Hola de nuevo a todos los q siguen el fic!!!! esperamos q hasta ahora os haya gustado la historia; en el cap pasado los chicos por fin llegaron a Hogwarts y Harry tuvo una charla bastante interesante con Neville. En este nuevo capítulo empiezan las clases y las cosas ya empiezan a complicarse un pokito... si queréis saber lo q pasa, sólo tenéis que seguir leyendo!

Disclaimer: nada nuestro, todo de rowling

Abajo las respuestas a ls reviews!!!!

5

Las pruebas de quidditch

-Harry, despierta, vamos a llegar tarde –Ron lo despertó a la mañana siguiente. Harry, con dificultad, se puso las gafas y comenzó a vestirse.

No se encontraron con Hermione en la sala común, por lo que decidieron esperarla en el Gran Comedor. Cuando llegaron al pie de la escalinata, alguien llamó a Harry:

-Potter¿puedo hablar con usted un momento, por favor? –era la profesora McGonagall. Harry se separó de Ron, que entró en el Gran Comedor a desayunar, y se dirigió hacia la profesora-. No hace falta que diga que vuelve a fomar parte del equipo de quidditch. Bien, como ya sabrá, necesitamos un nuevo capitán –Harry asintió-, así que espero que usted ocupe el puesto vacante.

Harry se quedó totalmente sorprendido; ¿él iba a ser el capitán del equipo? Desde luego no se había esperado algo así, se había imaginado que Katie Bell sería la nueva capitana, pues ésta era un año mayor que Harry.

-¿Entonces, Potter, podemos contar con usted?

-¿Eh? Sí... claro –contestó Harry, todavía asombrado, mientras la profesora le tendía la insignia de capitán.

-Me alegra oír eso –concluyó la profesora McGonagall despidiéndose de él y subiendo las escaleras. Sin embargo, a medio camino se detuvo–. Tu padre estaría orgulloso de ti –dijo con una sonrisa.

-¿Qué quería McGonagall? –preguntó Ron cuando Harry se sentó a su lado en la mesa.

-Me ha dicho que soy el nuevo capitán del equipo de quidditch de Gryffindor –contestó, señalando la insignia que ya se había colocado sobre la túnica, sin poder creer aún lo que acababa de decir.

-¿Sí¿De verdad¡Harry, eso es fantástico! –Ron parecía entusiasmado-. Te lo mereces, llevas un montón de años en el equipo.

-No sé... me imaginaba que Katie sería la capitana, es más mayor...

-¿Qué pasa? –preguntó Ginny, que había llegado en ese preciso momento.

-Harry es el nuevo capitán del equipo de Gryffindor –aclaró Ron, satisfecho.

-Enhorabuena, Harry –le felicitó la pelirroja, desviando la vista hacia la insignia-. De modo que te han readmitido en el equipo. Espero que me avises cuando hagas las pruebas para buscar nuevos cazadores.

-Por supuesto –respondió Harry.

-Felicidades, Harry –Katie se había acercado hasta ellos-. Ya me he enterado de la noticia.

-Yo pensé que serías tú –repitió Harry. Seguía sin entender por qué lo habían elegido a él. No se imaginaba a sí mismo preparando estrategias y lanzando discursos "a lo Oliver Wood".

-Pues no sé por qué iba a ser así. Llevo los mismos años que tú en el equipo. Además –dijo Katie, pensativa-, prefiero que sea así, porque tendré más tiempo para preparar mis ÉXTASIS.

Al poco rato, cuando Ginny y Katie se hubieron marchado tras citarlas Harry el viernes a las seis para las pruebas de quidditch, llegó Hermione con unos papeles en la mano.

-Ron, ayúdame a repartir los horarios de los primeros cursos –dijo jadeando; sin duda había venido corriendo.

-¿Por qué? –protestó Ron.

-Porque somos prefectos.

Ron resopló y siguió a Hermione, tras decirle a Harry que quedarían al acabar el desayuno en el campo de quidditch para entrenar. Por la mañana, había aparecido un llamativo cartel rojo en el panel de anuncios de la sala común, que decía que los alumnos de sexto tendrían el día libre, a excepción de una breve entrevista con el jefe de su casa para presentar las asignaturas elegidas. Harry tendría que ir al despacho de McGonagall a las doce menos cuarto.

Harry terminó el desayuno y buscó a Andrew Kirke y Jack Sloper, los golpeadores del equipo. Nunca había hablado con ellos, ya que cuando ingresaron en el equipo, Harry había sido expulsado de éste, y por eso se sintió un poco extraño al ordenarles que el viernes a las seis estuviesen en el campo de quidditch, listos para las pruebas.

Salió del gran comedor, y después de subir a su habitación en busca de su escoba y la snitch de madera brillante que Ginny le había regalado, se dirigió al campo de quidditch.

Estuvo un rato practicando con la snitch, hasta que llegó Ron, veinte minutos después.

-¿Dónde está Hermione? –preguntó bajando de la escoba.

-Adivina.

-¿En la biblioteca? –aventuró Harry. Ron asintió-. ¡Pero si todavía no hemos empezado el curso!

-Lo sé, pero me ha dicho que tenía que ir a informarse sobre no-sé-qué –contestó Ron con una mueca-. Me huele a algún asunto relacionado con el PEDDO.

Como Harry había estado persiguiendo la snitch hasta la llegada de Ron, decidieron hacer unos cuantos lanzamientos con la quaffle y practicar algunas paradas. Estuvieron un tiempo entrenando, hasta que a las doce menos veinte Harry recordó que debía citarse con McGonagall, y Ron le acompañó un trecho, ya que éste regresaba a la sala común.

Cinco minutos después, Harry llamó a la puerta del despacho de la profesora, recordando la anterior entrevista de estudios, bajo la supervisión de Umbridge, y cómo ella y McGonagall habían acabado gritándose.

-Adelante –dijo la profesora McGonagall desde el interior cuando Harry hubo llamado a la puerta.

La profesora estaba sentada en una silla tras su escritorio e indicó a Harry que tomara asiento frente a ella.

