Pues aquí os dejamos el siguiente cap. Y atención a este cap, porque se da una pista sobre algo que tendrá importancia en los próximos capítulos.

Disclaimer: Nada de esto es nuestro, está claro, no?

AVISO IMPORTANTE: no hemos leido el 7º libro ni vamos a hacerlo hasta q salga en castellano, así que agradeceríamos que si dejáis un review no comentéis nada sobre él. Gracias.

Respuestas a los reviews al acabar el cap.


12

Tiempo de villancicos

Tan sólo faltaban un par de horas para que comenzaran las vacaciones de Navidad y la mayor parte de los alumnos aprovecharían esas fiestas para visitar a sus familias fuera de Hogwarts. En aquella ocasión, Ron pasaría las Navidades en el colegio, junto a Harry y Hermione, cuyos padres se iban de viaje. Hermione les había contado que había rechazado la invitación debido a la gran cantidad de deberes que la mantendrían ocupada durante casi todas las vacaciones. Harry y Ron se extrañaron, ya que su montaña de tareas no era tan extensa como la de su amiga, cosa que no solía ocurrir habitualmente. Sin embargo, Hermione les explicó que todo se debía a la P.E.D.D.O., que había dejado un poco de lado durante lo últimos meses.

-Así que aprovecharé las vacaciones para volver a meterme de lleno en ello –comentó alegremente-. Aún necesito pensar cómo hacer que todos los elfos domésticos consigan su libertad y...

Cuando llegaba a este punto, normalmente Harry y Ron trataban de cambiar el tema de conversación, o bien Ron acababa por reír de un modo poco disimulado sobre las ideas de su amiga.

Sin embargo, el último día de clase algo provocó que los ánimos de Ron decayeran:

-¡Es increíble! –dijo Ron después de la clase de Historia de la Magia, cuando se encontraban en el comedor charlando animadamente después de la comida.

-¿Qué? –preguntó Harry, sacando de su mochila el libro Volando con los Cannons que su amigo le había prestado.

-Binns nos ha puesto un trabajo larguísimo... –Ron pronunció especialmente la última palabra- sobre la Magia en el siglo XIX. ¡No puedo creer que nos haya estropeado las vacaciones de ese modo¡Lo ha hecho aposta, estoy seguro...! Es un fantasma amargado y sin vida propia que...

-Pues yo no te veo muy agobiado, que digamos –comentó Hermione, mirando como Ron estaba sentado cómodamente, mientras hurgaba distraídamente en un pequeño agujero que había en el centro de la mesa de roble.

-Aún queda mucho tiempo para la fecha de entrega, todas las vacaciones para ser exactos, y más –contestó Ron.

-Sí, bueno, pero aún así convendría que nos pusiéramos con ello cuanto antes. Deberíamos empezar a buscar algún dato en la biblioteca.

-¿Deberíamos? –dijo Harry, que seguía atento la conversación.

-Sí, el trabajo se hará en parejas –explicó Hermione-. Y yo he aceptado trabajar con Ron después de asegurarme de que hará algo más que el vago –bromeó.

-Muy graciosa –dijo Ron ácidamente.

Hermione le sonrió burlonamente y salió del comedor en dirección a la biblioteca en busca de un libro para pasar el rato.

-¿Juegas, Harry? –preguntó Ron sacando su tablero de ajedrez de la mochila y comenzando a colocar las piezas en su sitio.

El interpelado negó con la cabeza.

-No, ahora no me apetece pensar –murmuró apoyando la cabeza sobre sus brazos, como si estos fueran una almohada, y sintiendo que iba a reventar de haber comido tanto.

El pelirrojo hizo un mohín de desilusión y se disponía a recogerlo todo cuando Ginny y Luna se sentaron a su lado. La hermana de Ron llevaba en la mano un plato con un trozo de tarta y Luna leía un libro tan grande que tenía que sujetarlo con ambas manos.

-¿Y tú, Ginny? –Ron se volvió hacia su hermana, con aire esperanzado-. ¿Te apetece echar una partida?

-Ni hablar –se negó ella agitando la cucharilla ante su cara-. Cada vez que juego contigo al ajedrez quedo como una idiota.

Luna asomó los ojos por encima del libro, que se titulaba Descubrimientos increíbles de los últimos tiempos.

-¿Puedo jugar yo? –interrogó en dirección a Ron. Este asintió contento, y Luna cambió el asiento con Harry para estar frente a Ron-. ¿Te importa que juegue con las blancas?

-No, además, yo siempre utilizo las negras.

Ginny y Harry se inclinaron un poco hacia delante, interesados por el juego, y Harry se preguntó si Luna sabría lo bueno que Ron podía llegar a ser en el ajedrez.

Luna comenzó la partida moviendo uno de sus peones y durante los siguientes minutos los dos estuvieron completamente concentrados en sus movimientos.

Aún no habían acabado la partida (y parecía que tenían para rato) cuando Hermione volvió de la biblioteca y se unió a Harry y Ginny para contemplar a Ron y Luna.

Ron parecía realmente interesado en el juego, como si no hubiera esperado encontrarse con una rival tan buena. Según pasaba el tiempo, Harry, Ginny, y Hermione comenzaron a hablar, un poco aburridos de observar el juego de los otros dos. Debía haber pasado cerca de una hora desde que había empezado la partida, cuando oyeron a Ron exclamar:

-Caramba, ha sido una partida muy buena. Casi quedamos en tablas.

Harry se giró a tiempo para ver como el rey de Luna se inclinaba majestuosamente ante la torre de Ron, como señal de respeto al saberse vencido.

