Pos ya está aki el sexto cap. Y, como veniamos adelantando, Malfoy va a cobrar un poco de protagonismo... (ya nos contareis que os parece...)

Y como siempre, los reviews serán contestados al final del cap.

disclaimer: todavía alguien no se ha enterado de q los fics no son de j.k?

6

El libro de la Sección Prohibida

Por la mañana, Harry fue el primero en levantarse y se dirigió a la biblioteca, donde también fue el primero en entrar. Estaba rebuscando entre algunos libros en los que pudiera encontrar las instrucciones para utilizar el pensadero, cuando oyó que alguien entraba también en la sala. Harry miró a través de las estanterías y vio a Malfoy, que se dirigía a la Sección Prohibida. Nadie podía acceder a aquella sección sin la autorización de un profesor, y Harry dudaba que Malfoy la tuviera. De hecho, la señora Pince, la bibliotecaria, tampoco se encontraba allí, y ella era la única persona con autoridad para manejar aquel tipo de libros.

Malfoy se paró silenciosamente frente a una de las muchas estanterías, y miró a ambos lados, asegurándose de que nadie lo había seguido. A continuación, recorrió la larga hilera de libros con el índice y poco después una sonrisa de triunfo surcó su rostro al detenerse frente a un libro de cubiertas negras. Alargó ambas manos y lo cogió cuidadosamente. Desde su escondite, Harry pudo leer el título escrito con letras plateadas: Las misteriosas energías secretas. ¿Qué demonios pretendía hacer Malfoy con un libro de la Sección Prohibida? Nada bueno, desde luego. Mientras Draco hojeaba el antiguo ejemplar con interés, como si buscara algo en concreto, Harry espiaba todos sus movimientos, sin dejar de pensar en sus posibilidades: si se interponía en el camino de Malfoy y le arrebataba el libro, tal vez su enemigo consiguiera darle un giro de ciento ochenta grados al asunto y culparle a él mismo del robo; por otro lado, quizá la señora Pince apareciera en la biblioteca antes de que Malfoy lograra escapar con el libro. Mientras el Slytherin metía el tomo en su mochila, Harry tomó una decisión empujado por su curiosidad: si impedía que Malfoy se hiciese con el libro jamás sabría cuales habían sido sus intenciones, pero si por el contrario, algún profesor lo acorralaba en una situación comprometida... no tendría más remedio que decir la verdad. De modo que Harry esperó a que Malfoy saliera de la biblioteca, para tras unos segundos, seguir su mismo camino.

Se dirigió a paso ligero al Gran Comedor, donde seguramente se encontrarían Ron y Hermione a mitad del desayuno. Pero, más preocupado en lo que acababa de ver que en mirar por dónde iba, chocó con Ginny y tras pedirle disculpas atropelladamente, entró en el comedor.

-¿Dónde estabas? –preguntó el pelirrojo cuando Harry se sentó junto a él.

Harry, entre susurros, puso al corriente de todo a Ron y Hermione.

-¡Menudo cretino! –bufó Ron en un gesto de indignación-. ¿Así que ahora también se dedica a robar libros de la Sección Prohibida?

Harry dirigió su mirada a la mesa de Slytherin: Draco Malfoy no estaba allí, probablemente demasiado ocupado con su nueva adquisición.

-¿Y si lo quiere para algo tenebroso? –propuso pensativo.

-Harry, no creo que… -rebatió su amiga-. Bueno, ya sabes, Malfoy es sólo fachada, muchas palabras y nada más.

-¿Para que querrá ese libro? Era sobre no sé qué de la energia…

-Puede que simplemente lo necesite para clase y tuviera un permiso…-murmuró Hermione, comenzando a cansarse con el tema.

-¡Anda ya, Hermione¿Y si trama algo con los mortifagos? Él ya me hizo una advertencia no hace mucho¿recordais? Dijo que los mortifagos andarían vigilándome… ¿Y si Voldemort lo ha incluido en sus filas?

-Harry, estás exagerando, seguro –Hermione continuó comiendo la tostada q había dejado en el plato con la llegada de Harry-. Has hecho lo mejor que podías hacer: no meterte en líos. Estamos a principio de curso… ya habrá tiempo para eso…

-¿De veras? –preguntó Ron que seguía a sus dos amigos-. A mí me hubiese gustado quitarle el libro de las manos a golpes –dijo bruscamente.

-¡Ron, eres prefecto! –exclamó Hermione, a la vez que Harry reía-. Además, si Harry le hubiese impedido marcharse con el libro, lo más probable es que los dos se hubieran metido en lios. No es que Malfoy me importe, pero no creo que a Harry le apetezca cumplir un castigo por esa nimiedad… Ahora bien, si tanto te preocupa y quieres que lo pillen con las manos en la masa, cuéntaselo a Tonks y…

-...Malfoy no tendrá escapatoria, y estará metido en un buen lío... –Harry terminó la frase de Hermione.

-... lío, en el que por cierto, se ha metido el solito –comentó Hermione.

-¿Os habéis puesto de acuerdo para terminar las frases del otro o es pura casualidad? Parecéis Fred y George –dijo Ron con sorna.

-Por cierto, Harry, bien hecho –dijo Hermione-. Me alegro de que no actuaras inconscientemente. Al fin has conseguido controlar tus impulsos; hace un año te habrías batido a duelo con Malfoy en plena biblioteca...

Ron rió por lo bajo y Harry había abierto la boca para protestar cuando se encontraron con Tonks en mitad de las escaleras de mármol.

-Hablando del rey de Roma…-musitó Hermione.

-Tonks, tenemos que hablar contigo –dijo Ron rápidamente.

-Hola chicos –saludó la metamorfomaga-. ¿No podéis esperar hasta la hora de la comida? Tengo que ultimar los detalles de mi primera clase con los de segundo y...

-Es urgente –la interrumpió Harry.

Viendo las serias miradas de sus alumnos, Tonks decidió escucharlos:

-¿Y bien?

-He visto como Malfoy robaba un libro de la Sección Prohibida –soltó Harry de sopetón.

Tonks, que no se esperaba algo como aquello, enarcó las cejas hasta que estas desaparecieron bajo el flequillo.

-¿Estás seguro de lo que viste, Harry? Porque una acusación como esa es...

-Lo vi con mis propios ojos –explicó Harry-. Se acercó a la Sección Prohibida aprovechando que la señora Pince no estaba y escondió el libro en su mochila. Ni siquiera se dio cuenta de que yo estaba allí.

