Hola a todos! Este capítulo ha tardado poco más de una semanita, pero bueno, no nos mateis... que aquí está por fin. Esperamos q os guste.

Nota importante: ya lo habíamos dicho, pero no está de más recordar que no hemos leido el séptimo libro, por lo que agradeceríamos que no comentaseis nada en los reviews. Gracias.

Disclaimer: Harry Potter y todos los personajes pertenecen a JK Rowling.


15

Regreso a la rutina

Tan sólo a falta de dos días para volver a Hogwarts, Hermione ya había desistido de intentar convencer a Ron para que hiciesen el trabajo de Historia de la Magia.

Llamaron fuertemente a la puerta de entrada y, cuando Tonks abrió, entró una gran cantidad de gente, que fue directamente al comedor.

-Niños, id a las habitaciones –apremió la señora Weasley, tras lo cual las protestas de Fred, George, Ron y Harry se oyeron desde la cocina.

-Mamá, déjanos por una vez asistir a una reunión de la Orden –suplicó George.

-Sí, si no nos comportamos como es debido, prometemos no volver a insistir nunca más –aseguró su gemelo.

La señora Weasley negó tan tajantemente y les miró tan duramente que ninguno se atrevió a replicar y subieron a sus dormitorios.

-Debe ser una reunión muy importante –comentó Ron recogiendo su oreja extensible, que no había podido traspasar la puerta de la cocina-. Ha sido convocada repentinamente.

-Me pregunto si habrá pasado algo grave –dijo Hermione, viendo la expresión sombría en los rostros de los últimos rezagados, Kingsley Shacklebolt y una bruja rubia y alta.

-Sea lo que sea, está visto que no nos vamos a enterar de mucho –finalizó George, atrayendo con su varita una bola roja, el nuevo artículo de SortilegiosWeasley a la hora de espiar.

Cada cual se fue a su dormitorio y Harry y Ron se entretuvieron jugando al snap explosivo con las chicas hasta que la señora Weasley les llamó para la cena.

Tras la reunión, Tonks, Lupin y Mundungus, que se habían quedado a cenar, pararon su cuchicheo en cuanto entraron los cuatro, que, junto a los gemelos, insistieron bastante en que les contasen lo ocurrido en la reunión, sin obtener ningún resultado, por lo que después de cenar subieron a acostarse, tras la reprimenda de la señora Weasley por tratar de meter las narices en asuntos ajenos.

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El último día en Grimmauld Place fue muy ajetreado. Todos recogían los bártulos que habían dejado desperdigados por todas las habitaciones para meterlos en sus baúles. Cada vez que Hermione se cruzaba con Ron le echaba en cara que ya habían terminado las vacaciones y no habían escrito ni una mísera línea del trabajo de Historia de la Magia, por lo que finalmente Ron, harto, evitaba cruzarse con la chica. La señora Weasley les dijo que viajarían a Hogwarts en el autobús noctámbulo tras la comida, que fue más tarde de lo habitual, porque todos andaban de aquí para allá guardando calcetines que aparecían en un armario repentinamente o libros que no se sabía cómo podían haber llegado al fregadero.

Tras despedirse de la Señora Weasley, que era la única que se quedaba en el cuartel general, Harry, Ron, Hermione y Ginny entraron en el autobús de tres pisos, al que Tonks, que viajaba de nuevo junto a ellos, dio el alto. Los gemelos también subieron al autobús, pues tenían que ir a Sortilegios Weasley. Aunque preferían aparecerse, consideraron que de ese modo podrían acompañarlos.

Después de otro bamboleante viaje en el vehículo morado, finalmente llegaron a Hogwarts y bajaron al suelo firme algo mareados, tras despedirse de Fred y George, que desaparecieron tres segundos después, junto al autobús noctámbulo.

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No les resultó fácil despertarse temprano después de haberse pasado todas las Navidades durmiendo hasta tarde. Todos los alumnos que bajaban a la sala común antes de dirigirse al Gran Comedor bostezaban, tropezando continuamente a causa de estar más dormidos que despiertos. Harry y Ron holgazanearon tanto dando vueltas por la habitación sin hacer nada en concreto que para cuando se dieron cuenta de la hora que era, no tuvieron tiempo para ir a desayunar y se dirigieron directamente a sus aulas, Harry a Pociones y Ron a Historia de la Magia, donde seguramente Hermione estaría esperándolo desde hacía tiempo.

Harry llegó a la mazmorra de Pociones sólo dos segundos antes que Snape y se derrumbó en su silla junto a Seamus.

-¿Se te han pegado las sabanas, Harry? –preguntó Seamus con una sonrisita-. Has roncado casi más que Ron.

-Finnigan, deje de relacionarse con Potter y atienda a la pizarra –dijo Snape, que parecía haberse materializado frente a ellos dos, pues no lo habían visto acercarse-. Hoy prepararemos una poción licuadora. ¿Hay alguien que sepa decirme para que se utiliza? ¿Potter?

Harry intentó responder correctamente mientras pasaba las hojas de su libro mirándolas de reojo, en busca de la respuesta, mientras toda la clase y Snape, con una sonrisa maliciosa, le contemplaban.

-Una poción licuadora es aquella que sirve para convertir algunos elementos sólidos en líquidos, Potter –aclaró finalmente Snape con una mueca desagradable dándole la espalda y dirigiéndose al frente de la clase-. Los ingredientes necesarios son los que están escritos en la pizarra: raíz de dimián negro, ojos de tritón...

-Había olvidado lo mucho que le odiaba –dijo Harry a Seamus mientras copiaba los ingredientes de la pizarra.

Harry intentó seguir todas las indicaciones correctamente para que Snape no tuviera quejas y al final de la clase su líquido casi tenía el color negro azulado que se suponía debía tener. Embotelló la pócima y se la dio a Snape, esperando al menos un aprobado.