-Bueno, Potter, debe decirme qué asignaturas ha elegido para cursar en sexto y séptimo –explicó la profesora McGonagall-, y a partir de ahí podremos establecer el horario de su curso.

-Eh... Bien...

-Usted quería ser auror¿verdad?

-Sí –contestó Harry algo incómodo.

-Ya veo... –la profesora McGonagall rebuscó en una carpeta negra que tenía sobre el escritorio y Harry vio que sacaba una ficha con su nombre en el encabezamiento. Sin duda, eran sus notas de los TIMOS-. Bueno, no son malas notas, a excepción de esos dos Insuficientes –comentó McGonagall con reprobación. Harry se sonrojó-. Así que supongo que sí le valdrán para estudiar la carrera que ha elegido.

-Profesora, usted me dijo que Snap... que el profesor Snape no aceptaba a nadie que no tuviera un Extraordinario en Pociones.

-Cierto, pero se ha visto obligado a bajar el listón; de otro modo no tendría más que un par de alumnos en sus clases –aclaró la profesora McGonagall-. Así que vas a elegir Pociones... ¿Qué más?

-Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones, Encantamientos, Cuidado de Criaturas Mágicas y... eh... Herbología –enumeró Harry.

-Sí... –murmuró la profesora agitando la varita. En un pergamino que había en una esquina de la mesa apareció su nombre sobre las asignaturas que había escogido-. Veo que además de las asignaturas que yo le recomendé el año pasado también ha elegido Cuidado de Criaturas Mágicas y Herbología. Buena elección, esos conocimientos le pueden servir en determinadas ocasiones.

-¿Qué ocurriría si no consiguiese el nivel requerido en Pociones, profesora? –preguntó Harry. Pociones era la asignatura en la que más temía fallar.

La profesora McGonagall sonrió y contestó:

-Esa es la materia con la que más problemas tiene¿verdad? No creo que vaya a fracasar, con estudio y dedicación la sacará adelante. Con el resto no parece que tenga impedimentos –McGonagall se quedó a la espera de alguna otra pregunta, pero como no la hubo dio por finalizada la entrevista-. Bueno, Potter, puede irse, mañana por la mañana se repartirán los horarios de sexto.

Harry se despidió y salió del despacho. Supuso que Ron aún estaría en la sala común así que se dirigió hacia allí. Cuando dobló la esquina del pasillo que conducía al retrato de la Señora Gorda, vio a Hermione entrando por el hueco del retrato.

-¡Hermione! –la llamó. La chica paró en seco y miró hacia atrás. Al ver que era Harry, lo espero junto a la dama del cuadro.

-¿Vienes de la entrevista con la profesora McGonagall? Yo he ido poco antes que tú –explicó ella-. Por cierto¡enhorabuena, Harry! Ya me he enterado de que eres el nuevo capitán del equipo.

Habían entrado en la sala común, y encontraron a Ron jugando al ajedrez mágico contra Seamus. Justo en ese momento, el caballo de Ron arrollaba a la reina de su contrincante, haciendo jaque mate.

-¿Y tú a que hora tienes que ir al despacho de McGonagall? –preguntó Harry a su amigo cuando llegó junto a él.

-A las cuatro y cuarto.

-¿Y que asignaturas has elegido? –se interesó Hermione dejando un par de gruesos libros que tenía entre los brazos sobre una mesa.

-Defensa Contra las Artes Oscuras, Cuidado de Criaturas Mágicas, Herbología, Encantamientos, Transformaciones e Historia de la Magia –contestó el pelirrojo.

-Menos en las clases de Hagrid y Sprout estás conmigo en todo –Hermione no parecía muy satisfecha con las opciones de su amigo- ¿Para que te van a servir esas asignaturas? Cada una de ellas es de una rama completamente diferente…

-La verdad es que no tengo ni idea.

-Ron¿no has pensado en tu futuro¿No has pensado en qué es lo que vas a hacer cuando salgas de Hogwarts?

-¿Cómo quieres que sepa lo que voy a hacer en el futuro si ni siquiera sé lo que voy a hacer mañana? –replicó Ron haciendo que Harry se echara a reir-. Por eso he elegido un poco de todo, sobre todo basándome en las asignaturas en las que mejores notas he obtenido.

Hermione resopló exasperada, poniendo los ojos en blanco.

-Yo tampoco sé exactamente qué quiero hacer, pero me gustaría seguir implicada con la PEDDO –en aquel momento fue Ron el que resopló-, así haría algo útil. ¿Tu que piensas hacer, Harry?

-Me... me gustaría ser auror –contestó, avergonzado-. No os riáis.

-No nos reímos –dijo Hermione muy seria-. Es muy razonable, tú, cazador de magos tenebrosos...

Harry pensó en el único mago tenebroso al que tenía que enfrentarse de verdad. Era, o Voldemort, o él. "Ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida...", recordó de la profecía.

-Yo no recibí la carta hasta una semana antes de venir a Hogwarts –continuó Hermione-. Estuve en Bulgaria y la lechuza no podía llegar hasta allí porque había temporal...

-¡Ah¿¡Así que por eso no contestabas¿Estabas demasiada ocupada con Vicky para mandarnos una lechuza? –preguntó Ron con sarcasmo.

-Ron, acabo de decirte que había temporal y no podía enviar ni recibir lechuzas- murmuró Hermione con la voz cansada de quien tiene que aguantar los caprichos de un niño pequeño.

-¡Podías haber dicho al menos adónde ibas! –dijo Ron levantando aún más la voz.

-¡Lo que yo haga en mis vacaciones no es asunto tuyo! –Hermione también empezó a hablar más alto-. ¡Puedo ir a donde me dé la gana, y si no te gusta te aguantas!

Harry decidió que tenía que calmar a sus dos amigos, así que se apresuró a cambiar de tema:

-¿Y que tal tus TIMOS? –le preguntó a la chica.