-¿De qué libro estamos hablando? –inquirió Tonks.

-Las misteriosas energías secretas –contestó Harry, a quien el título de aquel libro se le había quedado grabado en la memoria -. ¿Te suena?

Tonks palideció desmesuradamente ante aquella última revelación. Sin decir nada, y dejando atrás a Harry, Ron y Hermione, se dirigió a toda prisa al comedor.

-Si buscas a Malfoy, no lo encontrarás ahí –dijo Hermione antes de que Tonks cruzara las puertas de la sala-. No ha aparecido en el comedor durante el desayuno.

Tonks dio media vuelta y con un gesto de agradecimiento a la chica, desapareció rápidamente escaleras arriba.

-¿Habéis visto la cara que ha puesto? –comentó Ron.

Durante el resto del día Harry se concentró en terminar una redacción de Transformaciones, mientras Hermione y Ron jugaban una partida de ajedrez mágico.

-¿Creéis que Tonks ya habrá hablado con Malfoy? –dijo Harry poniendo punto final a su ensayo de dos pergaminos.

-Tal vez, a estas horas... –Hermione consultó su reloj, que marcaba las siete en punto.

-¿Qué tal si se lo preguntamos directamente a ella? –propuso Ron, a la vez que guardaba sus piezas de ajedrez y el tablero.

De modo que los tres amigos cruzaron el retrato de la Señora Gorda y se dirigieron al despacho de la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, que casualmente, salía en ese preciso momento por la puerta.

-¡Tonks! –gritó Hermione, antes de que la bruja doblara la esquina sin tan siquiera haberlos visto.

Tonks se giró y los esperó junto a la estatua de Uric el Excéntrico. Cuando llegaron a su lado, fue Harry quien preguntó:

-¿Qué ha pasado con Malfoy¿Tenía el libro consigo¿Lo habéis recuperado?

Ante aquel bombardeo de preguntas, Tonks solamente atinó a negar con la cabeza.

-¡¿Qué?! –exclamó Ron.

-Pero... pero si él... –trataba de decir Harry.

Tonks levantó una mano para que los jóvenes callaran y tuviera la oportunidad de explicarse.

-Después de que me pusierais al corriente sobre lo ocurrido fui directamente a ver al profesor Snape, dado que Draco Malfoy pertenece a Slytherin y es al jefe de su casa a quien compete imponer un castigo –dijo Tonks-. Severus pareció sorprendido cuando le dije que, al parecer, habían visto a uno de sus alumnos, Draco Malfoy, robando un libro de la Sección Prohibida, que siendo prefecto jamás haría algo que fuera contra las reglas... –en ese momento se escuchó un bufido de Ron-, pero yo le dije que de todas formas debíamos verificar que las acusaciones eran falsas...

-... o verdaderas –dijo Ron.

-Así que el profesor Snape y yo fuimos en busca de Draco para poder aclarar todo este asunto –prosiguió Tonks.

-¿Y qué pasó entonces? –preguntó Hermione.

-Lo encontramos junto a la escalinata de mármol, y el profesor Snape le explicó la situación. Parecía nervioso, pero no se opuso a que registráramos su mochila...

-Y... –dijo Harry expectante.

-Y no había ni rastro del libro, solamente pergaminos, plumas y libros corrientes –terminó de explicar Tonks.

-¿Y si hechizó el libro para que pasara desapercibido? –propuso Ron astutamente.

-Imposible, Ron –objetó Hermione-. Los libros de la Sección Prohibida no pueden ser sometidos a ningún tipo de encantamiento, es una medida de seguridad. Lo pone en...

-... Historia de Hogwarts. Sí, ya lo sabemos –la interrumpió Ron con desgana.

-Pero no es posible... ¡Yo vi cómo cogía el libro! –exclamó Harry indignado. Malfoy había vuelto a salirse con la suya una vez más.

-Lo siento, Harry –dijo Tonks-. El profesor Snape incluso llegó a creer que podía tratarse de una broma de mal gusto y me pidió el nombre de los alumnos que habían acusado a Draco, pero por supuesto yo me negué: le aclaré al profesor que nada más lejos de ser una broma, había sido un intentó por evitar cualquier accidente si alguien trataba de utilizar los encantamientos que se esconden en esa sección, ya que pueden ser realmente peligrosos. Ese libro en concreto…

Harry, Ron y Hermione parecían abatidos.

-Así que todo quedó en una confusión. Lo siento, chicos –dijo Tonks al ver sus caras, y luego se dirigió a Harry-. No es que no te crea, Harry, el problema es que es tu palabra contra la de Draco, y dado que no hay pruebas...

-...no hay nada que hacer –terminó Hermione en su lugar.

-¡Pasad un buen día, chicos! –se despidió Tonks antes de dejarlos solos en aquel pasillo.

-¡No me lo puedo creer! –exclamó Ron, dando una patada a la estatua de Uric el Excéntrico.

Cuando regresaban a la sala común, Ron volvió al tema de conversación:

-¿Y si de algún modo Snape ayudó a Malfoy a esconder el libro o a deshacerse de él? Ya sabéis que Snape siempre trata de favorecer a su casa...

-¿No crees que es más probable que Malfoy simplemente copiara la información que necesitaba en un pergamino, y luego devolviera el libro antes de que nadie notara su ausencia? –dijo Hermione como si fuera lo más obvio del mundo-. Resultaría un tanto peligroso andar por el colegio con el libro en la mochila... Además, tal vez Snape sea imparcial en lo que respecta a su actitud hacia la casa Slytherin, pero estamos hablando del robo de un libro de la Sección Prohibida, no de la pérdida de unos cuantos puntos: si Malfoy se atreve a llevar a cabo alguno de los hechizos que aparecen en el libro¡puede resultar herido él o cualquiera!

-¿Y qué hacemos ahora? –preguntó Ron, habiendo admitido la teoría de Hermione.

-Tenemos una gran variedad de opciones –dijo Harry con sarcasmo y empezó a enumerar-: si conseguimos entrar en la sala común de Slytherin, podemos infiltrarnos en su dormitorio y rebuscar en su baúl y entre sus pertenencias, hasta dar con el dichoso pergamino en el que posiblemente haya copiado lo que buscaba; aunque también es posible volver a fabricar la poción multijugos y que él mismo nos dé los detalles de lo que está tramando, y como último recurso, podríamos acorralarlo en un pasillo vació y sonsacarle la información a golpes. Aunque claro, ninguna de las tres opciones es legal, así que sólo nos queda una...

