Y aquí está el siguiente cap...
Como siempre, las respuestas a los reviews, al final del cap
Disclaimer: bla bla bla... Nada de esto es nuestro ¿hay q recordarlo en todos los caps?
4
Confidencias en el tren
Harry apenas podía creer que las vacaciones hubieran terminado, el tiempo transcurrido en la Madriguera había pasado extremadamente rápido.
Todos despertaron temprano el uno de septiembre, ya que, como siempre, aún había cosas por hacer. Harry y Ron terminaron de preparar sus baúles antes de bajar a desayunar. En la cocina se encontraron con Fred y George.
-Buenos días –saludó George-. ¿Qué¿Preparados para otro año rompiéndoos los codos? Nosotros ya no tenemos que preocuparnos por eso.
-Gracias por tus ánimos, George –dijo Ron.
-Se hace lo que se puede, hermanito.
Al poco rato bajó Ginny, discutiendo con la señora Weasley.
-¡No pienso subirme a ningún tren sin haberlo encontrado antes! –decía Ginny a voz en grito.
-Pero, hija, ya hemos mirado por toda la casa –contestó la señora Weasley cansinamente.
-Pero mamá, ese perfume es especial, me lo regaló Dean y...
Harry que escuchaba la conversación creyó haber oído mal. ¿Se refería Ginny a Dean Thomas, su compañero de dormitorio? Imposible. Se dijo a sí mismo que habría entendido mal. Ron, por su parte, no parecía haberse enterado de nada, porque aún discutía con los gemelos.
Al fin, a las diez y media de la mañana todos parecían listos para partir (Ginny ya había encontrado el perfume de "Dean"). Toda la familia Weasley al completo les acompañaría a la estación para despedirlos.
-Señor Weasley¿cómo llegaremos hasta la estación de King´s Cross? –preguntó Harry.
-Oh, no te preocupes por eso, el Ministerio nos ha prestado un par de coches –respondió el padre de Ron.
Harry miró por la ventana de la sala de estar y vio a dos coches apostados en la entrada del jardín. Se dijo a sí mismo que seguramente se encontraban allí por él, para escoltarlo hasta la estación. Esa idea no le hizo sentir muy bien.
Al poco rato, sus baúles estaban cargados en los maleteros y ellos se encontraban acomodados en los asientos. Emprendieron la marcha hacia Londres y llegaron a la estación de King´s Cross, hasta el andén 9 y ¾. Ron, Harry y Ginny fueron despidiéndose poco a poco de toda la familia Weasley. Fred y George habían hecho un hueco en su apretada agenda para decirles adiós; el negocio marchaba a las mil maravillas y habían dejado al cargo a Lee Jordan.
-Prometed que no os meteréis en líos. Tened mucho cuidado –les dijo la señora Weasley, dirigiéndose especialmente a Harry.
-Lo intentaremos –contestó mientras le lanzaba una mirada cómplice a Ron. A éste se le escapó una pequeña sonrisa. Era por todos sabido que fueran a donde fueran, siempre encontraban problemas.
Harry se despedía de Percy, Charlie y Bill en el momento en que Ron hablaba con su padre.
-Que os divirtáis –le dijo el señor Weasley a su hijo mientras le daba un fuerte abrazo de despedida-. Y no os preocupéis por nada de lo que pase fuera de los muros de Hogwarts –Ron sonrió como única respuesta.
Harry y Ron charlaban con los gemelos, cuando Fred soltó:
-No os preocupéis; en cuanto podamos os mandaremos un enorme Surtido Saltaclases para que podáis hacer novillos sin que haya sospechas –todos rieron, mientras Ron decía.
-¿Por qué no nos mandáis algunos caramelos longuilinguos, como los que le disteis al primo de Harry¡Seguro que si se los damos a Snape, Harry se libra de alguna de sus clases, o al menos tendríamos un poco de diversión...¿Os imagináis la pinta que tendría Snape?
-No sé si le haría mucha gracia a Hermione que infringiéramos las normas...sobre todo tú... –dijo Harry con sorna.
