Gracias a Selenika91 y Merodeadora por sus reviews y a aquellas personas que han dedicado su tiempo a leer el capítulo anterior. Se agradece en el alama.
CAPÍTULO 2: Intentar comprender
No puede ser… No entendía. No entendía nada. Casi podía notar cómo las venas de su cabeza bombeaban sangre a su cerebro. Intentaba pensar claramente, buscar una explicación a todo, pero no lo lograba. Las muñecas le dolían bajo la presión de las cuerdas atadas alrededor de ellas y su boca empezaba a secarse por la mordaza. Si todo aquello era broma no tenía ni la menor gracia y menos si Ron estaba involucrado en ella. Pero todavía no entendía cómo en el poco tiempo que habían pasado dentro de la Sala de los Menesteres todo Hogwarts había cambiado tanto, ni porqué su amigo iba vestido de esa manera, o quiénes eran esas personas que lo acompañaban.
Y mucho menos entendía por qué Ron los apuntaba con la varita a los dos como si no creyera conocerlos a ninguno… ni si quiera a su hermana.
Ginny gruñó a su lado, intentando una vez más liberarse de las ataduras con fuerza, y Ron volvió a acercarse a ella y a apuntarle con la varita a la cara, amenazante. Parecía que Ginny quería replicarle, pero igual que a él, el pañuelo que tenían alrededor de la boca les impedía articular palabra. ¿Pero qué demonios…? ¡Ron! Un escalofrío empezó a recorrerle el cuerpo pensado que tal vez todo aquello no fuera ninguna broma… Ginny le miró de reojo, pidiendo explicaciones con la mirada. Estaba tan confundida y desorientada como él.
- El chivatoscopio empezó a girar hace cinco minutos.- Dijo el chico de ojos azules que estaba detrás de Ron. Tenía la voz opacada por el pañuelo que le cubría la cabeza, pero le pareció notar que hablaba con acento americano.- Te llamamos en cuanto lo vimos.
Ron asintió despacio, todavía mirándoles a ellos. Parecía pensativo, como si estuviera debatiendo en su cabeza qué hacer con ellos. Y eso le asustó, porque nunca había visto en la mirada de Ron tanta desconfianza y frialdad hacia él.
- Querrás decir que yo le avisé en cuanto lo vimos girar.- Le corrigió la chica que estaba a su lado.
- Bueno… Somos un equipo, ¿No?- El chico de ojos azules parecía divertirse con la situación.- Son pequeños tecnicismos que…
- West- Ron le llamó con autoridad haciéndole callar y el chico cerró la boca de inmediato.
Harry se sorprendió de cómo una sola palabra por parte de Ron había logrado reflejar tanta seguridad y mandato. Parecía que estaba a cargo de todo y era él quien daba las órdenes. Era el jefe… ¿Jefe? ¿Órdenes? Basta de bromas, Ron…
- ¿Qué hacemos con ellos?- Preguntó la chica.
Ron los miraba a él y a Ginny con detenimiento, inclinando la cabeza y frunciendo ligeramente el ceño. Y a Harry empezó a latirle fuerte el corazón, nervioso, muy nervioso. Porque parecía que realmente Ron estaba debatiéndose seriamente qué hacer con ellos dos. ¡Por Merlín! ¿Todo aquello era en serio? Ginny y él se miraron asustados. Nunca habría creído temer por su vida si era Ron de quien dependía. Pero su amigo los miraba como si fueran dos mortífagos recién salidos de Azkaban.
- Hay que interrogarlos.- Dijo por fin.
- Estupendo…- La chica se acercó hasta Ginny, retorciéndose las manos y sonriendo complacida.- Yo me encargo de la chica.
Harry sintió una punzada en el corazón. A Ginny no… Se levantó sin pensarlo y se puso delante de ella, interponiéndose entre las dos. La chica dio un paso atrás, sorprendida. Pero Ron no se inmutó.
- Vaya, el cuatro ojos tiene agallas.- Escuchó.
Miró a lo lejos al americano de ojos azules, que sonreía con los brazos cruzados. A su lado, el chico rubio y fuerte miraba impasible toda la escena. No tenía ni idea de quienes eran todos aquellos, y mucho menos entendía por qué Ron no parecía Ron. Pero no iba a dejar que le hicieran nada a Ginny.