-Muy gracioso –dijo Hermione, que no había podido evitar sonreír.

-¿Y cual es nuestra última opción? –inquirió Ron.

-Esperar a que Malfoy actúe –dijo simplemente Harry.

-O bien... –dijo de pronto Hermione.

Los chicos la observaron expectantes, y Harry percibió en la mirada de su amiga un brillo muy peculiar que solamente adquiría en situaciones extremas. Hermione volvió el rostro hacia sus amigos y estos pudieron ver su sonrisa traviesa.

-O bien podríamos colarnos esta noche en la Sección Prohibida de la biblioteca, y buscar el libro que seguramente Malfoy ya habrá devuelto –explicó la chica contenta consigo misma.

-Sólo llevamos una semana de curso y ya planeamos una incursión en la biblioteca en plena noche. Genial –comentó Harry.

-Sí, pero tienes que admitir que su propuesta era mucho mejor que las tuyas –contestó Ron con una sonrisa torcida.

Aquella misma tarde, horas después, Harry, Ron y Hermione se encontraban en el Gran Comedor, cenando, mientras ultimaban los últimos detalles para llevar a cabo su escapada a la biblioteca.

-¿Creéis que hacemos bien? Quiero decir¿no pensáis que tal vez nos estemos precipitando? –preguntó Hermione, insegura.

-Fuiste tú la que propuso la idea –argumentó Harry.

-Lo sé...–dijo Hermione mientras comía un trozo de pastel de ruibarbo.

-Pues a menos que lo "cojamos prestado"... no veo otra manera –dijo Ron mientras terminaba su ración de pastel.

-¿Y si le pidiéramos el permiso a algún profesor? –sugirió Hermione-. Con un poco de suerte tal vez...

-Con un milagro, querrás decir. ¿A quién se lo podríamos pedir sabiendo que nos lo va a dar? –preguntó Ron con muy poca convicción.

-¿A la profesora McGonagall?

-Hermione, he dicho "sabiendo que nos lo va a dar".

-¿Qué os parece si se lo pedimos a Tonks? –propuso Harry-. Es posible que ella nos lo dé, después de todo sabe perfectamente que no tramamos nada: lo único que nos interesa es saber qué es lo que esconde Malfoy.

-Podemos intentarlo...

En ese preciso momento dirigieron su mirada hacia la mesa de los profesores y pudieron ver cómo la metamorfomaga abandonaba el comedor tras terminar la cena. Los tres cruzaron una rápida mirada y sin más miramientos corrieron tras ella. Alcanzaron a la profesora en el vestíbulo y Harry se dio cuenta de que la misma escena ya se había repetido anteriormente tres veces en un mismo día.

-Hola, chicos –saludó Tonks cuando se percató de su presencia-. ¿Qué queréis esta vez?

-Humm... Tonks¿nos firmarías un permiso para sacar un libro de la biblioteca? –preguntó Harry inocentemente.

-¿De que libro se trata?

-Las misteriosas energías secretas –respondió Hermione como si tal cosa.

-¡No puedo creer que aún sigáis dándole vueltas al mismo asunto! –exclamó Tonks siguiendo su camino escaleras arriba.

-Es que somos muy perseverantes –contestó Hermione siguiéndola.

-Eso ya lo he notado…

-Entonces... ¿nos darás el permiso? Sólo nos interesa saber qué es lo que Malfoy se trae entre manos –explicó Ron.

-Bien... no creo que lo que haya en ese libro sea de vuestra incumbencia. Dejadlo en mis manos.

-Pero... Tonks... –protestó Ron.

-Escuchad, no os metáis en cosas que no os importan. Dejad esto en manos de la Orden.

-¿La Orden? -pregunto Ron, extrañado-. ¿Qué tiene que ver la Orden en esto?

Tonks se dio cuenta demasiado tarde de que había metido la pata y trató de enmendar el error balbuceando:

-No... no tiene nada que ver. Me refería a que esto es cosa de los profesores, el profesor Snape y yo nos encargaremos.

Y con esto, Tonks siguió su camino despidiéndose de ellos.

-¿Lo habéis oído? –preguntó Hermione innecesariamente-. ¿La Orden?

-El hecho de encontrar ese libro se ha vuelto aún más importante –dijo Harry.

-Bueno, pues si no nos dan el permiso tendremos que coger el libro sin él –dijo Hermione-. Así que ya está decidido: esta noche nos colaremos en la biblioteca.

Hermione emprendió el camino a la sala común de Gryffindor, seguida por Harry y Ron, y una vez dentro dijo antes de dirigirse a su dormitorio:

-Os espero a las once aquí mismo. Y lleva la capa invisible –dándole esta última indicación a Harry desapareció escaleras arriba.

-Cada vez la entiendo menos –le dijo Ron a Harry.

Este asintió, pensando que al final iba a ser Hermione la que ejerciera una mala influencia sobre ellos en vez de ser al reves.

A las once, la sala común estaba casi desierta, a excepción de un par de alumnos de quinto que hacían sus tareas. Harry, que llevaba la capa invisible heredada de su padre bajo el jersey, esperaba junto a Ron a que Hermione bajara. Finalmente, la chica apareció al pie de las escaleras que conducían a su dormitorio, lista para marcharse. Los tres salieron por el retrato y se cubrieron con la capa. En el camino a la biblioteca se cruzaron con la Señora Norris, que se detuvo al oír el susurro de Ron proponiendo echarle una maldición.

Cuando llegaron a la biblioteca entraron directamente en la Sección Prohibida.

-¡No está! –exclamó Harry al llegar frente a la estantería de donde Malfoy había cogido el libro.

-¿Estas seguro de que era aquí? –preguntó Ron mirando en derredor.

-Sí, sí –Harry estaba totalmente convencido, aunque casi inmediatamente añadió-: Es posible que luego lo dejará en otro sitio.

-Separémonos –indicó Hermione saliendo de debajo de la capa-. Buscad por toda la Sección Prohibida. Tenemos que encontrarlo.

-¿Por qué ahora tienes tanto empeño en encontrar ese libro? Antes pensabas que Harry exageraba…–preguntó Ron entre susurros a Hermione.