-¿Por qué yo? –preguntó el aludido.
-Bueno, eres el otro prefecto de Gryffindor¿no?
Ron se encogió de hombros y en ese momento los interrumpió Ginny, que ya se había despedido de sus padres, y se dirigía hacia los gemelos. Por encima del hombro de la pelirroja, Harry divisó a Draco Malfoy, que, no muy contento, intercambiaba las últimas palabras con su madre antes de entrar en el tren.
-Se nos hace tarde... Será mejor que subamos ya... –dijo Ron mirando su reloj.
Ron, Ginny y Harry cogieron sus respectivos baúles y mascotas y subieron al expreso de Hogwarts. Escogieron el mismo compartimento que habían elegido Harry y Ron en su primer viaje al colegio, donde conocieron a Hermione.
El tren se puso en marcha y emprendió el viaje. Los tres amigos se asomaron por la ventanilla y se despidieron agitando las manos. Los señores Weasley hacían lo mismo desde el andén y Fred y George bromeaban lanzándoles besos. Poco a poco, el tren aumentó su velocidad,y la estación desapareció de su vista. Harry tomó asiento y se acomodó para el largo viaje que le esperaba.
-Bueno, yo voy a buscar a Luna –dijo Ginny.
-Vale, te acompaño. Tengo que ir al compartimento de los prefectos, a ver si encuentro a Hermione –dijo Ron.
-¡Yo os espero aquí! –gritó Harry mientras ambos salían del compartimento-. No me moveré –murmuró más para sí mismo.
Al poco rato, Neville, uno de sus compañeros de dormitorio, abrió la puerta del compartimento. Detrás de él venía Dean Thomas.
-Harry¿has visto a Ginny? –preguntó Dean.
-Ha estado aquí, pero se ha ido a buscar a Luna –Harry ya empezaba a sospechar que las casualidades no existían.
-Bueno, ya nos veremos –se despidió Dean.
Neville se sentó frente a Harry.
-¿Qué haces aquí solo¿Y Ron y Hermione? –preguntó Neville.
-A Hermione aún no la he visto y Ron debía ir al compartimento de los prefectos.
Harry y Neville se entretuvieron jugando una partida de gobstones e intercambiando cromos de las ranas de chocolate. A mediodía, cuando pasó el carrito de la comida, Harry compró un montón de ranas de chocolate, meigas fritas, pastel de calabaza y bizcochos en forma de caldero que compartió con Neville. Ron y Hermione debían de estar realmente ocupados, ya que no aparecieron en toda la mañana.
Tras la comida, Harry y Neville se dedicaron a charlar sobre la situación actual. Neville, que procedía de una familia de magos y vivía con su abuela, estaba al corriente de todo cuanto había ocurrido ese verano. Su abuela volvía a recibir El Profeta tras el cambio de actitud de éste sobre el regreso de Voldemort.
-... La verdad es que las cosas se están poniendo cada vez peor –comentó Neville-. ¿Oíste algo sobre el ataque de los dementores?
-Sí, pase una temporada en casa de Ron y leí un artículo acerca de ello en El Profeta –contestó Harry.
-¿Y lo del callejón Diagon? –dijo Neville, impresionado.
-Nosotros estabamos allí cuando sucedió –Harry le relató a Neville lo ocurrido y éste lo miraba con la boca abierta.
-Mi abuela dice que esto no es nada. Me ha hablado acerca de los tiempos en los que Quien-tú-sabes reinó, y es realmente espantoso. Tuve que insistir mucho para que soltara prenda, porque no quería asustarme –dijo Neville con un deje de impaciencia-, pero desde que supo que me enfrenté a Bellatrix Lestrange, creo que piensa que puedo soportar más de lo que ella misma creía –acabó el muchacho con un tono lúgubre.
A Harry le vino a la mente la profecía que se había roto en el Departamento de Misterios y que todos creían perdida, salvo Dumbledore y él mismo. No pudo evitar recordarla tras la mención de la pelea con Bellatrix.