-Ha sido interesante –asintió Luna con una sonrisa-. En Ravenclaw nunca he encontrado alguien que supiera jugar tan bien... Aunque tampoco hay mucha gente dispuesta a jugar conmigo...

Ron no supo como responder a eso.

- Tu última jugada ha sido... –el chico hizo un gesto de admiración-. Se nota que eres una Ravenclaw. Cuando quieras jugar otra vez, me avisas–añadió.

-Está bien –murmuró Luna con timidez.

-Si no nos damos prisa llegaremos tarde a la clase con Hagrid –interrumpió Harry.

Harry y Ron salieron a toda prisa del comedor en dirección a los terrenos del colegio. Aquella sería la última clase y por fin comenzarían las tan ansiadas vacaciones.

Por suerte, Hagrid no había preparado nada demasiado duro para su última clase. Cuando Harry y Ron llegaron junto a la cabaña del guardabosques, pudieron ver a éste junto a un fuego encendido con la intención de caldear el ambiente. En una mano sujetaba un pequeño recipiente, y con la otra alimentaba con delicadeza a un pequeño pájaro de color azul que reposaba en la percha de su jaula.

-¿Estáis todos? –dijo Hagrid cuando llegaron hasta él los últimos rezagados-. Bien, hoy estudiaremos los jobberknolls. ¿Alguien sabría explicar a la clase cuáles son sus características?

Sin embargo, nadie supo contestar a la pregunta que Hagrid había formulado.

-Bien, pues... –comenzó Hagrid- el joberknnoll es un pájaro menudo, por lo que podéis apreciar en este ejemplar, que ya es adulto...

-Se palpa en el ambiente la ausencia de la sangre sucia de los dientes largos¿no creéis? –soltó Malfoy de repente en un susurro casi inaudible, aunque tuvo buen cuidado de que Harry y Ron lo escucharan perfectamente. Ambos tensaron los músculos del cuello y apretaron fuertemente los puños preparados para lo que se avecinaba. Dean y Seamus, que también lo habían oído, mantenían las distancias entre Malfoy y su grupo de Slytherin y Harry y Ron, o al menos eso intentaban, mientras Hagrid continuaba con la clase, aparentemente ajeno a todo lo que ocurría.

-... Se alimentan de pequeños insectos y habitan mayormente en América y el norte de Europa, así que es probable que os topéis con alguno...

-Me refiero a que –continuó Malfoy, arrastrando las sílabas-, es evidente que la sabelotodo ya no asiste a esta clase, y no quiero decir con ello que se la eche en falta –a continuación Malfoy aprovechó que Hagrid se encontraba de espaldas para levantar la mano derecha en el aire y moverla insistentemente como si quisiera contestar a la pregunta de algún profesor, en un cruel intento por imitar a Hermione.

En ese preciso momento, cuando Ron avanzó hacia Malfoy, seguido de cerca por Harry, Hagrid volvió a darse la vuelta con el joberknnoll posado sobre su enorme antebrazo y pudo ver el alboroto que comenzaba a formarse.

-¿Se puede saber que está pasando?

-Nada, Hagrid –dijo Dean cuando cada cual ocupó su lugar-. Es que... estamos un poco alterados porque hoy comienzan las vacaciones y...

Hagrid miró con el ceño fruncido a los alumnos y siguió con la clase.

-¡Chssst, Potter! –susurró Malfoy. Harry giró la cabeza y observó al muchacho con intenso odio-. Ve con cuidado ahora que los mortífagos han escapado de Azkaban. Más te valdría dormir con un ojo abierto, por si acaso; no sé si me entiendes –dirigió una maliciosa mirada a Harry, que continuó atento a la lección de Hagrid.

-...Así que después de las vacaciones, aunque comencemos a estudiar nuevas criaturas, el joberknnoll seguirá entre nosotros, para que podáis estudiar su comportamiento y con un poco de suerte, tal vez asistáis al momento de su fallecimiento, en el que tendréis la única oportunidad de escuchar lo que este ejemplar de joberknnoll a oído a lo largo de su vida, que es en el único momento en el que emite algún sonido. Ya es algo viejo, así que...

De camino al castillo, Ron no paraba de hablar:

-Menudo imbécil... –dijo de mal humor-. ¿Qué ha querido decir con "más te valdría dormir con un ojo abierto"¿Acaso cree que los mortífagos serían capaces de entrar en Hogwarts? Dudo mucho que tuvieran el suficiente valor para hacerlo estando Dumbledore aquí...

Harry se encogió de hombros, pensando que nada en absoluto le amargaría las vacaciones de Navidad, y menos aún las amenazas vacías de Malfoy.

La mañana del día de Navidad a Harry le despertaron unas súbitas sacudidas:

-¡Vamos, Harry¡Despierta! –le decía la voz de Ron cerca del oído.

-¡No me lo puedo creer! –la voz de Dean sonaba emocionada-¡Entradas para el próximo partido de fútbol en el estadio de...!

La voz de su compañero quedó ahogada con un chasquido agudo y violento que se repitió ininterrumpidamente.

-¡Cielos, Neville¡Agarra ese bicho! –exclamó la voz de Seamus.

Harry se incorporó sobresaltado al oír un nuevo chasquido, que en aquel momento le pareció un mordisco, cerca de su oreja. Cuando se puso en pie, contempló sorprendido una enorme boca llena de dientes verdes. Buscó las gafas en su mesilla y se las puso con rapidez, pensando que había visto mal. Los dientes seguían allí, aunque observando con más detenimiento, Harry se dio cuenta de que pertenecían a una extraña planta.

