Weno, ya sabemos q ibamos a actualizar el jueves, pero la tecnología no se ha puesto de nuestra parte, porq el orde de trinity nos ha pegao un susto tremendo estropeándose (suspiro de alivio porq no se nos han borrado los caps ya corregidos, q si no nos qdamos sin historia...).
N/A: Pos eso, q aquí está el segundo cap, y el próximo lo subiremos el lunes o así (eso, claro, si no vuelve a haber ningún problemilla técnico...).
Disclaimer: Obvio, nada de esto es nuestro, si no estaría impreso en papel del weno y nosotras forradas...
Respuestas a los reviews al final del cap
2
En la Madriguera
Harry no pudo dormir una vez se despertó a las seis de la mañana, estaba demasiado nervioso y emocionado. Tras la pérdida de Sirius, se había visto obligado a regresar a Privet Drive y necesitaba ver a las únicas personas que lo querían de verdad, reencontrarse con sus mejores amigos. Se incorporó en la cama para vestirse y esperar a que los Dursley bajaran a desayunar.
Cuando el reloj del comedor dio diez campanadas, Harry ya estaba más que preparado para marcharse. Todo su equipaje estaba listo, Hedwig estaba en su percha y lo único que hacía Harry era dar vueltas en círculos en su habitación.
En cuanto los primeros ruidos matutinos se escucharon desde la cocina, Harry bajó a desayunar. Llevaba tres semanas en Privet Drive y no veía la hora de alejarse de allí.
-Espero que esta vez la sala quede intacta –espetó tío Vernon.
Harry le lanzó una mirada fulminante, capaz de atravesar los ojos de su tío.
Tras el desayuno, Harry se dirigió a las escaleras de entrada, esperando la llegada de los Weasley y rezando por que no fuera demasiado accidentada.
No podía estarse quieto, de modo que se dirigió al porche del jardín trasero. Allí no se encontraría con las miradas de curiosidad de los vecinos que paseaban por la calle que daba al jardín delantero. Se recostó en un banco de madera mientras pensaba en Hermione. ¿Por qué no había recibido noticias suyas aún? La verdad era que comenzaba a inquietarse por su mejor amiga. Aunque si hubiera habido malas noticias al respecto, pensó, ya lo habrían puesto al corriente.
Mientras estaba sumido en sus pensamientos, pudo oír un pequeño sonido, muy leve, frente a él: se trataba de una especie de zumbido. Al momento se abrió un pequeño vórtice a un metro de altura del césped del jardín trasero, del cual salieron disparados cuatro figuras con el cabello de un color rojo intenso. Se trataba, claro está, de Ron Weasley, acompañado por sus hermanos, los gemelos Fred y George, así como su padre, Arthur Weasley.
-¡Ay¡Ron, quítate de encima! –exclamó Fred. No habían sido capaces de controlar la caída, por lo que todos yacían en el suelo, uno encima de otro. En cuanto recuperaron la compostura, cuatro pares de ojos se detuvieron en Harry.
-¡Harry, me alegro de verte¿Cómo estás? –preguntó Ron, que había crecido al menos un palmo durante el verano, al tiempo que le daba un abrazo amistoso.
-Bien, ahora que me voy –contestó Harry, que era casi tan alto como su amigo, con una sonrisa en los labios. Tanto Fred como George le dieron una palmada en la espalda a modo de saludo. El señor Weasley, por el contrario, estrechó la mano de Harry.
-Encantado de volver a verte, Harry –lo saludó el padre de Ron. De pronto, Harry no pudo evitar acordarse de Percy. ¿Qué habría sido de él?
Tenía mucho interés en saber algo sobre la situación del tercer hermano Weasley, pero no quiso mencionar el tema delante del padre de Ron, era algo muy delicado. Percy, uno de los hermanos mayores del pelirrojo, no había tenido relación alguna con su familia por lealtad al Ministerio de Magia, ya que todos los Weasley discernían con el Ministro de Magia, Cornelius Fudge, acerca del regreso de Lord Voldemort. Harry pensó en preguntarle sobre ello a Ron cuando estuvieran a solas.
-Nunca pensé que llegaríais hasta aquí en traslador –comentó Harry.
