Aquí dejamos el capítulo 13. Esperamos que os guste!!!!
Disclaimer¿¿¿Cómo nos va a pertenecer algo de esto si NO tenemos ni idea de como acaba el septimo libro???
Las respuestas a vuestros reviews al final del capítulo!
13
De nuevo en Grimmauld Place
Después de lo ocurrido en Navidad, Harry pensó que la situación entre Ron y Luna resultaba algo cómica. Ron aún se sentía cohibido en su presencia cuando en el Gran Comedor se acercaba a hablar con Ginny, o se encontraban en la biblioteca, así que el chico la rehuía siempre que podía e intentaba no tropezarse con ella por los pasillos. Harry tenía la impresión de que Luna trataba de comportarse como siempre, aunque hablaba mucho menos con Ron, y se preguntó si la muchacha se habría dado cuenta de la actitud de éste.
-Hombre, algún día tendrás que dejar de esconderte por los pasillos –le dijo Harry una mañana que se dirigían al Gran Comedor, cuando Ron se asomaba detrás de la estatua de Boris el Desconcertado para ver si Luna se encontraba cerca.
-Si, bueno, algún día, pero no ahora –dijo Ron-. Es que... no sé... todavía no me siento cómodo cuando estoy con ella, porque en esos momentos lo único que me pasa por la cabeza es lo que ocurrió cuando... bueno, ya sabes y... pero ya se me pasará.
-Además, dentro de un par de semanas comienzan las clases, y no va a resultar fácil esquivarla entonces –comentó Harry mientras bajaban la escalinata de mármol.
-Ya lo sé, no tienes que recordármelo cada día. Mira, ahí está Hermione –dijo Ron cuando hubieron entrado en el Gran Comedor.
-Buenos días, Hermione –saludó Harry a la vez que tomaba asiento y se servía huevos revueltos.
-Buenos días. Esto ha llegado para ti, Ron –dijo Hermione dirigiéndose al pelirrojo y tendiéndole un sobre-. Errol acaba de marcharse.
-Es de mi madre –informó Ron tras abrir la carta.
Mientras Harry y Hermione continuaban con su desayuno, Ron leyó rápidamente el pergamino, tras lo cual lo dobló y lo introdujo en su bolsillo.
-Dice que quiere que vayamos a pasar lo que queda de vacaciones de Navidad a Grimmauld Place. No sabía que no estuvieran en la Madriguera –explicó Ron mientras comía una tostada-. Han estado muy liados con la Orden, pero parece ser que las cosas andan más calmadas ahora; ya sabéis que no quiere que sepamos nada sobre los asuntos de la Orden, así que no dice gran cosa. Mis hermanos están allí.
-¿Y cómo iremos hasta allí? –preguntó Harry.
-Tonks nos acompañará y –Ron dibujó una mueca de disgusto en su rostro- llegaremos en el autobús noctámbulo.
Harry sonrió al recordar el último viaje en aquel autobús, lo ilusionado que estaba Ron por viajar en él, y lo mucho que le disgustó el trayecto.
-Nos vamos mañana por la noche –siguió explicando Ron cuando abandonaban el comedor-. Tengo que buscar a Ginny para decírselo, así que... –la expresión de su rostro cambió de repente.
-¿Qué pasa? –preguntó Hermione.
-Eh... nada... acabó de recordar que tengo un trabajo de Cuidado de Criaturas Mágicas pendiente, y como mañana nos vamos... tengo que ir a la biblioteca –Ron dirigió una mirada suplicante a Harry, y éste comprendió cual era el problema.
-No te preocupes, Hermione y yo hablamos con Ginny, tu vete a la "biblioteca" –Harry enfatizó esta última palabra. Sabía perfectamente que Ron había dado una excusa porque no quería encontrarse con Luna, y lo más seguro es que estuviera con Ginny. Además, tampoco podía hablar de ello delante de Hermione, ya que ella no sabía nada al respecto; al menos eso era lo que ambos creían.
Así es que mientras Ron se dirigía a la biblioteca en busca de algún libro que le sirviera para su trabajo imaginario de Cuidado de Criaturas Mágicas, Harry y Hermione se dedicaron a buscar a Ginny. Después de pasar por la sala común, la sala de trofeos, los dormitorios de las chicas (Hermione se había encargado de esta parte) e inspeccionar casi todos los pasillos sin rastro de la hermana de Ron, decidieron que tal vez estuviera en los terrenos. Y así fue. A pocos metros del lago, Ginny y algún otro alumno de quinto curso se encontraban en mitad de una pelea de bolas de nieve.
-¡Ginny! –gritó Harry- ¡Ha llegado una cart...! –una bola de nieve en plena cara dificultó que pudiera terminar la frase.
A su lado, Hermione reía alegremente, al igual que Ginny.
-¿Qué decías, Harry? –dijo Ginny, preparando otra bola para un nuevo ataque-. Creo que no te he entendido.
-¡Te vas a enterar, Weasley! –gritó Harry divertido tras esquivar la segunda bola. A partir de ahí, Harry se unió a la batalla, que culminó cuando ambos dejaron de rodar por la nieve entre risas y acabaron empapados y con los dedos totalmente entumecidos.
-Lo que hay que ver –dijo Hermione con una sonrisa torcida una vez Ginny y Harry hubieron llegado junto a ella, que los esperaba algo alejada de la pelea de nieve-. Sois como niños.
-Posiblemente, pero tienes que admitir que yo he ganado la guerra de bolas de nieve –dijo Ginny, risueña, mirando a su enemigo en el campo de batalla, es decir, Harry, que todavía tenía nieve en el pelo.
