Antes que nada Muchísimas gracias a las personas que estáis leyendo la historia y sobre todo a las que me dejáis un review, como Dania Belen921, NotYellow, Merodeadora y como siempre, mis gracias infinitas a Selenika91.

Pero sobre todo y ante todo, gracias a J0r. No te haces una idea de la ilusión y emoción que me hizo recibir un review tuyo después de tantos años. Esta es una idea rescatada de aquella época en la que gente como tú y como yo estábamos en esta página metidas horas y horas leyendo y escribiendo, incluso antes de que el último libro o las últimas películas salieran a la luz. Hacía años que no escribía nada aquí pero un día me animé a retomar, o al menos intentarlo, algo perdido. Ver un review tuyo me llena de alegría y recuerdos y, aunque ya no recuerdes ni cómo entrar a tu cuenta, no quería dejar pasar la oportunidad de hacértelo saber. Espero seguir sabiendo de ti. Un saludo enorme.

Sin haceros esperar más...


Capítulo 3: La noche más larga

Sólo cuando el dolor de su cabeza empezó a hacerse más agudo se dio cuenta de que no estaba respirando y dejó de contener el aliento. No había pestañeado ni una sola vez desde que vio a su padre y sus ojos empezaban a estar secos, pero sentía que si los cerraba aunque fuera un segundo, desaparecería. Desaparecer… ¡Pero se supone que su padre está muerto! ¡Muerto! Tragó saliva despacio mientras intentaba recomponerse, pero no daba ningún resultado. Frente a ellos, al fondo de la habitación y sentado con los brazos cruzados, estaba su padre. ¡Su padre! James Potter. Es imposible…

Podía reconocer delante de él al hombre que había visto en tantas fotografías. Más arrugas, más canas, más oscuridad en sus ojos… pero el mismo hombre. Ese que vio en el espejo de Oesed en su primer año en Hogwarts junto a él. El mismo que escuchaba morir en sus recuerdos cuando un dementor estaba cerca. El mismo que se materializó a su lado en el Torneo de los tres magos para ayudarle a enfrentarse a Voldemort. El mismo que había muerto por él hacía quince años.

Era imposible y a la vez real. Estaba a pocos metros de él, mirándole detrás de esas gafas redondas características de ambos, con el ceño fruncido y los ojos clavados en los suyos. Estaba ahí. Era su padre. Y él estaba completamente petrificado.

- ¿Entienden nuestro idioma?

Escuchó su voz más lejana de lo que en realidad estaba. Su padre miraba a Ron interrogativamente mientras el chico americano se reía. ¡Es imposible! Veía todo pasar a cámara lenta a su alrededor y él era incapaz de decir o hacer nada. Sólo podía tratar de que seguir respirando.

- Perdón… ¿Qué?

Escuchó a Ginny a su lado y se dio cuenta de que ella estaba tan sorprendida y estupefacta como él.

- Me estaba preguntando cómo es que mis chicos han encontrado dos magos adolescentes en Hogwarts.- Dijo su padre mientras se ponía de pie.- Dos magos adolescentes que, al parecer, se apellidan Potter…

- Potter es un apellido muy común.- Dijo Ginny no muy convencida.

- No tanto, y mucho menos en el mundo mágico…

James Potter se acercó a ellos. Los escrutaba con la mirada intentado saber qué pensaban, quiénes eran, qué querían. Sus ojos y los de Harry se encontraros, ahora muy cerca, y su padre le sostuvo la mirada. "Te pareces muchísimo a tu padre. Menos los ojos, tienes los ojos de tu madre". Le habían dicho esa frase millones de veces desde que con once años descubriera quién era en realidad y quienes habían sido sus padres. Y ahora parecía que su padre le estaba traspasando con la mirada. ¿Y si su madre también estaba allí con él? Su corazón empezó a latir desenfrenado.

- ¿Coincidencia?- Se aventuró Ginny.

James sonrió de medio lado y se dirigió al escritorio que presidía la habitación. Hizo un gesto con la mano invitándolos a sentarse frente a él y Ron se colocó de pie muy cerca de ellos. Parecía que todavía no se fiaba de ninguno de los dos. Escuchó cómo la puerta se cerraba y el chico americano se quedaba de pie frente a ella, impidiéndoles salir de la habitación. No tenían escapatoria alguna. Ginny lo miró un segundo y después se encaminó hacia el escritorio, pero él no podía. Sus piernas no le obedecían.

