Pensar mucho no le hacía bien. Menos sobre analizar la situación. En teoría el panorama era claro. Ella y Aang se encontraban distantes, o al menos así lo percibía ella. Distancia que se profundizó con la gran carga de tareas y viajes, sin contar los incesantes esfuerzos por unir las naciones. No podía borrar de su memoria la expresión dolida de su pareja, o ex pareja. Cuán sólidos parecían sus fundamentos en su mente y cuán fácil parecían decirlos. Era verdad que cargó con bastante culpa luego de marcharse.

Pero era necesario. Si este lapso separados era una prueba de la solidez de su relación y ella sólo estaba confundida, volvería a los brazos del maestro aire cualquier día. Pero no engañaba a nadie, pretendiendo camuflar su miedo de que otra mujer tomara su lugar en el corazón de Aang. Por momentos, ese pensamiento la mortificaba. Si ellos llegaran a tener hijos, serían muy bonitos, como los que podría tener con Zuko…

Porqué él? Porqué ahora? Katara miraba el cielorraso, como si este fuere a darle las respuestas a sus preguntas. Zuko estaba en su cita, al menos hacia una hora, y ella en el departamento, recostada en el futón, mirando hacia el techo.

Lo único que logró sacarla de sus pensamientos fue un golpeteo en la puerta del departamento. Con cierto desgano, se dirigió a ver que sucedía. Del otro lado de la puerta se encontraba el muy sonriente señor Shuu, quién sostenía un anuncio.

-Oh! Señorita Jin, que gusto encontrarla, el joven Lee está con Ud?-

-Buenas noches Señor Shuu, mi primo salió, tenía una reunión-

-Oh que pena, y lo digo por Ud. señorita. Hoy es una noche especial!- su entusiasmo se reflejaba en la forma en que sacudía el papel en su mano- Si el joven Lee salió, Ud. también debería. Hacia las zonas altas de la ciudad hay un festival. En realidad Ud. llegó justo a tiempo para las celebraciones!- diciendo esto le extendió el papel, ya arrugado de tanto aventar- Señorita Jin, no deje pasar esta oportunidad. Cosas mágicas suceden aquí en Ba Sing Se!

La euforia del señor Shuu pudo haber sido contagiosa, o el hecho de que el festival era una mejor opción que comerse la cabeza con los pensamientos que estaba teniendo. Luego de agradecerle al casero por la novedad que le traía y despedirse de él, se concentró en las letras y dibujos del festival.

No era solo un festival, era un festival de disfraces. Habría música, espectáculos y en algún momento de la noche, fuegos artificiales. Katara se dirigió hacia la ventana más cercana y vio a lo lejos una zona de la ciudad muy iluminada, que de afinar el oído se podía distinguir un sonido musical. Recordó aquella vez que se disfrazó de la Dama Pintada, que como es un espíritu del Reino de la Tierra, sería un personaje adecuado para disfrazarse.

No lo pensó mucho, cuando buscaba entre sus pertenencias los ropajes y maquillajes para poder adquirir la imagen del espíritu. Minutos después, se admiraba en el reflejo del espejo. Ya por tomar el pomo de la puerta, pensó en Zuko. Pero si ella regresaba antes que él no habría problema. Además, él no revisaría su habitación, pero no sería prudente que el señor Shuu la viera marchar.

Opción más inteligente, salir por la ventana y llevar su cantimplora con agua cargada y lista para usar ante cualquier eventualidad. Ella estaba lista para un poco de diversión y despejar su mente de cualquier pensamiento. Hechó un último vistazo a su habitación, a las almohadas que abultaban su futón, para el solo caso que Zuko quisiera echar un ojo en ella por su bien estar, y salió, casi volando sobre los techos hacia el área del festival. Recordaba que Zuko no llevaba ningún disfraz al salir, por lo que dudaba encontrarlo allí.

Desde un edificio cercano a la calle principal donde se encontraban los puestos de todo tipo, pudo notar que había mucha luminosidad, por lo que desde un oscuro callejón se mezclaría con la gente. No había previsto que la Dama Pintada fuera tan popular, que varias jóvenes e incluso niñas pequeñas iban disfrazadas como ella. Si bien su atuendo carecía de originalidad, podría mimetizarse con el gentío y pasar aún más desapercibida.

Pasando por distintos puestos, los aromas a todo tipo de exquisiteces le llenaban los sentidos y le habrían el apetito. Aunque siendo vegetariana, le costó encontrar un puesto que sirvieran alimentos que pudiera consumir. Estaba fascinada con la idea de los largos mesones en ciertos sectores donde uno se podía sentar y compartir mensa con todo tipo de personas, y tener charlas amenas. Las risas y chistes resonaban en distintas partes a lo largo de los mesones. Se escuchaban historias fantásticas de viajeros, espíritus y demás aventuras.