-Bueno, era una de las opciones más seguras. Muchos magos del Ministerio expertos en trasladores vigilan los conductos de traslación, por lo que no hay peligro alguno –explicó el señor Weasley–. Será mejor que recojas tus cosas, Harry, el traslador estará a punto de un momento a otro.
Harry se apresuró a entrar en casa mientras oía cómo el señor Weasley advertía a Fred y George que no esperaba un comportamiento inadecuado con el primo de Harry, si éste aparecía.
-...no nos hace falta otro incidente como el de hace dos años con aquellos caramelos...
Tanto Fred como George se apresuraron en cambiar su sonrisa por una mueca de inocencia, aunque no diera resultado. Harry estaba seguro de que tramaban algo.
Harry subió velozmente las escaleras hacia su habitación seguido por Fred y George, y entre los tres bajaron el pesado baúl y la jaula de Hedwig. Los tres chicos se encontraron cara a cara con tío Vernon en el recibidor.
-Bueno, ya me voy, han venido a recogerme –dijo Harry a su tío-. Hasta el próximo verano -entonces tío Vernon le lanzó una furibunda mirada a su sobrino sin mediar palabra.
Mientras tanto, los gemelos se dirigieron a la sala de estar que daba al jardín trasero. Allí, en el sofá, se encontraba Dudley mirando el televisor, como de costumbre. En cuanto se percató de la presencia de Fred y George, pegó un bote y se irguió rápidamente.
El padre de Ron vigilaba los movimientos de los gemelos desde el jardín y al darse cuenta de sus intenciones, entró en la sala de estar para sacarlos de allí cuanto antes.
Harry arrastró el baúl hasta el jardín mientras el señor Weasley esperaba la señal que indicara que el traslador estaba a punto:
-Daos prisa, el traslador estará listo en menos de un minuto.
Ron ayudó a Harry con el baúl y se apresuraron hacia el lugar donde se encontraban los demás.
-... cuatro, tres, dos, uno... –contó el señor Weasley. Los cinco habían estado preparados frente al traslador, poniendo un dedo sobre una mochila vieja.
Harry sintió como si un gancho, justo debajo del ombligo, tirara de él hacia delante con una fuerza irresistible. No se sorprendió, ya que no era la primera vez que utilizaba un traslador como medio de transporte.
Tocó tierra con los pies. Ron se tambaleó contra él y lo hizo caer. El traslador golpeó con un ruido sordo en el suelo cerca de su cabeza.
Harry levantó la vista. Se encontraba en el jardín de los Weasley. Cuando todos se hubieron incorporado, se dirigieron hacia la casa. Desde el porche se podían oír las voces de dos chicas que hablaban sin parar. Harry las reconoció al instante: se trataban de Ginny Weasley, la hermana pequeña de Ron, y su amiga Luna.
En cuanto Harry cruzó el umbral de la puerta, confirmó que verdaderamente eran ellas. Ginny estaba recostada en el sillón, de espaldas a la puerta principal, mientras que Luna se encontraba sentada de rodillas en la alfombra frente a la pelirroja. Nada más oír los pasos de los chicos, la incesante cháchara de Luna cesó. Ginny se levantó del sillón para ver quién había llegado.
-¡Hola, Harry! –lo saludó Ginny-. Me alegro de que hayas llegado.
-¡Harry! –exclamó Luna desde el sitio que ocupaba a los pies del sillón.
Con un movimiento de cabeza y una sonrisa amistosa, Harry les devolvió el saludo.
-Subamos a mi habitación, necesito hablar contigo, Harry –dijo Ron a su lado, haciéndole una seña para que lo siguiese escaleras arriba.
Una vez que estuvieron en la habitación de Ron, donde Harry ya tenía lista una cama para él como siempre que visitaba la Madriguera, el pelirrojo cerró la puerta y se acomodó en su cama.
-¿Qué era eso tan importante que querías decirme? –inquirió Harry.
-Es sobre Hermione –dijo Ron al tiempo que sus mejillas adquirían un ligero tono rojizo.
-¿Has sabido algo de ella?
-No, ese es el problema. Quiero decir… ¿¡Dónde diablos se habrá metido!? Creí que pasaría aquí algún día… –las orejas de Ron se tornaron de un color escarlata brillante, signo inequívoco de que estaba perdiendo la paciencia-. Envié a Pig a su casa, pero no obtuve respuesta, de hecho, todas las cartas me eran devueltas sin entregar.