- Harry…

Ginny le llamó y por primera vez desde que habían entrado a aquel lugar dejó de mirar a su padre. Podía notar cómo ella estaba tan desconcertada y asustada como él, su cara había palidecido y sus ojos estaban llenos de preguntas.

- Harry, ven.- Le tendió la mano para que se acercara.- Por favor.

Había sido un susurro, pero la obedeció al instante. Dio un paso débil al frente y cogió la mano que Ginny tenía suspendida en el aire. Era cálida y suave y si hubiera sido cualquier otro momento estaba seguro que se le hubieran puesto rojas hasta las orejas por ese simple contacto. Pero ahora no. Ginny le apretó ligeramente la mano, infundándole valor, y se sentó junto a ella en una de las sillas frente al escritorio. Frente a su padre.

- De acuerdo.- Comenzó a hablar James.- Vayamos al grano y hablemos con sinceridad. ¿Quiénes sois?

Ginny y Harry se miraron un segundo de reojo. Tenían que seguir con su farsa hasta descubrir qué diablos estaba pasando y por qué nadie los reconocía. Pero él estaba petrificado y las palabras no le salían de la boca.

- Soy Gin… Jane.- Ginny se corrigió con rapidez.- Y este es mi hermano Harry.

- ¿Harry… Potter?- Estaba claro que James no iba a pasar por alto su nombre.

Harry se encogió de hombros, todavía incapaz de articular palabra y sin dejar de mirar a su padre.

- ¿Se puede saber qué hacíais en Hogwarts? Medio mundo mágico está en guerra.

¿Guerra? Pero…

- ¿Guerra?- Ginny le había leído la mente.- Quiero decir… ¿Por Voldemort?

James los miraba perplejo y pudo notar cómo Ron suspiraba exasperado al lado de ellos.

- ¡Por Merlín! ¿Se puede saber de dónde salís vosotros dos? ¡Por supuesto que es por él!

- Perdón.- Se disculpó Ginny.- Esto puede sonar extremadamente raro, pero no sabemos muy bien qué está pasando.

Sintió la mirada interrogativa de James, Ron y el chico americano puesta en ellos dos. Volvió a mirar de reojo a Ginny. Quería ayudarla, ser útil, pero sus cuerdas vocales no emitían ni un solo sonido. Su cabeza no podía dejar de pensar que frente a él estaba su padre. Su padre muerto.

- Estamos solos y creímos que en Hogwarts encontraríamos algunas respuestas.

- ¿No tenéis familia? ¿Estáis solos?

- Sí.

A Harry le invadió un sentimiento extraño. Era cierto, en ese lugar donde estaban, ninguno de los dos parecía tener familia, nadie les conocía, nadie sabía quiénes eran. Estaban solos. James asintió, de repente mucho más calmado, y sus ojos marrones se aclararon un poco. Parecía que entendía perfectamente lo que era no tener a nadie.

- ¿Cómo es posible que no sepáis lo que está pasando en Inglaterra?- Intervino Ron, todavía sin dar mucho crédito a lo que oía.

- Bueno…- Ginny dudó un segundo pero se repuso enseguida.- Estudiábamos en casa, con nuestros padres. Ellos ya no están así que… vinimos en busca de… amigos, familia… respuestas, supongo.

- Eso explicaría por qué el cuatro ojos se parece tanto a ti, jefe.

- ¡West!

Ron volvía a reñir al chico una vez más, pero no parecía enfadado.

- Eso podría tener sentido…

James los miraba intentando adivinar si había verdad detrás de sus palabras y él no podía dejar de asombrarse por la facilidad y rapidez con la que a Ginny se le ocurrían las mentiras sobre la marcha.

- ¿Cómo se llamaban vuestros padres?

- Preferimos no decirlo… ellos nos educaron en casa ajenos a todo por algo.- Ginny seguía hablando con facilidad y a él no le salía ni una palabra de la boca.

- No confiáis en nosotros.- Dijo James.

- ¿Deberíamos? Disculpa… es todo muy raro. Sólo queremos respuestas.

- De acuerdo.- James se levantó de su silla y apoyó las manos en el respaldo.- Os quedaréis aquí con nosotros, pero vais a estar vigilados.- Vio por el rabillo del ojo cómo Ginny asentía y agradecía tenerla allí a su lado, si fuera por él estarían todavía encerrados.- Y, por el momento, será mejor que nosotros nos quedemos con vuestras varitas. Sólo por precaución.

- Lo entendemos.

- Muy bien, ¿Qué sabéis acerca de Voldemort?

