Aquí os va el tercer capítulo. Revisándolo, me da la sensación de que igual me ha quedado corto. No sé, igual son imaginaciones mías.
Espero que os guste.
Gracias a Dzeta y a CoDDark por su comentarios. Se agradecen muchísimo. Y también dar las gracias a Lucita Cullen por seguir mi historia.
CAPÍTULO III: Alquimia
- Buenos días, chicos – saludó James sentándose a la mesa del Gran Comedor.
- ¿Dónde estabas? Cuando nos despertamos ya te habías ido – quiso saber Peter.
- Tenía una reunión con los otros capitanes de Quidditch, para repartir los días de entreno y escoger una fecha para las pruebas de admisión de nuevos miembros.
- Shhhh, ¿podéis hablar más bajo? – se quejó Sirius masajeándose las sienes.
- ¿No te has tomado la poción? – le preguntó extrañado James.
Hacía como medio año los Merodeadores habían descubierto por casualidad que una de las pociones revitalizantes, que la enfermera preparaba para la recuperación de Remus después de sus transformaciones, resultó ser un remedio casi milagroso para las terribles resacas de los chicos.
En realidad, no había sido del todo por casualidad. En el último cumpleaños de Peter, después de dos o tres vasos de hidromiel y unos cuantos chupitos de un licor casero de extraño color, a Sirius le había entrado curiosidad y, a falta de más alcohol en la fiesta, le pareció una excelente idea coger del baúl de Remus dos botellines y bebérselos. Pasaron dos cosas. Una, vomitó sin parar aquella noche. Mucho. No fue algo normal ni hermoso de ver. Aunque el que vomitara fuera el siempre elegante y atractivo Sirius Black. Dos, al día siguiente estaba como una rosa mientras sus amigos apenas podían andar sin que sintieran como si les fuera a explotar la cabeza. Necesitaron un par de intentos más para aclarar qué poción causaba cada efecto.
- ¡Qué poción, si no me habéis dejado nada!
- Oh, lo siento. Fue culpa mía – se disculpó Peter muy compungido -. Pensé que ya habíais bebido todos y lo que quedaba me la tomé yo.
- Ahora que lo dices, no quedaba mucha, no – apuntó James.
- Da igual. Mejor que te la tomaras tú, Colagusano. Yo por lo menos no me paso las resacas lloriqueando todo el rato sin parar y gimiendo "Alcohol malo, alcohol maaaaaaalo. Caca."
- ¡Yo no hago eso!
- Lo haces- dijeron James, Remus y Sirius al unísono. Este último volvió a masajearse la cabeza.
- Puedo pedirle a Poppy que me prepare más poción – se ofreció Remus al ver el estado de su amigo -. Aunque se está empezando a preocupar porque cree que mis transformaciones van a peor y que tardo mucho más en recuperarme, a juzgar por lo rápido que me las ventilo. Deberíamos reducir el número de fiestas y la ingesta de alcohol.
- O, también podríamos averiguar qué lleva y aprender a hacer la poción nosotros – opinó James.
- Acepto el reto – dijo Sirius levantando la mano. Aunque su voz y aspecto no acompañaran con el suficiente entusiasmo tal afirmación -. Pero mejor mañana. O quizás pasado.
- ¡Potter! – un alumno de cuarto año, de cuyo nombre Sirius no podía acordarse en esos momentos, se acercó a su amigo -. ¿Cuándo son las pruebas para entrar al equipo? Williams me dijo que te preguntara a ti.
- El martes de la semana que viene. Tienen que acabar de poner el anuncio en el tablón.
- No hay ningún anuncio.
- ¿Todavía no lo ha puesto? Este Rogers es medio inútil. Yo me encargo.
Sirius ni se inmutó cuando su amigo se levantó y desapareció engullido por un pequeño grupo de alumnos muy interesados en las pruebas de Quidditch. Permaneció ahí sentado, con un codo apoyado en la mesa y la cabeza a su vez apoyada en la mano, revolviendo distraído y sin mucho afán el zumo de piña en vez de la taza de chocolate en la que acababa de echar un azucarillo, que sería lo más lógico.
