Muchísimas gracias por leer esta historia, por los buenos comentarios y la buena energía y sobre todo a todas las personas que han dedicado un segundo de su tiempo a dejarme un review: J0r, CecyBlack, Selenika91, Catalina306, Hefzy, caro, Merodeadora, Ires, Veropotterhead... Vuestras palabras animan a seguir escribiendo con más ganas todavía. Gracias.

Os dejo con el capítulo 5.


CAPÍTULO 5: Un detalle lo cambia todo

Él nunca había nacido… James nunca había tenido un hijo. La profecía sólo podía referirse a un niño. Voldemort no había tenido que elegir entre él y Neville aquella noche… Todo era diferente porque él nunca había nacido. Nunca.

Sintió que se quedaba sin respiración. Él no existía, sus padres nunca habían sido sus padres, nunca había ido a Hogwarts, ni conocido a Ron y Hermione. Era como sentir que había muerto estando todavía vivo.

Siempre había sentido un peso enorme sobre sus hombros al ser el elegido. Ese que Voldemort marcó como su igual, ese pobre niño huérfano que tenía que acabar con el mago más tenebroso del mundo moderno. Y ahora, estaba en una realidad en la que no era ese niño, no era el elegido. Pero la losa que había sobre sus hombros no había desaparecido.

Miró a su padre frente a él. Era un James que no era su padre. Un James que había vivido una vida completamente diferente a la que le habían contado tantas veces. No le conocía… y aun así le quería. Era su padre sin serlo.

- Harry, ¿de dónde has sacado eso?- James le miraba confundido.

- No, yo…

- ¿Por qué creías que tenía un hijo?

- No sé, yo… Creo que escuché algo y entendí mal.

Definitivamente, si decía en voz alta una sola de las cosas que estaban pasando por su mente en ese momento, James iba a pensar que estaba completamente loco. No podía decir nada, aunque se muriera por gritarle que era su hijo.

- Me hubiera gustado, créeme.- Dijo James con una sonrisa triste.- Nada me hubiera hecho más feliz en este mundo que formar una familia.

- ¿Por qué no lo hiciste?

¿Por qué? ¿Por qué su padre no era su padre? ¿Por qué no sabía nada de su madre todavía? ¿Por qué él nunca había nacido?

- Sólo he querido a una mujer en toda mi vida.

No. No. Algo en su interior sabía lo que iba a escuchar y no quería. Que no esté muerta. No.

- Y… ¿qué pasó?

- Era hija de muggles.- A James se le ensombrecieron los ojos.- Y formaba parte de La orden del fénix. Puedes imaginar cómo acabaron las cosas.

No…

- ¿Está… muerta?- No podía pronunciar esas palabras sin que se le formara un nudo en la garganta.

James asintió despacio con la cabeza ante su pregunta. Estaba muerta.

- Se llamaba Lily. Fuimos juntos al colegio pero ella nunca me soportó mucho.- Se le escapó una ligera sonrisa al recordar.- La verdad es que discutíamos todo el tiempo.

- ¿Y vosotros nunca…? Bueno, ¿nunca estuvisteis juntos?

- No. Cuando acabamos Hogwarts nos unimos a la Orden y la situación con Voldemort cada vez se fue haciendo más peligrosa. Fran y Alice murieron y se nos empezaron a acabar las esperanzas.- James suspiró y cerró los ojos unos segundos.- Ella corría el doble de peligro al ser una sangre sucia.- Dijo las últimas palabras con rabia.- Muchos tratamos de convencerla de que se escondiera con su familia pero Lily no era así, era una luchadora.- Harry pudo notar cómo a James se le llenaba el pecho de orgullo.- Unos meses más tarde, durante una misión, murió.

Harry contuvo el aliento. Él ya había perdido a su madre años atrás. Había sido consciente de la muerte de sus padres toda su vida. Pero escuchar aquellas palabras de los labios de James era como revivir todos esos sentimientos de golpe. Era como volver a perder a su madre de nuevo.

- Perdona, no sabía nada de todo esto.

- No pasa nada.- James pareció relajarse un poco al ver a Harry angustiado.- Con el tiempo aprendes a superar lo malo y quedarte con los buenos recuerdos.

- No sé cómo consigues hacer eso.

James soltó una pequeña risa y se pasó la mano por el pelo, desordenándolo como tantas veces se había imaginado Harry que su padre lo hacía.

- Me recuerdas mucho a Ron.

- ¿A Ron?- Se extrañó.

- Sí. Hace unos años pasó por algo muy duro y también le costaba recordar el pasado y centrarse en los buenos recuerdos.

- ¿Y le ayudaste con eso?

Otra vez esa punzada de celos al imaginar a su padre y su mejor amigo siendo tan íntimos. ¿Y qué era eso tan duro por lo que había pasado Ron?

- Creo que incluso ahora es incapaz de mirar en su pasado sin dolor.

¿Ron? Había algo de la historia que se estaba perdiendo. Algo importante.

- Ya…

- Es tarde Harry, seguro que quieres comer algo antes de ir a dormir, venga.

James se levantó del sofá y le indicó con la cabeza que hiciera lo mismo. Tenía muchas cosas que procesar.


Abrió la puerta de la que ahora era su habitación. Los problemas de la noche anterior por lo pequeña que era aquella cama que tenía que compartir con Ginny parecían muy lejanos. Una sola conversación con James le había hecho que su ánimo callera hasta el fondo de un pozo muy profundo. Dumbledore… la única persona que podía ayudarles a averiguar qué estaba pasando, la única persona a la que Voldemort alguna vez había tenido miedo, estaba muerto. Y su madre… su madre estaba muerta, sí. Pero lo más desgarrador de todo era pensar que ella y su padre nunca habían estado juntos. Nunca había habido un James y Lily. Nunca se habían casado, ni tenido un hijo. Él. Nunca había nacido. No existía. Y eso parecía que había cambiado todo.

