Disclaimer: Los personajes son propiedad de Hayao Miyazaki. La historia es mía, sin fines de lucro, puej' nomas' pa' entretener XD


«Fue entonces que el amor como fuego lento,
a su puerta tocó, al negársele la entrada,
se hundió en el pensamiento.»

El sonido hueco de las gruesas caras del libro cerrándose, atrajo la atención de Riku, quien miraba de soslayo en uno de los extremos de la habitación a su amo.

— Imposible. — dijo Haku completamente exhausto y abochornado— Todo esto es tan…Tan… vulgar. — dijo casi con repugnancia plasmada en el sonrojado rostro y la mirada ofuscada en cualquier punto de la habitación que no fuera el grueso libro de pastas rojas.

Haku se encontraba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, estas, tenían encima el ahora libro cerrado y sus cabellos caían hasta el suelo.

— Kohaku-sama— habló Riku, quien también sostenía un libro, pero este era de recetas del mundo humano— todo este tiempo me ha venido diciendo de sus ''honorables'' sueños con la señorita Ogino— dijo pacifico— ¿y ahora me dice que es vulgar un libro, el cual, no contiene más que los actos con los que soñó debidamente explicados? — dijo con sorna mientras una sonrisa resignada se apoderaba de sus pálidos labios.

— Esto es completamente distinto Riku, en mis sueños, yo tenía el control de la situación...-dijo tratando de sonar persuasivo.

— ¿Seguro? — interrumpió inquisitivo Riku.

— Bueno— casi pudo sentir a Riku burlándose internamente de su error—, no todo ¿sí? Pero esto es tan distinto. — hizo una pequeña pausa y dirigió su mirada al compendio— Riku, ¿a qué charlatán le compraste este libro? — Haku señaló con su índice diestro el libro de grosor considerable.

— No lo compré con ningún charlatán amo Kohaku, de hecho…— analizó un momento a su amo, debatiendo si la información debía de ser dada a su acompañante—, fue la señorita Ogino quien me hizo el gran favor de conseguir esta obra maestra, Riku volvió a sonreír de oreja a oreja.

Los colores subieron por el rostro de Haku cual termómetro en agua caliente, la sola pronunciación de Chihiro ahora, en estos momentos en los cuales las acciones anteriores no habían sido del todo eliminadas de sus recuerdos y al contrario estaban bien frescas, lo ponía en una situación comprometedora y bastante escandalizante, pues se reconocía a él mismo como un chico enamorado de ella y, más aún, no podía controlar la arritmia que conseguía su corazón cuando escuchaba su nombre.

— Pero tranquilo amo, ella lo tomó bastante bien. Después de todo, no le dije que sería precisamente para usted. —Riku le guiñó el ojo, dándole a entender, que todo estaba en calma con ella y, que las sospechas eran, efectivamente, nulas.

— No sé si ese sea un alivio ¿sabes?

Riku sólo levantó los hombros y prosiguió con la lectura, restándole importancia al asunto, justo comenzaba con un pastel de chocolate, que alimentos tan raros tenían los humanos, pero de algún modo, la imagen presentada en la página dura, le abría al apetito. — Le recomiendo que siga leyendo amo Kohaku, digo, si algún día deja esa cobardía que tiene y decide que la señorita Ogino sepa de sus sentimientos para con ella, los consejos y diversas explicaciones le darán una ligera seguridad en sus actos, cuando llegue el momento de su unión sexual con ella, porque cuando ustedes dos estén unid…-

— Oye, oye, oye, oye— Haku interrumpió, agitando sus manos dándole a entender que su charla estaba tomado un rumbo extraño y más que nada vergonzoso— Riku, ten por seguro que ella va a saber de lo que siento, pero no veo porque profundizar tanto.

— Como usted ordene. — Riku en ningún momento desvió su mirar de las múltiples letras instruccionales de las recetas. Dirigió una última mirada de reojo a su amo y sonrió complacido.

Haku tomó la iniciativa tambaleante de nuevo para comenzar a leer el libro, rogando por no arrepentirse después. Separó justo donde dejó la lectura de hace unos minutos, antes de su dialogo con Riku, localizó la oración en la que había desertado e inició de nuevo:

Anteriormente, se creía que la zona de placer por excelencia de la mujer, era el clítoris que es un pequeño […] Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha comprobado la existencia de la gran zona erógena del cuerpo femenino, el cual se ha llamado el punto G.

Haku sintió como sus mejillas comenzaban a arder y por un momento tuvo que sostener una lucha contra su imaginación para no imaginar a Chihiro en alguna situación comprometedora y que, por su puesto, le cobraría factura en su mismo cuerpo. Cerró sus párpados con fuerza y los volvió a abrir. Continuó.

Pero, actualmente, con el avance de la satisfacción sexual y gracias a la exploración, se ha dado a conocer un lugar aún más sensible en el cuerpo de la mujer. Este punto, por llamarlo de algún modo, se encuentra en la entrada de la uretra, se ubica justo por encima del orificio vaginal en medio de los labios, se ha llamado el punto U.

Haku tragó con pesar, ¡rayos! Su imaginación comenzaba a jugarle una mala pasada y si no le desagradaba por completo, no quería reaccionar con la compañía de Riku allí. Inhaló y exhaló con los ojos cerrados, dando a su mente un pequeño respiro para que la información no comenzara a ser añicos su calma. Regresó su vista al libro, que iniciaba con lo que Haku dedujo como un nuevo subtema por el cambio de fuente.

Estimulación con la lengua

Haku volvió a cerrar el libro de inmediato, generando el sonido hueco de las páginas encontrándose unas con otras completamente sonrojado y con una fina capa de sudor en su frente.

— Imposible.

Miyu estaba caminando por el jardín de claveles del gran palacio, caminaba con la mirada pérdida en las flores; desde hace varios días, no tenía una plática como las que añoraba tener con Haku y esa era razón suficiente como para que su voluntad decayera.

Cuando llegó a palacio, se le informó que Haku había llegado dos días antes bastante cansado del mundo humano, por lo tanto, las visitas estaban completamente restringidas, teniendo acceso a su encuentro sólo y únicamente su mayordomo Rikumo.

Sí, tal vez había estado agotado pues el hecho de viajar entre mundos era una acción ya bastante agotadora y para él, quien viajaba hasta la última fase del Jainkozko Bidea, era algo bastante agotador si no se contaba con la magia suficiente o simplemente la experiencia. Pero el comportamiento prácticamente indiferente y distante hacía ella el día anterior, le decía que él, no estaba cansado. Era bastante obvio que algo más estaba perturbando su corazón, ya que la mirada llena de decisión y de ferocidad que tuvo, no era precisamente de alguien extenuado.

Sintió su corazón acelerarse y sus piernas flaquear ligeramente cuando divisó a lo lejos el movimiento sutil de los cabellos largos de Haku, no estaba realmente lejos, así que, como un instinto, desapareció en una pequeña nube de humo y apareció unos pasos detrás de Haku de la manera más silenciosa que logró.

— Kohaku— dijo Miyu, tratando de llamar la atención del dragón, pero este se veía tan inmerso y atrapado en sus pensamientos que pareció que su llamado no fue escuchado. —¡Kohaku! — dijo Miyu, al momento que sus manos pequeñas, se colocaron en los fornidos hombros de Haku logrando que este se viniera hacia atrás y del asombro cayera hasta el suelo.

Se escuchó el sonido seco del cuerpo de Haku chocando contra la loseta debidamente limpia, pero su cabeza se hubo protegida por las piernas de Miyu. Para cuando reaccionó, abrió los ojos de par en par, tras parpadear unas cuantas veces y al sentir el ligero roce del cabello dorado de Miyu en sus mejillas no pudo evitar reír un poco.

La risa de Haku inundó sus sentidos y las propias mejillas se tornaron de rosa al notar la cercanía de sus rostros, que, si bien a él no le causaba ni el más mínimo nerviosismo, ella podría morir por su hermoso rostro, ahora más que grabado en su mente.

Él se seguía riendo por el recién suceso y parecía ignorar por completo la cercanía y, por consecuente, que le estaba afectando. Sintió la voluntad arder y palpitar con fuerza en su pecho, mientras que su mente asimilaba si su próximo acto sería lícito, y aunque, si de hecho podría ser benéfico, podría traer consecuencias a la bonita relación y confianza que tenía con él.

Pero se auto convenció de que, si no lo llevaba a cabo ahora, la oportunidad podría jamás repetirse y tal vez se arrepentiría por mucho tiempo.

Así que, sin buscar más opciones o posibilidades: lo hizo. Aprovechando que la cabeza del buen joven se encontraba en sus muslos impidiendo que tocara el frío suelo. Colocó sus palmas en sus mejillas y la risa de Haku se paralizó.

Estaba justamente abriendo lentamente los ojos cuando la suave piel puesta en sus labios lo descolocó y los abrió con, literal, espanto.

Lo que Miyu pensó sería correspondido de la manera más linda por tratarse de ella, una princesa, alguien a quien se le había afamado de belleza absoluta y bondad como cualidad superior, fue para nada como creyó su mente.

Sintió la sorpresa de Haku, pues su cuerpo se tensó de inmediato al sentir el gesto. Se levantó con prisa y sostuvo sus muñecas con sus fuertes manos, dándole la cara a la chica sentada frente a él. Después la miró con suma decepción.

— Hayil, ¿Por qué hiciste eso? — dijo, aún se encontraban sentados en el suelo y ella adivinó por que el enojo tan descomunal de Haku, pues una sirvienta estaba justamente paseando por ese pasillo y lo más seguro, por no decir que fue lo que pasó, es que ella los pudo ver, no había duda, esa acción infantil de su parte, se propagaría como pólvora en el palacio, y no tardaría mucho en llegar a oídos de la Reina.

Él nunca, después de su primer encuentro, la había llamado con esa seriedad y con su nombre como lo estaba haciendo ahora y se sentía mal— Yo…— Miyu no sabía que decir, prácticamente le había robado un beso, pero él no se lo había tomado de la manera que ella hubiera querido.

— Creí decirte que …-

— Sé lo que me dijiste Kohaku— lo interrumpió, tal vez fue porque no correspondió de una manera linda y ya sabía lo que vendría de sus labios: Él no sentía nada más que amistad por ella, pero la que estaba enojada e impotente, ahora, era ella. —, pero cada vez te comportas más distante. Desde que llegué aquí me han negado verte y me dijeron que recién llegabas del mundo humano, también que estabas exhausto. Por supuesto que no estabas cansado. Tú fuiste a verla a …— quiso no decirlo y parecía que su garganta era invadida por una masa que le impedía entablar una oración coherente, de modo que su voz comenzaba a quebrarse— a ella. Tú, fuiste al mundo humano a encontrarte con esa chica que has estado buscando desde que te conocí— la mirada de Miyu se encontraba fija en el suelo, como si en ese momento fuera su único amigo— y por la cual te pones mal o te pones bien, y eso me molesta. Kohaku, somos amigos ¿no? ¡Entonces por qué tus emociones conmigo tiene que depender de esa chica!