-Si Malfoy se ha tomado tantas molestias por robarlo, significa que entraña algo importante o al menos algo que merezca la pena la expulsión del colegio, todo depende de lo que realmente se lleve entre manos –contestó Hermione en un tono de voz aún más bajo-. Pero lo que más me ha sorprendido es que según Tonks, la Orden también parece estar interesada en todo esto.

Estuvieron rebuscando durante bastante tiempo, pero no encontraron absolutamente nada: ni rastro del libro. Harry, harto de pasearse por la Sección Prohibida, había decidido encontrar de una vez por todas las instrucciones para usar el pensadero. Finalmente, y mientras Hermione seguía repasando una y otra vez todas las baldas de la Sección Prohibida, en un viejo libro Harry encontró cómo utilizar el cuenco de piedra, y copió el texto en un pergamino que encontró encima de la mesa.

De repente, oyó un estruendo y vio a Hermione, que había derrumbado una pila de libros. La muchacha, que acababa de darse cuenta de lo que había hecho, se puso rígida.

-¿Qué ocurre ahí? –oyeron que Filch se dirigía a la biblioteca. Rápidamente los tres se escondieron bajo la capa. El conserje se hallaba en la puerta, escrutando la biblioteca en busca de algún intruso. Harry, Ron y Hermione estaban atrapados. Si el conserje no se movía de la puerta no podrían salir. La Señora Norris, en cambio, sí había entrado en la sala y se dirigía hacia ellos guiada por el olfato. Ninguno sabía qué hacer.

-¡Wingardium leviosa! –se le ocurrió decir finalmente a Ron. Un libro que se hallaba en la otra punta de la biblioteca comenzó a levitar y cayó al suelo poco después. La gata y Filch corrieron hacia allí, y los tres amigos aprovecharon la ocasión para salir de la biblioteca.

Sin embargo, la huida no estaba resultando nada fácil, ya que a pesar de que Filch había mordido el anzuelo y había corrido hacia la otra punta de la biblioteca, la Señora Norris había preferido seguir husmeando por los alrededores en los que se encontraban los tres amigos. Harry, Ron y Hermione abandonaron la biblioteca, seguros de que la Señora Norris guiaría a su amo hacia el lugar indicado. Sus sospechas quedaron confirmadas cuando tras ellos, escucharon las sonoras pisadas del conserje, que se movía torpemente por los corredores.

-¡Eso es, Señora Norris! Estoy seguro de que vamos por buen camino... –decía Filch-. Acabaremos atrapando a esos mocosos...

Harry, Ron y Hermione trataban de apresurar su marcha, pero era muy difícil teniendo en cuenta que los tres caminaban apretujados bajo la capa de invisibilidad. Abandonando todo disimulo y precaución, Hermione se deshizo de la capa que los cubría y los tres echaron a correr por el oscuro pasillo. A pesar de que corrían a la velocidad del rayo, aún podían oír a Filch, acercándose cada vez más. Se decía que el conserje conocía el castillo como la palma de su mano, cada pasadizo, cada túnel y escondite... y parecía ser verdad.

Doblaron una esquina y optaron por tomar un atajo. Al final de unas escaleras de piedra había un tapiz enorme, de color escarlata. Si lograban pasar a través de él se encontrarían muy cerca de la sala común de Gryffindor, a salvo de Filch. Ron y Hermione cruzaron el tapiz a una velocidad vertiginosa, y cuando Harry se disponía a seguir a sus amigos... chocó contra el ahora solidificado tapiz y cayó de espaldas al suelo bruscamente, sintiendo todo su cuerpo dolorido por el impacto. Con cierta dificultad se puso en pie y trató de empujar el tapiz, sin ningún resultado. En Hogwarts había miles de escalones, algunos de los cuales desaparecían o engullían literalmente el pie de quien los pisara; había puertas que no se abrían a menos que uno lo pidiera con amabilidad o le hiciera cosquillas en un punto determinado; otras simplemente no eran puertas reales, sino sólidas paredes que fingían serlo. Y por supuesto, también había atajos que no conducían a ningún lugar y tapices, que como en aquel caso, se solidificaban sin previo aviso. Y precisamente tenía que ser aquel tapiz, aquella noche, en aquellos mismos instantes a las dos de la madrugada, el que no dejara paso a Harry. Podía escuchar un leve golpeteo proveniente del otro lado: Ron y Hermione, conscientes de la apurada situación de su amigo, trataban de mover el tapiz, pero éste no parecía dispuesto a desplazarse ni un ápice. Y para colmo de males, era Hermione quien llevaba la capa invisible. En ese momento, Harry escuchó pasos tras él: se acabó, estaba perdido. A sabiendas de lo que se encontraría al darse la vuelta, giró sobre sus talones:

-Vaya, vaya –dijo Filch entre dientes con una exultante sonrisa en su cara-. Mira a quién tenemos merodeando por los pasillos del castillo a las tantas de la madrugada, Señora Norris.

Filch agarró firmemente el brazo de Harry y lo condujo a su despacho.

-Creen que pueden hacer lo que les plazca... –murmuraba Filch de camino a su oficina-. Dos en una sola noche¿eh, Señora Norris?... Seguimos formando un gran equipo...

"¿Dos en una sola noche?" ¿Qué había querido decir Filch? Harry descubrió el significado de aquellas palabras nada más entrar en el despacho del conserje. Sentado cómodamente frente al escritorio, con una postura arrogante como si aquello no tuviera nada que ver con él, se encontraba la persona a la que Harry menos quería ver en aquellos momentos: Draco Malfoy. Cuando el muchacho percibió la presencia de alguien en la sala, giró el rostro y alzó las cejas sorprendido al ver a Harry frente a él, pero al instante cambió esa expresión por otra muy diferente, una mueca de satisfacción y suficiencia.

Filch ocupó su puesto tras el escritorio y Harry tomó asiento junto a Malfoy.

-Bien... bien... bien... –murmuró Filch mientras mojaba una pluma en un pequeño tarro de tinta y sacaba de un cajón un par de formularios-. Conque vagabundeando a altas horas de la madrugada por el castillo¿no? –comentó mientras escribía algo rápidamente en un pergamino-. Está bien –dijo al tiempo que terminaba de rellenar los formularios-. Hablaré personalmente con los jefes de vuestras casas; por supuesto, se os descontaran puntos por vuestra falta y mañana por la mañana seréis informados del castigo que debéis cumplir, no es tarea mía asignaros vuestra sanción, de lo contrario... –Filch dirigió una rápida mirada a las cadenas que colgaban de la pared tras su escritorio.