- ¡Harry! Me has asustado.

Ginny, que había salido distraída del baño con su verdadero aspecto, se llevó una mano al pecho al verle.

- Perdona.

- ¿Dónde estabas? No has venido a cenar.

- He estado con mi padre… con James.- Se sentó en la cama abatido.

- ¿Quieres contarme?

Harry notó la prudencia en las palabras de Ginny. ¿Tan cerrado era de normal? Parecía que estaba temiendo meterse donde no le llamaban.

- Dumbledore está muerto.

- ¿Qué?- Ginny se sentó despacio a su lado.

- Sí, me lo ha dicho James.

- Pero… ¿Cuándo? ¿Cómo?

Harry se rascó la cabeza con el ceño fruncido. Era demasiada información, demasiadas cosas que procesar, demasiados sentimientos.

- Necesito… Perdona, necesito un momento.

Se metió al baño dejando a Ginny en la cama. Necesitaba un minuto para respirar, para procesar todo lo que le había contado James. Abrió el grifo del lavabo y se echó agua en la cara. No existo. Se miraba al espejo como si fuera la primera vez que se veía realmente. Nunca había nacido. Siempre había pensado que todo sería muchísimo mejor sin él, y ahora que veía que no existía esa realidad no le gustaba nada en absoluto. Se puso el pijama viejo de Ron y salió del baño. Ginny estaba metida en la cama, sentada con la espalda apoyada en el cabecero, su pelirrojo pelo despeinado y sus ojos marrones llenos de preocupación. Preocupación por él.

- Lo siento.

- No pasa nada, es normal. Si no quieres contarme lo entiendo.

- No, tienes que saberlo, estamos juntos es esto.

Ginny sonrió ligeramente y le hizo un gesto con la mano para que fuera a la cama junto a ella.

- ¿Seguro que quieres…?- Preguntó al borde de la cama sin atreverse a entrar.

- Harry, vamos.

Volvió a hacerle un gesto con la mano para que fuera a su lado y Harry no se hizo de rogar. Necesitaba tenerla cerca.

- No te va a gustar lo que te voy a contar.

- Empieza desde el principio.

- Vale…- Harry se rascó la cabeza.- Vale. Por lo que parece, aquí todo fue diferente. Mis padres fueron compañeros en Hogwarts pero nunca estuvieron juntos.

- ¿Qué? ¿Cómo que nunca estuvieron juntos?

- No sé por qué, no sé qué pasó o qué no pasó, pero mis padres nunca estuvieron juntos.

- Espera, entonces…- Ginny le miró encajando las piezas.- ¿Tú…?

- Yo nunca he existido.- A Ginny se le oscurecieron los ojos.- Mis padres nunca se casaron ni tuvieron un hijo.

Ginny se removió debajo de las mantas y dejó de mirarle.

- No me gusta pensar en un mundo donde no existes…

Un sentimiento sobrecogedor y reconfortante invadió su pecho al escucharla. Ginny… A ella no le gustaba la idea de un mundo sin él, sin Harry.

- Bueno… gracias, supongo.- Ginny sonrió sin mirarle todavía.

- Entonces… ¿la profecía? ¿Voldemort?

- Yo no nací así que la profecía hablaba de un solo niño.

- Neville.

- Sí… Intentaron esconder a los padres de Neville pero no pudieron. Voldemort y Bellatrix fueron a por ellos.- La cara de Ginny cambió. Sabía lo que venía.- No sobrevivió nadie.

- Por Merlín…- Ginny se llevó las manos a la boca, horrorizada.

- Lo sé… Me siento culpable. ¿Tiene sentido?- Confesó Harry.

- ¿Culpable?

- Sí, culpable. Si yo no nazco, Neville y sus padres mueren.

- Harry no digas eso.- Le cortó Ginny.

- Pero es verdad.

- No, no lo hagas.- Volvió a repetirle.

- ¿Hacer qué?

- Pensar que todo depende de ti, que todo es culpa tuya.

- Pero…

- Pero nada. Sé que tiene que ser muy duro ser tú, no quiero ni imaginármelo…- Ginny le cogió de la mano.- Pero eres un pequeño grano de arena en algo muchísimo más grande. Cada acción, cada decisión que tomamos cambia todo.

Guardó silencio unos segundos, sintiendo la mano de Ginny sobre la suya, la calidez que le hacía llegar. No, todo no dependía de él, pero no podía evitar sentir un sentimiento de culpabilidad y responsabilidad enorme.

- Debes pensar que soy un egocéntrico.- Dijo con la sonrisa torcida.

- No… no creo eso.- Ginny volvió a acariciarle la mano despacio.- Sólo que te ha tocado vivir una vida demasiado dura.

- Ya…- Dijo no muy convencido.

- Pero tienes que recordar una cosa, Harry.- La miró a los ojos, que le devolvían la mirada con ternura.- Tu vida ha sido dura, ser quien eres no es fácil, te han pasado cosas que la mayoría de chicos de nuestra edad ni se maginarían.

- ¿Pero?

- Pero no eres el único involucrado en esta guerra, no eres el único que ha sufrido la pérdida de alguien.- Harry suspiró. Sabía que Ginny tenía razón.- No eres el único que tiene motivos para odiar a Voldemort con toda su alma, sólo que tú eres la imagen más visible de todo ese odio.

