Hola!!! Ya estamos de vuelta, y sabemos que hemos tardado algo más de una semana, pero no hemos podido subirlo antes, porque hemos tenido que hacer varios cambios de última hora.

Disclaimer: nada es nuestro, todo de JKR


16

Explicaciones y trabajos pendientes

Harry recordaría aquellos días como los más tristes que había pasado en La Madriguera. Todas sus estancias en aquella casa habían sido felices y entretenidas, Harry había vivido allí los únicos momentos familiares de su vida.

Cuando llegaron aquella mañana a la Madriguera desde Hogwarts, los señores Weasley aún no habían vuelto de Rumania, y en su lugar se encontraron con todos los hermanos Weasley, Remus Lupin, Tonks, Moody y dos jóvenes pelirrojos que Harry no había visto nunca antes, por lo que supuso que formarían parte de la familia.

A la hora de la comida todos se reunieron en torno a la mesa, y Harry supo que aquella no estaba siendo una situación cómoda para nadie. Ginny apenas probó bocado y subió a su habitación directamente tras musitar una breve disculpa, al igual que los gemelos. El resto permaneció en la sala de estar, aunque Harry tenía la sensación de que les hubiese gustado poder escapar del asfixiante ambiente del salón, que daba el aspecto de ser aún más pequeño.

Los dos pelirrojos que Harry no conocía resultaron ser dos de los primos de Ron. Al parecer, el resto de la familia llegarían un par de días después para el funeral de Charlie y se alojarían en el hotel del pueblo.

Esa misma noche, los señores Weasley llegaron por la Red Flu hasta la Madriguera. Harry creía no haber sentido tanta angustia como cuando vio a la señora Weasley abrazando a todos y cada uno de sus hijos.

Pero nada de lo que había sentido hasta el momento podía compararse con el desaliento que experimentó la mañana del funeral.

El tiempo parecía acompañar el estado de ánimo de todos. Aunque había dejado de nevar, el frío se colaba a través de los abrigos y Harry sentía las manos entumecidas dentro de los bolsillos.

Todos los asistentes se reunían frente al panteón familiar de los Weasley: muchos de los integrantes de la Orden, entre los que se encontraba Albus Dumbledore; amigos de Rumania de Charlie y compañeros de Hogwarts; miembros del Ministerio a los que Arthur conocía; el señor Lovegood acompañado de Luna; Augusta Longbottom y su nieto Neville; y otros muchos magos, además de toda la familia Weasley al completo.

Harry observaba absorto el escudo que ornamentaba el panteón mientras las conversaciones se sucedían a su alrededor, sin que él prestase atención alguna. Un poco más allá, vio a Fleur, que acariciaba con dulzura el brazo de Bill, y a Neville y Ginny, que intercambiaban unas palabras.

Cuando dos horas después Harry estaba de regreso a la Madriguera con los Weasley, tenía la extraña sensación de que la mañana había pasado muy rápido, se sentía ausente, como si nada de lo que estaba pasando pudiese estar ocurriendo de verdad. Pero, por desgracia, todo era muy real.

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La hora de la comida del día siguiente fue el único momento durante el cual toda la familia se reunió en la cocina para comer. Apenas se sucedían las conversaciones, sólo algunas frases triviales. Cada miembro de la familia parecía haber asimilado lo ocurrido de un modo diferente.

Los gemelos subieron a su habitación sin haber ingerido prácticamente nada; y Percy les siguió con cierta timidez, pálido y ojeroso. Bill era el que parecía más entero, y después de la comida le propuso a Ginny salir a dar un paseo por el jardín.

Parecía que Ron estaba esperando aquello, porque cuando notó que una puerta del piso superior se cerraba tras los gemelos y cuando vio que Ginny estaba fuera de la casa con su hermano mayor, miró a los ojos a su madre y a su padre, alternativamente. Daba la sensación de que quería decir algo importante y no encontraba el modo de hacerlo. En el comedor sólo estaban Harry y Hermione, además de él y sus padres.

-Sentimos que no hayáis podido venir aquí antes –murmuró la señora Weasley. Su voz sonaba a disculpa.

-¿Desde cuando lo sabíais? –preguntó Ron sin poder evitar un deje de aspereza.

