Hola de nuevo a todos!!! aquí estamos una vez más... y...en el cap anterior ya adelantamos que las hormonas atacarán en este nuevo capítulo... seguid leyendo, no os quedéis con la duda!!!
Disclaimer: rowling es la única dueña de harry potter, es q hay alguien q todavía no lo sepa? xD
Respuestas a los reviews abajo!!!
7
Halloween
Septiembre dejó paso a Octubre, y el primer miércoles a las seis, Harry se dirigió al despacho de Snape, a recibir la primera clase de Oclumancia del curso. Llamó a la puerta y entró. El despacho no había cambiado en absoluto, estaba oscuro y repleto de botes rellenos de un líquido verdusco y lo que parecían animales en conserva.
El profesor Snape se encontraba tras su escritorio, con un pensadero frente a él, que seguramente acababa de utilizar para dejar sus recuerdos. Harry sabía que el trato que había recibido de Snape en sus clases hasta ese momento no sería nada parecido a lo que se avecinaba. El curso anterior, el chico había entrado en el pensadero del profesor y había visto sin su permiso el recuerdo en el que su padre, James, y Sirius se burlaban de Snape hacía ya muchos años, cuando todos asistían a Hogwarts. El Snape adulto se había enfurecido hasta tal punto, que se había negado a seguir dándole clases de Oclumancia a Harry, pero, al parecer, tras lo ocurrido en junio, era de suma importancia que se reanudaran.
Como habían hecho siempre antes de interrumpir las clases, Snape utilizó un hechizo para introducirse en la mente de Harry, y aunque ahora éste podía repelerlo con mayor facilidad, seguía cayendo ante el efecto del conjuro.
-Las mentes débiles no pueden controlar la Oclumancia –dijo Snape despectivamente mientras Harry se levantaba del suelo, al que había caído a causa del hechizo. Esta vez había visto el recuerdo de tía Marge hinchada como un globo. No cedió ante las provocaciones de Snape, sino que permaneció en silencio-. Voy a volver a utilizarlo, Potter¿listo? –sin dar tiempo a Harry a asentir, exclamó-: ¡Legeremens!
Harry se concentró cuanto pudo y evitó durante unos segundos que Snape entrara en su mente, pero finalmente se rindió.
Continuaron durante más de media hora con idénticos resultados, y tras recordarle a Harry que vaciara su mente antes de acostarse, Snape prácticamente lo echó del despacho.
El chico se dirigió al comedor, donde esperaba encontrar a Ron y Hermione. Así fue, y cuando se sentó junto a sus amigos vio que, para variar, estaban discutiendo:
-¡Pero eso no va contra las normas! –se quejó Ron.
-No, Ron, no va contra las normas, pero no es del todo legal precisamente –puntualizó Hermione-. Además, podría hacer daño a alguien.
-¿Qué es lo que pasa? –preguntó el recién llegado sirviéndose puré de patatas y salchichas.
-Un chico de tercero, Abercrombie, va regalando por ahí a los Slytherins Obleas de Guindilla, lo último de Fred y George...
-...que hacen que te abrases por dentro y no puedas hablar –finalizó Hermione interrumpiendo a Ron-. Y aunque no estén prohibidas, aún, son peligrosas.
-Hermione¿crees que mis hermanos venderían algo peligroso? –preguntó Ron. La chica le dirigió una dura mirada que no dejaba lugar a dudas de que la repuesta era afirmativa-. Da igual, son Slytherins. Si son tan idiotas como para comerse algo que no saben qué es, se lo merecen. Además, para lo que dicen, mejor que estén callados.
-¿Ves, Ron? Esa actitud es la que hace imposible la reconciliación entre las casas.
-Ojalá Malfoy o Snape se comiesen una de esas Obleas –dijo Harry irrumpiendo en la conversación a la vez que el pelirrojo sonreía triunfante.
-¡Tres alumnos de Slytherin han perdido veinte puntos al no poder contestar a un profesor por culpa de esa porquería! –exclamó Hermione.
-Pues mejor –dijo Ron dando por zanjado el tema-. ¿Qué tiene eso de malo?
La chica se rindió, abatida, y se interesó por la primera clase de Oclumancia de Harry.
-Horrible –contestó el chico y les relató lo sucedido.
-Bueno, al menos no tienes que volver a sufrir hasta la semana que viene –le animó Ron.
-Sí, menudo consuelo –suspiró Harry.
Esa misma noche, y siguiendo los consejos de Snape, Harry vació la mente antes de acostarse y no tuvo ningún sueño extraño.
Transcurrieron dos semanas a toda velocidad, con otras dos sesiones de Oclumancia, que no resultaron ser mejores que la primera. El total de puntos que quitó Snape a Harry en Pociones fueron treinta; incluso cuando enumeró correctamente todos los ingredientes necesarios para elaborar la poción multijugos, que iban a comenzar a preparar aquel día. Snape sustrajo diez puntos a Gryffindor, alegando que Harry los había nombrado tan rápida y correctamente que lo más probable es que hubiese mirado el libro.
En clase de Transformaciones comenzaron a estudiar la transfiguración humana, y Harry recordó cómo Krum se había convertido en medio tiburón durante la segunda prueba del Torneo de los Tres Magos. Ni siquiera Hermione consiguió durante la primera clase convertirse en gorila, que, como la profesora McGonagall había dicho, era lo más fácil.
-Caramba, Hermione –había comentado Ron ante los infructuosos intentos de su amiga-: Por una vez Crabbe podría haber sido mejor que tú en clase… Él sólo habría necesitado un encantamiento crece-pelo para ser igualito a un gorila… Y me atrevo a decir que ni siquiera habría necesitado aplicarse el encantamiento en su totalidad… No sé si me entiendes…
-Aggh, Ron, callate –masculló Hermione con cara de asco.
Herbología y Encantamientos también estaban resultando difíciles, porque tanto Sprout como Flitwick les cargaban de deberes. Las clases con Tonks, que al principio habían sido divertidas, ya no lo eran tanto, pues pasaban gran parte del tiempo ocupados con clases teóricas. Hagrid había mejorado notoriamente sus clases, aunque él creyera que resultaban un tanto aburridas por la falta de criaturas peligrosas. Incluso se le ocurrió la terrorífica idea de volver a criar una camada de escregutos de cola explosiva. Afortunadamente, Harry y Ron habían logrado convencerlo de lo contrario.
