hola!!! ya sabemos q hemos tardado más de lo esperado, y más de lo q nos hubiera gustado a nosotras, pero es q ya estamos de exámenes en la universidad, y ahora mismo, hasta principios de julio, va a ser un pelín difícil subir un cap por semana como queríamos, pero lo intentaremos.

en fin, sin más rollos, aquí os dejamos el cap 8, esperamos q os guste

Respuestas a los reviews abajo!!!

Disclaimer: jk rowling es la creadora de harry potter y nosotras nos tenemos q conformar con escribir fics, q se le va a hacer...


8

La víspera del partido

Ron despertó a Harry a la mañana siguiente. Éste aún sentía las consecuencias de la pelea, pero se encontraba mucho mejor.

-Estoy deseando ver cómo has dejado a Malfoy –dijo Ron con regocijo mientras bajaban a desayunar.

Sin embargo, Ron tuvo que quedarse con las ganas, puesto que no vieron a Malfoy en el Gran Comedor.

Tras el desayuno, los tres amigos se dirigieron a la clase de Encantamientos, donde practicaron los encantamientos básicos sugestionables. Después de salir del aula con la cabeza abotargada y despedirse de Hermione, Harry y Ron fueron a clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.

Como Hagrid les había comentado en su última visita a la cabaña, ese día estudiarían los kneazle. Poco a poco los estudiantes fueron llegando a través de la explanada, incluidos los Slytherin. Ron ya se frotaba las manos ante el espectáculo de ver la cara de Malfoy.

De pronto, el Slytherin apareció flanqueado por Crabbe y Goyle y como no, acompañado por Pansy, que iba colgada de su brazo. Harry pensó que debía haberle contado alguna heroica batalla en la que, por supuesto, él mismo salía vencedor. Malfoy tenía el labio inferior bastante hinchado, un ojo morado y el pómulo derecho magullado. Además, ya no caminaba con su antiguo porte y prepotencia, si no que cojeaba muy ligeramente, signo inequívoco de que la patada que Harry le había propinado en la espinilla había surtido efecto. Realmente, aunque Harry no se encontrara recuperado, Malfoy tenía un aspecto aún peor.

Al verlo llegar junto a la cabaña de Hagrid, Ron no pudo reprimir una sonrisa de triunfo, que pronto Seamus y Dean se encargaron de acompañar.

-Vaya, vaya, Malfoy –dijo Ron-. Parece que por fin alguien te ha dado tu merecido. Y dime¿tuvieron tus gorilas que ayudarte, o pudiste perder la pelea tú solito?

Parvati y Lavender giraron la cabeza, cuchichearon por unos segundos como intercambiando algún tipo de información y no pudieron contener una sonrisa, mientras que la cara de Pansy adquiría un gesto de desprecio. Malfoy abrió la boca para contestar, pero en ese preciso momento llegó Hagrid, llevando una caja en las manos.

-¡Hola, chicos! –saludó alegremente el semigigante-. Hoy estudiaremos los kneazle.

Hagrid abrió la caja y de ella salió ágilmente lo que parecía ser un gato. Su pelaje era jaspeado y sus orejas y cola eran igual que las de un león. Se acercó sinuoso a Parvati y ésta lo acarició, mientras el kneazle ronroneaba. Cuando Pansy se aproximó para verlo mejor, el animal bufo y se situó en posición de ataque. Pansy retrocedió asustada.

-Como veis los kneazle no confían en todos los magos –explicó Hagrid-. Son inteligentes e independientes, pero pueden llegar a ser agresivos con las personas que juzguen sospechosas o desagradables. No obstante, pueden llegar a encariñarse con un mago o bruja –el kneazle subió al regazo de Hagrid-. Es un animal realmente útil, si alguna vez os perdéis, confiad en que él os llevará de vuelta a casa. Pero necesitareis un permiso para tenerlo, porque resultan anormales a la vista de los muggles.

-Esos idiotas no son capaces de ver nada, aunque lo tengan delante de sus propias narices –susurró Malfoy para que Hagrid no lo oyera, si bien algunos Gryffindor lo habían escuchado claramente-. Deberían exterminarlos a todos; a ellos y a los sangre sucia como Granger. Aunque quién sabe... A lo mejor dentro de poco tenemos suerte...

A Harry y Ron les hervía la sangre. Seamus y Dean se interpusieron entre el Slytherin y los dos chicos, previniendo lo que podía pasar. Afortunadamente, Hagrid no se percató de nada, puesto que en esos momentos el curioso kneazle había estado a punto de internarse en el bosque y Hagrid corría tras él.