Dicho esto, Filch se puso en pie y acompañó a los dos chicos hasta el vestíbulo, donde cada cual tomó el camino indicado que le conduciría a su respectiva sala común. Antes de perder de vista al conserje, Harry escuchó algo sobre "volver a poner en uso las cadenas de la conserjería" y "castigar como es debido a los que se lo merecen".

Abatido, pensando que debería compartir castigo con Malfoy, cruzó el retrato de la Señora Gorda cuando el reloj de la sala daba las tres.

Ron y Hermione aún no se habían acostado, esperaban a Harry sentados en unos cómodos sillones. Cuando ambos se dieron cuenta de que Harry acababa de llegar, se pusieron rápidamente en pie y se aproximaron a él.

-¡Oh, Harry, lo siento mucho! –se disculpó Hermione-. Si yo no hubiera armado semejante escándalo no...

-¿Qué ha pasado? –la interrumpió Ron.

Harry tomó asiento exhausto en una mullida butaca y les relató lo ocurrido. Los tres se formulaban la misma pregunta¿qué hacía Malfoy fuera de su dormitorio a altas horas de la madrugada?

-¿Pensáis que tenga que ver con el robo de esta mañana en la Sección Prohibida? –preguntó Ron.

-No necesariamente... –contestó Hermione-. Pero tal vez... quién sabe...

-Intentamos cruzar al otro lado del tapiz, tratamos de moverlo... –dijo Ron-. Pero fue imposible.

-Lo sé. No os preocupéis, no será el primer castigo que cumplo con Malfoy y Filch –dijo Harry.

-Definitivamente, una muy buena compañía, sí señor –dijo Ron con sarcasmo.

-Al menos Filch solamente pudo atraparme a mí. En vuestro caso tal vez hubiese sido peor: sois prefectos.

A pesar de que Hermione le dio mil veces las gracias a Ron por haber tenido la magnífica idea de llevar a cabo el encantamiento levitador que los había sacado de la biblioteca, no pudo evitar seguir enfurruñada por no haber logrado encontrar el libro.

-Deberíamos irnos a la cama –propuso Harry tras unos minutos.

Poco después, cada cual descansaba en su cama de dosel, pensando que aquel libro les estaba dando demasiados quebraderos de cabeza.

Harry, Ron y Hermione se levantaron ojerosos la mañana siguiente. A pesar de todo lo ocurrido, el libro de la Sección Prohibida continuaba siendo el principal tema de conversación:

-¿Creéis que deberíamos darnos por vencidos, o continuar con la búsqueda? –preguntó Hermione.

Apenas había terminado de formular la pregunta cuando una bandada de lechuzas entró en el Gran Comedor.

-Aquí llega el correo –anunció Ron.

Una lechuza parda bajó volando hasta Harry. Éste miró hacia la mesa de Slytherin y vio que Malfoy recibía otra carta. Le quitó la suya al ave, que emprendió el vuelo casi al instante, y la leyó:

Su castigo tendrá lugar a las diez de la noche.

El señor Filch le estará esperando frente a la

estatua de Wald el Imperturbable

Profesora Minerva McGonagall

-¿De que tratará el castigo? –se preguntó Hermione en voz alta tras leer la nota.

-Conociendo a Filch, seguro que os colgará de los pulgares o algo así...

El comentario de Ron hizo reír a Harry, que al menos tenía el consuelo de que Malfoy también estaría castigado.

Pasaron el resto de la mañana terminando los deberes y tras el almuerzo, Harry, Ron y Hermione decidieron ir a hacer una visita a Hagrid. Nadie contestó cuando llamaron a la cabaña, pero instantes después vieron al semigigante saliendo del Bosque Prohibido.

-Hola chicos –saludó el guardabosques –. Pasad adentro, prepararé té.

-Hagrid¿qué...? –preguntó Hermione al ver la cara de su amigo. Hagrid tenía un tajo enorme en la mejilla que sangraba profusamente y un par de moretones.

Hagrid se encogió de hombros sin querer darle importancia.

Cuando el té estuvo servido, Harry preguntó:

-¿Ha sido Grawp?

-Sí –confesó Hagrid untándose una poción abundantemente en la cara-. Ya es mucho más civilizado, pero aún queda algún problemilla…

-Nos salvó en junio –comentó Hermione mirando los hilillos de poción que goteaban por la barba de Hagrid-. Los centauros iban a atacarnos y él apareció.

-¡Ah...¡Los centauros! –suspiró el semigigante-. La situación se está descontrolando. Después de que atacaran a la profesora Umbridge el curso pasado, algunos miembros del Ministerio opinan que no deberíamos dejarles vivir en el Bosque Prohibido. Firenze sigue desterrado, tengo que ir armado al bosque... es mejor estar alejado de ellos una temporada.

Harry y Ron cruzaron una mirada que daba a entender que no se acercarían a ellos voluntariamente de ninguna manera.

-¿Y como ha ido vuestra primera semana? –preguntó Hagrid.

Pasaron el resto de la tarde en la cabaña de Hagrid y al anochecer regresaron para la cena en el Gran Comedor. A Harry la comida no le supo tan bien a sabiendas de que a continuación tendría que cumplir un castigo.

A las diez, se dirigió solo a la estatua de Wald el Imperturbable, donde ya estaban esperando Malfoy y Filch, acompañado por su gata, la Señora Norris.

-Seguidme –indicó a los dos estudiantes.

El conserje abrió un pasadizo tras un tapiz, dando paso a unas escaleras que Harry reconoció al instante: dos años atrás, Filch había estado a punto de atrapar a Harry merodeando por la noche en aquel pasadizo, y lo hubiera conseguido, de no ser por la ayuda que el falso profesor Moody le proporcionó.

Recorrieron otro pasillo y fueron a parar a una habitación en la que Harry no había estado nunca. Todas las paredes, el techo y el suelo estaban recubiertos de palabras escritas con pintura de colores. Cuando Harry se fijó, descubrió que eran groserías e insultos dirigidos al conserje y la Señora Norris. Peeves flotaba en el aire despistadamente, pero cuando se dio cuenta de que el grupo había entrado le hizo una sonora pedorreta a Filch. Sin duda era el poltergeist quien había escrito todo aquello.

