carraspeó y se rascó la nuca extendiendo su brazo izquierdo hacia la planta.
- ¿Irma Horvath?- Preguntó dubitativo viéndola asentir con su mirada clavada en el regalo.
Sus dedos largos y aparentemente frágiles se acercaron a los pétalos amarillos y entrecerrados de la planta, su sonrisa se amplió al sentir el tacto bajo sus yemas.
- Tiene… Tiene una tarjeta.- Comentó Daryl sin saber por qué no le pedía que le firmara el papel de una buena vez y así podía volverse a su lata de sardinas a tomar unas cuantas cervezas.
- ¡Oh, es verdad!- Dijo ella con una risa queda, agachándose para alcanzarla. Daryl se adelantó y la cogió para que pudiera leerla.- Gracias, querido.- Le dio un apretón en la mano haciendo caso omiso al gesto de Daryl ante el contacto.
La mujer leyó en silencio la nota y Daryl pudo ver las lágrimas arremolinarse en sus ojos que volvieron de nuevo a los tres girasoles que ocupaban la maceta.
- Eso es que ha acertado el tipo.- Dijo Daryl sintiendo la punta de sus orejas enrojecerse al darse cuenta de que había hecho el comentario en voz alta. Ella rio y asintió con vehemencia.
- Sí, "el tipo" ha acertado.
Daryl se humedeció los labios, miró su reloj y la camioneta aparcada en la calle.
- Esto…- Su mano trepó de nuevo hacia su nuca.- ¿Quiere que le deje la maceta en alguna parte?- Le preguntó a sabiendas de que eso no era parte de su trabajo, pero había algo en ella, en esa vitalidad en entredicho, que le empujaba a seguir diciendo cosas como esa.
- No quisiera…- Comenzó a hablar ella. Daryl le cortó con la mano en alto y se agachó para levantar la maceta de su sitio.
- ¿Dónde los quiere?
Girasol: Adoración. Eres mi sol, sólo tengo ojos para ti, y como el girasol, yo siempre me giraré hacia ti.
Daryl recordó ver el nombre de aquella mujer en la caravana de Dale pero jamás, hasta ese instante, había hecho la conexión entre ambos.
Durante todo ese tiempo en la carretera, antes de que falleciera en el prado de los Greene, había estado con el hombre de las historias que aquella amable mujer le contó mientras recolocaba los girasoles. Había estado con aquel hombre que por San Valentín le había regalado cada año una flor diferente pero con un significado especial cada ocasión y que ella rememoró mientras Daryl bebía un vaso de limonada tras mucha insistencia. Había estado con aquel hombre que había dejado constancia de su devoción y adoración por su mujer con aquellas flores tantos años atrás.
El cazador cerró el libro y lo apretó entre sus manos recordando que el año siguiente, el año previo a que el mundo ya no fuera mundo, no hizo una entrega de flores en aquella dirección.
Lo sé, cuando he sacado a Dale a coalición en este fic ha sido ligado a eventos trágicos de su vida pero… No sé, cuando lo escribí me dejó una sensación agridulce.
Quizá haya quedado un tanto moñas o no, no lo sé pero es lo que ha terminado por aparecer en el Word.
Gracias por vuestro apoyo y comentarios espero que las flechas de Cupido Dixon os acierten en el trasero ;)
¡Nos leemos!