-Todo el mundo está al borde de la histeria¿sabes? –Neville continuó hablando-. Muchos magos daban por supuesto que Quien-tú-sabes no regresaría después de que tú lo derrotaras. Pero ya ves... En San Mungo todo esto ha tenido repercusión. Este verano, cuando visitaba a mis padres, he podido ver que llegaban muchos heridos al hospital. Había un montón de aurores ingresados.
La mención de los padres de Neville sólo hizo que el recuerdo de la profecía pesara más en la mente de Harry, y una extraña sensación se extendió por su estómago. La profecía hablaba sobre un niño que nacería a finales del séptimo mes y que sería la única persona capaz de derrotar a Lord Voldemort. Desgraciadamente, dicha profecía no especificaba de qué niño se trataba, ya que, aquel año, dos niños magos habían nacido a finales de julio: uno era Harry, por supuesto, y el otro Neville. Harry se preguntó si debería contárselo a Neville, aunque de todos modos la elección ya estaba hecha. Ni Ron ni Hermione sabían nada al respecto, y Harry prefería que siguiera siendo así.
Tras una batalla interna consigo mismo, Harry tomó una decisión.
-Neville, respecto a aquella noche en el Departamento de Misterios y la profecía...
-Oh, Harry, siento mucho lo de la profecía, ya sabes, que se rompiera. Hubiera sido interesante saber qué decía...
-Es eso de lo que quiero hablarte –le interrumpió Harry-. La profecía no se perdió realmente. Dumbledore fue quien la escuchó directamente de la persona que la formuló, la profesora Trelawney. Y bueno... –a Harry le costaba horrores continuar-. Aquella misma noche, Dumbledore me reveló su contenido.
Neville se había vuelto a quedar con la boca abierta, estaba indudablemente impresionado, y no sólo por el hecho de que Harry conociera el contenido de la profecía, sino sorprendido a la vez por saber que la profesora Trelawney era capaz de predecir algo.
Harry esperaba que Neville dijera algo, cualquier cosa. Finalmente, consiguió articular unas pocas palabras:
-Pero... Harry... ¿De qué trataba la profecía?
-Trata sobre Voldemort y sobre mí –Neville se estremeció al oír el nombre del Señor Tenebroso-. Verás...
Harry le contó con pelos y señales todo lo que recordaba sobre la profecía, que parecía haber quedado grabada a fuego en su cerebro: "El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida...".
Harry le explicó a Neville que la razón por la que Voldemort trató de matarlo cuando tan sólo era un bebé, era la misma profecía, ya que él sabía acerca de su contenido, aunque no la conocía completamente, por lo que halló la derrota al enfrentarse a Harry. Aclaró a Neville todo lo que él conocía, y en cierto modo fue un alivio desahogarse; fue como quitarse un peso de encima.
Aún así, Neville tenía una duda:
-Pero, Harry¿cómo podía saber Quien-tú-sabes que realmente eras tú de quien hablaba la profecía? Quiero decir, que más magos coincidirían con esa descripción¿no?
Harry comprendió que Neville no había caído en la cuenta de que él podría haber sido el elegido. Harry respiró hondo, preparándose para lo que haría a continuación.
-Sí, bueno, verás... el caso es que tan sólo otra persona cumplía todos los requisitos. Uno era yo, claro, y el otro era... –se detuvo tan sólo un instante-. El otro eras tú.
Neville reaccionó como si alguien lo hubiera abofeteado.
-¿Cómo dices?–dijo en voz muy baja.
Harry no supo qué decir.
-¿Qué significa eso? Significa que yo...
-No significa nada. Voldemort me eligió a mí¿recuerdas? Dumbledore dijo que se identificó conmigo porque soy un sangre mestiza, como él. Al atacarme me señaló como su igual, me dio unos poderes, como el don del pársel, sin siquiera saberlo. No imaginó que el luchar contra mí resultaría peligroso. Además de eso, Dumbledore cree que tengo un poder que Voldemort desconoce y del cual carece –terminó Harry.
-Vaya... –fue todo lo que logró decir Neville.