-Vuestro castigo consiste en limpiar todo esto. Ahí tenéis todo lo necesario –indicó el conserje señalando unas botellas de quitamanchas mágico de la señora Skower que había en un rincón-. La Señora Norris se quedará aquí para vigilaros. Más os vale haber terminado para cuando yo vuelva a las doce.

Dicho esto, Filch abandonó la sala con Peeves a sus espaldas, que no hacía otra cosa que burlarse del conserje. Harry cogió un trapo y un frasco de quitamanchas y comenzó a frotar la pared lo más alejado posible de Malfoy. Por mucho que frotara le estaba costando una barbaridad borrar las palabras y comprendió el porqué al tropezar con un bote en el que ponía:

Pintura Superimborrable Especial Para Escribir Palabrotas

de Sortilegios Weasley.

Advertencia: Esta sustancia es imborrable, a menos que lo escrito por la misma se lea tres veces en voz alta y saltando a la pata coja.

Harry pensó que las bromas de los gemelos podían tener gracia, pero no cuando uno las sufría en carne propia.

Leyó la frase que tenía delante (Filch es idiota) e hizo lo que indicaba el prospecto.

-¿Qué haces, Potter? –preguntó Malfoy dejando de frotar inútilmente la pared y mirándolo por primera vez.

-Borrar las palabras –dijo Harry con satisfacción señalando la frase que estaba desapareciendo.

Malfoy entendió que esa era la única manera de borrar lo escrito y pasaron la siguiente hora saltando a la pata coja, leyendo los diferentes insultos que había escrito Peeves. La Señora Norris parecía divertida (si es que los gatos pueden divertirse) viendo a los dos chicos saltando por la habitación.

Harry estaba borrando "La Señora Norris apesta a caca de troll", cuando la cicatriz comenzó a arderle de repente y sintió la ya conocida sensación de que la cabeza se le partía por la mitad. La vista se le nubló y lo vio todo rojo. Oyó unos gritos ahogados, como si los escuchase de lejos y sintió furia y rabia. Tan repentinamente como el dolor había comenzado, terminó y Harry se encontró tirado en el suelo.

-¿Qué te pasa, Potter¿Hay dementores cerca? –se burló Malfoy. Pero a pesar de su tono de burla, había palidecido.

Harry lo ignoró, y, levantándose, continuó borrando frases, preguntándose qué habría ocurrido esa vez para que Voldemort se sintiera así, pues era su furia lo que había percibido. Posiblemente algo le habría salido mal, alguno de sus planes habría sido desbaratado.

Harry estaba borrando la ultima frase (Filch tiene cara de ghoul retrasado), cuando apareció el conserje. La Señora Norris maulló dándole la bienvenida y Filch le contestó con un marramiau, con lo que la gata se escabulló. El conserje investigó la habitación para asegurarse que no había ni rastro de pintura y tras advertirles que no volvieran a infringir las normas, ordenó a Harry y Malfoy que volvieran a sus respectivas salas comunes.

Por el camino, y hasta que llegó a su habitación, Harry estuvo pensando en el dolor de su cicatriz y en que debería poner a Ron y Hermione al corriente de lo sucedido en las mazmorras.

Antes de que Harry encontrara el momento adecuado para relatar su historia a sus amigos, el correo llegó a la mañana siguiente, durante el desayuno. Hermione se atragantó con el zumo al leer la primera plana de El Profeta, que una lechuza le había entregado.

-¿Qué...? –preguntaron a la vez Harry y Ron arrebatándole el periódico a la chica.

TENTATIVA DE ENTRADA EN EL MINISTERIO

Ayer noche, tres mortífagos intentaron entrar por la fuerza en el Ministerio de Magia, informa Rita Skeeter, reportera especial. Los encapuchados atacaron a los guardias de seguridad y creyendo que la situación era estable abandonaron toda discreción. Sin embargo, un numeroso grupo de aurores permanecía en el Ministerio haciendo horas extra y reducieron a los intrusos de inmediato. Desgraciadamente, otro equipo de mortífagos llegó instantes después y, aturdiendo a varios aurores, rescataron a sus compañeros.

Ninguno de los enmascarados ha sido oficialmente identificado, pero los aurores aseguran que entre los mortífagos podrían estar algunos importantes lugartenientes de El-que-no-debe-ser-nombrado, como Fidus Muster, uno de los principales servidores de Quien-ustedes-saben antes de su caída.

Esta misma mañana la ministra en funciones, Eliadora Slaughter, ha declarado que instaurará nuevos sistemas de seguridad...

-Así que era por eso por lo que anoche estaba tan furioso... –dedujo Harry interrumpiendo la lectura de Hermione. Ante las miradas de incomprensión de sus amigos, les relató lo ocurrido la noche anterior.

Discutieron sobre el tema hasta salir del comedor, momento en el que Harry se dirigió a clase de Pociones, su primera asignatura del día, y Ron y Hermione a Historia de la Magia. Harry entró en la mazmorra cuando Snape aún no había llegado, y mientras se dirigía a su asiento junto a Seamus, los alumnos de Slytherin hacían pantomimas de Harry desmayándose y fingiendo dolores de cicatriz; sin duda Malfoy ya les había contado lo ocurrido la noche anterior.

La clase transcurrió con total normalidad para tratarse de Pociones: Snape quitó diez puntos a Gryffindor sin ningún motivo claro aparente, en opinión de Harry; y les cargó de deberes para la siguiente semana.

Tras el recreo, Harry, Ron y Hermione tenían clase de Transformaciones, donde pasaron la primera hora copiando los apuntes que la profesora McGonagall les dictaba sobre la transformación de objetos líquidos en sólidos, y la segunda hora tratando de convertir zumo de calabaza en una calabaza entera.

Cuando se dirigieron a comer, Ron aún seguía quejándose de que su zumo era demasiado líquido y por eso sólo había conseguido convertirlo en pipas de calabaza. Desgraciadamente, días después, Ron no mejoró mucho: había logrado convertir su zumo en una calabaza, pero con resultados tan poco satisfactorios que la hortaliza se le deshacía en las manos.

Y entre calabaza y calabaza, septiembre estaba a punto de llegar a su fin, al igual que los últimos días cálidos del año, ya que pronto los terrenos se verían cubiertos de escarcha.

Un jueves, a la hora del desayuno, una lechuza aterrizó frente a Harry con una nota en el pico:

A partir de Octubre asistirá a clases de Oclumancia todos los miércoles a las seis en el despacho del profesor Snape. Rogamos que acuda con total discreción y se esfuerce lo máximo posible.