-Harry, si te metes en otra pelea, estarás en problemas –dijo Seamus-. Ya has tenido demasiada suerte saliendo bien parado del encontronazo con Malfoy en la biblioteca. No hagáis caso de lo que dice…

Harry sabía que Seamus tenía razón y se contuvo de estrangular a Malfoy. Ron todavía miraba en su dirección con el ceño fruncido, pero finalmente razonó y se calmó. Los dos amigos se fueron de un humor de perros al Gran Comedor, donde se encontraron con Hermione.

-¿Qué os pasa? –preguntó Hermione mientras se servía un filete de carne.

Ron salpicó de puré de patatas a todo al que se encontrara a su alrededor al servirse su ración con demasiado ímpetu. Era imposible disimular su enfado.

-Nada –contestó Ron.

Hermione se dirigió a Harry entonces:

-¿Se puede saber qué ha pasado?

Harry se encogió de hombros y siguió comiendo. Hermione desistió.

Aquella tarde en la sala común, los tres amigos hacían sus tareas sin siquiera levantar la vista del libro. Hermione, que había ido a la biblioteca a hacer una consulta sobre Runas Antiguas, volvió poco después con un libro bajo el brazo y aparentemente molesta.

-¿Por qué no me dijisteis que casi os peleáis con Malfoy en clase de Hagrid, para variar? –esto último lo dijo mirando a Harry.

-¿Qué? –preguntó Ron sorprendido-. ¿Cómo lo sabes?

-Me lo ha dicho él.

-¿Qué te ha hecho? –Ron se levantó con tanta rapidez que derramó el tarro de tinta sobre la alfombra.

-No me ha hecho nada… Me lo encontré en la biblioteca –dijo Hermione, al tiempo que se sentaba junto a Ron-, y me dijo que cuando queráis está esperando "el ajuste de cuentas". Así es como él lo llamó. Vamos, que cuando estéis listos quiere liarse a tortas con vosotros –aclaró-. Parvati estaba en la biblioteca también. He tenido que preguntarle qué es lo que había pasado para poder enterarme.

-"Ajuste de cuentas"... –bufó Ron-. Seguramente se traería a sus dos gorilas. Ni siquiera es capaz de enfrentarse él sólo.

-No se os ocurra pelearos con Malfoy, podríais acabar muy mal. No volváis a meteros en líos, y menos por mí culpa –dijo Hermione seriamente.

-¿Por tu culpa? –preguntó Harry.

-¡Nada ha sido por tu culpa, Hermione! –exclamó Ron-. No tienes que...

-¡Eh! Sé cuidar de mi misma¿sabéis? No quiero que…

-¡Si piensas que me voy a quedar mirando como Malfoy suelta todo lo que le apetece sobre ti por esa bocaza, estás muy equivocada! –masculló Ron mientras salía de la sala común como un vendaval-. ¡Me largo a la biblioteca! –volvió a gritar desde el retrato de la Señora Gorda.

-Pues sí que se lo ha tomado a pecho… –dijo Hermione observando con fijeza el punto por el que había desaparecido el pelirrojo.

-Ya volverá cuando se dé cuenta de que se ha olvidado aquí todos los deberes y no puede hacer nada –dijo Harry divertido.

Al menos consiguió que Hermione sonriera.

-Ron tiene razón –dijo Harry al cabo de un rato-. No pretenderás que nos quedemos de brazos cruzados.

Hermione lo contempló durante unos segundos, sin decir nada.

-Eso es precisamente lo que pretendo. No vuelvas a pelearte con Malfoy, Harry –dijo la muchacha muy seriamente-. Acabarás metiéndote en problemas.

Harry no respondió, sino que continuó con su trabajo de Transformaciones.

-¿Me has oído? –insistió Hermione-. Mírame.

Harry levantó la vista hacia su amiga.

-Prométeme que no volverás a pelearte con Malfoy.

Harry asintió y se dispuso a seguir trabajando, pero Hermione apartó su pergamino y lo obligó a mirarla de nuevo.

-Promételo –ordenó.

-Prometido –dijo Harry, resignado.

Era cierto. Intentaría controlarse, pero...

-Así me gusta. Y vigila a Ron. Si le menciono de nuevo el tema no me hará caso. Eso, o se pondrá hecho una furia.