Harry estaba de pie junto a la ventana con la mirada perdida. De repente, se fijó en uno de los pósters que decoraban la habitación. Se trataba del equipo de quidditch favorito de Ron: los Chudley Cannons. Súbitamente, una idea le vino a la cabeza. Una mala idea.
-¿Y si ha ido a pasar las vacaciones a Bulgaria, con Krum? –soltó Harry sin pensar.
Ron giró bruscamente la cabeza, tanto, que no hubiese sido extraño que se hubiera lesionado el cuello, y miró a su amigo con el ceño fruncido. Al parecer, Harry había metido el dedo en la llaga. Quiso enmendar el error, pero ya era demasiado tarde.
-Bueno, era sólo una idea, pero en realidad no creo que... –dijo Harry.
-No creas que no lo había pensado antes –le interrumpió el pelirrojo -, Hermione comentó algo sobre ello antes de acabar el curso... Pero...
Harry desvió la conversación en otra dirección,; sabía por pura experiencia que ese tema molestaba a Ron.
-Eh... ¿Qué ha pasado con Percy? –preguntó con curiosidad.
Los ojos de Ron no se ensombrecieron, sin embargo, no parecía muy contento.
-Pff... –resopló Ron-. La verdad es que ya ha hecho las paces con mis padres, aunque nosotros aún estemos algo dolidos.
-¿Nosotros?
-Fred, George y yo –contestó Ron secamente.
Harry esperaba más explicaciones por parte de Ron, así que le miró a los ojos fijamente.
-Volvió a casa arrepentido a finales de curso, nosotros ni siquiera habíamos llegado de Hogwarts. Mamá nos explicó que tuvieron una larga charla. Al llegar Ginny y yo del colegio, nos reunimos todos en familia, ya sabes... –explicó Ron-. Se dio cuenta de que estaba equivocado al mostrar su apoyo a Fudge e ir contra Dumbledore. Sigue trabajando en el Ministerio, en su antigua sección, el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Ahora está en la Orden –terminó Ron despectivamente.
-Hablando de Fudge¿sigue siendo el Ministro de Magia? –se interesó Harry.
-No recordaba que no recibías El Profeta desde que no decían más que sucias mentiras –espetó Ron, malhumorado, recordando como habían difamado a su mejor amigo durante el curso anterior-. El Consejo Internacional de Magos del Wizengamot puso de patitas en la calle al inútil de Fudge –concluyó Ron con una sonrisa triunfante.
-¿Entonces, quién es el nuevo ministro?
-Realmente no es algo definitivo aún, de momento el ministro, o debería decir ministra en funciones, es Eliadora Slaughter Marchbanks.
-¿Quién? –preguntó Harry desorientado.
-¿Recuerdas a Griselda Marchbanks? Ya sabes, la examinadora de los TIMOS. Bueno, pues la nueva ministra es su hija.
-¿Es joven?
-Sí... Debe rondar los setenta... –y los dos se echaron a reír.
Harry y Ron pasaron la mañana tumbados en la cama mascando chicle superhinchable y poniéndose al día el uno al otro (como por ejemplo, comentando la reacción de Hermione si el padre de Luna regresaba de Suecia con un ejemplar de un snorckak de cuernos arrugados), aunque también salió a relucir el tema de los TIMOS.
-...Bueno, la verdad es que ya tenía asumido el suspenso en Adivinación, por descontado –Ron se echó a reír-¡Tío, saqué un Desastroso! Y debo admitir que el examen de Astronomía fue una porquería, pero qué quieres que le haga, con todo el jaleo que se montó por la pelea entre Umbridge y Hagrid... Aunque aún tenía esperanzas de aprobar Pociones, pero no importa –continuó Ron con un deje de alivio-, porque este año no tendré esa odiosa asignatura. ¿Y tú¿Qué tal?
-Saqué un Insuficiente en Adivinación. ¡Ya puedo dejar de preocuparme por las predicciones que hacía Trelawney sobre mi muerte! Y el examen de Historia de la Magia me salió fatal, me quedé dormido, conque ya puedes imaginártelo... –terminó de explicar Harry con un tono de voz sombrío. Durante esa cabezada, había tenido el sueño en el que veía a Sirius en manos de Lord Voldemort.