-Desde cuando sabíamos ¿qué? –preguntó a su vez su madre retorciendo el bajo del delantal entre sus manos.

-¿Desde cuando sabíais que Charlie estaba…? –las palabras murieron en su boca cuando se percató de que a su madre le temblaba la barbilla.

-Al día siguiente de que volvierais a Hogwarts –contestó el señor Weasley.

Ron asintió con la cabeza, en silencio, recapacitando.

-Y entonces –parecía que quería controlar la voz-¿por qué esperasteis tanto para contárnoslo?

-Cariño, no queríamos preocuparos –susurró la señora Weasley.

-¡Yo ya estaba preocupado! –soltó el muchacho con rabia.

-Ron... –el tono de voz de su padre denotaba advertencia.

En aquel momento, Harry ya estaba seguro de que no debería estar allí. Sintió que una mano se apoyaba en su brazo y al girarse se encontró con los ojos de Hermione. Las señas que la chica le hacía para que abandonaran la cocina no eran necesarias y Harry pudo ver en el rostro de su amiga la misma sensación de incomodidad que él mismo sentía.

Mientras subían las escaleras hacia la habitación de Ron, siguiendo el mismo camino que acababan de recorrer Fred y George unos instantes antes, las voces les llegaban con claridad desde la cocina:

-¡No! Sabíais lo que pasaba y no nos lo contasteis. ¡No tuvimos ninguna noticia hasta que de repente Dumbledore me dice que mi hermano está muerto¿Có…cómo pudisteis dejar que nos lo dijera sin estar vosotros presentes¿Cómo pudisteis cargarme con el peso de tener que contárselo a Ginny? Ella os necesitaba. ¡Yo os necesitaba! Y no estabais allí –Harry apenas reconocía la voz llena de amargura y dolor de su amigo. Tampoco habría esperado nunca oír aquellas palabras de su boca.

Al lado de Harry, Hermione soltó un gemido:

-Tú y yo no deberíamos estar aquí –dijo mientras abría la puerta del dormitorio de Ron y los dos entraban.

Una vez dentro de la habitación, Hermione se sentó en la silla que había frente al escritorio y se quedó abstraída mirando la pecera que había en el alfeizar, en la que una rana estaba muy quieta sobre una piedra.

Harry se dejó caer en la cama supletoria que habían desplegado para él y miró los posters naranjas que adornaban las paredes de la habitación.

Desde la cocina no se oía nada en absoluto, pero en toda la casa reinaba un silencio tenso. Harry sabía que todos los Weasley, excepto Bill y Ginny, estaban en la casa y sin embargo, no se oía ni un susurro. Ni siquiera el espíritu de la casa hacía ruido.

Súbitamente, se escuchó un portazo, que pareció más estruendoso de lo que había sido en realidad. Hermione se asomó a la ventana:

-Ron se va –murmuró.

Harry se acercó a su amiga y vio que Ron se alejaba por el jardín. Un pequeño gnomo se le aproximó por la espalda pegando grititos guturales. El pelirrojo lo ignoró, pero cuando el gnomo se le agarró a la pierna como un koala, el muchacho se lo sacudió de encima con violencia. Finalmente, alcanzó la verja del jardín y, de un salto, pasó al otro lado y continuó alejándose, bajando la colina hasta que le perdieron de vista.

-¿Adónde crees que va? –preguntó Harry, preocupado.

-No lo sé, pero está claro que quiere estar solo.

Los dos amigos se miraron en silencio y después Harry volvió a tumbarse en su cama.

-Da la sensación de que esto se nos está escapando de las manos.

-¿A qué te refieres? –inquirió Hermione sentándose en el suelo, al lado de la cama.

-Pues a que Voldemort se está aproximando demasiado al entorno más cercano a... –Harry se paró en seco. Había estado a punto de decir "al entorno más cercano a mí". Daba la sensación de que su enemigo estaba empeñado en hacerle daño a las personas que él quería.

-¿Al entorno de quién?

-Al entorno de la Orden –se corrigió con desgana.

-Es tan injusto. Esto va a afectar mucho a toda la familia –susurró Hermione al cabo de unos minutos.