Harry asintió, y estuvo tentado de decirle a Hermione que comprendía que Ron perdiera el control respecto a Malfoy. Él también lo había perdido cuando había insultado a Ginny.

-No puedo creer que el primer partido de la temporada de quidditch sea el sábado que viene –comentó Ron durante el descanso, después de la clase de Transformaciones del miércoles.

Harry, Ron y Hermione cruzaban el pasillo del cuarto piso, mientras hablaban sobre quidditch.

-Y yo no puedo creer que ya sea noviembre –comentó Hermione-. Los dos primeros meses del curso se me han pasado casi sin darme cuenta.

-¿Es verdad que Cho Chang es la capitana del equipo de Ravenclaw? –preguntó Ron.

Harry se encogió de hombros. No había vuelto a hablar con Cho desde su última discusión, y a decir verdad, ni siquiera le importaba.

-No tenéis de qué preocuparos. Habéis entrenado duro y el equipo es muy bueno –sentenció Hermione.

Poco después, los tres amigos se dirigieron a la sala común para recoger los libros de la próxima clase. Harry y Ron, que tenían Herbología, se despedían de Hermione frente al aula de Runas Antiguas, cuando Ernie apareció por el pasillo contiguo.

-¡Hola, chicos! –saludó alegremente.

-Hola, Ernie –dijeron Harry y Ron.

-Por cierto, Hermione –dijo Ernie dirigiéndose a la chica-. ¿Has conseguido traducir el texto completo que la profesora Vector nos mandó? Yo he tenido problemas con algunos signos, no he podido distinguirlos, dudaba acerca de su origen: no sabía si eran griegos o procedentes del latín, pero...

Harry y Ron se dieron la vuelta para marcharse a clase y no tener que sufrir la perorata de Ernie acerca de las runas. Sin embargo, el chico los llamó antes siquiera de que doblaran la esquina:

-¡Harry! Se me olvidaba. ¿Cómo estás después de la pelea del lunes? –Ernie se había acercado hasta él.

-Bien, tampoco fue para tanto.

-¡¿Qué no fue para tanto¡Si no os hubieran separado no sé que habría sido aquello!–exclamó Ernie, exaltado-. He visto a Malfoy –una sonrisa se dibujó en su cara-. No debiste entrar en su juego, pero, a decir verdad, se pasó de la raya, yo tampoco habría aguantado. Lo que dijo de Ginny fue demasiado como para...

Harry le dio un pisotón a Ernie para que se callara, pero ya era demasiado tarde. Ron y Hermione observaban a Harry con el ceño fruncido, sobre todo Ron.

Ernie, que se había percatado de que había metido la pata hasta el fondo, intentó arreglarlo:

-Ehh... Hermione, creo que deberíamos entrar en clase, tenemos que coger un asiento en primera fila.

-Pero si los sitios ya están asignados, no... –sin embargo, Ernie arrastró a Hermione al interior de la clase, con lo que Harry y Ron se quedaron solos en el pasillo.

Harry comenzó a andar a paso ligero en dirección al exterior del castillo, rumbo a los invernaderos. Definitivamente, no quería hablar del asunto con Ron, quien sin duda, sacaría a relucir el tema en cualquier momento.

Llegaron a los invernaderos casi corriendo (Harry no había disminuido el paso), y dedicaron la clase a estudiar la Descurainia sophia, muy útil en diversas pociones. Harry recordó aquella planta: Ron, Hermione y él la habían utilizado para elaborar ilegalmente la poción multijugos en los aseos de Myrtle la Llorona.

-Es una planta cuya utilidad es muy extensa en la materia de Pociones. Podéis preguntarle al profesor Snape, si tenéis curiosidad ¿Alguien sabría decirme alguna poción en la que se utilice la Descurainia sophia? –preguntó la profesora Sprout.

Harry miró a su alrededor y vio que nadie había levantado la mano.

-¿Nadie puede contestar? –insistió la profesora.

Finalmente, sintiéndose un poco como Hermione, Harry alzó el brazo.

-¿Sí, señor Potter?

-La poción multijugos.

-Muy bien. ¡Diez puntos para Gryffindor!

Algo más contentó, Harry se dispuso a tomar apuntes sobre aquella planta de color marrón, cuyas hojas eran largas y muy finas.

Cuando sonó el timbre, todos los alumnos dejaron los guantes a un lado y se sacudieron la túnica de tierra, dispuestos a marcharse a comer.