Harry se encontró con Ron y Hermione en el pasillo que conducía a la entrada secreta de la sala común de Gryffindor, oculta por el retrato de la Señora Gorda, y frenó un poco el paso al ver que volvían a discutir.

-¡Tenemos que entregarlo dentro de dos semana, Ron! –decía Hermione enfadada.

-¡No hace falta que nos pongamos ahora mismo a escribir el dichoso trabajo, ¿no?! –contestó Ron , no menos exaltado que Hermione.

-Me prometiste que te lo tomarías en serio, si llego a saber que pasarías de él lo hubiese hecho con cualquier otra persona –zanjó la chica comenzando a alejarse de Ron, en dirección a Harry. Dándose la vuelta, añadió-: Cuando decidas que es hora de comenzar el trabajo, avísame.

Hermione pasó junto a Harry sin saludarlo, con el ceño fruncido, cargando con sus libros.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Harry llegando junto a su amigo, que le estaba dando la contraseña a la Señora Gorda mientras ésta le miraba con interés, dado que había escuchado toda la discusión.

-Se ha enfadado porque le he dicho que aún era pronto para comenzar con el trabajo para Historia de la Magia. Esta mañana en clase, Binns ha comentado que esperaba que todos hubiésemos empezado a trabajar ya, y Hermione se ha puesto histérica, así que ha propuesto que esta tarde fuésemos a la biblioteca. Yo le he dicho que nanay y ella se ha enfadado. ¿No te parece que exagera?

Harry pensaba que Hermione no exageraba en absoluto, pues Ron había pasado todas las Navidades retrasando el momento de dedicarse a la redacción de Historia de la Magia, pero no se lo dijo a su amigo.

Para cuando llegaron a Transformaciones, parecía que Hermione ya se había relajado un poco, pero aún así contestaba secamente a Ron. El chico se encogió de hombros, alegando que ya se le pasaría. A la hora de comer bajaron al Gran Comedor, Harry y Ron muertos de hambre por no haber desayunado, y Katie se acercó a Harry a preguntarle por el entrenamiento.

-Mañana a las cinco, como siempre –contestó Harry y la chica se alejó.

-Me muero por ganar a Slytherin en el partido, quiero que Malfoy borre de su cara ese asqueroso gesto de cretino –dijo Ron con la boca llena de puré de patata.

-Pues tenemos que entrenarnos a fondo. El partido contra Slytherin es a finales de enero y no juegan del todo mal al quidditch –repuso Harry.

-No es que jueguen bien, es que juegan sucio. Pero, aún así, ya les ganamos el año pasado. No será difícil volver a hacerlo.

-Sí, les ganamos, pero también me suspendieron –volvió a replicar Harry.

-Pero ya no está aquí ese sapo de dos patas.

El resto del día transcurrió con normalidad, excepto porque Hermione lanzaba miradas furiosas a Ron por encima de sus libros, cuando los tres estaban haciendo los deberes en la sala común. Harry y Ron terminaron pronto sus redacciones de Herbología y se entretuvieron jugando al ajedrez mágico el resto de la tarde, por lo que finalmente Hermione se levantó y se dirigió hacia las escaleras de las habitaciones de las chicas haciendo mucho ruido.

-Me parece que está un poco irritable –comentó Ron al mismo tiempo que su torre se comiera el alfil de Harry.

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El martes se presentaba como un día cualquiera hasta que llegó la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Tonks les estaba hablando del contrahechizo del encantamiento de permanencia cuando llamaron a la puerta y entró la profesora McGonagall. Todos los alumnos se habían girado hacia la puerta, porque no era corriente que se interrumpiese la clase con la entrada de otro profesor.

La profesora McGonagall se acercó a Tonks apresuradamente y le susurró algo que la hizo palidecer y, tras intercambiar unas palabras, asintió con la cabeza, y salió de la clase.

Todos los alumnos, extrañados, comenzaron a cuchichear entre ellos hasta que la profesora McGonagall impuso silencio.

-La profesora Tonks debe ausentarse por unos días, así que estaréis exentos de las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras hasta que se os avise. Podéis volver a vuestra sala común.

-¿Qué le habrá pasado a Tonks? –preguntó Hermione nada más salir del aula, olvidando su enfado con Ron-. ¿Creéis que será algo grave? Se ha puesto blanca como la cera...

-¿Tendrá algo que ver con la Orden? –preguntó Harry a su vez.

-No todo lo que les pase a los miembros tiene que estar relacionado con la Orden –replicó la chica-. Y aunque ocurriese algo, podrían haber ido la profesora McGonagall, Snape o Dumbledore, ¿no?

Oyeron un maullido junto a sus talones y al momento Filch apareció tras un tapiz en la pared.

-¿Que hacéis fuera de clase?

-La profesora McGonagall nos ha dado permiso para salir e ir a la sala común de Gryffindor –dijo Harry temiendo que Filch hubiese escuchado su anterior conversación-. Pregúntele si quiere.

Dejando a Filch con la palabra en la boca, Harry siguió adelante con Ron y Hermione detrás de él.

-De todas formas, no estaría mal que le mandase una carta a mi madre preguntándole si ha pasado cualquier cosa, ¿no? –sugirió Ron cuando se derrumbaron en los sillones de la sala común.

-Dudo mucho que te diga algo, pero por intentarlo no perdemos nada –repuso Hermione sacando sus libros de la mochila y esparciéndolos por una mesa.

A las cinco en punto, Harry y Ron fueron al campo de quidditch, donde poco después se reunió todo el equipo. Todos estaban un poco desentrenados tras el descanso de las vacaciones, pero tras dos horas de duro entrenamiento, volvían a estar tan concentrados en el juego como siempre.

De vuelta a la sala común, Harry y Ron le contaron a Ginny lo ocurrido con Tonks. Frente a las escalerillas que conducían a la lechucería ella se despidió diciendo lo mismo que Hermione, que dudaba que su madre les aclarase nada.