- Lo haremos por las buenas o por las malas.- La chica le apuntaba con la varita.- Tú decides.
Harry se pegó más a Ginny intentando protegerla en vano. Si intentaban hacerles algo no iba a poder enfrentarse a ellos sin varita, pero no hizo ni el menor amago de apartarse de ella.
- Muy bien.- Dijo la chica con simpleza.
Miró asustado y suplicante por última vez a Ron, pidiendo en silencio que por favor reaccionara, que le dijera que todo era una broma, que parara toda aquella locura… Por favor, Ron… Pero seguía mirándoles impasible. Levantó su varita y con un sencillo movimiento una luz naranja salió de ella y le dio directa en la cabeza. Todo lo demás se volvió negro…
Todo era oscuridad. Intentó abrir los ojos pero le pesaban demasiado los párpados. Respiró hondo e intentó hacerlo de nuevo. El simple gesto de respirar hacía que se le partiera la cabeza en dos. Le dolía tanto como si le hubieran golpeado con una bluddger de lleno en la frente. Intentó abrir los ojos de nuevo y la luz hizo que le aumentara el dolor todavía más. ¡Ahhh! Se llevó las manos a la cabeza para intentar apaciguarlo. Notó piedra húmeda debajo de él y se dio cuenta de que estaba tirado en el suelo de algún lugar cerrado. Intentó de nuevo abrir los ojos y vio las grietas borrosas del techo. Cómo le dolía cabeza. Se removió torpemente intentando sentarse en el suelo mientras parpadeaba repetidas veces queriendo enfocar su vista.
- ¡Harry!
Escuchó su nombre como un eco muy lejano y se volvió a llevar las manos a la cabeza. Dolía.
- ¡Harry!- Volvió a escuchar.- Estoy aquí, ¿me oyes?
Volvió a hacer un esfuerzo enorme por abrir sus ojos por completo y enfocar la vista. Un borrón negro empezaba a formarse delante de él.
- ¿Ginny?- Su boca estaba pastosa y le costaba hablar. ¿Qué le había hecho Ron?
- ¡Sí, soy yo!- Sintió que se liberaba de un gran peso. Ginny estaba bien.- Siéntate con cuidado. ¿Estás bien?
- Sí… creo que sí…
Logró sentarse por fin sobre el suelo húmedo y respiró profundamente mirando con claridad por primera vez a su alrededor. Estaba en el centro de una pequeña celda que olía igual que las mazmorras del colegio. No tenía ventanas ni puertas y la piedra de todo el lugar estaba ligeramente húmeda. Parecía que no había entrado la luz allí en mucho tiempo, quizá nunca. Sólo dos antorchas iluminaban todo. Ginny le miraba desde la celda contigua, aferrada a los barrotes que los separaba a ambos. Seguía teniendo su aspecto cambiado.
- ¿Qué ha pasado?- El dolor de cabeza iba disminuyendo y sentía que poco a poco podía hablar con más claridad.
- ¿Seguro que estás bien?- Ginny apretaba con fuerza los barrotes y le hablaba con mucho cuidado.- ¿Seguro que…?
- Ginny, estoy bien.- Harry se levantó despacio, tambaleándose un poco.- ¿Ves? De una pieza.
- Llevas horas inconsciente, Harry…
Harry notó la angustia de Ginny en cada palabra y un gran sentimiento cálido de agradecimiento le invadió. Ginny se preocupaba por él, por lo que le pudiera pasar. Y eso le gustaba, significaba que era importante para ella.
- Estoy bien, de verdad.- Se acercó a los barrotes junto a ella y se fijó en su pelo despeinado y el corte que tenía en el labio inferior, cubierto de sangre.- Estás sangrando.
- No es nada.- Dijo limpiándose una gota de sangre que le resbalaba por la barbilla.
Harry sintió el impulso de limpiarle la boca, quería pasar los dedos por su labio y curarlo, ese labio que hacía no mucho había estado a punto de besar. Pero a medio camino se detuvo pensando que quizá el gesto era demasiado personal y terminó apoyando la mano en el barrote más cercano a su cara.
- ¿Quién ha sido?- Odiaba verla herida… Y él no había podido protegerla.