Katara jugo alguno de los juegos de feria, obteniendo una pequeña muñeca de madera, muy hermosamente decorada, que le regaló a una pequeña que observaba asombrada como lograba encestar en todos los blancos del juego. Siguiendo con el recorrido del festival, un pequeño puesto de dulces de arroz le llamó la atención. Una dulce anciana ofrecía unos dulces decorados. Katara compró un paquete pequeño para poder disfrutarlos en el momento de los fuegos de artificio.

Alzando la mirada, buscaba entre los edificios del festival un punto ciego para poder ubicarse en el techo y disfrutar del espectáculo de luces que estaba pronto iniciar. Para su fortuna, uno de los techos se encontraba a oscuras, pues la luminiscencia no llegaba hasta allí.

Minutos después, la gente empezaba a congregarse hacia el centro del festival para obtener una buena vista del espectáculo que iniciaría en segundos más. Algunos pudieron conseguir lugar en balcones mejores ubicados, otros se subieron a los árboles, en tanto, la gran mayoría, en especial parejas, se abrazaban.

Katara no esperó que hubiera una banda musical para los fuegos, pero la música completaba el espectáculo. Los colores y formas decoraban el cielo de una forma bellísima con la música acompañando la coreografía de luces. Por unos segundos Zuko se cruzo en su mente, habrían pasado cerca de cuatro horas en que ella salió y al menos cinco desde que él se fue. Supuso que él se estaría perdiendo de esta fascinante vista.

Una presencia cerca suyo la sacó de sus pensamientos. Todo su cuerpo estaba cubierto de ropas negras, pero su rostro lo tapaba una máscara. Por el instante en que se miraron, o eso parecía, la máscara apareció azul, pero luego se teñía de los colores de las luces del cielo. Por un momento, esa máscara le era familiar. Tardó unos minutos en recordar que la había visto en la obra de teatro, aquella vez que estuvieron en la Isla Ember, cuando Zuko entrenaba a Aang en la vieja casa vacacional de la familia real. El Espíritu Azul.

Al parecer, su extraño acompañante advirtió la expresión de estupefacción de ella, por lo que para distraerla, metió la mano dentro del paquete de los dulces y levantando levemente la máscara, se lo llevó entero a la boca. Luego de unos minutos, le hizo seña de aprobación. Katara logró tartamudear un simple "gracias". Luego el muchacho le hizo señas en dirección a los fuegos artificiales, haciendo que ella regrese su atención allí.

Pasado unos minutos y finalizado el espectáculo, la banda cambió el estilo de música por algo más movido, incitando a los presentes a conseguir parejas y bailar. Su extraño acompañante de un momento a otro se paró ofreciéndole a la maestra agua su mano. Luego de tomarla, se vio tironeada por el muchacho hasta lo que vendría ser un patio trasero al cual saltaron, saliendo hacia la calle por una puerta lateral.

En realidad ella no deseaba bailar, no es que no supiera o fuera terriblemente mala. Pensaba que se había hecho demasiado tarde para no levantar sospechas en Zuko. Si bien tenía un sueño pacífico, pero algo de ruido seguro hacía al dormir. Pero en el momento que su misterioso compañero de baile la hizo girar sobre sí un par de veces, no había marcha atrás.

Los movimientos eran armoniosos, elegantes. Katara se sentía en las nubes de momento. No había Aang o Zuko en su mente. Si no esos hueco profundos, los colmillos y la máscara azul. Su Espíritu Azul y ella su Dama Pintada. Dos espíritus muy humanos, con más comunicación corporal y por señas que jamás haya tenido experiencia ella. En más de un momento se vio absorbida en esos ojos oscuros, atraída por el aroma del joven misterioso. Pero por otro lado se sentía algo ridícula. Cómo podía ser que por algo de compañía, un poco de baile, se sintiera tan atraída por un perfecto desconocido?

En una de las volteretas, pudo ver que el puesto de la anciana de los dulces había cerrado, pero observando mejor, varios puestos habían cerrado, quedando los menos con alguna clientela. Era bastante tarde, y por la posición de la luna, amanecería pronto. Katara no se percató del tiempo transcurrido, y su acompañante mucho menos.

-Perdón- se detuvo súbitamente en frente de él- me tengo que ir- el muchacho intentó tomarla de la mano, pero ella lo esquivó- lo siento, de veras, pero debo irme –mirando hacia sus pies pensó que más decirle- lo pasé muy bien y… espero que nos volvamos a ver… Espíritu Azul- inclinándose un poco hacia él, corrió del lado derecho la máscara, lo suficiente para dejarle plantado un beso en la mejilla.

No terminó el muchacho salir del estupor, cuando Katara corría hacia el primer callejón oscuro que encontrase y ayudarse con el agua control para acceder a los techos más rápido y llegar a su ventana. La adrenalina corría por sus venas, las emociones inundaban su mente y su corazón latía tan rápido y sonoramente, que tenía miedo de despertar a Zuko por el ruido.

Mientras se desvestía, creyó ver una sombra entrar por la ventana de la cocina comedor, pero al asomarse a la sala no vio nada. Habría sido su imaginación, pero de momento, ella tan solo deseaba soñar con una de las mejores noches en Ba Sing Se.