-¿Qué es esto? –preguntó sin dirigirse a nadie en concreto.

-Es una Nuleflia Loncurya –explicó Neville retrocediendo un par de pasos cuando la planta lanzó un gruñido en su dirección-. Me la ha enviado mi tío abuelo.

-Estupendo –ironizó Dean apartando sus preciadas entradas de fútbol del alcance de las fauces de la planta-. Y ¿no tiene un libro de instrucciones o algo así donde ponga como tranquilizarla?

Neville se apresuró a coger una carta que había dejado en su cama y la leyó con rapidez.

-Aquí dice que... –el muchacho cogió otro de sus regalos, que contenía una bolsita de cuero y, sacando una pizca de una arenilla rojiza, la lanzó hacia la planta, que estornudó y se quedó muy quieta.

-¿Qué era eso? –preguntó Seamus, que blandía una almohada por si tenía que defenderse de la Nuleflia Loncurya.

-Al parecer es lo único que calma a esta planta –explicó Neville acariciando las hojas de su regalo-. Cuando abrí esta bolsa y leí la carta de mi tío, en la que decía que esa arenilla me resultaría muy útil, me extrañó bastante, claro que no había visto la planta...

-¡Que gracioso tu tío! –replicó mordazmente Dean.

-¡Vaya, Harry, muchas gracias! –exclamó Ron con el libro Todo lo necesario para llegar a ser guardián profesional de quidditch en la mano.

Harry se sentó a los pies de su cama, frente a su propio montón de regalos, y cogió un paquete bastante grande de forma ovalada. Leyó la tarjeta en la que Hermione le deseaba unas felices Navidades y, al rasgar el envoltorio, soltó una exclamación de sorpresa: tenía entre sus manos una réplica en miniatura del campo de quidditch, con los altos postes de las porterías y con unas pequeñísimas figurillas que hacían las veces de jugadores. Con esa maqueta, pensó emocionado, podría preparar las jugadas para los próximos partidos.

-Vaya¿quién te ha regalado eso? –preguntó Dean con admiración, con las entradas todavía en su mano. Ron se había acercado y miraba el pequeño campo con la boca abierta.

-Hermione –anunció Harry, demasiado impresionado como para añadir algo más.

-Se ha lucido¿eh? –dijo Seamos con picardía-. ¿Por qué será?

-No digas bobadas.

Harry notó que Ron no había podido evitar un gesto de contrariedad al escuchar las palabras de Seamus, pero lo había reprimido casi al instante.

-¿Qué tal tus regalos, Ron? –le preguntó Harry amistosamente.

El pelirrojo le enseñó un jersey que le había hecho su madre y que aquel año era verde oscuro.

-Bill me ha regalado unos guantes nuevos de piel de dragón auténtica y a Percy no se le ha ocurrido nada mejor que dos libros, uno sobre la historia del Ministerio de Magia y otro sobre como triunfar en la vida gracias a haber sido prefecto. Seguro que él se los sabe de memoria. Bueno, por lo menos me servirán para que mi mesilla de noche deje de cojear. ¿Qué más…? –Ron continuó enumerando-… lo que más me extraña es que no he recibido ningún regalo de Charlie...

-¿Y ese de ahí? –Neville, que se había acercado a los dos amigos, señaló un paquete que había quedado medio escondido debajo de la cama.

Ron lo cogió:

-No lo había visto, tal vez sea de Charlie… Pues no… es ¡de Hermione! –Ron rasgó el papel con una expresión de ilusión casi infantil-. ¿Qué es esto? –preguntó cuando apartó el papel de colores que envolvía lo que parecía un tocadiscos muggle. Neville se inclinó hacia el objeto con curiosidad, porque el tampoco conocía el aparato.

-Es un objeto muggle – le dijo Dean, al tiempo que Ron observaba su regalo sin llegar a comprender para qué servía. Lo alzó en el aire y, poniéndolo cerca de su oreja, lo agitó.

-¡No hagas eso! –exclamó Seamos echándose a reír.

-Pero…¿qué es? –inquirió el pelirrojo.

-Es un tocadiscos –le informó Harry, que antes de que a Dudley le compraran un equipo de música de alta fidelidad había visto un aparato similar al que Ron tenía entre las manos en el salón de sus tíos. Se lo explicó a su amigo lo más simplemente posible-: Sirve para escuchar música de los discos.

-Ah… Hermione ha debido equivocarse. No se ha dado cuenta de que yo no tengo discos.

-Y¿cómo llamas tú a esto? –Dean sacó unos seis discos de entre los regalos ya desenvueltos de Ron.

-¿Estos son discos? Pensé que eran platos. Aunque, claro, no entendía por qué Hermione me regalaba unos platos con un agujero en el medio.

-Vamos, pruébalo –propuso Neville, que no estaba muy seguro de que aquel chisme llegara a funcionar.

Ron siguió las instrucciones que le daban sus amigos, hasta que la música comenzó a sonar. Era un tocadiscos manual (Hermione sabía de sobra que la electricidad no funcionaba en los terrenos de Hogwarts) y, tras darle unas vueltas a la manivela, comenzó a sonar una canción de Los Hechiceros de Hamlet, un grupo de música masculino.

-¿Cómo habrá conseguido Hermione esta música en un disco muggle?

Ron miraba con fascinación la aguja del tocadiscos y acercó una mano a la superficie del disco que giraba. Cuando tocó el disco, un chirrido sustituyo a la música por un segundo, hasta que el pelirrojo apartó la mano, alarmado.