Harry estaba de acuerdo con ella, pero no comentó nada. Le parecía que todo aquello ocurría por su culpa, que el hecho de que Ron le hubiera conocido en primero y que hubieran sido amigos desde entonces no les había causado a los Weasley nada más que desgracias. Le vino a la mente cuando la serpiente de Voldemort había herido al señor Weasley. Nunca antes había visto a los gemelos, a Ron y a Ginny tan preocupados. Especialmente la reacción de Fred y George. No había sido una situación placentera. Y en aquella ocasión era aún peor. Mucho peor.

Pasó el tiempo, fue oscureciendo y las sombras de la habitación se alargaron. El reloj de la sala de estar acababa de anunciar las nueve y media cuando la puerta se abrió lentamente. Harry y Hermione se volvieron rápidamente y observaron a Ron, que cerró la puerta una vez estuvo dentro de la habitación.

-Siento que hayáis tenido que venir –murmuró a modo de saludo. Harry y Hermione no supieron qué contestar-. Sé que esto no es… agradable.

-No tiene importancia –dijo Hermione con un hilo de voz.

-Si queréis, la cena está servida en la cocina –anunció Ron.

-Tú... –Harry dudó-¿tú no bajas?

Ron negó con la cabeza y, como si nada de aquello fuera con él, les dio la espalda y echó algo de comida en la pecera de su rana.

-Si quieres nos quedamos contigo. No tenemos hambre –propuso Hermione con cautela.

Ron se encogió de hombros, aparentemente impasible.

Harry se dirigió a la puerta, dispuesto a salir de la habitación, aunque tampoco le apetecía bajar a la cocina donde, posiblemente, habría más miembros de la familia Weasley, cuando escuchó la voz de Hermione:

-Ron, ya basta. No puedes continuar así. Ya sé que te sientes…

-No tienes ni idea de cómo me siento porque Voldemort no ha matado a nadie de tu familia, así que cállate –masculló Ron con fiereza.

Sus palabras impactaron a sus dos amigos por el hecho de que hubiera pronunciado por primera vez el nombre de Voldemort y porque hubiera utilizado aquel tono rudo con Hermione, que aún no había reaccionado y que seguía mirando sobrecogida la nuca de Ron.

-No me hables así –musitó asustada-. El hecho de que estés sufriendo no te da derecho a tratarnos de ese modo. ¡No puedes enfadarte con todo el mundo! –en la última frase la voz de la joven había adquirido matices de súplica.

-Puedo enfadarme con quien me dé la ga... –Ron se había vuelto hacia ellos y se calló cuando vio sus expresiones. Pasó la mirada del rostro serio de Harry a la cara triste de Hermione, a la que no le faltaba mucho para echarse a llorar-. Lo siento.

-No lo decías en serio¿verdad? –musitó la chica.

-¿Lo de…?

-…estar enfadado con todos –terminó ella-. Con tu familia. Con nosotros. Con todos.

-Supongo que no... No, no lo estoy. Es sólo que...

Hermione suspiró aliviada y, sin dudarlo, volvió a sentarse en la silla en la que había estado hasta hacía pocos minutos.

-Nos quedaremos aquí, ya has estado demasiado tiempo solo.

Harry no estaba muy de acuerdo con Hermione, sabía por experiencia propia que Ron podía querer estar solo durante bastante tiempo. Sin embargo, el pelirrojo se encogió de hombros. Parecía que, tras los estallidos de rabia que había tenido con sus padres y con Hermione aquella tarde, estaba mucho más sereno, como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Harry también recordaba haber canalizado hacia Dumbledore toda su rabia el año pasado. A veces, gritar un poco ayudaba.

Ya era tarde, pero aún así jugaron un par de partidas de ajedrez mágico y, a decir verdad, Ron estuvo mucho menos brillante de lo que era normal en él. A las once, Hermione se despidió de ellos y se fue a la habitación de Ginny, donde también había una cama sobrante para visitas como aquella.

Harry y Ron se pusieron el pijama y mientras el pelirrojo se cepillaba los dientes en el baño que había en el rellano de las escaleras, Harry escuchó unos repiqueteos en la ventana. Sorprendido, se percató de que Hedwig estaba en el alfeizar, con un sobre atado a la pata.