Aún así, los dos chicos entraron en la torre repleta de aves en busca de Pig. La pequeña lechuza gorjeó alegremente mientras Ron le ataba la carta que había escrito previamente en la sala común.

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Como temían, la carta no les aclaró nada en absoluto, aunque para sorpresa de los tres no fue la señora Weasley quien contestó. Por la mañana, durante el desayuno, Pig entró junto a otras cien lechuzas en el Gran Comedor, y tras pasearse por toda la mesa de Gryffindor, Ron finalmente lo atrapó mientras el ave gorjeaba frente a Parvati y Lavender:

Ron:

No sabemos si te conformarás con nuestra respuesta a tu carta, pero más te vale no protestar porque podríamos haber pasado olímpicamente de Pig y mandarlo de vuelta a Hogwarts.

Mamá y papá no están en la Madriguera (has tenido suerte de que hayamos pasado por aquí porque a Pig ha estado a punto de darle un colapso después del viaje). Por lo que creemos, andan metidos en alguna misión importante de la Orden (puede que Tonks esté con ellos).

Da saludos a Harry y Hermione de nuestra parte y un beso para Ginny (pero no esperes otro para ti).

Fred & George.

-Bueno, Hermione, pues tenías razón, no hemos sacado nada en claro con esto–dijo Ron cuando terminó de leerles la carta en voz alta a Harry y Hermione.

-Sí, bueno, pero según tus hermanos es posible que Tonks esté en alguna misión importante...

-Sí –contestó Ron volviendo a leer el corto mensaje, frunciendo el ceño-. ¿Eso no implicaría que mi madre también está allí? Me parece extraño que mi madre... –la expresión de Ron cambió muy levemente, pero Harry no pudo dejar de percibir que estaba preocupado.

-Puede que todavía no se hayan trasladado a la Madriguera –contestó Hermione encogiéndose de hombros-. Sólo hace dos días que nos fuimos de Grimmauld Place.

-No lo sé... –comentó Harry-. El día que volvimos a Hogwarts, tu madre dijo que en cuanto nos fuésemos prepararían sus cosas para volver a la Madriguera.

Sin embargo, mientras se levantaban para acudir al aula de Transformaciones, Ron iba releyendo una y otra vez la carta de los gemelos, como si tratara de dilucidar algo que sólo él sabía.

-Me sigue pareciendo muy raro que mis padres hayan tenido que ausentarse de la Madriguera durante más de una jornada...

Pero no pudieron continuar comentándolo, porque la profesora McGonagall entró en el aula y terminaron la conversación.

Después del recreo, Harry y Ron fueron a clase de Herbología, donde plantaron unas flores del aspecto de unos zapatos viejos que olían muy mal, y que según la profesora Sprout servían para alejar a los gnomos de las plantas de jardín.

-Pues casi prefiero que haya gnomos antes de plantar estas horribles plantas en mi jardín –dijo Ron, lo que le acarreó una severa mirada de la profesora Sprout.

Como la siguiente clase era Defensa Contra las Artes Oscuras, al salir de los invernaderos, Harry, Ron y Hermione decidieron ir a hacerle una visita a Hagrid, pero tuvieron que dar media vuelta al ver que los de tercero se dirigían también hacia allí con sus volúmenes de El monstruoso libro de los monstruos bajo el brazo. Hermione abrió la boca para sugerirle a Ron que comenzasen con el trabajo de Historia de la Magia, pero cambió la pregunta en el último momento al ver un fantasma adentrarse en el Bosque Prohibido.

-¿No es ese el profesor Binns?

-¿Dónde? –preguntaron Harry y Ron sorprendidos de que el fantasma del profesor hubiese salido del castillo.

-Ahí, junto a aquellos arbustos –señaló Hermione-. Ya es tarde, se ha adentrado en el bosque y no se le ve.

-Hermione, ¿estás segura que has visto a Binns entrar en el Bosque Prohibido? –preguntó Harry con el tono que emplearía para señalar que la chica estaba loca.

-Por supuesto –se defendió ella-. Sé que es raro... pero os aseguro que es lo que he visto –se volvió hacia Ron-: Y hablando de Binns, ¿no crees que deberíamos…?

-Tienes toda la razón, deberíamos preguntar si no necesitas gafas, porque ¿qué iba a hacer Binns fuera del castillo? –la eludió hábilmente Ron, sabiendo lo que le iba a decir. Hermione arrugó la nariz pero se abstuvo de hacer comentarios.

Hablando sobre las razones que tendría el fantasma para abandonar el castillo, llegaron a la sala común, pero poco después Harry tuvo que volver a salir para asistir a su primera clase de Oclumancia tras las vacaciones.

El profesor Snape estaba en su despacho, sentado tras la mesa como siempre. Tras pasar varios minutos resistiéndose al hechizo lanzado por el profesor, finalmente Harry no pudo evitarlo y Snape invadió su mente.

-Debes resistirte más, Potter –aconsejó Snape con su tono de menosprecio.

-Sólo he fallado una vez hoy –contestó Harry levantándose del suelo.

-Puede ser esa única vez la que el Señor Tenebroso utilice para adentrarse en tu mente, Potter.

Pero al terminar la sesión incluso Snape tuvo que admitir que Harry iba mejorando, lo que llenó al chico de satisfacción, no por el hecho de que le dijesen que lo hacia mejor, sino porque fuera Snape quien lo admitiera.

Se encontró con sus amigos en el Gran Comedor y Hermione hizo notar que Dumbledore no estaba en la mesa de profesores.

-Eso refuerza la teoría de que hay una reunión en Grimmauld Place –añadió para con los ojos entrecerrados, mientras intentaba atar cabos inutilmente.

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Los alumnos continuaban disponiendo del tiempo libre de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, hasta que finalmente, en el recreo del viernes, vieron a Tonks bajar del autobús noctámbulo desde la ventana de la sala común de Gryffindor, ya que no habían salido a los terrenos a causa de la nevada que hacía que la metamorfomaga avanzase con dificultad hacia el castillo.