En los entrenamientos de quidditch, Harry había logrado que los jugadores volvieran a estar en forma tras los meses de descanso durante el verano, y puesto que el primer partido sería en noviembre, contra Ravenclaw, habían aumentado las sesiones semanales a tres.
Justamente era martes, día de entrenamiento, cuando por la mañana Hermione recibió una lechuza durante el desayuno.
-¿De quién es? –preguntó Ron en cuanto Hermione terminó la lectura y levantó la vista sonriente.
-No creo que tenga que decírtelo –contestó la chica guardando el pergamino en el sobre.
-No te hagas la misteriosa –Ron intentó cogerla pero Hermione la apartó rauda-. ¡Ah! No será de Vicky¿verdad?
-Sea así o no, no tienes derecho a leerla –dijo Hermione con un tono de reproche en la voz-. Mi correo es privado. ¡Y no lo llames Vicky!
-¡Así que es de ESE¡Vamos... veamos que nos dice! –el chico volvió a intentar alcanzar el sobre para picarla, pero Hermione se puso en pie y quedó fuera de su alcance.
-¿¡Que demonios te pasa, Ron!? –exclamó. Algunos de los alumnos que estaban sentados cerca giraron la cabeza en su dirección-. Os espero en Encantamientos –dijo bajando el tono de voz y marchándose tras coger su mochila.
Ron volvió a sentarse y lanzó una mirada a Harry, que se había quedado con su tostada a medio camino entre la boca y el plato.
-¿Qué le ocurre a Hermione? –preguntó Ginny que acababa de entrar en el comedor-. Me la he cruzado en las escaleras y parecía a punto de lanzarle una maldición al primero que se le cruzase en el camino.
Harry negó con la cabeza y Ron no dijo nada en absoluto. Segundos más tarde se levantó y se fue sin decir palabra.
-¿Y que le ocurre ahora a Ron? –preguntó de nuevo Ginny siguiendo con la mirada a su hermano, confusa.
Harry volvió a negar, sintiéndose estúpido.
Ron y Hermione no se dirigieron la palabra en todo el día, aunque sí hablaron con Harry. Cuando los dos chicos fueron al entrenamiento de quidditch, Hermione ni siquiera se despidió del pelirrojo. Harry tuvo que llamar la atención de Ron dos veces durante los ejercicios, porque le habían colado tres quaffles seguidas. Hora y media después, los jugadores regresaron a la sala común.
-Hermione no está aquí –observó Harry mientras Ron y él se sentaban en una mesa para hacer sus deberes-. Estará en la biblioteca.
Ron no dijo nada en absoluto, pero diez minutos después, al abrirse el hueco del retrato y entrar Hermione, recogió sus cosas y subió a la habitación de los chicos.
-No entiendo qué le pasa –dijo la chica sentándose junto a Harry y sacando los libros de su mochila.
-Yo tampoco –mintió Harry, que ya tenía ciertas ideas, pero no le pareció correcto exponerlas ante Hermione.
Al dar las nueve, Harry y Hermione bajaron a cenar, aunque Ron no apareció por allí, y era extraño que su amigo se saltase una comida. Cuando Harry volvió al dormitorio, supo que Ron se hacía el dormido, porque sus ronquidos eran demasiado exagerados para ser reales... O al menos eso esperaba.
A pesar de no haber tenido ninguna pesadilla relacionada con Voldemort durante la noche, a la mañana siguiente Harry despertó sintiendo un extraño picor en la cicatriz.
Supo cuál era el motivo de su malestar nada más bajar al Gran Comedor, donde varios alumnos iban de una mesa a otra comentando algo con sus compañeros, bajo un cielo gris plomizo.
-Otra vez los mortífagos –le informó Neville pasándole un ejemplar de El Profeta. El artículo era breve y ni siquiera ocupaba la portada, pero parecía lo suficientemente importante como para que reinara aquel desorden en el comedor.
EDIMBURGO ASALTADO
Anoche, alrededor de las tres de la madrugada, un nutrido grupo de seguidores de Quien-ustedes-saben, irrumpieron en la famosa Galería Witchwark de Edimburgo, informa Rita Skeeter, reportera de El Profeta. La Galería, que como sabrán recoge numerosos objetos mágicos de la Antigüedad, fue saqueada, y los asaltantes se llevaron varios artículos que aún no han sido revelados por los encargados.
"El director de la Galería, Willus Vurkow, se ha encerrado en su despacho hecho una furia", comenta el conserje, T. R. Orphun. Aún se desconoce con exactitud que clase de objetos han sido sustraídos, pero se comenta que pertenecen a la colección de Artes Oscuras.
Los vigilantes no fueron heridos de gravedad y no hay que lamentar ninguna pérdida humana. Seguiremos informando a medida que se esclarezcan los hechos que rodean el suceso.
Rita Skeeter
-¿Sabéis que se rumorea que Quien-vosotros-sabéis estuvo allí? –dijo Justin Finch-Fletchley, que se había acercado desde la mesa de Hufflepuff-. Dicen que llegó seguido de cien mortífagos y cincuenta gigantes y que destruyó la Galería con un simple hechizo.
-Eso no son más que tonterías –dijo Harry observando la portada del periódico, que informaba de la derrota del Pride of Portree frente a los Chudley Cannons. Harry pensó que eso le encantaría a Ron.
-Es posible que eso sea un poco exagerado –admitió Neville acercándose más a sus compañeros y bajando el tono de voz hasta convertirlo en un susurro-, pero Dennis Creevey me ha dicho que uno de los vigilantes, que es tío de un chico de Ravenclaw de tercero, ha sido internado convertido en un troll de dos cabezas y cuatro brazos.
Harry negó con la cabeza, imaginando que todos los rumores que correrían por el colegio serían tan descabellados como aquellos.
-¿Y ha sido internado en San Mungo? –preguntó Justin con interés, como si fuera a ir a visitarlo en cuanto pudiese.
-No, en Sir Wallace, Escocia.
Harry terminó su desayuno y se despidió de Neville, Justin y Lavender, que se había unido a la conversación. En el camino al aula de Transformaciones se preguntó dónde estarían Ron y Hermione.
Parte de la respuesta la obtuvo al entrar en clase, donde encontró a Hermione charlando con Parvati. Harry se sentó junto a su amiga y Parvati se marchó en cuanto la profesora McGonagall entró en el aula.
-Hay que ver lo que cuenta la gente –dijo Hermione negando con la cabeza-. Parvati dice que el conserje que ha declarado para El Profeta es en realidad Cornelius Fudge de incógnito.
