En Octubre de 2015 fue la última actualización de este fic, wtf! ALUCINANTE. Cómo pasa el tiempo… Es increíble. Reconozco que ha habido momentos que pensé que se acabó pero… Parece ser que no del todo. Tampoco quiero decir con esto que tenga más cosas en el tintero (ojalá…).
En fin, este capítulo se lo debemos a Cass que me mandó una captura de un posible oficio Dixon complemente bizarro (no podía ser de otro modo), y… empecé a imaginar cómo podría desarrollarse. Éste es el resultado, más o menos decente (?). Júzguenlo ustedes.
Bueno, vamos al lío.
Disclaimer: Ni la serie ni los cómics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y AMC.
Advertencias: bizarrismo, palabras malsonantes, canela en rama, una miaja de insinuación slashera maybe
Una vez más, esto va sin revisar, "betear" y demás así que es probablemente que haya zarpazos por ahí...
Tiempos desesperados incitan a medidas desesperadas
Su situación actual era complicada. No es que de forma general fuera un camino de margaritas y dientes de león precisamente, más bien parecía un viejo camino entre la maleza lleno de ortigas, zarzas y trampas de osos. Aun así, Daryl era consciente de que estaba metiéndose en un foso del que no sabía muy bien cómo podría salir si no era en una caja de pino.
Se estaba agobiando por momentos, odiaba sentirse con el agua al cuello, física y metafóricamente hablando. Nunca le había gustado sentirse con la espalda contra la pared aunque la mayor parte de su vida así hubiera sido. Se había terminado por acostumbrar pero eso no quitaba que cuando el viento soplaba a su favor, pudiera respirar con una tranquilidad que agradecía aunque supiera que no iba a ser permanente. Le agradaban esos oasis en medio de su vida y en ese instante, era absolutamente consciente de que hacía algo o no alcanzaría a llegar al próximo.
El cigarrillo rodaba entre su dedo índice y pulgar esparciendo las escamas de ceniza entre sus piernas abiertas. Sus ojos azules descansaban en algún punto de la tierra seca frente a él, apostado con la espalda contra el tocón de un viejo árbol talado. A penas había dado un par de caladas al cigarro y éste ya estaba consumido por la mitad pero su cabeza estaba demasiado ocupada con otros asuntos.
Levantó la vista hacia las copas de los árboles que rodeaban el claro, el sol cegándole momentáneamente hasta que un pájaro cruzó el vuelo y su campo de visión.
Un calada profunda.
Se mordió el borde del labio ahí donde ya podía presentir el sabor metálico de la sangre fruto de la herida que había escarbado en él. La uña de sus dedo pulgar no estaba mejor así que la mordió bajando la mirada hacia la linde de árboles.
A penas le quedaban 70 dólares… Aunque viviera de comer los animales que pudiera llegar a cazar (esa temporada estaba siendo bastante escasa y él no era tan hábil como su hermano), seguían faltándole unos cuantos cientos. Demasiados.
Se rascó la sien, sus dedos pintando su frente de marrón ahí donde la tierra se había adherido a ellos.
Y Merle estaba en la cárcel. Una vez más. Y sus deudas ahora eran de él.
Daryl ahogó una carcajada rota recordando a su hermano mayor prometiéndole que él se encargaría de su deuda con Donnie. Desde la cárcel. Obviamente no había conseguido una mierda, más bien todo lo contrario ya que debido a su arresto, la suma había escalado 400 dólares al perder la mercancía a manos de la policía.
El menor de los Dixon se frotó la yema de la palma contra sus ojos, intentando no pensar demasiado en ello.
¿Cómo cojones iba a reunir 1600 dólares para finales de mes? A penas le quedaban quince días, no tenía trabajo, 70 putos dólares y tenía que comer y llenar el tanque de la camioneta. No podía vender la moto de Merle o empeñarla porque era capaz de cortarle las pelotas una vez saliera de la cárcel, o en una de las ocasiones en que fuera a visitarle.
La idea de asaltar alguna gasolinera o supermercado había cruzado su mente pero las había descartado prácticamente en el acto. Seguramente acabaría con un tiro de escopeta en el pecho…
Tiró de un hilo del agujero en el pantalón en su rodilla derecha. No quería delinquir para pagar la deuda de su hermano y acabar junto a él compartiendo celda. No quería llegar a eso, pero, ¿qué opciones le quedaban?
Quizá podría… No… Eso definitivamente no, eso sí que no iba a hacerlo. Prefería que le volaran la tapa de los sesos con una porra.
Estaba jodido.
Daryl miraba con aprensión el contador del surtidor subir a cada dólar que la camioneta tragaba en el depósito. No podía huir, acabarían encontrándole o acabaría matando a Merle. Le había metido en ese marrón su hermano pero no iba a huir como un cobarde dejándole solo para afrontar la situación.
