¡Vaya enredo!
Aún me estoy acostumbrando a la página y todavía me hago un lío con lo de subir los capítulos, editar, etc.
Gracias a los que hayáis leído el capítulo anterior, pero sobre todo muchísimas gracias a las que os habéis tomado un tiempecito para dejarme un review: Danie15 y Dzeta. Me hicisteis muy feliz.
Sin más, os dejo el segundo capítulo. Espero que os guste.
CAPÍTULO II: Primer día
Mientras James terminaba de despedirse de sus padres, Sirius no podía evitar repasar ansioso una y otra vez la estación de King's Cross en busca de Remus. Como cada uno de septiembre, la estación estaba atestada de alumnos y padres ajetreados, empujando carritos cargados de baúles de un lado a otro y apurando las despedidas, abrazos, besos y consejos de última hora.
En varias ocasiones se le paraba momentáneamente el corazón al divisar a lo lejos algún chico de cabello castaño claro, pero nunca era él. Sirius empezaba a impacientarse.
- ¡Hola chicos! Me ha costado encontraros. ¿Es cosa mía o cada año King´s Cross está más abarrotado?
- ¡Lunático! – exclamó James.
Cuando Sirius se giró, con el corazón latiéndome más fuerte que la locomotora del Expreso de Hogwarts a toda máquina, James ya se había abalanzado sobre su amigo para darle un abrazo de oso y palmearle con cariño la espalda. Sirius se quedó unos segundos inmóvil en su sitio, absorbiendo todos y cada uno de los detalles de la cara de Remus y sin ser capaz de responder. Pero cuando Remus levantó la mirada y la clavó en él, reaccionó e imitó a James dándole a Remus un fuerte abrazo y, ya de paso, aprovechando para guardar en lo más profundo de su memoria olfativa el maravilloso aroma de su amigo. Quizás le imprimió al abrazo algo más de la fuerza y tiempo reglamentarios entre colegas, pero no le importaba lo más mínimo. No sabía cuándo podría volver a presentarse la oportunidad de estar tan cerca de él.
- Me alegro de verte, Lunático – le dijo Sirius casi al oído, justo antes de romper el abrazo. "Y te he echado terriblemente de menos", le hubiese gustado añadir, además de otras muchas cosas.
- Y yo – respondió Remus sonriendo. Y era una de esas sonrisas sinceras, honestas, cargadas de cariño y que mostraban el alma pura del joven. Una de esas escasas sonrisas por las que Sirius había perdido completamente la cabeza y que hizo que por unos segundos se olvidara del resto mundo.
- … buscar a Peter y entrar ya – estaba diciendo James -. Vamos. ¡Eh, Canuto! ¿Qué haces ahí parado como un idiota? Venga, espabila.
- ¿A quién llamas idiota, idiota? – y en menos que canta un gallo ya estaba en marcha, se había puesto en cabeza y caminaba decidido y con largas zancadas hacia el tren.
No tardaron mucho en encontrar a un emocionado y alterado Peter y en subir al Expreso de Hogwarts. Recorrían el pasillo del tren buscando un compartimento en el que sentarse los cuatro cuando se cruzaron con un pequeño grupo de chicas.
- Hola Lily.
- Eh, hola Potter.
Y cada grupo prosiguió su camino.
- ¿Hola Lily? ¿Sólo "Hola Lily"? – preguntó un exageradamente extrañado Sirius.
- Sí, pero no te olvides de la enorme y encantadora sonrisa – apuntó Remus fingiendo seriedad, pero con una pequeña y pícara sonrisa aflorando de sus labios.
- El calor del verano ha mermado tus capacidades de ligoteo. Deberías haber hecho caso a tu madre y ponerte gorra para salir a jugar al patio – se burló Sirius.
- Jajajajaja, muy bueno, Sirius – alabó Peter.
- ¡Dejadme en paz! – exclamó James un poco molesto mientras tomaba asiento en un compartimento vacío cerca de la locomotora del tren – Decid lo que queráis, pero me ha devuelto el saludo. Eso es ya un gran avance. Está claro que está loca por mí.
- ¡Clarísimo! – respondió Sirius sarcástico.
- O simplemente se ha cansado de mandarte a paseo porque, como chica lista y sensata que es, se ha dado cuenta que no hay manera humana de deshacerse de ti, y ha optado por ser educada – añadió Remus suavemente.