- La chica.- Ginny siguió hablando sin darle importancia a sus heridas.- Harry, no sé qué ha pasado mientras estábamos en la Sala de los Menesteres… pero todo ha cambiado. Ron no me reconoce.- Ginny le miraba directamente a los ojos.- Y a ti tampoco.
- Por eso me lanzó ese hechizo a la cabeza…
- Me han interrogado con varitaserum.
- ¿Qué? Pero… ¿Quiénes creen que somos?
- Seguidores de Voldemort.
Todo aquello no tenía ningún sentido. ¡Es una locura! ¿Ron no les reconocía y ahora creían que eran mortífagos? Esa era la mayor estupidez que había oído nunca. Si alguien en el mundo no tenía ninguna intención de ser seguidor de Voldemort era él.
- Escúchame, Harry.- Ginny parecía preocupada y hablaba rápido.- No sé qué está pasando pero cuando han visto que tenía en los bolsillos los folletos en contra de los Weasley han creído que éramos caza recompensas y que queríamos ir tras cualquier pelirrojo de Gran Bretaña.
- ¿Qué?
Vale, esa sí que era la mayor estupidez que había oído.
- Lo que oyes… Irónico, ¿no?
- Pero si te han interrogado con varitaserum…
- La chica sólo me preguntó por Voldemort.- Dijo con simpleza.- Quería saber si éramos sus seguidores o si teníamos intención de herir a los Weasley. Creo que mis respuestas no pudieron ser más sinceras... así que pareció relajarse un poco. Pero escuché decir al chico americano que iban a interrogarte a ti también en cuanto despertaras.
- Estupendo… ¿Qué les voy a decir?
- No lo sé, pero sería más seguro que de momento no les dijeras quién eres.- Harry le miró sin entender.- No sabemos qué está pasando y hasta entonces… quizá sea mejor no decir que eres Harry Potter, porque Voldemort… bueno…- Harry asintió procesando despacio todo en su cabeza todavía dolorida.- Les he dicho que somos hermanos.
- ¿Hermanos?
- Bueno, ahora nos parecemos.- Ginny señaló su melena negra.- Y no me han quitado el gorro.- Ginny sacó el sombrero verde chillón del bolsillo de su pantalón, arrugado.- De momento sólo saben que somos hermanos y que parece que no somos seguidores de Voldemort. Lo único que tienes que hacer es mentir cuando te interroguen.
Harry torció el gesto. No se le daba demasiado bien mentir y Ginny pareció notar su preocupación.
- Escúchame, sólo tienes que contestar con vaguedades, medias verdades.
- Medias verdades…
- Sí.- Dijo Ginny con más confianza de la que él tenía.- Si te preguntan si eres seguidor de Voldemort tu di que no, pero no digas que una vez con un años casi acabaste con él.
A Harry se le escapó una pequeña risa nerviosa por lo absurdo de aquella frase. Todo estaba pasando muy rápido, muy confuso y nada tenía el menor sentido. Casi no le estaba dando tiempo a procesarlo.
- Pero el varitaserum…
- No estarás mintiendo. Si eliges bien las palabras no es mentir. Sólo tienes que cerrar tu mente y concentrarte, nada más.
Estaban perdidos. Se había pasado todo el año anterior intentando aprender a cerrar su mente para que Voldemort no pudiera manipularlo y todo lo sucedido en el ministerio era la prueba de su total fracaso. Incluida la muerte de Sirius.
- No se me da demasiado bien hacer eso.- Ginny pareció sorprendida.
- Es fácil, Harry.- Intentó animarlo.- La oclumancia no es tan difícil si consigues deshacerte de cualquier pensamiento o sentimiento.
- ¿Cómo sabes todo eso?- Ahora el sorprendido era él.
- Dumbledore me enseñó.
Vale, eso era algo que no esperaba. ¡¿Qué?! Si Dumbledore le había enseñado, o al menos hablado, sobre la oclumancia con Ginny estaba claro que no conocía a su profesor tan bien como pensaba. Y tampoco conocía a Ginny. Un sentimiento extraño le golpeó en el estómago. ¿Qué más cosas no sabía de ella? ¿Cuánto más se había perdido esos años en los que ni si quiera había reparado casi en su presencia? Hacía meses que sentía algo muy fuerte por ella y ahora se consideraba un completo idiota pensando en todas las cosas que en realidad no conocía de ella.