-Bastante bien: obtuve Extraordinario en todo menos en Astronomía –parecía que no haber sacado otra E en esa asignatura la había defraudado. Ante la interrogativa mirada de Harry respondió-: Saqué un Supera las expectativas.

-¿Y te quejas? –preguntó Ron, incrédulo-. ¡Harry ha sacado dos Insuficientes y yo tres!

-También podíais haber estudiado un poquito más.

-¿Tengo yo la culpa de haberme quedado dormido en el examen de Historia de la Magia?- ironizó Harry.

-Y el suspenso de Adivinación estaba claro –añadió Ron

Hermione asintió con un ademán de comprensión y de repente pareció recordar algo, porque dijo que enseguida volvía y subió corriendo a su habitación.

-Toma, Harry –dijo, poniéndole un paquete envuelto en un papel violeta entre las manos-. Es tu regalo de cumpleaños, con tanto ajetreo se me había olvidado dártelo.

El chico rasgó el papel y encontró un cuenco de piedra con unas runas talladas en el borde. Era un pensadero. Harry lo sabía porque había estado dentro del de Dumbledore y el de Snape reviviendo sus recuerdos.

-Fueron los brujos de Bulgaria los que lo inventaron en el siglo IV. Pensé que te gustaría tener uno, porque hay veces en las que tenemos tanta información que...

-Gracias, Hermione –le cortó Harry: si ella se ponía a hablar sobre los brujos de Bulgaria, el origen de los pensaderos y demás, les costaría callarla.

-De nada –Hermione le restó importancia-. Bajemos a comer, tengo muchísima hambre.

Tras la comida en el Gran Comedor, decidieron hacer tiempo paseando alrededor del lago hasta la hora en que Ron tendría que ir a la reunión con McGonagall. Harry y Hermione volvieron solos a la sala común de Gryffindor.

-¿Crees que deberíamos seguir con las reuniones del ED? –preguntó Hermione tras sentarse en un sillón cerca de la chimenea.

-No creo que sea necesario –respondió Harry-. Este curso tenemos una profesora decente que nos enseñará Defensa de verdad.

-Sí, Tonks nos enseñará... –Hermione miraba las llamas pensativa-. Aunque fue divertido.

Pasaron un rato recordando las reuniones del ED del curso anterior, pero cuando llegó Ron se quedaron callados al ver la mala cara que traía éste.

-No pasa nada –respondió secamente cuando Harry abrió la boca para preguntar-. Sólo que McGonagall dice que esperaba más de mí y que aguarda que este curso me esfuerce más porque soy prefecto.

Hermione le observó con una mirada de "Te lo dije, Ron", pero no comentó nada.

Harry y Ron pasaron el resto del día holgazaneando y jugando alguna que otra partida de gobstones y ajedrez mágico, mientras Hermione se concentraba en la lectura de Derechos y leyes de criaturas mágicas.

A la mañana siguiente, tanto Harry como sus compañeros de dormitorio se levantaron temprano y bajaron a la sala común de Gryffindor. Mientras Dean, Seamus y Neville se dirigían al Gran Comedor para desayunar, Harry y Ron aguardaron a Hermione, que bajó poco después.

-Ron, tenemos que ir al despacho de la profesora McGonagall, para coger los horarios de los alumnos de sexto –informó Hermione, al tiempo que salían por el hueco del retrato.

De modo que Ron y Hermione acudieron al departamento de Transformaciones, en tanto que Harry entraba en el Gran Comedor.

Harry tomó asiento y se sirvió unos huevos revueltos. Pocos minutos después, Hermione y Ron se reunieron con él en la mesa del Gran Comedor. Ron, malhumorado, se sirvió unas salchichas, mientras no paraba de refunfuñar:

-¿Te lo puedes creer? –dijo dirigiéndose a Harry-. ¡Tenemos clases dobles¡Todas las asignaturas son de dos horas seguidas¿Quién es capaz de soportar a Binns durante dos horas? –Ron parecía indignado.

Mientras el pelirrojo no cesaba en su empeño por que toda la mesa de Gryffindor se enterara de aquella protesta, Hermione repartía los horarios.

-¡Dos horas sin interrupción!¡Y luego otras dos¡Y otras dos…! –exclamó Dean, al fijarse en el pergamino que Hermione le acababa de dar.

Poco a poco, y con el ánimo por los suelos, los alumnos de sexto abandonaron el comedor.

-¿Qué tenemos a primera hora? –preguntó Harry, mirando por encima del hombro de Ron el horario que éste sostenía entre las manos.

-Hoy es martes... de modo que tenemos... Encantamientos.

Harry cogió su propio horario.

-Pff ... –resopló el muchacho-. Tengo cuatro horas de Pociones a la semana.

El tono que empleó Harry debió ser realmente abatido, ya que Hermione le dirigió una mirada de comprensión.

-Tranquilo, a lo mejor este año Snape se porta mejor y te... –empezó Hermione, pero fue interrumpida por una carcajada irónica de Ron.

-Pero Hermione¿tú te estás oyendo? –decía al tiempo que fingía secarse las lágrimas de los ojos.

Para desgracia de Harry, ese tema atrajo una nueva discusión, que duró hasta que llegaron al aula de Encantamientos.

-Sé que os tomaréis este curso como un descanso tras los TIMOS –dijo el profesor Flitwick nada más comenzar la clase-, pero tenéis que saber que es muy importante que vuestro nivel no decaiga este año. Recordad que el año que viene tendréis los ÉXTASIS. No podéis...

-Esto me huele a rollo... –susurró Ron. Hermione le miró severamente antes de dirigir de nuevo la vista al frente.

En aquella primera clase, repasaron los encantamientos básicos, y para orgullo del profesor, los alumnos aún recordaban la mayor parte de la materia.

-Ahora tenemos clase de Cuidado de Criaturas Mágicas –informó Ron.

-Por favor, dime que no la compartimos con los Slytherin... –suplicó Harry.

-Enseguida lo sabremos.

-¿Y tú¿Qué clase tienes ahora, Hermione? –preguntó Harry.