- Pues...- Ginny mantuvo silencio unos segundos. Sabían mucho, muchísimos acerca de él. Pero en ese extraño lugar donde todo parecía diferente y nada era lo que parecía quizá no sabían nada en absoluto sobre él.- No mucho. Sólo que es el mago más poderoso y oscuro que hay.

Ron soltó un bufido, pero James los miraba paciente.

- Es mucho más que eso.- Dijo calmado.

- Lo siento, no sé qué contestar.

- No pasa nada.

- ¡Sí! ¡Sí que pasa!- Ron parecía enfadado.- ¡Estaban en Hogwarts, James! ¿Qué hubiera pasado si no llegamos a aparecer nosotros?

James… Ron llamaba a su padre por su nombre, no como el chico americano que se refería a él como "jefe". Hablaban con confianza, como si fueran… ¿amigos? Todo aquello era demasiado raro. ¡Él era el mejor amigo de Ron! Pero este ni siquiera le reconocía. Y delante estaba su padre. ¡Su padre muerto! Todo era muy raro y el dolor de cabeza había vuelto en forma de jaqueca. Estaba confundido, asustado, frustrado… quería gritar, llorar y reír por lo que estaba pasando. Escuchaba los gritos de Ron muy lejanos y su vista empezó a nublarse. Se estaba mareando.

- Harry.- Escuchó cómo Ginny le llamaba pero no lograba enfocar la vista hacia ella.- Harry, ¿estás bien?

- Sí, sí… yo…

Sintió una mano de Ginny agarrándole fuerte del brazo para ayudarle a mantenerse sentado, pero de pronto le flaqueaba todo el cuerpo.

- ¡Harry!

Los ojos se le cerraron sin poder evitarlo y el mareo de su cabeza se volvió oscuridad. Mierda. Se había desmallado. Lo siguiente que recordaba era abrir los ojos y encontrarse con los de Ginny, que le miraba asustada y suplicante. Estaba echado en el sofá del despacho de James, con los pies en alto y su padre a poca distancia. Estaban los tres solos en la habitación, en silencio.

- ¿Harry?- Ginny le habló con voz débil.

- Nos has dado un buen susto, muchacho.- Ahora era su padre el que le hablaba. ¡Su padre!

Intentó incorporarse y sentarse en el sofá. Estaba mareado y el dolor de cabeza había vuelto más profundo que antes.

- ¿Estás bien?

- Estoy bien, eh... Jane.

- Perdona, es que…

- No, tranquila.

Se miraron un segundo a los ojos. Podía notar su mirada llena de preocupación, la misma con la que le miraba desde que habían llegado a ese extraño lugar. Odiaba que le mirara así, él tenía que cuidarla, que protegerla. Y no hacía más que desmayarse y quedarse mudo. Estaba siendo un inútil total.

- Creo que Ron se pasó un poco con ese hechizo que te lanzó.- Intervino James.- Espero que después se disculpe contigo, lo siento. Pero en estos tiempos hay que tener todas las precauciones posibles.

- Lo entiendo.

Era la primera vez que hablaba con él directamente. Papá…

- Quiero que os quedéis con nosotros, quizá podamos descubrir si estamos emparentados o no.- Escuchó una leve risa de Ginny a su lado pero no le hizo caso.- Además, no me perdonaría dejaros en la calle y que os pasara algo, no tal y como están las cosas ahí fuera.

- Gracias.

- Quiero presentaros al resto del grupo, han oído que estáis aquí y están ansiosos.- Le hablaba serio, pero podía notar cómo sus ojos se habían aclarado. Le agradaba aquello.

Sintió un ligero mareo de nuevo. Puede que dentro de ese pequeño grupo estuvieran el resto de los Weasley, o Hermoine, Dumbledore… O incluso su madre.

- ¿Están esperando por nosotros?- Se sorprendió Ginny.

- No tenemos muchas visitas, así que igual os agobian un poco.

- ¿Sois muchos?

- Menos de los que nos gustaría… La guerra contra Voldemort ha dejado muchas familias rotas.- Explicó James.- La mayoría de la gente que ha querido enfrentarse a él está muerta o escondida.- La simpleza de sus palabras le sobrecogió.- Pero nosotros intentamos hacerle frente como podemos.

- ¿Y tú eres el jefe?- Se aventuró Ginny.

- Algo así, pero somos bastante democráticos, créeme. La mayoría de los que estamos aquí luchamos por algo, o por alguien.

- Tiene que ser duro.