Recolocó la manguera en el surtidor y se acercó al interior de la estación de servicio con la cartera en la mano y varios dólares en la mano. Echó un rápido vistazo por los estantes haciéndose con un paquete de tabaco, la portada de uno de los periódicos llamando su atención. Aprovechando que el cajero estaba ocupando reponiendo las neveras, lo abrió, ojeando las páginas de anuncios y ofertas.
- No me jodas…- Murmuró incrédulo cerrando el periódico lo suficiente para comprobar la portada, era completamente lícito el ejemplar. No era una broma así que el anuncio tampoco lo sería, ¿verdad?
Daryl alzó la vista asegurándose que el dependiente no le veía y arrancó la hoja con el anunció guardándoselo en el bolsillo del pantalón antes de que pudiera verla y se acercó al mostrador a pagar la gasolina.
Daryl condujo de camino a su tráiler con el trozo de periódico en el bolsillo quemándole a cada milla que recorría.
¿Tal vez sería esa la solución?
Iba a hacer un surco en el suelo de la parte trasera del tráiler de tanto caminar. Se había cansado de recorrer los escasos metros del interior mientras debatía consigo mismo si llamar o no al número de teléfono guardado en su móvil desde hacía tres días. El tiempo era oro pero realmente se veía incapaz de pulsar la tecla de llamada. Lo había intentado en ocasiones anteriores varias veces y siempre se echaba para atrás.
Su hermano tenía razón, era una nenaza cobarde. Joder.
Se llevó una mano a la nuca, tirando del cabello largo ahí reunido, cerró los ojos con fuerza y cegado aún por el dolor apretó la tecla de llamada.
A la mierda.
Un tono. Dos tonos.
- ¿Diga?
Daryl colgó en el acto. Un hombre había respondido a la llamada. SU PUTA MADRE. ¿Por qué cojones tenía que coger un tío la llamada?
Daryl miró el anunció del periódico, arrugado de tantas veces que lo había doblado y desdoblado esos tres días. ¿Por qué esa J de la firma no podía ser una Jennifer, Jacey, Jazmin, Jaimie? ¿Por qué?
Maldita su puta suerte de mierda. Joder.
Lo negaría hasta en el averno pero Daryl pegó un grito cuando su móvil vibró en su mano cayéndose al suelo en el acto. Una vez más, su mala suerte hizo gala de su presencia en su miserable vida y con el impacto de la caída la llamada fue cogida. Daryl escuchó la voz de hombre de nuevo al otro lado, amortiguada por las hierbas que rodeaban el tráiler.
- ¿Hola…? ¿Hay alguien ahí? Tengo una llamada de…- La voz no era muy grave, parecía agradable. ¿Pero qué mierdas piensas Dixon? ¡Corta la puta llamada! ¡Atraca un banco que será mejor!- Esto…- Le escuchó carraspear, parecía incómodo.-¿… Es por el anuncio?- Un largo suspiro.- Estoy desesperado de verdad… El día se acerca y…- Un risa cargada de culpabilidad y desesperanza resonó al otro lado de la línea.- Debería ser el día más feliz de mi vida pero va a ser una puta estafa por el resto de la misma. Necesito ayuda, sé que… No me debes nada, seas quien seas, pero…- Le escuchó tragar grueso.- Pero de verdad, tengo que parar esto y no sé cómo hacerlo… Lo sé, hablando se entiende la gente pero es jodidamente imposible. Cada vez que he intentado decir algo, todos me callan y creen saber más que yo… Que son simples nervios pero…- Una nueva risa.- No es eso…- Silencio.- No quiero vivir en una mentira por más tiempo, estoy agotado.
Sin ser consciente de cuándo se había agachado para tomar el teléfono y mucho menos de cuando había pegado el aparato a su oído, Daryl se sorprendió a si mismo hablando por primera vez.
- Sé cómo esconder un cadáver.
¿PERO QUÉ COJONES…?
El silencio se hizo sepulcral al otro lado de la línea por un minuto completo. Daryl sentía el calor cubrir sus mejillas de rojo pensando en lanzar el teléfono al pantano más cercano y salir por patas de allí.
De forma repentina, una carcajada alcanzó su oído, seguida de otra, clara, nítida, sencilla.
- Eso… Creo que sería demasiado…- Le escuchó coger aire intentando relajar su voz.- No quiero matarla, sólo… Romperle el corazón.
Daryl soltó una risotada ahogada sin quererlo.
- No es muy ético o moral pero al menos no hará que acabemos en la cárcel compartiendo ducha.- Parecía más joven que él, ¿cuántos años tendría? – Soy… Soy Paul.
- ¿De dónde cojones sacaste la J?- Aquello provocó otra risa queda en su interlocutor.