Harry puso mala cara al escucharla y se terminó de tumbar en la cama mientras gruñía. Ginny tenía razón, esa no sólo era su lucha, su guerra. Muchísimas personas más estaban involucradas y cada una tenía su historia y su sufrimiento. Los padres de Neville no habían muerto pero este tenía que ver cada día cómo la locura les había llevado a ser dos personas casi inertes que no podían reconocer a su hijo. Molly Weasley había perdido a sus dos hermanos mucho antes de que él naciera. Lupin había pasado doce años solo, alejado casi por completo de la sociedad por su condición y llorando la pérdida de sus amigos. A veces se le olvidaba que él no era ni de lejos el único que tenía motivos para odiar a Voldemort.

- Lo siento… no quería ser dura contigo.

- ¿Dura? ¿Tan mal humor tengo que estás esperando el momento en el que explote?

- No, pero reconoce que en lo que se refiere a Voldemort eres un poco susceptible.

- Susceptible…

Harry se quitó las gafas y comenzó a frotarse los ojos despacio. Había sido un día muy largo. Raro y largo. Lleno de información y encuentros con su difunto padre. El estrés y dolor de su cabeza ya era casi permanente. Y pensar que esa mañana al despertar lo que más le preocupaba era no haber incomodado en la cama a Ginny. Ginny. Cama. Sintió cómo ella se tumbaba también a su lado en la cama y todo su cuerpo se tensó al volver a ser consciente de la situación en la que estaban.

- Entonces… ¿Dumbledore?

- ¿Mmmm?

Abrió un ojo y la vio a su lado, tumbada boca arriba con la mirada perdida en el techo.

- ¿Dumbledore también ha muerto?

- Eso parece. Según mi padre tenía un plan para acabar con Voldemort, pero cuanto más se acercaba a llevarlo a cabo, más en peligro se puso. Murió hace dos años.

Un plan que estaba bastante seguro tenía que ver con los horrocruxes y todos los recuerdos que ese año le había enseñado sobre la infancia de Tom Riddle. Pero prefería no hablarle de momento a Ginny sobre ese tema. Por esa noche era suficiente con toda aquella información.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? Si Dumbledore aquí está muerto… ¿Quién nos va a ayudar? ¿Cómo vamos a volver?

- No lo sé.

Un silencio extrañamente cómodo inundó la habitación. Los dos, tumbados en la cama uno junto al otro y absortos en sus preocupaciones y pensamientos… ¿Por qué podía hablar con ella tan fácilmente? ¿Por qué todo era mejor si lo compartía con ella? Podía notar el calor que desprendía el cuerpo de Ginny cerca del suyo y notó que ya no estaba tan nervioso como la noche anterior. Aunque seguía agradeciendo estar él sobre las sábanas y no correr el riesgo de tener ningún contacto bajo ellas.

- ¿Te fijaste en mi padre?

Giró la cabeza y la miró, con su pelirrojo pelo revuelto, sus ojos marrones perdidos en algún punto del techo y el entrecejo fruncido por la preocupación. Estaba preciosa.

- Sí.

- Está en silla de ruedas… ¿Qué le habrá pasado?

- Aquí todo es diferente. Ron y Hermione son ellos pero… pero no lo son. Mi padre está vivo.- Dijo con una risa irónica.- Pero no te preocupes, Arthur Weasley es un hombre fuerte.

- Lo sé, pero…- Ginny se giró en la cama hacia él.- ¿Te acuerdas el año pasado? Cuando Nagini atacó a mi padre y gracias a ti llegamos a tiempo.

- Sí.

No le gustaba ese gracias a ti llegamos a tiempo. No le gustaba sentir que él había sido el salvador de la situación. Odiaba tener esa conexión con Voldemort, esas visiones que había usado para engañarlo de la peor manera.

- La profesora McGonagall vino a mi cuarto a despertarme, sólo me dijo que mi padre estaba en peligro, que tú habías visto algo… Se me paró el corazón. Pensé… pensé que… Hasta que no nos confirmaron que estaba bien no sentí que volvía a respirar.

A Harry se le encogió el corazón. Recordaba aquella noche, recordaba aquella visión tan clara y vívidamente como si la acabase de tener. Recordaba sentirse fatal, agobiado, cabreado, preocupado… Y ahora se daba cuenta que en ningún momento se paró a pensar que en el despacho de Dumbledore también estaban los hijos de Arthur Weasley esperando con el corazón en un puño la peor de las noticias. Eres un egoísta, Potter. Esa noche había sido horrorosa para él, pero para Ginny seguramente había sido un infierno mucho peor, casi pierde a su padre. Se giró él también en la cama y quedaron los dos tumbados uno al lado del otro, mirándose.

- Tu padre está bien, está vivo.

- Lo sé pero…

- Lo tienes aquí, habla con él, te sentirás mejor.

- Él no sabe quién soy.- Dijo con ojos tristes.

- Pero tú si sabes quién es él.

- ¿Estamos hablando de mí y de mi padre o de ti y James?

Harry rio al notar los paralelismos.

- De los dos supongo.

Ginny sonrió ligeramente y le miró a los ojos durante unos segundos larguísimos. Estaban tan cerca que podía verse reflejado en ella. Le gustaba ver a la verdadera Ginny, a la pecosa pelirroja con mirada desafiante.

- ¿Me estás viendo?

Harry se tensó. Claro que la estaba viendo. La tenía tan cerca que podía sentir su respiración en su cara. Quizá estaba poniendo una cara demasiado delatadora al mirarla.

- ¿Viendo?

- No llevas las gafas.- Aclaró Ginny.- Siempre me he preguntado cómo ves sin ellas.

- Veo mal de lejos, pero de cerca bien.

- ¿Me ves bien, entonces?