-Qué pena –comentó Colin Creevey-, podía haber estado fuera un día más y ahorrarnos así la clase de esta tarde.

Harry, Ron y Hermione tenían ganas de hablar con Tonks, pero debían dirigirse a sus respectivas clases y no tuvieron otra opción que dejarlo para más tarde.

En la mazmorra donde se impartían las clases de Pociones, los alumnos exhalaban vaho mientras se frotaban las manos junto al fuego de los calderos. La nota que Harry había obtenido por su poción licuadora fue un seis, que era la mejor nota que Snape le había puesto nunca e imaginó el esfuerzo que tuvo que suponer para el profesor el admitir que, por una vez, no había sido un desastre. La poción solidificadora que debían preparar en esa clase debía quedarse todo el fin de semana reposando y era más difícil que la licuadora, por lo que Harry consiguió un engrudo amarillento en vez del líquido espeso color crema que debía ser. Harry salió de la clase esperando un cero.

En la hora de la comida, Tonks no estaba en la mesa de los profesores, y corría el rumor de que se encontraba en la enfermería a causa del resfriado que había pescado al atravesar los terrenos en medio de la ventisca.

El tiempo era tan malo que la clase de Cuidado de Criaturas mágicas tuvo que darse en el castillo, en un aula vacía. Hagrid había llevado varias crías de cangrejos de fuego, que recordaron a todos a los escregutos de cuarto curso. Lo bueno de la clase fue que no pasaron frío a causa de las ráfagas de ascuas que lanzaban los cangrejos.

Tras terminar la clase, Harry y Ron se reunieron con Hermione. La sala común de Gryffindor estaba abarrotada de gente. Aquel iba a ser un fin de semana ajetreado porque las Navidades acababan de terminar y los alumnos volvían a encontrarse saturados de trabajo. Harry, Ron y Hermione ocupaban dos mesas en un rincón de la sala común, donde tenían extendidos al menos cinco pergaminos. Harry había buscado a los componentes del equipo de quidditch de Gryffindor para decirles que se suspendería el entrenamiento a causa de la nevada.

Mientras Hermione estaba sumida en una complicada tabla de numerología para la clase de Aritmancia, Harry peleaba con su tarea de Pociones; trataba de terminar el trabajo adicional que el condenado de Snape, como Harry solía llamarlo, le había impuesto como castigo por haber derramado un poco del engrudo que debía ser su poción solidificadora y haber hecho que apareciese una enorme abrasión en el suelo de la mazmorra. Ron, por otro lado, estudiaba Herbología.

Un par de horas después, la profesora McGonagall apareció en la sala. Harry se alarmó, puesto que en raras ocasiones se la había visto allí, salvo para comunicar algo realmente grave. Sin embargo, la profesora no hizo ningún anuncio. Escrutó la sala hasta que dio con Ron, Harry y Hermione, y se dirigió a ellos.

-Buenas tardes, chicos –su semblante no era severo, pero mantenía los labios cerrados con firmeza-. Ron, debes ir al despacho del profesor Dumbledore –Harry aún se extrañó más, ¿desde cuando la profesora McGonagall llamaba a sus alumnos por su nombre de pila?-. Sabes dónde se encuentra el despacho, ¿verdad?

Ron asintió levemente, algo confundido.

-Bien, la contraseña es Diablillos de pimienta.

Ron se levantó del sillón con paso inseguro.

-¿Y tu hermana Ginny? Ella también debe acompañarte –dijo de pronto la profesora.

Ron se encogió de hombros, pero una sombra de preocupación le hizo fruncir el ceño.

-No ha aparecido por aquí en toda la tarde –contestó Harry.

La profesora McGonagall parecía contrariada

-He mirado por todo el colegio antes de venir hasta aquí y no creo que haya salido afuera con este tiempo. Bueno, en cualquier caso, Ron, ve al despacho del profesor Dumbledore. El director no puede esperar, debe partir sin demora –concluyó la profesora McGonagall.

Sin relajar la expresión, Ron se dirigió hacia el retrato de la Señora Gorda y desapareció tras él.

La profesora McGonagall lo vio marcharse y su mirada quedó fija en el hueco del retrato.

Finalmente, Hermione se atrevió a preguntar lo que les rondaba por la mente desde hacía días, debido a la ausencia de Tonks.

-Profesora, ¿ha pasado algo? ¿Algo relacionado con la Orden?

Poco a poco, aquella mujer de rostro severo que Harry creía conocer tan bien, giró sobre sus talones y los miró de una manera casi maternal, llena de tristeza. La preocupación que surcaba su rostro hacía que pareciera aún más mayor. Harry no dejaba de asombrarse. La profesora McGonagall no parecía la misma.

-Ha pasado algo terrible, Hermione –empezó-. Es... son malas noticias... Es acerca de Charlie Weasley.

Harry hundió los dedos en los reposabrazos del sillón y esperó una respuesta, expectante.

-Charlie... Él... ha sido asesinado.

Fue como si la habitación se quedara sin aire. Hermione, que se encontraba de pie junto a Harry, abrió y cerró la boca sin emitir nada más que un balbuceo incrédulo para después dejarse caer en el sillón.

Harry no podía creer lo que acababa de escuchar. Charlie muerto... el hermano mayor de su mejor amigo, muerto...

Desde el sillón contiguo, un sollozo ahogado le hizo girar la cabeza para descubrir a su amiga tapándose la boca con la mano y con los ojos desorbitados por el horror.

Nadie en la sala común se había percatado de la situación.