-Podrías haber sido tú, pero fui yo. Como dijo Dumbledore, él me marcó con la cicatriz que ha resultado ser maldición y bendición a la vez –dijo Harry tristemente.
Permanecieron un largo rato en completo silencio.
-Así que¿tú eres el único capaz de derrotarlo? –preguntó Neville para asegurarse.
-Sí.
-Y... ¿Es inevitable? Quiero decir, como dice la profecía¿uno de los dos deberá morir?
-Así es.
Silencio. Parecía que a Neville le costaba asimilar la verdad.
-Neville, no le digas nada a nadie¿de acuerdo? Ron y Hermione ni siquiera lo saben aún.
El chico se sorprendió ante esta última revelación. Al fin y al cabo, eran los mejores amigos de Harry.
-Tranquilo, no le diré nada a nadie. Tú tampoco le dijiste nada sobre mis padres a los demás, quiero decir, antes de encontrarnos en San Mungo. Dumbledore me dijo que lo sabías –Neville guardaría el secreto, Harry estaba seguro-. Tú... ¿qué piensas de todo esto? –le preguntó Neville tras otro incómodo silencio.
-No lo sé. La verdad es que no he pensado detenidamente en ello. Algún día llegará el momento de hacerle frente, y cuando llegue, espero estar preparado. Aún no puedo creerlo del todo, a veces pienso que es sólo un sueño y que despertaré sin más... Me siento... –Harry no sabía como explicarlo en palabras-. Siempre he estado marcado, aunque no lo haya entendido hasta hace poco, y eso hace que me sienta aislado, como si hubiera una barrera invisible entre el resto del mundo y yo. Todo ha cambiado. Me he enfrentado en más de una ocasión a él, sin embargo, siempre pensé que sería otro el que acabara con él. Pero... cuando llegue la hora, aunque no sea la primera vez que le haga frente, puede que sea la última –Harry acabó de hablar y levantó la vista hacia Neville, que estaba pálido como la cera.
-Harry, no...
Pero Harry no pudo saber qué era lo que Neville trataba de decirle, porque en ese momento la puerta del compartimento se abrió con un sonoro chasquido y por ella entraron Ron y Hermione.
-Te lo digo en serio, Hermione. Esos enanos de primero deberían mostrar más respeto¡y no me vengas con que son muy pequeños y no saben lo que hacen! Al próximo le lanzo un hechizo de piernas de gelatina –dijo Ron acaloradamente mientras se sentaba al lado de Harry.
-¡Ron, ya basta! –exclamó Hermione.
-¿Qué pasa? –preguntó Harry.
-Nada. Es sólo que Ron cree que su autoridad como prefecto peligra entre los más pequeños –bromeó Hermione. Harry rió junto con su amiga.
-Ja, ja, ja. Que chistosa, Hermione. ¿Y a vosotros qué os pasa? Cuando hemos entrado teníais unas caras... –preguntó Ron mientras engullía uno de los pasteles de Harry.
Neville se sonrojó. No sabía mentir.
-Nada, emmm... –Harry trato de pensar con rapidez. Una idea le vino a la mente-. Malfoy pasó por aquí para molestar, ya sabes.
-Ese... –Hermione se escandalizó ante las palabras de Ron-. Este año no pienso pasarle ninguna –y Ron estuvo un buen rato despotricando contra Malfoy.
El resto de la tarde, tanto Ron como Hermione permanecieron en el compartimento sin moverse, por lo que Harry y Neville no pudieron seguir hablando de la profecía. De cuando en cuando, se lanzaban miradas significativas. Estaba claro que Neville quería hablar con Harry, pero nunca lo haría estando delante Ron o Hermione.
A media tarde, algunos de sus amigos pasaron por su compartimento para saludarles, y para sorpresa de Harry, Draco Malfoy no les obsequió con una de sus agradables visitas. Harry pensó que después de lo que había pasado con su padre, no querría llamar la atención.
Al anochecer, llegaron a la estación de Hogsmeade. Bajaron del tren y se encaminaron a los carruajes. Harry buscó a Hagrid con la mirada, y lo vio alejándose con los de primero hacia el lago. Esta vez Harry no se sobresaltó al ver a los thestrals, simplemente le dio unas palmaditas en el cuello al que tiraba de su carruaje.