-¡Ni hablar! –contestó Harry aparentando estar indignado-. ¡Quiero la revancha!
-Cuando quieras, pero te advierto que he aprendido con los mejores: Fred y George.
-Hablando de Fred y George –dijo Hermione, mientras los tres amigos se dirigían al castillo y dejaban atrás a los alumnos de quinto que continuaban jugando en la nieve-, te buscábamos para decirte que ha escrito vuestra madre. Nos esperan en Grimmauld Place mañana por la noche, y tus hermanos estarán allí. Iremos con Tonks en el autobús noctámbulo.
-¡Genial! –exclamó Ginny-. Tengo ganas de ver a Fred y a George. Por aquí se les echa de menos; Hogwarts no es lo mismo sin ellos.
-Si te refieres al caos y el desorden que formaban... –dijo Hermione.
-Vamos Hermione, no me negarás que no extrañas el hecho de poder regañarles y poner orden como prefecta¿no? –bromeó Harry.
Hermione sonrió y se encogió ligeramente de hombros.
-Bueno, ya que mañana nos vamos a Grimmauld Place –comenzó Ginny con un tono de voz que denotaba inocencia-, supongo que tendremos que jugar la revancha¿no crees, Potter?
Harry se apresuró a coger un puñado de nieve para lanzárselo a Ginny, pero como ésta se había parapetado tras Hermione para ganar tiempo, la bola le dio de lleno a su amiga.
-¡Otra vez! –dijo Hermione mientras se sacudía la nieve del abrigo. Harry y Ginny volvían a corretear por los terrenos, comenzando de nuevo la batalla de bolas de nieve-. ¡Oh, vamos, dejadlo ya¡Ron nos estará esperando!
---ooo---
Harry, Ron, Hermione y Ginny tenían todo su equipaje listo cuando Tonks fue a recogerlos a la torre de Gryffindor la noche siguiente. Juntos salieron al frío y nocturno exterior y tras atravesar los terrenos del colegio, llegaron a la puerta de entrada, que se abrió a su paso como si hubiera recibido una orden que no provenía de ningún lugar. Tonks se situó frente al camino que conducía a Hogwarts y levantó su varita como si fuera a pronunciar un encantamiento. Sin embargo, Harry sabía perfectamente que lo que Tonks se proponía no era realizar un conjuro, sino dar el alto al autobús noctámbulo. Pocos segundos después, un gran autobús de tres plantas de color morado intenso apareció frente a Tonks e iluminó con sus enormes faros delanteros al grupo que lo esperaba. Un joven delgado vestido con un uniforme y con el rostro cubierto de granos, al que Harry ya conocía, saltó con agilidad del vehículo a la acera y dijo:
-Bienvenidos al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo abandonado a su suerte. Mi nombre es Stan Shun...
-Sí, sí, sí, ya nos lo sabemos de memoria –interrumpió Tonks con voz aburrida-. Vamos chicos, arriba –dijo dirigiéndose a Harry, Ron, Hermione y Ginny, que se encontraban a sus espaldas.
Después de que todos hubieron subido al autobús, Stan se ocupó de cargar los baúles y entregarles sus billetes a los nuevos pasajeros. Fue entonces cuando reparó en Harry:
-¡Vaya¡Fíjate, Ernie, él está de nuevo aquí¡Es Harry Potter! Leímos tu entrevista el pasado verano en El Profeta. Como siempre le decía a Ernie¿verdad Ernie? –el conductor del vehículo también observaba a Harry con interés-, yo nunca dudé de tu palabra. Estaba seguro de que decías la verdad, aunque muchos creyeron que estabas loco, porque...
Stan continuó parloteando, mientras cada cual ocupaba una cama. Harry contempló el interior del autobús, donde a lo largo de las paredes revestidas de madera, unas velas encendidas iluminaban débilmente los tres pisos del vehículo. La repentina aceleración del autobús noctámbulo provocó que Harry cayera sobre su cama. Al incorporarse vio a Ron en el suelo, intentando agarrarse a cualquier cosa con la intención de ponerse en pie.
-Maldito cacharro... –susurró Ron de mal humor. Harry ayudó a su amigo, aunque fue algo difícil a causa de los incontrolados giros de volante que Ernie ejercía sobre el autobús. La velocidad a la que conducía era impresionante y no importaba si algo se interponía en su camino, ya que las farolas, buzones y papeleras se apartaban a su paso.
El trayecto hasta Grimmauld Place no fue muy largo y ninguno de ellos pudo descansar, el incesante ruido y la velocidad vertiginosa lo dificultaban. Las camas chocaban unas con otras y en más de una ocasión, a causa de los repentinos frenazos, algún que otro pasajero aterrizaba de bruces en el suelo.
Habían partido de Hogwarts cuando ya empezaba a anochecer y Harry calculaba que llegarían a la hora de la cena. Finalmente, tras otra súbita parada, Stan anunció que habían llegado a su destino. Stan Shunpike ayudó a Tonks, Harry, Ron, Hermione y Ginny a bajar sus pertenencias a la acera y con un ruido sordo el autobús noctámbulo desapareció tras una esquina a toda velocidad.