Ron notó esta instantánea reacción por parte de Harry, así que encauzó de nuevo la conversación:
-Entonces¿qué clases vamos a compartir?
-Pues... no lo sé... Tengo pensado elegir Transformaciones, Herbología, Encantamientos, Defensa Contra las Artes Oscuras, Cuidado de Criaturas Mágicas y Pociones –Harry recalcó esta última asignatura adquiriendo un tono lúgubre-. Aún no voy a poder librarme de Snape. Bueno, eso si me acepta en su clase, claro…
-Suerte entonces –dijo Ron con una risita ahogada-. Bueno, entonces yo, que voy a elegir Transformaciones, Encantamientos, Herbología, Cuidado de Criaturas Mágicas, Defensa Contra las Artes Oscuras e Historia de la Magia... no comparto contigo Pociones, ni tú conmigo Historia de la Magia –concluyó Ron.
-Sí... Aunque no haya podido deshacerme de Snape, por lo menos no tendré que aguantar el rollo de Binns sobre alguna revuelta de duendes –dijo Harry entre risas.
En ese momento alguien llamó a la puerta. Era Ginny.
-Bajad enseguida al comedor, la comida estará lista en pocos minutos –giró sobre sus talones para marcharse, pero cambió de idea, porque se dio la vuelta para terminar de decir-: Por cierto, Percy está aquí, ha venido a comer, y Bill también.
Harry miró de soslayo a Ron, que tenía los ojos en blanco ante la perspectiva de una comida en la que se encontrara Percy.
-Vamos, Ron –espetó Ginny-. Sabes perfectamente que Percy está muy arrepentido, así que haz el favor de olvidarlo de una buena vez.
-Sí, bueno... –dijo Ron, al tiempo que hacía un gesto con la mano para restarle importancia.
Los tres bajaron a comer, Ron algo menos molesto, aunque mientras cerraba la puerta de su habitación, Harry pudo oír perfectamente como mascullaba en un susurro casi inaudible "Maldito lameculos de Fudge".
Cuando llegaron al jardín (era un día soleado, así que comerían al aire libre), todo tipo de platos cubrían la mesa, desde ternera asada, hasta púdines y tarta de melaza, el postre favorito de Harry, que se dio cuenta en ese mismo momento de cómo le rugía el estomago.
-¡Harry! Con toda la tarea en la cocina aún no he tenido tiempo de saludarte como es debido, ven aquí –dijo la señora Weasley mientras estrujaba a Harry en un abrazo maternal. Para la madre de Ron, Harry era como un hijo más.
-¡Hola, Harry! –era Bill quien lo saludaba en esta ocasión-. Me alegro de volver a verte.
-Yo también –Harry se fijó en que su apariencia no había cambiado en absoluto. Seguía llevando el pelo recogido en una coleta y un pendiente de colmillo en la oreja.
Antes de que Harry pudiera sentarse a la mesa para disfrutar de la suculenta comida, alguien se le acercó.
-Hola, Harry –era Percy. Parecía realmente avergonzado: sus orejas estaban empezando a adquirir un tono rojizo, igual que solía ocurrirle a Ron-. Quiero que sepas, ante todo –ya empezaba a hablar con aquel aire pomposo-, que siento haberte tomado por un mentiroso. Espero que no sea demasiado tarde para pedirte disculpas por el error que cometí –alargó la mano hacia Harry, quien la aceptó.
-No, claro, no importa. Olvídalo –respondió Harry, incómodo.
-La verdad es que, no sé, supongo que había diferentes puntos de vista y…
-Bueno, ya está, olvídalo –insistió Harry, dándose cuenta de las miradas que lanzaban hacia ellos Ron y los gemelos, como si estuvieran pendientes de la disculpa.
-Gracias, Harry –dijo Percy con una sonrisa de oreja a oreja.
A partir de entonces, pareció que tanto los gemelos como Ron suavizaban sus modales hacia Percy.
La comida transcurrió con total alborozo. Todo estaba delicioso y corría una brisa fresca y suave. Harry se sintió por primera vez en todo el verano como en familia
-Ronald¿me pasas las patatas asadas? –preguntó Luna mirando a Ron con mucha fijeza.
Ron le alargó la bandeja a Luna sin hacerle mucho caso y continuó hablando con Harry:
-...Como te decía, no es normal el comportamiento de Hermione, ni una sola carta en todas las vacaciones. Francamente...