A su lado, Remus apuraba su chocolate. Sirius se fijó entonces en los libros que había dejado sobre la mesa.
- ¿Alquimia? – preguntó más curioso que interesado -. Pero si ya vas a dos optativas. ¿De dónde vas a sacar tiempo para otra más?
- Le he dado muchas vueltas y lo más probable es que no acuda a la asignatura de Pociones este curso. Lo he consultado con McGonagall y lo iba a revisar, pero cree que es una opción viable.
- ¿Qué dices? – Sirius se irguió y frunció un poco el ceño intentando pensar con claridad. ¿Cuándo había hablado Remus con McGonagall? ¡Pero si acababan de pisar Hogwarts! Y que le había dado vueltas a ¿qué?
- Que este año voy a estudiar Alquimia en vez de Pociones. ¿De verdad que estás bien, Canuto? No tienes buena cara. Puedo revisar mi baúl por si aún me quedara algo de la po…
- ¿Por qué? – preguntó Sirius.
- ¿Por qué, qué? – preguntó Remus a su vez.
- Por qué no vas a seguir en Pociones. No lo entiendo.
- Bueno, ya sabes que no es la asignatura que mejor se me da… – comenzó Remus.
- ¿Y por eso te rindes? – soltó Sirius de sopetón. Quizá su falta de tacto se debía a la jaqueca que estaba sufriendo en ese instante.
Remus se quedó callado. Apretó los labios como solía hacer cuando algo le disgustaba. Y Sirius tenía la culpa. Estupendo. Buena forma de empezar la mañana.
El joven licántropo metió la mano en su mochila y después de hurgar en ella unos segundos sacó algo pequeño y lo dejó en la mesa frente a Sirius.
- Toma. Es una aspirina. Un medicamento muggle para el dolor de cabeza. Nos vemos en clase.
Y dicho esto, recogió sus cosas, se levantó y se fue. Sirius cogió el pequeño envoltorio de plástico que contenía la pastilla y la observó. Luego miró a Peter, que seguía desayunando tan tranquilo su café y su croissant y que se detuvo lo justo para devolverle la mirada a su amigo y encogerse de hombros.
Sirius sacó la aspirina y se la tomó. Le esperaba un largo día.
En los tres días siguientes Sirius no encontró ninguna otra oportunidad para quedarse a solas con Remus. Por un lado, apenas habían puesto un pie dentro de las clases y todos los profesores ya les estaban agobiando y amenazando con los inminentes EXTASIS y sepultándolos sin piedad alguna con trabajos y deberes. Y por otro, James estaba realmente pesado con los entrenamientos de Quidditch y con reuniones sobre tácticas. Pero había prometido que permanecería a su lado y no podía escaquearse.
Por fin era viernes, pero a los chicos apenas les quedaba energía para nada más que no fuera tirarse en el sofá enfrente de la chimenea de la sala común.
Sirius ojeaba su revista de motos. James rompía en trozos pequeños un pedazo de pergamino que alguien había olvidado en la mesita, hacía bolitas y las lanzaba al fuego. Peter se había espatarrado en el sillón y parecía a punto de escurrirse; sin embargo y gracias a un peculiar talento obtenido tras largos años de práctica sillonil, se mantenía en su sitio y observaba ensimismado las vetas de la madera del techo. Y Remus no estaba.
- ¿Sabéis dónde está Lunático? – quiso saber Sirius. Llevaba todo el día sin verlo y lo echaba de menos. Le apetecía sentarse a su lado y conversar un poco con él. Quería preguntarle por cómo le había ido el día, escucharle atentamente y después, para animarle tras un duro día de estudios, le sacaría alguna sonrisa contándole la divertida anécdota de esa tarde: que incluía a James y a Sirius en el vestuario de Gryffindor, unos pantalones agujereados y a una familia de ratones.
- Creo que en la biblioteca – respondió Peter.