-Parece ser que los mortífagos estaban al tanto de su misión para la Orden y tras seguirle el rastro, lo ma... mataron –continuó la profesora con debilidad-. Debíamos recibir su informe durante las Navidades y al no ser así, nos inquietamos. Intentamos localizarlo en Rumania, pero fue imposible, hasta que... Aún no tenemos todos los detalles, el profesor Dumbledore viajará a Rumania y se encontrará allí con Arthur y Molly. No han podido siquiera venir a Hogwarts, han tenido que partir sin demora. Albus estará poniendo al corriente a Ron –susurró. Tras una pausa, la profesora McGonagall acarició la cabeza de Hermione durante un segundo y se fue en silencio.

Harry levantó la vista de su regazo y miró directamente a los ojos de Hermione, Aún caían lágrimas silenciosas por sus mejillas. La muchacha se levantó del sillón y se acercó a Harry. Éste la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza. Harry hundió el rostro en la espesa cabellera de su amiga. Era capaz de oír sus amortiguados sollozos. No podía ser real... aquello no podía estar pasando. Era como si alguien hubiese jugado con el destino y hubiese movido las piezas erróneas; no podía existir una realidad en la que Charlie hubiera muerto... Simplemente no podía ser... La guerra había comenzado y una vez más Voldemort había acabado con la vida de alguien cercano a él, el hermano mayor de su mejor amigo, el hermano de Ginny... Ginny... El gran peso que Harry tenía en el estómago parecía haber aumentado. Ella ni siquiera lo sabía aún.

Lentamente, Harry y Hermione se separaron. La chica se secó las lágrimas con la manga de la camisa para evitar que las pocas personas que había en la sala común se percataran de lo sucedido. Ambos tomaron asiento y permanecieron en silencio durante largo rato, pero Ron no entró por el retrato.

-No puedo creerlo... –susurró Hermione-. ¿Cómo es posible que haya ocurrido algo así? Ha sido tan repentino...

-Te equivocas –la interrumpió Harry-. Cuando pasamos las Navidades en Grimmauld Place, Ron y yo escuchamos por casualidad que la Orden no tenía noticias de Charlie desde hacía tiempo, pero... –Harry miró a Hermione. La muchacha lo observaba con ojos desorbitados-. Dijeron que no significaba nada malo, que no era la primera vez que algo así ocurría. La madre de Ron nos pidió que no dijésemos nada porque ni Fred, ni George ni Ginny sabían nada al respecto. Supongo que Bill sí lo sabría...

De pronto, alguien bajó rápidamente por las escaleras que conducían al dormitorio de los chicos. Era Ginny. Al ver a Harry y Hermione, se acercó a ellos:

-¡Hola! –saludó con una sonrisa. Había quedado patente que no sabía nada acerca de lo ocurrido-. ¿Y Ron?

-Ha salido a tomar el aire. Hacer la tarea de Sprout le asfixia –mintió Harry presuroso, señalando el extenso trabajo de Herbología de Ron sobre las plantas acuáticas y sus funciones.

-¿A qué vienen esas caras? –preguntó Ginny escrutando a sus amigos-. Parece que vais a un funeral.

A Harry la sangre le bajó a los pies. La cara le ardía de calor, aunque sabía que estaba pálido y las manos, frías, le temblaban.

-Ehhh... Pociones –dijo Harry levantando el pergamino de su propia tarea.

-No digas más, lo entiendo. Snape puede llegar a ser realmente odioso.

-¿Dónde te habías metido? –dijo de pronto Harry, recordando que McGonagall no había podido encontrarla y sabiendo por donde había aparecido.

-Estaba con Colin y Holden, en su habitación –dijo como si tal cosa. Harry no supo por qué, pero eso no le hizo ninguna gracia. La miró inquisitivamente-, haciendo un trabajo sobre Historia de la Magia, aquí abajo no quedaba ni una mesa libre –explicó-. Bueno, ya nos veremos –a continuación, subió las escaleras que conducían a los dormitorios de las chicas.

Harry y Hermione intercambiaron una triste mirada. Ambos pensaron lo mismo: no debían ser ellos quienes le dieran la noticia a Ginny.

Poco a poco, la sala común fue vaciándose hasta que sólo quedaron Harry y Hermione. Ron no había llegado aún.

Finalmente, cuando el reloj dio la una, los dos amigos se fueron a sus respectivos dormitorios. "Puede incluso que Ron no aparezca en toda la noche", pensó Harry. Pero no fue así. Harry, a quien le era imposible conciliar el sueño, escuchó entrar a Ron en la habitación. Éste se recostó en la cama sin siquiera desvestirse.

Harry aparentó estar dormido desde un principio. Podía oír con claridad la respiración agitada de su amigo. No sabía qué debía hacer. Él quería que Ron supiera que estaba a su lado para lo que fuera, pero por otro lado, no estaba seguro si en ese momento deseaba estar solo o no.

Harry levantó levemente la cabeza para poder ver qué era lo que hacía Ron. El muchacho se había levantado de su cama de dosel y se había acercado a la ventana, desde donde podía vislumbrarse el lago. Harry recordó cómo se sintió cuando murió Sirius, y tomó una decisión. Se levantó de la cama despacio, sin hacer ruido, y se acercó a Ron, quien no parecía haberse percatado de nada. Harry colocó su mano sobre el hombro de su amigo y lo apretó en un signo de comprensión. Ron se giró y miró a Harry con fijeza. Sus ojos estaban hinchados y rojos.

Ron no dijo absolutamente nada.

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A la mañana siguiente, cuando Harry despertó temprano (apenas había dormido dos horas), se fijó en que la cama de Ron estaba vacía. Se vistió a todo correr y bajó a la sala común. Allí, sentado en un sillón, se encontraba Ron, con la vista fija en la alfombra. Harry se sentó a su lado. Ambos permanecieron largo rato en completo silencio. Hacía poco que había amanecido, por lo que todos sus compañeros aún dormían plácidamente, como si todo siguiera igual...

-Ayer, después de hablar con McGonagall, vimos a Ginny –Harry rompió el silencio-. No has hablado con ella ¿verdad? –Ron, que tenía la vista fija en sus manos, negó con la cabeza.