James se encogió de hombros sin darle importancia.

- Bueno, bajemos, quiero presentaros al resto.- Harry y Ginny se levantaron del sofá. James le tendía la mano a Harry.- Empecemos de nuevo. Soy James, James Potter.

Harry tragó saliva y le estrechó la mano con fuerza. Estaba viviendo el momento más raro de su vida. Estaba presentándose a su padre muerto. Esto es de locos…

- Harry.


Recorrieron varios pasillos de piedra en penumbra siguiendo a James. Casi no había ventanas por ningún lado y Harry seguía notando el olor a humedad por todos lados. Odiaba esa sensación, se sentía demasiado fría y extraña. Ginny miraba a todos los lados con los ojos muy abiertos, intentado no perder detalle de nada, cualquier pista, cualquier respuesta a lo que estaba pasando. Estaban en un lugar en el que realmente parecía que nadie les conocía y en el que parecía haber una gran guerra abierta contra Voldemort. Voldemort… ¿Sería todo aquello una trampa suya? Quizá todo estaba pasando sólo en su cabeza, igual era él el que lo estaba manipulando...

Terminaron de cruzar un largo pasillo y llegaron hasta una puerta marrón. En cuanto James la abrió llegó hasta sus oídos el jaleo y las voces que venían de allí dentro. Su padre los invitó a entrar con un gesto de la cabeza y en cuanto lo hizo se vio rodeado.

Estaban en una larga y estrecha cocina de madera oscura y muebles en tonalidades cobrizas. Frente a ellos se extendía una larga mesa rectangular rodeada de sillas desparejadas unas diferentes de otras y sólo había una pequeña ventana al fondo que dejaba entrar la luz de la luna. De pronto sitió el lugar extrañamente familiar, le recordaba en cierto aspecto a la cocina de Grimmauld Place. La mesa estaba rodeada de personas que los miraban a los tres con mucha atención y de pronto se sintió sumamente observado. James le puso una mano en el hombro y sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Pero no tuvo tiempo de pensar en eso, unos cuantos pares de ojos los miraban expectantes y conocía a varios de ellos.

- Muy bien, escuchadme todos.- James empezó a hablar para toda la cocina, con Harry y Ginny a cada lado.- Harry y Jane se van a quedar con nosotros de momento. No saben muy bien qué está pasando ahí fuera así que ponerles al día poco a poco, ¿de acuerdo?- Vio cómo casi todas las cabezas asentían. De verdad su padre parecía el jefe.- De todas formas les hemos confiscado las varitas, sólo por precaución, pero sé que no serían tan tontos de intentar algo desarmados en una casa llena de magos experimentados…

James apretó ligeramente su hombro mientras decía aquellas palabras en forma de advertencia.

- ¡James, por favor! ¡Son sólo unos críos!

Conocía muy bien esa voz. La Señora Weasley estaba frente a ellos y se acercaba abriéndose paso entre los demás. Tenía más arrugas de las que recordaba y parecía más cansada, pero seguía siendo ella. Cuando llegó hasta ellos les dio un abrazo asfixiante de los suyos a cada uno.

- Así que Harry y Jane, ¿eh?- Ginny miraba a su madre con una expresión extraña en la cara, seguramente esperando que al menos su madre diera muestras de conocer a su hija.- ¿Tenéis hambre? Seguro que sí.

Antes de poder contestar la Señora Weasley se había ido hacia el fondo de la cocina a calentarles algo para comer.

- Esa maravillosa mujer es Molly Weasley.- Dijo James.- Y aquel hombre allí sentado es su marido, Arthur, pero por los panfletos que visteis en Hogwarts, ya debéis saberlo.

Sentado en una silla en mitad de la mesa estaba Arthur Weasley, que al igual que su mujer, parecía veinte años más mayor de lo que él los recordaba. Les sonrió ligeramente mientras se colocaba bien sus gafas torcidas y volvía a la lectura distraída de su periódico.

- Al fondo tenéis a Bill, el mayor de los Weasley, y a su novia Fleur.

- Pgometida.

- Esta bien, prometida.

Bill y Fleur parecían los mismos de siempre. Se daban la mano cariñosamente mientras él le daba un ligero beso en la frente al escuchar la corrección que hacía ella.

- Ellos son los gemelos, Fred y George.- Dijo señalando esas idénticas cabezas que él conocía tan bien.- Y por supuesto ya conocéis a Ron.

En una esquina, apoyado en un aparador, estaba Ron. Les hizo un gesto seco con la cabeza a modo de saludo y siguió bebiendo de su taza. Y a su lado, muy pegada a él, estaba Hermione.