Harry rió, ganándose una mirada reprobatoria por parte de la profesora. Ron llegó corriendo cinco minutos después de que la campana hubiese sonado. La profesora McGonagall le quitó cinco puntos a Gryffindor y Ron se sentó junto a Harry, recuperando el resuello.
-Podías haberme despertado –recriminó el pelirrojo a su amigo.
-Lo siento, no sabía que seguías durmiendo.
Continuaron con la transformación humana y ya casi todos conseguían transformarse en distintos animales de considerable tamaño. Sin embargo, al concluir la clase Harry seguía con la piel a rayas, como consecuencia de haber intentado transformarse en un tigre, y Ron aún tenía una cola de toro. La profesora McGonagall les había asegurado que para después del descanso, antes de la siguiente clase, los efectos ya habrían pasado, pero no les agradaba en absoluto que la gente se volviese para mirarlos por los pasillos.
-Me parece que voy a ir a la habitación a por la capa de invisibilidad –dijo Harry, pasando junto a un grupo de chicas de Ravenclaw.
-Venga, no es para tanto –les animó Hermione, aunque ella también disimulaba una sonrisa tras su carpeta.
-Claro, eso lo dices porque tu no tienes secuelas –Ron agitó molesto la cola. De todos los alumnos de Gryffindor, Hermione era la única que había vuelto a transformarse correctamente. Parvati se había echado a llorar al ver que aún tenía cuernos y Seamus intentaba esconder sus enormes pezuñas dentro de los bolsillos de la túnica. Sin embargo, Neville era quien peor lo pasaba: se había quedado en mitad de la transformación de una mula, e iba por el pasillo con la apariencia de un centauro.
-Vaya, vaya. Parece que los Gryffindor por fin demuestran que son unos animales.
Harry, Ron y Hermione se giraron para encontrarse con Malfoy, franqueado por Crabbe y Goyle. El chico rubio esbozaba una sonrisa despectiva, y a Harry le entraron ganas de borrársela a golpes.
-Vámonos –dijo Hermione dando media vuelta.
-Aunque, claro –siguió Malfoy-, la sangre sucia no puede transformarse en animal, porque seguramente ni siquiera es lo suficientemente bruja para hacerlo.
Harry y Ron temblaban de pura rabia, a punto de lanzarle un maleficio al Slytherin. El corredor estaba completamente en silencio: todos los alumnos observaban la escena. Sin embargo, Hermione se volvió con calma y contestó a Malfoy:
-De todas formas, ser sangre sucia es mucho mejor que ser parte de una familia de asesinos; y soy lo suficientemente bruja como para mandarte a la enfermería sin un solo hueso en el cuerpo. ¿Quieres que lo probemos?
A Malfoy se le cambió la cara y muchos de los curiosos rieron. Hermione volvió a girarse y continuó su camino hacia la sala común. Harry y Ron la siguieron, maravillados ante la contestación y la calma de su amiga.
-Vaya, Hermione, si yo fuera tú le hubiese lanzado el primer hechizo que se me hubiese ocurrido –admitió Ron.
-Malfoy es un cretino –añadió Harry observando sus rayas, que comenzaban a desaparecer.
-Lo que pasa es que disfruta hiriendo, pero no se atreve a nada más que insultar. Y si no estuviese respaldado por esos dos gorilas ni siquiera a eso –dijo la chica-. Seguro que en menos de una semana vuelve a tomarla conmigo. Lo mejor es no hacerle ni caso.
-Pues no es eso precisamente lo que tú has hecho –apuntó Ron.
En efecto, ese mismo viernes Malfoy volvió a importunar a Hermione, pero ésta, siguiendo sus propios consejos, hizo caso omiso de sus comentarios. Y para empezar bien el fin de semana, el viernes Malfoy se presentó con un numeroso grupo de Slytherin en el entrenamiento de quidditch de Gryffindor, para hacer lo que mejor se le daba: molestar.
-Los Weasley nacieron en un vertedero. A los Weasley vamos a coronar...–cantaban los Slytherin desde las gradas. El pelirrojo parecía a punto de lanzarse en picado contra ellos.
-No les hagas caso, Ron –le aconsejó su hermana cuando se acercó a meter gol.
-Es difícil no hacerlo.
El resto del entrenamiento pasó entre los insultos de los Slytherin, que no sólo iban dirigidos contra los Weasley, sino contra todos los jugadores del equipo.
-¡Bell, aprende a volar! –gritó Pansy Parkinson cuando Katie hizo un viraje brusco para esquivar la bludger.
-Kirke y Sloper no distinguen las bludgers de sus propias cabezas –dijo Zabini sonriendo estúpidamente, como si hubiese hecho el comentario más ingenioso del mundo.
Estos y otros comentarios del mismo estilo fueron los que tuvieron que soportar durante una hora más, hasta que Harry dio por finalizado el entrenamiento.
-Estoy deseando que llegue el partido contra Slytherin para vencer a esos imbéciles –espetó Ron al entrar en el vestuario-. Ya podéis lanzarle todas las bludgers a Malfoy, a ver si le rompéis la cabeza –les dijo a Andrew y Jack.
Al salir del vestuario encontraron a Hermione esperándolos.
-¿Qué hacían los de Slytherin en el campo? Acaban de irse hacia el castillo –les preguntó la chica.
-Incordiar –contestó Ron reforzando la evidencia con un gesto-. ¿Qué haces aquí?
-He pensado que podíamos ir a visitar a Hagrid, hace mucho que no le veo. Como ya no estoy en sus clases…
Así que los tres se dirigieron hacia la cabaña, de la que salía un hilillo de humo por la chimenea, señal de que el guardabosques estaba en casa.
Aunque llamaron a la puerta, nadie abrió, y estaban a punto de marcharse cuando oyeron gritos y ladridos procedentes de la parte trasera, donde estaba la huerta de Hagrid.
-¡No, Fang¡Quieto¡Déjalo!
Los tres amigos se miraron con sorpresa y corrieron hacia la parte trasera, donde encontraron a Hagrid sujetando a Fang, el perro jabalinero, que ladraba e intentaba abalanzarse sobre una jaula de madera en la que había una cosa peluda que producía un ruido ronco.
-¡Hola, chicos! –gritó el semigigante en cuanto los vio-. Esperad a que meta a Fang dentro de la cabaña y ahora estoy con vosotros.
Finalmente, Hagrid cogió al enorme perro negro en brazos como si no fuese más que un pequeño gatito y lo metió en la cabaña, cerrando después la puerta. Fang se asomó a la ventana, pero sus ladridos se vieron amortiguados por el cristal.