- Te veo muy bien…

Lo último que recordaba antes de dormirse eran los ojos marrones de Ginny mirándole. Habían pasado horas hablando uno frente al otro en la cama. Hablando de quidditch, de las clases en Hogwarts, de Ron y Hermione y lo raro que era verles juntos en aquella realidad en la que estaban, de sus padres, de la futura boda de Bill y Fleur… No quería dormirse, quería seguir disfrutando de estar así con ella, hablando de todo y de anda, solos, cerca. No sabía cuándo pero el sueño había acabado por vencerlo.

Se despertó y todavía estaba oscuro, tardó unos segundos en enfocar la vista. Ginny seguía dormida frente a él, a escasos centímetros. Tenía la boca entreabierta y dejaba salir el aire muy lentamente cuando respiraba. Se le escapó una sonrisa al verla así. Era un momento íntimo, sólo de los dos. Podía quedarse ahí mirándola dormir y no se aburriría. Después de todo el curso intentando buscar una excusa para estar con ella, para hablarle, para mirarle… estar así era reconfortante. Ginny se movió, despertándose despacio, tardó unos segundos en darse cuenta dónde estaba, hasta que lo vio a su lado.

- Buenos días.- Le dijo y ella sonrió.

- Buenos días.

Pasaron unos días igual que el anterior. Se despertaban y desayunaban en compañía de los miembros de la resistencia que estaban ese día en la casa. Escuchaban unas cuantas anécdotas entre risas y descubrían poco a poco la historia de cada uno de ellos, detalles desconocidos que les hacían ver una vez más cómo cambia todo por un simple detalle. Poco a poco las piezas del rompecabezas iban encajando un poco más y podían comprender y conocer lo que había pasado en ese universo extraño en el que estaban.

Por lo que sabían hasta ahora, la Orden del Fénix se había formado igual que en su mundo para hacer frente a Voldemort, encabezada por Dumbledore. Cuando la profecía apareció intentaron esconder a Frank y Alice Longbottom pero Voldemort los encontró y junto a Bellatrix habían acabado con la vida de Neville y sus padres. Ya no había ningún peligro aparente para él, nadie quien fuera a enfrentarlo. No existía ningún elegido. Y los ánimos y fuerzas de la Orden se debilitaron. Harry sabía que sus padres nunca habían estado juntos, aunque todavía no comprendía por qué no. Poco después su madre había muerto en una misión, aunque no tenía muchos detalles más y le incomodaba volver a sacar el tema frente a James. Tampoco había escuchado nada acerca de Sirius durante esos días, y eso le desconcertaba… ¿Acaso él también estaba muerto igual que su madre? No sabía cómo averiguar algo sobre él, cómo sacar un tema cualquiera en el que pudiera estar él involucrado sin parecer un entrometido o sin levantar sospechas de por qué tenía o no tenía determinada información.

Casi no había podido estar a solas con su padre esos días, parecía que había una misión importante que tenía que atender y no había tenido ocasión de volver a hablar con él. Ron seguía acompañándole a todos lados y siendo su mano derecha, y eso le ponía de muy mal humor. Sabía que era ilógico pero odiaba ver a Ron y su padre compartiendo momentos juntos de confianza y compañerismo. Él era el mejor amigo de Ron. Él era el hijo de James.

Lupin había estado unos días ausente y cuando volvió parecía que una bandada de hipogrifos le había pasado por encima. Ponía la mano en el fuego si adivinaba que esos días había habido luna llena y por eso tenía esa cara de cansancio. Tonks le cuidaba y acompañaba a todos lados y Ginny ya la había lanzado más de una indirecta sobre la posible relación que había entre esos dos, pero Harry le costaba creer que entre ellos pasara nada.

Una noche en la cena habían descubierto también por qué el señor Weasley andaba en silla de ruedas. Unos años atrás los que quedaban de la Orden del Fénix estaban en el ministerio intentando proteger al ministro de magia. Voldemort quería terminar de alzarse con el poder y acabar con él era una de las pocas cosas que le quedaban por conseguir. Hubo una batalla bastante fuerte que involucró a muchos magos, pero al final fue inútil y el ministro acabó muriendo. Esa noche Voldemort había llevado consigo a Nagini, que participó también en la batalla, y por desgracia Arthur Weasley fue su objetivo. La serpiente mordió al Señor Weasley en la espalda y, aunque no le mató, su veneno inmovilizó su espalda para siempre. Era una ironía que el padre de su mejor amigo en las dos realidades hubiese sufrido un ataque a manos de Nagini en el ministerio de magia…

Ginny y él se pasaban las tardes ayudando a Hermione con pociones y buscando información, lo que hacía que al menos se sintieran bastante útiles. Hermione estaba más que agradecida de tener a alguien que le ayudara y le hiciera compañía. Se pasaba horas hablando con ellos, casi parecía que era la misma Hermione que conocían en su mundo. Un día, mientras preparaban una poción de curación, Ginny sacó a la luz el tema más doloroso que había para Hermoine… Sus padres.

- Tus padres deben vivir con el alma en vilo sabiendo lo que pasa aquí.- Había comentado Ginny mientras cortaban ingredientes en la biblioteca.- ¿No prefieren que te escondas con ellos?

Hermione tensó su cara y dejó de cortar el ajenjo que tenía entre las manos.

- Hace mucho que no hablamos.- Dijo con un hilo de voz.

- Pero…

- No es fácil comunicarse con el mundo muggle ahora mismo.

Harry y Ginny intercambiaron una mirada.

- ¿No sabes nada de ellos?- Preguntó Ginny con cautela.

- Ser una sangre sucia no es fácil tal y como están las cosas.

- No te llames así.- Le riñó Harry.

- Ron también odia que me llame sangre sucia.- Dijo con una sonrisa torcida.- Pero es lo que soy. Y no me importa.