-Así que¿era eso? –preguntó George mirando a Ron con una expresión risueña. Fred estaba a su lado, sonriendo divertido. George se dirigió a Harry-: Se ha pasado todo el verano pendiente del correo. Pensábamos que era por los resultados de los TIMOS, pero está claro que no.
-Me recuerda a Percy con Penélope Clearwater hace unos años; estaba como loco con el correo. Parece que Ron ya ha elegido a "su" prefecta –Fred se echó a reír al ver la mirada asesina que le dirigía su hermano pequeño-. ¡Oh, fíjate, George! El pequeño Ronnie se ha enamorado¿no es adorable?
-Piérdete –contestó Ron tratando de ignorar a sus hermanos.
-Por cierto –dijo Harry intentando cambiar de tema-¿qué tal con la tienda de artículos de broma?
George esbozó una sonrisa de satisfacción:
-Ha sido...
-... un éxito –concluyó Fred.
-Me alegro mucho por vosotros –les felicitó Harry.
-Bueno, todo te lo debemos a ti. Así que ya sabes: puedes pasarte cuando te apetezca por Sortilegios Weasley y coger todo lo que quieras sin tener que pagar un solo knut.
-Por cierto, mamá ya sabe que fuiste tú quien nos proporcionó los galeones. Tuvimos que decírselo, porque empezaba a sospechar que andábamos metidos en algo ilegal con Mundungus.
-¿Y cómo se lo ha tomado? –preguntó Harry, intranquilo.
-No te preocupes, mamá te tiene en un pedestal –dijo George con sorna.
-Ya ha asumido el hecho de que no vayamos a trabajar en el Ministerio, y además el negocio marcha viento en popa; nos da muchas ganancias.
Aunque tras la apetitosa comida, Harry se sentía muy cansado y lleno hasta las orejas (la señora Weasley le había servido tres raciones argumentando que aún estaba en edad de crecer), aceptó jugar un partido de quidditch junto con Ron, Fred, George, Bill y Ginny.
Luna parecía entusiasmada con la idea de ver jugar específicamente a Ron, como ella misma había dicho.
-En serio, Ron, creo que eres un guardián increíble –dijo la chica rubia con una sonrisa.
Harry no pudo dejar de notar, mientras pasaba las vacaciones la Madriguera junto con Luna, el interés que ésta demostraba por Ron, aunque al parecer él lo pasara por alto. Siempre que podía se acercaba al muchacho e intentaba entablar conversación con él. Finalmente, Ron empezó a pensar que Luna no estaba tan desequilibrada como aparentaba, incluso llegó a comentar que le parecía una chica muy simpática, a pesar de su insistencia en que los Blibbers Maravillosos existían.
Harry, sin embargo, comenzó a sospechar que lo que realmente le interesaba a Luna de Ron no era su amistad precisamente.
Habían transcurrido varios días en la Madriguera, que fueron los más felices que Harry había pasado en todo el verano. Había jugado al quidditch con Ron y sus hermanos y había ganado varias partidas a los naipes explosivos contra Ron, Ginny y Luna.
Ni se acordaba de qué día era, por eso le extrañó que Ron lo despertara tan emocionado una mañana.
-¿Qué pasa? –preguntó Harry medio adormilado mientras se deshacía del lío de sábanas. Desde que estaba en la Madriguera apenas tenía pesadillas por las noches, o al menos no eran tan intensas como en casa de los Dursley.
-¿Cómo que qué pasa? –dijo Ron mientras se vestía-. Hoy es 31 de julio, Harry. ¡Tu cumpleaños!
Harry no podía creer que hubiese olvidado su cumpleaños. Pero tampoco era tan extraño, porque, al fin y al cabo, sus tíos nunca le habían dado importancia y hacían que fuera un día como otro cualquiera.
-¡Felicidades, Harry! –exclamaron los gemelos a la vez entrando por la puerta de la habitación.
-No os molestéis en llamar –dijo Ron con irritación. George pasó por alto el sarcasmo y se acomodó en la cama de su hermano.
-Toma, Harry –dijo Fred alargándole un paquete envuelto en colores chillones-, es nuestro...
-...regalo por adelantado –terminó George sonriente-. Ábrelo aquí. Mamá está preparando una fiesta sorpresa para ti...