-Genial, Ron –dijo Dean, burlón-. Si ensayas un poco más, serás el DJ en el baile de fin de curso del próximo año.

Cuando terminaron de abrir los regalos (sin interrupciones, a excepción de un nuevo ataque de la planta de Neville), tiraron los envoltorios y ordenaron la habitación, que estaba llena de las plumas de la almohada de Seamus, que la Nuleflia había intentado devorar.

Poco después, Harry y Ron bajaron a la sala común y allí se encontraron con Ginny y Hermione, que jugaban con el nuevo juego de gobstones de la primera. En uno de los sillones que había junto a ellas había un montón de objetos ordenados que debían ser los regalos de las dos chicas. Harry distinguió entre una capa azul y una mochila nueva, la caja de madera que contenía los tinteros de diferentes colores y la espléndida pluma que le había regalado a Hermione.

Según se iban acercando a las dos chicas, a sus oídos llegaron sus palabras:

-…no tengo ni idea de cómo ha sabido que estaba buscando ese libro. Y es una primera edición, Ginny, de 1930. ¿Cómo ha encontrado Ron este ejemplar? No debe haber muchos. Pregunté en Hogsmeade y en Flourish y Blotts y me dijeron que ya no se editaba.

Ginny soltó una risita divertida mientras miraba con interés el libro de tapas granates con filigranas plateadas en los márgenes.

Antes de llegar hasta los dos jóvenes, Harry le dirigió a Ron una mirada interrogativa, pero su amigo ni tan siquiera se percató, demasiado ocupado en observar, con una expresión de satisfacción en el rostro, el respaldo que escondía a Hermione.

Harry había bajado el pastel de chocolate que le había enviado la señora Weasley, y lo puso en la mesa para que todos comieran y no tuvieran que bajar a desayunar al Gran Comedor.

-Tu regalo, Hermione, ha sido... –Harry hizo un elocuente gesto con la mano y la chica le devolvió la sonrisa:

-El tuyo también ha sido genial –Ron ya estaba metiéndose un trozo de pastel en la boca cuando Hermione se volvió hacia él-¿Cómo supiste que quería ese libro? Y¿cómo lo encontraste¡Yo he preguntado por todos lados y no lo he encontrado!

Ron tragó con esfuerzo y murmuró con voz queda:

-Lo encontré por casualidad…

Fue una suerte que en aquel momento se oyera un fuerte estrépito en las escaleras de los chicos, porque Ron no había sabido contestar a Hermione con demasiada coherencia.

-¡Cuidado, Longbottom! –gritó una voz masculina; y acto seguido Neville apareció en la sala común, con el jersey desgarrado y su "encantadora" planta entre los brazos.

-¿Qué es eso? –exclamaron Ginny y Hermione al mismo tiempo.

-Una Nuleflia Loncurya –contestaron Harry y Ron al unísono.

Neville se les acercó con paso tambaleante debido a las violentas sacudidas que daba la planta. Sin embargo, sus amigos retrocedieron un par de pasos:

-No es nada personal, Neville, pero no te acerques más¿de acuerdo? –Ron se apartó bruscamente, pisando sin querer a su hermana.

-Me voy a buscar a la profesora Sprout –anunció el muchacho, yendo hacia el retrato-. Espero que ella tenga algo que controle a este bicho… porque he tenido que echarle todos los polvos de una sola vez... no para de moverse...

Cuando el retrato se cerró tras Neville, percibieron un chillido agudo amortiguado por el muro, y oyeron la voz de la Señora Gorda:

-¡Aparta eso de mí!

Acto seguido se escuchó un rasguido.

-¡Ostras¡Que se cargan a la Señora Gorda! –exclamó Ginny, horrorizada.

La sala común en pleno comenzó a atravesar el retrato en tropel, provocando que se formara un tapón.

-¡Ufff! –resopló Hermione, atrapada entre unos chicos de quinto y séptimo que eran más altos que ella.

-¡Eh, cuidado! –Ron, agarrando a Hermione por el brazo, tiró de ella hasta conseguir sacarla de allí.

-Eh, que me descoyuntas el hombro –protestó la chica.

-De nada –masculló Ron.

Hermione sonrió levemente antes de fijarse en el cuadro que hacia las veces de entrada a la torre de Gryffindor.

-Por las barbas de... –su voz se fue apagando a medida que hablaba.

Cuando Harry se volvió hacia el cuadro, vio horrorizado que el lienzo tenía profundos surcos provocados por… dentelladas. A unos metros del muro, Neville observaba lo sucedido con aspecto asustado. En los cuadros de los alrededores se agolpaban todo tipo de personajes que miraban alternativamente el cuadro dañado y la planta, murmurando.

-¡Rayos y retruécanos¿Se encuentra bien, mi querida señora?

Sir Cadogan apareció por el marco del cuadro de la Señora Gorda. Debía ser el único lo suficientemente valiente como para atreverse a entrar. O, pensó Harry, lo suficientemente loco.

El pintoresco caballero ayudó a la mujer a ponerse en pie y, después, se dirigió a Neville, al tiempo que desenvainaba su espada:

-¿Quién sois vos, poderoso alquimista, para atreveros a atacar a una noble dama?

-Yo…

-Neville, será mejor que busques a la profesora Sprout –aconsejó Hermione.

El muchacho asintió con la cabeza y al bajar las escaleras se cruzó con McGonagall, que acudía presurosa después de que Edward Smith le anunciara lo ocurrido.