Los ojos de Haku se abrieron con asombro y recordó cuando ella le había dicho de sus sentimientos, sentimientos que, obvio, él había rechazado de la manera más respetuosa y suave posible, donde cupiera la posibilidad que su relación de amigos permaneciera intacta, después de todo, le debía mucho a esa linda chica, y decir que no le tenía cierto apreció vendría siendo una mentira.

No podía hacerse el ignorante e inocente, al principio cuando la conoció, atrapó su mirada al instante, era realmente bella. Independientemente hablando de Miyu, Liyah Fetram la hechicera, era una autentica belleza; cualquier cualidad que un hombre podría desear de una mujer, residía en el ser que recién le había robado un beso, era hermosa tanto física como sentimentalmente, era inteligente y hábil, pero… Ella, por donde quiera que buscara, no era el tipo de mujer que quería.

Sí, era linda, pero cualquier cosa que ella o cualquier mujer que conociera tuviera, a sus ojos, quedaba minimizado y literalmente opaco por la chica dueña de sus sentimientos y confusiones, él, simple y sinceramente no podía encontrar a alguien tan hermosa como lo era Chihiro, ni en la tierra, ni en el cielo o en cualquier mundo.

Él estaba seguro que, si fuera al mismísimo Edertasuna, no encontraría quien cautivara su corazón, de tal forma, como aquella chica de ojos y cabello avellanado lo había robado y, que ahora era prácticamente suyo, tanto, que podría pedirle la vida y él sin ningún problema se la ofrecería, estaba consciente de eso desde el día que lo salvó.

Hasta cierto punto, se sentía mal por rechazarla ya que era alguien que merecía una buena persona a su lado, quien compartiera sus mismos sentimientos y que le correspondiera con la misma intensidad, pero podía decir con certeza y plena seguridad que afortunadamente él no era esa persona, pues no imaginaba su vida sin su Chihiro siendo parte de ella.

— Hayil, yo en verdad lo lamento, pero no puedo corresponder tus sentimientos como tu quisieras. Como te lo había dicho antes, está bien con que sólo seamos amigos. — Haku soltó las muñecas ajenas con delicadeza.

— ¿Por qué Kohaku? ¿Por qué? Es que yo, no entiendo— una lágrima traicionera se dejó divisar en su mejilla.

Haku sacó un pequeño pañuelo de algodón de su ropa, blanco y con una fina orilla bordada en hilo matizado de tonos azules, en una esquina contenía las iniciales ''N K N'' en letras cursivas.

El pequeño lienzo estaba impregnado de la fragancia de Haku, secó con suma gentileza y con el mayor de los respetos la pequeña lágrima de Miyu. Una acción sin alguna intención escondida cautivó por completo el corazón de la chica, es que no podía entender que justo en ese momento, después de haberla rechazado por segunda vez, siguiera manteniendo esa firme resolución de príncipe y caballero.

— ¿Cómo se llama? — Dijo Miyu ya más tranquila. Tal vez estaba perdiendo lentamente la cordura al pedir el nombre de la Chica dueña del amor de Haku, pero algo dentro de su ser, le pedía conocerlo.

Haku abrió sus ojos lentamente sorprendido, si bien se esperaba esa pregunta y, de hecho, la había estado esperando por mucho tiempo atrás, no pensó que ella la hiciera notar de la manera tan directa como lo había hecho. —Chihiro, Ogino Chihiro. — Por un momento, Haku sintió el sutil aleteo de las imaginarias mariposas en su estómago y esto le hizo sonreír involuntariamente, recordando a Chihiro, un gesto que por supuesto, no pasó sin hacerse notar ante Miyu.

— ¿Te gusta? —Sí, estaba perdiendo lentamente la cabeza.

— Sí.

— ¿La quieres?

— Sí.

— ¿La ama…-

— Hayil, —dijo con calma, casi podía notar a dónde quería llegar haciendo todas esas preguntas— En verdad no quiero hablar de esto contigo, si bien somos amigos, …-

—¿La Reina la conoce? — levantó sus ojos decidida, tenía que saber que en algo ella estaba por encima de la chica, algo al menos, sólo algo.

Haku soltó un suspiro— Sí. — Haku finalmente hizo amago de levantarse, la conversación con Miyu comenzaba a hartarlo y esos no eran sus planes para ese día, ya que debía mantenerse lo más sereno posible para cuando llegara la hora de encarar finalmente a Chihiro.

Una vez que Haku estuvo de pie, ofreció cordialmente la mano para ayudarla a levantarse. Gesto que ella negó y volteó su mirar al suelo.

— Hayil, no puedo estar aquí ahora, en verdad me disculpo con usted de la manera más atenta por no corresponder sus sentimientos, pero, debo volver en este momento. Sería una falta de respeto dejarla aquí.

«Usted» pensó Hayil, ahora estaba manteniendo demasiado respeto con ella, algo demasiado triste.

— Nosotros no podemos relacionarnos con los humanos. No debemos.

Haku apretó los puños, logrando así, que sus nudillos emblanquecieran por la pérdida de circulación de la sangre en la zona.

— Con el mayor de los respetos Liyah Fetram, no creo que ese asunto sea suyo. — Haku dio media vuelta y comenzó a caminar en contra de su dirección — Si me permite, debo retirarme. — fue lo último que dijo Haku, pues que ella se estuviera metiendo en su relación personal con Chihiro le enfadaba, olvidando que su pañuelo se había quedado en posesión de la chica.

Aunque muy en el fondo sabía la razón de esto:

Jainkozko agintaldia; mandato número 3°: Queda estrictamente prohibido relacionarse con los seres humanos. Ya sean, Brujas, Glubbdubdribs, Aingeruaks, Deabruaks, Dragones, Ánimas, Aingerus, Archangels, Arritxus, Zaldunaks, Gudariens, Tutoreens, Erregeens, Printzeek o cualquier creatura ajena al mundo de los humanos será penada de sus derechos de libertad de viaje; prohibido relacionarse de manera, política, social, laboral o sentimental, siendo esta última la mayor falta hacía su progenitora tierra. Cualquier encuentro con un ser humano de manera directa o indirecta, deberá permanecer en el olvido, de no ser de este modo, deberá recurrirse — en el mundo Herensugeak—, al Dileu atgofion o la eliminación de los recuerdos obtenidos […]

Quisiera o no, la ley establecía esto. Su enojo no era precisamente porque Hayil dijera esas cosas, sino que, tenía razón. Su relación con Chihiro no debía siquiera de existir, era algo penado en su mundo y si en el mundo humano ni siquiera se creía en criaturas como ellos, en su mundo se tenían plenos conocimientos sobre los humanos, sobre sus acciones y sus repercusiones, de manera que se creía que, al mantenerse alejado de ellos, la pureza de los mundos a los cuales pertenecía cada creatura, permanecería intacta. Y eso dolía.

Ante los ojos de sus parientes, aun queriendo mucho a Chihiro, su relación no debía existir y muchos menos podía.

Pero no le importaba en lo absoluto. Aunque tuviera que desterrarse a él mismo de su mundo, o raptar a Chihiro a otro e iniciar su propia especie, que era algo que jamás le molestaría, la tendría a su lado, pues estaba convencido que, tanto él había nacido para ella, como ella había nacido para él.

— La ley no es absoluta Kohaku-sama.

Haku estaba sentado en la fina banca de madera, en el pequeño quiosco desde varias horas después de su encuentro desafortunado con Miyu. No sabía con exactitud por qué había terminado allí, pero le había resultado satisfactorio.

Estaba sumergido en el pozo profundo de sus pensamientos siendo acompañado únicamente por la música del viento y el danzar de las flores, obteniendo como resultado una meditación continua e inmutable, que como siempre, podía ser fácilmente destruida por Riku, quien parecía tener alguna especie de conexión con su persona, pues era él, el que aparecía cuando menos se lo esperaba, pero justo cuando más lo necesitaba.

— ¿De qué hablas ahora viejo tonto? — dijo Haku finalmente rendido, si bien siempre se había fiado de la sabia oratoria y el vigor pacífico de convencimiento de Riku, siempre había algo en sus palabras que lo dejaba expuesto, con un error en su actuar y su pensar; siempre creía estar haciendo lo correcto, pero que él creyera que lo estaba haciendo, era sinónimo que algo andaba mal y tarde o temprano llegaría, como ahora, Riku a echárselo sutilmente en cara. Hoy, al parecer, no sería la excepción.

Riku tomó asiento en la banquita en frente de Haku —Al parecer, La princesa tiene fuertes sentimientos por usted Amo Kohaku. Me refiero a que, no cualquier princesa y, mucho menos quien no ha mirado a ningún ente del sexo opuesto durante toda su vida, hace lo que ella hizo con usted hace unos minutos. — Riku miró las flores moviéndose, mientras que una corriente de aire arremolinada su cabello y le hacía sentir el frío del lugar.

Haku parecía levemente sorprendido, más que por lo dicho, por que Riku había mirado tal escena — ¿Lo viste? — interrogó con recogimiento.

— Yo creo que, si no todos lo vimos, ya todos lo saben. — Riku miró a los ojos a Haku y el pareció comenzar a querer desmoronarse al notar su cara deformándose en un gesto de preocupación, dándole la sensación de que, aunque había crecido, seguía siendo el modesto niño que había conocido hace mucho tiempo. —Lo que dijo la princesa Hayil, es bastante cierto. El hecho de que la señorita Chihiro haya logrado acceder a este mundo hace unos años es realmente un hallazgo digno de un trofeo, pues usted mismo sabe que entrar a cualquiera de los mundos ajenos al de los humanos, es imposible para ellos e incluso es arriesgado para nosotros.

— ¿A qué te refieres? — respondió Haku con un enojo bien disimulado.

— Usted no debió conocer a la señorita Ogino, no es algo que debió haber pasado. Sin embargo, sucedió. De acuerdo a sus relatos, la conoció de muy pequeña y según mis relatos, usted también era un niño en aquel entonces y recién comenzaba a conocer su territorio en el mundo humano. —Riku hizo una pequeña pausa— Nuestros mundos siempre dirán que un humano jamás debe relacionarse con nosotros, pero, si conocemos a alguien, que se mete sin permiso en nuestros corazones, amo Kohaku, es prácticamente imposible sacarlo y, ni que decir si se trata de un humano.

Haku llevó sus manos a su cabeza, haciendo presión en esta, como si quisiera aplastarla por la cantidad de información que estaba recibiendo— No te estoy entendiendo. ¿Me estás diciendo que debo olvidarme de Chihiro? Porque si de eso me estás habland…-

— No digo que debe olvidar a la señorita Ogino. Al contrario, le digo esto porque quiero que luche por lo que usted crea que su corazón necesite para ser feliz, y no caiga en la falsa idea de que el destino se encargara de arreglar sus asuntos. Amo Kohaku, es ahora o jamás lo será.

— ¿Por qué debería decírselo ahora? — Haku cuestionó molesto, el hecho de que Riku hablara así, tan fácil de los sentimientos, como si se tratara sólo de pedir ayuda comenzaba a intranquilizar su calma. —Puedo hacerlo justo ahora, incluso en este momento, pero aún no creo estar preparado.

— Amo Kohaku, usted acaba de recibir un ósculo por parte de la princesa Liyah Fetram ¿o me equivoco? — Haku asintió— Entonces, ¿qué le hace pensar, que la señorita Ogino no está recibiendo los mismos halagos?

