Apoyada sobre el mostrador, Katara podía ver que Zuko estaba nervioso. Se rascaba la nuca, gesticulaba mucho con las manos y daba pequeños saltitos en la silla. En tanto, Jin, la muchacha que tenía Zuko en frente atinaba a sonreír, emitir ciertas risitas y mirarlo detenidamente.

Los pensamientos de la maestra agua se vieron interrumpidos por un grupo de comensales que deseaban pagar la consumición. Con mucha diligencia buscó las anotaciones de Zuko, y encontró en esa perfecta caligrafía cuanto debía abonar la mesa tres. Llevando una bandeja para recoger la vajilla y un trapo para levantar las migajas, se acercó a los clientes que la solicitaban.

Con una bella sonrisa Katara le dijo el costo - Cinco monedas de plata señores- Los hombres mayores, un poco regordetes asintieron y rebuscaron en su bolsillos.

-Jovencita, si dejas que esa conversación siga así perderás a tu hombre…jejeje- Uno de los hombres más regordetes y algo calvo le hizo aquel comentario que la tomó por sorpresa.

Katara negó con la cabeza -nosotros solo somos primos lejanos- un bufido de decepción lleno la mesa.

-Y pensar que se ven tan lindos juntos mientras trabajan-

-Una total lástima, hacen una hermosa pareja-

-Ciertamente Zang- otro suspiro en la mesa -Hubieran tenido unos hijos preciosos-

Los comentarios empezaban aflorar entre los hombres como si ella no existiera. Le pareció un poco descortés dichas opiniones acerca de su vida o elección con Zuko. Lentamente sin prestarle más atención a ella, los hombres fueron despejando la mesa y encaminandose hacia la salida del local. Todos saludaron amablemente a Zuko, pero el comentario de uno le llamó la atención al joven que se volvió hacia Katara con una mirada curiosa, que duró un par de segundos.

Entraron y salieron varios comensales más. Zuko seguía hablando con la joven Jin hasta que finalmente ella pareció que iba a pagar su mesa y con gestos negativos él se lo impidió. Katara supuso que la casa invitaba esta vez. Con cierta reticencia, el joven se acercó al mostrador donde Katara estaba seleccionando unos pastelillos para el siguiente pedido. Cruzaron miradas por un breve instante y Zuko tomó las anotaciones de la chica para ver que infusión debía preparar.

-Esos hombres que salieron hace un buen rato…dijeron algo que llamó mi atención- Katara le miró de reojo levantando una ceja- "lástima que sean primos"- Un sonrojo violento se apodero de las mejillas de la joven.- Tienes idea a que se referían? - Zuko al verla notó el rubor brillante en Katara -Estás bien? tienes fiebre?- Por un momento ella pensó que Zuko era un idiota. No podía diferenciar el rubor de fiebre del de vergüenza. Luego reflexionó que tal vez era lo mejor, mejor que él pensara que estaba enferma.

- No es nada- Katara se quitó el delantal que llevaba- Saldré unos minutos a tomar aire fresco-.

-No te preocupes, puedo hacerme cargo del resto, ve tranquila- Dicho esto la joven emprendió un pequeño paseo por la ciudad. Cruzando puentes, pudo ver un hermoso árbol en flor que se erguía al lado de unos de los canales. Este regalaba una bella sombra. Ante tanta belleza y paz que emanaba del lugar, Katara decidió tomar una pequeña siesta bajo la sombra de ese árbol.

Katara se despertó sobresaltada. No recordaba donde estaba ni por cuanto tiempo quedó dormida allí. Le costó reconocer el lugar. Le dolía un poco la cabeza, y no querías recordar lo que había soñado. Se reincorporó a duras penas y trató de regresar lo más pronto posible a las Casa de Té.

Al llegar al lugar, notó que había estado ausente por varias horas. Sin embargo, Zuko pudo arreglárselas muy bien. El joven al notar la presencia de la recién llegada se acercó a ella con una sonrisa y la guió hasta una de las mesas que estaba libre. Al rato regreso con una bandeja con unos bocadillos salados y un par de tazas de té.

Ambos comieron en silencio hasta que Zuko interrumpió -Esta noche saldré a cenar con Jin. Espero que no te moleste- Katara atinó a levantar los hombros y seguir con su comida.