Profesora Minerva McGonagall

Harry leyó la carta e hizo una mueca de desagrado que causo que Ron y Hermione preguntaran qué le ocurría.

-Clases de Oclumancia –respondió Harry-. Con Snape.

-Harry, pensé que después de... bueno... –dijo Hermione dubitativa- lo del Departamento de Misterios...

-La muerte de Sirius –dijo Harry con voz grave.

-Eh... sí... Pensé que querrías seguir con la Oclumancia –terminó Hermione.

-Sí. Ya sé que es muy importante, sólo que no me hace mucha gracia que Snape me dé clases extra.

Otra lechuza bajó hasta Hermione y le dejo El Profeta en la mesa, tras lo cual la chica le pagó un knut.

-¡Oh, no! –exclamó tapándose la boca al leer el encabezamiento del artículo de la portada-. Es horrible...

Ron y Harry, sorprendidos por la reacción de su amiga, le pidieron que leyese el reportaje en voz alta:

¿ES SAN MUNGO SEGURO?

Ayer noche, informa nuestra enviada Rita Skeeter, el hospital San Mungo de Heridas Mágicas fue atacado por un numeroso grupo de mortífagos.

Los seguidores de El-que-no-debe-ser-nombrado llevaron a cabo la incursión en el hospital aproximadamente a las diez de la noche.

Se cree que Quien-ustedes-saben llevaba semanas planeando dicho ataque. Fuentes fidedignas del hospital nos han asegurado que ciertos aurores heridos en luchas contra mortífagos se encuentran reponiéndose en el centro, por lo que la razón que ha impulsado al Señor Tenebroso a forzar el hospital puede haber sido la intención de acabar con sus vidas.

Desgraciadamente, sus esfuerzos se vieron compensados. Uno de los aurores, Matheric Emerson, ha sido secuestrado, puede que con la intención de revelar información secreta. Asimismo, dos medimagos y un enfermo resultaron muertos. Sin embargo, las fuerzas de rescate enviadas por el Ministerio de Magia consiguieron capturar a dos mortífagos: Friedrich Strongwood y Bratius Slonger. Ambos han sido apresados y llevados a Azkaban, que ahora se encuentra bajo la atenta mirada de los magos mejor preparados.

El equipo medimago del hospital actuó con rapidez y combatió eficazmente el ataque. La entrada al centro hospitalario se encuentra prácticamente destrozada, pero no hay más daños materiales que lamentar.

Los aurores andan tras la pista de los mortífagos culpables de esta catástrofe.

En exclusiva para El Profeta, conseguimos una entrevista con una enfermera del hospital San Mungo, cuya identidad quedará en el anonimato: "Todo sucedió de repente. Se oyó una gran explosión; yo me encontraba en el primer piso, atendiendo a un paciente y bajé deprisa, todo lo rápido que pude, para ver qué era lo que ocurría. Cuando llegué a la planta baja, recuerdo que algunos medimagos trataban de detener a los mortífagos. Entonces subí directamente a los pisos superiores para tratar de poner a salvo a los enfermos".

Sólo nos queda preguntar¿Es San Mungo a estas alturas un lugar seguro?

La nueva ministra en funciones, Eliadora Slaughter, ha dado un comunicado de prensa: "Lo ocurrido en el Hospital San Mungo de Heridas Mágicas ha sido algo trágico, pero deben guardar la calma. Nuestros aurores se encargan de la situación. Tras este nuevo ataque, la sección de Seguridad y Protección Mágica del Ministerio está trabajando en la seguridad del centro".

Esperemos que esas nuevas medidas de seguridad sean realmente efectivas para no tener que lamentar más muertes en un futuro.

Rita Skeeter

-¡Es increíble! –exclamó Ron devolviéndole el periódico a Hermione tras ver la fotografía de la portada, en la que se mostraba la sala de espera del hospital repleta de aurores, medimagos y gente del ministerio-. Primero el Ministerio y ahora San Mungo. Alguien tiene que poner freno a todos estos ataques.

-¿Y ése vas a ser tú, Ron? –preguntó ácidamente la chica.

-Claro que no –el pelirrojo no había captado la ironía-. Pero la Orden...

-Yo creo que algo estarán haciendo –comentó Harry-. Tal vez aún no sean capaces de detener a los mortífagos, pero deben estar ocupados con algo...

En todo el comedor había alumnos que cuchicheaban sobre el ataque a San Mungo, periódico en mano. Dos alumnas de primero que había junto a Harry se levantaron, dejando a la vista a Neville, que estaba algunos asientos más allá.

El chico miraba fijamente El Profeta que tenía entre las manos, pálido como la cera, como si le hubiese desaparecido toda la sangre del cuerpo, y totalmente petrificado.

-Neville... –se acercó Hermione. Él levantó lentamente la vista. Los tres sabían cuál era la razón: los padres de Neville habían ingresado en San Mungo tiempo atrás, totalmente amnésicos y sin una pizca de cordura-. Neville¿estas bien?

Harry pensó que esa era una pregunta muy tonta, por supuesto que no estaba bien. Sin embargo, el aludido asintió con la cabeza.

En ese momento, un cárabo aterrizó junto el zumo de calabaza de Neville, con una carta en el pico. El chico la cogió y pareció que de repente toda la sangre le había vuelto al cuerpo, incluso esbozó una sonrisa.

-Es de mi abuela –explicó a los desconcertados Harry, Ron y Hermione-. No ha pasado nada. Están bien y a salvo.

No necesitaron más explicaciones, y diciendo que se verían en Encantamientos, Neville salió del comedor con la carta de su abuela estrujada en la mano.

La clase de Encantamientos pasó como una exhalación. Después de estudiar el encantamiento aumentador, y tras el recreo, se dirigieron al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Tonks había logrado reducir sus despistes en clase notablemente, y nadie más había sufrido ningún daño grave.

-Hoy vamos a estudiar el encantamiento patronus –dijo la metamorfomaga dejando sobre la mesa una caja de madera-. Este hechizo sirve para repeler a los dementores, y puede que algunos de vosotros ya lo conozcáis –Tonks miró a Harry, que a su vez miró a todos sus compañeros de Gryffindor, que habían pertenecido el curso anterior al ED, pero, por supuesto, Tonks desconocía ese pequeño detalle. Les explicó cuál era la forma de hacer aparecer un patronus, y se quedó muy sorprendida al ver que casi todos lo conseguían en el primer intento.

