Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.
Advertencias: Lenguaje.
Necesitaba volver a los brazos de Dixon en este fic. Lo NECESITABA.
Perdonad las erratas.
Welcome home, Constable Dixon
Daryl descendió la escalinata de la torre de vigilancia tras ser relevado por Glenn. Tomó una buena bocanada del fresco aire nocturno mientras rebuscaba en sus pantalones el paquete de tabaco que había cogido antes de salir. La llama del mechero iluminó su cara durante unos segundos antes de que el humo se perdiera en el estrellado y despejado firmamento sobre su cabeza.
Aminoró el paso, no tenía ninguna prisa en entrar en el bloque y mucho menos con el cigarro encendido. Sonrió para sí en la penumbra. Realmente era una gilipollez regirse por viejas leyes y antiguas costumbres en ese nuevo orden de las cosas. Pero… Había rutinas que eran complicadas de enterrar.
Daryl recorrió el camino de gravilla, golpeando alguna piedrecilla del borde del mismo, haciendo que se perdiera entre la hierba alta. Realmente aquel terreno necesitaba un buen corte.
En otros tiempos, alguien ya se habría afanado de cortar la hierba hasta dejar escasos centímetros de la misma sobre la tierra. No podían dejar que la maleza creciera sin un control. Podía suponer una desventaja en caso de una fuga y no podían permitirse ese tipo de cosas.
Daryl golpeó el cigarrillo con dos de sus dedos, la ceniza perdiéndose entre sus pies mientras continuaba avanzando.
Se detuvo junto a la puerta, alejándose varios metros de ella, apoyando la espalda contra la fría superficie de hormigón. Alzó la mirada al cielo varios segundos antes de echar un rápido vistazo al patio despejado. Era extraño verlo así, aunque realmente, no lo había visto en demasiadas ocasiones.
Se humedeció los labios sujetando el cigarro entre los dedos, creyendo volver a ver la silueta del oficial de la penitenciaria abriendo la verja para que el furgón pudiera entrar.
A penas cruzó dos palabras con él, la práctica ausencia de su habilidad para mantener conversaciones de ascensor venía de largo; y aquel trabajo en el que era importante mantener el pico cerrado, parecía el más idóneo en su momento.
Obviamente Merle se cabreó y se mofó de él cuando lo supo. Su "hermanito" vistiendo traje azul, porra y un arma de forma legal. ¿Quién lo iba a decir de un Dixon? Él tampoco se lo creía al principio pero así era.
Daryl soltó una risotada en la penumbra rompiendo el aro de humo que había salido de su boca. Separó su cuerpo de la pared y dio varios pasos en dirección opuesta a la torre de vigilancia, perdiendo su mirada en el camino que llevaba al bloque contiguo.
De aquel bloque salían quienes ellos iban a buscar. El penal de Jackson estaba saturado de población común criminal; el correccional de Georgia no estaba preparado para las ejecuciones a diferencia de ellos. Así que en más de una ocasión en el pasado, se vio sentado en el asiento del copiloto de camino al correccional para llevar a alguno de los afortunados reclamados por la Justicia implacable del Tío Sam, pagando con su vida los crímenes que había cometido.
No había sido el trabajo de su vida, aunque le había proporcionado un techo sobre su cabeza durante meses.
No era agradable meter a un hombre esposado en el furgón a sabiendas de cuál era el final; aunque también era bien cierto que, por algo los llevaban con ellos. Aun así… Alguna vez había escuchado en los corrillos oscuros de la sala de los guardias que un preso había cumplido décadas de sentencia siendo inocente. Cuando escuchaba eso, cuando iba en la retaguardia tras el preso recorriendo los últimos metros hacia aquella sala donde le esperaba una muerte segura; no podía evitar preguntarse: ¿era realmente culpable?
Pero a él no le pagaban por pensar en eso. Él no tenía por qué pasar noches en vela pensando si éste o aquel otro pobre diablo había muerto por un crimen que no había cometido, tal y como la mayoría aseguraban en sus últimos minutos. No eran esas dudas las que le habían mantenido despierto más de una noche mientras trabajaba en Jackson. No. Era el hecho de haber sido testigo de la muerte de uno más, más complicado cuando llevaban meses esperando a que su sentencia se ejecutara tras varias apelaciones intentando retrasar lo inevitable.
Eran presos. Algunos asesinos. Otros violadores confesos. O tal vez ambas cosas, pero de alguna extraña manera, había días mientras caminaba entre sus celdas y cruzaba breves palabras con alguno de ellos que… Casi lo olvidaba. Olvidaba la sangre manchando sus manos y sólo veía a un hombre encerrado en una caja de cemento y acero. Cuando eso ocurría, el rostro de su hermano mayor saltaba en la primera fila de imágenes en su mente.
Daryl lanzó la colilla del cigarro al suelo y la aplastó con la punta de su bota, lanzando un escupitajo al suelo acercándose a la puerta corredera.
Merle no había terminado en el corredor de la muerte, no; pero quizá porque el mundo no había aguantado lo suficiente en el mundo de antaño.
Agarró el asa para abrir la puerta lo suficiente para colarse por el hueco, botas gastadas, ropas pegadas por el sudor. Nada que ver con aquel uniforme azul casi siempre impecable, el cinturón con el arma en su flanco derecho, su pelo cortado dentro de lo establecido en el reglamento. Normas de antaño, viejos oficios sin sentido ya.
Caminó en la penumbra del ahora improvisado comedor. Daryl se adentró en el ala de las celdas, sintiéndose extraño un día más al ver todas las puertas abiertas y a su nueva familia dormitando en los viejos colchones. Donde una vez había hombres enfundados en monos, hombres que probablemente le odiaran por el uniforme que vestía; ahora estaban todos ellos durmiendo en paz entre aquellos barrotes. Donde antes se privaba la libertad, ahora se protegía la vida.
Exhaló un suspiro de cansancio ascendiendo las escaleras hacia su pequeño rincón. Esa noche no iba a dormir en una de las literas, necesitaba respirar sin sentir las paredes cerrándose sobre él, sin sentir que ya no era dueño de ninguno de sus actos, de su propio destino. Necesitaba sentir que seguía sin ser como ellos.
Llevo mil años sin actualizar, lo sé. No es el "pedazo de capítulo", lo sé también. Os debo mil disculpas, lo sé de sobra. Siento mucho la tardanza en volver a este extraño fic.
Espero que a pesar de lo "cotidiano", os haya gustado la lectura. Gracias por seguir leyendo este fic, y por comentarlo. Os merecéis un monumento.
Nos leemos pronto, espero.