-Aritmancia. ¡Suerte! –se despidió Hermione, mientras subía hacia el segundo piso.

Por otro lado, Harry y Ron cruzaron la explanada hacia el linde del Bosque Prohibido, donde Hagrid impartía la clase. Al llegar allí los peores temores de Harry se vieron cumplidos: una decena de alumnos de Slytherin estaba ya esperando.

-Buenas tardes, chicos –saludó Hagrid. Harry se giró y vio por primera vez al semigigante frente a frente desde que habían llegado a Hogwarts. Tenía buen aspecto, por lo que pensó que no le iría tan mal con Grawp.

-Bien, no quiero empezar muy fuerte, así que hoy comenzaremos con algo sencillo –se dirigió a la parte trasera de la cabaña y regreso con una jaula entre las manos. En ella se encontraba el animal más raro que Harry hubiera visto jamás. Era de un color zafiro muy llamativo y las alas le crecían en la parte superior de la cabeza. Del final del tórax le sobresalía un aguijón extremadamente largo.

-¿Alguien sabría decirme de qué animal se trata? –preguntó Hagrid a la clase. Nadie levantó la mano, era notorio que Hermione ya no asistía a Cuidado de Criaturas Mágicas.

-Esto es un billywig –continuó Hagrid-. Es un insecto nativo de Australia. Aunque sea muy llamativo es casi imposible que los muggles los vean, son rapidísimos en su vuelo. Ahora lo dejaré libre para que podáis observarlo mejor –a continuación Hagrid abrió la jaula y el billywig salió de su interior a una velocidad increíble-. No os acerquéis demasiado a él, su picadura puede provocar...

-¡AY!

Pero no era necesario que Hagrid explicara las consecuencias tras la picadura de un billywig. El animal se había acercado a Ron y sin que éste pudiera evitarlo, el insecto le había picado en un hombro. Al instante, el muchacho se elevó un metro en el aire. Ron intentaba bajar palmeando, pero lo único que conseguía era que las risas de los Slytherin aumentaran. Harry, por su parte, agarraba a su amigo por el bajo de la túnica, con la intención de asegurarse de que no ascendiera más.

-Sí, bueno... como estaba a punto de decir, la picadura del billywig provoca la levitación y... –pero tras aquella revelación ya nadie escuchaba a Hagrid. Algunos alumnos trataban de atrapar al billywig para que éste les picara a propósito y de ese modo pudieran levitar: Ron ya no lo pasaba mal en absoluto.

-¡No, no¡No hagáis eso! –Hagrid intentaba hacerse oír. El billywig ya había picado a un par de alumnos más, que ahora flotaban a poca distancia de tierra firme.

Hagrid parecía haber perdido el control de la clase, cuando con gran destreza capturó el billywig y lo metió en su jaula.

-¡Muchos magos jóvenes han hecho lo que vosotros y han terminado en un estado de flotación permanente! –dijo Hagrid seriamente. Al fin todos lo escuchaban, aturdidos-. El exceso de picaduras puede provocar que la víctima flote durante días, pero si se da una reacción alérgica grave, es posible que esa persona levite permanentemente –explicó-. En cuanto a vosotros –se dirigió a los alumnos que flotaban en el aire-, el efecto desaparecerá en unas dos horas. Bien, ahora...

Continuaron con la clase sin sobresaltos, hasta que sonó la campana que indicaba la hora de la comida. Harry tuvo que llevar a Ron hasta el castillo, tirando de su túnica. Él y otro chico de Slytherin eran los únicos que seguían levitando. Cuando atravesaron las puertas de roble, muchos encontraron divertida la situación de Ron, quien enrojeció ante las carcajadas de sus compañeros. Hermione que bajaba en ese momento por la escalinata de mármol, se quedó quieta y con los ojos muy abiertos.

-¿Qué ha pasado? –preguntó la muchacha cuando se hubo reunido con ellos junto al Gran Comedor.

-A Ron le ha picado un billywig –contestó Harry. No tuvo que dar más explicaciones, puesto que seguramente Hermione ya conocía a aquella criatura.

A Ron se le pasaron los efectos de la levitación tan pronto como llegaron junto a la mesa de Gryffindor.

-¡Esta tarde tenemos Defensa Contra las Artes Oscuras! –exclamó Hermione emocionada, mientras se servía estofado.

-¡Genial! Al fin podremos ver a Tonks en acción... –comento Ron.

Tras la comida, los tres amigos se dirigieron al aula donde se impartía Defensa Contra las Artes Oscuras. Fueron los primeros en llegar, querían escoger un buen sitio. Poco después, todos los alumnos se reunieron frente al aula, esperando la llegada de Tonks. Pero ésta no aparecía. Los murmullos de los Gryffindor ya se extendían a lo largo de todo el pasillo cuando Tonks apareció corriendo por una esquina. Su pelo estaba desordenado y llevaba ladeado el sombrero puntiagudo de bruja; estaba claro que se había apresurado en el camino.

-¡Lo siento, chicos! –exclamó Tonks una vez llegó frente al aula-. Me perdí y no podía encontrar la clase. Pasad –dijo después de haber abierto la puerta.

Harry, Ron y Hermione se sentaron en la primera fila, junto con Neville.

-¡Bienvenidos a Defensa Contra las Artes Oscuras! –exclamó Tonks entusiasmada-. Mi nombre es Nymphadora Tonks, aunque nunca se os ocurra llamarme Nymphadora –Tonks hizo una mueca de espanto, a lo que los alumnos rieron-. Podéis llamarme Tonks simplemente, creo que el apelativo profesora haría que me sintiera demasiado mayor –más risas-. El profesor Dumbledore me ha dicho que tengo ante mí una clase bastante avanzada. Según tengo entendido en cuarto curso estudiasteis las maldiciones imperdonables y algunos contraembrujos. Sin embargo, el año pasado no aprendisteis gran cosa –algunos compañeros dirigieron a Harry miradas cómplice. El curso pasado, Harry había dado clases de Defensa a sus amigos mediante las reuniones del ED-, la profesora Umbridge no os dio clases prácticas en ningún momento, algo inadecuado por otro lado –hubo murmullos de asentimiento.