-¿Qué has hecho esta vez, Longbottom? –al ver que Neville se detenía para darle explicaciones, la profesora hizo un ademán impaciente con la mano-. Luego me lo explicas.

Neville siguió corriendo escaleras abajo, hasta perderse de vista. La jefa de la casa evaluó los daños y, con un movimiento de varita, recompuso el lienzo.

-Bueno, todo se ha quedado en un susto –afirmó en dirección a la Señora Gorda.

-Sí –murmuró la aludida en un susurro lastimero, dejando que Sir Cadogan la sujetara por el brazo-. Pero creo que todavía tengo palpitaciones. Sinceramente, creo que no gano para sustos con este empleo.

Todos supusieron que se refería a lo ocurrido en tercero, cuando Sirius Black había conseguido penetrar en la torre de Gryffindor.

-Tampoco será para tanto –la profesora frunció ligeramente los labios. No soportaba aquel tipo de exageraciones.

Sir Cadogan tomó parte en la conversación:

-Profesora, esta gentil dama ha sufrido de un modo inimaginab…

-Desde luego –McGonagall le interrumpió, cortante-, pero ahora ya está arreglado, de modo que, si me disculpan, debo volver a mi trabajo: estoy muy ocupada corrigiendo trabajos.

La mujer se volvió dispuesta a irse, pero se topó con una marea de estudiantes que había asistido a la conversación con muchísimo interés. Exasperada, hizo un movimiento disuasorio con la mano:

-Vamos, vuelvan a sus quehaceres, esto no es un espectáculo.

Todos los estudiantes volvieron a entrar en la sala común, algunos de ellos para recoger sus regalos y prepararse para marchar con sus familias. La mayoría de los alumnos ya se habían ido al empezar las vacaciones; otros partirían ese mismo día para celebrar el Año Nuevo con sus familiares, como Dean y Neville, y unos pocos se quedarían a pasar las Navidades en el colegio. Hacia las once de la mañana, en todo Hogwarts no debía haber más de una treintena de estudiantes.

Los tres amigos decidieron acudir a la biblioteca antes de comer, para empezar con el trabajo que tenían pendiente.

-Pues sí que es triste: pasar el día de Navidad en la biblioteca –rezongó Ron.

Pasaron lo que quedaba de mañana buscando infructuosamente algún libro que les sirviera para escribir el trabajo de dos pergaminos sobre el encantamiento permutador que Flitwick les había mandado hacer la semana anterior. Desistieron a la hora de comer, sin haber encontrado nada que les sirviera y llevándose un par de libros que, con un poco de suerte, podrían serles de utilidad.

Tras la habitual comida de Navidad, en la que los profesores y los pocos alumnos que quedaban se reunieron en la misma mesa, los tres amigos subieron a la torre de Gryffindor, rechazando la invitación de Seamus a participar en una guerra de bolas de nieve.

-Hace demasiado frío en los jardines –se disculpó Hermione-. Prefiero estar dentro, junto a la chimenea.

-Hmm... –murmuró Ginny pensativa-, yo sí que me apunto.

-¡Genial! –exclamó Seamus; y los dos se alejaron en dirección a la puerta principal del castillo.

Una vez en la sala común, dispusieron sobre la mesa todos sus libros; y durante las siguientes horas trabajaron en silencio, a excepción de los continuos resoplidos de Ron, que tenía la nariz metida en Encantamientos complejos, nivel sexto.

-¡Me rindo¡No consigo encontrar nada sobre el dichoso encantamiento permutador! –dijo finalmente el pelirrojo, tirando sobre el sillón de al lado el libro.

Soltó aire con fuerza y se recostó en la butaca. Harry, que ya se había dado por vencido, se hallaba inmerso en un complejo ensayo de Pociones, mientras Hermione acababa de terminar una traducción de Runas Antiguas.

-Vuelvo a la biblioteca, a seguir buscando –dijo Ron de mal humor, al tiempo que salía por el retrato de la sala común.

Las vacaciones de Navidad estaban resultando agradables, aunque siempre había trabajo por hacer. La biblioteca estaba desierta, al fin y al cabo era Navidad, así que la gente estaría disfrutando de sus regalos. Ron cogió unos cuantos libros que creyó adecuados y tras meterlos en su mochila salió al corredor.

---ooo---

Mientras tanto, en la sala común de Gryffindor, Hermione no paraba de farfullar mientras rebuscaba entre sus apuntes.

-Juraría que lo tenía por aquí...

-¿Qué buscas? –preguntó Harry. Llevaba casi una hora tratando de entender la complicada preparación de la poción para dormir. A esas alturas la cabeza ya le daba vueltas.

-Un diagrama de Aritmancia que copié ayer de un libro de la biblioteca. No sé dónde puede estar. Lo habré perdido. Tendré que volver a por el libro –tras decir esto Hermione dio por finalizada la búsqueda y salió hacia la biblioteca.

-¡Si encuentras a Ron allí dile que busque en la sección de encantamientos de alto nivel, no miramos allí esta mañana! –gritó Harry desde su asiento. Hermione hizo un ademán para indicar que le había oído.

---ooo---

Ron caminaba deprisa por los pasillos. Quería terminar cuanto antes aquel trabajo de Encantamientos. De repente, aunque no se percató, alguien corría tras él.

-¡Ronald¡Eh, Ronald!

Ron paró en seco y se giró para ver quién lo llamaba. Era Luna. Se acercaba corriendo hacia él y llevaba un paquete bastante grande bajo el brazo.