La noche era clara, y no tardaron en llegar a la entrada del castillo. Allí, como siempre, les aguardaba la profesora McGonagall, esperando a los alumnos para dejarlos entrar.
-Miradlos –dijo Hermione señalando a Draco Malfoy y otros Slytherin que se reían de unos alumnos de segundo curso de Hufflepuff-. Dan asco.
-Bueno, por suerte el mundo mágico ya sabe que sus padres son mortífagos –le respondió Ron mientras esperaban para pasar al comedor.
-¡Eh, Potter! –llamó una voz que arrastraba las palabras. Harry, Ron y Hermione se giraron y se encontraron cara a cara con Malfoy-. Ten cuidado, Potter. Este año te vas a enterar, los mortífagos andarán tras de ti...
-Puede ser –respondió Harry con tranquilidad-, pero al menos ya hay algunos en Azkaban¿recuerdas?
-Ten por seguro que saldrán. Sin los dementores, Azkaban no es nada.
Por suerte, la profesora McGonagall les llamó para que entraran al Gran Comedor y pudieron alejarse de los Slytherin.
-¿Crees que habla en serio? –preguntó Ron mientras se sentaban en la mesa de Gryffindor-. ¿Es posible que los mortífagos huyan de Azkaban?
-No lo sé... pero... –respondió Hermione sentándose también-. Aún sin los dementores, Azkaban sigue siendo una prisión, y ya hay magos que se ocupan de ella.
-¡Shhh! –les chistó Ginny-. ¡Dumbledore!
En efecto, Albus Dumbledore se había puesto en pie tras la mesa de los profesores:
-¡Bienvenidos un año más! –les saludó afectuoso-. Hogwarts os acoge durante otro curso, un curso que, tristemente, será más duro que el anterior para la mayoría. Pero bueno, las noticias para luego. Ahora¡que comience la selección!
Tras pronunciar aquellas palabras se sentó, y la profesora McGonagall entró en el Gran Comedor, seguida por los alumnos de primero que ya habían cruzado el lago en bote. Hagrid, quien los había dirigido, se sentó en la mesa de profesores y saludó a Harry, Ron y Hermione.
La profesora McGonagall colocó un taburete de tres patas, sobre el que había un viejo sombrero raído, en la tarima frente a la mesa de los profesores y la fila de los nuevos alumnos.
-Veamos qué es lo que canta esta vez –susurró Ron, a la vez que se abría una rasgadura cerca del ala del Sombrero Seleccionador.
Llegan tiempos oscuros,
es por todos sabido;
sin embargo queda esperanza
si permanecemos unidos.
Cuando en Hogwarts comenzó mi historia
eran tiempos de gloria;
sin embargo en estos momentos,
con la oscuridad estad atentos.
Porque el señor Tenebroso reinó en un periodo de caos
y sembró la discordia entre todos los magos.
Por eso sólo os digo, no temáis pronunciar su nombre,
ya que Voldemort no es más que un hombre.
Por tanto, sin darle tiempo a la sombra
a que inunde nuestros corazones,
abramos la mente
y enfrentemos nuestras emociones.
Al fin y al cabo, la inteligencia de Ravenclaw,
la paciencia de Hufflepuff,
la valentía de Gryffindor
y la astucia de Slytherin,
totalmente compenetrados,
forman un "todo" equilibrado.
Todo el comedor quedó en silencio, la mayoría de los alumnos atónitos porque el sombrero hubiera pronunciado el nombre de Voldemort. Sin embargo, Hermione parecía extrañada por otra razón.
-Que raro, nunca antes el Sombrero Seleccionador había repetido el mismo mensaje dos años seguidos –dijo la chica, sorprendida.
-¿Y tú cómo lo sabes? –espetó Ron-. ¿Acaso también te dedicas a estudiar las canciones del sombrero?
-Lo pone en Historia de Hogwarts, si te dignaras a leerla alguna vez, lo sabrías.