Escuchó un ruido tras ellos y se alejaron de los barrotes que los separaba. En la pared del fondo de la habitación empezó a formarse una puerta de la nada, tal y como lo hacía la Sala de los Menesteres cuando pasabas tres veces por ella. Una pequeña puerta de madera oscura se formó y tras ella aparecieron dos chicos que parecían los dos que estaban con Ron en Hogwarts.
- ¡Vaya! Parece que ya te has despertado, cuatro ojos.- Ahora que podía oírle bien, el acento americano del chico de ojos azules era muy marcado.- Tenías razón, se parece mucho a él.- ¿Qué? ¿Parecerse a quién? ¿De quién hablaban?
Los dos chicos se miraron un segundo. Debían tener la misma edad que ellos, pues no parecían mucho mayores. El americano tenía pecas en la cara, el pelo muy negro y le sonreía con burla. Parecía que todo aquello le divertía mucho. A su lado estaba el chico rubio. Era más bajito, pero fuerte y corpulento. Parecía algo mayor y tenía un semblante más serio y adusto. Este último se acercó hasta su celda y, dando unos golpecitos en los barrotes con la varita, se abrió un hueco de la altura de Harry.
- Tu turno.- Dijo el americano.- ¿Preparado?- Harry miró a Ginny asustado. No estaba seguro de poder lograrlo.- Olvídate de tu hermana, ella no puede ayudarte.
El chico rubio le apuntaba con la varita, indicándole que saliera y los siguiera.
- Harry…
Ginny le llamó y le lanzó una mirada significativa, infundándole toda la suerte y el valor posible. Más le valía saber mentir bien…
Los dos chicos le conducían por un pasillo de piedra oscuro, apuntándole muy de cerca con sus varitas. Llegaron hasta una puerta de metal y le metieron dentro de una habitación pequeña en la que sólo había dos sillas y que olía tanto a humedad como la celda donde había estado encerrado. Seguramente estaban en algún lugar bajo tierra. Entraron dentro y le hicieron señas para que se sentara en una de las sillas. Harry obedeció y vio entrar a Ron con una taza en la mano.
- ¿Té?- Ron le ofrecía la taza. Harry contuvo el aliento, seguramente dentro había varitaserum.- No le he echado azúcar, lo siento.
Ron hablaba con una evidente amabilidad fingida y Harry cogió la taza con cuidado.
- ¿Es inevitable?- Harry intentaba retrasar todo lo posible el bebérselo.
- Fuera.- Ron hizo un gesto con la cabeza y los dos chicos salieron de la habitación, cerrando tras ellos la puerta.- Es evidente que sabes lo que contiene.- Harry asintió.- Tu hermana es lista… no tardó en adivinar que le habíamos echado varitaserum en su bebida. ¿Jane?
- ¿Qué?
- Tu hermana, dijo que se llamaba Jane.
- Oh, claro. Jane…
Ron entrecerró un poco los ojos y le miró con detenimiento. Estaba claro que era capaz de meter la pata incluso sin beber ninguna poción de la verdad. Su amigo le señaló la taza, instándole a beber. No iba a tener escapatoria.
- Puedo obligarte.
La sugerencia no le pareció nada atractiva. No merecía la pena resistirse, no si ni siquiera tenía su varita a mano. Suspiró frustrado. Nunca imaginó verse envuelto en una situación así con Ron. Cogió aire y se bebió el té con varitaserum de un trago.
- De acuerdo…- Ron se sentó en la otra silla frente a él.- ¿Me conoces?
- Eres Ron.
Las palabras casi salieron solas de su boca. Había sido un impulso, ni siquiera lo había pensado. Simplemente su cerebro y su boca se habían puesto de acuerdo para contestar sin pensar.
- ¿Por qué sabes quién soy?
Se mordió la lengua para no contestar cualquier cosa sin antes pensarla. "Medias verdades", había dicho Ginny. Es una forma de mentir pero diciendo la verdad.
- Eres un Weasley. Todo el mundo os conoce.
No mentía, la familia Weasley era una de las familias de magos más antiguas de Gran Bretaña y la familia de traidores a la sangre más destacada. Todos habían oído hablar de cualquiera de ellos.
- ¿Por qué tu hermana tenía esos panfletos en los bolsillos? Los que hablaban de la caza a cualquier miembro de mi familia.
