Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencias: Lenguaje, ¿leve bizarrismo?...

No "conozco" lo suficiente a Aaron y Eric asi que es más que probable que no haya logrado un manejo como dios manda de sus personajes en este capítulo. Disculpas por ello y por las posibles erratas que haya cometido por el camino.

Esta idea ha variado bastante desde que la apunté hace meses en mi lista, por lo que no he podido meter al final ese flashback que fue el origen inicial de este oficio.

Lo escrito en cursiva es el flashback


Estallido de color

Aquel no era parte de su cometido cuando salían de los muros de Alexandría. Sabía que otros eran los encargados de buscar suministros para cubrir las necesidades de la comunidad pero, había cosas que no les correspondía a ellos buscar. Detalles personales o caprichos, aunque realmente para él, eso no fuera un "vicio" o nada similar.

Aprovechando la oportunidad de cruzarse con un supermercado en su visita por las tierras al Oeste del asentamiento en el que llevaban varios meses viviendo, Aaron y él se colaron en su interior tras acabar con los pocos caminantes que se encontraban rezagados en el parking.

- Ve por la derecha, yo me encargo de la izquierda.- Susurró el arquero mirando a Aaron quien asintió con el machete en la mano.

Daryl recorrió el largo pasillo con la mochila al hombre vacía preparada para meter en ella lo estrictamente necesario y cualquier rareza poco habitual a encontrar ya esos días. Varios geles de baño, alguna prenda de ropa interior terminaron en el fondo de su mochila cuando cambió de pasillo escuchando el suave eco de los pasos de Aaron varios pasillos más hacia el fondo.

Pasó de largo de los platos, vasos y cubiertos de plástico típicos de cualquier fiesta de cumpleaños o casas como la suya en la que una vajilla normal era un lujo inalcanzable según el momento. A punto de abandonar ese pasillo, cogió un paquete de uno de los estantes superiores, lejos de la cubertería de plástico y lo guardó en el fondo del bolsillo de su pantalón.

- ¿Lo tienes todo?- Preguntó Aaron asomando por el borde del conjunto de estanterías con la linterna en la mano.

- Sí, vayámonos.

Ambos hombres caminaron juntos por los pasillos de vuelta al exterior donde les esperaban sus respectivos vehículos.

Aaron esperó a que Daryl se hubiera acomodado a lomos de su moto para volver a hablar.

- Deberíamos regresar ya por esta vez.

Daryl asintió mordiéndose el interior de la mejilla. Era una lástima hacer ese gasto de combustible para volver con las manos vacías en cuanto a nuevos supervivientes. Al menos, no volvían tal cual habían salido.


Daryl alegó que quería revisar la moto antes de volverse a la casa tras la tradicional cena de regreso que Eric se encargaba de preparar tras cada retorno de los dos. La mayoría de ocasiones los espaguetis eran el alimento habitual pero en esa ocasión, no sabía muy bien cómo ni por qué razón en concreto, pero Eric les había sorprendido con un filete con puré de patatas. De qué era el filete, prefirió no preguntarlo. Pero había caído en su estómago como si del propio maná del que hablaba la Biblia se tratara.

Daryl cerró la puerta con sigilo a su espalda y pegó la oreja a ella esperando a escuchar los pasos de la pareja ascendiendo por las escaleras hacia la habitación. Pronto escuchó la risa de Eric seguida de la voz de Aaron amortiguada por la distancia que les separaba de ellos. Una nueva risa y algo cayó al suelo.

- Eric…- Dijo para sí Daryl negando con la cabeza bajando de forma apresurada hacia la moto.

Daryl echó un nuevo vistazo hacia la puerta al coger la mochila y rebuscar en el fondo el contenido que había vaciado de sus bolsillos. Apretó los dientes al sentir que el crujido del plástico envolvente parecía ser capaz de atraer a una horda de caminantes por sí solo. Llevándose el paquete a los labios, rasgó con los dientes un borde y vació la mitad del contenido en la palma de su mano, guardando el resto de vuelta en la mochila.

Moviéndose en la oscuridad como un delincuente y gracias a que su mirada se había adaptado gracias a la luz exterior que se colaba por la rendija bajo la puerta fruto de la luna llena, Daryl se movió por el garaje hasta acomodar su trasero en un precario taburete de madera.