-Sí, Hermione, nunca ha repetido el mensaje, pero esta es una ocasión especial; es más importante que nunca que todos estemos unidos –dijo Nick Casi Decapitado, el fantasma de Gryffindor, que había estado escuchando-. Es algo que hay que recalcar, ya que algunos parecen no haberlo entendido –Nick miró a las mesas de Gryffindor y Slytherin con una significativa mirada.
-Nick, sabes perfectamente que nunca habrá una tregua entre Gryffindor y Slytherin, es misión imposible –aclaró Ron.
-Pues en mi opinión, Ron, alguna vez habrá que perdonar e intentar aliarnos –contestó Hermione.
-Claro, ahora me dirás que tú eres capaz de perdonar a Malfoy y a Parkinson todo lo que han hecho.
-En ese caso no...
-¿Podéis callaros ya? –les instó Harry.
Ron y Hermione se quedaron mudos y prestaron atención a la selección.
-¡Apple, Martha! –llamó la profesora McGonagall.
Una niña rubia se sentó en el taburete, y tras ponerse el sombrero, al cabo de un rato, éste gritó:
-¡Hufflepuff!
-¡Arstay, Kevin!
-¡Ravenclaw!
-¡Bryce, Donna!
-¡Gryffindor!
La mesa de Gryffindor fue la que aplaudió esta vez, mientras Donna Bryce se sentaba entre ellos.
-¡Collins, Harold!
-¡Slytherin!
Los alumnos de Slytherin aplaudieron y Harry miró hacia aquella mesa. ¿Les influiría a los nuevos Slytherin que aquella casa fuera la que más magos tenebrosos había dado?
Ya estaban llegando al final de la selección y tras "¡Parrence, Gregory!" "¡Hufflepuff!", la profesora McGonagall llamó al último estudiante de primero:
-¡Valentine, Rosie!
-¡Gryffindor!
La muchacha morena se sentó entre los Gryffindor y la profesora McGonagall retiró el Sombrero Seleccionador. El profesor Dumbledore volvió a ponerse en pie entonces:
-Bienvenidos, nuevos alumnos. Supongo que todos estaréis hambrientos, así que ya puede comenzar el banquete.
Por arte de magia, en los cientos de platos y bandejas dorados aparecieron numerosos alimentos. Ron y Harry los acogieron con entusiasmo mientras Hermione cogía una patata asada y la miraba con tristeza.
-¿Cuándo van a liberar a esos pobres elfos? –preguntó al aire.
-Hermione¿todavía sigues con eso? –Harry estaba asombrado ante la perseverancia de su amiga-. ¿Todavía no te has dado cuenta de que no quieren ser libres?
Ron estaba demasiado ocupado comiendo y no podía hablar con la boca llena, pero asintió con la cabeza en señal de aprobación a lo dicho por Harry.
-¡Ya sé que os parece una tontería! –exclamó la chica, irritada, haciendo que algunos estudiantes se volvieran asustados para mirarla-. ¡Pero es increíble que sigamos esclavizando a unos seres sensibles y...!
-Vale, Hermione, déjalo ya –la tranquilizó Ron, que había dejado de comer-. Nos hemos dado por enterados.
Hermione no dijo ni una palabra hasta que llegaron los postres, momento en el que pareció recordar algo:
-¿Quién será el nuevo capitán del equipo de Gryffindor?
Ron y Harry se miraron. No habían pensado en eso. El año anterior Angelina Johnson había ocupado el puesto, pero aquel curso ya no estaba en Hogwarts, así que nombrarían a un nuevo capitán del equipo de quidditch de Gryffindor.
-Ni idea –contestó Ron-. Pero, Harry, volverás a ocupar el puesto de buscador¿verdad?
Harry había sido buscador desde primero, pero la odiosa profesora Umbridge le había suspendido del equipo de por vida. Ahora que ella no estaba, Harry esperaba volver a jugar.
-Yo con gusto te cedo el puesto –dijo Ginny, que se había unido a la conversación. Cuando había faltado Harry, Ginny se había ocupado de jugar en el puesto de buscadora-. Como Alicia y Angelina se han ido, puedo presentarme para el puesto de cazadora.