-Hagrid¿qué es eso? –preguntó Harry señalando la jaula, en la que su ocupante había dejado de bufar.
-¡Ah, eso! Es un Kneazle –respondió Hagrid yendo hacia la jaula y abriéndola-. Para nuestra clase del martes.
Un animal de color marrón claro saltó fuera de la caja. Harry, Ron y Hermione se quedaron sorprendidos al verlo.
-Se parece a Crookshanks –dijo Ron recibiendo una furibunda mirada de Hermione.
-Por supuesto que no... –replicó la muchacha molesta.
-La verdad es que creo que Crookshanks es medio Kneazle –interrumpió Hagrid volviendo a meter al peludo animal en la jaula-. Como ya os contaré en la próxima clase, hace falta un permiso para tener uno, pero como tu gato es mestizo, no lo necesitas.
Después de admirar las enormes calabazas que cultivaba Hagrid para Halloween, que se celebraría el próximo domingo, pasaron el resto de la tarde tomando té y charlando frente al fuego de la cabaña.
El último día de octubre, festividad de Halloween, se organizó un gran banquete en el Gran Comedor, como era habitual.
La decoración era impresionante: cientos de murciélagos aleteaban sobre las mesas de las cuatro casas como nubes negras. Además, había calabazas enormes esparcidas por doquier a lo largo de todo el comedor. Cada una de ellas escondía una vela en su interior que hacía que las caras talladas en las calabazas parecieran figuras grotescas. Las paredes estaban decoradas por velas negras, cuya llama era de un color violeta intenso. Prometía ser una gran celebración.
Cuando Harry, Ron y Hermione hubieron ocupado sus habituales sitios en la mesa de Gryffindor, al instante los platos dorados de llenaron mágicamente por los más suculentos manjares: pollo asado, chuletas de cerdo y ternera, tocino, patatas cocidas, pudin... Y el más variado menú de postres, como tarta de melaza, pastel de frambuesas o bombones de menta. Además, se rumoreaba que Dumbledore reservaba como sorpresa una actuación estelar del grupo musical Las Hechiceros de Hamlet tras la cena, aunque Harry sospechaba que estos rumores eran infundados.
El banquete transcurrió entre risas y bromas. Los fantasmas de Hogwarts hicieron una espectacular aparición a través del techo encantado del comedor, con lo que cosecharon los aplausos de todo el mundo. La noche resultó increíble a pesar de las quejas de muchos alumnos por la ausencia de Los Hechiceros de Hamlet. Sin embargo, no faltó la música, después de que Flitwick llevara a cabo un encantamiento musical.
Harry, Ron y Hermione lo pasaron en grande, charlando con sus compañeros de casa.
-... y el muy idiota va y le dice... –Ron soltó una carcajada-, le dice: "Sí, señor, pero de ese modo no tendría que volver a hacerlo de nuevo" –todos rieron el chiste de Ron, pero ninguno más fuerte que Luna, que se había unido al grupo.
-Por cierto –dijo de repente Neville-¿dónde está Dean?
-Estará con... –Seamus se quedó mudo. Parecía que hubiera metido la pata.
-¿Dónde y... con quién? –preguntó Ron con una sonrisa maliciosa.
-Bah, no sé, estará por ahí –respondió Seamus intentando restarle importancia.
De pronto, una melodía rítmica y melodiosa empezó a sonar.
-¡Oh, me encanta esta canción! –exclamó Luna, y cogió a Ron del brazo-. ¿Bailas, Ronald? –preguntó sonriéndole.
Ron se negó en rotundo, no pensaba hacer el ridículo ante todo el colegio, por mucho que Luna insistiera. Pero, finalmente, ante la insistencia de la ravenclaw, Ron aceptó un baile con Luna, con la única condición de que lo dejara respirar. Hermione parecía divertida mientras los observaba; Seamus bailaba con Lavender.
Harry sentía que la vejiga le iba a estallar. Demasiada cerveza de mantequilla, pensó.
-Enseguida vuelvo –le dijo a Hermione.
Harry salió a toda prisa del comedor y se dirigió a los baños del primer piso.
Apenas se dio cuenta de que en el mismo pasillo por el que se dirigía, había dos personas, medio ocultas en las sombras. Harry continuó su camino ajeno a ese pequeño detalle; se dirigía con paso veloz a los servicios sin prestar atención a su alrededor. Pero de pronto, detuvo la caminata en seco y levantó la vista del suelo cuando escuchó voces delante de él, a unos veinte metros. Aquellas dos personas parecían no haberse percatado de la presencia de Harry. Era inconfundible que se trataba de una pareja de enamorados. El chico había posado sus manos sobre la cintura de la chica y la atraía hacia sí. Ella rodeaba su cuello con ambos brazos y pasaba sus dedos por su pelo, despeinándolo, mientras se besaban.
Harry giró sobre sus talones, dispuesto a marcharse, cuando, de repente, se detuvo y se dio la vuelta poco a poco. A pesar de encontrarse a una distancia considerable, había detectado un reflejo rojizo. Su cerebro procesó la información a toda velocidad y no le cupo la menor duda sobre quiénes eran aquellas dos personas, que habían aprovechado que todo el mundo se encontraba en la fiesta en el comedor para buscar algo de intimidad...
Eran Ginny y Dean... Ginny y Dean... juntos.
Durante los siguientes segundos, Harry no acertó a hacer otra cosa que permanecer allí quieto, envuelto en la penumbra del pasillo, oculto en la oscuridad. Su boca, ligeramente abierta en una mueca de sorpresa, o tal vez, quién sabe si de horror, se fue cerrando lentamente; sin embargo, sus ojos seguían fijos en la escena. Ginny y Dean... Ginny... ¡Demonios¿Cuándo había dejado Ginny de ser una chica inocente para ir a encontrarse a escondidas con chicos en pasillos oscuros? Un momento... Bien, de acuerdo, estaba exagerando, pero, obviamente, a Ron no le hubiera emocionado precisamente encontrarse con su hermana en aquella situación, y durante aquel verano Ginny y Harry habían pasado mucho tiempo juntos, tanto, que podía decirse que ahora también era como su hermana pequeña¿no? Y... en fin... desde ese punto de vista, a él también debía preocuparle con quién se besuqueara Ginny¿o no?
Mientras bajaba la escalinata de mármol en dirección al hall del castillo, Harry sintió una extraña y nada confortable sensación en la boca del estómago. ¿Pero qué diablos le ocurría¿Y por qué de pronto Dean había pasado de ser un compañero simpático a ser un completo imbécil en la mente de Harry?