Haku pudo recordar al instante el motivo de su pelea con Chihiro la noche de hace casi ya una semana y sus dedos casi se enterraron en la dura madera de la banca.

— Si su relación no es aceptada, que es lo más seguro, ¿qué se supone que va hacer usted? ¿Llorar? — Riku miraba con pericia a su amo y esa mirada no fue invisible a los ojos oliva.

— La llevaré conmigo a otro mundo y allí viviremos juntos, ambos, aún si tengo que enfrentar a mi madre, lo haré.

— ¿Por qué? — cuestionó.

— Porque la amo. — dijo con determinación.

Se hizo un momento de silencio y Riku sólo optó por suspirar.

— Con todo respeto, amo Kohaku, usted no ama a la señorita Ogino.

Los ojos de Haku se tiñeron de un color verde tan intenso que parecía volverse azul; se levantó haciendo evidente su enfado y casi pudo sentir la ira apoderarse de él, pero se mantuvo firme.

— ¡¿Qué estás diciendo?! — mencionó entre dientes— Riku, te debo muchas cosas, pero que me digas esto, ¡lo considero como una absoluta blasfemia!

Riku no cambió de expresión en ningún momento y observó calmo el actuar de Haku. Cerró sus ojos y suspiró por segunda vez. — Kohaku-sama, ¿por qué nunca me deja terminar lo que le digo?

Haku cayó en cuenta que de nuevo se dejaba llevar por sus impulsos; durante mucho tiempo, se le inculcó ser recto y paciente, sin embargo, era algo que hasta ese día no podía dominar y, que haya besado a Chihiro como lo hizo, era prueba suficiente.

Pasó su palma abierta por su cara sonrojada y con todo el orgullo contenido, se sentó de nuevo.

— Usted dice que ama a la señorita Ogino, — Haku afirmó con un asentimiento— dice que le va a decir cuáles son sus sentimientos, ¿cierto? — Haku volvió a asentir— Entonces, no dudará en que si, su relación no es aceptada en este mundo la llevará con usted a otro donde puedan ser felices…-

— Sin duda alguna. —Haku interrumpió.

Riku suspiró, de nuevo— Pero es sólo en caso de que la señorita Chihiro los corresponda.

Haku levantó una ceja, tratando de comprender el rumbo de la conversación.

— Pero, ¿y si la señorita no comparte los mismos sentimientos que usted? —cuestionó

Haku comprendió al fin, era cierto. Él estaba únicamente fiándose de sus propios sentimientos, pero los de ella, los de Chihiro…

— Usted ha dicho todas estas cosas como si estuvieran saliendo por mucho tiempo, lo cual, según lo que me ha comentado, es incierto. Si no hay alguna conexión más que la de amigos, y le recuerdo que, así como usted acaba de rechazar a la princesa y hechicera Liyah Fetram, así puede hacerlo ella con usted. — Riku juntó sus manos, y abrazó la una con la otra.

Haku sintió como si su alma comenzara a ser una laguna de sentimientos encontrados. Era algo que él no había contemplado. Él estaba seguro de que quería a Chihiro, la adoraba incluso, al borde de perder su cordura, con plena confianza lo gritaría a los cuatro vientos, pero… ¿Qué sentía ella? Entonces se recordó a él mismo hace unos días bastante devastado por saber que los sentimientos de Chihiro no eran para él, y como si Riku leyera su mente, obtuvo su atención.

— ¿Ha pensado que a la señorita Chihiro puede gustarle o incluso querer a alguien? — los ojos de Haku se perdieron de un momento a otro en la nada— ¿Ha pensado que alguna vez, Ogino-san quiera casarse y tener hijos?

— No…— dijo cabizbajo.

Riku asintió— A esto me refiero Kohaku-sama, usted puede decir y hacer mil promesas al aire, pero usted no puede decidir por ella, aún si sus sentimientos son los más puros y sanos, si los sentimientos de ella están dirigidos hacia otra persona usted no podrá hacer nada. — hasta cierto punto, Riku sabía que lo que le estaba diciendo, no era más que la verdad, casi podía jurar que le estaba doliendo más a él ver a su amo de esa manera, en una laguna de aflicción, pero tampoco quería encerrarlo en una falsa nube de mentiras y que luego tuviera que pasar por la misma situación con la que tuvo que lidiar muchos años atrás cuando Haku apenas era un niño, no porque le molestara, sino por el profundo dolor que le hizo sentir y del sólo recuerdo podía llenarse de escalofríos y de dolencias. — Es por eso que los seres de este lado les temen con demasía, porque los seres humanos son tan cambiantes que asombran. En un principio, se habló de muchos seres humanos rechazando de manera sentimental a muchos seres míticos y se prohibió el contacto con ellos. Y ese fue su error, creer que prohibiendo la visión de éstos con nosotros el mal pasaría y, ¿qué hacer con los que no pueden olvidar? El Dileu atgofion. Obligarles a olvidar.

— No había pensado en eso Riku…— Haku casi quería llorar, pero sólo mantuvo las manos aferrándose al grosor de la madera.

— Amo Kohaku, sólo quiero que usted entienda algo— Riku, que se encontraba en frente de él, colocó su mano sobre el dorso de la de Haku—, el hecho de amar, es ver feliz a la persona que ama, con usted—sonrió— o sin usted.

Haku se llevó ambas manos abiertas a sus ojos, pues el llanto inminente se hizo notar— ¿Cómo se supone que soporte eso Riku? — dijo sollozando. — ¿Cómo se supone que vea a Chihiro ser feliz con alguien más que no sea yo? No puedo siquiera imaginarlo, Riku, no creo poder hacerlo, tener que ver a Chihiro ser madre por causa que no sea la mía me hace sentir que pierdo el rumbo de mi existencia Riku.

— Eso es normal amo Kohaku — Riku acarició con calidez sus cabellos, sonriendo, ahora tenía que darle las fuerzas, pues, ya que sabía a lo que probablemente estaría expuesto, debía prepararse con mayor resolución— lo entiendo Kohaku-sama… –

— No entiendes. — Haku lo volvió a interrumpir, y movió su cabeza de un lado a otro, mientras que las lágrimas bajaban sin piedad, delineando sus mejillas— Yo… yo… yo no lo soporto. No me gusta cuando algún chico la mira o cuando es tocada por algún muchacho, es estúpido, pero quiero que sus sonrisas sean sólo para mí, y también que sus ojos siempre me miren, Riku, no quiero verla feliz con alguien que no sea yo; a veces ella no se da cuenta pero quiero … Tocarla, quiero acariciar su piel y besar su cuello, también quiero oler su cuerpo y abrazarla por su cintura, es algo que ya no puedo controlar Riku, y si pienso que alguien más, que algún otro chico va hacer eso con ella… ¡No puedo soportarlo!

Riku sonrió— es bueno aceptar eso amo, las criaturas como nosotros, somos restringidos de esos sentimientos y pensamientos. Para nosotros, sentimientos como el amor, son lineales, son planos y a veces sin chiste, en muchas ocasiones pasan a ser segundo plano; estamos destinados para querer a alguien específico, sin dudar, porque para esto nacimos. A nosotros, al contrario de los humanos, no se nos habla de sentimientos de amor y afección de la manera correcta. Se nos habla de poder, de magia, pero jamás de obedecer a nuestro corazón, es por eso que tenemos prohibido ver a los humanos, porque son los únicos seres que se dejan guiar por su corazón incluso en las situaciones donde debe actuar la razón.

Haku sentía un doble efecto en las palabras de Riku, era como un extraño sentimiento agridulce que embriaga su ser y le daba confianza en sus actos.

— Usted una vez me contó que Chihiro lo rescató con aquel pastel de hierbas incluso poniendo en riesgo su vida ¿no?

— Sí, ella lo hizo— Después de conseguir unos pronunciados ojos hinchados, los extremos de sus labios se levantaron con gracia, formando una sonrisa tras ese recuerdo.

— Es un rasgo característico de ellos, de esos humanos tan extraños. Ayudan sin pedir algo a cambio y reciben lo dado con alegría, nosotros en cambio, si alguien ajeno a nosotros la está pasando mal, se nos enseñará a pasarlo por alto o si alguien llora, sólo pasaremos de largo. Pero ellos son todo lo contrario a nosotros, lloran con usted y ríen de igual manera, sienten y sufren a la par de quien ayuden y eso les provoca un sentimiento de alegría. —Riku miró a la lejanía, el sol en todo su esplendor y ese dolor que ocultaba se hizo presente en su efigie por apenas segundos— enamorarse de un humano, sin duda, es lo mejor que nos puede pasar.

Haku sonrió con burla—No creo que mi madre piense lo mismo.

Riku le devolvió la sonrisa e hizo amago de levantarse— Yo creo que su madre sí lo cree.

— ¿A qué te refieres? Mi madre es alguien que sigue el Jainkozko Agintaldia al pie de la letra, jamás dejaría que un humano se mezclara aquí. — Haku cruzó los brazos, orgulloso.

— Sí, supongo. —dijo Riku, sonriendo con sarcasmo.

— ¿Qué me estás escondiendo Riku? —dijo, achicando los ojos enrojecidos, con una muestra clara de inspección.

Era gracioso que, después de estar llorando, estuviera actuando tan natural, como si su plática hubiera sido infructífera y sin gracia.

— No me corresponde a mí decirle. —justificó finalmente poniéndose de pie.

— ¿Qué no te corresponde decirme? ¡¿Eh?!— Haku se exaltó— ¡Riku te ordenó me digas!

— Lo lamento amo Kohaku, pero son órdenes de arriba, tengo prohibido hablar sobre eso. —Riku le guiñó un ojo y comenzó a caminar.

— ¡Eso no es justo! —gritó apuntando a Riku que ya estaba unos cinco metros de distancia del quiosco. Haku se rindió cuando notó que Riku no le daría ni una sola palabra y se volvió a sentar en la pequeña banca.

Después de un buen rato bajo la sombra del pequeño pero bonito quiosco del palacio, donde estuvo pensando por un buen rato las palabras de Riku, decidió irse a su habitación.

Había estado allí pensando y meditando lo suficientemente atento, que las lágrimas volvieron a emerger de sus ojos, así que creyó que sería mejor opción irse a un lugar donde pudiera estar a solas; debido a que no tenía realmente ganas de ir hasta las afueras de su mundo en busca de un momento de soledad y paz, pensó que su habitación, unos cuantos metros de donde estaba, podía ser buena opción y si lo solicitaba, como ya lo había hecho, nadie lo molestaría por un largo rato, al menos el suficiente como para volver a pensar acerca de lo meditado.

¿Qué pasaría si Chihiro lo rechazaba?

Era algo que sinceramente no se había preguntado. Si repentinamente dejara de ver a Chihiro… ¿Todo sería igual para ella? Si tal vez ella no tenía sentimientos de amor hacia él y, al contrario, ya los tenía por alguien más, ¿Sería realmente capaz de aceptar eso por felicidad de Chihiro?