-Dos de los tres puestos de cazador están vacantes y... –observó Ron.
-Dumbledore va a hablar –interrumpió Hermione.
El director se había levantado por tercera vez y se disponía a hablar:
-Tras una excelente cena, ahora llegan las noticias que os prometí. Para empezar, recordad una vez más que el Bosque Prohibido esta fuera de los terrenos permitidos. También debéis saber que la lista de objetos prohibidos puede consultarse en la conserjería del señor Filch, y que recientemente ha aumentado llegando a cerca de mil objetos –Ron y Harry sonrieron. Seguramente aquel incremento se debía a Sortilegios Weasley-. En cuanto a los nuevos nombramientos, Rubeus Hagrid volverá a ocupar el puesto de profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas –el comedor estalló en aplausos, exceptuando la mesa de Slytherin. Hagrid guiñó un ojo a Harry, que a su vez le sonrió-. Aunque ha decidido no asistir a la cena, el centauro Firenze seguirá impartiendo las clases de Adivinación, compartidas con la profesora Trelawney. Por último, queda presentaros a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, la profesora Nymphadora Tonks.
-¿¡Tonks!? –exclamaron Harry, Ron, Hermione y Ginny a la vez. Hasta aquel momento, no se habían fijado en ella, claro que esta vez llevaba el pelo rubio y rizado y los ojos azules.
Cuando Tonks se puso en pie, aplaudieron con fuerza de nuevo.
-Eso es todo por hoy. ¡Buenas noches!
Los alumnos comenzaron a salir del Gran Comedor y Hermione y Ron, como prefectos, dirigieron a los alumnos de primero pertenecientes a Gryffindor hacia la sala común. Poco después, llegaron frente al retrato de la Señora Gorda:
-Hocicorto sueco –Hermione dio la nueva contraseña y el retrato se hizo a un lado.
Entraron en la sala común, que se encontraba igual a como Harry la recordaba. Hermione, tras dar las buenas noches a sus dos amigos, dirigió a las alumnas de primero por las escaleras que conducían a las habitaciones de las chicas, mientras Ron, acompañado por Harry, hacía lo mismo con los chicos. Después, se dirigieron a su dormitorio, donde en la puerta había colgado un rótulo que decía "Sexto curso".
Un par de minutos después, la puerta se volvió a abrir y aparecieron Seamus y Dean, sus otros dos compañeros de cuarto, y luego Neville, que miró a Harry largamente, recordando sin duda lo que habían hablado en el tren.
Al poco rato, los cinco estaban acostados en sus respectivas camas de dosel y justo antes de dormirse, Harry pensó que otro nuevo curso comenzaba, y suplicó por que no fuera como el anterior.
De momento hasta aquí hemos llegado... Ahora q ya han llegado a Hogwarts, pronto empezará la acción...
Ahora ya sabéis, dejadnos algún mensajito pa darnos animos o pa decirnos q los fics no son lo nuestro... todo vale! REVIEWSSS!!!!
Respuestas a los reviews:
aYdE mDrJgI: bueno, como ves nunca tardamos más de una semana en actualizar. esperamos q t haya gustado este cap tmb y si tienes alguna sugerencia o consejo, ya sabes, suéltalo sin contemplaciones, xD. besos wapa
Favila Thyferra: bueno, antes q nada, muchas gracias por tus reviews. el fic si q va a ser algo largo, porque como ya te habrás dado cuenta es la continuación del quinto libro, pero no creo q seguirlo sea un problema porque vamos a actualizar una o dos veces por semana siempre. ya lo tenemos pasado a ordenador y está prácticamente todo escrito (todavía falta algún detallito...) asike no vamos a estar sin actualizar mucho tiempo. a nosotras tmb nos pasa q con fics largos perdemos el hilo, pero sólo si los dejan colgados y sin actualizar por mucho tiempo. asike na, te animamos a q sigas nuestro fic y nos des tu opinión. besos!!!