-...bueno, ya no lo es, porque te lo hemos dicho –continuó su gemelo con los labios fruncidos-, pero haz como que te sorprendes al ver el comedor decorado.
-En fin, que lo que te queríamos decir es que lo abras aquí, porque son algunos de nuestros productos de la tienda, y no creo que a mamá le haga mucha ilusión que te los regalemos.
-¡Felicidades de nuevo! –dijeron los dos saliendo por la puerta.
Harry abrió el paquete. Dentro había una especie de cuerda rosada, que reconoció como una oreja extensible, además de otros muchos objetos que ya conocía: los Magifuegos Salvajes, galletas de canarios, una varita de pega y un abundante Surtido Saltaclases. También había otras cosas que no sabía qué eran, pero que Ron fue explicándole poco a poco.
-¿Qué es esto? –preguntó Harry cogiendo una brillante bola de cristal púrpura.
-¡Ten cuidado con eso! –exclamó Ron alejándose de Harry-. Es una Bomba Zoológica. Si estalla convierte en animal a todo el que esté alrededor. El otro día en la cena, a Fred se le cayó una. ¡No veas la bronca que les echó mamá cuando dejó de ser un conejo! Es que además, Fred y George se habían convertido en gallinas y estaban tratando de comerse a Percy, que era un gusano.
Harry soltó una carcajada. Cuando hubieron inspeccionado todo, bajaron a desayunar.
Aunque Harry ya estaba sobre aviso, no pudo evitar sorprenderse al ver el comedor. Se impresionó ante el laborioso trabajo que había realizado la señora Weasley.
Alrededor de una larga mesa que cambiaba continuamente de color había nueve sillas, de las cuales pendían globos luminosos. Caía confeti de colores del techo, y Harry recordó aquella bochornosa ocasión en la que se citó con Cho Chang por San Valentín en el salón de té de Madame Pudipié.
A lo largo de las paredes, guirnaldas multicolores colgaban entrelazándose unas con otras. La mesa estaba cubierta de diferentes aperitivos; sin embargo, aún quedaba algún que otro hueco que la señora Weasley se afanaba por cubrir con platos que seguía trayendo de la cocina.
-¡Oh, no! Ya lo has visto –exclamó la madre de Ron con una bandeja en las manos-. Bueno, Harry, cariño, es una sorpresa, o lo era, mejor dicho.
Harry sonrió, un poco avergonzado. Siempre había pensado que las fiestas infantiles eran una tontería, sobre todo las de Dudley, pero que la señora Weasley se hubiera esforzado y molestado tanto en organizar aquello...
-Bueno, todavía no he terminado –dijo Molly acomodando una silla-. Si queréis el desayuno vamos a la cocina, esto es para después.
Tras el desayuno, Ron y Harry se dirigieron hacia su habitación, con la intención de poner un poco de orden entre tanto desbarajuste: las camas estaban sin hacer y los libros y objetos personales de cada uno estaban desparramados por toda la habitación.
Al poco rato, cuando ambos habían dado por perdida la batalla contra el desorden, oyeron unos picotazos en la ventana. Los chicos giraron la cabeza para encontrarse con una lechuza parda que ninguno reconoció. Ron se apresuró a abrir la ventana para dar paso al ave. Ésta sostenía un paquete y una carta que dejó caer en la cama de Harry, tras lo cual salió volando hacia el soleado exterior.
-¿De quién es¿De Hermione? –preguntó Ron, esperanzado.
-No, es de Hagrid –dijo Harry tras leer el remitente.
Ese verano Harry tan sólo había recibido un par de cartas de su amigo semigigante, por lo que se alegró de tener noticias suyas. Harry sospechaba que podía estar llevando a cabo alguna misión en nombre de Dumbledore. Abrió la carta y se dispuso a leerla:
Harry:
Espero que estés pasando unas buenas vacaciones. Ya falta menos para que volvamos a vernos en Hogwarts. Dumbledore ha vuelto a admitirme como profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, ahora que la profesora Umdbrige no está. Espero que mi regalo te guste.
Un fuerte abrazo,
Hagrid
Harry abrió el paquete y se encontró con la miniatura de un hipogrifo. Su plumaje suave era de color crema; los cuartos traseros, sin embargo, eran más oscuros. El pequeño hipogrifo le picoteó de forma afectuosa en el pulgar.