- Mis amigos me llaman Jesús, por la barba, el pelo largo y…
Daryl conjuró una imagen mental muy similar al Cristo que había visto alguna ocasión en la que su hermano y él se habían colado en la sacristía de alguno de los pueblos que recorrieron siendo críos para poder robar lo que encontraran.
- En fin, puedes llamarme Paul o Jesús, o lo que sea.- Un largo suspiro.- Llamas por lo del anuncio entonces. Pensaba que ya no conseguiría encontrar a nadie y…
- Pensaba que serías Jennifer o algo así…- Respondió Daryl en tono hosco, ofendido porque un extraño pudiera haberle engañado así.
- Oh… Entiendo… Bueno, tampoco… Quizá…- Jesús titubeaba al otro lado de la línea creando un nudo de culpabilidad en el estómago de Daryl. ¿Por qué había contestado en primer lugar?- Entiendo si no te sientes cómodo…- Daryl guardó silencio, la punta de su bota dibujando líneas imaginarias sobre la hierba.
- ¿De dónde eres?- Preguntó incapaz de contenerse.
- Ehm… Richmond… Sé que está algo lejos pero no podía arriesgarme a que Claire lo averiguase y…- Murmuraba Jesús intentando explicarse.
- ¿La mitad por adelantado?
¡Dixon, qué diablos estás haciendo!
Daryl aguantó las ganas de darse de cabezazos contra la pared metálica del tráiler, quizá aquello consiguiera devolverle la sanidad que era evidente había perdido. ¿Por qué seguía adelante con esta idea de locos? Porque no quería acabar con las piernas rotas o en un agujero en el medio del bosque a merced de los lobos…
- Ehm… Podría… Podría adelantarte la mitad… ¿De dónde eres?
- Eso da igual.- Atajó Daryl con brusquedad. No tenía por qué saber nada.- Sólo necesitas que llegue allí y… ¿No?
- Eh, claro, sí… Por supuesto.- Comentó Jesús ligeramente traspuesto, reponiéndose poco después.- Sólo necesito que alguien me saque de allí de un modo convincente.
- ¿Su padre tiene licencia de armas?- Una nueva carcajada resonó en la línea.- No quiero que me maten…
- Tranquilo, nadie irá armado… O eso creo.- Añadió de forma casi inaudible. Quizá podría trabajar con eso.
- Bien, te mando la información para que me ingreses el dinero y la dirección y nos vemos allí.- Estaba a punto de cortar la llamada cuando Jesús le interrumpió.
- Hey, ¿cómo te llamas?- Tras dudarlo unos segundos, le contestó.
- Uhm... Daryl.
- Daryl…- Repitió Jesús al otro lado de la línea.- Gracias. Te debo una.
- Me debes un par de miles.
Aquello arrancó una risotada al chico al otro lado de la línea poniendo fin a la llamada.
Se iba a quedar sin uñas si seguía así, así que un trozo de canela en rama estaba siendo víctima de su lengua y dientes mientras conducía en dirección a Richmond.
El sol acariciaba sus brazos semidesnudos ahí donde las mangas de la camisa de cuadros habían sido arrancadas, la chaqueta de cuero sujeta en la parte trasera de la moto junto a una bolsa con las pocas pertenencias importantes que había decidido empacar consigo.
Tras el primer mensaje intercambiado para hacerse cargo de la cuestión económica, Daryl se vio enfrascado en breves conversaciones con Jesús vía mensajes escuetos (por su parte), y testamentos (por parte de Jesús). Éste había insistido en que fuera con la moto en vez de la camioneta, "más dramático" había asegurado, más peligroso según Daryl si finalmente alguien iba armado. Jesús intentaba tranquilizarle asegurándole que eran todos de buenas familias en favor del control de armas, aunque eso no implicaba que ninguno fuese a llevar algo encima.
En varias ocasiones a lo largo de las casi 700 millas que le separaban del tráiler, Daryl estuvo a punto de regresar, mandarle de vuelta el dinero a Jesús y asumir que iba a acabar en una silla de ruedas.
Pero después de más de diez horas de viaje, Daryl vio el cartel que anunciaba la próxima salida, Richmond. Ya no podía darse la vuelta. Joder, no podía dejar a Jesús tirado ahora, no después de haberle explicado su situación, aguantando los comentarios fuera de lugar que habían salido de boca de Daryl que había escuchado de su hermano en un millar de ocasiones con anterioridad.
Jesús era tolerante y generoso ahí donde Daryl parecía un puerco espín…
Daryl se detuvo en una gasolinera para llenar el tanque de la moto (no quería que les dejase tirado en las primeras cincuenta millas, distancia que alguien podría querer seguirles con las recortadas cargadas), y aprovechó para recibir las indicaciones necesarias para llegar a la Iglesia.