Se encontraban frente al cuartel general de la Orden del Fénix, sólo que aún no podían verlo. Harry sabía que para que la casa de los Black se hiciera visible era necesario recordar una simple frase que había memorizado el pasado verano: "El cuartel de la Orden del Fénix está ubicado en el número 12 de Grimmauld Place, en Londres". En cuanto Harry vislumbró estas palabras en su mente, una casa maltrecha y antigua emergió de entre el número 11 y el 13 de Grimmauld Place. El grupo arrastró entonces sus baúles hasta la entrada del cuartel. Tonks subió las escaleras hasta llegar a la puerta negra y cogió la aldaba plateada que semejaba una serpiente para llamar a la puerta. Esperaron unos instantes antes de que la puerta se abriera apenas unos centímetros y aparecieran unos ojos castaños. Molly Weasley, al reconocerles, abrió la puerta de golpe y atrajo hacia sí misma a Ginny y a Ron para abrazarlos.
-¡Oh, ya habéis llegado! Feliz Navidad a todos. Pero, vamos, entremos, hace un frío horroroso y vais a pillar una pulmonía... Ron, cariño¿cómo no te has puesto la bufanda que te regalé? Hola, Harry, cielo. Pasa, Hermione –exclamaba la mujer mientras besaba a Hermione en las mejillas.
Los recién llegados entraron en el número 12 de Grimmauld Place y Harry tuvo buen cuidado de no acercarse demasiado al retrato de la madre de Sirius.
-Ahora –empezó la señora Weasley, que había agarrado con delicadeza a Tonks por el brazo para apartarla con disimulo de cualquier objeto contra el cual la metamorfomaga pudiera tropezar-, id rápidamente a vuestras habitaciones. Ya sabéis cuales son, dormiréis en los mismos dormitorios de siempre. Os quiero ver en el comedor en menos de diez minutos¿entendido?
Los cuatro jóvenes empezaron a subir las escaleras cargados con sus baúles; desde la entrada les llegaban las voces de Tonks y la señora Weasley:
-¿Quieres que te ayude a preparar la cena, Molly?
-No, no, tranquila, ya está todo listo; Arthur y Bill deben estar sirviendo la comida en los platos en este mismo momento –la voz de la señora Weasley parecía aliviada, porque cada vez que Tonks intentaba ayudar, provocaba algún desastre.
Los chicos no tardaron en bajar para la cena tras acomodar sus pertenencias en sus respectivos dormitorios. Cuando traspasaron las puertas de la cocina, se encontraron a varios miembros de la Orden, a quienes saludaron, como Lupin, Alastor Moody, Kingsley Shacklebolt y Dedalus Diggle, además de los hermanos de Ron, Fred, George, Percy y Bill.
Daba la sensación de que en aquella vieja casona se hubiera reunido una gran familia; todos reían y conversaban alrededor de la mesa y Percy incluso se atrevió a cantar junto a los gemelos algunos villancicos.
-Todo estaba delicioso, señora Weasley –Hermione alabó la suculenta cena preparada por la madre de Ron.
-Gracias, Hermione –dijo la señora Weasley mientras se encargaba de recoger la mesa-. Bueno, chicos, será mejor que subáis a vuestros dormitorios, estaréis agotados después del viaje –todos habían abandonado ya la cocina, salvo Lupin, y el señor Weasley, que ayudaban en la limpieza.
Harry, Ron, Hermione y Ginny se dirigieron soñolientos a sus habitaciones, pero cuando subían las escaleras, junto al retrato de la señora Black, Ron dijo:
-¡Vaya! Se me ha olvidado preguntarle a mi madre si mañana se pasara por el callejón Diagon, necesito plumas y pergaminos; se me están acabando.
-Te acompaño –dijo Harry.
De modo que Harry y Ron regresaron sobre sus pasos. Se disponían a entrar en la cocina cuando escucharon desde fuera unos susurros amortiguados. Ron se detuvo frente a la puerta, y detrás de él Harry. Ambos escuchaban en silencio, interpretando que podría tratarse de algún asunto sobre la Orden:
-¿Aún no se sabe nada de él? –preguntó el señor Weasley, ansioso.
-No, aún no Arthur –respondió Lupin.
-Pero... ¿Eso es normal, Remus? –preguntó angustiada la señora Weasley.
-Aún es pronto para decir nada, Molly –contestó Lupin-. Pero no os preocupéis, Charlie acabará apareciendo.
Harry notó que a su lado Ron se ponía rígido.
-Hace días que debería haber contestado a las lechuzas que le enviamos, pero no da señales de vida... –insistió la señora Weasley con voz temblorosa- Sé a ciencia cierta que tenía la intención de venir aquí por Navidad.
-Molly, no... –comenzó Lupin.
Harry no pudo hacer nada para detener a Ron, que entró en la cocina como una exhalación:
-¿Qué significa eso de que Charlie no aparece? –exclamó Ron, nervioso, frente a los presentes.
-¡Ron, cariño¡Harry¿Pero qué hacéis aquí tan tarde? –la señora Weasley trataba de disimular su angustia, pero a Harry le pareció que tenía los ojos rojos-. Deberíais estar en la cama...
-¡Oh, por favor! No cambies de tema, acabó de escuchar como decíais que no sabéis dónde está Charlie –dijo Ron con voz trémula-. ¿Qué ha pasado?
Dándose cuenta de que no podían ocultar la verdad, el señor Weasley fue quien contestó a la pregunta:
-Verás, Ron... Tu hermano Charlie debía habernos contestado a las cartas que le enviamos para informarnos sobre los asuntos de la Orden de los que se encarga, pero aún no hemos tenido noticias suyas –explicó el señor Weasley y se apresuró a decir-, lo cual no quiere decir que haya pasado nada malo. Así que no hay nada por lo que preocuparse...
-¡Pero, acabáis de decir que ya debería haberse puesto en contacto con vosotros y...! –protestó Ron, casi frenético.