-¿Es cierto que usted trabaja como auror para el Ministerio de Magia? –preguntó Seamus, de repente.

-Sí, así es –los alumnos la miraban con gran respeto-. El profesor Dumbledore me pidió que diera clases en Hogwarts durante algún tiempo, ya que le ha sido imposible encontrar un sustituto. Como decía, no conozco vuestras habilidades en esta asignatura, así que me parece buena idea comenzar con algunos hechizos defensivos básicos, sólo para ver que nivel habéis adquirido y qué es lo que debemos mejorar a partir de ahora.

Hacía tiempo que no tenían una clase de Defensa Contra las Artes Oscuras como aquella. Durante el curso anterior con la profesora Umbridge, estas clases para Harry se habían convertido en un infierno (peor que las clases de Pociones con Snape, si cabía). Sin embargo la asignatura con Tonks era estimulante a la vez que divertida, y conseguía aportar un aire juvenil a la clase. Tonks, era sin embargo, una bruja muy despistada en ocasiones. En su primera clase, Neville ya había logrado meter la pata con el hechizo de desarme, con lo que le prendió fuego a la túnica de Lavender, que era su pareja. Tonks intentó arreglar la situación, pero algo salió mal, ya que la túnica de Lavender comenzó a arder con más intensidad que antes. La chica, totalmente histérica, sólo atinó a chillar pidiendo auxilio, hasta que se tiró al suelo y comenzó a rodar sobre sí misma con la intención de apagar lo que sin duda había estado a punto de convertirse en un incendio. Parvati acompaño a Lavender a la enfermería mientras Neville y Tonks no dejaban de pedir disculpas.

-Ha sido una clase interesante –comentó Hermione a la salida.

-Sí, ya lo creo –dijo Ron con una risa contenida.

-Y no me refiero al accidente con Lavender –contestó Hermione-, aunque podía haber acabado mucho peor.

-Sí, Tonks sabe lo que hace. Domina las Artes Oscuras de verdad –dijo Harry-. Aunque como bombero no tiene mucho futuro.

Hermione soltó una carcajada mientras el rostro de Ron adquiría una expresión de confusión.

-¿Bom... qué? –preguntó el muchacho, desorientado.

De camino a la sala común, Hermione le explicó a Ron a qué se dedicaban los bomberos, mientras él la escuchaba impresionado.

El resto de la semana sobrevino rápidamente. Las clases de Transformaciones seguían siendo igual de duras y la profesora McGonagall no había cambiado en absoluto, era la misma bruja severa de siempre. En clase de Herbología habían comenzado a trabajar en los invernaderos 5 y 6, los más avanzados, donde se podían encontrar todo tipo de plantas, algunas, según les había dicho la profesora Sprout, realmente peligrosas. Pero lo que Harry más había temido llegó el viernes después del descanso: su primera clase de Pociones. Al menos, Harry compartiría aquella asignatura con Seamus. Sin embargo, estaba seguro de que serían los únicos Gryffindor que se habían matriculado en ella, y algo le decía que estar rodeado de Slytherins no traería nada bueno.

-Yo he conseguido librarme de Pociones por fin –comentó Neville con un deje de alivio durante el descanso de media hora del que disponían entre la primera y la segunda clase.

Harry se alegró por su amigo. Neville lo pasaba extremadamente mal en las clases de Snape, quien lo humillaba y avergonzaba ante los demás compañeros. Además, el muchacho era pésimo en Pociones. A Harry se le ocurrió que ahora que Neville no estaba en su clase, Snape tendría más oportunidades para arremeter contra él. Y eso fue algo que no logró calmarlo en absoluto.

Seamus y Harry llegaron puntuales a las mazmorras, y allí vieron reunido a un concurrido grupo de Slytherin.

Junto a la entrada del aula, Malfoy miraba a Harry con petulancia, sin embargo, por el momento no hizo ningún comentario. En ese preciso instante, Snape llegó a las mazmorras como un vendaval, y tras abrir la puerta de la clase con un toque de varita, dejó paso a los alumnos.

Harry ocupó un pupitre junto a Seamus. Habían acordado permanecer unidos en las clases de Pociones y hacer frente a los Slytherin. En cuanto todos hubieron elegido su sitio, un silencio sepulcral invadió la sala, efecto que siempre conseguía Snape con su sola presencia.

-Como todos sabréis –comenzó Snape con frialdad-, este año exijo un alto nivel en Pociones, aunque dudo que algunos de los que están aquí lo consigan –en ese momento dirigió la vista hacia Seamus y Harry-. Asimismo, como habréis podido comprobar, el nivel requerido para optar a esta asignatura ha descendido considerablemente, por lo que me he visto obligado a aceptar alumnos de "Supera las expectativas". De otro modo algunos no estarían aquí hoy –fue entonces cuando lanzó una despreciativa mirada a Harry, quien la sostuvo con dureza.

Aquella fue, hasta el momento, la prueba más dura a la que había tenido que hacer frente en toda la semana. Snape escribió en la pizarra la elaboración de la poción amnésica, y Harry llenó el caldero de agua mientras leía las instrucciones. Snape no dejó de criticar el trabajo de Harry, entre las risas de los Slytherin. Finalmente, descontó diez puntos a Gryffindor. Harry salió de Pociones con el ánimo por los suelos, pero con la perspectiva de que aquella tarde de viernes serían las pruebas de quidditch.

De modo que, después de la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, Ron y Harry se juntaron con Hermione en la sala común. Harry fue a mirar en el panel de anuncios la lista que él había puesto para que los de Gryffindor se apuntaran a las pruebas, encabezada por el nombre de Ginny. Descolgó el papel y subió a su habitación, donde dejó sus libros y cogió la Saeta de Fuego.

-Espero que no me metan demasiados goles –dijo Ron entrando y buscando su escoba-. ¡Imagínate que ridículo!