Detuvo sus pasos cerca de la entrada del Gran Comedor, donde la fiesta continuaba. De acuerdo, se dijo a sí mismo, calmémonos. Apoyó la espalda contra la pared de piedra y fijó la vista en el suelo. No había ocurrido nada extraño, al fin y al cabo. Ni que fuera la primera vez que Ginny estaba con un chico. Ya había salido con Michael Corner el año pasado y él no se lo tomó tan a la tremenda, en realidad, para ser más exactos, no se lo tomó, así de simple. Así que¿por qué ahora era todo tan... desagradable¿Era esa la palabra adecuada para describir aquella situación¿Desagradable?
Genial, pensó Harry para sí, estaba perdiendo la cordura. Mientras todos lo estaban pasando en grande (algunos más que otros, y en ese preciso instante no pudo evitar recordar a Dean "Ahora-salgo-con-Ginny-Weasley" Thomas), él estaba allí, haciéndose preguntas estúpidas, cuyas respuestas deberían ser muy obvias, pero no lo eran.
Y de pronto, mientras todos esos pensamientos giraban en su cabeza, una vocecita dentro de su cerebro, muy parecida a la de Hermione, dijo alto y claro: "Eres tan idiota que sólo tú podías al fin tenerla en cuenta, cuando es evidente que ahora ella ya no está a tu alcance". Y como si aquello se tratase de una revelación divina o el mayor descubrimiento de la humanidad, Harry alzó la vista al frente y frunció el ceño contrariado y a la vez asustado por sus propios pensamientos. ¡Era la hermana pequeña de Ron¡Eso ni pensarlo¡Era Ginny! Sí... Ginny... Con su larga cabellera de un color rojo fuego impactante, la gracia y el encanto con que caminaba, hablaba, sonreía... ¡Basta! Decididamente había tomado demasiada cerveza de mantequilla... Ginny era una gran amiga y punto. Una gran amiga... Una gran amiga... Se repetía una y otra vez. Y lo que era aun más importante… era la hermana de un gran amigo.
Sin tan siquiera darse cuenta, había reanudado su camino y se encontraba de nuevo junto a Hermione. A lo lejos detectó a Ron en la pista de baile, con cara de circunstancias, bailando con Luna. Harry veía muy claro que Ron no tenía ni la más remota idea de aquel "asunto". De no ser así, no habría preguntado a Seamus por Dean.
Mientras Harry se sentaba junto a Hermione, se dijo a sí mismo que había sido un poco ingenuo. Al fin y al cabo, no era la primera vez que el nombre de Ginny y Dean aparecían relacionados. Durante sus vacaciones en la Madriguera, Ginny había comentado a su madre la falta del perfume que "Dean" le había regalado. A Harry le había parecido entender mal, pero por lo visto no era así...
-¿En qué piensas, Harry? –preguntó Hermione. Harry debía parecer muy concentrado.
-Emm... nada... ¿Bailas? –dijo para salir del apuro.
Hermione aceptó y se divirtió mucho viendo bailar a Harry, tanto, que en un par de ocasiones no pudo reprimir una risita. Finalmente, Harry se hartó y fue a sentarse junto a Hannah Abbot, quien tenía los pies doloridos, ya que había estado bailando con Neville, y éste no había dejado de pisarle continuamente.
-No te enfades, Harry, es que... –Hermione soltó una carcajada. Ron llegó a su lado en ese momento-. Es que deberías haberte visto. Aunque no lo haces del todo mal –añadió intentando contener la risa.
-Entonces baila con Ron, ahora que está libre –soltó Harry mirando de soslayo a Luna.
Tanto Ron como Hermione enrojecieron hasta las orejas y desplazaron el tema de conversación hacia otro campo.
-¿Y Ginny? –preguntó Ron mirando entre la multitud-. No la he visto en toda la noche.
Hermione se encogió de hombros, un tanto nerviosa. Entonces Harry se dio cuenta. ¡Hermione sabía perfectamente dónde y con quién estaba Ginny! Pero... ¿por qué todo el mundo parecía saberlo, exceptuando a Ron? Aunque, pensándolo más detenidamente, las reacciones del pelirrojo no solían ser siempre muy lógicas y razonables, menos aún cuando tenían que ver con su hermana pequeña, y Ginny seguramente no tendría muchas ganas de soportar a un Ron insufrible y sobreprotector. Pues bien, no sería él quien destapara la caja de Pandora.
-No lo sé. Puede que ya haya regresado a la sala común –contestó Harry. Ron asintió.
Dieron las doce cuando Dumbledore anunció que la fiesta había finalizado y los alumnos volvieron a sus respectivos dormitorios entre murmullos de desaprobación.
Cuando en la habitación de Harry y Ron, tanto ellos como Seamus y Neville se daban las buenas noches, Dean apareció por la puerta. Harry lo observó fijamente y se percató de la mirada de complicidad que cruzaba con Seamus. Estaba claro: todos lo sabían menos Ron. Conociéndolo, se enfadaría cuando se enterara de que se lo habían ocultado.
Mientras Harry daba vueltas en su cama sin poder dormir, una idea le vino a la mente. ¿Y si no le habían comentado nada a Ron, porque realmente no estaban saliendo¿Y si era solamente algo pasajero? Inexplicablemente, después de que aquella idea cruzara por su mente a toda velocidad, tuvo unas ganas enormes de levantarse de la cama y ahogar a Dean con su propia almohada.
A Harry le gustaría hablar con Ginny, pero no veía que aquel asunto tuviera nada que ver con él, sin embargo... Harry se dijo a sí mismo antes de quedarse dormido que le plantearía el tema a Ginny si se presentaba la ocasión. Al fin y al cabo eran amigos¿verdad?
Al día siguiente, por más que se esforzara, Harry no lograba concentrarse en las clases. Snape le quitó diez puntos a Gryffindor en clase de Pociones porque había olvidado añadirle asfódelo a la poción antes de echar las patas de araña, con lo que se produjo una explosión digna de Neville. Harry tuvo que soportar los comentarios insidiosos de Malfoy durante el resto de la clase. En Transformaciones debía parecer bastante distraído, ya que Hermione no paraba de susurrarle que despertara y bajara de las nubes. Por si eso fuera poco, en Herbología se le escapó un hongo saltarín de las manos accidentalmente y le pegó de lleno en la cara a la profesora Sprout.