- ¿Por eso te has alejado de tus padres?- Preguntó Ginny.- ¿No quieres ponerlos en peligro?

- Sangre sucia, perteneciente a la resistencia contra Voldemort y la novia de uno de los Weasleys más buscados… Lo tengo todo.

Hermione les había contado cómo un año atrás había pedido ayuda a James para borrarles la memoria a sus padres. Cuando la situación con Voldemort se puso demasiado fea y peligrosa tuvo que tomar una decisión, o esconderse con sus padres o quedarse junto a Ron y ser parte de la resistencia. Escogió la segunda opción, por amor, por seguir siendo ella misma y no esconderse. Pero esa decisión implicaba no volver a hablar con sus padres, quizá para siempre. Ahora ellos vivían en Australia ajenos a cualquier recuerdo de que alguna vez tuvieron una hija. Si en el futuro todo salía bien y derrotaban a Voldemort viajaría hasta allí para buscarlos y encontrarlos sanos y salvo. Pero ese día no era hoy.

Hermione no era la única que había tenido que hacer sacrificios. Como ya les había contado Fleur, ella hacía mucho que tampoco sabía nada de sus padres o su hermana. Ella y la Señora Weasley organizaban una pequeña boda íntima en la casa que se iba a celebrar en unos días y al menos ese acontecimiento les mantenía bastante distraídos a todos. El tinte de tristeza que había en esa ceremonia lo ponía el hecho de que el padrino no iba a poder estar. Harry y Ginny se habían enterado que, a casusa de los cortes fronterizos y las dificultades para viajar, hacía más de dos años que no habían visto a Charlie. Estaba a salvo en Rumanía y las últimas noticias suyas las habían recibido ocho meses atrás. Desde entonces, nada. Pero Ginny sobre todo estaba preocupada por Percy, no tenía noticas de él, ni le habían mencionado en ninguna conversación. Tenía miedo de que algo malo le hubiera pasado. Por mucho que estuviera enfadada con él por el comportamiento que había tenido con sus padres, era su hermano.

Por otro lado, Ron no paraba de molestar a Harry e incitarlo para que se batieran en duelo. Harry quería acercarse a él tanto como lo estaba haciendo con Hermione, quería que tuvieran confianza y poder hablar, quería saber qué era ese episodio tan amargo en el pasado de Ron que había hecho que fuera alguien tan diferente en ese mundo, alguien que se había unido tanto a James. Echaba de menos al Ron despistado y comilón que siempre tenía una sonrisa en la boca. Echaba de menos a su mejor amigo.

Aunque Harry estaba preocupado, sobre todo, por el hecho de no haber visto a la Ginny de ese mundo nunca. Ni siquiera la habían nombrado. ¿Ella tampoco había nacido? No tenía sentido…

Pero si había algo que le molestaba a Harry era esa repentina cercanía que parecía haber entre Ginny y Jack West. En las comidas o cenas siempre se sentaban cerca y hablaban de trivialidades. Reían juntos y gastaban bromas que ocasionaban las risas de todos. Empezaban a tener una amistad que le crispaba los nervios. Jack y ella eran de la misma edad, tenían el mismo sentido del humor, a los dos les gustaba jugar de cazadores en el quidditch… De repente parecían muy amigos y no le gustaba nada. Una noche durante la cena Jack les había contado su historia y cómo él y su madre habían acabado en Inglaterra.

- ¿De qué parte de Estados Unidos eres?- Preguntó Ginny.

- Nací en Chippewa Falls, en Wisconsin, está al norte del país. Pero mi madre era inglesa.

- ¿Tienes familia aquí, entonces?

- Tenía… Por eso vinimos mi madre y yo.- Empezó a explicar.- Cuando nos enteramos que en Inglaterra todo estaba poniéndose tan mal por Voldemort quisimos venir a por mis abuelos, pero las cosas se torcieron.

- ¿Quieres decir que…?

- Estoy solo.- Dijo Jack con simpleza.

Ginny le puso una mano en el hombro con cariño.

- No estás solo.- Le dijo.

- Lo sé.- Sonrió Jack.- Esta gente se ha convertido en mi familia, por mucho que les pese.

Ron, que en ese momento pasaba por detrás de él, le dio un golpe en broma en la cabeza haciendo reír a todos.

Como había le dicho Ginny, la guerra afectaba la historia personal de cada uno, en mayor o menos medida, más allá de él y su pasado con Voldemort. Jack había perdido a su familia a causa de la guerra y era una persona totalmente nueva para él. Lo mismo pasaba con Emil, el otro chico que había conocido esos días. Él también era hijo de muggles, como Hermione, sólo que él había corrido peor suerte. Tenía un año más que él y hacía unos meses unos carroñeros le habían capturado. Al negarse a dar el paradero de sus padres y el de otros "sangre sucias" más le habían cortado la lengua. James y la resistencia llegaron a tiempo de rescatarle antes de que el castigo fuese a más. Desde entonces vivía con ellos y formaba parte de las misiones. Pasaba la mayor parte del tiempo con Jack, quien parecía el único que sabía de forma fluida el lenguaje de signos y le había enseñado poco a poco. Emil le agradaba, parecía tranquilo y no se metía en los asuntos de nadie. Y sobre todo, le gustaba ver que como a él, no parecía gustarle nada la nueva relación entre Ginny y Jack. Seguramente Emil echaba de menos pasar tiempo con su mejor amigo.

El destino era extraño. Allí todo era distinto y a la vez igual. Todas las personas que conocían habían vivido una historia diferente en muchos aspectos, igual en otros. Eran diferentes, pero seguían siendo ellos mismos. Parecía que un simple detalle en sus vidas había cambiado el resto de su historia. Quizá el destino era eso, una sucesión de pequeños detalles que lo cambiaban todo. Y ellos tenían que averiguar qué detalle había hecho que estuvieran allí.