-¿Qué haces tú aquí? –preguntó el muchacho tras abrir la ventana.

Al quitarle el sobre al ave, reconoció la letra ordenada de Lupin y desplegó apresuradamente la carta, intrigado:

Harry:

El profesor Dumbledore me ha comunicado que os esperan a Hermione y a ti el domingo por la tarde de vuelta en Hogwarts mediante la Red Flu.

Si en cualquier momento necesitas hablar conmigo, sea lo que sea, no dudes en escribirme,

Un abrazo,

R. Lupin

Cuando terminó de leer la carta, unas voces le llegaron desde el rellano:

-Lamento haberte hablado de ese modo antes –susurraba Ron.

-No te preocupes. ¿Ya estás mejor? –preguntó Hermione con suavidad. Harry, que casi se sentía como un espía, no pudo escuchar la respuesta de su amigo, aunque se lo imaginaba moviendo la cabeza afirmativamente-. Bueno, pues entonces, buenas noches.

-Buenas noches, Hermione.

Unos segundos más tarde, Ron entraba en la habitación acariciándose la mejilla derecha y con aspecto sosegado.

-¿Qué te pasa? –indagó Harry, pensando que a su amigo se le escapaba lo más parecido a una sonrisa que había esbozado en los últimos días.

-¿A mí? Nada... –contestó Ron distraídamente. Harry únicamente enarcó las cejas y se ahorró los comentarios.

-Creo que deberías descansar un poco.

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A la mañana siguiente, el señor Weasley y Percy tuvieron que volver al Ministerio. Bill estuvo fuera durante toda la mañana, al igual que Fred. Por primera vez, Harry veía a los gemelos separados. Al mediodía, Lupin llegó a la casa y estuvo reunido con la señora Weasley durante cerca de una hora, mientras Harry, Hermione, Ginny, Ron y George preparaban la comida.

Cuando todos volvieron a reunirse a las dos, daba la sensación de que muchas cosas habían cambiado durante el curso de la mañana: Fred se mostraba ceñudo y tan sólo intercambió unas pocas palabras con George, que tampoco parecía muy contento; Bill parecía agotado y la señora Weasley estuvo hablando en voz baja durante unos minutos con su marido.

-Entonces –empezó Fred cuando todos estuvieron sentados a la mesa-¿qué noticias ha traído Lupin?

Los señores Weasley le miraron fijamente y Bill pareció disgustado.

-Creeme, Fred, no son noticias de las que hablar durante la comida –afirmó con voz pausada el señor Weasley.

-Pero…

-En estos momentos no quiero que volváis a empezar con que queréis entrar en la Orden¿entendido? –la señora Weasley estaba aparentemente muy tranquila, pero ninguno de sus hijos se atrevió a rechistar.

Ninguno… excepto Ron:

-Pues yo quiero luchar contra Voldemort y sus mortífagos ahora más que nunca.

El silencio se adueño del comedor.

Todas las miradas estaban clavadas en el más pequeño de los hermanos varones. Los presentes ni siquiera habían sufrido el habitual estremecimiento que los solía recorrer al oír aquel nombre, demasiado sorprendidos por lo ocurrido.

-Ron, no vuelvas a pronunciar ese nombre –musitó Percy con voz ahogada.

-¿Que no lo pronuncie? Ya va siendo hora de que dejemos esas tonterías a un lado. Uno de los mayores poderes de Voldemort es el miedo que siente la gente hacia él.

-Sí, pero... –Bill intentó meter baza en la conversación.

-Pero nada –soltó Ron con obstinación-. Voldemort no se va a aparecer aquí sólo porque le nombremos. Dumbledore le llama por su nombre, al igual que Harry. Y Hermione también. Y Lupin. Pues… a partir de ahora yo también lo haré.

Nadie dijo nada, pero todos observaban atentamente a Ron. El menor de los hermanos Weasley lanzó una mirada circular desafiante y, al ver que ninguno le contestaba, continuó comiendo sin más.

Antes de bajar la vista hacia su plato, Harry vislumbró los rostros atónitos del señor y la señora Weasley.

