Unos ruidos en la cocina comedor la despertaron. Aún no había amanecido y su compañero de cuarto ya estaba de pié dando vueltas por el departamento. Se giró sobre el fotón tratando de conciliar el sueño nuevamente, pero los ruidos en la sala contigua no mermaban. Desganada Katara se incorporó con un mohín dibujado en su cara. había sido un viaje largo y agotador. Luego recordó que Zuko estaba a cargo del Dragón Jazmín por lo que no podía culpar al muchacho de levantarse temprano. Se pasó los dedos por el enmarañado cabello tratando en vano de arreglar lo que veía reflejado en el espejo del aparador. Igual debería salir del cuarto, pues el cuarto de baños estaba cruzando la sala donde se encontraba su amigo.
Para cualquier individuo, salvo para ella, ver al Señor de la Nación del Fuego preparar el desayuno y limpiar los trastos hubiera sido algo inconcebible. Pero Zuko no era cualquier regente de dicha nación. Era un hombre que se hizo así mismo, surgiendo desde lo más bajo hasta llegar a donde se encontraba hoy: preparando el desayuno para ella y él. Con parte de su cabello recogido en un mono, donde generalmente descansaba la insignia de su jerarquía, que hoy no portaba, con un delantal amarrado a la altura de su cintura, servía en un par de tazas el té.
-Por fin despiertas- Katara se sobresaltó ante la mención. Por un momento pensó que él no se había percatado de su presencia en el marco de la sala.
-Estaba de camino al baño. De todas formas es muy temprano, el sol sigue oculto.- Zuko dirigió su mirada hacia la ventana más cercana. Efectivamente seguía oscuro, pero amanecería pronto.
-Eso parece. De todas formas tengo que abrir el negocio pronto. Hay clientes que inician el día con una buena taza de té.- Miró a la joven con una cálida sonrisa. Ella solo levantó un poco los hombros y se dirigió al baño para higienizarse.
Unos ojos pequeños le devolvían la mirada. El agotamiento por el viaje habían hecho mella en ella. Con unos movimientos elegantes arrojó agua fría a su rostro con la intención de lograr despertar y sacarse la pereza de encima. A duras penas logró desenredar su cabello y dejarlo decente. Como estaba en el Reino de la Tierra, intentó realizar un peinado típico del lugar. Recordó que en su mayoría eran todos recogidos con algún que otro mechón cayendo a los costados del rostro. Le pareció un poco soso dicho estilo.
-Katara! Se enfría tu té!- Zuko le llamaba, lo que obligó a la joven por tomar una solución rápida y práctica. Una coleta alta, que pese que intentó sujetar todo el cabello, algunos mechones rebeldes escaparon del agarre. Sin embargo, el espejo le devolvía una vista bastante agradable de su nuevo estilo, sencillo, práctico y elegante.
Cuando salió del cuarto de baños, pudo ver a su amigo platicando con un joven de unos diez años aproximadamente que le entregaba una canasta. El aroma que salía del pequeño objeto de mimbre le hacía agua la boca. El olor dulzón a panecillos recién horneados inundó el departamento. Al despedirse Zuko del muchachito, se volvió hacia ella.
-Viene todas las mañanas para traerme una muestra de los pasteles que venderemos en la casa de Té. Es un buen muchacho. Quieres probar alguno? - El aroma de los panecillos era embriagante. No hubo mucha necesidad de insistir, la cara de Katara lo decía todo. La pequeña canasta contenía pastelitos con crema, otros rellenos de jalea o de frutas. Cada uno era un manjar. Acompañados de una deliciosa taza de té, eran la compañía perfecta para iniciar el día.
Luego de limpiar lo usado durante el desayuno, ambos jóvenes se disponían emprender camino hacia el trabajo. Ya en la puerta del local los esperaba un hombre fornido y el muchachito que habían visto temprano parados al lado de una carreta. Por el lado posterior del vehículo, habían bandejas con pastelillos. El aroma lo confirmaba.
Zuko abrió las puertas del local y con la colaboración del hombre y el muchacho ingresaron la mercadería. Zuko introdujo Katara a Zung Huan, el dueño de la panadería ubicada a unas calles de allí que le proveían de la pastelería. Su hijo, Yian Huan era el muchachito que se encargaba de entregar los primeros pasteles a Zuko para su aprobación. Como su tío, Zung gustaba realizar nuevas versiones y crear nuevas fórmulas para crear los mejores pasteles de Ba-Sing-Se. He de allí, que luego de conocerse con Iroh idearon esta estrecha colaboración, que benefició ambos negocios. El Dragón Jazmín no solo ofrecía el mejor té de la ciudad, sino que brindaba la posibilidad de acompañarlos con los mejores pasteles de la mejor pastelería y panadería del lugar. Ambos locales incrementaron su clientela y popularidad, si eso fuera aún posible.
Katara colaboró con la ubicación de los pastelillos para que fuera aún más atractivo. Para cuando terminaron, el sol empezaba a derramar luz sobre la ciudad, y así también empezaron a llegar comensales. En su mayoría y por sus vestimentas, era gente trabajadora de distintas zonas de la ciudad. Algunos era asistentes de comercio, otros albañiles y algunos estudiantes de la universidad.