Harry recordó con desagrado la cancioncilla de A Weasley vamos a coronar, compuesta por los alumnos de Slytherin el curso pasado para poner de los nervios a Ron. Inconscientemente, se puso a silbarla por lo bajo, escabulléndose por las escaleras.

-¡Oye! –recriminó Ron medio enfadado y haciendo amago de perseguir a su amigo.

-¿Se puede saber que hacéis? –pregunto Hermione desde el pie de las escaleras cuando Harry chocó contra ellas y Ron chocó con él.

-Nada –respondió el pelirrojo con una sonrisa.

Hermione puso los ojos en blanco con una expresión de paciencia infinita grabada en el rostro y salió por el hueco del retrato, seguida por los dos chicos.

-La verdad es que se ha presentado bastante gente para los puestos de cazadores –comentó Ron, mientras Harry, Hermione y él se dirigían hacia el campo de quidditch para las pruebas de los jugadores.

-Sí, espero que Ginny quede en el equipo –dijo Hermione.

-Puede que sí. A decir verdad, jugaba bastante bien como buscadora. Vuela muy bien, así que como cazadora no lo hará mal –observó Harry.

Ya habían llegado casi a las puertas de salida cuando Harry se llevó una mano a la frente a la vez que exclamaba:

-¡Vaya¡Se me ha olvidado la lista de los aspirantes al puesto en la habitación!

Por suerte, las pruebas no empezarían hasta dentro de media hora, por lo que tenía tiempo de sobra para ir a buscar la lista. Harry, como nuevo capitán del equipo, quería estar allí el primero. Se tomaba el puesto con gran responsabilidad. Sólo esperaba no convertirse en el nuevo Oliver Wood. Hermione, que deseaba ver las pruebas, los acompañaba.

-Ten, sujeta esto –Harry le pasó su Saeta de Fuego a Ron-. ¡Enseguida vuelvo! –gritó mientras echaba a correr por el pasillo.

-Está bastante nervioso –dijo Ron con una sonrisa en los labios-. En la habitación no paraba de dar vueltas antes de salir hacia el campo.

-Lo hará bien. Lleva muchos años en el equipo –opinó Hermione.

-Hocicorto sueco –dijo Harry entre jadeos al llegar ante el retrato de la Señora Gorda.

Subió rápidamente las escaleras hacia su habitación y abrió la puerta. Harry no estaba sólo. Neville se hallaba inmerso en un libro sobre Herbología, Plantas exóticas del Amazonas. Al oír un ruido, el muchacho levantó la cabeza y sonrió a Harry.

-Hola, Neville –saludó Harry-. Esta tarde son las pruebas de quidditch y he olvidado la lista de los aspirantes.

-Por cierto, enhorabuena por el puesto –lo felicitó Neville.

-Gracias –dijo Harry mientras rebuscaba entre sus libros. Sabía que la había dejado por allí, no podía haberla perdido... Eso era lo único que le faltaba, pensó Harry, meter la pata en su primer día como capitán.

Neville advirtió la preocupación en su semblante.

-No te preocupes, lo harás bien –Neville miraba a Harry fijamente, como si hubiera algo más que quería decirle.

Harry levantó la vista hacia el muchacho. Ambos se quedaron mirándose mutuamente durante un momento.

-El otro día en el tren empezamos una conversación que no acabamos –soltó Neville de repente.

Neville se acomodó en el borde de su cama. Harry abandonó la búsqueda e hizo lo mismo. De repente llegar cinco minutos tarde a las pruebas no tenía tanta importancia. Esperaba a que el muchacho hablara primero.

-Lo conseguirás –dijo Neville sin más.

Harry, que pensó que seguían hablando de quidditch, se encogió de hombros.

-No estoy tan seguro. La verdad es que el listón está muy alto. Oliver y Angelina...

-No me refiero al quidditch –le cortó Neville-. Me refiero a la profecía.

Harry lo miró fijamente durante unos segundos.

-Tampoco estoy seguro de eso. A decir verdad, tengo más confianza en ser un buen capitán que en ser capaz de derrotar al mago más oscuro de los últimos tiempos –se esforzó en bromear. Neville, sin embargo, no rió. Estaba muy serio.

-Pues yo opino que deberías tener más confianza en ti mismo, no te subestimes–a Harry aquello le tomó por sorpresa -. Si la profecía dice que tú eres el ÚNICO –Neville recalcó esta palabra- capaz de derrotar a Quien-tú-sabes, debe ser por algo.

Harry miró al vacío mientras escuchaba a Neville.

-Harry, eres la persona más valiente que he conocido en toda mi vida. Y además, eres un mago muy poderoso...

-Neville, yo no... –le interrumpió Harry.

-No me vengas con que eres un mago como otro cualquiera porque no pienso hacerte ni caso –Harry nunca había oído hablar a Neville de aquel modo-. En primero salvaste la piedra filogi... filofi, bueno... –si no hubieran estado tratando un tema tan serio, a Harry le hubiera entrado la risa-, en segundo derrotaste al basilisco, en cuarto ganaste el Torneo de los Tres Magos y en quinto te enfrentaste a los mortífagos y a Quien-tú-sabes. El año pasado tú me enseñaste más cosas que ningún otro profesor –Harry sabía que Neville se refería a las reuniones del ED-. Este verano le hable a mi abuela del ED. Al principio se enfadó cuando supo que hacíamos algo ilegal, pero cambió de opinión al instante y dijo que habíamos hecho bien. Cuando le dije todo lo que nos enseñaste, se quedó impresionada. No podía creer que un mago de tan sólo quince años fuera capaz de hacer semejantes cosas. Aunque dijo: "Siempre supe que se esperarían grandes cosas de Harry Potter, al fin y al cabo, él derrotó a El-que-no-debe-ser-nombrado". Y yo digo que si pudiste hacerlo en el pasado, lo lograrás de nuevo–Neville sonrió a Harry.

Harry no supo qué decir. Agradecía a Neville que lo apoyara, pero no estaba seguro de nada; el futuro, tal y como estaban las cosas, era muy incierto.