-Estoy esperando a que baje, o puede que se lo diga después del desayuno –dijo Ron débilmente-. Sí, se lo diré tras el desayuno.

Era sábado, así que los alumnos no debían madrugar. Hermione también bajó antes que nadie a la sala común y allí se encontró con Harry y Ron. Estaba ojerosa. La chica se acercó dubitativa a Ron y le acarició la mejilla con suavidad para después abrazarlo con cariño; abrazo que Ron devolvió con fuerza. Se dejaron caer en uno de los sofás y Hermione se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en el hombro de Ron.

Esperaron a que Ginny bajara, para ir juntos a desayunar, pero no apareció, por lo que los tres amigos se encaminaron solos hacia el Gran Comedor; se hacía tarde.

Tras desayunar, esperaron a Ginny en el comedor, pero tampoco llegó. Finalmente, decidieron ir a buscarla, por lo que salieron al vestíbulo. Fue entonces cuando la vieron, bajando las escaleras de dos en dos.

-¡Ufff! ¡Me he quedado dormida! –dijo Ginny dirigiéndose a Harry, Ron y Hermione-. ¡Hasta luego!

Ginny se disponía a entrar en el comedor, cuando Ron la agarró por un brazo y la detuvo.

-Tenemos que hablar, Ginny –Ron estaba tremendamente serio.

Ginny miró a su hermano mayor con el ceño fruncido.

-¿Tiene que ser ahora? –Ron asintió-. Bueno, ¿y de qué se trata?

-Vayamos afuera –propuso Ron.

Harry y Hermione se quedaron en el vestíbulo. Pudieron ver cómo Ron y Ginny se alejaban por la nevada explanada, sin embargo, no llegaron muy lejos. Las puertas del castillo estaban abiertas, de modo que Harry y Hermione podían ver lo que ocurría fuera.

Los hermanos Weasley estaban frente a frente. Ron agarró a Ginny por los hombros con firmeza mientras decía algo que, obviamente, Harry no era capaz de oír. Ginny escuchaba con atención. Ron calló y bajó la vista al suelo. Ginny lo miraba con una mueca de horror y escepticismo. La muchacha apartó las manos de su hermano y se alejó un par de pasos de él, negando con la cabeza. Ron se acercó a ella y le tendió un pergamino que sacó de su bolsillo. Ginny leyó la carta lentamente mientras unas lágrimas resbalaban desde sus castaños ojos. Furiosa, arrugó la carta y la rompió en mil pedazos mientras mascullaba:

-¡No! ¡No! ¡No...! ¡No es verdad...!

Ginny se mesaba con histerismo el cabello mientras daba pequeños pasos de un lado a otro. Ron se acercó a su hermana y la abrazó de un modo protector mientras susurraba algo en su oído y acariciaba su cabello. Ginny lloraba y se aferraba a Ron con fuerza, como si creyese que si dejaba de hacerlo caería en un abismo.

Harry no pudo soportar el dolor de los hermanos y apartó la vista con una asfixiante sensación ardorosa en la garganta. Hermione se apresuró a cerrar las puertas de la entrada principal del castillo, Ron y Ginny necesitaban estar a solas. El desayuno había concluido y los rezagados ya salían del Gran Comedor.

Al poco rato, Ginny y Ron entraron al vestíbulo, justo a tiempo, puesto que un grupo de alumnos de segundo de Ravenclaw se disponían a salir hacia la explanada. Ginny temblaba ligeramente y aunque ya no lloraba, tenía los ojos llorosos e hinchados. Ron la rodeaba con un brazo para tratar de calmarla. En ese momento, los últimos alumnos salieron del Gran Comedor. Se trataba de un grupo de Slytherin, la pandilla liderada por Draco Malfoy. El Slytherin rubio se fijó en Ginny y sus ojos se detuvieron en los de ella. Una sonrisa despectiva asomó a su pálido rostro.

-Vaya, vaya, mirad que concurrido está el pasillo esta mañana –la voz de Draco sonaba maliciosa-. Parece que Filch ha olvidado sacar la basura. Aquí tenemos a la sangre sucia, el cabeza rajada, el pobretón y la novia de Potter –dijo esto último con una sonrisa burlona dirigiéndose a Ginny. Se fijó en una lágrima que pendía de las pestañas de la chica-. ¿Qué pasa? ¿Es que Potter te ha plantado? –los amigos de Draco rieron la gracia.

A continuación, surgió un gran revuelo. Por un lado, Ron dio un paso adelante, dispuesto a romperle la cara a Malfoy, sin embargo, Hermione alargó un brazo y lo detuvo justo a tiempo mientras susurraba algo como "Salgamos fuera". No obstante, nadie retenía a Harry, aunque Ginny intentó asirle por la manga del suéter. A Malfoy le pilló por sorpresa que Harry se abalanzara sobre él y lo agarrara por el cuello de la camisa, estampándolo contra la pared. Sus caras estaban a un palmo de distancia; los ojos de Harry desprendían un odio intenso.

-No vuelvas a acercarte a Ginny –dijo Harry apretando los dientes con fuerza.

Crabbe y Goyle estaban tan sorprendidos que no hicieron nada por detener a Harry, que se contuvo de darle su merecido a aquel cretino, aunque sólo fuera porque no le parecía adecuado montar un espectáculo en aquella situación. Malfoy se lo había buscado. Mientras tanto, algunos curiosos se habían acercado para descubrir lo que ocurría.

Poco a poco, Harry soltó a Draco y respiró profundamente para tranquilizarse.

Ginny agarró a Harry de la mano y tiró de él hacia atrás, con la intención de poner distancia de por medio entre los dos chicos.

-¡Viene Hooch! –gritó alguien.

La horda de curiosos se dispersó y el grupo de los Slytherin bajó en dirección a las mazmorras. La respiración de Harry era agitada. Estaba más que harto de la actitud de Malfoy y se prometió así mismo no aguantar ni uno más de sus comentarios. Ginny ya había tenido suficiente por el momento, y no necesitaba que un idiota como Malfoy empeorara las cosas.