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Aquel domingo, al anochecer, Harry y Hermione volvieron a Hogwarts del mismo modo que habían ido a la Madriguera. Tras despedirse de todos los Weasley, los dos amigos llegaron al despacho de McGonagall gracias a los polvos flu. Ron y Ginny se quedarían en la Madriguera unos días más.

En cuanto Harry entró en la sala común, seguido por su amiga y ambos con sendas mochilas al hombro, los Gryffindor que había acomodados por los sofás o tumbados en las alfombras, se quedaron en silencio. Los recién llegados intuyeron que, de algún modo, el rumor de lo ocurrido se había filtrado en Hogwarts. Sin embargo, nadie abrió la boca.

Harry se dirigió a su habitación con rapidez, al tiempo que Hermione hacía lo propio. El chico estaba deshaciendo la mochila, cuando alguien golpeó en la puerta con los nudillos.

-¿Sí?

La puerta se entreabrió. Era Hermione.

-¿Puedo pasar?

-Claro.

La chica se sentó en el borde de la cama de Ron, que estaba al lado de la de Harry.

-Lavender y Parvati me han preguntado por… lo ocurrido, pero no tenía ganas de hablar de ello.

El chico asintió. Para él había sido un verdadero alivio que en la habitación no estuviera ninguno de sus compañeros. Los dos amigos permanecieron en silencio mientras Harry sacaba su pijama recién planchado por la señora Weasley de la mochila y lo colocaba debajo de la almohada. El chico percibió que Hermione se aclaraba la garganta, como si quisiera decir algo sin saber cómo hacerlo. La miró inquisitivamente:

-¿Qué pasa?

Hermione se mordió el labio inferior:

-¿Cómo interpretas tú la reacción de Ron? –Harry la miró sin comprender-. Me refiero a que… bueno, está desafiante.

-Está rabioso –la corrigió Harry.

-Oh, vamos, Harry, ya le oíste: está dispuesto a tomar cartas en el asunto.

-¿Qué quieres decir?

-No lo sé. Es como si él mismo quisiera demostrar que… Lo que quiero decir es que¿cuándo le has oído a Ron nombrar a Voldemort?

-Eso era algo que a la larga iba a ocurrir –dijo Harry encogiéndose de hombros.

-Escúchame –Hermione le interrumpió-. Durante los últimos años, Ron ha vivido situaciones mucho más cercanas a Voldemort de las que han vivido sus hermanos. Él ha estado en situaciones mucho más peligrosas, al igual que Ginny, a pesar de ser los más jóvenes de la familia.

-Si te refieres a que su amistad conmigo no les ha traído nada más que problemas... –detalló Harry con amargura.

-No digas bobadas, Ron nunca ha pensado eso –masculló Hermione cortante.

-Pues sigo sin saber qué quieres decirme.

Hermione perdió la paciencia:

-Harry¿qué es lo que tú sientes cuando piensas en Bellatrix Lestrange¿Qué crees que siente Neville cuando piensa en ella? –el rostro de Harry se contrajo en una mueca indefinida. Hermione hizo un gesto elocuente con las manos-. Exacto. Neville, tú, y ahora Ron también… La diferencia es que Ron ni siquiera sabe hacia quién tiene que canalizar todo ese…

-¿Odio? –sugirió Harry con dureza.

Hermione asintió con la cabeza y, tras un instante de silencio, volvió a hablar:

-Me asusta pensar que seáis capaces de dejaros llevar y de cometer una imprudencia. Y, seamos realistas, aunque no sea justo decirlo, tú te has encontrado en situaciones similares y en cierto modo sabes a lo que te enfrentas. Ron, en cambio, no tiene ni idea. Todo esto le ha caído encima de repente, sin que se lo esperara. Puede reaccionar del modo más inesperado.

Durante los siguientes minutos, en la habitación reinó el silencio. Después, Harry sonrió de soslayo, para decir con tristeza:

-Deberías plantearte dejar de lado la magia y ser psicóloga¿sabes? Pero ponte en nuestro lugar por un momento. ¿Qué harías?

Hermione apartó la mirada.

-No quiero ni imaginármelo. Ya duelen más que suficiente estas pérdidas, no quiero pensar en la de alguien más cercano a mí.