Llevaban algo más de una semana allí y todo comenzaba a ser demasiado familiar, rutinario, sobre todo pasar tiempo con Ginny, la cercanía que se estaba formando entre los dos. Todos los días desayunaban y pasaban el día ayudando a Hermione, compartiendo chistes y momentos, aprendiendo más acerca del otro. Comían, cenaban, jugaban al ajedrez… y por la noche llegaba su momento favorito del día, dormir con ella.

El primer día que habían tenido que pasar la noche juntos se había comportado como un niño, el monstruo de su interior se había dado de cabezazos contra la pared al ver lo infantil y cobarde que estaba siendo. Pero se había asustado. Tantos meses soñando con ella, suspirando por ella, buscando una razón para mirarla… Y cuando la había tenido tan cerca, se había acobardado. Pero Ginny fue más valiente que él y, por alguna razón que todavía no entendía, le había pedido que durmiera con ella, en aquella cama que ahora ya no le parecía tan pequeña. Aquella primera noche había dormido lo más alejado posible de ella, temiendo cualquier contacto bajo las sábanas, temiendo mover cualquier músculo y dar un paso en falso. Nunca había estado tan nervioso.

La segunda noche se tumbaron juntos en la cama y hablaron durante horas de todo lo que estaba pasando. De sus padres, de sus preocupaciones… hasta de quidditch. Y antes de que pudiera tener miedo a hacer o decir algo inapropiado se habían quedado dormidos uno frente al otro. Esa noche durmió como un niño.

Y ahora todas las noches eran así. Se tumbaban juntos en la cama, hablaban de las cosas que habían descubierto ese día acerca del pasado de los demás habitantes de la casa, formaban teorías al respecto o debatían cuál sería la razón de que estuvieran allí. A veces, simplemente se dormían hablando de trivialidades o riendo al recordar anécdotas junto a Ron o los gemelos. Pero cada noche lo último que veía antes de dormir era a Ginny, su cabellera pelirroja y sus ojos marrones muy cerca de los suyos. Era una muy agradable rutina.

Una mañana se despertó antes que Ginny. Tenía el pelo alborotado y esparcido por la almohada y abrazaba las mantas como si fueran un osito de peluche. Harry sonrió al verla y se levantó despacio de la cama, intentando no despertarla. Escuchó un ruido detrás de la puerta y se imaginó que ya todos estarían levantados. En cuanto la casa se ponía en marcha les quitaban el hechizo que bloqueaba la puerta. Cómo echaba de menos tener su varita… Pero en cuanto entró en la cocina para desayunar, deseó no haberse levantado de la cama. Dentro, completamente sola, estaba Molly Weasley llorando en uno de los extremos de la mesa.

- Perdón.- Dijo al abrir la puerta y verla allí sentada.- No quería… No sabía que…

- Pasa, Harry, pasa.

La Señora Weasley se limpió las lágrimas con el trapo que tenía en el regazo y le hizo señas para que entrara, intentando restarle importancia a la situación.

- Estaba preparando el desayuno y…

- Si quiere puedo volver más tarde.

- No, no.- La Señora Weasley se levantó acomodándose la ropa.- Ahora mismo te sirvo el desayuno.

- Buenos días.

Hermione entró por la puerta y cambió el gesto en cuento vio a la Señora Weasley, visiblemente afectada. Miró a Harry pidiendo explicaciones pero este se encogió de hombros sin saber qué responder.

- Molly, ¿pasa algo…?- Se aventuró a preguntar.

- No, querida, no, sólo…

La Señora Weasley no pudo contenerse más y salió de la cocina apresurada, cediendo de nuevo al llanto.

- ¿Qué ha pasado?- Preguntó Hermione cuando se quedaron solos.

- No lo sé, cuando llegué ya estaba llorando.

Hermione se acercó hasta los fuegos de la cocina y encendió uno.

- ¿Té?

- Por favor.

Harry comenzó a preparar la mesa para el desayuno como hacía cada mañana la madre de su amigo.

- Son fechas difíciles, ¿sabes? En esta época siempre se derrumba.- Explicó Hermione.

Harry se extrañó por el comentario. Más o menos se había puesto al día de toda la situación actual de los miembros de la resistencia contra Voldemort, sabía a grandes rasgo todo lo que había pasado en ese mundo, en la guerra que se encontraban y cómo habían llegado hasta ella. Fechas difíciles. Algo se estaba perdiendo, algo en el pasado de los Weasley.

- ¿Por qué?- Preguntó con cautela.- Quiero decir… estamos en ¿mayo? ¿Qué ocurre en mayo?

- ¿Sabes por qué no terminamos nuestros estudios?- Preguntó Hermione mientras ponía la tetera en el fuego.- ¿Por qué cerraron Hogwarts?

- No.

- Hace unos años, Voldemort era cada vez más fuerte, pero todavía estaba Dumbledore para hacerle frente. Hogwarts era de los pocos lugares seguros que quedaban.- Empezó a explicar.- Cuando me llegó la carta mis padres se asustaron muchísimo… La profesora McGonagall quiso explicarles cuál era la situación del mundo mágico actual para que decidieran libremente si querían que fuera o no a Hogwarts.

- Y fuiste.

- Por supuesto… Descubrir con once años que eres una bruja es inexplicable.- Dijo con ojos soñadores.- Un mundo enteramente nuevo y lleno de cosas por descubrir se abría ante mí.

- Te entiendo.- Harry recordó ese momento en el que Hagrid, en su onceavo cumpleaños, tiró la puerta abajo y le entregó su carta.