-Harry, no debiste hacer eso. Podrías meterte en problemas –dijo Ginny con una voz profunda que no parecía la suya.

Harry giró la cabeza en dirección a la chica, se veía tan vulnerable y frágil... No pudo más que pensar en mitigar su dolor de alguna manera. Lentamente, alzó la mano y secó una lágrima que caía por la mejilla de Ginny. Acarició con dulzura el rostro de la chica durante un tiempo. Ambos se miraron fijamente a los ojos. Harry ni siquiera recordaba que Ron y Hermione estaban allí, hasta que de pronto cayó en la cuenta de dónde se encontraba y apartó la mano del rostro de Ginny.

-Tal vez... deberíamos... subir a la sala común –propuso Hermione, insegura.

Ron asintió casi imperceptiblemente y rodeando a su hermana con un brazo, se dirigió hacia la sala común. Tras ellos, a cierta distancia, caminaban Harry y Hermione, que se sentían fuera de lugar en aquella situación. Después de que Hermione le diera la contraseña correcta a la Señora Gorda, los cuatro amigos pasaron a la sala, en la que no había un solo alumno; lo más probable era que aún se encontraran en el Gran Comedor o quizá incluso disfrutando de un paseo alrededor del lago.

Ginny se soltó del abrazo que su hermano ejercía sobre ella y se acercó a la chimenea en la que ardía un fuego. Apoyó una mano sobre la repisa de la chimenea y miró intensamente las llamas mientras unas lágrimas silenciosas cruzaban sus mejillas. Hermione se derrumbó en una butaca y cerró los ojos, como si de ese modo todo fuera más llevadero. Harry no sabía qué hacer, o qué decir, ni dónde meter las manos o qué postura mantener. Todo resultaba tan irreal... que casi daba la impresión de encontrarse en un mal sueño. Se hallaba de pie, y minutos antes Ron había estado a su lado; sin embargo, ahora el pelirrojo había ocupado un sitio junto a Ginny.

-Aún no puedo creerlo, es como si... –susurró Ginny de pronto, y su voz tembló ligeramente-. Recuerdo la última vez que lo vimos y... y... –de repente apartó de su camino a Ron y subió velozmente las escaleras que conducían a los dormitorios de las chicas.

Instintivamente, Ron la siguió, pero se detuvo con brusquedad a los pies de las escaleras que Ginny acababa de recorrer: a los chicos se les tenía prohibida la entrada a los dormitorios de las chicas y a Ron le resultaría imposible subir aquellas escaleras, ya que sabía perfectamente que se convertirían en un tobogán a su paso.

-Quizá... necesite estar sola –dijo Hermione.

Ron giró sobre sus talones y tomó asiento en uno de los muchos sillones que decoraban la sala común. El chico hundió el rostro entre las manos y Harry y Hermione cruzaron una triste mirada.

-¿Qué es lo que voy a hacer? –preguntó de pronto Ron mirando a sus amigos-. ¿Qué es lo que se supone que debo hacer? –parecía desesperado, o hundido, o simplemente ambas cosas. Y tal vez sus preguntas se referían a Ginny, pensó Harry, o tal vez no.

-Voy a ver cómo está Ginny –dijo Hermione poniéndose en pie, decidida.

Pero Ginny no volvió a salir de su dormitorio en todo el día, ni siquiera a la hora de la comida o la cena. No obstante, Hermione se ocupó de subir comida a su dormitorio. De modo que Ron no tuvo oportunidad de ver a Ginny a lo largo de aquel día.

Sin embargo, el domingo Hermione logró convencer a Ginny de que abandonara su habitación, ya que tras el desayuno en el Gran Comedor, Harry y Ron se encontraron con ella en la sala común. No tenía buen aspecto y no parecía la misma de siempre, aunque aquello no fue algo que extrañara a sus amigos. Y fue entonces cuando Harry supo con certeza que nunca nada volvería a ser igual, que aquel terrible suceso había marcado un antes y un después.

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Era como si el tiempo, los días, pasasen despacio, muy despacio. Tal vez lo más duro fue el hecho de enfrentarse el lunes por la mañana a las clases, a la rutina, como si nada hubiese cambiado, como si todo siguiese igual. O el hecho de fingir que no había nada más que hacer que asistir a las clases, los entrenamientos y terminar las tareas pendientes. Era difícil ver como todo el mundo en el castillo llevaba una vida normal y no parecían tener nada de lo que preocuparse, mientras para Ginny y Ron todo resultaba tan distinto y duro.

Una mañana, cuando se encontraban en el comedor, la habitual bandada de lechuzas llegó hasta cada mesa portando el correo de los alumnos. Errol cayó bruscamente sobre una bandeja de fruta, delante de Ron, que levantó la mirada de sus gachas de avena. Sin mediar palabra, cogió la carta del pico de Errol, mientras la lechuza se sobreponía del golpe y picoteaba la bandeja de fruta. El chico leyó el pergamino atentamente y lo introdujo en el bolsillo de su túnica cuando terminó.

-Es de mi madre –dijo el pelirrojo escuetamente-. Quiere que vayamos a la Madriguera.

-¿Vayamos? –preguntó Hermione desconcertada.

-Sí, vayamos –contestó Ron, que no parecía querer hablar de ello. Daba la impresión de que la carta lo había molestado, o tal vez se debiera a otro motivo.

Fuera como fuese, la señora Weasley había expresado sus deseos de que Hermione y Harry se reunieran con la familia. A lo largo de todos aquellos años en los que Harry, Hermione y Ron se conocían, la relación con la familia Weasley había sido muy estrecha, sobre todo para Harry, quien había pasado prácticamente a ser alguien muy allegado a la familia.