- ¿No pasa demasiado tiempo en la biblioteca? – preguntó. Y cuando vio que tanto James como Peter le miraban como si de repente se hubiese vuelto idiota de remate, aclaró -. Me refiero a que últimamente pasa más tiempo allí de lo que suele ser normal en él.
- Es posible – dijo James encogiéndose de hombros -. Pero también nos ponen más trabajos de los normal, así que…
- Puede ser. Quizás son imaginaciones mías, pero lo noto raro. Como más ausente.
- ¿Ah sí? – dijo James, aunque no parecía del todo interesado.
- ¡Cornamenta! – Sirius le dio un leve empujón a su amigo para captar del todo su atención -. Estoy hablando en serio. Primero está lo de dejar Pociones, luego falta a la reunión orientativa para escoger Estudios Superiores u Oficios Mágicos. Apenas se le ve el pelo. Lo mires por donde lo mires, es raro.
- Vale, vale. Sí. Tienes razón. A mí también me pareció extraño no verle hoy en la reunión. ¿Y qué sugieres? Si le abordamos y le preguntamos qué le pasa, sabes de sobra que no dirá nada. Quizás deberíamos darle algo de tiempo. No te preocupes, seguro que no es nada.
Sirius decidió darle la razón para no parecer demasiado ansioso con el asunto. Pero su preocupación no se había disipado. Decidió que no se movería de la sala común hasta que llegara Remus. Y si tardaba demasiado, cogería el mapa y la capa de James y él mismo iría a buscarlo y quizás sí le abordara y pidiera explicaciones. O quizás hiciese otras cosas con él…
No tuvo que esperar mucho. Un cuarto de hora más tarde, el hueco del retrato se abrió y entró Remus cargado con unos cuantos libros que tenían toda la pinta de ser espantosamente aburridos. Se dirigía hacia sus amigos cuando una compañera de clase le llamó para preguntarle una duda de Astronomía.
Ya más tranquilo porque por fin tenía localizado a su amigo, Sirius decidió subir a ducharse. Esa misma mañana se le habían pegado las sábanas y cuando llegó su turno en el baño, apenas quedaba agua templada. Y Sirius necesitaba su ducha de agua hirviendo diaria.
Veinte minutos después, abrió la puerta del cuarto de baño y emergió de entre una nube de vapor, sintiéndose limpio, fresco y revitalizado por completo. Sus amigos ya estaban los tres en el dormitorio, cambiándose para meterse en cama.
Hablaban entre ellos de algo que Sirius ni llegó a escuchar porque toda su atención acababa de centrarse en un Remus sin camisa y en esa deliciosa cicatriz que se perdía bajo los pantalones. Apenas pudo disfrutar del panorama porque captó movimiento debajo de sus propios pantalones, por lo que se apresuró a desviar la vista y a rescatar de un recóndito lugar de su mente la imagen de su tía abuela Yzma en bañador. Le recorrió un escalofrío de horror y grima mientras se metía debajo de las sábanas, pero el desagradable recuerdo cumplió su función.
- Sé que siempre digo lo mismo, pero el chocolate de Honeydukes es el mejor del mundo – proclamó Peter mientras se metía un par de bombones más en la boca.
- Shhhh, no hagáis ruido – les advirtió James.
Era sábado por la tarde y los cuatro amigos se encontraban en el sótano de la tienda de dulces de Hogsmeade. No había una salida programada hasta dentro de un mes, pero a los Merodeadores se les habían acabado las existencias. Por lo que decidieron que era imperiosamente necesaria una excursión ilegal y no autorizada a través del pasadizo secreto que nacía en el pasillo del tercer piso y conectaba directamente con el sótano de la tienda.
Además del Mapa del Merodeador, se habían llevado también la capa de invisibilidad de James para hacer otra pequeña escapada a las Tres Escobas. Sus provisiones de cerveza de mantequilla, hidromiel y ron de grosella se habían visto alarmantemente mermadas.
- Mirad, plumas de azúcar de color verde. Voy a coger algunas para Lily. Hoy a la mañana le pregunté si querría venir conmigo en la próxima salida y ha dicho que se lo iba a pensar. Pero por su cara, ¡seguro que me dice que sí! ¿A qué es maravilloso?