Aquel regalo le recordaba a Buckbeak y por tanto a Sirius, por lo que sus ánimos decayeron un tanto. Aquel sería el primer cumpleaños en el que no recibiría ninguna nota ni regalo de Sirius desde que lo conoció.
-Bajemos, es la hora de comer y deben estar esperándonos –dijo Ron al mismo tiempo que cruzaba la puerta de su dormitorio.
Abajo, en el comedor, todos aguardaban impacientes la llegada de Harry para poder darle sus correspondientes regalos. Cuando llegó al pie de las escaleras, todos al unísono exclamaron: " ¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY!! ".
Harry no pudo evitar sonreír ante el caluroso recibimiento. Todos los Weasley y Luna estaban frente a la mesa repleta de bandejas de comida, esperando al homenajeado.
-Toma, Harry, abre el mío primero –dijo Ron con entusiasmo.
El regalo de Ron resultó ser un gran surtido de golosinas de Honeydukes que Harry encontró deliciosas. Los padres de Ron le obsequiaron con el habitual jersey Weasley y un paquete de dulces caseros. Bill le regaló un escarabajo introducido en una piedra de ámbar procedente de Egipto.
-Es un amuleto, te dará suerte – le explicó.
Percy le entregó un libro titulado Reglamento Internacional de Leyes Mágicas, que Harry se prometió no leer en su vida.
-Eh... gracias, Percy –dijo Harry disimulando su desagrado ante un regalo tan soporífero.
A continuación, Luna le alargó un paquete ancho y plano. Cuál fue su sorpresa al ver que su amiga le había dado un ejemplar en edición especial de El Quisquilloso en el que se había editado su entrevista del año pasado, encuadernado con pastas de cuero.
Por último, Ginny se acercó a Harry con paso decidido y para su asombro le entregó una cajita muy pequeña. Preguntándose qué sería, abrió la caja y una snitch tallada en madera salió revoloteando. Harry agarró al vuelo la pequeña pelota y tras mirarla de cerca, le fascinó el esmero con el que la snitch había sido tallada, no faltaba ningún detalle.
-Espero que te guste. De ese modo podrás entrenarte mientras no estés en Hogwarts –dijo Ginny.
-Muchísimas gracias, es... genial –contestó Harry, observando aún con admiración la snitch de madera y después a la pelirroja.
La comida estuvo realmente deliciosa, la señora Weasley se había esmerado con sus mejores platos. Más tarde, en el jardín, se disputó un entretenido partido de quidditch utilizando el nuevo regalo de Harry, la snitch.
Por la noche, Fred y George deleitaron a todos con una magnífica exhibición de los famosos Magifuegos Salvajes Weasley, en honor a Harry. Fue todo un espectáculo ver como los fuegos pirotécnicos se dispersaban por el cielo inundado de estrellas.
Todo había sido estupendo en el día del cumpleaños de Harry, pero algo fatídico estropeó esa atmósfera de tranquilidad. Al día siguiente, Ron y Harry se levantaron temprano porque querían entrenar al quidditch. Abajo, en la cocina, la señora Weasley preparaba el desayuno mientras el señor Weasley recibía El Profeta. Los chicos se sentaron a la mesa mientras la madre de Ron servía las tortitas. De repente, el señor Weasley escupió sonoramente el café encima de la mesa, al tiempo que exclamaba:
-¿¡Qué demonios ...!?
-Arthur, querido¿qué ocurre? –preguntó Molly con el ceño fruncido.
Ron y Harry se miraron extrañados.
-Fíjate en esto –instó el señor Weasley a su esposa mientras le pasaba el periódico. La señora Weasley leyó con atención la primera plana. Cuando terminó, tenía una expresión de terror en el rostro. Ron se apresuró a coger el ejemplar de El Profeta y colocarlo entre él y Harry.
DEMENTORES EN BRISTOL
Ayer noche, informa nuestra reportera especial Rita Skeeter, fueron detectados a las afueras de Bristol un grupo de dementores que acechaban a varios muggles, entre ellos un squib. Dos muggles recibieron el beso de los ex-guardias de Azkaban. Afortunadamente, el Equipo de Reversión de Accidentes Mágicos se encontraba en las inmediaciones por lo que el número de afectados no incrementó. Junto con los dementores se hallaba un grupo muy reducido de mortífagos, quienes consiguieron escapar.