El agua en las pavas empezaba a hervir y los distintos aromas de las hierbas inundaban el lugar. El dulzor se quedaría toda la jornada invitando el ingreso al local a cualquier curioso o deseoso de un buen té. Como parte del staff, Katara obtuvo un uniforme y delantal como el que llevaba Zuko. La joven se vio sorprendida por la variedad de personas que ingresaban al local. Desde personas muy humildes a muy adineradas, todas ellas que iniciaban su días muy temprano. Por lo que Zuko le comentó, Iroh hacía un precio especial para los trabajadores y estudiantes. Como general retirado, obtenía un buen ingreso de la Nación del Fuego por los servicios prestados. Ergo, la casa de Té era un hobby, una actividad placentera y no un negocio necesariamente. Por los que el dinero no era su principal objetivo. Hacer esos descuentos y poder brindar la posibilidad que más personas disfruten de una buena taza de té, llenaban de felicidad al ex-general.
Katara se acercó para tomar el pedido de quién vendría a ser su séptimo cliente. Una muchacha, más o menos de su edad, de rostro amable, con el cabello un poco desaliñado. Tomó una de las cartas del menú para llevarlo hasta allí. Ambas muchachas se sonrieron cuando Katara ya estaba a su lado.
-No te preocupes, ya sé lo que deseo ordenar- Con una sonrisa y un leve gesto de mano, la muchacha dio a entender a Katara que no necesitaba ver el menú. - Podría ser una taza de té de jazmín y ginsen con dos pastelitos de crema? Pro favor?- matara asintió levemente y se acercó a Zuko para darle el pedido. El muchacho estaba de espaldas mientras seleccionaba una taza y realizaba el preparado. En tanto que Katara colocaba en una pequeña canastilla la bollería que la muchacha ordenó. Con casi todo listo en la bandeja, Katara esperaba el té que con sumo cuidado Zuko terminaba de preparar.
Minutos después, Katara volvía a la mesa de la muchacha para dejar su pedido. Por alguna razón ella comenzó a sentirse algo incómoda bajo la mirada escrutadora de la clienta. Pensó que si esquivaba su mirada podría seguir con sus quehaceres en el local. Justo cuando estaba por terminar de realizar el servicio allí la clienta interrumpió sus pensamientos. -Eres nueva?-
Luego del último pedido para la mesa once, Zuko pudo relajarse. El local estaba lleno, no había mesas vacías por ningún lado y todos los pedidos habían sido satisfechos. Gran parte de los pastelillos habían sido repartidos, por lo que tal vez a la tarde necesitaría realizar un nuevo pedido al Sr. Zung. Pero algo o más bien alguien faltaba. Buscó a su compañera por la zona de la cocina y el mostrador, pero no la encontró. Recordó que su ultimo pedido fue a la mesa once. Allí estaba, sentada en la silla del acompañante. Sus ojos no daban crédito a lo que veía: Katara platicaba animadamente con Jin. Jin, la muchacha que durante las últimas noches esperó en la fuente. Jin, la muchacha de su primer beso. Jin, su primera cita. Jin hablando con Katara. En un desesperado intento por llamar la atención de su amiga buscó un nombre para llamarla.
-Suki! Suki!- Katana parecía no prestarle atención, aunque en realidad la muchacha ante la mención de su amiga empezó a buscarla por el salón con la mirada.
-Parece que Lee te llama- le recalcó la joven que tenía sentada en la mesa. Matara dirigió una mirada a Zuko, quién parecía que sufría un ataque al corazón por lo rojo y agitado que se veía. El joven le hacía señas de que viniera hacia él con suma urgencia en un manojo de señas de mano. Katara se disculpó con la muchacha y emprendió marcha hacia el mostrador.
-Suki?- ella lo miró interrogándolo. Zuko dio un profundo suspiro.
-Ella es Jin- Fue en ese instante que Katara cayó en cuenta del porqué esa muchacha estaba tan curiosa de la relación que tenía ella y Zuko, alias Lee, y desde cuando trabajaba ahí, y demás preguntas.- Te preguntó tu nombre?-
-Si, pero justo me llamaste "Suki" por lo que creo que nos salvamos de un bochorno. Por cierto no se te ocurrió otro nombre?
-Era "Suki" o "Toph", no se me ocurrían otras opciones, aunque "Azula" podría haber sido una…hmmm- la cara de desagrado ante la última opción no se hizo esperar.
-No eres bueno con los apodos cierto?-Zuko levantó los hombros y esbozó una sonrisa de disculpas- Cual es el apodo de tu tío?-
-Mushi…-Katara hizo una mueca, en una mezcla de incredulidad y desaprobación, levantando una ceja. Finalmente Katara concluyó que "Suki" era su mejor nombre de pila mientras estuvieran en Ba-Sing-Se.
-Quieres hablar con ella? Parece muy emocionada de verte por estos lados. Por la forma en que te mira y me preguntaba de ti, debes ser una persona muy especial.- Zuko la miró para luego desviar su vista hacia la mesa once. La muchacha aún seguía allí, expectante y observadora. Sería lo mejor, luego de tanta espera, ir hablar con ella.-No te preocupes, yo me encargo del resto- Zuko asintió y se encaminó hacia donde Jin se encontraba.