- Los encontramos en Hogwarts, había por todo el pasillo.
- ¿Y no pensabais ir tras esa gran recompensa?
- Nunca haríamos daño a un Weasley. Y yo tengo suficiente dinero como para no necesitarlo.
Ron pareció satisfecho con su respuesta, pero seguía mirándole atento con la mirada.
- ¿Qué hacíais en Hogwarts?
- Nosotros…- Harry volvió a morderse la lengua.- Nos perdimos.
- ¿Os perdisteis? ¿Y fuisteis a parar al castillo mágico y oculto más grande de toda Inglaterra?
Harry hacía un esfuerzo monumental para despejar su mente y mantenerla en blanco. No tenía ni idea de cómo salir de esa.
- Estábamos buscando a nuestros amigos. Creíamos que estaban en el castillo pero nos equivocamos.
- Vuestros amigos.- Repitió Ron.
- Sí, nosotros… no somos de aquí.- No estaba mintiendo, ¿no? Técnicamente Ginny y él no eran de "ese mundo", o donde quiera que estuvieran.- Es complicado.
- ¿Y Voldemort?- A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Era la primera vez que escuchaba a Ron decir ese nombre.- ¿Sois seguidores de él?
- Nada más lejos de la realidad, créeme.
- ¿Estáis en contacto con él de alguna forma?
- No…
También era cierto. Desde que Voldemort le poseyó el año anterior en el ministerio, no había vuelto a sentirle cerca, ni en su cabeza. No tenía ni la menor idea de qué podía estar planeando en esos momentos. ¿Quizá todo esto que estaba pasando era por culpa de él?
- ¿Sois mortífagos?
- ¿Qué? ¡Por supuesto que no!
Su efusiva respuesta pilló por sorpresa hasta al propio Ron.
- De acuerdo. ¿Entonces qué queréis?
- Nosotros… yo…- Harry no sabía qué decir, no tenía ni idea de cómo salir de todo aquello, pero fue sincero.- Sólo queremos volver a casa.
Ron le sostuvo la mirada unos segundos. Parecía que no lo estaba haciendo tan mal después de todo…. La puerta se abrió de golpe y apareció el chico americano.
- Ron, el jefe quiere verlos.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que me llames Weasley?- Ron seguía mirándole fijamente.
- Está bien.- Dijo el chico rodando los ojos.- Ron Weasley, el jefe quiere verlos.
Ron resopló y se levantó cansadamente, dirigiéndose hacia la puerta.
- Una pregunta más.- Dijo antes de irse.- ¿Cómo te llamas?
- Harry Potter.
Mierda… Había dicho su nombre.
Le habían llevado a una habitación casi vacía, sólo ocupada por un par de sillones grandes de desgastado cuero marrón. Se acercó a uno de ellos y cogió una vieja manta que había encima. Había pasado suficientes horas viviendo en La Madriguera como para conocer a la perfección las labores de Molly Weasley, y esa manta tenía su seña personal. Habían subido varios tramos de escaleras para llevarlo hasta allí, pero esa habitación seguía sin tener ventanas. Quizá ya no siguieran bajo tierra, pero seguía notando el olor a humedad en el ambiente.
Se desplomó en uno de los sillones y se frotó los ojos debajo de las gafas. Todavía le dolía la cabeza por el hechizo de Ron y estar allí encerrado con gente que no le reconocía no ayudaba a mitigar su migraña. Has metido la pata hasta el fondo… Ginny le había dicho que no dijera su nombre y en cuanto Ron se lo preguntó, la respuesta salió de su boca de forma automática. No entendía qué estaba ocurriendo, por qué Hogwarts ya no parecía el colegio que ellos conocían o por qué Ron no hacía ni el mínimo amago de conocerlos, pero seguro que decir que era Harry Potter no ayudaba a todo aquello en absoluto. Si Voldemort estaba detrás de toda aquella confusión…
La puerta se abrió de golpe y alguien empujó a Ginny dentro de la habitación, cerrando la puerta tras ellos. Se levantó de un salto al verla. Tenía el pelo despeinado y la herida del labio todavía le sangraba. De repente, antes de que pudiera preguntarle nada, Ginny se abalanzó sobre él y le dio un abrazo fuerte, de esos que sólo dejaba que le diera la Señora Weasley o como mucho Hermione. Y Harry le correspondía en ese abrazo con la misma fuerza, dejando atrás la vergüenza que en cualquier otra ocasión hubiera podido sentir. Porque en ese lugar extraño en el que estaban, la única que sabía quién era y le reconocía era ella. Ginny Weasley.