Escupió el trozo de canela que le quedaba al suelo y se puso en marcha. Paró a cierta distancia viendo a decenas de personas con sus vestidos de infinitos colores, sus trajes que en la vida él podría pagar ni la camisa…
Su mirada azul se paseaba por todos los que allí estaban buscando a Jesús. Aún recordaba la primera descripción que le había dado, barba y melena larga. No sería difícil de encontrar, a menos que tal y como le había dicho la noche de su despedida, pasado de copas, iba a trenzarse la melena y colocar margaritas en ella. Increíblemente la idea no le parecía bastante irrisoria viniendo de él.
Nada… No le… ¡Oh…! El calor que sentía en la cara era fruto de las horas de sol en la carretera, nada tenía que ver con que por fin había localizado a Jesús, con su traje blanco (más dramático compartir el color de la novia, Daryl), su melena suelta brillante bajo el sol, y una amplia sonrisa que definitivamente hacía comprender el porqué del sobrenombre.
Daryl se quedó completamente estático cuando la mirada de Jesús se alejó de la del grupo con el que conversaba, perdiéndose ahí donde él se encontraba. Un ligero alzamiento de cejas, y cierta maldad encubierta en su amplia sonrisa fue suficiente para que Daryl supiera que había sido descubierto. Tragó grueso al ver los ojos de Jesús recorrer su figura enfundada en unos pantalones vaqueros viejos, camisa de cuadros sin mangas y cabeza sin casco de seguridad que pudiera resguardarle del sol.
Incapaz de aguantar el escrutinio, Daryl agachó la mirada, cruzándose de brazos sobre el asiento, manos bajo las axilas. Cuando volvió a mirarle, vio un atisbo de algo diferente en los ojos de Jesús haciéndole morderse el interior de la mejilla.
Pronto los invitados comenzaron a entrar a la Iglesia, acercándose la hora de la ceremonia y de que la novia hiciera acto de presencia.
Pronto llegaría su momento.
Daryl deseó que el suelo se abriera bajo sus pies.
Daryl aceleró como si no hubiera un mañana sintiendo la calidez del cuerpo de Jesús pegado a su espalda, varios mechones de pelo interponiéndose en su campo de visión pero incapaces de borrarle la media sonrisa de su cara. Su compañero de viaje aún reía a su espalda, podía escucharle y sentir la vibración de su risa contra su espalda, comunicándose a sus brazos rodeándole la cintura.
- ¡La cara de Mike ha sido impagable!- Reía Jesús hundiendo su cara entre sus omoplatos haciendo que Daryl se tensara por cuestión de segundos, relajándose casi al instante recordando el rostro del padre de la novia al verle irrumpir en la Iglesia envuelto en toda su gloria de paleto de Georgia. – Creía que le iba a dar un infarto en el sitio…- Continuaba Jesús entre risas, dándole un apretón a la porción de camisa entrelazada con sus dedos.- No lo voy a olvidar en la vida… No podré volver a pisar Richmond pero tampoco es que me importe demasiado.- Aseguró intentando recuperar la respiración, hablándole cerca del oído para poder ser escuchado por encima del viento y del tráfico que iban dejando atrás adentrándose en carreteras secundarias (más fácil de perderse en ellas).
- Vi a uno sacar una escopeta…- Intervino Daryl provocando otra ronda de carcajadas de Jesús.
- Lo sé, lo vi… Lo siento… Menos mal que fuiste rápido en doblar la esquina de la farmacia.- Jesús apoyó su mentón sobre el hombro de Daryl. – Madre mía… El mejor día de mi vida.
- ¿En serio? ¿Tú qué fumas? ¿Revientas tu boda, casi nos disparan y es el mejor día de tu vida?- Preguntó Daryl incrédulo pero incapaz de esconder la curva que formaban sus labios intentando no sonreír. Había sido bastante épico.- Estás loco...- Farfulló para sí sin ser escuchado.
- ¡Por supuesto! Me he librado de vivir con una mujer de la que no estoy enamorado, he sido rescatado por un tío atractivo en vaqueros y camisa sin mangas de un grupo de homófobos clasistas y me encuentro huyendo hacia el atardecer en traje blanco montado en una moto con dicho tío… ¿Qué más se puede pedir?- Daryl negó con la cabeza intentando esconder el rubor de sus mejillas ante las palabras de Jesús.- Por cierto…- Sintió un escalofrío recorrer su espalda ante la gravedad del tono de voz de su compañero de viaje rozándole el oído, su pecho pegado por completo a su espalda.- Muy bueno el toque de canela, Daryl… Me gustó.
Si aún hay alguien que se haya molestado en leer esto, gracias alma de cántaro, gracias. Soy toda ojos si alguien desea dejar unas palabras.
No sé ni cuándo fue la última vez que escribí tanto del tirón.
Lo echaba de menos.
Espero no tardar casi 3 años en volver a actualizar, por Dios...