-Ron, escucha –interrumpió Lupin-. Muchos magos de la Orden que están destinados lejos de sus hogares tardan más tiempo del esperado en dar noticias, pero eso se debe a que enviar lechuzas de un lugar a otro puede parecer sospechoso, por lo que a veces deben moverse de posición y esperar cierto tiempo para no verse perseguidos por los mortífagos. Hay que ser muy cauteloso y prudente en estos casos.
-Remus tiene razón, Ron –dijo la señora Weasley-. No es la primera vez que esto ocurre, y te aseguro que se solucionará.
Ron parecía estar más tranquilo. A continuación, su madre le alborotó el pelo en un gesto cariñoso y dijo:
-De todos modos no lo comentes con tus hermanos. Ellos no saben nada y... No es necesario que se preocupen en vano –la señora Weasley sonrió a su hijo y tras dar las buenas noches a Harry y Ron, ambos fueron a su dormitorio.
Una vez él y Ron hubieron apagado las luces de su habitación, Harry no pudo dejar de pensar que ocurriría si Charlie no aparecía. Mientras él y Ron subían a su habitación y se cambiaban de ropa, su amigo no había mediado palabra, y ahora que Ron se encontraba de espaldas a él, gracias a la luz que se filtraba a través de las cortinas, Harry pudo notar que él no era el único que no lograba conciliar el sueño.
Al día siguiente, Harry y Ron se despertaron temprano y tras vestirse bajaron al piso inferior para desayunar. Cuando los chicos traspasaron las puertas de la cocina, encontraron a Hermione y Ginny comiendo unos dulces mientras tomaban su té. Fred y George también estaban allí y a Harry ya le resultó totalmente normal el hecho de que se encontraran enfrascados en una discusión con su madre, que amenazaba a los gemelos con el dedo índice y una de sus peores miradas:
-¿Cómo se os ocurre entrar a escondidas en el dormitorio de vuestro hermano Bill para intentar robar los informes de la Orden? –gritó la señora Weasley furiosa.
-Mamá –dijo Fred en un tono de voz demasiado suave que no hizo sino sacar aún mas de quicio a su madre-, robar es una palabra muy fea. Digamos que... solamente lo cogíamos prestado para echarle un vistazo.
-¡¿Coger prestado?! –exclamó la señora Weasley con las manos en las caderas.
-Sí –intervino George-, pensábamos devolverlo, lo prometemos, mamá. Ya sabemos que son asuntos importantes, no ibamos a perderlos...
-¡Esto es el colmo¿Es qué lo que yo diga no sirve de nada? Aún no estáis preparados para entrar en la Orden –dijo la señora Weasley como si aquello zanjara el tema.
-Por eso mismo hemos intentado rob... coger prestados los pergaminos –dijo George-, porque no nos dejas participar en las reuniones y de algún modo tenemos que enterarnos de lo que pasa si queremos ayudar.
-¡Pero eso es precisamente lo que no tenéis que hacer! –objetó la señora Weasley-. Debéis manteneros al margen y...
-¡Pero ya somos mayores de edad! –interrumpió Fred a su madre, y Harry, que se servía unos huevos revueltos, pensó que los gemelos habían recurrido en tantas ocasiones a aquel mismo argumento que no daría más de sí.
-¿Lo decís en serio? –preguntó la señora Weasley inquisitivamente-. ¿De verdad pensáis que haber cumplido la mayoría de edad os convierte en adultos responsables? Formar parte de la Orden implica una gran responsabilidad y dudo mucho que en estos momentos estéis preparados para ello. Lo único que se os da de maravilla es hacer el gamberro; sois como niños. Hasta el día en que me demostréis que sois capaces de asumir semejante compromiso, vuestro acceso a la Orden está estricta, absoluta y completamente denegado –la señora Weasley silabeó estas últimas palabras y dio por terminado el discurso dándose la vuelta con rotundidad para continuar ocupándose del desayuno.
Fred y George salieron de la cocina arrastrando los pies con aire desconsolado. Harry pudo escuchar como la señora Weasley farfullaba contra sus hijos mientras apuntaba con la varita a la sartén que se fregaba sola bajo el grifo:
-En lo único que piensan es en hacer estallar cosas y quieren entrar en la Orden... Será posible...
Poco después, Bill apareció en la cocina y miró a su alrededor.
-¿Dónde se han metido esos dos? –preguntó el mayor de los hermanos Weasley con desconfianza. No hacía falta decir que se refería a Fred y George.
-Acaban de marcharse a la tienda de bromas –contestó la señora Weasley-. Y no te preocupes, les he dejado las cosas muy claras a ese par. Veamos si se les ocurre organizar alguna otra...
-Sabes que no van a descansar hasta haber entrado en la Orden¿verdad? –dijo Bill mientras se sentaba a la mesa.
La señora Weasley no dijo absolutamente nada y continuó con sus labores.
-Por cierto –dijo de pronto Bill-, casi se me olvida. Ayer hablé con Fleur y pasará por aquí durante las vacaciones de Navidad.
Ron escupió su zumo de calabaza por toda la mesa, salpicando a Ginny y Hermione, y se puso tan colorado que no se sabía dónde comenzaba su cabello, aunque por suerte, todos, o casi todos, creyeron que se debía a la tos que había provocado el incidente con el zumo. Sin embargo, Hermione lo miró de un modo muy peculiar y Harry y Ginny intercambiaron una mirada que no dejaba lugar a dudas de que ambos pensaban lo mismo: Ron aún no había olvidado el mal trago que había pasado con la chica veela en cuarto curso.