Entonces, abrió la caja de madera y de ella salió una masa plateada que se deslizó hasta el suelo.

-Esto es un demonio multiforme –dijo Tonks señalando con la varita la masa, que tenía aspecto de plata líquida-. Podemos hacer que adquiera la forma y las propiedades de cualquier ser, así que vamos a hacer que se convierta en un dementor¿de acuerdo? Con un verdadero dementor va a ser mucho más difícil hacer aparecer el patronus, pero vamos a intentarlo. Colocaos en fila y pensad en vuestro recuerdo más feliz.

Tonks apuntó al demonio multiforme y este se irguió transformándose en un alto ser oscuro; un dementor.

Harry vio como de la punta de la varita de Lavender salía una neblina plateada y de la de Dean un gato enorme que se esfumó pocos segundos después. Cuando le tocó el turno a Harry, se colocó frente al dementor y sin pensárselo dos veces, hizo aparecer el ciervo que era su patronus. Tonks le felicitó y Harry le cedió el turno a Parvati.

Cuando sonó el timbre que señalaba el final de la clase y todos salían hacia el exterior, Tonks pidió a Harry que fuera a su despacho en cuanto acabase de comer, así que una hora más tarde el chico se encontraba allí.

Harry había visitado ese despacho todos los años desde segundo curso, y la manera de decorarlo de Tonks se parecía mucho a la de Lupin. Por suerte, ya no estaban allí los horrorosos platos con gatitos pintados que Umbridge había colgado el curso anterior.

-Hola, Harry –saludó la profesora-. Siéntate.

El chico hizo lo indicado y bebió un trago de zumo de calabaza que Tonks le ofreció.

-Te he llamado porque la profesora McGonagall me ha dicho que querías ser auror –Harry se sonrojó-, y ha pensado que yo podía informarte al respecto. Tienes que saber que no es fácil conseguir el puesto, hay que estudiar mucho y superar un montón de exámenes. Ya te conté que casi me suspendieron en Sigilo, aunque con el resto de asignaturas no tuve problema. De entre quince aspirantes, sólo conseguimos pasar las pruebas yo y otro chico, Murphy, y eso que había bastantes Ravenclaw entre los que suspendieron y supuestamente son los más inteligentes.

-¿A qué casa perteneciste tú?

-A Hufflepuff –contestó ella con una sonrisa-. Desde que nosotros entramos hace tres años, no han admitido a nadie más, y no es que no sean necesarios más aurores, sino que los aspirantes no logran superar los exámenes. En conclusión...

Un alarido proveniente del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras interrumpió a Tonks, que palideció casi al instante.

-Ahora mismo vuelvo. Quédate aquí.

Harry vio a Tonks desaparecer por la puerta y se quedó solo en el despacho. Observó a su alrededor con curiosidad y en una de las baldas vio un libro que le resultaba familiar. Se trataba de Las misteriosas energías secretas. Harry, a quien el corazón le había dado un vuelco, no pudo evitar cogerlo. Así que por eso no lo habían encontrado en la biblioteca... Tonks lo tenía. Abrió el libro para ojearlo y ver de qué trataba. Varios fragmentos estaban subrayados y había algunas notas en los márgenes.

-Se me había olvidado meter el demonio multiforme en la caja y estaba paseándose por el aula como un dementor. No veas el susto que se ha llevado el señor Filch... Harry¿qué...? –preguntó Tonks entrando en el despacho y cerrando la puerta de golpe. El chico cerró rápidamente el libro y lo dejó donde estaba, pero ya era demasiado tarde.

-Tonks, dime lo que contiene ese libro, por favor –rogó Harry.

-No tiene nada de especial. Sólo lo cogí como entretenimiento –mintió Tonks sin mucho éxito-. Y no va a servir de nada que me lo pidas prestado, porque ahora mismo lo voy a enviar a... esto... un amigo –el rostro de Tonks había adquirido un tono rojizo.

-Ya, y tu amigo no vivirá en Grimmauld Place por casualidad¿verdad? –inquirió Harry suspicazmente.

-Debes irte, Harry, o llegarás tarde a tu próxima clase –se despidió Tonks, evasiva.

Harry salió y cuando se reunió con Ron y Hermione frente al aula de Transformaciones les contó todo lo que había pasado en el departamento de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-Es una pena que Tonks vaya a deshacerse del libro, pero, en fin, supongo que tampoco nos atañe –suspiró Hermione mientras la profesora McGonagall entraba en el aula.

Y hasta aki hemos llegado...

Ya sabeis que hacer ahora, no? pulsad go! y dadnos una alegria (las criticas constructivas siempre se agradecen!!!). En el proximo cap...weno, va a haber de todo...llega halloween, hormonas en estado de efervescencia y adrenalina q se escapa por los puños (vamos, q alguna peleilla va a caer por ahi...)

Y ahora, pa los q dejaron review en el capítulo anterior...

ANGELFEAR: Pos aki esta el siguiente cap, no solemos tardar más de una semana como máximo en meter un cap nuevo...esperamos que tu tmb nos des sugerencias!!!! Ya hemos entrado en tu pagina y te la has currado a saco!!!sigue leyendo!!!! p.d. siempre tenemos q explicar esto, pero somos tres chicas, no una...por eso el review está contestao en tercera persona, ok? no es nada de personalidad multiple ni na por el estilo!

aYdE mDrJgI: Weno, lo dicho, la acción va llegando en pequeñas dosis, poco a poco. y en el proximo cap vas a tener accion asegurada, jeje!!

Ilisia Brongar: Weno, aki te respondemos a los reviews de los caps 3y 4, asi q puede q leas esto dentro de un tiempo, pero más vale tarde q nunca, no??? Sí que pensamos q un ataq en el callejon diagon sería como...una avalancha humana...Y, sí!!! lo de Koltien esta puesto adrede, como los demás nombres (weno, algunos de ellos, fijate en el de criaturas magicas...)juer, si q t lo lees todo!!!!y sobre el otro cap, la verdad es q tonks de profesora va a ser un peligro... jejeje. y sobre la profecia se hablara mucho a lo larfgo del fic, asi q ya la iremos recordando poco a poco...weno, ya sabemos q los caps son larguisimos, asiq tomatelo con tranquilidad!!! hasta la proxima!