- Sí, Cornamenta, totalmente esplendoroso – dijo Sirius poniendo los ojos en blanco -. Ya nos lo has contado seis veces. Tres antes de salir de Hogwarts.
- Dos mientras recorríamos el pasadizo – apuntó Peter.
- Y ahora – terminó Sirius.
- Escuchad, chicos. Id a las Tres Escobas sin mí – comentó Remus interrumpiendo las protestas de James -. Yo ya tengo todo lo que necesito. Además, me gustaría terminar hoy el trabajo de Transformaciones.
- ¿Estás seguro? - le preguntó James.
- Sí, sí. Nos vemos luego.
- James, voy con él. ¿Vale? – dijo Sirius cuando Remus ya desaparecía por el pasadizo.
- No le atosigues, Canuto – se limitó a aconsejarle su amigo.
Sirius no le hizo mucho caso y se sumergió en la oscuridad, sin ni siquiera encender su varita, acelerando el paso para alcanzar a Remus. Por algún extraño motivo, los latidos de su corazón se aceleraban cuanto más se acercaba a su amigo.
- Lunático. Espérame.
- Canuto – no parecía sorprendido. Por supuesto. Habría escuchado sus pasos. Era muy difícil pillar por sorpresa al licántropo -. ¿Qué haces aquí?
- Quiero hablar contigo.
- ¿De qué? – los dos emprendieron la marcha de vuelta al castillo, uno al lado del otro y sin prisa.
- ¿Qué te ocurre? Y ahórrate el hacerte el sorprendido conmigo, por favor.
Remus le dirigió una breve pero intensa mirada. Luego volvió a mirar al suelo mientras seguían andando. Metió su mano derecha en el bolsillo de su desgastado abrigo, seguramente en busca de su viejo y pequeño lápiz.
- ¿Y si yo no quiero hablar?
- ¿Por qué no fuiste ayer a la reunión orientativa?
- Tenía que terminar un trabajo.
- Ya, como el supuesto trabajo de Transformaciones ¿no?, que dices que tienes que terminar pero que sé de sobra que lo acabaste ayer.
- Canuto – dijo el licántropo, pero Sirius no percibió la advertencia en su voz y siguió hablando. Algo en su interior acababa de ser descorchado y ya no había vuelta atrás. Diría todo lo que tenía que decir.
- ¿Y a qué viene esa decisión de dejar de estudiar Pociones?
- Sólo se imparte la asignatura de Alquimia cuando hay suficiente demanda, y este año ha sido así. Me ha parecido una excelente oportunidad.
- ¿En serio, Lunático? Venga ya. No te creo. Jamás te escuché siquiera mencionar que te interesara la Alquimia. Además, ¿para qué te sirve? Lo hablamos después de los TIMOS, ¿recuerdas? Qué asignaturas escogeríamos, las que nos daban más oportunidades para las carreras que más nos interesaban, decidimos…
- ¡Decidisteis! ¡Vosotros, no yo! Yo simplemente os seguí la corriente porque, no nos engañemos, yo no tengo futuro ninguno fuera de Hogwarts – Remus se había detenido y le miraba enfadado. Había dado un paso atrás para alejarse de Sirius y a cada palabra que decía levantaba más la voz -. Soy un hombre lobo. Y aunque a vosotros os pueda parecer muy divertido correr aventuras las noches de luna llena por el Bosque Prohibido, en el mundo real siempre he sido un paria social. Siempre lo he sido y siempre lo seré. Y con una guerra gestándose y a punto de estallar, con magos oscuros rondando por todos lados, los de mi clase estamos aún peor vistos que antes, como si no fuera ya bastante malo. ¡Y qué si no fui a la reunión! Jamás me aceptarán en ninguna escuela superior. Y nadie en su sano juicio me dará trabajo, así que, dime, Canuto, ¿de qué me habría servido ir? Para mí se acaba todo este año. Vosotros seguiréis hacia adelante, estudiando para aurores o cualquier otra cosa. James saldrá con Lily y harán su vida y serán felices juntos. Tú y Peter otro tanto mientras yo acabaré sabe Merlín en dónde. No podré ir allá a donde vosotros vayáis, ¿es que no lo entiendes? Y con el tiempo os olvidaréis de mí.