- Así que mi primer año allí fue excitante, nuevo… me encantaba aprender cosas. Aunque todos mis compañeros pensaban que era bastante insufrible, siempre sabiendo todas las respuestas en clase y siendo la bruja perfecta.- A Harry se le escapó una sonrisa nostálgica al recordar a la Hermione de su primer año.- Ron no me soportaba, discutíamos siempre.

- Puedo imaginármelo.

- Entonces llegó nuestro segundo año. Los Weasley se habían ganado la enemistad de muchos magos de sangre limpia y la mayoría de seguidores de Voldemort les odiaban, eran "los mayores traidores a la sangre nunca vistos".

Un escalofrío recorrió la espalda de Harry al escuchar aquello. Algo en su interior sabía el camino que estaba tomando aquella historia y no le gustaba nada.

- Entiendo…

- No, no entiendes… la maldad que tienen todos ellos… hay gente sin corazón, de verdad que lo creo.

- ¿Qué tienen que ver los Weasley con que cerraras Hogwarts?

- ¿Conoces la historia de los fundadores de Hogwarts?- Harry asintió temeroso. No… Por favor, no.- Había una leyenda, una que decía que Salazar Slytherin selló una cámara secreta en el colegio que albergaba un monstruo.- No, no, no… la cámara no.- Un día su heredero la abriría, liberaría al monstruo y acabaría con todos aquellos alumnos que no eran dignos de estudiar magia, todos los que no éramos de sangre pura.

- ¿Y qué…?

Hermione se acercó a la mesa y comenzó a servir agua de la tetera en dos tazas, con los ojos tristes y perdidos. Harry tenía el corazón a mil, algo dentro de él sabía cómo iba a acabar aquella historia y no sabía si era capaz de soportarlo. Tenía la misma sensación que cuando James le contó la historia sobre Lily. Sabía cómo iba a cavar y no estaba preparado.

- Quizás no lo sepas pero Ron tenía una hermana.- No… Por Merlín, no…- Era un año más pequeña que él, se llamaba Ginny.- No, no, no…- No sé por qué la eligieron a ella, supongo que porque era pequeña, porque creían que sería más débil o que al ser la única chica de los hermanos Weasley el dolor sería mayor.

- ¿Qué pasó?- Preguntó con un hilo de voz.

- La familia Malfoy hizo llegar hasta ella un diario.- No, el diario no, por favor.- Ginny no sabía de dónde había salido y empezó a usarlo como un juego, un entretenimiento donde escribir sus pensamientos y sus inquietudes. Pero ese diario había pertenecido a Voldemort en su juventud y acabó poseyéndola.- No…- Ginny liberó al monstruo de la cámara de los secretos, primero poco a poco y después… El caos se apoderó de Hogwarts.- Hermione se sentó junto a Harry, miraba distraída su taza de té.- Murieron niños inocentes. Otros corrimos mejor suerte.

- Y… ¿Ella? ¿Ginny?

Hermione negó con la cabeza y Harry lo supo. El corazón dejó de latirle y un dolor indescriptible le atravesó el pecho. En ese mundo donde estaban, Ginny estaba muerta.

- Cuanto más le poseía el diario, más débil estaba ella. El basilisco que liberó acabó con la vida de varias personas. Yo por suerte lo vi a través del espejo del baño y sólo me petrificó. Desperté unos meses después y me lo contaron todo.

No. Otra vez no. Otra vez un detalle que cambiaba todo. Primero su madre. Ahora Ginny.

- ¿Por eso cerró el colegio?

- La situación fue insostenible con el ministerio, con los padres, con el ministro muggle… Mis padres estaban aterrorizados. Varios alumnos muertos y Ginny…- Harry le miró a los ojos muy atento.- La encontraron en la cámara. Llegaron demasiado tarde…

- No…

Harry dejó de respirar, sentía que el corazón aún no le latía. No. No. No… No podía ser. Ginny no podía estar muerta.

- Fue un golpe muy duro para la familia. A veces creo que Ron todavía no lo ha superado.

Entonces Harry recordó la conversación que había tenido con James. Aquel día sintió que se le estaba escapando algo, que se estaba perdiendo parte de la historia.

- James me dijo que Ron había pasado por un momento muy duro que le hacía no poder mirar al pasado sin dolor.

- Se siente culpable de todo lo que le pasó a su hermana.

- ¿Qué? ¿Culpable? ¿Por qué?

- Ese año Ginny estaba asustada porque sentía que algo iba mal, supongo que empezó a notar que el diario la poseía y tenía miedo. Buscó a Ron durante todo el curso para que estuviera con ella, para contárselo, supongo. Pero Ron sólo creía que era la pesada de su hermana pequeña llamando la atención… quería estar con sus amigos y no con ella.

- Ron no podía saber lo que estaba pasando.

- Lo sé… pero cuando Ginny liberó al basilisco y desapareció en la cámara tardaron en encontrarla y cuando lo hicieron ya era tarde. Ron siempre ha creído que si él le huera hecho caso, que si hubiese sido un buen hermano mayor, Ginny no hubiera bajado a aquella cámara nunca.

De pronto se sintió estúpido. Hacía unos segundos había sentido que se le rompía el corazón en mil pedazos al descubrir que en ese mundo Ginny había muerto. Y peor, había muerto por culpa del diario. Le dolía el corazón. Y entonces se dio cuenta que por mucho que a él le doliera, a su familia le había dolido más. A Ron le había dolido más. Era su hermana pequeña. La imagen de un Ron de doce años angustiado y culpable pasó por su mente.

- Aunque lo hubiera sabido no hubiera podido hacer nada, era sólo un niño.