-Señor Potter, espere un momento –lo llamó la profesora Sprout. Harry se había rezagado y se había quedado el último. Se giró y miró a la profesora-. ¿Sería tan amable de ayudarme a transportar estas macetas al jardín? –dijo señalando un cuantioso número de tiestos-. Necesitan la luz del sol y fuera estarán mejor. El señor Longbottom se ofreció voluntario, pero creo que debe habérsele olvidado.

Harry asintió y dejó los libros sobre la mesa. Se dirigió hacia la profesora Sprout y cogió una maceta cuando escuchó:

-Señor Weasley, será mejor que vaya al Gran Comedor. El señor Potter tardará un poco.

Ron, que se había quedado en el dintel de la puerta esperando a Harry, dio media vuelta y regresó al castillo. Harry agradeció mentalmente a la profesora Sprout por haberle pedido ayuda a él. De ese modo, la conversación que, estaba seguro, mantendría con Ron, se retrasaría y podría pensar claramente qué es lo que le diría.

Después de terminar de cargar con todas las jardineras, se dirigió al Gran Comedor. Allí se encontró con Ron y Hermione, que ya casi habían terminado de comer; de hecho el comedor estaba prácticamente vacío. Harry se había entretenido más de lo que pensaba.

-Hola –saludó mientras se servía patatas asadas.

Ron permaneció en silencio hasta que terminaron de comer. Harry aún se encontraba comiendo el postre cuando Ron dijo por fin:

-¿Fue por eso que te peleaste con Malfoy¿Fue por Ginny?

Harry levantó la vista de su tarta de manzana y miró a Ron, que estaba muy serio. En lo referente a su hermana se mostraba muy protector. Harry pensó que no tenía sentido negar lo evidente; Ernie ya lo había dejado claro, de modo que asintió levemente.

-¿Qué fue lo que dijo Malfoy sobre mi hermana? –parecía que Ron empezaba a enfurecerse con la sola idea de que Malfoy le hubiera hecho algo a Ginny.

-No... no lo recuerdo muy bien, pero... bueno ya sabes cómo es. Buscaba pelea –contestó Harry. No estaba dispuesto a asumir delante de Ron y Hermione que Ernie y él, o más bien Ernie, habían hablado sobre la posibilidad de que Harry viera a Ginny de una forma muy diferente a cómo la había visto hasta ese momento.

-Bueno, pero debió de ser algo realmente desagradable como para que perdieras los estribos de esa manera –aventuró Hermione.

Ron asintió vehemente.

-¿Qué fue exactamente lo que dijo ese...? –Ron no terminó la frase de pura rabia.

-¡¿Y qué más da lo que dijese?! –dijo Harry, harto-. La cuestión es que al final se llevó su merecido.

-Bueno, sí... pero no sé... No sueles perder el control de esa manera a menudo... –argumentó Hermione.

-Ginny es amiga mía, y la hermana de Ron. No veo qué tiene de raro que le cerrara la boca a ese imbécil. ¿Tú en mi lugar no hubieras hecho lo mismo? –dijo Harry dirigiéndose a Ron. Quería terminar con aquello cuanto antes y cambiar de tema.

-No es eso –dijo Ron-. Es sólo que... –Ron sonrió a Harry de una manera muy rara-. Nada, déjalo. Y gracias por defender a mi hermana.

-No fue nada –y siguió comiendo el postre.

De manera que el tema quedó zanjado, para alivio de Harry.

Tras la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, los tres amigos regresaron a la sala común. Tonks les había puesto una redacción sobre las contramaldiciones de nivel avanzado y tenían mucho trabajo por delante, ya que había exigido dos pergaminos. Además, Hagrid les había mandado una composición sobre los "gatos raros esos", como los llamaba el pelirrojo, y como Harry y Ron no habían acabado el dibujo del kneazle en clase, habían cogido como modelo a Crookshanks y trataban inútilmente que se estuviera quieto el tiempo suficiente, algo increíblemente difícil por otro lado. El gato, no dejaba de escabullirse continuamente, y Harry y Ron intentaban atraparlo entre las risas de Hermione. Finalmente, Ron sujeto firmemente a Crookshanks contra el pecho, mientras Harry lo dibujaba. Ron acabó llenó de arañazos, pero habiendo logrado terminar el trabajo.

En el momento en que se hallaban enfrascados en el trabajo para Tonks, Ron alzó la vista del libro Contramaldiciones, nivel superior, y preguntó a Harry:

-¿Ginny sabe que ella fue la causa de la pelea entre tú y Malfoy?