Si lo imaginaba, realmente podía sentir su pecho desgarrarse. No pudo evitar cuestionar a su mente, si Chihiro también sentiría eso al pensar que algún día él también podría casarse, tener hijos y vivir una vida reservado a sólo mirarla como una amiga, que claro, ahora ya no lo podía hacer.

Hasta cierto punto, que se acercara la fecha en que su madre, como cualquier Reina, lo obligara a casarse no era del todo falsa; según ella, Miyu era la más indicaba, ya que, contenía todas las características de ser una buena Reina en el futuro. Puesto que Liyah, al igual que él, no habían pasado por el Pętla duszy eran ambos candidatos perfectos para celebrar una boda.

El sistema, no era realmente muy distinto al monárquico de la tierra, pues allí también, existían los compromisos que estuvieran visiblemente perfectos. Sin embargo, lo que diferenciaba a su sistema, del humano, era que, en su mundo, los niños que se casarían en un futuro, los hacían crecer juntos, convenciéndoles y haciéndoles vivir en una falsa idea del amor.

Se les hacía creer que se amaban, aunque no tuvieran una mínima idea de qué significara eso; ellos crecerían con la idea de que amaban a la pequeña personita que estaba a su lado, prácticamente, sin sentir, como cuando a un niño se le dice que el color azul es azul y el rojo, rojo.

De esta manera, creían que el amor sería inevitable entre los dos seres. Justo cuando cada cual por su parte comenzará a tener sensaciones raras al estar junto del otro y lo comentaran a sus respectivos amos, madres, amigos o amigas, se les informaría que eso que sienten, por absurdo que pareciera, era amor y que debían casarse para poder ser felices. Algo que a los ojos de Haku, después de mucho tiempo de haberlo sabido, no era en lo absoluto algo lícito, incluso, se le hacía como una mala broma, un mal chiste que alguien se había inventado en un día de ocio, una ley estúpida e irracional.

Mucho tiempo atrás, cuando el contacto con los humanos aún no estaba del todo restringido y se podía tener una conexión con ellos, las criaturas viajaban con más libertad a La Terre incluso se tenían relaciones de amistad con algunos, sin embargo, fue algo ineludible que varias de estas criaturas, al tener un contacto tan cercano con los humanos, desarrollaran sentimientos por ellos y por consecuente, se enamoraran. Esto causaba grandes conflictos, porque el hecho de que alguno de los enamorados, ya sea hombre o mujer, tuviera su pareja predilecta y designada, y decidiera olvidarla porque se había enamorado de un humano, era la falta más grave que alguien podía cometer.

Era algo inenarrable, un disparate y una deshonra para las familias contrarias. Por supuesto, hubo quienes respetaron el hecho de ya tener una pareja y tuvieron que eliminar esa página de su vida, olvidar que realmente habían experimentado lo que era el amor y amar hasta el cansancio a alguien. Pero lo que hizo que la relación con los humanos y los seres de los mundos declinara en una un precipicio sin fondo, fue que muchos otros y otras, no estuvieron conforme con sólo olvidar.

No. Ellos querían tener el derecho de ser felices, de tener a alguien a quien de verdad amaban. Así que fueron los que levantaron la voz y tuvieron que salir de sus zonas de aprensión; encararon a sus progenitores, a sus amigos y a los mismos reyes, Agintariaks y fuerza superior por las cuales se regían.

Ellos por su puesto estuvieron en total desacuerdo con ellos y ellas, sin embargo, creían que sus habitantes aún tenían racionalidad en cuanto al tema se refería y creyeron, así que se les dio otra oportunidad, la oportunidad de olvidar a la persona que amaban, pero ellos no estuvieron dispuestos a eso, fue entonces que se promulgó en el Goreneko Agintaldia, junto con los Senatura gorenak, Kontseiluko lehendakariak y los Jainkoaren jakintsuak, el manejo absoluto del Dileu atgofion o la eliminación de los recuerdos, en quienes se revelaran contra la voluntad de los mundos.

A la rebelión que se dio en aquel entonces, según datos que Riku, aseguró ser de absoluta discreción y que jamás debían ser sabidos por los amos, se le llamó Arima porrota, también conocida como, La Derrota del alma.

Después de aquel acontecimiento, los matrimonios se siguieron dando, siendo para las nuevas generaciones, algo normal el crecer con alguien a su lado, alguien a quien se les obligaba de manera discreta, a amar.

Por fortuna, si es que lo podía llamar de algún modo, su rapto le trajo el beneficio de no pasar por eso y terminó en los baños públicos, trabajando para Yubaba y más tarde, conociendo a Chihiro. Esto, si no fue al principio lo mejor que pudo haber deseado, conocer a Chihiro le trajo felicidad y alegría a su vida.

De esa manera es que él podía creer en que, el hecho de que lo hubieran raptado cuando era un infante, haberse escapado de los secuestradores y llegar hasta Kamaji rogándole por aprender magia, que necesitaría para poder regresar a casa, trabajar con Yubaba hasta olvidarse de su propio nombre y que eventualmente Chihiro volviera a llegar a su mundo y le diera oportunidad de volver a ver a quienes más quería, era lo mejor que pudo haberle sucedido.

No sólo porque lo había liberado de aquel destino cruel de crecer con alguien a quien amaría sin saber qué era en realidad el enamorarse, y casarse con ella, sino porque gracias a Chihiro estaba allí, por ella vivía y algo aún más grande, le había y le estaba dando la grandiosa oportunidad de poder enamorarse de alguien tan fantástica como ella.

Pensar en esas cosas le hacía preguntarse, ¿qué hubiera sucedido si nada de eso hubiera pasado?

Si no lo hubieran robado de su familia y, al contrario, hubiera permanecido al lado de su madre y su ausente padre, si hubiera tenido que crecer con alguien a su lado y vivir bajo la sombra de querer a esa persona, en pocas palabras:

¿Qué hubiera sucedido si, nunca hubiera conocido a Chihiro?

¿Su mundo seguiría siendo igual de feliz a como estaba ahora?

La pregunta se la había hecho ya a Riku en una tarde de su temprana juventud.

Flashback

— Oye Riku, ¿te puedo hacer una pregunta? — dijo Haku mirando por la ventana de su habitación.

— Pero, me la acaba de hacer amo Kohaku— contestó Riku con una sonrisa burlona.

Haku infló los cachetes a modo de fastidio, a veces Riku podía ser demasiado frustrante —Bueno, Riku ¿te puedo hacer una pregunta aparte de la que te acabo de hacer? — preguntó de nuevo, con un deje de fastidio.

— Ya me ha hecho las dos preguntas Amo Kohaku. —volvió a sonreír Riku, en lo que limpiaba con amabilidad el pequeño buró de refinada madera.

— ¡Rayos! ¡Es imposible hablar contigo Riku! —Haku señaló a Riku visiblemente enojado, tomó con su mano un pequeño y raído lápiz y lo lanzó sin mucha fuerza directo a Riku.

El pequeño proyectil golpeó con ligereza la cabeza de Riku. La pequeña risa de un joven Haku sonó en la habitación, llenándola de un agradable sonido. Riku, por su parte, llevó su palma a la zona afectada y masajeó un poco, seguido volteó a mirar a su pequeño amo y sonrió.

— Disculpe Kohaku-sama. —hizo una leve reverencia— Está bien, ¿qué es lo que quiere saber?

Haku suspiró —Tú no tienes remedio Riku— contestó Haku con los brazos cruzados y una sonrisa resignada.

— Me parece que el que no tiene remedio es usted, Kohaku…-

De nuevo un lápiz golpeó su piel, ahora, justo en la punta de su nariz. Riku acarició, ahora, un poco arrepentido el lugar y decidió que no siempre era buena idea jugar así con su amo.

— De acuerdo, no más juegos, soy todo oídos. —Riku se reincorporó a lo que se dedicaba a hacer, limpiar algún lado que creyera estaría sucio en la habitación de Haku y que normalmente las sirvientas no se empeñaban en buscar.

— ¿Recuerdas lo que me contaste sobre los matrimonios que se arreglaban desde niños aquí? —Haku volvió a mirar por la ventana imaginando qué haría en la noche cuando fuera a visitar a Chihiro.

— Hm. — Riku asintió con un sonido, sin voltear a verlo.

— Yo quiero saber… —Haku suspiró y juntó sus manos— Si yo no hubiera sido raptado en aquel entonces, ahora ¿yo también estaría con alguien?

Riku paró sus movimientos justo cuando doblaba el pequeño lienzo de algodón con el cual limpiaba las zonas polvosas, cayendo en cuenta sobre la profundidad de la pregunta que le había hecho Haku. Debía elegir qué palabras exactamente utilizaría para explicarle algo bastante grande, que, aunque él no lo notara traía consigo un dolor para él, los errores que se cometieron hace mucho tiempo era algo que se tenía que mantener enterrado. Oculto para cualquier persona que no hubiera vivido en esa época.

— Sí. — Riku volteó y se encontró con la mirada temblorosa de Haku puesta sobre la suya.

— ¿De verdad? — Haku desvió su mirada y jaló una silla, se sentó cabizbajo en ella.

— Sí. —Riku lo miró y se reprendió mentalmente por haberle dado esa información.

— No lo creo— dijo aún confundido—, ¿Por qué hacen eso?

— Amo Kohaku, creo que ya hemos hablado suficiente sobre el tema.

— Lo sé, pero…

— Es una ley que tienen que cumplir todos, —Riku dobló perfectamente el lienzo de algodón y lo dejó acomodado sobre el buró, tomó una silla de la pequeña mesa de estudio y la colocó enfrente de Haku. — de alguna forma, en estos largos años se ha hecho sin dudar y ha resultado bien. Los niños no crecen con dudas acerca de quien querer y mucho menos sufren por desconocer sus sentimientos

— En una mentira. — dijo Haku con la mirada fija.

— Una mentira que logró la paz entre el mundo de los humanos y los mundos de las criaturas.

— Cobrando las memorias de las personas que quisieron amar de verdad y no superficialmente. Una mentira que no hace más que ocultar lo que es el amor de verdad, una tonta mentira que obliga a las personas a casarse con quien ni siquiera quieren de verdad— con cada acusación, la voz de Haku aumentaba en volumen y podía reflejar la cólera, tan trasparente como el agua— una mentira que obliga a querer a alguien sin desearlo ¡Una mentira que le niega la verdadera felicidad a las personas y…-

— Una mentira por la cual usted está aquí. — dijo Riku con los ojos cerrados.

Una frase que traía consigo unas palabras tan simples, pero que contenían un significado colosal fueron lo suficientemente atinentes como para callar la creciente furia de Haku.

— Entonces… — Haku bajó la cabeza y apretó los puños— hubiera sido mejor si no hubiera nacid…-

El sonido de la palma abierta de Riku azotándose con la mejilla de un joven Haku, se hizo presente en el lugar por menos que segundos. Los ojos de Haku estaban tan abiertos que, si se hubiera visto en un espejo, no podría creerlo. La zona afectada, tomó un ligero color rojo y el no tardó en tocar su mejilla con su mano, en una mezcla de sentimientos.

Volteó tras un momento, en el que su mente asimiló el acto cometido. Miró a Riku sin comprender mientras que su mano estaba puesta en su mejilla, sin moverse.