Tras el apetitoso desayuno, Harry, Ron, Hermione y Ginny abandonaron la cocina y subieron al piso superior. Se dirigían al salón donde jugarían una partida de snap explosivo antes de comenzar con las tareas de la escuela, pero cuando cruzaron el umbral de la puerta de roble, se percataron de que no estaban solos. Kreacher husmeaba por los rincones de la estancia, probablemente en busca de algún tesoro familiar de los Black. Cuando a sus espaldas escuchó a los recién llegados, se giró sobresaltado y comenzó a murmurar con voz grave y áspera mientras se frotaba las manos sin parar:
-¡Oh! Ya están de nuevo aquí los mocosos entrometidos y... ¡Oh, sí! Kreacher puede ver a Harry Potter. Kreacher se pregunta qué hace aquí de nuevo El-niño-que-sobrevivió, ahora que el amo de la casa no está...
-¡No me habíais dicho que Kreacher aún estaba aquí, en Grimmauld Place! –exclamó Hermione sorprendida, mirando de hito en hito a Harry y Ron.
-Dumbledore no puede dejar que se vaya, sabe demasiado sobre la Orden –explicó Ron-. Sería peligroso dejarlo libre.
-Pero puede volver a marcharse si quiere¿no es así? –preguntó Hermione-. El año pasado se ausentó durante un tiempo a pesar de que no tenía órdenes de hacerlo.
-Esta vez le será imposible –dijo Ginny-. Dumbledore se ha asegurado de que no pueda salir de la casa.
-¿Cómo? –inquirió Hermione.
-Con un encantamiento de permanencia. Dumbledore ha hechizado a Kreacher de modo que no pueda huir de Grimmauld Place –explicó Ginny.
Harry se aproximó al centro de la mesa, donde sobre un elegante escritorio de madera estaban esparcidos los libros de magia de los cuatro jóvenes. Kreacher aún observaba con avidez a Harry, y viendo que el elfo no parecía tener intención de marcharse, el muchacho espetó secamente:
-Largo.
El elfo doméstico entrecerró los ojos en un gesto malicioso y se estrujaba el sucio paño que le servía de vestimenta al tiempo que siseaba:
-Harry Potter no tiene autoridad para ordenar de ese modo a Kreacher... Kreacher no obedece órdenes de un mestizo... ¡Ay, si mi ama viera en que se ha convertido la mansión de los Black¡Un hostal para delincuentes, mestizos y traidores a la sangre, eso es lo que es!
Pero a pesar de todo, Kreacher dejó a solas a los cuatro amigos, tras ver como los músculos del cuello de Harry se crispaban y apretaba los puños con rabia contenida.
-Maldito... –Harry dijo algo que provocó que Hermione se escandalizara y Ginny levantara ligeramente las cejas.
-Resulta un tanto... –comenzó Ginny no muy segura de cómo continuar mientras miraba de soslayo a Harry- incómodo que siga rondando por aquí.
-Sí, pero la Orden no tiene más remedio, Ginny, ya lo sabes –dijo Ron.
-Deberían seguir la tradición que se impuso en su familia y colgar su cabeza sobre una placa –masculló Harry con brutalidad, desviando la mirada hacia la repisa de la chimenea donde descansaban las cabezas de varios elfos domésticos, cuyos rostros compartían similitudes.
-¡Harry! –exclamó Hermione asustada-. ¡Eso es una barbaridad!
Harry se giró sin dar repuesta alguna y tomó asiento frente al escritorio para hacer sus tareas. Las ganas de jugar una partida de snap explosivo se habían esfumado por completo.
Ginny se acercó a la chimenea donde ardía un fuego y observó atentamente las pequeñas cabezas.
-Tonks nos contó que a los elfos domésticos se les decapitaba cuando llegaban a una edad en la que no eran capaces de hacer su trabajo –comentó Ginny.
Tras ella, Hermione dijo muy segura de sí misma:
-Ya, bueno, pero Harry no hablaba en serio.
La muchacha desvió la vista hacia su amigo, que la miraba con una mezcla de incredulidad y exasperación.
-¿Ah, no? –preguntó Harry.
Hermione escrutó a su amigo y finalmente dijo:
-Sé que Kreacher no es... bueno... no es lo que se puede decir... pero aún así... –Hermione señaló con la mano las cabezas de los antepasados del elfo y su rostro adquirió una expresión de horror.
-¿Aún sigues defendiéndolo? –preguntó Harry, apartando hacia atrás bruscamente la butaca en la que estaba acomodado y comenzando a enfurecerse-. ¿Acaso continúas pensando que no sabe lo que hace o que es tan sólo un inocente elfo doméstico?
Hermione miró a Harry, perpleja, y contestó:
-No... yo no... yo no trato de defenderlo, sólo digo que...
-¡Bien, porque te recuerdo que él es la causa por la que Sirius ya no está aquí! –Harry se dio cuenta de que estaba alzando la voz.
-Yo no trataba de justificar lo que hizo cuando... –Hermione tragó saliva nerviosa.
-Cuando asesinaron a Sirius –terminó Harry por ella con voz trémula.
-Sólo digo que aunque hiciera lo que hizo –comenzó Hermione con cautela-, nadie merece semejante atrocidad –de nuevo dirigió una furtiva mirada hacia las pequeñas cabezas.
Harry, que lo último que quería era discutir con Hermione, tomó asiento de nuevo en la butaca y trató de calmarse. Encontrarse cara a cara con Kreacher ya resultaba difícil sin que Hermione tomara partido en aquel asunto.
Poco después, cuando todos habían ocupado un sitio alrededor de la mesa, el elfo doméstico volvió a abrir la puerta y dio un brinco de sobresalto al ver que los cuatro jóvenes permanecían allí.