Después de las clases, algunos aún se reían del incidente en clase de Herbología, mientras Harry se dirigía a la sala común de Gryffindor junto a Ron, quien contenía la risa.
A Harry las tareas habían vuelto a acumulársele, de modo que decidió ponerse a ello cuanto antes. Comenzó por un trabajo de Defensa Contras las Artes Oscuras sobre las banshees y otros demonios oscuros.
Sin embargo, no lograba concentrarse con todo el alboroto que armaban los de primer y segundo curso. Hermione no se encontraba en la sala común con ellos y Ron, aun siendo prefecto, intentó poner orden con desgana. Sin embargo, cuando una de las bolas de papel hechizadas que los más pequeños se tiraban unos a otros le dio en el cogote, el muchacho perdió la calma por completo:
-¡Se acabó¡Ya basta, pequeñas sanguijuelas¡Si no paráis de armar jaleo, llamaré personalmente a la profesora McGonagall y me encargaré de que todos recibáis una detención con Filch! –ante esta amenaza la situación se suavizó.
Sin embargo, Harry sabía que la tregua no duraría mucho. Los chicos y chicas se habían reunido en un circulo y ya planeaban una nueva jugarreta. En esos momentos era cuando se alegraba de no ser prefecto. De modo que Harry cogió todo lo que necesitaba y se dirigió a la biblioteca. Además, lo más seguro era que tuviera que hacer alguna que otra consulta en algún libro para su ensayo.
Harry se acomodó en una mesa vacía cerca de la sección de Artes Oscuras. Cuando se encontraba enfrascado en una detallada descripción sobre el demonio Saxabras, una criatura diabólica extremadamente peligrosa, levantó la cabeza y la vio. Allí estaba. Acababa de entrar en la biblioteca, cargada de libros. Era Ginny. De pronto, reparó en Harry, que tenía la vista fija en ella, y se dirigió hacia él.
-¿Te importa que me siente contigo? –preguntó Ginny.
-No, claro que no –eso era lo que Harry andaba buscando, la oportunidad de hablar a solas con ella.
Había estado pensando todo el día en Ginny, o mejor dicho, en lo que había visto la noche anterior, que había resultado ser algo bastante inesperado. Eso era lo que Harry se decía a sí mismo, porque él ya tenía claro, o eso trataba de hacerse creer, que no le interesaba Ginny ni lo más mínimo como chica. De modo que había estado pensando durante todo el día en cómo enfocar el tema. También se había fijado en Dean, pero él no había hecho ninguna alusión al "asunto", como él lo llamaba, y Harry estaba seguro de que no se habían visto en todo el día, porque Dean se encontraba en la enfermería (el incidente con los hongos saltarines no había implicado solamente a la profesora Sprout). Tras repasar mentalmente toda la información, Harry se convenció a sí mismo de que estaba totalmente paranoico, pero eso sí, paranoico por su "solamente amiga y nada más", Ginny.
-Uff... –resopló Ginny, apilando todos los libros sobre la mesa-. Creo que este curso no lo terminaré viva.
Harry rió, sabía a qué se refería.
-Te entiendo. Los TIMOS son estresantes.
-Y que lo digas –comentó Ginny, pasando las hojas de su libro de Encantamientos-. A lo mejor tú podrías ayudarme. No acabo de entender el encantamiento sustancial.
Harry dirigió la vista hacia la página que Ginny señalaba con el dedo índice. Lo recordaba, había estudiado aquel encantamiento para los TIMOS.
-Sí, claro. Recuerdo ese encantamiento. Tal vez deberías preguntarle mejor a Hermione, pero… Veamos… ¿Qué problema tienes con él?
-Pues verás, no consigo entender la teoría y además...
Ginny planteó sus dudas y Harry intentó explicarle a la chica todo cuanto recordaba.
-Muchas gracias, Harry –Ginny lo miró fijamente durante unos instantes que a él le parecieron eternos. Harry se sonrojó-. ¿Sabes? Serías un profesor estupendo... –suspiró con nostalgia-. Aún recuerdo las reuniones del ED. Aprendimos mucho gracias a ti...
Siguieron charlando animadamente sobre el Ejercito de Dumbledore en voz baja, vigilados atentamente por la señora Pince, que de vez en cuando empleaba una de sus reprobatorias miradas como advertencia de que no alzaran la voz.
Harry siguió con su trabajo para la clase de Defensa, mientras Ginny se concentraba en el de Encantamientos. De vez en cuando, Harry levantaba la vista de su pergamino y miraba disimuladamente a Ginny, aunque no tanto, puesto que Ernie Macmillan, sentado dos mesas más allá, ya se había percatado de que a Harry le interesaba más la chica que sus deberes. Cuando Ernie pasó por el lado de Harry para hacer una consulta en un libro sobre Aritmancia, señaló con un movimiento de cabeza a Ginny y le lanzó una mirada de complicidad a Harry, que a su vez le hizo una mueca para que se callara.
Ginny, mientras tanto, seguía concentrada en su trabajo. Harry se preguntó si debería sacar a relucir el tema. En una ocasión, contempló a Ginny más de lo debido y ésta se dio cuenta. Alzó la vista y le sonrió. Harry se sonrojó tanto que pensó que todos los alumnos de la biblioteca notarían el calor que desprendía. Con la intención de disimular su nerviosismo y pensar claramente qué es lo que le diría a Ginny, se levantó de su asiento y se acercó a una de las estanterías más cercanas. Estando allí, Ginny no podría verlo. Giró sobre sus talones y se encontró cara a cara con un sonriente Ernie.
-Veo que no le quitas el ojo de encima a Ginny Weasley –dijo el prefecto pomposamente.
-No digas tonterías, Ernie. Ginny es amiga mía. Además, es la hermana Ron –Harry dijo esto como si con ello el tema quedara zanjado.
-Será la hermana de Ron, pero sigue siendo una chica, y muy guapa además –Ernie dijo esto al tiempo que levantaba una ceja.
-A mí no me gusta Ginny –resopló Harry.
-He oído que sale con Dean Thomas –comentó Ernie. A esas alturas no cabía duda alguna de que el pobre Ron era el único en todo Hogwarts que no sabía nada al respecto.
-Sí, yo también lo he oído... –"Y visto", pensó Harry para sus adentros.
-Bueno, por ahora no tienes muchas posibilidades, Harry, pero no te despistes... –Harry pensó que Ernie estaba de lo más chistoso.
-Ya te he dicho que no me gusta Ginny, sólo...