— Riku…-

— ¡No vuelva a decir eso! — gritó furioso. Debido a la bofetada que le acababa de dar a su amo, probablemente perdería su vida, el sólo hecho de levantarle la mano a él, un joven que apenas comprendía lo que le rodeaba y que, le habían confiado a él como un consejero y casi segundo padre, era literalmente, la horca.

— Ri…-

— ¡Nunca se atreva a volver a decir una tontería como la que ha dicho! ¡Piense dos veces lo que dirá antes de que sus palabras sean asimiladas por las demás personas! — Riku estaba en realidad furioso— ¡Si sus padres jamás hubieran estado juntos y, al contrario, hubieran hecho su vida con una persona más, con un humano, usted no estaría aquí! ¡¿Acaso se arrepiente de estar vivo?! ¡¿Es tan egoísta como para sólo pensar en su felicidad?! ¡Si usted no hubiera nacido sus padres no hubieran sido la feliz pareja que una vez fue! ¡Si usted no hubiera nacido, mi vida estaría ahora vagando sin rumbo en este momento, buscando sin remedio la presencia de alguien que ya no está aquí! ¡Si usted no hubiera nacido…— se paró por un momento para tomar aire, no quería hacerlo, pues sabía que utilizar el nombre de otra persona para ganar una pelea ajena, no era bueno — si usted no hubiera nacido…— suspiró

Haku tenía los ojos acuosos y, por la resolución firme y enorme orgullo del que se había hecho poseso durante esos años, sabía que contendría sus lágrimas. Lamentablemente, también sabía que tendría que contener sus ganas de abrazarlo y que tendría que sacar los pañuelos en esa ocasión, pues si lo que utilizaría no sería lo correcto, tenía la certeza de que lo haría entrar en razón ya que el territorio que abarcaba su acusación, daba justo en el centro donde residía su confianza.

— Si usted no hubiera nacido, Kohaku-sama, no hubiera podido conocer a la señorita Ogino. — dijo Riku al fin, resignado.

Como reacción casi espontanea al comentario de Riku, Haku tapó su boca en un gesto de completa sorpresa y dolor ya que el peso de las palabras antes dichas, comenzaron hacer añicos su compostura y sin tardar, se entregó al llanto.

Las lágrimas salieron, pintando pequeños ríos en sus mejillas; que el cielo se cayera y los mundos de destruyeran si algún día volvía a lamentar su existencia, ya que, si lo hacía, negaba la existencia de Chihiro, aquella que tierna y temerosa, como pequeña llama agotando su vivir, le había salvado la vida.

Fin del flashback

Haku recordaba que después de eso, Riku se postró frente a él y le pidió perdón, él, por su puesto, que no aceptó sus disculpas, ya que, si no hubiera pasado eso, en pocas palabras, el golpe propinado por Riku le había hecho salir de una zona de confort e ignorancia, pues en aquel tiempo, Haku era alguien que juzgaba sin argumentos, alguien bastante inmaduro.

Ahora todo volvía de nuevo a la misma pregunta, ¿qué pasaría si jamás hubiese conocido a Chihiro?

A pesar de que había una respuesta bastante metódica e insensible para esa pregunta, prefería quedarse por la auto elaborada, dando como resultado, que literalmente no podría vivir. Sin embargo, era Riku quien siempre tenía una respuesta convincente y altamente probable acerca de las circunstancias dadas.

Unos pequeños y casi inaudibles golpes se escucharon en su puerta y por un momento su enojo quiso salir a la luz, pero lo detuvo justo en el momento que probablemente lo haría. Mantuvo la postura y atinó a conceder el permiso de entrar.

— Adelante.

El sonido de la puerta abriéndose lo hizo levantarse de su cama, ya que se encontró a él mismo tumbado allí, admirando el techo de la base bajo de él.

— Kohaku-sama — dijo la joven y ligera ronca voz—, mi tío me mandó a dejar esto para usted.

Haku miró con atención al muchacho, al que reconoció de inmediato, a pesar de que había pasado bastante tiempo desde la última vez que lo vio, de hecho, bien podría decir que el chico a penas y lo recordaba a él con dificultad y que tal vez, sólo lo conocía por su mayordomo.

— Eres Susumi, ¿cierto? — dijo Haku tomando consigo la pequeña caja negra de cartón que mantenía en sus manos el joven frente a él.

El chico pareció sorprenderse e incluso tembló un poco, pero en seguida regresó a su postura original. Al sentir que el peso se escabullía de sus manos, el chico alzó la mirada, encontrando la bondadosa de Haku.

— ¿Me conoce? —dijo sorprendido.

— Por supuesto que sí —dijo Haku sonriendo de oreja a oreja—, ¿cómo podría olvidarte? Claro, cuando te conocí eras apenas un renacuajo de río, pequeño y sin forma.

— ¿Ra ... nacuajo? — dijo Susumi parpadeando por no comprender a qué se estaba refiriendo. Tras unos segundos de pensar, entendió y la ofensa de hizo inminente.

— Por supuesto que ahora ya estás mucho muy distinto. Eres más alto y tu cabello es más largo también. Recuerdo que cuando nos presentaron tú me pegaste un chicle en el cabello, ¿sabes? Fue horrible. Pero más que el hecho, me pregunté cómo rayos es que habías conseguido ese ''dulce''— hizo énfasis en la palabra— ya que es un producto del mundo humano y no lo sabía.

El chico se mantenía callado y con la mirada baja ante la presencia de Haku; su furia se había esfumado justo cuando el comenzó a hablar de él como si se tratara de un viejo amigo y desde algún punto, le gustaba escucharlo hablar sobre él.

— ¿Yo… hice eso? — dijo dudoso.

— ¿Acaso no lo recuerdas? Ese es el motivo de que conociera a Chihiro con el corte de hongo — los ojos de Haku se entrecerraron y lo miraron con indignación fingida — si no lo hubieras hecho, ella hubiera podido haberme conocido mucho más guapo. — dijo a manera de burla.

— No-no lo recuerdo.

— Sí lo creo— sonrió— eras bastante pequeño.

Un silencio se apoderó del ambiente por unos segundos, hasta que Susumi habló — Ahm… Yo— Susumi miró a otro lado buscando la fuerza para su atrevimiento—… yo aún tengo unos cuantos chicles— dijo y empezó a rebuscar en su pequeño bolsillo de piel logrando que Haku pudiera ver casi todo lo que llevaba dentro—, mi tío me trae muchos cuando va al mundo humano, ¿gusta uno? —dijo brindándole su mano en donde se mostraban seis bolitas, cada una de un color distinto.

Haku parpadeó unas cuantas veces y luego volvió a sonreír. Tomo una pequeña de color morado y la llevó a su boca. Al principio no le supo a nada, pero después de abrir y cerrar su boca consecutivamente, de masticar ese dulce, su boca se llenó de un sabor familiar: uva.

— ¿Uva? — dijo asombrado.

— ¡Sí! —dijo el chico con una pizca de alegría, pues sabía que le había agradado a su amo.

— Es muy bueno. Deberías de decirle a Riku que se preocupe más por su amo y que también le traiga unos de estos. — dijo señalando el pequeño abultamiento que se formaba en su mejilla.

— Pero mi tío dice que usted…— el chico se tapó la boca con su mano libre y sus ojos se abrieron con sorpresa y una mezcla de arrepentimiento.

Haku se sorprendió aún más por el acto —¿Riku dice que yo …? —Haku se acercó a él y levantó una ceja —Vamos, dilo. No me enojaré…O al menos no contigo— dijo sonriendo maléficamente.

El chico bajó la mirada avergonzado y habló— Mi tío dice que usted mismo… —bajó el tono de voz hasta que pareció un susurro — va al mundo de los humanos muchas veces a la semana.

La carcajada de Haku resonó en la habitación.

Y el chico se asombró de tal manera que dio unos pasos hacia atrás, ya que la forma en que su tío describía al príncipe Kohaku, era tan sofisticada y elegante que se podría pensar que era el mismísimo dios.

— Eso- es muy- ¡cierto! — Haku aún no podía controlar del todo su risa, pues ya casi podía ver a Riku rostizándose en una rama de árbol por contarle cosas de él a su sobrino, pero lo más gracioso, era que durante todo el tiempo que había estado viéndose con Chihiro, jamás había llevado alguna golosina de su mundo para degustarla en su habitación o algo por el estilo. —Claro, que tonto de mi parte. No era algo que me esperara, lo siento Susumi. — Haku acarició su cabello justo como lo hacía Riku con él cuando estaba triste — Y dime, ¿qué harás con todos esos dulces? — señaló a la pequeña mano del chico y posteriormente él, dirigió su mirada a la zona.

— ¡Oh! ¿Estos? — preguntó Susumi sorprendido— normalmente los comparto con Gabona por las tardes. — dijo con una sonrisa un tanto forzada por no decir fingida.

Ante el gesto del chico, Haku reconoció su molestia al hablar de la chica así que decidió cuestionar— ¿Gabona es tu… Emaztea?

La mirada un tanto fatigada y rebosantemente desilusionada, le contesto la pregunta que recién había hecho y lo que Susumi no notó, fue que ese gesto aparentemente sin significado dijo un montón de cosas a Haku. Literalmente, se quedó como un libro abierto ante el dragón.

— Sí…— dijo con la mirada gacha, pero como un torbellino, su mirada dio un cambio y un brillo especial se apoderó de sus ojos. Regresó la mirada a Haku — Pero si gusta, ¡puedo dárselos todos a usted Kohaku-sama!

Haku abrió los ojos con sorpresa. Por su gesto, supo de inmediato que lo más seguro era que a Susumi no le agradara mucho la idea de estar con alguien, pero no pensó que lo fuera a demostrar tan abiertamente.

— ¿No te agrada Gabona?

— Me agrada, sí. — fue una respuesta rápida y firme, pero Haku pudo escuchar la indecisión en su voz— pero siempre estoy con ella, y Gabona siempre quiere todos mis dulces, así que si le digo que todo se los di a Kohaku-sama, no podrá decir nada.

— ¿Me utilizarás? — dijo pretencioso.

— ¡Claro que no!

— Entonces sé valiente y dile que no le quieres dar.

— Entonces sería egoísta de mi parte…—respondió Susumi

— Hay ocasiones en las que amerita ser egoísta, aunque sea un poco.

— No lo creo.

Haku lo miró un poco y sólo volvió a sonreír ya que se imaginó a él siendo Riku y el joven Susumi, siendo él, joven y terco.

— A veces, hace falta que llegue la persona por la cual quieras ser egoísta y cuando ese día llegue a tu vida, ni siquiera te darás cuenta de que ya lo estas siendo.

— ¿Qué no eso se llama sentir celos amo Kohaku? — Preguntó Susumi.

— Al parecer lo entiendes.

— Pero jamás lo he sentido.

De nuevo el silencio.

— No se siente del todo bien —dijo con una sonrisa fingida.

— ¿En serio? — preguntó Susumi

— No te miento. —Contestó Haku

Ambos se miraron un momento y luego las risas se mezclaron.

Haku se detuvo y luego también Susumi.

— Es un gusto platicar contigo después de tanto tiempo Susumi. —le dijo Haku revolviendo el cabello rojo del chico.