Daryl cogió uno de ellos buscando el extremo para llevárselo a los labios. El resto quedaron asegurados sobre el valle entre sus piernas. Un soplido largo y Daryl aguantó el aliento para escuchar cualquier sonido. Otro soplido y volvió a esperar sin escuchar nada. Estaba seguro. Sin miedo, sopló con algo más de fuerza sintiendo el plástico ceder entre sus dedos extendidos. Sólo le faltaba un poco y… Con un fuerte estallido el globo reventó entre sus manos arrancándole una sonora maldición.

- Me caguen hasta en…- Siseó entre dientes lanzando los restos del globo reventado por encima de su hombro.

Cogió otro de los globos que tenía sobre sus piernas y se lo llevó a los labios hinchándolo. A los tres soplidos, el globo siguió el mismo camino que su predecesor y le reventó en los labios.

Daryl cerró los dedos en un puño aguantándose las ganas de golpear a algo. Necesitaba paciencia o acabaría prendiéndoles fuego en el acto.

- Tranquilidad y paciencia, Daryl…- Se dijo a sí mismo cerrando los ojos e inspirando profundamente varias veces, dejando que el aire se perdiera entre sus labios en el amplio garaje.- Vale.

Daryl tomó otro de los globos y con más calma, los nervios serenos y la respiración relajada comenzó a hincharlo con delicadeza aguantándose las ganas de sonreír cuando logró hacer un nudo en el extremo. A pesar de la escasa luz pudo adivinar el color azulado del globo.

Lo giró entre su dedo índice y pulgar antes de arrugar el ceño y estrangularlo ligeramente entre sus manos sin llegar a estallarlo. Ladeó el rostro intentando hacer memoria.

Un giro hacia la izquierda y… Sus manos se movieron embaucadas por el recuerdo, dándole forma al globo.

- Perfecto.- Susurró con cierta jovialidad en su voz cuando lo dejó sobre una de las estanterías a su lado observando su obra.- Vamos a por otro.


Un grito similar al que una madre solía emitir cuando ve por primera vez a un niño tumbado sobre un carricoche haciendo cualquier monería, rompió la concentración de Daryl regando el suelo con los restos del globo rojo que había intentado convertir en un perro.

La luz del garaje se encendió dejando ver a un más que despierto Eric, con los ojos abiertos de par en par, acercándose cual niño de cinco años a la estantería repleta de figuritas con forma de globo. Incapaz de contenerse, el rubio cogió uno de ellos y se lo colocó en la cabeza rozando con su mano el extremo vertical que quería asemejarse a una serpiente.

- ¿Pero qué...? ¡Me encanta!- Dijo con el globo serpiente en la cabeza toqueteando los perros, caballos, flores que tras varias pruebas fallidas por sus recuerdos incompletos, Daryl había logrado crear.- ¿Los has hecho tú?- Daryl se rascó el mentón con su mano derecha mientras que la espada globo que sujetaba en su mano izquierda rozaba la punta de su bota. Con la cabeza gacha asintió, mirando de reojo al hombre frente a él.- Es genial, no sabía que…- Le dijo gesticulando a su alrededor haciéndose con uno de los caballos cuyo rabo se había deshinchado.- ¿Dónde lo aprendiste?

Daryl se movió incómodo sobre el taburete, la uña de su pulgar rozando la empuñadura de su espada artesana.

- Trabajé durante un tiempo…- Carraspeó rascándose la nuca.- Haciendo globos para fiestas de críos y…- Se encogió de hombros.- Es una gilipollez para este mundo, ¿no? Pero…- Se humedeció los labios.- Dentro de poco es el cumpleaños de Judith y pensé en, ¿intentar recordarlo?

Eric le miró con una sonrisa acercándose a él, terminando por colocar su mano sobre su hombro sin dejar de sonreír.

- Va a ser la niña más feliz de este mundo.- Le aseguró asintiendo con vehemencia, caballo en mano.- ¿Qué más figuras sabes hacer?


Las primeras luces del alba les sorprendieron a ambos sentados en el suelo del garaje rodeados de un auténtico zoo hinchable, con gorros sobre sus cabezas, un loro verde en el hombro izquierdo de Eric y una serpiente entorno al cuello de Daryl.

- Y ahora tienes que retorcer la parte izquierda…- Le instruía el cazador observando las manos del hombro moverse tal y como le indicaba él.- Y lo mismo con esa parte de ahí.- Le indicó con su dedo índice.- Y ahí lo tienes.