- Ella es Hermione, la bruja más inteligente de su edad, sin duda.

Hermione sonrió tímidamente y se acercó todavía más a Ron. Harry frunció un segundo el entrecejo al notarlo. ¿Acaso sus dos mejores amigos…?

- Ellos son los que os encontraron en Hogwarts- Dijo James señalando a las tres personas más cercanas de la sala.- Roxy.- La chica de piel y ojos negros ni se inmutó al escuchar su nombre.- Emil.- Ese era el chico rubio y corpulento.- y Jack.

- Jack West, encantado.

El chico americano se acercó hasta ellos y les estrechó la mano enérgicamente. Harry se sorprendió, no debía ser mayor que ellos, incluso más pequeño.

- Y por último, Nymphadora Tonks.

- Llamadme Tonks, por favor.

Tonks, con su pelo morado cortado en punta, les sonreía desde la mesa. Le hizo una mueca a James y los dos rieron.

- Y de momento estos son todos, ya iréis conociendo al resto.

Harry y Ginny asintieron. La cocina entera los miraba expectantes y sin conocerlos. Era sumamente raro estar rodeado de toda esa gente que conocía y sentirse un completo intruso entre ellos. Pero nadie había hecho el mínimo amago de reconocerle o de inmutarse con el nombre de Harry Potter. Era frustrante.


James tuvo que luchar con todos para poder sacarlos de allí. Todo el mundo tenía preguntas, todos querían conocerles… ¡Conocerles! Y él no tenía ni la menor idea de qué responder a nada. Por suerte, su padre había notado sus caras de desconcierto y les había sacado de allí, alegando que había sigo un día muy duro y tenían que descansar. Esperaba que fuera eso y no por pensar que Harry era demasiado débil y una situación así podía hacerle desmayarse otra vez. Odiaba mostrarse débil delante de los demás, delante de Ginny, delante de su padre… Al menos, gracias a la Señora Weasley, había podido comer algo.

De nuevo, seguían a su padre a través de los pasillos y pequeñas escaleras que subían y bajaban. Aquel lugar parecía un laberinto sin ninguna lógica en su distribución. Si tenía que volver a la cocina, dudaba ser capaz de encontrar el camino. Rio bajito al notar a Ginny a su lado tan perdida como él.

- Siento mucho todo el revuelo, ya os dije que no solíamos tener muchas visitas.

- No pasa nada, ha sido… interesante.- Dijo Ginny.

Volvió a reír por lo bajo. Interesante. Esa palabra se quedaba corta para describir lo que acababan de vivir. James se paró junto a una puerta y los miró.

- Siento también que no vayáis a tener mucho espacio, pero bueno, sois familia así que no creo que haya problema ¿verdad?

- Oh, no te preocupes, nos conformaremos con cualquier cosa.

- Estupendo. La casa no estaba preparada para vuestra visita.

- ¿La casa?- Preguntó Harry extrañado.

- Es una larga historia.- Dijo sonriendo.- Y creo que por hoy ya habéis tenido suficiente, mañana os contaré las peculiaridades de este lugar. Si necesitáis cualquier cosa no dudéis en avisarnos, ¿de acuerdo?

- Dudo que fuese capaz de volver a encontrar el camino de vuelta sin perderme.- Dijo Ginny.

Harry sonrió por dentro intentando que no se le notara. De nuevo Ginny decía en voz alta lo que él también estaba pensando. ¿Había empezado a hacerlo hace poco o era él que se acababa de dar cuenta de ese detalle?

- Bueno, descansar, mañana seguiremos donde lo dejamos.- James se señaló el bolsillo interior de su túnica.- Vuestras varitas están a buen recaudo por el momento.

James les guiñó un ojo a cada uno y se marchó de allí por el sentido contrario por el que habían llegado hacía unos segundos. Realmente iba a necesitar un mapa de aquel lugar. Lo vio alejarse con paso decidido y sonrió, tenía los mismos andares que su padre.

- Harry, creo que ahora entiendo lo que decía tu padre con lo de "no tener mucho espacio".

Harry se giró hacia ella. Había abierto la puerta de la habitación y dentro de la pequeña estancia podía verse un detalle que para ninguno de los dos pasó desapercibido. Había una sola cama. Oh no… Harry tragó saliva incómodo y siguió a Ginny dentro de la habitación. Hacía unas horas estaba preocupado por qué hacer con el libro del Príncipe Mestizo y ahora, después de haber charlado con su padre muerto, estaba frente a la posibilidad de tener que compartir cama con Ginny. Todo aquello le sobrepasaba.