-Gracias, Neville, por... todo –dijo Harry finalmente.

-Y no tengas miedo de contárselo a Ron y Hermione, lo entenderán –Harry asintió-. Por cierto –Neville se fijó en la mesita de noche de Harry-, creo que lo que buscas está ahí.

Harry cogió la lista:

-Nos vemos, Neville-, y salió de la habitación. Llegó agotado a la entrada del castillo.

-¿Dónde te habías metido? –preguntó Ron.

-Me... entretuve... un... momento –dijo Harry entre jadeos.

-Vamos, o se os hará tarde –dijo Hermione consultando su reloj.

Entraron en el campo, donde había unas diez personas esperando para hacer las pruebas. Harry saludó a Ginny y Colin Creevey, pero a los demás no los conocía mas que de vista.

-Haréis las pruebas de tres en tres –explicó Harry-. Os iréis pasando la quaffle y por turnos la tiraréis a los aros. Los primeros serán Ginny Weasley y Joey Grant, con la cazadora Katie Bell.

Los tres se adelantaron y montaron en las escobas, a la vez que Ron se dirigía hacia los postes. Harry utilizó el silbato y lanzó la quaffle hacia arriba, que la cogió Katie, que se la pasó a Ginny, que se la pasó a Joey, a quien se le cayó. Siguieron haciendo unos cuantos pases más, Ginny muy bien, según observó Harry, no como el otro chico, a quien se la caía la pelota la mitad de las veces.

Durante más de media hora, todos los aspirantes estuvieron pasándose la quaffle, algunos, como Colin, no demasiado bien. Después, todos se enfrentaron a Ron. Cuando todos hubieron pasado la prueba, Harry reunió a todos los componentes del equipo para discutir la elección.

-Ginny lo ha hecho muy bien –apuntó Katie-. La verdad, es que entre todos los que se han presentado...

-Yo creo que tendríamos que elegir a Ginny –dijo Ron-. No porque sea mi hermana, claro –añadió.

-Vale, Ginny una cazadora, pero¿el otro? –preguntó Harry.

-Grant ha metido algún gol –indicó Jack Sloper.

-Sí, pero no cogía la quaffle ni servida en bandeja.

-¿Qué os parece Sarah Daniels? –preguntó Katie.

-Yo creo que no –contestó Andrew Kirke-. Va a las mismas clases que yo y nunca se toma nada en serio, faltaría a la mitad de los entrenamientos...

-En mi opinión, el otro cazador debería ser Yioko –dijo Ron-. No veáis lo que me ha costado parar sus lanzamientos.

-Y ha volado bastante bien... –constató Katie.

-Entonces, decidido, los cazadores serán Ginny y Yioko –atajó Harry.

Volvieron al campo, donde los aspirantes que habían hecho las pruebas esperaban nerviosos.

-Todos lo habéis hecho bien –les dijo Harry-, y no ha sido fácil tomar una decisión, pero finalmente hemos elegido como nuevos cazadores a Ginny Weasley y Daijhiro Yioko.

La pelirroja saltó de alegría y Yioko hizo un gesto de triunfo con el puño, sin embargo, los rostros del resto de los aspirantes adquirieron una expresión de decepción mientras salían del campo.

-El primer entrenamiento será mañana a las cuatro –dijo Harry a su nuevo equipo-. Hasta mañana.

-¡Muchas gracias, chicos! –Ginny abrazó a Harry y Ron mientras se dirigían al castillo.

-A mí me ha parecido que has sido la mejor –dijo Hermione cuando llegó junto a sus amigos.

-La verdad es que sí, porque ha habido cada uno... Jackson, por ejemplo¿habéis visto cuando ha ido a meterme gol y se le ha caído la quaffle hacia atrás? –Ron soltó una risa burlona.

-Ron, no está bien que te rías de ellos... –le regañó Hermione, aunque a ella también le costaba reprimir una sonrisa.

Siguieron hablando de las pruebas hasta que llegaron a la sala común.

-¿Juegas una partida al ajedrez mágico, Harry? –propuso Ron.

-¿No deberíais hacer los deberes?

-Hermione, tenemos todo el fin de semana –argumentó Harry yendo a buscar sus piezas de ajedrez.

-¡El año pasado decíais lo mismo! –les gritó Hermione, pero desistió de intentar convencerlos.

A la mañana siguiente, como era sábado, no tenían clase, y Ron y Harry querían seguir holgazaneando, pero tras la insistencia de Hermione, decidieron comenzar a hacer algunas tareas que les habían encargado los profesores.

-¡Que barbaridad! Sólo llevamos una semana de clases y mirad la montaña de deberes que tenemos... –dijo Ron, sorprendido ante el montón de libros que tenía delante.

-Os avisé para que comenzarais ayer –reprochó Hermione, enfrascada en la tarea de Aritmancia.

Harry había decidido empezar por lo que mejor se le daba y dejar lo peor para el final, por lo que en ese momento estaba haciendo una redacción para Sprout sobre los usos de la raíz de Dimian Blanco. Ron, en cambio, había optado por hacer primero lo que menos tiempo le llevara y había comenzado el trabajo sobre los billywigs para Cuidado de Criaturas Mágicas.

-Este curso es como un respiro entre los TIMOS y los EXTASIS, pero eso no quiere decir que no tengamos que trabajar –continuó Hermione, aunque ninguno de sus dos amigos le hacía demasiado caso-, de hecho, tenemos que esforzarnos más, porque los EXTASIS, según me han dicho, son muy duros, y tenemos que estar concentrados y...

-Hermione¿cómo quieres que estemos concentrados si no te callas? –preguntó Ron dejando de escribir y mirándola. La chica enmudeció casi al instante.

Después de trabajar durante toda la mañana en sus tareas, los tres amigos bajaron al comedor a la hora de la comida. Cerca de la escalinata de mármol, pudieron ver a Malfoy, acompañado por sus inseparables guardaespaldas, Crabbe y Goyle. Aquello le hizo recordar algo a Hermione:

-Por cierto¿qué tal en clase de Pociones? –preguntó cuando se hubieron sentado y empezaron a comer.