-Aún siguen aquí –susurró mientras avanzaba pegado a la pared, como si se sintiera amenazado-. Malditos entrometidos... Lo único que hacen es meter las narices en asuntos ajenos, con su estúpida Orden... –Kreacher había llegado junto al gran tapiz de los Black y trataba de limpiar con esmero una esquina demasiado raída y mohosa.
Harry optó por ignorar al elfo y trató de concentrarse en su tarea de Pociones, intentando dejar a un lado sus deseos por arrastrar a Kreacher lejos de allí.
-El ancestral tapiz de la familia aún permanece aquí. ¡Oh, sí, esos sucios traidores no conseguirán deshacerse de él tan fácilmente! –dijo con un gesto que denotaba felicidad en su rostro.
-Fuera de aquí, Kreacher –dijo Ron cansinamente.
-El mocoso cabeza de zanahoria cree que puede dar órdenes a Kreacher como si fuese su siervo –espetó el elfo con desagrado.
Ron dio un puñetazo en la mesa y se puso en pie, pero Hermione lo asió por el antebrazo.
-¿Qué te has creído, enano cabezón? –dijo Ron malhumorado mientras se sentaba de nuevo. Ginny soltó una carcajada-. No obedece a nadie. Solamente a Dumbledore, a veces, como el cuartel general es para uso propio de la Orden ahora que... –el muchacho no continuó hablando.
-Ni siquiera sigue las órdenes de Tonks –comentó Ginny-. Y eso que es parte de la familia, aunque supongo que como tiene orígenes muggles y su familia no fue vista con buenos ojos por los Black...
Cuando Kreacher escuchó que la conversación giraba en torno a la familia a la que tanto adoraba, giró el rostro hacia Ginny y fijó la mirada en la muchacha con petulancia:
-La ama de Kreacher hizo bien en repudiar a los traidores a la familia –dijo para sí mismo. Se aproximó aún más al viejo tapiz y observó una de las tantas quemaduras-. Casarse con un muggle... una especie tan repugnante, inferior y...
-Cuidado con lo que dices –dijo Harry con dureza.
Haciendo caso omiso de la advertencia, Kreacher continuó hablando con el mismo tono de voz desagradable y arrogante:
-La ama hizo bien en renegar de los insensatos que optaron por la deslealtad a la familia, como el desagradecido de su primogénito... Que pérdida de tiempo... Siempre fue un perdedor que eligió el camino equivocado...
-Cállate –dijo Harry, a quien le hervía la sangre y apretaba las manos con fuerza sobre los reposabrazos.
-... incomparable con su respetable hermano Regulus. Fue tan fracasado que ni siquiera murió dignamente...
-¡CÁLLATE! –gritó Harry con furia poniéndose en pie con ímpetu y volcando con gran estruendo la butaca que ocupaba. No consentiría que nadie, absolutamente nadie, hablara de ese modo de Sirius, y mucho menos aquella despreciable alimaña. Apenas sin darse cuenta había avanzado en dirección a Kreacher. Hermione logró asirle del suéter pero, con un rápido ademán, Harry se deshizo de ella y agarró fuertemente el paño de cocina que el pequeño elfo vestía, dejando sus rostros a muy poca distancia el uno del otro-. Si vuelves a hablar de Sirius, ten por seguro que haré que te arrepientas –dijo Harry con una voz grave y demasiado calmada que no parecía la suya.
Por primera vez, un asomo de miedo se reflejó en los enormes ojos del elfo, que escapó de la habitación entre murmullos, tan pronto como Harry lo hubo soltado:
-Kreacher sólo ha dicho la verdad... Harry Potter no puede...
Poco a poco, Harry apartó los ojos de la entrada por la que el elfo acababa de desaparecer y se giró para encontrarse con unos enmudecidos Ron, Ginny y Hermione.
-Harry –dijo con voz suave Ginny, que se había acercado hasta él-, no dejes que te afecte. Ya sabes cómo es, no le hagas caso...
Harry asintió casi imperceptiblemente.
-No creo que se dé cuenta de que puede llegar a hacer daño realmente con ese tipo de comentarios –observó Hermione.
-¿Qué? –exclamó Harry sin poder creer lo que oía.
-Harry... –fue Ron quien intentó que no comenzara una nueva discusión.
-No creo que sea consciente de lo que en realidad implica... –dijo Hermione.
-Hermione... –Ron también trató de silenciar a su amiga.
-No irás a decir que "no era consciente de lo que hacía" –parafraseó Harry, ignorando a Ron- cuando empujó a Sirius al Departamento de Misterios¿verdad?
-Yo no estoy defendiéndolo, pero tal vez, después de pasar tanto tiempo en esta casa, realmente no...
-Pero Hermione¿es qué sigues siendo la única que piensa que no sabe lo que hace¿De verdad crees que no es culpable de lo que hizo¿Acaso vas a decirme que no se paró a pensar en lo que hacía cuando recurrió a los Malfoy? –dijo Harry, que comenzaba a perder la paciencia con respecto a aquel tema.
-Tal vez sí, pero existe la posibilidad de que... –Hermione trató de argumentar, pero se vio interrumpida de nuevo.
-¡El hecho de que sea un elfo doméstico no lo convierte en uno de los muchos elfos ingenuos que no son capaces de defender sus intereses! Sabe perfectamente lo que hace, y lo supo también en el momento en que actuó a favor de Voldemort –frente a la mención de aquel nombre Ron y Ginny se encogieron ligeramente. Harry parecía estar fuera de sí y a Hermione comenzaba a temblarle el labio inferior-. ¿O es qué ya lo has olvidado? Ayudó al propio Voldemort a llevar a cabo sus planes.