Sirius se había quedado estupefacto ante las palabras de Remus. ¿Cómo podía pensar así? ¿Cómo podía creer que lo iban a dejar solo?
La única luz que había en el pasadizo era la que salía de la varita de Remus, que sujetaba fuertemente con la mano izquierda mientras que con la otra no paraba de bracear enérgicamente. A pesar de la escasa y temblorosa luz, Sirius pudo ver el rostro del chico mientras seguía gritando y despotricando, con la fuerza de una tromba de agua que terminaba de arrancar los pedazos de una presa que acababa de reventar. Ya no había enfado, sólo angustia, desesperación y miedo. Mucho miedo.
Sin ser del todo consciente de lo que estaba haciendo, Sirius se movió. Dio un paso al frente, luego otro y uno más. Levantó ambas manos y las posó una a cada lado de la cara de Remus, que al instante enmudeció. Le miró a los labios, que aún temblaban; luego a esos hermosos ojos castaños, color miel, que le devolvían la mirada asustados. La varita de Remus cayó al suelo y justo en el momento en el que se hizo la oscuridad, Sirius posó sus labios en los suyos.
Eran cálidos, húmedos y suaves. Tal y como él se lo había imaginado tantas veces. Mil veces mejor, en realidad, porque en esta ocasión era de verdad. Los labios de Remus se movieron con los suyos, en un baile perfectamente sincronizado.
De pronto, demasiado pronto, Remus se apartó. Sirius se quedó inmóvil, con ambas manos sujetando el aire. Sintió que su amigo se movía. "Lumus", escuchó que susurraba y al instante los envolvió la luz. Pero Remus no lo miraba a él, sino que tenía la vista clavada en el pasadizo, por donde habían venido. Entonces Sirius oyó los pasos y la pesada respiración de Peter.
- ¿Chicos? ¿Va todo bien? Me pareció oír gritos – dijo, después de aparecer por el recodo del pasadizo, mirando dubitativo a Remus.
No era de extrañar que creyera que se lo había imaginado, a juzgar por su expresión. No podía culparlo. Remus nunca perdía los estribos ni gritaba de esa forma. O casi nunca.
Excepto por aquella ocasión. Aquel fatídico día, en tercer curso y a causa de la lamentable decisión que Sirius había tomado para escarmentar al cara babosa de Snape. Pero las cosas no habían salido como él las había pensado. Seguramente porque no pensaba. Sólo se dejaba llevar y actuaba. Como ahora. ¡Por el amor de Merlín! ¡Acababa de besar a Remus Lupin!
- No pasa nada, Colagusano. ¿Querías algo?
- ¿Qué? Ah, sí. Te dejaste todos tus dulces en Honeydukes – dijo extendiendo el brazo para entregarle una bolsa.
- Ah, gracias.
- Y James dice si nos puedes dar el mapa.
- ¿El mapa? Ah, sí. Claro – a Sirius se le había olvidado que se había llevado el mapa en el bolsillo -. Toma.
- Gracias. ¡Nos vemos!
Sirius se giró de inmediato pero ya era tarde. Soltó una maldición. Remus había desaparecido por el pasadizo. Cuando quería, el condenado podía ser muy sigiloso y rápido.
Y hasta aquí por hoy. Espero que os haya gustado ^^. Tanto si ha sido así como si no, ¿algún review?
Por cierto... al principio del capítulo... bueno, he intentado hacer un pequeño, muy muy pequeño y muy sutil, homenaje a la serie de "Cómo conocí a vuestra madre" (How I met your mother). Es una tontería, pero como estoy volviendo a ver la serie, no pude evitar que se colara algo al escribir XD. No sé si alguien se habrá dado cuenta (seguro que no, repito, es una tontería) XD.
¡Hasta la próxima!