Hundió la cabeza en su ahora negra melena y suspiró agradecido de que ella estuviera allí con él, de no pasar por todo aquello solo. Entonces un aroma familiar llegó hasta su nariz. Algo que había olido en su primera clase con Slughorn y que olía cada vez que iba a casa de su amigo Ron. Olía a Ginny… Se separaron despacio y pudo notar cómo Ginny se sonrojaba. Y estaba seguro de que él tenía el mismo tono rosado en sus mejillas. Contrólate…
- Perdona, es que…- Ginny no le miraba a los ojos.- No sabía dónde estabas o qué había pasado.- Harry la miró enternecido. Le gustaba ver que se preocupaba por él.- No soportaba la idea de quedarme aquí sola. Tú eres el único que me reconoce…
Harry le sonrió. A él le pasaba lo mismo.
- Te entiendo.
- ¿Cómo ha ido?- Cambió de tema tan rápido que a Harry le costó un segundo saber de qué estaban hablando.
- Te dije que no se me daba bien mentir…
- ¿No se han creído nada?
- Sí, sí. Creen que somos hermanos y parecen bastante convencidos de que no somos seguidores de Voldemort, pero dije mi nombre.
- Saben que eres Harry Potter…- Afirmó Ginny.
- Sí, pero no parecían muy preocupados. No sé si significa algo para ellos.
Ginny parecía pensativa. Sí, era cierto que él era Harry Potter, la mayor amenaza y a la vez debilidad para Voldemort, podrían usarle contra él. Pero si en ese mundo extraño donde estaban nadie les reconocía, quizá su nombre no significaba nada. Quizá para ellos Harry Potter no era nadie.
- Vale, vale. Mantendremos nuestra versión de momento. Quizá si logramos encontrar a Dumbledore él sepa…
La puerta volvió a abrirse de golpe y apareció el chico americano. Los miraba con media sonrisa en la cara y los ojos burlones. Parecía que todo a su alrededor siempre le divertía.
- El jefe quiere veros.- Señaló hacia fuera con su varita, indicándoles que salieran.- Sí que te pareces a él.- Le dijo a Harry cuando pasó por su lado.
Otra vez esas palabras. ¿Parecerse a él? ¿A quién se supone que se parecía tanto que era la segunda vez que lo escuchaba? Quizá había otro Harry en todo aquel caos y por eso su nombre no había tenido ningún efecto.
El chico los guio por un pasillo largo hasta una puerta de madera oscura. Les apuntaba con la varita, pero Harry tenía la sensación de que no los consideraba peligrosos, o quizá también eso era una broma para él. Se acercó a la puerta y tocó la puerta con los nudillos mientras les sonreía. Parecía que aquel chico no era capaz de ponerse serio nunca.
- Adelante.
Una voz opacada los invitó a entrar y el chico abrió la puerta, señalándoles el interior con la varita para dejarlos entrar. Ginny fue delante, más decidida que él. Había un escritorio y una ventana detrás, pero como era de noche no lograba ver dónde podía estar. Un par de estanterías con libros viejos estaban a cada lado de la ventana donde Ron los esperaba con los brazos cruzados y apoyado en la pared. Seguía mirándoles serio y con desconfianza. Realmente no era el Ron que él conocía.
- Buenas noches.
Sintió una punzada en el pecho cuando lo escuchó. Había oído esa voz antes, la recordaba en su cabeza como un sueño lejano, como un susurro que no quería olvidar. Giró la cabeza buscando el origen de aquella voz y se le paró el corazón. Al fondo de la habitación, sentado en un enorme sillón, estaba su padre. No puede ser… Contuvo el aliento mientras lo miraba fijamente.
- Quizá podáis explicarme cómo es que compartimos apellido.
Notó la mirada de Ginny puesta en él, pero no podía reaccionar. Estaba paralizado. Era imposible que aquella persona que los miraba detrás de una gafas redondas idénticas a las suyas pudiera ser James Potter.
Muchísimas gracias por leer. Como siempre, se agradece enormemente un review.
Has pronto!
Iruna