La habitación era pequeña, oscura y sin ventanas. Junto a una pared había una cama con dosel parecida a las que tenían en Hogwarts, pero las cortinas eran de terciopelo azul oscuro. Junto a ella había una mesilla de madera desgastada con un pequeño reloj de manecillas. Frente a la cama, había un sillón oscuro con un estampado irregular que parecía tener tanto o más polvo que el resto de la habitación. Y como había notado nada más entrar, sólo estaba esa pequeña cama.

- ¿No hay…? Bueno, ¿no hay otra…?- Preguntó nervioso.

Ginny se dirigió hacia una puerta que había en la esquina y metió la cabeza para inspeccionarla. Harry deseó que hubiera allí dentro otra habitación. Teniendo en cuenta los sueños que tenía por las noches últimamente con la hermana de su mejor amigo sería mejor no dormir en la misma cama que ella si no quería avergonzarse.

- Es un baño.- Dijo Ginny

Ginny carraspeo y bajó la vista al suelo. Genial… Iba a ser las noche más larga de su vida.

- Hola.

Los dos se giraron sobresaltados. En la puerta estaba Hermione con un par de mantas en la mano y unas prendas viejas. Les sonreía tímidamente, ajena al momento incómodo que acababa de interrumpir.

- Siento molestaros, Molly me envía para que os de esto.- Hermione le tendió a Harry la pila de ropa que tenía en las manos.- Son un par de mantas y un pijama viejo de Ron. También hay uno mío, para que lo uses.- Dijo dirigiéndose a Ginny.

- Muchas gracias.

- No es nada… Me alegra poder sentirme útil.

- Gracias igualmente.

- ¿Te encuentras bien? He oído que el hechizo que te lanzó Ron hizo que te desmayaras.

- Oh, sí, no fue nada.

- Lo siento, a veces Ron puede ser algo impetuoso, pero es una buena persona, de verdad.

- Parecía que sabía muy bien lo que estaba haciendo.- Dijo un poco molesto con su amigo. Su amigo que no sabía que era su amigo. Todo era un lío.

- Puede ser un poco duro a veces, la guerra le ha dejado cicatrices… Pero tiene un corazón enorme, de verdad.

Hermione hablada de Ron con una amabilidad y un cariño que ni Ginny ni él pasaron por alto. Llevaban años siendo amigos, los mejores amigos. Pero nunca había escuchado a Hermione hablar así de Ron, no tan abierta y sinceramente. Había algo que se estaba perdiendo. Quizá en ese mundo donde parecía que él no existía sus dos amigos se habían hecho más cercanos. Incluso podían haberse hecho más que amigos… Entonces Ginny preguntó lo mismo que estaba él pensando.

- Vosotros dos estáis… bueno… ¿Estáis juntos?

- Desde hace tanto tiempo que no me acuerdo ni de cómo empezó todo.

Hermione se sonrojó un poco y en su boca se dibujó una sonrisa abierta. Una de esas sonrisas tontas que se les pone a las personas cuando hablan de la persona a la que aman.

- Vaya…

Ginny parecían tan el shock como él y se alegró de no sentirse así él solo. Podía intuir desde hace tiempo que sus amigos sentían algo especial el uno por el otro, algo que no sientes por alguien que sólo es tu amigo… pero nunca había hablado abiertamente de esos sentimientos con ninguno de los dos. Lo intuía, lo sospechaba y era bastante consciente de las situaciones que se formaban entre esos dos cuando estallaba la tensión que había entre ellos. Pero escucharlo tan abiertamente de los labios de Hermione era otra cosa. Sus dos mejores amigos estaban juntos y ninguno de los dos le conocía.

- Si necesitáis cualquier cosa hacérnoslo saber, ¿de acuerdo?

- No lo dudes y gracias.- Dijo Ginny señalando las mantas y pijamas.

- Buenas noches.

Hermione salió de la habitación y cerró la puerta tras ella dejándoles a oscuras. Entonces escucharon un murmullo y el ruido de una cerradura. Les habían encerrado por si pretendían huir. No tenían escapatoria, estaban allí de pie en silencio, el uno junto al otro y al lado de esa cama que parecía mirarles.

- Ojalá pudiéramos hacer el hechizo de Lumos.