- ¡Sí!- Exclamó triunfal Eric con su globo caniche en alto.- Vale que solo tiene tres patas pero…- Se encogió de hombros con una sonrisa viendo a Daryl intentando ocultar la suya tras una mariposa azul.- ¿Quizá sea un superviviente como nosotros, no?

- ¿Alguien me puede explicar qué es todo esto?

Los dos se volvieron hacia la puerta que conectaba la casa con el garaje viendo a Aaron con los brazos cruzados sobre su pecho, mirándoles en silencio con una expresión sorprendida.

- ¡Acabo de hacer un perro!- Dijo eufórico Eric poniéndose en pie de un salto y enseñándole a su novio su obra maestra.

- ¿Eso que llevas en la cabeza es una cobra?- Dijo Aaron con una amplia sonrisa fijándose con detenimiento en el resto del atuendo que lucía su pareja.

- Una pitón.- Observó Daryl desde el suelo rozando la cabeza de la serpiente hinchable de su cuello.- Las cobras tienen la cabeza más ancha.

- Ya veo…- Comentó Aaron sonriente dejándose arrastrar hacia el suelo por Eric, tomando asiento junto a Daryl.

En un arranque cuyo origen no sabía con exactitud cuál era, Daryl cogió otro sombrero de serpiente del suelo y lo colocó sobre los rizos del recién llegado.

- No puedes sentarte con nosotros sin llevar uno…- Dijo como única explicación, entreteniéndose hinchando otro de los globos para no ver las expresiones de ninguno de los dos aunque podía hacerse una ligera idea de cómo podían ser.


Daryl agradeció el frío del wc sobre el que se había sentado, pero sobre todo dio gracias a quien fuera que hubiera hecho una ventana en aquel minúsculo baño y hubiera dejado la ventana entre abierta antes de encerrarse él ahí dentro.

Con manos ligeramente temblorosas, rebuscó bajo su atuendo el paquete de tabaco que había escondido con mimo antes de salir de casa. Necesitaba un cigarro y le importaba un carajo que hubiera adultos al otro lado de esa puerta que pondrían el grito en el cielo si olían el tabaco en él. Encendió el mechero y acercó el cigarro a la llama aspirando con fuerza una gran bocanada de humo. La quemazón que sintió descender por su garganta hacia sus pulmones mitigó el escalofrío que recorrió su espina dorsal cuando escuchó los chillidos excitados de los niños en la sala de estar.

Daryl reposó sus codos sobre sus piernas abiertas dejando que su cabeza descendiera laza hasta casi rozar su mentón con los botones de colores de su traje. Una leve risa sardónica escapó en la siguiente bocanada al clavar su mirada en los zapatos de color rojo varias tallas más grandes y en los guantes blancos que cubrían sus manos.

Se aguantó las ganas de rascarse la mejilla, habría arruinado aquel maquillaje que le había costado buena parte de sus escasos ahorros, e intentó hacer caso omiso a la mancha roja que sus labios iban dejando en el cigarrillo con cada calada.

Alzó la mirada del suelo viendo su cabeza reflejada en el espejo del pequeño baño. Sus ojeras estaban ocultas bajo la pintura blanca y verde, su barba afeitada, su pelo teñido de forma temporal de color verde.

Mirándose en el espejo sintió unas increíbles ganas de romper el vidrio de un puñetazo, escaparse por la ventana (aunque dudaba que pudiera colarse por semejante hueco), y darle la razón mentalmente a su hermano cada vez que le había llamado payaso en el pasado.

Si le pudiera verle escondido en ese baño… Sus pulmones no habrían dado de sí para el ataque de risa del que habría sido víctima.

Daryl sacó un globo del bolsillo y comenzó a hincharlo de forma paulatina, el cigarro consumiéndose apoyado en el canto del lavabo.


A falta de un cura, aquí tenemos un payaso y experto en hacer figuritas con globos. Quizá en el apocalipsis termine usando los globos como avisos de cercanía de caminantes cuando éstos estallen al ser pisados. Ya no sé ni lo que digo…

Gracias por continuar leyendo los fregados en los que meto al menor de los Dixon, por comentar y por las ideas o sugerencias que me hacéis llegar.

Nos leemos.