- Oh, venga, Lunático. No seas así. Tú me apoyas, ¿verdad? Y eres amigo de Lily. Tienes que saber algo. ¿Qué sabes? Suéltalo – y al ver la expresión ligeramente molesta y desaprobadora de su amigo, añadió - Por favor.
- Yo no sé nada, James. Te lo he dicho miles de veces y también te he pedido que, por favor, no me obligues a interceder por ti.
- Qué malo eres – dijo Peter en un intento de empatizar con su amigo de gafas, pero enseguida se calló y se encogió sobre sí mismo cuando vio la ira en la mirada que Sirius le estaba dirigiendo.
- Lo sé, lo sé. Bah, da igual. No necesito la ayuda de nadie. Creo – dijo James algo abatido.
- Bueno – dijo algo dubitativo Remus al cabo de unos segundos de silencio -, es posible que antes de que terminara el curso pasado escuchara sin querer como Lily le comentaba a su amiga Alice que, en el fondo y muy a su pesar, le parecías bastante mono.
- ¡Lunático! Lo sabía, ¡lo sabía! Eres el mejor – y James, con los ojos cargados de ilusión y con una sonrisa de oreja a oreja, se levantó para abrazar a su amigo – Te quiero, te adoro. Bendito seáis tú y tu maravilloso oído de licán…
- Shhhh – se apresuró a chistar Remus mientras sonreía no muy convencido de si había hecho lo correcto.
Sirius le observó sonriéndole sinceramente y dándole su aprobación con un leve gesto de la cabeza. Sabía que a su amigo no le gustaba chismorrear, pero le gustaba mucho menos aún ver infelices a sus amigos.
- ¡Le parezco mono! ¿Habéis oído? Cree que soy mono – exclamaba sin cesar un exaltado James.
Y los tres amigos tuvieron que aguantar estoica y pacientemente cómo James se pasaba la hora siguiente del viaje hacia Hogwarts hablando sin parar del amor de su vida y de lo maravillosamente felices que serían cuando por fin saliesen juntos.
Sirius sonreía complacido ante la contagiosa alegría y optimismo de su amigo, pero al cabo de un rato fue inevitable que desconectara del parloteo de James y él mismo se sumergiera en un caudaloso río de fantasías en las que Sirius y Remus eran los protagonistas de una fabulosa y sí, para qué engañarse, también tórrida historia de amor.
Lo tenía allí, tan cerca. De vez en cuando desviaba su vista de James o del paisaje que se veía a través del gran ventanal para posarla en Remus. Éste escuchaba paciente y atento lo que su amigo les contaba, riendo de vez en cuando ante alguna tontería que James soltaba, y soltaba muchas. Sirius se fijó en que, aunque Remus aparentaba estar tranquilo y sereno, tanto en su forma de sentarse como en su rostro, su mano derecha jugueteaba sin parar con un pequeño y desgastado lápiz que siempre llevaba en el bolsillo. Remus estaba inquieto o nervioso por algo. Seguramente por el comienzo de un nuevo curso, el último, supuso Sirius.
- Enhorabuena, James.
- Sí, enhorabuena. Te lo mereces.
- Felicidades, Potter. Eres un crack.
Ya hacía rato que se había hecho de noche y la primera cena en el grandioso castillo de Hogwarts acababa de llegar a su fin. Los alumnos de primer año, que esa noche acaban de ser escogidos para sus casas, se daban prisa para no perder a sus prefectos mientras los alumnos se iban retirando entre un gran jaleo.
James asentía, aún sin terminar de creérselo, y daba las gracias a todos aquellos que se acercaban a él para darle la enhorabuena por haber sido elegido Premio Anual de ese año. Después de que toda la mesa de Gryffindor y muchos estudiantes de Ravenclaw y Hufflepuff (obviamente, ninguno de Slytherin) pasaran por él para felicitarle, subió a la Torre Gryffindor y se sentó exhausto en el sofá de la Sala Común, al lado de su mejor amigo.
- Creo que no te lo han dicho aún… enhorabuena, tío – dijo Sirius dándole un suave puñetazo en el brazo a James.
- Aún no me lo creo.
- Yo tampoco. De verdad, cuando Dumbledore anunció tu nombre después de haber dicho "por su impecable rendimiento académico, excelente reputación y por una personalidad honesta, buena y trabajadora", creí que se trataba de una broma de mal gusto, o que el director se acababa de comer alguna gominola en mal estado – dijo Sirius echándose a reír.