— El gusto es todo mío amo Kohaku. — dijo con una sonrisa en el esplendoroso rostro.

— Bueno, tengo que abrir esta misteriosa caja de tu tío, Susumi — dijo sacudiendo un poco, a modo de saber si realmente contenía lago. Al escuchar un pequeño objeto dentro de ella, se sintió aliviado. Se puso en marcha hasta su pequeña mesa de estudio repleta de libros, tomó una silla y se sentó.

— ¡Oh! Claro— Susumi entendió que necesitaba privacidad. Hizo una profunda reverencia — con su permiso amo Kohaku.

Estaba a punto de abrir la puerta cuando la voz de Haku volvió a llamar la atención.

— Susumi, vuelve cuando quieras a platicar conmigo. Algún día si quieres puedes acompañarme al mundo humano. — dijo Haku sentado desde la mesa con una sonrisa.

Susumi se sorprendió mucho y su alma de alegró, siempre había deseado, durante esos dieciocho años, poder conocer La Terre, qué había en ella y aunque sentía un poco de repulsión hacia los humanos por las cosas que escuchaba de ellos en Hiri Handia, también quería conocerlos. Pero como siempre, la compostura, ante todo.

— Claro. ¡Gracias Kohaku-sama! —después de su colosal alegría el sonido de la puerta sonó y dejó a Haku abriendo la pequeña caja.

Haku sacó el pequeño artefacto y seguido, sonrió como la vez en que se encontró a Chihiro. Dentro de la pequeña caja había una pequeña bolsita de rejilla color azul y dentro de ella, estaban distintas bolitas de colores distintos.

«Un regalo del mundo de los humanos. Dese prisa en hacerle saber sus sentimientos a la señorita Ogino.
Riku.»

A pesar de la gran admiración que le tenía a Riku, siempre se sorprendía de cuan atinente era, pues sabía bien que aquel mensaje contenía explícitamente el dolor que sentía al verlo enamorado de una chica humana. Y aún más, contenía el reproche que no podía desahogar con nadie ya que sabía perfectamente que era el único culpable de la tragedia. Muy en el fondo, Haku supo que él no sería capaz de soportar la pérdida de Chihiro por un rechazo, sin embargo, lo de Riku era bastante distinto y doloroso.

El sonido del teléfono resonó en la casa y la señora Ogino no tenía precisamente las ganas de ir hasta la sala a contestar el aparato ruidoso, abandonando el confort de su cama y el ventilador eliminando ese calor mortal. Sin embargo, se encaminó hasta el objeto pensando en que podría ser alguien importante o alguna emergencia.

Desde que su hija se fue, muy rara vez los llamaba así que con la esperanza de que fuera precisamente su pequeña, atendió el llamado.

— ¿Diga?

— Disculpe, ¿es este el número de Ogino Chihiro? —dijo una voz bastante madura, lo que la señora Ogino reconoció como un acento distinto. Lo más seguro es que fuera un extranjero, así que no pudo evitar sentir un poco de miedo al respecto.

Mis disculpas, pero ella ya no vive aquí.

— Oh, entiendo. Bueno, ¿cree que podría darle mis saludos?

Por su puesto. ¿Quién habla? — preguntó y tomó un pequeño lápiz para apuntar.

— Mi nombre es Noah Blair... -

— ¿Noah? ¿Nobla?

— ¿Cómo sabe qué me decían Nobla? ¿Acaso es usted la señora Ogino? ¿Me recuerda? — dijo, llenándose de felicidad.

— ¡Claro! Eras el amigo de la preparatoria de Chihiro ¿cierto? Viniste a nuestra casa muchas veces.

Una ligera risa sonó al otro lado de la línea.

— Me alegra que me recuerde señora. Encontré este número por casualidad y la necesidad surgió. Espero no molestar.

— No hay ningún problema hijo. ¿Estás en tu país?

— Sí, aún vivo por acá.

— Me alegro mucho. Pero, mejor te doy el número de Chihiro, yo creo que ella ha de querer platicar contigo. Ella se pondrá alegre de escucharte de nuevo.

— ¿Eso cree? Me haría un favor grandísimo.

— Por supuesto. A ella le gustas mucho. Bueno, ¿Tienes donde escribir?

— Sí, adelante…

— ¡Madre!, ¡Estoy en casa! —dijo el joven llegando a su hogar después de su día de visita en el palacio.

— ¡Oh! Susumi, no esperaba que llegaras tan temprano. Bienvenido ¿Gustas comer? — contestó la hermosa mujer que se encontraba en una silla mecedora, leyendo un pequeño libro.

— No, gracias, madre. Las sirvientas me invitaron comida del palacio antes de irme.

— Entiendo, ¿Estuvo sabrosa? — preguntó devolviéndole la vista a su libro

— Por supuesto. Pero no tanto como la tuya. —sonrió y se dirigió hasta darle un tierno beso en la frente a su madre, después, la sonrisa le fue devuelta.

— ¿Cómo se encuentra Kohaku-sama?

— Se encuentra en perfecto estado de salud, por si a eso te refieres. —dijo sentándose en la silla frente a su madre.

— Me alegro por Kohaku-sama. ¿Trató bien a mi hijo?

— Por supuesto. Es tal y como me cuenta tío Riku. Es muy amable y bromista.

— Eso es bueno mi cielo. La Reina educó a un buen hijo y eso es bastante confortante.

— ¡Por supuesto! Además, me ha invitado por si quiero volver a verle, ¿no es eso grandioso, madre? ¡Incluso me ha invitado a viajar con él a La Terre! —dijo con emoción

La mirada de la gran señora se dirigió un momento hacia su hijo de manera dudosa y con un ligero disgusto, la idea de que su hijo viajara al mundo de los humanos no le agradaba mucho— Claro. Es un gesto bastante humilde de su parte.

— Quiero regresar mañana.

— Está bien, pero recuerda que es un príncipe y que le debes respeto ante todo, Susumi.

— Claro que lo sé madre. Pero es realmente asombroso y humilde, verás, incluso me aceptó un de los dulces que…-

— ¿Dulces? — preguntó antes de dejarlo terminar.

La mirada de Susumi sólo podía reflejar una cosa: Carajo.

Recién entraba la noche en su mundo, Haku se encontraba recordando miles de cosas que pasaban por su mente de manera abstracta y sin permiso.

Uno de los muchos beneficios de la magia, era que podía hacer de todo con ella. No hablaba de la magia como el sacar un conejo pequeño de un sombrero negro y reluciente, sino de magia donde había hechizos, telepatía, hipnosis, entre otras; control de distintas propiedades naturales y demás.

En ese instante agradeció enormemente poder hacerla, pues de no haber aprendido magia por parte de Yubaba en ocasiones anteriores, no podría estar como se encontraba en ese mismo instante: Su cama estaba en frente del gran ventanal, el cual, obstruía el paso del viento a su cuarto y las cortinas corridas y que le permitían admirar el cielo estrellado.

Justo recordó que estaba cerca la hora precisa donde se dirigía a encontrarse con Chihiro hace mucho tiempo. Al principio sólo platicaban sobre diversos temas que los inquietaban, con el tiempo se fueron acercando más y ahora se contaban historias de su niñez y adolescencia, tiempos durante los cuales estuvieron separados.

Crecieron juntos y él tuvo la buena fortuna de apreciar el desarrollo de Chihiro en primera fila. Cada día que la miraba, se preguntaba cómo es que podía existir alguien así, tan hermosa. Y para cuando Chihiro comenzó a cambiar su forma de vestir, fue entonces que se dio cuenta que también él estaba comenzando a crecer.

Los simples roces con la piel de Chihiro le eran bastantes sugerentes y provocativos, cada que ella se movía y podía mirar a detalle el movimiento de sus caderas, algo dentro de su ser despertaba, dándole una sensación bastante parecida a la que efectuaba cuando hacía el pequeño hechizo para transformarse en dragón: Su piel ardía ligeramente, la excitación y emoción propia de la trasformación parecían querer consumirlo y de forma inexplicable, quería más.

No sabía de qué manera explicarlo, hasta que fue Riku quien le explicó esas cosas y entendió que su cuerpo pedía un contacto mucho más cercano al cuerpo de su Chihiro. Incluso, había momentos en que no podía contenerse más y avanzaba hasta ella, se posicionaba en su espalda y aprovechaba que ella se mantenía concentrada en cocina y no le miraba. Cuando la tenía de esa forma, se daba la libertad de oler su aroma e impregnarse de éste.

Adoraba la piel blanca de su cuello y sólo podía morderse el labio para no realizar ninguna estupidez. También le encantaba oler el shampoo que utilizaba y se deleitaba son el manjar que le resultaba su perfume.

Al recuerdo, Haku se removió en sus sabanas siendo iluminadas por la luna. No podía permitirse ponerse así de nuevo, ya que la última vez que dejó en libertad su mente, terminó dándose placer a él mismo. Aunque Riku literalmente le había gritado que el acto no era malo en sí, la culpa lo remordió por varios días.

Pero es que a veces le era realmente difícil soportar ese deseo de imaginarla de ciertas maneras no tan respetuosas.

Para poder disipar esos recuerdos, trató de centrar su mente en alguna otra cosa que no fuera Chihiro. A los segundos se dio cuenta que le era imposible, ya que no podía parar de pensar en esa chica que le había robado su corazón. ¿Qué estaría haciendo justo ahora? ¿Estaría sola en su casa? O estaría con…

Su coraje se hizo presente y se revolvió de nuevo, en las sabanas. No pudo evitar recordar el día de su discusión, la raíz de todo, un chico.

Recordaba perfectamente lo que habían ocasionado sus celos con ella y de sólo recordar que otro chico salió con Chihiro esa noche después de … eso…

Aquello…

Esos actos…

Que lo dominaron…

Las mejillas de Haku se tornaron rosas por recordar lo sucedido y se llevó su mano hasta la cara. Allí tapó con su antebrazo sus ojos y no pudo evitar sonreír. Estaba echando su mente a andar tras el recuerdo de aquel día en la noche y no quería precisamente detenerse…

Cerró los ojos y dio rienda suelta a su memoria.

En ese instante, no supo exactamente el motivo del por qué estaba defendiendo a Miyu, si bien no negaba que fuera su amiga y que nunca podría verla como algo más que eso, no le agradó que la insultaran, principalmente porque fue Chihiro quien lo hizo.

Sin embargo, lo que realmente lo sacó de quicio, fue el sólo y único hecho de haber escuchado a Chihiro hablar con otro tipo que no fuera él y de una manera melosa. Eso, más el hecho de que prácticamente le había gritado que ni siquiera le importaba si eran amigos o no, terminó por agotar su calma y todo su deseo contenido por ella, explotó.

Estaban a sólo centímetros de distancia, algo que no habían notado en absoluto y que fue precisamente él quien lo hizo visible. Tampoco supo si fue la enorme ira que sintió, pero sin duda alguna, sus manos se movieron por sí solas hasta que una de ellas fue hasta la pequeña cintura de Chihiro y la otra apretó fuerte su nuca.