-Hola, Ronald –lo saludó alegremente-. Feliz Navidad.

-Hola Luna. Feliz Navidad a ti también.

-Llevo toda la mañana buscándote: por el lago, los terrenos, incluso pensé que podrías estar en el campo de quidditch, entrenando.

-He estado toda la mañana en la biblioteca. Tengo trabajo pendiente –respondió el muchacho.

-¿En la biblioteca? No se me pasó por la cabeza mirar allí... Es Navidad. ¿No te parece un poco triste estar en la biblioteca por Navidad? Acaba de nevar, fíjate –dijo Luna señalando una ventana cercana a ellos-. Es precioso. Deberías salir a verlo.

Ron se acercó y vislumbró a través de los cristales un paisaje nevado. Había empezado a anochecer. Parecía una postal de Navidad.

-Bueno, y dime¿para qué me buscabas? –preguntó, dándose cuenta de cómo habían empezado aquella conversación.

---ooo---

Hermione se apresuró en su camino a la biblioteca. Encontró fácilmente el libro que necesitaba. Copió rápidamente de nuevo el diagrama, y tras guardarse el pergamino en un bolsillo, dejó el libro en su estantería correspondiente.

Se dirigía hacia la sala común cuando escuchó voces familiares procedentes pasillo colateral. Se asomó por la esquina y vio de quienes se trataban: eran Ron y Luna. Simplemente charlaban y miraban por la ventana hacia el exterior, de espaldas a ella. Ron se giró hacia Luna y le dijo algo que Hermione no alcanzó a oír, mientras ella se acercaba a ellos lentamente, ordenando los pergaminos que sujetaba entre las manos.

---ooo---

-Bueno, había estado buscándote para darte esto –la muchacha alargó el paquete que llevaba hacia Ron.

Ron la miró desconcertado. No entendía a qué venía aquello. ¿Qué era aquel paquete? Entonces a Ron se le pasó algo por la cabeza y un peso cayó sobre su estomago. ¿No sería un regalo de Navidad? Él no le había comprado nada a Luna, no contaba con que ella lo hiciera.

-Luna, yo... no puedo –Ron se disponía a rechazar el regalo.

-No seas tonto, Ronald. Vamos, ábrelo –Luna le miró con una sonrisa divertida.

Ron alargó una mano temblorosa y con cierta dificultad desenvolvió el paquete para dejar al descubierto... ¡Una túnica de los Chudley Cannons! Ron recordaba haber visto aquella túnica de color naranja en la tienda de Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch en el Callejón Diagon, junto a Harry. Por un segundo, creyó que su corazón dejaba de latir cuando descubrió unos borrones de tinta en la pechera. No podía ser... ¡estaba firmada!

Ron debía tener la boca abierta de par en par, porque Luna le miraba satisfecha mientras decía:

-Pensé que te gustaría, porque, bueno, como te gusta tanto el quidditch... Y además, sabía que tu equipo favorito son los Chudley Cannons, así que... En El Quisquilloso les hicieron una entrevista y los jugadores le regalaron esta túnica a mi padre. Pero, bueno, a ninguno de los dos nos gusta demasiado el quidditch y pensé en ti...

¿Qué decía¿Gustarle aquel regalo¡Pero si le encantaba! Sin embargo, aún así, sentía que no debía aceptarlo.

-Luna, yo... –balbuceaba Ron-. Me gusta mucho, pero no puedo aceptarlo, yo... no tengo nada para ti –Ron se sonrojó.

-¡No digas tonterías! Yo no te la regalo pensando en recibir algo a cambio. Simplemente la vi y pensé en ti –Luna le miró tranquilamente y luego su mirada vagó nuevamente por la ventana-. Creí que te gustaría...

-Y me gusta, pero de veras, no puedo... es un regalo muy especial...

-Tú eres alguien muy especial para mí –dijo Luna con su habitual voz soñadora.

Ron levantó la vista de la túnica y la dirigió a Luna. Estaban uno frente al otro. En ese momento, Ron vio a Luna de un modo diferente al acostumbrado, a pesar de su actitud soñadora y su habitual collar de corchos de cerveza de mantequilla. Le observaba con sus intensos ojos azules y por una vez había dejado de mirar con despiste a su alrededor. Su expresión transmitía paz.

Luna dio un paso hacia delante, aproximándose aún más a Ron; estaban muy cerca el uno del otro. La chica alargó la mano hacia el rostro de Ron y acarició suavemente su mejilla con la yema de sus dedos. Ron estaba totalmente petrificado, demasiado sorprendido por lo que estaba sucediendo y por tener una chica tan cerca.

Luna se acercó aún más, hasta que sus labios rozaron los de Ron. Pudo notar su aroma y su sabor. Besó los labios del chico con dulzura mientras pasaba sus manos por su cuello. Ron ni siquiera sabía qué hacer.

---ooo---

Hermione no conseguía oír qué era lo que decían. Se detuvo un instante cuando una de las hojas resbaló entre sus dedos y se agachó para recogerla. Cuando volvió a levantar la mirada, su boca se abrió por el estupor. Luna se había acercado a Ron y le había sellado los labios con un beso. Apartó la mirada con un nudo en la garganta y trató de recoger sus pergaminos lo más rápido posible, a pesar de sus manos temblorosas. Quería volver a la sala común lo antes posible.

---ooo---

Súbitamente, Ron agarró a Luna por los hombros firmemente y la separó. No sería correcto dejar que se forjara una idea equivocada sobre su relación. Para Ron, Luna era sólo una amiga.