- ¡Eh! – exclamó ofendido James, devolviéndole el puñetazo, aunque algo más fuerte.
- Yo pensé que se lo iban a dar a Remus – dijo Peter.
- La verdad, yo también – corroboró Sirius, clavando su mirada en él e intentando averiguar si se sentía molesto o triste por no haberlo conseguido.
- Gracias por pensarlo, chicos. Me siento halagado, pero todos sabemos que mis notas están a años luz de las de James, o incluso de las tuyas, Sirius.
- Pero tus notas también son fantásticas. Y tú eres el que más ha trabajado. De lejos. Y ya no digamos en eso de "personalidad honesta, buena y excelente reputación". Así eres tú. Ese eres tú. Es tu descripción – continuó Sirius, quizás con demasiado entusiasmo.
- Oye, ni que yo fuera un esperpento de persona – se quejó James. Pero tanto Sirius como Remus le ignoraron y prosiguieron con su conversación.
- Gracias, Canuto. Pero supongo que el director se habrá dado cuenta de que James ha madurado, que es alguien que promete mucho y quizás tenga la esperanza de que este premio fomente todo lo bueno que hay en él.
- Oh, Lunático, qué cosas más bonitas me dices. ¡Aprende, chucho! – dijo propinándole otro puñetazo a su mejor amigo.
- James es un merodeador, y ningún premio cambiará eso, ¿verdad, Cornamenta? – dijo Peter convencido.
- Lo que aún no me creo es que Lily también haya sido nombrada Premio Anual. Debe ser cosa del destino. ¿Lo veis? Somos tal para cual. Voy a hablar con ella. ¿Qué le digo? Aún no la felicité. Eso, voy a darle la enhorabuena – y dicho esto se levantó y se dirigió a la otra punta de la sala.
- Esto empieza a ser preocupante. Él solo se hace las preguntas y se las contesta – digo Remus con una media sonrisa.
- Puede que ningún premio cambie a un merodeador, pero quizás sí el amor – susurró Sirius para sí mismo. Con el rabillo del ojo captó un leve movimiento en la butaca de al lado y le pareció percibir cómo Remus le observaba con cierto interés. Seguramente y gracias a su desarrollado oído de licántropo, había escuchado lo que acaba de decir.
Levantó la vista y le mantuvo la mirada. Remus no la apartó. Permanecieron así lo que seguramente no fueron más que unos segundos, pero para él fue como si la rueda del tiempo hubiese sufrido un pequeño colapso y se hubiese olvidado de seguir girando. ¿Qué estaría pensando Remus? ¿Qué escondían esos dos ojos color miel? Lo conocía desde hacía seis años. Había convivido con él prácticamente a diario desde entonces. Sabía qué cosas le gustaban y lo que no. Conocía sus aficiones, cuáles eran sus libros favoritos, cuál era el postre por el que perdía la cabeza o qué verdura detestaba más que ninguna otra. Conocía lo que le aterraba o le hacía sentirse vulnerable y también qué cosas le causaban alegría o que incluso le enternecían. Muchas veces podía incluso anticiparse a la respuesta que Remus daría ante una situación en concreto.
Pero cuando Remus permanecía callado, sumido en sus pensamientos (y este era el estado natural de Remus), no tenía ni la más remota idea de qué diablos pasaba por esa lunática cabeza suya. Era un chico reservado y hermético, calmado y amable. Siempre contestaba de forma educada y razonada. Rara vez perdía los nervios. Sabía estar y respondía a los mayores tal y como se esperaba de él. Sirius sabía que Remus era así en parte debido a su condición. Ya era bastante malo ser un hombre Lobo en ese mundo. Cuantos menos llamase la atención y menos problemas diera, tanto mejor.
¿Pero qué cosas pasaban por su mente antes de contestar de una forma tan cortés y comedida? ¿Qué ocurría en su cabeza? Sirius sabía de buena fe que Remus tampoco era ningún santo. Sí, era una de las personas más nobles, leales y con mejor corazón que Sirius y los demás habían conocido jamás. Sin embargo, también tenía un pequeño lado oscuro que solo unos pocos privilegiados conocían. No en vano, algunas de las mejores, más astutas y memorables travesuras de los Merodeadores habían sido idea de Remus, aunque este no alardeara nunca de ello y le restara importancia.