-Así que vas detrás de la pequeña Weasley¿eh, Potter? –una voz que arrastraba las palabras surgió a espaldas de Harry. Éste giró en redondo y se encontró de frente con el indeseable de Draco Malfoy-. ¿Es eso cierto, Potter? –Malfoy susurró aquellas palabras para que la señora Pince no pudiera escucharlo-. ¿Es cierto que además de juntarte con la sangre sucia y el pobretón, sales con su hermana? Bueno, en realidad muchos opinan que no está nada mal; que valdría la pena pasar al menos unas cuantas horas con ella¿tú qué crees, Macmillan?
-Te lo advierto, Malfoy... –Harry estaba tan furioso que le temblaban las manos.
-Harry, no... –Ernie lo agarró por la túnica.
-Bueno, Potter, creo que es una buena obra de caridad. Así al menos, y por primera vez, un Weasley tendrá la oportunidad de vivir decentemente.
-¡Maldito hijo de...!
Harry no hizo caso del aviso de Ernie, simplemente se lanzó contra Malfoy. Aquella era una pelea sin varitas. Harry no era capaz de pensar con claridad, sólo le importaba hacerle todo el daño que pudiera a aquel ser despreciable. Ernie trataba de separarlos, sin mucho éxito, pero desistió cuando el lomo de un enorme tomo de encantamientos estimulantes le dio en el ojo.
Ginny escuchó un golpeteo y un gran estruendo, seguido de algún que otro grito. Se acercó rápidamente hacia el sitio de donde procedía la algarabía y se encontró con Harry y Draco peleándose en el suelo. El primero sangraba profusamente de la nariz y el segundo parecía tener el labio inferior partido. Al instante, apareció la señora Pince, que logró detener el enfrentamiento.
-¡Increíble¡Una pelea digna de delincuentes callejeros en plena biblioteca! –decía al tiempo que empujaba a Draco y Harry fuera de la sala-. ¡Veinte puntos menos para Gryffindor y Slytherin! –exclamó antes de volver a entrar en la biblioteca.
Ginny cogió sus libros y los de Harry y salió tras su amigo.
-¿Se puede saber que ha pasado ahí dentro? –preguntó Ginny impresionada.
Draco y algunos curiosos ya se habían dispersado. Ginny y Harry se encontraban a solas en el corredor.
-Nada, no tiene importancia... –dijo Harry.
-¡¿Qué no tiene importancia?! Pero si le querías matar... –comentó Ginny, aún sorprendida, con el ceño alzado. A Harry le goteaba sangre por la nariz-. Anda, ven –se acercó hasta él e hizo que se sentara en la escalinata de mármol. A continuación sacó un pañuelo de tela del bolsillo de su túnica y limpió la sangre del rostro de Harry, mientras presionaba para que dejara de sangrar.
Ginny estaba muy cerca del chico, sentada a su lado. A Harry se le cruzó por la mente la idea de que Ernie tenía razón: Ginny era realmente preciosa. Llevaba suelto su cabello pelirrojo; le caía liso por la espalda y Harry pensó que debía ser suave como la seda. Sus ojos almendrados eran del color de la miel, enmarcados por unas largas pestañas. Las escasas pecas que manchaban sus mejillas y su nariz le daban un aspecto muy tierno e inocente. Entonces Harry se fijó en sus piernas; la falda del uniforme las dejaba un poco al descubierto: firmes y bien torneadas, unas piernas francamente bonitas.
-Ron se va a enfadar cuando se estere de que se ha perdido semejante pelea... –bromeó Ginny.
Harry decidió que aquel era el momento. Agarró suavemente la mano con la que Ginny presionaba el pañuelo y la bajó lentamente.
-¿Qué es lo que hay entre Dean y tú, Ginny? –Harry miró fijamente los ojos de la pelirroja, que para nada se esperaba aquella pregunta.
Ginny frunció ligeramente el ceño.
-Os vi ayer, accidentalmente. No era mi intención...
-¿Se lo has contado a Ron? –preguntó Ginny al cabo de un rato. Responder con aquella pregunta significaba una afirmación en toda regla sobre su relación con Dean.
-No.
-Bien. Quiero decírselo yo, aunque no me parezca algo sumamente importante. Pero ya lo conoces... ¡Es un pesado! Aún cree que puede mangonearme, como cuando éramos pequeños...
-Se preocupa por ti, y es normal; es tu hermano mayor –dijo Harry.
-Lo sé, pero creo que a veces... en realidad, siempre, se preocupa demasiado... –Harry sonrió ante aquel comentario.
-¿Hace mucho que estáis juntos Dean y tú? –se atrevió a preguntar Harry finalmente.
-No... bueno... empezamos a salir cuando volvimos a Hogwarts este curso. Antes no hablábamos mucho precisamente, a pesar de que es amigo de Ron, bueno, en fin... es obvio que ya le conocía... Pero a finales del curso pasado comenzamos a pasar más tiempo juntos... como amigos... Nos conocimos más a fondo... –explicó Ginny-. Será mejor que lo presiones contra la nariz si no quieres que vuelva a sangrar –dijo mientras señalaba el pañuelo que Harry sostenía en la mano. El chico obedeció.
En ese momento, Dean bajó las escaleras de mármol y se encontró con Ginny y Harry sentados en ellas.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Dean tras ver el pañuelo ensangrentado que Harry sostenía.
-Malfoy –contestó Ginny únicamente-. Aunque no creas que él salió mejor parado. Es un cretino –agregó mientras se ponía en pie-. Nos vemos, Harry.
-Hasta luego –se despidió Dean. Ambos salieron al exterior, como bien pudo notar Harry, agarrados de la mano.
Tras ponerse en pie con dificultad (le dolía ligeramente el costado derecho), subió las escaleras de mármol en dirección a la sala común de Gryffindor.
Cuando traspasó el retrato, se encontró con una nueva pelea entre Ron y Hermione; justo lo que le faltaba.
-¡Tienes que imponer respeto, Ron¡Tómatelo con más seriedad porque yo no voy a estar siempre para poner orden! –mascullaba Hermione, intentando no hablar muy alto.
-Eso intento¿sabes? –dijo Ron -. Al menos a veces. Pero ya se sabe que tu eres la prefecta seria y yo el… no sé, el prefecto payaso o algo así. No hace falta que me lo recuerdes a cada momento–también él parecía furioso.
-Lo que pasa es que no te toman en serio porque no te ven como a una figura responsable y autoritaria –explicó Hermione despacio para que el otro muchacho entendiera.
-¡Es que no lo soy¡Y no me hables como si fuera idiota! Además, no me negarás que los niñatos de primero son unos monstruos! –dijo Ron señalando a algunos alumnos de primero.