-Luna... yo... no creo que... –Ron empezaba a pensar que debía parecer un completo idiota. La voz le temblaba y ni siquiera sabía qué decir.

-No pasa nada, yo... no pretendía molestarte –Luna había comprendido lo que Ron intentaba decirle tras haber interrumpido el beso. Eran amigos. Sólo amigos.

-Lo siento, de veras –dijo Ron tras una pausa-. Quiero que sigamos siendo amigos. Toma –Ron pretendía devolverle la túnica.

-No pienso aceptarla. Considéralo un regalo de una buena amiga. Bueno... pues... ya nos veremos –Luna se despidió con una triste sonrisa.

Ron se quedó allí plantado, en medio del pasillo y más confuso que en toda su vida. Poco a poco, recobró la compostura y tras envolver la túnica, se dirigió a la sala común.

Harry y Hermione seguían ocupados en sus tareas, él escribiendo afanosamente y ella tamborileando nerviosa con la pluma. Al ver entrar a Ron, Hermione levantó la cabeza y lo miró de una forma muy rara que el pelirrojo no logró calificar.

-¿Por qué has tardado tanto? –preguntó Harry.

-Eh... me encontré con Luna –respondió Ron.

-¿Y qué es eso? –volvió a preguntar Harry, señalando el paquete que traía su amigo.

-¿Esto? –Ron levantó el paquete en el aire-. Pues... esto es... es un regalo de Luna –a Ron le costó decir aquello.

Harry lo miró divertido. Él ya sabía que a Luna le gustaba Ron, aunque nunca se lo hubiera mencionado.

-¿Un regalo? Vaya¿y qué es? –Hermione nunca admitiría que había estado allí, ni por la libertad de todos los elfos domésticos.

El chico dejó el paquete sobre la mesa. Harry alargó una mano y lo desenvolvió. Apenas fue capaz de ahogar un grito.

-¡Vaya, Ron¡La túnica de los Chudley Cannons! Espera... ¡está firmada! Luna se ha lucido de verdad –exclamó Harry.

-Sí, bueno –las mejillas de Ron adquirieron un tono rojizo-. Intenté devolvérsela, no podía aceptarla. Pero ya sabéis lo cabezota que puede llegar a ser. Se la regalaron a su padre por una entrevista y...

-Y... ¿qué te dijo? –preguntó Harry. Sospechaba que había algo que Ron evitaba contar, así que decidió tirarle de la lengua.

-Eh... ¿a qué te refieres? Bueno no... la verdad es que... –la cara de Ron estaba ardiendo completamente. Era reacio a hablar sobre lo que había sucedido, y mucho más estando Hermione presente.

-¿Sí? –le ayudó Hermione, con un tono de voz... ¿frío?. Sabía perfectamente qué era lo que Ron trataba de decir, pero se suponía que ella no había estado allí.

Ron dirigió la mirada a Hermione y a continuación a Harry. Finalmente, acabó diciendo:

-Nada, sólo estuvimos hablando. Eh... creo que voy a subir a acostarme¿vienes, Harry?

Harry miro a Hermione por toda respuesta. La muchacha frunció el ceño, sabiendo lo que Ron le iba a contar a Harry en cuanto ella no estuviera delante. ¿Es que acaso ella no podía escuchar lo que Ron tuviera que decir? No entendía por qué se mostraba tan reservado, al fin y al cabo, Hermione era su mejor amiga. Entonces recordó la ocasión en la que Harry les había hablado de Cho. Él no había tenido problemas en contárselo a Hermione. La chica se sintió algo dolida. Aunque, pensándolo detenidamente, tal vez no deseara escucharlo.

-Como queráis –dijo Hermione, tratando de mostrar indiferencia, y volvió de mal humor a concentrarse en su trabajo de Aritmancia.

-Bien, subamos –aceptó Harry-. Hasta mañana.

Cuando los chicos llegaron a su dormitorio, cerraron la puerta. Harry se sentó en su cama, cogió una caja de grageas de Bertie Bott de Todos los Sabores y escogió una gragea de color amarillo canario.

-Bueno, dime¿qué pasa? –Harry fue directo al grano.

-Luna me ha besado –soltó Ron a bocajarro.

A Harry se le atravesó en la garganta la gragea amarilla, que resultó ser de plátano, al tiempo que gritaba:

-¡¿Cómo?!

-¡Shh! Baja el tono o te oirán incluso desde la sala común –increpó Ron.

Harry intentaba contener la tos mientras decía:

-Pero... ¿cómo...¿Qué ha pasado exactamente?

-Bueno, yo volvía de la biblioteca cuando me la encontré en el pasillo del segundo piso, justo al lado del tapiz de Herpo el Loco, ya sabes... Bueno, no... en realidad fue ella la que me encontró a mí, llevaba un rato buscándome, eso es lo que dijo. Después ella me dio el regalo y de repente, no sé cómo¡acabó besándome! –explicó Ron, aún sin poder creérselo.

-Pero... ¿así, sin más?

-No... bueno... estuvimos hablando. Yo insistí en que no podía aceptar la túnica, pero ella insistía a su vez en que me quedara con ella. Dijo que pensó que me gustaría porque sabía que mi equipo favorito son los Chudley Cannons. Me sorprendió, nunca hubiera imaginado que me prestaba atención cuando hablaba. Y... luego... ella... –Ron se detuvo. Se disponía a contarle a su amigo lo que Luna le había dicho, "Tú eres alguien muy especial para mí". Jamás nadie le había dicho algo así.