Sirius daría lo que fuera por poder colarse en ese mismo instante en la cabeza de su amigo. Quería saberlo todo, absolutamente todo sobre él. También le gustaría saber qué opinaría Remus sobre el hecho de que Sirius se sintiera atraído por él. ¿Lo aprobaría? ¿Querría seguir siendo amigo suyo? ¿O estaría dispuesto a darle una oportunidad? Sirius podía llegar a ser muy persuasivo si se lo proponía.
Aunque, pensándolo bien, estas últimas preguntas podrían ser respondidas en breve, cuando Sirius le revelase lo que sentía. Porque lo iba a hacer. Esa decisión ya estaba más que tomada. Sólo necesitaba encontrar el momento y lugar perfectos.
- Ha sido un día muy largo y estoy agotado. Empieza a dolerme la cabeza. Me voy a la cama, chicos – anunció Remus.
- Estupendo. Te acompaño – y de un salto Sirius se puso en pie.
- Yo me quedo un rato más – dijo Peter.
- ¿Estupendo? Exactamente, ¿qué es lo que te parece estupendo, Canuto? ¿Qué me duela la cabeza o la perspectiva de irse a la cama? – preguntó el licántropo mientras subían las escaleras.
- Bah, no me hagas caso. Yo también estoy destrozado – respondió Sirius, recreándose un instante ante la perspectiva de irse a la cama, pero con Remus. En la misma cama. Los dos solos, juntos. Sacudió la cabeza. No era el momento para esas fantasías.
Entraron en el dormitorio que llevaban compartiendo desde primer curso y cada uno se dirigió hacia su cama, donde sus baúles ya descansaban cada uno a los pies de la cama de sus respectivos dueños.
Se descalzaron y comenzaron a desvestirse. Sirius iba dejando todo donde le cuadraba según se iba quitando la ropa. Un zapato debajo de su cama, el otro al lado del baúl. La túnica encima de la silla. El jersey lo tiró de mala manera sobre la cama pero resbaló y cayó al suelo. Para cuando ya se había puesto el pijama, Remus aún estaba terminando de doblar sus pantalones y colocarlos con esmero dentro de su baúl, junto con el resto de la ropa.
Sirius cogió una revista de motocicletas que comprara esa mañana en la zona muggle de la estación de trenes y se sentó en su cama apoyando la espalda en el cabecero. Abrió su revista dispuesto a ojear los últimos modelos de motos, pero la visión que tenía en frente resultaba muchísimo más interesante.
Remus estaba frente a él, en calzoncillos y sacando el pijama de su baúl. Sirius aprovechó que le estaba dando la espalda para observar, analizar, catalogar y memorizar todas y cada una de sus cicatrices y lunares. Tenía un par de cicatrices nuevas desde la última transformación en la que habían estado con él. Sirius odiaba y amaba esas cicatrices por igual. Las odiaba porque eran un recuerdo permanente de la maldición de su amigo y de todo el tormento y dolor que debía sufrir cada luna llena. Y las amaba porque ya formaban parte de él y hacían de su piel y cuerpo un lugar mucho más interesante.
Una parte de él le gritaba que se levantase, se acercara a Remus y acariciara su desnuda piel. Otra le decía que esperase, que no se precipitara o asustaría al chico si lo abordaba de esa forma.
Tomó aire para intentar relajarse. ¿Empezaba a hacer mucho calor allí o era imaginación suya?
El licántropo se giró en ese instante y pilló a Sirius mirándole fijamente. Remus le devolvió la mirada, primero extrañado, luego confuso e incómodo. Se apresuró a ponerse el pijama y a girar en redondo en dirección al cuarto de baño.
- Oye, Lunático.
- ¿Sí?
- Yo, quería decirte algo. No sé cómo decirlo. No es algo fácil, ¿sabes? – empezó Sirius, irguiéndose y posando ambos pies en el suelo. Ahora estaban solos. Parecía un buen momento.
- Tranquilo, ya lo sé.
- Ah. Esto, ¿¡cómo!?
- James me escribió este verano. Me la ha contado.
- ¿James? – Sirius cada vez entendía menos.