-No –respondió Harry con rotundidad. Después, tras darse cuenta de las posibles intenciones de Ron, dijo-: Y no hace falta que tú se lo digas.

-¿Yo¿Pero qué dices? –dijo Ron inocentemente. Y tras mirar a Harry sonriente, negó con la cabeza y siguió con el trabajo.

-¿Qué ha querido decir eso? –preguntó Harry, a quien le daba mala espina la reacción de Ron frente al tema de Ginny.

-Nada –contestó vagamente Ron.

La semana siguiente antes del partido transcurrió a una velocidad impresionante. Les llevó todo el fin de semana terminar el trabajo pendiente y durante la semana, después de las clases, Harry y Ron estaban muy ocupados tanto por los deberes como por los entrenamientos de quidditch.

El partido sería ese mismo sábado, y Harry insistía en que debían entrenar duro. Aquel sería su primer partido como capitán y no quería fallar. De modo que aumentó los entrenamientos durante la última semana a diario. Todos acababan agotados, pero orgullosos y satisfechos. Además, Harry compaginaba los entrenamientos con las clases de Oclumancia, y todo ello hacia que en cuanto se recostara en la cama se quedara dormido al instante. Fue una semana vertiginosa, pero finalmente llegó el viernes, el día antes del partido. Esa tarde no tendrían entrenamiento, los jugadores debían descansar para el partido. Sin embargo, y por desgracia, Harry tenía clase de Oclumancia con Snape. El profesor le había notificado que aquella semana tendrían que cambiar la fecha de la clase; dos alumnos de Ravenclaw cumplían castigo con él el miércoles.

Después de la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, Harry y Hermione se encontraban en la sala común, estudiando, y ninguno sabía dónde estaba Ron.

De pronto, una chica de segundo entró muy agitada en la sala común.

-¿Hay aquí algún prefecto? –les preguntó a unos cuantos alumnos de tercero. Estos señalaron en la dirección en la que se encontraba Hermione. La chica se dirigió como una flecha hacia ella-. ¡Unos chicos han entrado en los aseos de las chicas del segundo piso y están escribiendo en las paredes que…! –dijo sonrojándose violentamente, como si el mero hecho de pensar en ello fuera una falta grave.

Hermione arqueó las cejas sorprendida y siguió a la muchacha, después de coger algunos libros.

-Harry, después de solucionar esto me voy a la biblioteca a buscar un dato para la clase de Runas Antiguas. A lo mejor encuentro allí a Ron –dijo la muchacha-. Tú tienes clase de Oclumancia¿no?

-Sí. Nos vemos en la cena.

-Hasta luego.

Harry continuó con las tareas, hasta que consultó su reloj y se dio cuneta de que si no salía de inmediato de la sala común no llegaría a tiempo a las clases de Oclumancia. Dejó la pluma sobre la mesa y se apresuró en el camino; una clase con un Snape enfadado era algo muy peligroso.

Después de arreglar el incidente de los baños (con la sustracción de diez puntos a la casa de Ravenclaw), Hermione bajó las escaleras hacia la biblioteca sin cruzarse con Ron y al cabo de unos minutos estaba abstraída en su redacción de Runas Antiguas sobre la escritura celta en la biblioteca. Tenia que entregarla el lunes, pero prefería tenerla hecha antes del fin de semana, porque entre el partido de quidditch y la reunión de prefectos que se había convocado para el domingo, no tendría mucho tiempo.

"...La cultura celta estuvo muy relacionada con la magia, ya que algunos de los más importantes brujos de aquella época pertenecían a esta estirpe. El uso de las runas era común entre ellos, y cuando creaban nuevos hechizos o encantamientos utilizaban un lenguaje secreto, que prácticamente ha desaparecido con el tiempo. Hoy en día, existen algunas organizaciones que intentan recuperar la escritura celta, aunque con poco éxito, ya que..."

Se detuvo al oír que la puerta de la biblioteca se abría de golpe, rebotando en la pared y sobresaltando a los alumnos que estudiaban dentro. Se asomó con intriga y vio que la señora Pince se acercaba haciendo aspavientos de indignación a alguien. Hermione podía escuchar los susurros furiosos de la mujer, porque estaba bastante cerca de la entrada de la biblioteca, aunque no sabia quién era el infractor, puesto que unas estanterías se interponían entre ella y la puerta.