- Yo lo sé, todo el mundo lo sabe, pero él… Con el paso de los años lo ha ido superando pero una parte de él todavía siente que fue el responsable, que fue su culpa.

- Tuvo que ser duro…

- Dejó de hablar con todo el mundo, siempre estaba enfadado. Su familia le repitió mil veces que no había sido culpa suya, pero…- Hermione se encogió de hombros y le dio un sorbo a su té.- Ese día los Weasley perdieron a dos hijos, Ron nunca volvió a ser el que era.

Las piezas del puzzle iban encajando en la cabeza de Harry. Por fin entendía muchas cosas.

- ¿Por eso es así? Tan… duro.

- Supongo que sí, tiene una vendetta abierta contra Voldemort, nada le haría más feliz que vengarse.

- Contigo es diferente.- Observó Harry.

- Cuando el basilisco fue liberado me pasé dos meses petrificada hasta que hicieron la poción de mandrágora. Un día, cuando aún estaba en San Mungo, vino Ron a verme.- Hermione sonrió por primera vez desde que habían empezado aquella conversación.- Quería pedirme perdón porque había sido Ginny quien había soltado al basilisco. Desde entonces nos hicimos amigos. Supongo que hay cosas que te unen de por vida, como que seas petrificada por un monstruo gigante.

- O derrotar a un trol en el baño de chicas…- Susurró inconsciente.

- ¿Qué?

- Nada…

- Ahora ya sabes por qué lloraba la Señora Weasley… El veintinueve de mayo será el aniversario del cierre de Hogwarts y de la muerte de Ginny.

Escuchar las últimas palabras en alto hizo que se hiciera más real. En ese mundo en el que estaban sus padres nunca habían estado juntos, él nunca había nacido, Voldemort había acabado con el único niño que suponía una amenaza para él, el mundo mágico estaba en plena guerra, el heredero de Slytherin había hecho purga en Hogwarts y Ginny Weasley había muerto siendo el títere del Voldemort.

Odiaba ese lugar. Odiaba que un pequeño detalle lo hubiese cambiado todo.


Se pasó el resto del día dándole vueltas a la cabeza, imaginándose un mundo sin Ginny, sin su risa, sin su valentía, sin su carácter arrollador. No quería un mundo así. No quería vivir en un lugar sin ella.

- ¿Qué te pasa?

Ginny salía del baño de la habitación que compartían con el pijama puesto y ojos interrogantes.

- Nada.

Intentó sonar casual, pero sabía que Ginny no se lo había creído.

- Mira.- Dijo sentándose al lado de Harry en la cama.- Tengo algo que te va a animar.

- ¿Ah, sí?

Ginny abrió la mesilla que tenía al lado y sacó dos varitas de dentro, la suya y la de Harry.

- James ha venido a dármelas mientras estabas en la ducha.

- Vaya… ¿Ya se fían de nosotros?

- Eso parece, aunque por lo que ha dicho a Ron no le ha hecho mucha gracia que volvamos a estar "armados".

- Ya…

- ¿Estás bien? Pensé que te alegraría tener tu varita de vuelta.

- Sí, sí, me alegro. Estoy un poco cansado, nada más.

- ¿Seguro?

- Seguro, en serio, vamos a dormir.

Ginny le escudriñó con la mirada una última vez antes de levantarse y dirigirse al lado de la cama en que dormía cada noche. Ginny sabía que estaba mintiendo, lo podía notar, y aún así no había insistido en querer saber qué le pasaba. Agradecía su discreción y su paciencia, siempre sabía cuándo dejarle solo con sus pensamientos y cuándo no meterse. Y esa era una de esas veces.

Se metió en la cama junto a ella y la miró mientras Ginny apagaba la luz. Todavía podía ver su silueta aún a oscuras. Tenía que decírselo, tenía que contarle lo que había descubierto. Pero no se veía con fuerzas de decírselo. O quizá no tenía fuerzas para decirlo en voz alta. No se veía capaz de hablar de la muerte de la Ginny de ese mundo, no sabía cómo iba a reaccionar ella, no quería derrumbarse al contárselo y exponer sus sentimientos. Pero tenía que decírselo, lo sabía.

Suspiró y se giró para no mirarla. No quería un mundo sin Ginny Weasley.


Llevaba horas dando vueltas en la cama. Ginny se había dormido hacía mucho rato y él no paraba de pegar a la almohada para que cogiera forma y poder encontrar postura. Pero sabía que la cama no tenía la culpa. Era él. Su cabeza no dejaba de girar en mil direcciones y mil pensamientos. Se levantó con cuidado de no despertarla y cogió su varita. Era agradable poder volver a tenerla entre sus manos. Se sentía incompleto sin ese trocito de madera, pero era parte de él.

Salió de la habitación y se puso a recorrer los pasillos sin rumbo. Necesitaba gritar, llorar, soltar energía de algún modo.

Escuchó ruido y paró en seco, con la varita en alto. Se pegó a la pared y giró la cabeza en la esquina más cercana. Pero esperaba ver de todo menos aquellos.

Ron salía en pijama de la habitación de Hermione y los dos, bajo el dintel de la puerta, se despedían con un apasionado beso.


Hasta el próximo capítulo...

¿Ron saliendo de la habitación de Hermione a altas horas de la noche? Eso merece explicación jajajaja.

Aclaraciones: En los libros, los sucesos de la cámara de los secretos ocurrieron el 29 de mayo de 1992. Harry y Ginny se besan después del partido en sexto año un 11 de mayo. Esta historia que estoy escribiendo comenzó unos días antes de ese famoso partido y ese famoso beso delante de cincuenta personas, después de que Harry escondiera el libro en la sala de los Menesteres.

Un beso enorme, espero vuestros comentarios y hasta el próximo capítulo!

Iruna