-¡Por supuesto que no lo he olvidado! –protestó Hermione.
-¡Entonces deja defenderle de una maldita vez! –gritó Harry-. ¿Sabes? Me parece genial que intentes ayudar y mejorar la situación de los elfos domésticos con la P.E.D.D.O¡pero esa sabandija no lo merece! Ni siquiera merece salir impune de todo esto. ¿Por qué demonios él tiene derecho a seguir andando a sus anchas mientras Sirius está muerto? –los ojos de Hermione brillaban intensamente.
Harry salió de la estancia como un vendaval, y la puerta se cerró tras de sí con gran estruendo, haciendo temblar ligeramente la lámpara que colgaba del techo del pasillo, que en aquellos momentos Harry cruzaba a toda velocidad en dirección a su dormitorio.
Harry no llegaba a comprender como después de todo cuanto había sucedido, Hermione seguía manteniéndose en sus trece. Podía entender su afán por la P.E.D.D.O, pero aquello... Aquello lo enfurecía. El hecho de que a esas alturas su mejor amiga continuara pensando que no todo estaba perdido con Kreacher, lo encolerizaba. Harry daba vueltas alrededor de su dormitorio y agradeció que Phineas Nigellus no se encontrara en su retrato en aquellos momentos.
Era consciente de que había perdido el control respecto a Hermione. Furioso, dio una fuerte patada a la mesita de noche, con lo que se volcó provocando un sonoro golpetazo que debió escucharse en toda la casa. Rápidamente, alguien abrió la puerta:
-¿Se puede saber qué ha pasado? –preguntó Ginny desde el umbral de la puerta con el ceño fruncido, mirando alternativamente a Harry y a la mesita de noche, que yacía en el suelo totalmente inservible.
-Nada –contestó Harry, alterado. Tras unos segundos de meditación, dijo decidido-. ¿Dónde está Hermione?
-Oye, Harry, si vas a volver a ponerte a gritar, no creo que... –comenzó Ginny.
-No –respondió Harry-. Necesito hablar con ella.
-Está bien –asintió Ginny-. Esta en nuestro dormitorio y por lo que parece debe de estar acabando con todas las reservas de pañuelos.
Harry salió de la habitación detrás de Ginny y pudo ver a Ron apoyado en la barandilla del pasillo con los brazos cruzados y mirando fijamente la puerta del dormitorio de las chicas, un par de habitaciones más allá de la de Harry y Ron.
Tras el primer arranque de furia, Harry se arrepintió de haberse comportado de aquel modo. Después de todo, apreciaba muchísimo a Hermione, era su mejor amiga, y sentía infinitamente que, como Ginny había dicho, "estuviese acabando con todas las reservas de pañuelos".
Hermione tenía muy buen corazón, y tal vez se debía a aquello el hecho de que tratase de defender a Kreacher, de encontrar algo bueno en él, aun cuando nadie más pensaba de ese modo.
En los seis años en los que Harry conocía a Hermione, en aquellos seis años de amistad, jamás había mantenido una discusión con su amiga. Era Ron quien ocupaba ese papel por costumbre, y Harry se sentía extraño por ser él en aquella ocasión quien hubiese mantenido semejante disputa.
Cuando Harry se encontró frente a la puerta del dormitorio de su amiga, pudo escuchar unos amortiguados sollozos y el corazón se le encogió, porque en el fondo sabía que había sido él quien había provocado aquella situación. Llamó a la puerta suavemente con los nudillos, mientras Ron y Ginny aguardaban afuera.
-Hermione¿puedo pasar? –dijo con voz insegura.
Harry no obtuvo respuesta y lo interpretó como una afirmación. Abrió la puerta y asomó la cabeza con cautela. Hermione se encontraba sentada de rodillas sobre su cama, rodeada de un montón de pañuelos arrugados y otro par entre las manos, con la intención de controlar el llanto.
Harry conocía a Hermione y sabía que aquel tipo de discusiones le afectaban especialmente, de modo que se propuso tener más tacto del que solía tener con las chicas. En cuanto Harry hubo traspasado el umbral, Hermione se puso en pie rápidamente y, nerviosa, comenzó a hablar muy deprisa. El hecho de que hipase a cada instante tampoco era de ayuda.
-¡Oh, Harry¡Lo siento... "hip"... mucho! Yo no quería... "hip"... En serio...
-No pasa nada, Hermione –dijo Harry azorado. Viendo que su amiga no se encontraba en condiciones de hablar, tomó la palabra-. Siento haber gritado de ese modo y quería pedirte disculpas porque...
Sin embargo, Hermione no le dio oportunidad a Harry de explicarse, ya que le echó los brazos al cuello a su amigo y rompió a llorar de nuevo.
-Bueno, Hermione... no tiene importancia –dijo Harry, sintiéndose algo incómodo, al tiempo que le daba unas palmaditas tranquilizadoras en la espalda a Hermione. Al fin, la muchacha se separó y Harry pudo ver aliviado que había dejado de llorar.
-Lo siento, Harry... –comenzó a disculparse-. Entiendo tu postura... Ni siquiera puedo imaginar cómo debes sentirte por que Kreacher esté aquí después de lo que pasó y...
-Lo sé –contestó Harry-. Sé que no lo hiciste con mala intención, así que...