-Pero... ¡¿Le parece esa una manera apropiada de entrar en una zona de estudio?!

Un susurro llegó hasta los oídos de Hermione, aunque no logró distinguir las palabras.

-No me venga con excusas –interrumpió la señora Pince-. ¡Además, es usted prefecto! Debería dar ejemplo a los demás y en cambio... ¿Y cómo se le ocurre entrar aquí así vestido?

Al escuchar aquello a Hermione le pudo la curiosidad y decidió asomarse un poco más para ver de quién se trataba. Delante de la señora Pince, había un chico vestido con una túnica de quidditch. Una túnica del equipo de quidditch de Gryffindor. Una túnica tan roja como el pelo del chico.

Hermione ahogó un gemido. ¿Cómo se le ocurría a Ron entrar en la biblioteca corriendo, vestido con una túnica embarrada y la escoba bajo el brazo?

-Diez puntos menos para Gryffindor, y si se repite serán cincuenta –decía la bibliotecaria-. Y ahora¡fuera de aquí!

Hermione se puso en pie y empezó a recoger sus libros al ver que Ron se apresuraba a salir de allí.

-¡Ron! –exclamó lo suficientemente alto como para que los estudiantes volvieran a levantar la mirada de sus lecturas-. ¡Espera!

El chico se dio la vuelta y al verla hizo un gesto de asentimiento enarcando las cejas y, señalando la puerta, le dio a entender que la esperaba fuera. Entretanto, la señora Pince se había materializado al lado de Hermione.

-¡Pero bueno¡Señorita Granger¿Se puede saber que les pasa a los prefectos de Gryffindor para que se comporten de esa manera?

Tras disculparse apresuradamente con la bibliotecaria, la chica salió al corredor, donde se encontró con Ron, que estaba apoyado contra la pared con las manos metidas en los bolsillos. Parecía enfurruñado.

Sin decir palabra, los dos se dirigieron a las escaleras que les llevarían a la torre de Gryffindor.

-Debo ser el primer prefecto que en vez de ganar puntos para su casa, los pierde –gruñó al final Ron-. ¡Es absurdo! Me meto en líos, saco malas notas y además...

-No nombran prefecto a alguien por nada –interrumpió Hermione-. Los profesores tendrían sus motivos.

-Pues me encantaría que me los explicaran… –Ron dejó la frase inacabada. Hermione se mordió la lengua para no soltar uno de sus comentarios sarcásticos; Ron no parecía darse cuenta de que a lo largo de sus años en Hogwarts había demostrado muchas cualidades, como cuando el curso anterior había tomado parte en el enfrentamiento contra los mortífagos. La chica decidió cambiar de tema.

-Por cierto¿por qué has entrado en la biblioteca?

Ron enrojeció ligeramente, parecía nervioso:

-Estaba buscando a Harry o Ginny para poder entrenarme antes del partido de mañana. No puedo practicar yo solo porque necesito que alguien me lance la quaffle. He estado volando un rato, pero, la verdad, no sé si ha servido de algo. Y no encuentro a Harry por ninguna parte, pensé que tal vez estuviera aquí.

-Harry ha tenido que ir a una clase de Oclumancia.

-Ah¿sí? Pobre –murmuró Ron con cara de compasión-. ¿Y Ginny?

Hermione se encogió de hombros.

-No lo sé, no la he vuelto a ver desde esta mañana.

Ron soltó un resoplido. Estaban frente al retrato de la Señora Gorda, que les miraba expectante.

-Creo que volveré a bajar al campo y volaré un poco más antes de venir a dormir –decidió el chico.

-Si quieres te acompaño –propuso Hermione.

Ron la observó en silencio, sorprendido. Poco a poco, una sonrisa fue apareciendo en su rostro, una sonrisa ladeada y ligeramente burlona.

-Pero... ¿tú sabes jugar al quidditch? Qué digo jugar al quidditch… ¿sabes montar en una escoba?

-Bueno, no –admitió ella enrojeciendo-, pero... no puede ser tan difícil¿no? –añadió a la defensiva.- Mira, si no quieres da igual, tengo trabajo por hacer…

Ron levantó los brazos como si pidiera una tregua:

-Vale, vale, si a mí me parece bien. Deja los libros en la sala común y bajaremos.

Al cabo de diez minutos los dos llegaban al campo de quidditch. Empezaba a anochecer, pero aun así había suficiente luz como para ver los altos postes de las porterías a ambos lados del terreno de juego. Sin embargo, unas nubes oscuras empezaban a formarse en el cielo.