-¿Cómo llegaremos hasta la Madriguera? –preguntó Hermione cuando salían del Gran Comedor para ir a clase de Encantamientos aquel viernes por la mañana.

-En la carta no se mencionaba nada sobre eso –respondió secamente Ron.

Definitivamente, Harry y Hermione no estaban muy seguros de volver a entablar conversación con su amigo, dado su extraño comportamiento. Así que la clase con el profesor Flitwick transcurrió en total silencio, mientras copiaban del encerado las instrucciones necesarias para hechizar objetos pesados. Sin embargo, cuando el timbre que anunciaba el final de la clase sonó, mientras el profesor Flitwick salía del aula junto al resto de los alumnos, la profesora McGonagall entro en la clase. Se acercó al lugar que ocupaban los tres amigos y esperó a que el resto de los alumnos hubieran abandonado el aula:

-Señor Weasley, ¿ha recibido alguna carta de su madre hoy? –preguntó la profesora, cuyo rostro parecía cansado.

-Sí, últimamente unas cuantas –todos los presentes percibieron el sarcasmo de aquel comentario.

-Bien, entonces deben dirigirse sin demora a sus dormitorios para hacer el equipaje –explicó.

-¿Ahora? –preguntó Hermione, sorprendida.

-Así es, señorita Granger. Quedarán exentos de las clases hasta su regreso. Cuando hayan terminado de preparar todo cuanto necesiten, diríjanse a mi despacho. Viajarán mediante los polvos flu –dijo la profesora.

-¿Qué hay de mi hermana? –preguntó Ron.

-Ya está al corriente de todo –dijo simplemente la profesora, antes de dar media vuelta y dirigirse hacia la salida. Sin embargo, antes de abandonar el aula giró sobre sus pies y puntualizó-: No lo olviden: reúnanse lo antes posible en mi despacho.

De modo que Harry, Ron y Hermione recogieron de sus respectivos dormitorios lo necesario para pasar unos pocos días en la Madriguera y tras esperar a Ginny en la sala común, los cuatro amigos se encaminaron al despacho de la profesora McGonagall.

Cuando llegaron frente a la puerta del estudio, fue Harry quien tocó suavemente con los nudillos, esperando una respuesta.

-Adelante –dijo una voz desde el interior.

La profesora se puso en pie tras su escritorio a la vez que Harry, Ron, Hermione y Ginny cruzaban el umbral de la puerta. Sobre su mesa se esparcían gran cantidad de pergaminos: al parecer, la profesora McGonagall había estado corrigiendo las últimas redacciones de Transformaciones que había exigido un par de días atrás.

-Bien, ya tienen todo listo –afirmó, observando las mochilas que los cuatro llevaban a sus espaldas. Dio media vuelta, se aproximó a la chimenea que había junto al escritorio y se situó a un lado, dejando paso a sus alumnos. Cogió una pequeña bolsita de cuero que había sobre la repisa de la chimenea de piedra y se la ofreció a los cuatro amigos, que se habían acercado hasta allí-. Ya saben como funcionan los polvos flu, ¿verdad?

-Sí –contestó Harry en nombre de todos.

Sin esperar un segundo más, la profesora alargó la bolsita hacia Ginny, pero ésta parecía reticente a aceptarla, ya que se movió incómoda en su sitio y trató de evitar la mirada de Ron. Fue entonces cuando Harry comprendió que Ginny no quería aparecer en la Madriguera en primer lugar, no quería ser ella la primera en encontrarse con sus padres. Ron, decidido, asió la bolsita que la profesora McGonagall aún sostenía en el aire y cogió un puñado de polvos flu del interior. A continuación, se introdujo en la chimenea, sujetando los polvos flu con fuerza entre sus dedos, y se preparó para lo que tantas veces antes había hecho, aunque en aquella ocasión pareciese que el viaje a través de la chimenea no traería nada bueno al otro lado.

-¡A la Madriguera! –gritó Ron con voz clara antes de desaparecer entre unas grandes llamaradas.

Ginny fue la siguiente en abandonar la estancia, seguida por Hermione. Por último, Harry cogió un puñado de polvos flu y lo último que vio antes de dejar Hogwarts, fue a la profesora McGonagall observarlo desde su posición inicial con un leve brillo de tristeza en sus oscuros ojos.


Y hasta aquí hemos llegado por hoy!

Os ha gustado? Sí? No? Esperabais lo de Charlie? Pues dejadnos un review para saberlo! Vuestros comentarios siempre animan!

Próximos capítulo: "Explicaciones y trabajos pendientes", en el que los Weasley se reunirán etc etc...

Respuestas a los reviews:

Lordaeglos: jejeje, nos encantan todas tus hipótesis... aunque como comprenderás no podemos responderte nada sobre si había alguien o no y si es así quien era... Sólo decirte que nos alegra haberte dado qué pensar! Respecto a Harry y Ginny... ya se sabe que este chico es bastante... ¿cómo decirlo? bastante lento en estos asuntos, déjale que se tome su tiempo y vaya despacio y con buena letra. Esperamos que te haya gustado este cápítulo (como has podido comprobar, acertaste con lo de Charlie) y que nos sigas dando tu opinión sobre la historia. Besos!

aYdE mDrJgI: Ya vemos que tienes mucha prisa por ver a estos dos juntos (nosotras también), y como adelanto, decirte que si recuerdas, queda por ahí un trabajo de Historia de la Magia pendiente y que algún día tendrán que hacer... Esperamos tu opinión sobre este cap! Hasta el proximo cap!

Minerva: Bueno, antes que nada, decirte que nos ha sorprendido lo rápido que te has leido toda la historia, y que esperamos que aunque ahora tengas que esperar las actualizaciones, sigas leyéndola. sobre lo que comentabas de la capa invisible... ¿quién sabe? Ya se verá en proximos capítulos. Sentimos haberte hecho esperar para este cap y esperamos seguir leyendo tus opiniones. Besos!

Trinity, Ibi y Tridjia