-Pueden oírte, Ron –susurró Hermione-, no los llames así.
-¡Como si ellos no supieran lo que hacen!
-Ese no es el tema ahora. Un buen prefecto debe saber poner orden.
-Entonces no sé por qué...
-¡Harry¿Qué te ha pasado? –la muchacha había reparado en la presencia de su amigo y parecía alarmada.
Harry se palpó el pómulo hinchado mientras sujetaba el pañuelo ensangrentado contra la nariz y se dio cuenta de que debía parecer que había salido de una paliza, lo que en cierto modo era verdad.
-¿Qué narices te ha pasado? –preguntó Ron, que se había acercado a su amigo y lo observaba de cerca.
-Pues... ¡Auuu¡¿Qué demonios haces?! –gritó Harry malhumorado, cuando Hermione le tocó suavemente el pómulo izquierdo.
-Lo siento –se disculpó, apartando rápidamente la mano de su rostro.
-Ha sido Malfoy – dijo Harry-. Nos peleamos en la biblioteca.
-¿Qué os pelasteis¿Y en la biblioteca? –dijo Hermione escandalizada-. ¿Estás loco?
-Malfoy se merece una paliza y más –contestó Ron duramente-. Espero que él haya quedado bastante mal. Bueno¿y como ha sido¿Le has pegado duro?
-Ron, eso no es lo que importa –espetó Hermione-. ¿Cómo empezó la pelea, Harry?
-Bueno... no lo recuerdo bien, pero fue él quien se metió en medio de una conversación entre Ernie y yo. A partir de ahí empezó a decir las mismas tonterías de siempre, y... bueno, el resto ya lo veis –nunca les diría a Ron y Hermione que la causa de la pelea había sido Ginny, ni hablar.
-Si han sido las mismas tonterías de siempre, deberías haberte controlado. Ya sabes que es un provocador –dijo Hermione.
-Vamos, Hermione, no lo regañes –contestó Ron-. ¿Cómo te encuentras?
-Bien, no es nada.
Sin embargo, cuando Hermione le ordenó que se sentara en una butaca para curarle la nariz y el pómulo, no pudo reprimir un resoplido a causa del punzante dolor del costado. Hermione obligó a Harry a levantarse la camisa del uniforme para dejar al descubierto una contusión. El golpe no era grave ni mucho menos, pero Hermione no estaba de acuerdo en eso.
-¡Debes ir a la enfermería, Harry! –dijo Hermione.
-¡Ni hablar! No pienso darle la satisfacción a Malfoy de verme en la enfermería. Además, no es nada. Se me pasará en un par de días...
-Pero...
-Hermione –Ron le lanzó una dura mirada para silenciarla, con lo que la chica dejó de discutir y se dedicó a disminuir la hinchazón del rostro de Harry. La nariz ya había dejado de sangrar y finalmente no se notaba tanto que hubiera estado involucrado en una pelea.
-Casi no se nota –Hermione parecía dubitativa-. Pero, Harry, y si algún profesor se da cuenta de lo que te ha pasado y te pregunta¿qué le dirás?
-Di que te has caído por las escaleras –sugirió Ron.
-¡Sí, claro! –saltó Hermione-. Y mientras se caía, él mismo se pateó la cara¿no¡Nadie se tragaría semejante tontería!
-Perdona, pero... –comenzó Ron.
Harry supo que en ese momento empezaría otra pelea que no prometía acabar nada bien. De modo que, con los ánimos bastante decaídos como para tratar de que dejaran de discutir, Harry subió a su habitación y se recostó en la cama.
Ir a la enfermería... Hermione estaba loca si creía que Harry iba a dejarse ver por la enfermería. La señora Pomfrey no solía hacer demasiadas preguntas, pero ese no era el problema. Malfoy se burlaría de la situación durante semanas, si no meses. Además, no era para tanto. Mientras descansaba en su cama de dosel, el dolor del costado persistía con cada aspiración de aire que daba. No le preocupó, pronto cesaría. De ese modo, intentando olvidar la punzante molestia, se quedó dormido, sin tan siquiera bajar a cenar y con una incesante sensación de vacío en el estomago, que nada tenía que ver con el altercado en biblioteca.
Hasta aquí llega el cap 7; a poder ser actualizaremos antes de q acabe la semana, si hay suerte, y si nos dejais unos reviews para animarnos, claro! xD
q os ha parecido la reacción de harry después de ver a ginny y dean en pleno besuqueo? os juramos q eso lo escribimos antes de leer el sexto libro, somos adivinas! de hecho todo el fic estaba ya planeado antes de q saliera el príncipe mestizo. y la pelea en la biblioteca? a puñetazo limpio!
REVIEWS! queremos saber vuestra opinión!
Adelanto del cap 8: malfoy seguirá dando q hablar, y se acerca el primer partido de quidditch, por lo q los entrenamientos aumentan, pero, q traerá como consecuencia eso? hasta el siguiente cap!!!!
aYdE mDrJgI: hola wapa!! esperams q te haya gustado el cap. como verás se centra más en los nuevos "pensamientos" de harry, pero la pelea en la biblioteca... q te ha parecido? y por supuesto más peleillas entre ron y hermione, eso q no falte! y el bailecito q se han echado ron y luna? xD esperamos ver tu review para saber tu opinión. besos!!!
Ilisia Brongar: holaaaa ilisia!!!! en este review te contestamos a los comentarios q nos dejaste en los cap 5 y 6, dos por uno, xD!! la verdad es q hemos acertado en algunas cosillas a lo largo del fic además de lo de q harry sea capitán, como habrás comprobado en este cap, el temita entre ginny y dean y el hecho de q harry les pillara in fraganti, aunque sin ron, q ya ves q está en babia... lo del bicho q picó a ron, lo sacamos de "animales fantásticos y donde encontrarlos", a lo mejor tienes el libro. de hecho, a lo largo del fic, van a ir apareciendo más de estos bichejos, cortesía de hagrid. en cuanto al sueño de harry, no olvides la conexión q existe entre harry y voldemort... tendrás q seguir leyendo para saber si harry vuelve a entrometerse en la mente de voldie. y el asunto del libro de malfoy... eso traerá de cabeza a harry, ya lo irás viendo... en cuanto a lo de tonks de profe, pues no recordamos cómo surgió, pero sabiamos q tenía q ser alguien de la orden y salió eso. besos wapa!!!!
Trinity, Tridjia, Ibi