Del armario del material, Ron cogió una quaffle y una escoba que analizó atentamente antes de dirigirse a Hermione:

-Esta es una Estrella Fugaz. Es bastante vieja, pero no hay ninguna otra porque el otro día unos de primero de Hufflepuff estrellaron dos escobas contra el Sauce Boxeador y las demás las tiene Hooch en su despacho. Pero al menos no es demasiado rápida, así que podrás manejarla con facilidad.

Hermione observó la escoba un poco dubitativa bajo la atenta mirada de Ron, y finalmente la agarró con firmeza por el mango.

-Oye, no tienes porqué hacerlo si no quieres –se apresuró a decir el chico al notar su indecisión.

-No, tranquilo –Hermione negó vigorosamente con la cabeza y sonrió-. Seguro que será divertido.

Ron se montó en su Barredora y, dando una patada en el suelo, se elevó unos metros. Hermione le imitó, aunque con bastante torpeza. No había volado desde las clases de vuelo que había recibido en su primer curso en Hogwarts.

La chica vio que Ron le lanzaba con suavidad la quaffle y soltó una mano del mango de la escoba para atraparla. Consiguió cogerla, aunque se tambaleó un poco en el aire.

-¿Vas bien? –Hermione oyó la voz del chico a través del aire.

-Sí –asintió ella a pesar de que le costaba bastante guardar el equilibrio. Su cara expresaba concentración. A trompicones siguió a Ron hacia los postes, mientras el chico le explicaba que lo único que tenía que hacer era intentar colar la quaffle por los aros. Se separó unos metros de Ron y se disponía a tirar cuando, por primera vez, su mirada se dirigió hacia abajo. La mano que sujetaba el balón le tembló al ver que entre ella y el suelo debía haber cerca de quince metros y volvió a clavar la mirada en los postes, ahuyentando sus temores y preguntándose qué razón la había impulsado a cometer aquella locura.

-¿Estás lista?

-Sí –repitió a voz en grito para hacerse oír, porque el viento era cada vez más fuerte. Tomó impulso y lanzó con fuerza la quaffle hacia el aro del medio, con tan mala puntería que el balón salió directo hacia el poste izquierdo. Ron la atrapó con facilidad y se la pasó.

Repitieron los tiros durante la siguiente media hora con idénticos resultados (es decir, que la quaffle iba hacia cualquier lado menos al que la chica apuntaba). Ron había parado todos los tiros excepto dos; uno de ellos porque Hermione consiguió marcar y el segundo porque la quaffle le dio de lleno en la cara.

-No lo haces mal del todo¿sabes? –dijo Ron frotándose la dolorida nariz-. Consigues despistarme, porque nunca lanzas en la dirección en la que parece que apuntas.

-¿En serio? –disimiló Hermione fingiendo inocencia.- Bueno, supongo que cada uno tiene su propia estrategia…

Entretanto, el temporal había empeorado y había empezado a llover con fuerza. Las ráfagas de lluvia les golpeaban en la cara, cada vez con más fuerza. Había anochecido casi por completo.

-Tal vez sea mejor que lo dejemos –comentó Ron acercándose a ella con la quaffle bajo el brazo y mirando al cielo con los ojos entrecerrados.

-Sí, será lo mejor –murmuró Hermione, a quien le costaba mucho más manejar la escoba en aquella situación.

Los dos inclinaron los palos de las escobas hacia abajo para descender al suelo. A la chica se le escapó una exclamación de susto cuando un golpe de aire especialmente violento la hizo tambalearse.

Un borrón rojo apareció de repente junto a ella. Ron agarró con firmeza el palo de la escoba de Hermione, enderezándola.

-Venga, no pasa nada. Bajemos –las dos escobas se inclinaron hacia delante preparándose para el aterrizaje-. Ahora desciende con suavidad.

A pesar de las indicaciones de Ron, la chica no logró llegar al suelo tal y como esperaba. Hermione cayó prácticamente de morros en el césped embarrado mientras Ron desmontaba de su Barredora ágilmente y la ayudaba a ponerse en pie pasándole un brazo por la cintura.

-¿Te encuentras bien? –le preguntó, preocupado, apartándole con los dedos los mechones castaños empapados del rostro.