- No se lo tengas en cuenta, ¿vale? Estaba muy preocupado por ti y quiso mantenerme informado y también pedirme algún consejo – Remus se acercó y se sentó a su lado -. Siento mucho lo ocurrido, de verdad, Sirius. Me sorprendió mucho cuando James me lo contó. Sabía que la relación con tu familia no marchaba nada bien, pero nunca imaginé que llegaría a ese extremo.
- Ah, eso. Ya, bueno. Yo… - por un momento se había quedado sin saber qué decir.
- Aunque, la verdad, te pega mucho. Tú siempre eres así de impulsivo. Pero te veo bastante bien.
- Estoy bien.
Remus se levantó y retomó su camino hacia el baño. Se paró un instante en la puerta y se giró.
- Si necesitas algo, si quieres hablar, puedes contar conmigo. Lo sabes, ¿verdad?
- Lo sé. Gracias.
A Sirius le pareció detectar un ligero tono de tristeza en las últimas palabras de su amigo, pero no estaba del todo seguro. Entonces, una repentina idea le asaltó: no se lo había contado. Es decir, él, Sirius Black, no le había dicho nada a Remus de lo que le había ocurrido en su casa, ni de su posterior huida y de que ahora vivía con James. Le había escrito un par de cartas en todo el verano, pero nunca se lo había contado.
En principio le había parecido buena idea no hacerlo y esperar a contárselo en persona. No quería agobiar a Remus con sus problemas, además de que Sirius prefería evitar los temas tristes o dolorosos. Pero no había contado con que James se iría de la lengua. No estaba enfadado con él. Ni siquiera una pizca. Sabía por qué lo había hecho y lo entendía y respetaba.
Pero ahora se preguntaba si habría cometido un error. Si debería habérselo dicho por carta a su amigo. Seguramente pensaba que no confiaba lo suficiente en él, que no lo tenía en cuenta. Nada más lejos de la realidad.
Remus salió del baño, cogió un libro que había dejado sobre su mesita de noche y se metió en la cama.
- Escucha, Remus. Siento mucho no haberte contado nada este verano. Es solo que no quería preocuparte, además de que tampoco es para tanto – Remus abrió mucho los ojos, sorprendido. Obviamente no estaba de acuerdo con sus palabras -. Quería decírtelo en persona cuando nos viéramos. Además, si te soy sincero, es algo en lo que ya apenas pienso.
- No tienes por qué darme explicaciones, Canuto.
- Pero quiero. No era mi intención ofenderte o molestarte – ante estas palabras, Remus se removió un poco incómodo.
- No estoy molesto. Lo siento si te di esa impresión.
- Después de James, que es como mi hermano, tú eres mi mejor amigo. Eres muy importante para mí, Lunático. Yo... la verdad es que tengo que decirte algo. Escucha.
¡Pum! La puerta se abrió de golpe.
- Ey, ¡par de aburridos! ¿Cómo es que habéis subido tan pron…? ¡Pero si ya estáis metidos en cama! – se escandalizó James como si sus amigos acabaran de cometer traición. Peter entró tras él en ese momento en el dormitorio - . ¿Y qué pasa con nuestra legendaria fiesta "Primera noche en Hogwarts"? – dijo levantando ambos brazos como si portase una pancarta con el título de la fiesta.
- Se me había olvidado – dijo Sirius con sinceridad, parpadeando asombrado ante ese hecho.
- ¿Que se te qué? – a James hasta se le atragantaron las palabras- ¿Estás enfermo, Canuto? Porque es la única explicación.
- Venga, Cornamenta – Sirius sonrió divertido y travieso mientras se levantaba de la cama y de dirigía hacia su amigo -, saca el alcohol secreto que has metido de contrabando en la habitación y que empiece la fiesta.
- ¡Así se habla!
- ¡Síiiiiiii! – Vitoreó Peter.
Remus protestó un poco pero al final se unió a la pequeña fiesta. Sirius le dirigió una breve mirada de disculpa. La conversación acababa de quedar pospuesta para otra ocasión.
Continuará...
Por cierto, lo comento ya ahora. No os esperéis un fic muy largo, porque serán solo cinco capítulos. No quería escribir nada demasiado largo por dos motivos: uno, es mi primer fic y creo que es mejor ir poco a poco. Y dos, porque me conozco y si empiezo algo que puede llevar demasiado tiempo, igual al final acabo abandonando el proyecto y se queda a medias. Pero tranquilas, que este fic ya está acabado. Intentaré subir un capítulo por semana.