No pudo ser consciente de sus actos al instante, hasta que la textura de los labios de Chihiro que había arrebatado con los suyos estaba tensándose. Por obvias razones como lo fue la estatura de Chihiro, su espalda se tuvo que encorvar para mantener el beso realizado y lo tener que poner en una situación dolorosa a Chihiro. Aún en ese estado, pensaba en el bienestar de la chica y de no lastimarla, pues el acto del que estaba siendo participe en ese instante, era propio de los sueños que lo acosaban en las noches, los cuales lo despertaban sudoroso y excitado.

Chihiro puso una ligera resistencia al inicio ya que ese gesto si bien le parecía algo con lo que sólo soñaba, el escenario y lo que lo había ocasionado no eran para nada de su agrado. Así que forcejeo unos segundos contra Haku, pero su agarre le impidió separarse de él.

Un sonido gutural en reproche sonó, pero Haku no le tomó importancia, ya que sólo quería degustar de esa dulzura que eran los labios de Chihiro; su mano se afianzó en su cintura y la atrajo más hacia su cuerpo, haciendo su mayor esfuerzo por no prestarle atención a los senos de la chica que se pegaban a él de forma bastante tentadora.

Cuando el oxígeno se hubo extinguido entre ellos y que el cuerpo de Chihiro se relajó, se separaron. Él soltó su nuca y llevó su mano a la mejilla de Chihiro, sintiendo la humedad de las lágrimas que habían caído anteriormente.

Haku abrió sus ojos lentamente, encontrándose con los de Chihiro, de igual forma que los suyos. Ambas miradas se encontraron y no hubo más qué hacer. De cierta forma, él estaba buscando algún indicio de Chihiro que le indicara que se detuviera, por más que la deseaba tomarla, no estaba dispuesto a dañarla.

Entonces, si estaba siendo racional hasta ese punto, ¿cuál fue el motivo de perderse por completo, al grado de que no sabía si podría ver a Chihiro de nuevo?

Estaba tan cerca y acababan de besarse, algo que jamás pensó que podría llegar a pasar. Pero fue ella quien le hizo pensar que ya no había forma de detenerse.

— Ha… ku…- dijo, como un susurro, como un sexi ronroneo que le invitaba a poseer.

Su voz tan melosa, sus mejillas sonrojadas y su mirada profunda le hizo perderse. Abandonó su cintura y dirigió ambas manos al rostro de Chihiro, y besó con fuerza de nuevo. Chihiro ladeó su cabeza para permitirse sentir más los labios de Haku. Las respiraciones entrecortas comenzaron a hacerse presentes y la temperatura de Haku comenzó a crecer; su consciencia se fue disipando y todo rastro de raciocinio se esfumó.

Las manos de Chihiro, ligeramente temblorosas, subieron por el pecho duro pecho de Haku con ansiedad, hasta que llegaron y se entrelazaron en el cuello de Haku. Sacando voluntad de quién sabe dónde, acercó el rostro de Haku, más, a su rostro.

Haku notó el gesto y su diestra regresó a la nuca de Chihiro. Ya lo estaba tentando demasiado, así que se aventuró a registrar su boca. Ya que los labios de Chihiro estaban entreabiertos, su lengua entró sin permiso.

Al encontrar el músculo húmedo de Chihiro, la unió con él. Ambas lenguas se enredaron, chocaron y danzaron a un mismo ritmo, Haku quería dominarla, pero Chihiro la estaba dando la suficiente fuerza de derrotarlo. El beso se profundizó y dejó de pensar. Ese beso con el cual ambos habían soñado por años, tan necesitado y cargado de los más profundos sentimientos, el deseo y el amor que se tenían, se transmitía en ese acto, cada vez, más excitante.

Comenzó a empujar a Chihiro hacia atrás hasta que su delgada espalda chocó con una pared. De nuevo el aire se fue y maldijo que fuera de ese modo, se separó de Chihiro y el rastro de saliva que unía ambas lenguas consiguió despertar sus locas fantasías.

La besó de nuevo, pero ahora sin esperar nada a cambio. Fue tan rápido que tomó por sorpresa a Chihiro, pero tampoco le disgustó.

Haku ya no podía detenerse y algo se lo decía; llevó sus manos hasta ambos muslos de Chihiro y la alzó con sus fuertes y fornidos brazos, por instinto Chihiro enredó sus largas y torneadas piernas en las caderas de Haku logrando así que sus sexos se rozaran. Al sentir el íntimo roce, Haku gruñó y Chihiro gimió.

Al escuchar el gemido propinado por ella, volvió a besarla con fuerza. Los delgados dedos de Chihiro se enredaron en su cabello, largo y lacio, ese que tanto había añorado acariciar, dándole un masaje provocativo y que lo incitaba. Para cuando Chihiro intentó volver a introducir su lengua en su cavidad, el cerró los dientes en sus labios, mordiéndolos con fuerza, otro dulce gemido salió de su garganta, aunque esta vez fue de dolor, Haku no pudo evitar sonreír al notar lo mucho que le estaba gustando escuchar ese sonido.

Le gustaba tanto que haría lo que fuera por volverlo a escuchar, y eso hizo. Enterró sus manos en los muslos de Chihiro y comenzó a caminar con rapidez hasta que llegaron al pequeño sofá. Allí, la depositó casi violentamente, dominado por el deseo. Dirigió su vista ante la mujer que tenía bajo él, tan sonrojada, con los labios rojos e hinchados, además de sus ojos llorosos gritándole que la poseyera.

No tardó mucho en acatar esa incógnita orden y la besó por un momento. No duró mucho antes de que cortara el beso, pues sentir los senos de Chihiro, y más que eso, su cuerpo entero bajo su anatomía empezaba a desesperarlo. Abandonó sus labios y comenzó a repartir besos en su cuello, pasó su lengua por lo largo de este, desde la barbilla hasta el inicio de la clavícula, otro gemido.

Ese sonido podría escucharlo toda la vida y no se cansaría jamás, agregándole que lograba encenderlo, cuando Chihiro gemía se le hacía el sonido más hermoso que alguna vez pudo haber escuchado y pensar que eso era originado por sus caricias, lo enorgullecía. Mordió su cuello con fuerza, al grado que las marcas consecutivas de sus dientes se hubieron plasmado en la tersa piel, ella volvió a gemir y él supo que le dolía, por eso trató de recompensarla besándola con locura; no pudo controlar más sus manos y estas comenzaron a obtener movilidad por ellas mismas; una bajó hasta llegar hasta al seno derecho de Chihiro, lo acarició por encima de la delgada blusa de tirantes y su suavidad le sorprendió, la escuchó gemir entre el beso.

Con su dedo índice y pulgar, apretó con ligera rudeza el erecto pezón. A partir de este punto, los sonidos guturales de Chihiro se hicieron cada vez más calientes a sus oídos. A veces jadeaba o gemía, en ocasiones lo llamaba, es especial cuando su lengua trazaba diversos caminos en lo largo y ancho de su piel.

Justo estaba a punto de retirar la ropa de Chihiro, cuando el sonido del teléfono se hizo presente.

Ambos entraron en razón de lo que estaban haciendo y Haku no encontró otra escapatoria más que disculparse y huir del lugar.

Y maldecía esa acción de su parte, esa noche, bien pudo esperar a que tal vez Chihiro contestara el teléfono y después hacerle saber lo que sentía por ella, pero no, decidió huir como un cobarde y dejarla allí sin ninguna explicación por sus actos. Debió ser más inteligente y darse cuenta de qué tanto podría repercutir sus actos, tanto en él, como en Chihiro, pues no tenía la seguridad de que a ella le hubiera gustado ese acto, o al menos tanto como él lo disfrutó.

Tal vez era insano mencionarlo, pero él lo había disfrutado. Ya que tener a la chica que amaba de esa manera, no como en sus sueños, aunque estos eran más alocados, lo hizo sentirse enormemente feliz de existir, de vivir. Saber que Chihiro podría responder sus sentimientos, aunque sólo fuera una vana ilusión, lograba hacerlo alborozar hasta casi el llanto.

Sabía perfectamente que tenía que decírselo y no quedarse con la idea de qué pudo haber sucedido si lo hiciera y no haberlo realizado, como decía Riku. Sí, esa era su prioridad, lo que de verdad lamentó es que ahora, tendría que darse una ducha, ya que el recuerdo de lo sucedido, a su cuerpo, no le fue indiferente.

Era la hora y estaba dispuesto. Todos sus nervios estaban completamente controlados y sin riesgo de salir a la luz, sus objetivos estaban claros y sus metas fijas en su cabeza. Esa noche, después de muchísimo tiempo de haberse reencontrado con Chihiro, ella sabría de sus sentimientos.

Estaba decidido a que expulsaría todo lo que su corazón resguardaba desde lo más profundo de su ser, omitiendo, obvio, sus deseos carnales por ella, eso podría decírselo tiempo después si todo salía bien y podían tener una vida feliz.

Aunque su madre jugara como su principal enemigo en esa ocasión, ni ella ni nadie le impediría estar al lado de la persona que amaba y de eso estaba seguro. Si ella aceptaba sus sentimientos, podría dejar a todos atrás con tal de poder estar con Chihiro, aún si era desterrado de su mundo, aún si tuvieran que quitarle su magia, aún si tuviera que esperar mucho tiempo para poder permanecer a su lado, lo soportaría porque la quería con demasía.

Haku se encontraba en la ventana de su alcoba esperando que fuera la hora exacta para salir de su mundo y adentrarse al humano. Para llegar hasta allí no era nada complicado, de hecho, podía hacerlo a cualquier hora del día que se le antojara, sin embargo, la posibilidad de que lo lograra era bastante baja por la alta protección que había. A pesar de que en un pasado lo había logrado, no podía negar que casi se vuelve a perder entre mundos, era por eso que sus encuentros eran en las noches ya que eran entre las ocho y treinta, y las nueve de la noche—en el mundo humano—, que la barrera que impedía a ese, y cualquier otro mundo acceder a la tierra, debilitaba su fuerza casi hasta cero.

Por mera y extraña suerte, los dispositivos móviles del mundo humano, así como los relojes, celulares y demás, tenían buena señal en su mundo, algo que Chihiro comprobó la primera vez que viajó allí, al recibir una llamada de su madre. Lo que en ese entonces fue bastante gracioso y sorprendente para ambos, ahora era de mucha ayuda para Haku, ya que el reloj que poseía en su habitación era humano, precisamente, un regalo de Chihiro. Este aparato mantenía la hora exacta de los relojes en la casa de Chihiro, lo cual resultaba bastante útil, ya que podía saber más o menos sus actividades. Así que, lo único que le impedía irse de una buena vez, era que el reloj apenas marcaba las ocho y veinte de la noche.

Su cabeza quería explotar, pues esos diez minutos parecían que durarían años. Empezó a desesperarse y bajó del marco de la ventana, comenzó a caminar de un lado para el otro haciendo que el piso emitiera un sonido sonoro por cada una de sus pisadas.

— No creo que el tiempo pase más rápido si hace eso, Kohaku-sama. —dijo Riku mientras mantenía su vista en el anterior estudiado libro de recetas.

— Lo sé Riku, no tienes que recordármelo. —Dijo seco.