Hermione asintió con la cabeza a la vez que sentía que un estremecimiento le recorría la espalda, aunque lo cierto era que una vez pasada la impresión, tampoco era para tanto. Fue entonces cuando se percató de que las manos de Ron estaban en su espalda. Volvió a estremecerse. Se pasó la manga de la túnica por el rostro para secarse un poco y levantó la vista hacia su amigo, que la observaba atentamente por debajo del flequillo empapado que goteaba sobre su nariz.

Sintiéndose confusa, trató de apartar al chico con la mayor delicadeza posible, aturdida.

-¿Dónde está la escoba? –preguntó para desviar la atención de Ron.

Éste miró a su alrededor hasta que vio algo y echó a andar por el césped del terreno de juego hacia las gradas. Esparcidos por el suelo había varios trozos de madera e innumerables astillas.

-Hooch se ha quedado sin otra escoba –murmuró Ron en tono neutral-. Tres en una semana. Debe de ser un récord.

-Lo siento –se disculpó Hermione.

-No te preocupes –Ron hizo un gesto con la mano-. Era una escoba muy vieja y ha quedado claro que no estaba en buenas condiciones –tras unos instantes de silencio, volvió a hablar-. Volvamos al castillo, ya es de noche.

Después de guardar la quaffle en el armario, echaron a correr hacia el castillo, porque daba la sensación de que no dejaría de llover en toda la noche.

-¡Espera! –gritó Hermione cuando estaban a medio camino, completamente empapados. Apuntó con la varita a Ron-: ¡Impervius!

El chico observó su ropa, que repelía el agua. Hermione repitió el encantamiento apuntándose a sí misma.

Cuando finalmente llegaron al castillo, se dirigieron directamente a la torre de Gryffindor y frente al retrato de la Señora Gorda se encontraron con Harry, que al parecer volvía de su clase de Oclumancia.

-¿De dónde venís? –preguntó el recién llegado mirando sorprendido a sus amigos, que estaban despeinados y embarrados-. Hocicorto Sueco.

-Hemos estado entrenando un poco con la quaffle –explicó Ron-. ¿Y tú qué tal las clases de Oclumancia?

Harry cerró los ojos y se pasó una mano por el pelo.

-Estoy agotado. Snape es especialista en revolver toda mi cabeza.

-Seguro que te ha puesto una clase precisamente esta noche a propósito para que mañana en el partido estés cansado –afirmó Ron con énfasis.

-¡Ron, por favor! –protestó Hermione poniendo los ojos en blanco.

-¡¿Qué?!

Hermione chascó la lengua con impaciencia:

-Creo que me voy a dormir –decidió.

Ron le dirigió una sonrisa:

-Buenas noches, Hermione.

Los dos chicos subieron a su dormitorio. Ron se sacó la túnica roja por la cabeza y la colgó en un perchero para que se terminara de secarse durante la noche.

-Espero que mañana durante el partido el tiempo sea mejor –comentó en voz baja para no despertar a sus compañeros a la vez que se ponía el pijama y se metía en la cama.

Harry asintió con la cabeza, aunque en realidad estaba intentando dejar la mente en blanco. Al cabo de unos minutos lo dejó por imposible, porque en aquel momento tenía la mente demasiado llena: al día siguiente sería el primer partido de quidditch de la temporada y su primer partido como capitán. También sería el primer partido de Ginny y Daijhiro como cazadores, por no mencionar que Harry sabía perfectamente que Ron estaba tan nervioso como él.

Finalmente, el cansancio pudo con él y se quedó completamente dormido.

Y hasta aquí el cap 8!! os ha gustado?? sí??? no???? pues dejadnos un review para saberlo! REVIEWSSSSS!!!!!

PRÓXIMO CAP: PARTIDO CONTRA RAVENCLAW (vamos a conocer una faceta de los chicos q no habíamos visto antes, xD)

Respuestas a los reviews:

Ilisia Brongar: wola de nuevo!!! ya sabemos q estas fechas son muy malas tanto para leer como para actualizar (te habrás dado cuenta de q este cap nos ha costado más de lo normal...) pero bueno, aunque hayamos tardado más, aquí está y esperamos q te guste! sobre malfoy, q quieres q te digamos, ya sabes q siempre está metiendo cizaña, así q... y el tema harry/ginny irá poco a poco, en pequeñas dosis. sobre los comecocos q tiene harry cuando ve a ginny en ese plan con dean... pos probre harry... como q le tiene miedo a la reacción de algún hermano sobreprotector. el momentillo ron y hermi... mmm... hasta el próximo cap!!!!