La jornada terminó sin mayores sobresaltos. Pasaron por el negocio del Sr. Zung para repartir las ganancias del día y continuar así su trayecto hacia el departamento. Poco o nada se dijo, el cansancio era palpable en ambos. Sin embargo Zuko debía prepararse para una ocasión especial.

Katara realmente no cayó en cuenta de que en realidad su amigo le pedía permiso o disculpas por dejarla sola esa noche. Pero por que habría ella de molestarse? Ya en el departamento observaba como el joven buscaba que ponerse, mientras iba preparando el cuarto de baños para darse una buena y relajarte ducha.

Katara sin muchos ánimos observaba la escena, con una expresión de aburrimiento dibujada en su rostro y su mentón apoyado en su mano, cuyo codo descansaba perpendicularmente al plano de la mesa. Podía escuchar a Zuko silbar animadamente mientras se aseaba. Por qué habría de molestarle a ella? Zuko podía salir con quién se le plazca. Además, él dijo que solo quería agradecerle los buenos recuerdos de su última estadía en Ba Sing Se. Qué podía tener de malo ello? Por otro lado, desde cuando ella tiene sentimientos posesivos sobre la persona del muchacho?Él no es Aang. No se parecen en nada.

Pero a quién quería engañar. Dejando caer sobre la mesa y usando sus brazos de almohada, Katara se perdió en sus pensamientos. Y es que no era menos caer en cuenta que la verdadera razón por la que ella se encontraba allí no tenía que ver exactamente con ver a Zuko. En realidad estaba huyendo de una verdad: su relación con Aang no estaba del todo bien. No era que el joven monje haya cambiado su alegre forma de ser. Tal vez, quién cambió fue ella. Puesto que para su novio todo iba sobre ruedas, para ella no era de esa forma.

-Te encuentras bien?- la voz del Señor del Fuego, alias Lee en el Reino de la Tierra, hizo que la muchacha aterrizara del mundo de sus pensamientos. Ella levantó la vista para encontrarse con una imagen un tanto shoqueante. No es del hecho de que Zuko estuviera semi desnudo con solo una toalla cubriendo desde su cadera hacia la mitad de sus muslos. Tampoco el hecho que tener el cabello mojado y una que otra gota de agua escurriendo por el cuerpo sea algo ajeno a ella. Teniendo en cuenta que su hermano Sokka no es exactamente una persona muy pudorosa y que ella viajó por bastante tiempo rodeada casi exclusivamente de varones, no habría mayor razón para sentirse avergonzada de ver a su amigo en las condiciones que normalmente un chico está cuando recién sale de tomar una ducha.

Pero fue para ella, como si lo viera por primera vez. Ya no como aquel muchacho cabeza dura que años atrás los había perseguido incansablemente. Ni como el joven que buscaba redimirse, no por honor, si no por hacer el bien y lograr justicia. Estaba mirando a Zuko no como un amigo, si no como un hombre. Zuko había madurado mucho, tanto que recién ahora se daba cuenta del verdadero cambio. Otra cosa que notó es que la pequeña barba fue eliminada dejando una mandíbula inferior suave al tacto. O eso parecía.

-Estoy bien, no pasa nada- hizo una breve pausa- creo que es cansancio y nada más. Mejor me voy a dormir, que disfrutes tu salida- Ante ese escueto monólogo de la chica, el muchacho le quedó mirando con extrañeza. No sabía decir si en realidad era cansancio u otra cosa que afectaba a su amiga. Una vez que Katara desapareciera hacia el interior de la habitación donde quedaba, él continuó con sus preparativos para el encuentro con Jin. El lugar, la fuente de la farolas, la hora…Pues en realidad, estaría tarde si no se apuraba.

Logró vestirse y terminar de arreglar su cabello que peinó en un típico estilo masculino de su nación, dejándolo semi suelto de forma tal que pudiera terminar de secarse de camino a su cita. Saludó a Katara desde la puerta y emprendió marcha hacia el lugar pactado. Poco o nada podría saber Zuko que en el cuarto que alguna vez ocupó, Katara no paraba de girar sobre si misma en el fotón por la marea de pensamientos contradictorios que inundaban su mente.