-Una pesadilla –contestó Harry mirando su plato-. Imagínate, solos Seamus y yo, de Gryffindor, en medio de un montón de alumnos de Slytherin y Snape.

-Buena suerte, amigo –dijo Ron animando a Harry.

Después de comer, Harry y Ron prefirieron ir antes al campo de quidditch a entrenar, pero Hermione, alegando que tenía que ir a la biblioteca, se quedó en el castillo.

Los dos chicos estuvieron cerca de una hora dando vueltas en círculos alrededor del campo, volando lentamente y charlando sobre cómo habían sido las primeras clases. Después, Harry intentó marcar unos goles a Ron y estaban los dos a la caza de la snitch cuando llegaron los demás componentes del equipo.

-Hola –saludó Harry a todos-. Entrenaremos dos veces por semana, de momento, a la misma hora que hoy, si no os parece mal. Para los entrenamientos sólo vamos a utilizar una bludger y los cazadores marcareis los goles en los aros de Ron.

Cinco minutos después todos estaban en el aire jugando. Katie, como era cazadora desde hacía años, intentaba ayudar a Ginny y Daijhiro con los pases. Ron también había mejorado mucho en el verano, pero Jack y Andrew eran bastante patosos a la hora de golpear la pesada pelota negra.

-Tienes que volar hacia donde estará la bludger –le decía Harry a Andrew -. Intenta batear con las dos manos porque tendrás mas fuerza –le indicaba a Jack.

Tras el desastroso comienzo, un par de horas más tarde Harry vio que habían mejorado algo. A las siete, como empezaba a anochecer, dio por finalizado el entrenamiento y los jugadores volvieron exhaustos a la torre de Gryffindor.

-Estoy agotado –dijo Ron derrumbándose en un sillón junto al fuego.

Al poco rato, Hermione entró por el hueco del retrato, y Harry, que había estado leyendo el Manual de mantenimiento de la escoba voladora por enésima vez, preguntó a la chica qué había estado haciendo en la biblioteca.

-Nada –respondió vagamente Hermione y cambió rápidamente de tema-. ¿Qué tal el entrenamiento?

-Bastante bien, puede que si mejoramos un poquito volvamos a ganar la Copa de Quidditch.

Harry trató de terminar alguna de sus tareas, pero cuando notó que se estaba adormilando, anunció que se iba a la cama. Apenas le dio tiempo para ponerse el pijama, porque tan pronto como se metió bajo las sabanas se quedó dormido.

Comenzó a soñar con un entrenamiento de quidditch en el que todo parecía funcionar al revés. Un par de bludgers montadas en escobas golpeaban con los bates a Andrew y Jack, tres quaffles rojas se pasaban a Katie, Ginny y Daijhiro e intentaban colar a Ron por los aros. Harry intentaba salir del alcance de una enorme snitch alada, pero por mucho que moviera los brazos no conseguía adelantar a su perseguidora y la snitch se le estaba echando encima...

El hombre caía a través del velo negro. La esfera de cristal caía, se estrellaba contra el suelo y de ella salía una figura nacarada que con una voz espeluznante pronunciaba: "El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... nacerá al concluir el séptimo mes... tiene un poder que el Señor Tenebroso no conoce..."

La imagen cambió. Una enorme serpiente se deslizaba alrededor de un hombre de cabello oscuro.

-Fearman, no debes tenerme miedo –decía Harry con una voz profunda-. Si me eres leal, no te causaré ningún daño.

-Señor, os juro que soy vuestro humilde servidor –el hombre parecía temeroso. A causa de las sombras, Harry no podía percibir bien sus rasgos.

-Dices que tienes información valiosa para mí. Si me sirves bien te nombraré mortífago y tendrás el honor de portar la Marca Tenebrosa... Ahora dime, Fearman¿tienes el suficiente valor para ocultar al Ministerio que estas de mi lado?

Harry despertó súbitamente a causa de un estruendo. Neville se había levantado a beber agua y había volcado su baúl, por lo que todos sus compañeros se despertaron.

-Lo siento mucho... –se disculpó Neville cuando Harry se levantó.

Abrió su armario y sacó el pensadero que le había regalado Hermione. Ese sueño era importante, más valía guardarlo antes de que se evaporara. De repente, Harry cayó en la cuenta de que no sabía como utilizar el pensadero. Apretó su varita contra la sien esperando que saliese una hebra plateada, al igual que había visto hacer a Dumbledore, pero no ocurrió absolutamente nada. Harry maldijo en voz baja. Ya no recordaba el nombre de aquel hombre que estaba traicionando al Ministerio al decidir pasarse al lado Oscuro.

Harry se prometió a sí mismo que lo primero que haría a la mañana siguiente sería ir a la biblioteca en busca de las instrucciones para usar el pensadero.

Bueno, hasta aquí llega el quinto capítulo!! Harry y Neville terminan la conversación que tenían pendiente, q os ha parecido? y por otro lado el equipo de quidditch ya está hecho. Y Harry vuelve a tener esos sueños tan extraños...aunq esta vez no serán como siempre...

Esperamos vuestros reviews, no sabéis lo mucho q animan!

En el próximo cap. el trío se meterá en problemas y veremos a DRACO MALFOY, q empezará a cobrar importancia...

REVIEWS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

aYdE mDrJgI: wola de nuevo!! como ves, seguimos actualizando al menos una vez por semana, y aquí está el quinto cap!!! los problemillas irán viniendo poco a poco, porque ya se sabe que primero hay q ir entrando en materia... q si el nuevo profesor de DCAO, q si el nuevo equipo de quidditch, pero como ves, en este cap, Harry vuelve a tener esos sueños... y te aseguramos q en el próximo cap se meterán en líos, y algo sobre draco malfoy... a partir de ahora empieza la acción!!!! así que esperamos q nos sigas comentando tu opinion, como hasta ahora. muchas gracias!!!