Entonces, nada más decir aquella palabra, una luz de un tono azulado salió del reloj que había en la mesilla junto a la cama e iluminó la habitación igual que lo hacía el hechizo "Lumos". Harry frunció en el entrecejo. Era cierto que esa casa tenía sus secretos, la magia nunca iba a dejar de sorprenderle. Se miraron un segundo pero Ginny bajó la mirada enseguida. Bien. Al menos no era el único nervioso… Pero no podían seguir mucho más tiempo evitando el tema, en algún momento alguien iba a tener que decir algo acerca de esa diminuta cama que no dejaba de mirarle.

- ¿Crees que es muy peligroso si vuelvo a mi verdadero aspecto?- Preguntó sacándole de sus pensamientos y señalando el gorro verde chillón que seguía en el bolsillo de sus vaqueros.- Al menos cuando estemos los dos solos.

- No. La verdad es que echo de menos ver a la verdadera Ginny.- Confesó.

Ginny no le contestó y sacó el sombrero del bolsillo. Se lo puso en la cabeza y cerró los ojos, concentrada. Y en menos de cinco segundo el sombrero volvió a dar unos pequeños saltitos sobre la cabeza de la chica y de pronto volvía a ser la Ginny Weasley pelirroja que él recordaba.

- Echaba de menos sentirme yo misma.- Dijo.- Así mucho mejor.

Harry miró su pelirroja cabellera, sus pecas alrededor de su nariz, la erida que todavía tenía en el labio… Perfecta.

- No hay ninguna duda de eso.

Se miraron un segundo y Ginny volvió a carraspear.

- Creo que… voy a cambiarme en el baño.

- Oh, sí, por su puesto.

Harry le tendió la pila de ropa para que cogiera el pijama viejo de Hermione y cuando Ginny lo agarró se cayó todo al suelo, las mantas, los pijamas… Tenía la sensación de que sus manos temblorosas habían tenido algo que ver con todo aquello. Se le escapó un amago de risa y los dos se agacharon para recoger la ropa. Y allí en el suelo, agachados, con la poca iluminación que daba aquel extraño reloj, volvieron a tener sus cabezas tan cerca como las habían tenido horas antes en Hogwarts, antes de que toda aquella locura empezara. Y volvía a sentir el aire cargado, las manos sudorosas y la necesidad de acercarse del todo y besarla.

- Será mejor que me cambie…- Ginny hablaba muy bajito y podía notar su aliento en la cara.

- Sí, será lo mejor…

Y no pudo evitar bajar su mirada hasta sus labios. Esos labios que llevaban meses volviéndole loco y haciéndole desear que no fuera la hermana pequeña de su mejor amigo.

- Voy a…

Ginny se levantó de un salto sin terminar la frase y, cogiendo el pijama que le habían prestado, se metió en el baño cerrando la puerta. Suspiró mientras se rascaba la cabeza. No sabía cuántos momentos como ese más iba a aguantar antes de lanzarse a besarla. Se incorporó y dejó la ropa encima del sillón que había frente a la cama. Esa maldita cama… ¿Era sensación suya o cada vez parecía más y más pequeña? Empezó a sentirse mareado y tuvo que sentarse en el sillón. No sabía cómo iba a lograr pasar esa noche.

Miró las mantas y el pijama viejo de Ron. Él también tenía que cambiarse. Se sacó las zapatillas con un desganado movimiento de los pies, se quitó sus vaqueros y se puso la desgastada parte de abajo del pijama de Ron. Reconocía ese pijama, dos años atrás se lo había regalado su madre por Navidad, pero como Ron era más alto el pijama, aunque viejo, le quedaba bien de talla. Se quitó la camisa que llevaba y la dejó en el sillón junto a los pantalones y entonces un pensamiento le golpeó la cabeza mientras cogía la parte superior del pijama.

Estaba haciendo un mundo de todo aquello. Para él era algo realmente significativo el hecho de tener que dormir con Ginny, compartir una cama, tener que estar el uno junto al otro tan cerca, echados… ¿Pero si para ella no tenía importancia? Él era el que llevaba meses soñando con situaciones parecidas que acababa interrumpiendo Ron al querer golpearlo con un bate de quiddits. Era él al que se le ponían sudorosas las manos al acercarse a ella. Era él el que no podía dejar de mirar su boca y querer besarla. Era él. Y Ginny seguramente estaba en el baño cambiándose despreocupada. ¿Qué pretendía que pasara aquella noche? ¿Que se declararan sus sentimientos y después de una larga sesión de besos acabaran durmiendo juntos? Ni lo sueñes, Potter… Tenía que dejarle su espacio si no quería pasarse de la raya y recibir una bofetada.