En estos momentos, aurores expertos analizan el lugar de los hechos en busca de pistas que ayuden en la captura de dichos mortífagos.
Los dos muggles afectados fueron ingresados en un hospital muggle cercano. Todo ha quedado encubierto, pues los sanadores muggles han diagnosticado este terrible acontecimiento como un "derrame cerebral".
El Equipo de Desmemorizadores acudió rápidamente al escenario del crimen para así poder borrarles la memoria a los muggles que habían presenciado los acontecimientos.
Desde el regreso de El-que-no-debe-ser-nombrado, éste es el segundo caso de dementores sueltos, siendo el primero en Liverpool hace poco más de una semana.
Rita Skeeter
Harry y Ron intercambiaron una mirada inquieta. De pronto, Harry recordó aquella noticia en el telediario muggle en la que se informaba de la aparición de varias personas con los mismos síntomas que describía aquel artículo de El Profeta. Harry se dio cuenta entonces de que verdaderamente había sido un ataque de dementores.
Aquel día transcurrió con gran ajetreo; diversos magos del Ministerio hicieron aparición en la chimenea de los Weasley para comentar el incidente. Tanto Bill como Percy y el señor Weasley pasaron el resto del día en el Ministerio, obviamente tratando asuntos referentes al ataque.
La señora Weasley prohibió a Harry y a Ron salir fuera para entrenar al quidditch. Según había dicho, después de lo ocurrido, era peligroso salir de casa y por mucho que Ron se quejara de que era imposible que los dementores llegaran desde Bristol hasta la Madriguera tan rápido, no hubo manera de convencer a la señora Weasley. De modo que pasaron el resto del día jugando a gobstones con Luna y Ginny.
Los siguientes días transcurrieron sin sobresaltos o noticias de dementores sueltos por la ciudad, aunque la señora Weasley seguía sin querer dejar salir a Harry, Ginny, Ron y Luna de la casa.
Poco después, el padre de Luna regresó de la expedición en Suecia, aparentemente sin ninguna prueba de la existencia de los snorkacks de cuernos arrugados. De modo que Luna abandonó el hogar de los Weasley.
-Lo he pasado genial, de veras. Gracias por todo, señora Weasley –dijo Luna dirigiéndose a la madre de Ron.
-Ha sido un placer tenerte con nosotros, Luna.
Tras abrazar a Ginny, Luna se dirigió a los chicos.
-Bueno, supongo que nos veremos en Hogwarts –Luna se despidió de Harry con un abrazo, sin embargo, cuando Ron se acercó, la chica le dio dos besos, uno en cada mejilla -. Adiós, Ronald –dijo Luna con una sonrisa.
Harry no pudo evitar sonreír. ¿Es que Ron nunca se daría cuenta de que Luna estaba colada por él? Había pensado decírselo él mismo, pero no quería oír los gritos de su amigo diciendo si acaso la locura de Luna lo había contagiado.
Y ahora... las respuestas a los reviews:
weno, antes que nada, deciros que nos han hecho mucha ilusión vuestros comentarios.
aYdE mDrJgI: Ni t imaginas la ilu q nos hizo encontrar al día siguiente nuestro primer review¡el tuyo! Lo d hermione no tardará muxo en saberse, aunq en este cap ya se haya comentado algo... esperamos encontrarnos un review tuyo tmb después de este cap!
Ilisia Brongar: Hola!!!saludos de trinity y por parte de tridjia e ibi, oye, q nosotras tmb, encantadas de q nos leas!!!jejeje. Weno, agradecemos eso de q escribimos mu bien, y sí, este fic lo escribimos nada más leernos el quinto (o sea, q lleva escrito bastante tiempo y por fin nos hemos decidido a corregir algunas cosillas y editarlo aquí). Ya nos comentarás q te ha parecido este cap, hasta el próximo review!!!!
Anreis:Pos aquí está el segundo, e intentaremos ir subiendo lo más rápido posible, porq la historia ya está escrita casi por completo. Por cierto, somos tres las q escribimos el ff (por eso en los comentarios hablamos en plural, no esq seamos como gollum ni na por el estilo...). Hasta el prox cap!