— Por cierto, Kohaku-sama, — Riku levantó la mirada de su libro para encarar a Haku, pero este pareció no escucharlo ya que se encontraba caminando con la mirada en el piso, una mano en cintura y la otra cubría su boca, pensativo. Al no obtener respuesta, decidió hablar un poco más fuerte — Kohaku-sama, Chihiro no lo quiere.

Haku se paró en seco, de espaldas a Riku. Volteó lentamente, ¿escuchó bien?

— Riku — habló a su mayordomo absorto en su libro, pero éste no le hizo caso—, oye…

— ¿Sí? — dijo sin despegar su mirada de las letras

— ¿Qué fue lo que… dijiste? —dijo entrecerrando los ojos con misterio

— No lo recuerdo amo Kohaku, la memoria de los ancianos se vacía con regularidad.

Haku miró con furia a Riku y se acercó a él —Dijiste algo… —dijo con la mirada ligeramente enojada

— Nop. —bufó

— ¡Anciano decrépito! — dijo Haku apuntando con su índice al tranquilo Riku — ¡No es por nada, pero Yubaba me enseñó muchos hechizos!

— No es por nada, pero tengo el consentimiento de la Reina para poder ir y venir del mundo humano cuando lo requiera, se ha preguntado ¿de qué cosas puedo hablar con la señorita Ogino? — dijo divertido

Las mejillas de Haku se encendieron —O-oye, no tienes porque ha-hacer eso, ¿me estas traicionando?

Unos segundos de silencio, fueron rotos por las risas de Riku y de Haku, era extraño pero pocas veces se daban el lujo de convivir de esa manera.

— Amo Kohaku, —habló Riku— por favor no esté tan tenso. Sé que esto puede traerle nervios, pero relájese por ahora…-

— No estoy nervioso para nada, de hecho, quiero irme ya y decírselo todo. — dijo con una sonrisa

«Si usted supiera Kohaku-sama…» Pensó Riku, reteniendo un suspiro.

— Me alegró, y esperó que mantenga esa voluntad.

— Por supuesto. —sonrió

La bonita plática fue interrumpida por el sonido consecutivo del reloj. Haku fue hasta él y apagó el sonido.

— Es la hora. —dijo decidido

— Así es. —confirmó Riku.

Haku caminó hasta la ventana y se mantuvo allí por unos segundos, miró a la nada y tomó aire. Se subió en el marco de esta y cuando estuvo a punto de irse, la voz de Riku lo llamó.

— Kohaku-sama, cuando esté enfrente de la señorita Ogino, deje que su corazón hable en lugar de su mente. No se detenga y exprésele cuando la ama. — sonrió, seguido hizo una reverencia, apagó la luz del cuarto y salió de este.

Haku sintió esas palabras como el afecto más grande que le hubiera dirigido Riku durante mucho tiempo y le contestó, aunque él ya no estuviera allí.

— Cuenta con eso.

Haku juntó su dedo índice y pulgar, logrando hacer un círculo con ellos, después, sopló suavemente en él, inmediatamente, salieron cinco pequeños pétalos de rosa blancos de una textura casi cristalina. Enseguida, de estos pétalos surgieron miles y miles, los cuales, fueron cubriendo poco a poco todo su cuerpo hasta darle forma al hermoso dragón de color blanco y melena verde.

Comenzó su trayecto hasta el mundo de los humanos.

Comenzó a volar hacia el cielo negro y el agradable sentir que le daba el aire era inigualable. Sólo cuando volaba de esa forma, cuando volaba hasta el mundo humano y su viaje era ligeramente largo se sentía libre, despejado, como si el dolor y la infelicidad no existiera. Volar sin duda, era para él, algo que sólo podía comparar con algo: con Chihiro.

Cuando estaba con ella, todo se esfumaba, todo se iba. Estaba en su universo y el suyo y todos los demás dejaban de existir. Sus problemas desaparecían y la felicidad se albergaba en él, tanto así, que podía decir que, si algo podía ganarle a la sensación de volar, era, precisamente, esa.

Estaba volando y divisó no muy lejos, a Gullet, la primera barrera. Esta se encargaba de separar a su mundo con los de las criaturas completamente míticas que se consideraban ''puras'' o la élite, como los dioses, los ángeles, los arcángeles, los sabios, consejeros etc. La traspasó y pudo mirar el amplio panorama que le presentaba Gullet ante sus ojos.

Era como una acuarela: un poco de verde por aquí, rosa por allá, rojo, azul cielo, blanco, amarillo todos estos colores eran puertas, barreras que daban entrada a los mundos de Gullet y, en el centro de todos ellos, se encontraba aún el color negro, que indicaba el camino.

Siguió por él, ya que era ese el que lo llevaría hasta Chihiro.

Voló por unos cuantos minutos y logró ver a Begitza, la segunda barrera. Esta era de un color beige transparente, al cruzarla, se encontró con menos colores y de tonos más oscuros.

En esta zona estaban las criaturas que se consideraban ''impuras'', las brujas, los hechiceros, los magos, entre otros. Pasar por ese lugar no le incomodaba en lo absoluto, de hecho, le agradaba pues creía que eran los mundos donde se encontraba la magia o la mayor concentración de ella. Además, que en diversas ocasiones había estado en esos mundos, donde las personas eran realmente amables y bastante fiesteras, era, por excelencia, los más parecidos a los humanos.

Por último, tras volar en su camino, divisó la borrosa y última barrera: Bizitza globala

Bizitza globala, era una barrera transparente, pero al mismo tiempo se distorsionaba en varios momentos, a través de ella se podía observar distintos puntos del mundo humano, distintas ciudades, pueblos, países, continentes. Para pasar por ella, definitivamente se tenía que tener una experiencia inigualable, ya que, de no ser así, uno se podía perder con facilidad. Puesto que el mundo humano era grandísimo, dar con el paradero de alguien era arriesgado y una tarea para nada fácil.

Haku no pudo evitar recordar la vez que conoció esa barrera y no sabía exactamente qué tenía qué hacer. De un momento a otro, la voluntad creció en él y se decidió a traspasarla. Lo que nunca se esperó, es que llegaría a un lugar tan extraño como lo fue Estados Unidos. No entendía en absoluto su idioma y por un momento cayó en confusión, cómo es que en un mismo mundo podían tener más de diez idiomas, era una locura.

Conforme más cerca estaba de ella, más vacío se quedaba su trayecto, si volteaba a los lados, no había más que oscuridad. Estaba cerca, tan cerca. Una vez pasando por ella, podría, al fin, ver a Chihiro.

La cruzó.

Justo cuando lo hizo, bajaba del cielo, eran más o menos las nueve de la noche cuando volaba buscando con ansia el pequeño departamento de Chihiro entre la enorme cantidad. También pudo sentir el infernal calor, se había olvidado por completo a qué se enfrentaría en el mundo humano.

Siguió viajando hasta que su búsqueda dio fruto y miró las luces intermitentes del televisor, iluminando por segundos las ventanas. Se dirigió hasta el pequeño balcón y al llegar, su forma de dragón se deshizo. Pudo notar que la ventana estaba cerrada por dentro, de cierta forma eso le hizo sentir que ella no lo estaba esperando.

Las cortinas estaban ligeramente corridas, pero no lo suficiente como para ver por dentro. Con magia, lo único que podía lograr era controlar en una cantidad mínima los elementos básicos, así que concentró un poco de poder en el aire dentro del cuarto de Chihiro, lo contuvo, y lo expulsó. Las cortinas se abrieron por el aire y pudo ver dentro.

Su corazón se apretujó al ver a la pequeña figura sentada en la cama, abrazando una almohada. Estaba levemente recargada a la pared y parecía querer dormirse. El cabello de Chihiro caía abrazándola por su espalda y sus piernas estaban flexionadas hacia ella.

Al verla así, querer romper su ventana y, abrazarla en sus brazos y jamás soltarla, le hizo darse cuenta de lo mucho que la había extrañado. Apenas más de una semana sin verse y sentía como si no la hubiera visto en muchos años, la había pensado en cada momento y quería que ella lo supiera. Hasta ese punto, logró entender lo necesaria que se había vuelto en su vida.

Estaba a punto de tocar la ventana, cuando su mente recordó por qué estaba allí, iba a declararse. Eso le hizo temblar. Sintió como la sangre se concentró en sus mejillas y le hizo querer salir corriendo de ese lugar, sus manos comenzaron a temblar junto con todo su cuerpo, sintió el hormigueo en sus palmas y el calor comenzó a propagarse por su cuerpo.

Se cuestionó si en verdad debería estar allí y fue entonces que entendió por qué Riku le pidió voluntad hasta el último momento. No sabía a qué rayos se estaba enfrentando y no había comenzado si quiera, si así estaba ahora, tan asustado, y con unos nervios descomunales era mejor marcharse de ese lugar y volver cuando estuviera más preparado. Sí, esa, sin duda, era la mejor opción ahora, irse y volver después.

Sus piernas estaban temblando y empezó a retroceder del lugar. Justo estaba a punto de hacer el círculo con sus temblorosos dedos cuando no supo qué sucedió, pero pudo escuchar las pisadas apresuradas de Chihiro llegar hasta él. El sonido de la ventana abriéndose lo paralizó y se detuvo en seco.

— ¿Ha… ku?

Su voz.

Esa melodiosa y hermosa voz, le hizo derretir su voluntad. Había añorado tanto volver a escucharla que estarlo haciendo ahora, era un golpe muy grande para su alma. Quiso correr, quiso huir. Pero recordó su promesa: Él sería de ella, si ella aceptaba ser de él. ¡Oh Dios! Que hermosa era la voz de Chihiro pronunciando su nombre

Así que, con toda la voluntad del mundo que pudo recolectar en segundos, apretó con mucha fuerza sus puños, inhaló y dio una vuelta hasta quedar frente a Chihiro.

—Chihiro.


¡Hola! Ya estamos de nuevo por acá, apareciéndonos por estos calores.
Me alegra mucho haber podido terminar otro capítulo. Por cierto, por acá, ¡está haciendo un calor tremendo!

Como siempre, disculpen mis faltas de ortografía.

Bueno, ya que aquí utilicé muchas palabras extrañas les dejo un pequeño glosario por si alguien le interesa saber qué significan.

Glosario

Jainkozko bidea (Camino Divino)

Edertasuna (Mundo de la belleza)

Jainkozko Agintaldia (Mandato Divino)

Aingeruaks (Ángeles)

Deabruaks (Demonios)

Zaldunaks (Caballeros)

Arritxu (Damas)

Tutoreen (Guardianes)

Erregeens (Reyes)

Printzeek (Príncipes)

Herensugeak (Dragones)

Dileu atgofion (Eliminación de recuerdos)

Pętla duszy (Lazo del alma)

Agintariaks (Autoridades)

Goreneko Agintaldia (Mandato supremo)

Senatura gorenak (Senado supremo)

Kontseiluko lehendakariak (No me acuerdo xD)

Jainkoaren jakintsuak (Sabios divinos)

Arima Porrota (Derrota del alma)

Emaztea (Esposa)

La Terre (La Tierra)

Hiri Handia (La gran ciudad)

Gullet (Garganta)

Begitza (Mirar hacia arriba)

Bizitza globala (Globo de vida)

Nos vemos pronto. ¡Saludos!
Anilem Anul