- Perdón, no sabía que…

Ginny había salido del baño, despeinada y con un pijama celeste de Hermione. Y él estaba allí, con su flacucho pecho al descubierto y metido en sus pensamientos como un idiota. No daba una.

- No pasa nada.- Harry se puso la camiseta del pijama con rapidez.- ¿Sabes? Los Durley me hacían dormir en una alacena bajo la escalera, estoy acostumbrado a dormir en sitios pequeños.

Harry se sentó en el sillón que había a su lado y cogió una de las mantas para extenderla. Tenía que parecer él también lo más despreocupado posible, aunque esa condenada cama no dejara de encoger.

- ¿Vas a dormir ahí?- Preguntó extrañada.

- Sí, bueno, todos creen que somos hermanos, pero no lo somos.- Dijo mientras terminaba de acomodar la manta encima de él.

- Sí, no lo somos…

No lo somos… Observó cómo Ginny se dirigía a la cama con dosel y se metía con rapidez dentro de ella, amoldando las almohadas y las sábanas con demasiada energía. Parecía molesta y no entendía por qué. Había sido un caballero al no meterse con ella en la cama… ¿verdad?

- ¿Apago la luz?- Escuchó que preguntaba, pero no alcanzaba a verle la cara.

- Cuando quieras.

- ¡Nox!- Gritó Ginny al techo esperando que ahora el reloj absorbiera la luz que había generado antes.

Oscuridad. Todo estaba en silencio salvo por la respiración de ambos. Podía escuchar al mostruito que creció en su barriga hacía meses gritarle por no aprovechar la oportunidad que tenía delante. Y la parte más racional de su cerebro le recordaba que seguramente no hubiese tenido ni la menor idea de cómo comportarse con ella si se hubiera dado la situación de estar los dos juntos en esa cama.

- ¿Harry?

- ¿Sí?

Se sobresaltó en cuanto escuchó su nombre y agradeció infinitamente que no pudiera ver la cara de susto que acababa de poner.

- ¿Seguro que quieres dormir ahí?

- Sí.- La respuesta sincera hubiera sido no.- No te preocupes, de verdad, soy capaz de dormir en cualquier lado.

Ginny guardo silencio unos segundos y Harry echó todo el aire que estaba guardando. Por un momento había creído que le llamaba para…

- ¿Harry?

- ¿Mmmm?

- No quiero que duermas ahí.

Se le paró el corazón. ¿De verdad le estaba sugiriendo lo que él creía que le estaba sugiriendo? El monstruo de su interior le gritaba como un poseso que reaccionara, que se levantara de ese sillón y fuera junto a ella, que le dijera algo. Pero no sabía qué.

- Oh.

Se levantó despacio, haciendo más ruido del normal. Quería asegurarse que había entendido bien, darle tiempo a rectificar por si sólo había sido un impulso. Pero Ginny no decía nada. Y antes de darse cuenta estaba abriendo la cama del lado opuesto del que estaba ella y metiéndose entre las sábanas. Por Merlín. Daba gracias de que estuvieran a oscuras y Ginny no pudiera ver cómo se le estaban poniendo rojas hasta las orejas.

Terminó de meterse en la cama con dificultad, las sábanas estaban más frías de lo que esperaba, y recostó en la almohada lo más lejos posible de ella. Estaba tan cerca del borde que si alguien le empujaba caería redondo al suelo.

- Gracias.

- De nada.

Otra vez silencio, pero sólo escuchaba su corazón bombeando sangre a su cerebro. Cogió aire y lo soltó muy despacio intentando tranquilizarse. Sólo es Ginny… Pero esos pensamientos no ayudaban en absoluto, todo lo contrario. Hacía unos segundos esa cama le había parecido enana y ahora sentía que incluso Hagrid podía caber entre ellos dos. ¿Por qué no se había acercado más a ella? Después de todo, era Ginny la que le había pedido que durmiera con ella… ¿Eso era una invitación a…? ¿A qué? Puede que a nada. Estaba en la cama con la chica con la que llevaba tanto tiempo soñando y no tenía la menos idea de qué hacer.

- Buenas noches, Harry.

- Buenas noches.

Iba a ser la noche más larga de su vida. Con suerte, igual hasta lograba dormir un poco.


Has el siguiente capítulo y como siempre... gracias por leer y si dejáis comentarios mejor que mejor. Un saludo! Iruna