-No, no, no –dijo Hermione-. Por supuesto que no. Pero aún así, no debí haber abierto la boca. Harry, siento muchísimo lo de Sirius... Yo... yo le apreciaba de verdad, le tenía mucho cariño y... Me siento fatal por lo que ha pasado, y me gustaría que supieras que no quiero decir que Kreacher no sea culpable de lo que hizo, sino que... tal vez no sea demasiado tarde para que se arrepienta y... bueno...
-Ya –dijo Harry-. Nunca te das por vencida¿no es así? –el chico sonrió amistosamente.
Hermione le devolvió la sonrisa. El muchacho continuó hablando.
-Siento haberme comportado como un desequilibrado –la sonrisa de Hermione se acentuó aún más-. Pero, es que... me resulta muy difícil encontrarme con él después de... –hubo una pausa-. No puedo olvidar lo que hizo, ni tampoco perdonarle por ello. No puedo. Y tampoco soy capaz de soportar que hable de ese modo sobre Sirius porque... –un nudo en la garganta impidió que continuara hablando. Dirigió la mirada al suelo y apretó la mandíbula fuertemente. Hablar de Sirius le traía muchos recuerdos, recuerdos que por el momento resultaban dolorosos. Hermione lo comprendió y le dio un cálido abrazo a su amigo.
-Aún no has pasado página¿verdad? –afirmó Hermione preocupada.
Harry resopló, extenuado:
-¿Cómo podría hacerlo? –preguntó con sarcasmo.
Hermione desvió la mirada hacia el ventanal por el que se vislumbraba la lluvia caer, sin saber que contestar.
-Jamás he perdido a nadie realmente importante en mi vida –dijo de pronto Hermione, girando completamente el rostro hacia Harry-. Mi familia y vosotros aún estáis aquí –Harry supo que el término "vosotros" les incluía a Ron, a él y a todos los Weasley-, así que no utilizaré las típicas palabras que se suelen emplear en estos casos; no te diré que sé cómo te sientes, porque jamás he tenido que pasar por ello, aunque entiendo como debes encontrarte, porque han sido muchas las veces en las que nos hemos enfrentado a situaciones peligrosas y Ron y tú... –las palabras murieron en la boca de Hermione, a quien le brillaban los ojos-. Pero lo que sí sé, y no me preguntes cómo, es que todo esto pasará. Todo acabará y... –no se refería únicamente a la pérdida de Sirius- todo estará bien.
Harry sonrió débilmente a Hermione y pensó que lo que acababa de decir podría haber aliviado su estado de ánimo de no ser porque su amiga solamente conocía parte de los acontecimientos. Desconocía por completo el contenido de la profecía, parte importante del destino de Harry, ya que ella marcaría la diferencia en un futuro: la victoria del mal sobre el bien o la destrucción de Lord Voldemort. Y ello suponía un efecto en la vida de Harry: morir a manos de su más temido enemigo o acabar con él para siempre.
No. Hermione se equivocaba en aquella ocasión. Nada pasaría. Nada estaría bien. No al menos hasta que Harry hubiese hecho frente a su mayor responsabilidad, a pesar de que ese momento no estaba aún determinado. Y en esos momentos, tuvo el impulso de revelarle toda la verdad a Hermione, pero se contuvo. ¿Cómo reaccionarían sus mejores amigos al saber quién era en realidad¿Cuál sería el comportamiento de Ron y Hermione al conocer que su mejor amigo no era otro que el único contrincante con posibilidades frente a Voldemort? Necesitaba hablar acerca de ello con alguien, pero Sirius no estaba allí... Nunca regresaría... Sirius... Harry tenía la impresión de que su desaparición no era más que el comienzo de un tortuoso recorrido hasta el final: la derrota o la victoria. Pero no como Hermione había reflejado, el obstáculo más duro ya sobrepasado. No. Aquello sólo era el comienzo de un duro recorrido hasta un incierto final.
Hasta aquí por hoy, en el próximo cap habrá muchas conversaciones que tendrán mucha importancia en los capítulos finales, aunque también tendrán importancia varias visitas: Fleur aparece en escena y un personaje que ya se mencionaba en el quinto pero que nunca ha aparecido...
¿Alguna idea sobre dónde puede estar Charlie? Pos contádnoslas en algún review! sólo tenéis que pulsar el Go!!!!
Respuestas a los reviews del capítulo 12:
Ilisia Brongar: Sí, ya era hora de que ROn dejara de comportarse como siempre se comporta...¿o tal vez no? Sobre la pista que dejabamos para capítulos futuros... no tiene que ver ni con Sir cadogan ni con Draco ni con la planta de Neville ( eso sólo fue una paranoia...). Lo cierto es que era un detalle muy pequeño que en este capítulo se ha comentado... No sabemos si te fijaste o no, pero Ron recibe regalos de todos sus hermanos menos de uno... de Charlie... Este chico debe de haberse perdido...Y respecto al septimo libro... aggg, esto es una desesperación... Hay gente en el metro leyendolo, conocidos que saben quien muere y quien no... es omnipresente...Alguna de nosotras esta pensando en leerlo en ingles, pero aquí no se comentará nada, asi que tranquila...Bueno, hasta el próximo cap! aio!
aYdE mDrJgI: Hola!!! oye, algún día nos tienes que explicar de dóndeviene la segunda parte de tu nick, porque nos volvemos locas cada vez que lo tenemos que escribir...la verdad es que nosotras pensabamos que si Hermione había estado con Krum, pues Ron tendría que estar con alguien también. Aunque con Luna estar, lo que se dice estar, como que tampoco... A ver si así conseguimos que Hermione se centre un poco más, aunque ahora llega Fleur y...¿quién sabe? Hasta el próximo cap!!!!