-Luego... ¿qué? –insistió Harry, en vista de que Ron parecía no querer continuar.

-Me dijo que yo era alguien especial para ella –dijo con voz ronca-. Es decir, que eso significa que le gusto¿no? –Ron parecía desesperado.

Harry esperaría a que Ron terminara de contar su historia, para luego poder decirle que había estado realmente ciego como para no darse cuenta de que a Luna le interesaba.

-Entonces me besó –acabó Ron.

-¿Y tú qué hiciste? –preguntó Harry.

-Al principio no supe qué hacer. Me quedé ahí parado. ¡Me había pillado desprevenido, qué quieres que yo le haga! –se defendió ante la mirada de Harry-. Luego la aparté y le dije que no podía ser, que éramos sólo amigos.

-Al menos le dejaste las cosas claras.

-Bueno, no le dije eso exactamente, porque empecé a tartamudear como un auténtico idiota. Creo que debí parecerlo. Pero ella lo sobreentendió –dijo Ron, mientras se rascaba la nuca intentando recordar la conversación-. Aunque sí le dije que quería que siguiéramos siendo amigos –hubo una pausa, en la que los dos tuvieron ocasión de meditar sobre lo ocurrido-. ¿Tú qué opinas?

-Creo que hiciste bien dejando las cosas claras, si es eso lo que sientes realmente, porque sería peor que pensara que cabe la posibilidad de que haya algo entre vosotros dos –respondió Harry-. ¿Cómo se lo tomó?

-Pienso que bastante bien. Hombre, parecía desilusionada –recordó Ron-, pero tampoco se puso a llorar ni nada por el estilo. No se parece en nada a Cho –terminó con una sonrisa burlona.

Harry le lanzó un cojín a la cabeza, y la pelea de almohadas que se estaba iniciando prometía ser toda una batalla campal cuando le preguntó a Ron:

-Oye¿por qué no has querido decírselo a Hermione?

Ron sostuvo la almohada de Seamus entre las manos.

-No lo sé. Creo que me daba un poco de vergüenza –admitió. Se sentó a los pies de su cama y suspiró-. Espero que la actitud de Luna no cambie después de esto, ya sabes, que sigamos siendo amigos –un silencio acompañó esta declaración-. ¡No me lo creo! Luna, la amiga de mi hermana pequeña...

-No tan pequeña –se le escapó a Harry. Ron lo miró interrogativamente-. Quiero decir que... ya tiene quince años y... Bueno, lo que no sé es cómo no te diste cuenta antes de que a Luna le gustas –a Harry le urgía cambiar de tema. Ron no notó que su amigo se había sonrojado.

-¿Qué dices?

-Lo que oyes. Yo ya había notado que sentía algo por ti desde que estuvo de vacaciones en tu casa –explicó Harry.

-¡No lo dirás en serio! –Ron se quedó estupefacto-. Pero, si... ¿cómo podías saberlo¿Intuición femenina? –bromeó.

-Muy gracioso. Se veía que se interesaba por ti, además se notaba por la forma en que te miraba, te sonreía, te...

-¡Eh, eh! Ya vale, ya vale. Lo he captado –le cortó Ron-. Y ni se te ocurra contárselo a nadie.

-Pero¿quién crees que soy¿Un cotilla empedernido? –dijo Harry, aparentando sentirse ofendido.

-Algo así –bromeó Ron.

En ese momento, Seamus y Dean entraron en la habitación y se unieron a la pelea de almohadas que Harry y Ron ya habían vuelto a empezar.

Y bien? Nos vais a matar? Sí, nos imaginamos q esperabais algo bastante distinto a esto cuando dijimos q había una sorpresa para los fans de R-Hr, pero es q en ningún momento prometimos q fuera una sorpresa agradable! xD

Pero, eso sí, podéis estar tranquilos, q la relación entre Ron y Luna no ha prosperado.

Próximos capítulo: "De nuevo en Grimmauld Place". Van al cuartel general a pasar las navidades y sabremos más cosillas de la orden.

Respuestas a los reviews:

Saiyury11: bueno, no ha sido pronto precisamente, pero aquí estamos de nuevo. el próximo cap intentaremos subirlo el sábado, porque esta semana estamos sin ordenador. nos alegra q te guste la historia y nos gustaría seguir leyendo tu opinión. besos!

aYdE mDrJgI: ya has visto la sorpresa q augurabamos, no sabemos si te habrá gustado o nos quieres degollar por ese beso, pero es q era necesario para que Hermione reaccionara. q te ha parecido? besos!

lordaeglos: ejem ejem, no podemos adelantarte nada de krum, porque como ya ves ha sido Luna esta vez la tercera en discordia. tendrás q seguir leyendo para saber si hay celos o no, jiji. besos!

saisai jk: ya sentimos tardar en actualizar, pero intentaremos arreglar ese problemilla. en cuanto a la acción, te aseguramos q después de navidades está más q asegurada. besos!

NeiiRa: los romances irán surgiendo poco a poco, ten paciencia. esperamos un review para q nos digas q te ha parecido este cap. besos!

Ilisia Brongar: no nos odies mucho por la escena entre ron y luna... pero es q nos quedamos con la mosca detrás de la oreja con el quinto libro, porque hay momentos en los q parece q a Luna le interesa Ron, y no le hemos querido dejar a la chavala con ganas... jajaja! era broma! tranqui, q de ese beso no pasa. en cuanto a Ginny, ahora Harry tiene el camino libre, a ver q pasa... besos!