Harry supuso que se refería a su familia, a Ron, a él mismo, a todos los Weasley y al resto de los integrantes de la Orden con los que habían trabado amistad. Sin embargo, no pudieron continuar con la conversación porque en aquel instante Neville entró en el dormitorio. Al percatarse de la presencia de Hermione, el chico cayó en la cuenta de que tal vez había interrumpido algo, pero antes de darle tiempo a disculparse y abandonar la habitación, Hermione dijo:

-Creo que... me voy a la cama, estoy agotada. Nos vemos mañana, Harry.

-Buenas noches –se despidió Harry mientras Hermione salía de la habitación.

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Un par de días más tarde, tras su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Harry y Hermione regresaron a la sala común. Cuál fue su sorpresa cuando al traspasar el hueco del retrato se encontraron con Ron y Ginny.

-¿Cuándo habéis llegado? –preguntó Hermione, abrazando a Ginny.

-Hemos viajado mediante los polvos flu y no hace mucho que aterrizamos en la chimenea de McGonagall –respondió Ron-. ¿Cómo ha ido todo por aquí?

-Como siempre, ya sabes –contestó Harry.

-Será mejor que busque a Khelena y a Holden si quiero ponerme al día con los deberes –anunció Ginny-. Ya he perdido demasiadas clases.

-¡Si necesitas ayuda sólo tienes que decirlo! –gritó Hermione antes de que Ginny cruzara el hueco del retrato.

Cuando se aseguró de que el retrato de la Señora Gorda se había cerrado de nuevo, Harry preguntó a Ron:

-¿Cómo está? –obviamente se refería a Ginny y su amigo lo sabía. Sin embargo, Ron simplemente se encogió de hombros, sin saber exactamente qué podía decir.

-Aún resulta duro hablar de ello, pero... –comenzó Ron-. Supongo que tú lo comprenderás mejor que nadie –dijo observando a Harry-. Ha perdido a un hermano, no creo que por el momento pueda decir que se encuentra bien¿no crees? –comentó con amargura-. Aún nos tiene a Bill, Percy, Fred, George y a mí, pero Charlie era... –Ron caminaba lentamente por la sala común vacía, frente a Harry y Hermione. De repente, paró en seco y miró fijamente a sus amigos-. Y... por otra parte... no sé cómo explicarlo, pero... Ahora que hemos regresado a Hogwarts y mamá y papá no están, siento que debo cuidar de ella, ahora más que nunca, pero... Necesito que sepa que estoy aquí y... –Ron se quedó callado.

-Créeme, Ron, ella lo sabe –dijo Hermione. Ron asintió vigorosamente.

-Y¿tú como estás? –preguntó Harry, temiendo la reacción de Ron.

-Creo que... estaré bien –dijo firmemente el pelirrojo.

Harry supo que a Ron le costaría hacerse a la idea de que Charlie jamás volvería. Él aún creía que, de un momento a otro, Sirius aparecería en Grimmauld Place, o vería su cabeza flotando entre las llamas de la chimenea de la sala común, riendo alegremente. Admitir que Charlie se había ido para no volver sería un proceso difícil. Muy difícil.

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Cuando el jueves Harry y Ron bajaron al Gran Comedor para desayunar, Hermione ya estaba allí. Tenía extendidas a su alrededor unos cuantos libros y pergaminos y mientras la mano izquierda sostenía una taza, en la derecha tenía una pluma con la que escribía en un largo pergamino todavía en blanco.

Los recién llegados se sentaron frente a ella, que no los había visto llegar y pegó un respingo sobresaltada por su presencia.

-¿Qué estas escribiendo? –preguntó Harry a la vez que cogía un cuenco lleno de gachas y empezaba a comer.

-Esto... –Hermione parecía apurada-, sólo es una redacción para Historia de la Magia.

Al oír aquello Ron levantó la vista de su desayuno y la clavó en el pergamino que Hermione escribía sin parar. Sus orejas adquirieron un tono rojizo.

-No será el trabajo para Binns¿verdad? –preguntó en voz baja.

-Bueno...

-Lo había olvidado.

-No te preocupes, no importa. Puedo hacerlo yo –Hermione se mordió incomoda el labio inferior. No había querido recordarle a Ron lo del trabajo antes porque le parecía que no era el momento adecuado. Ella misma lo había olvidado hasta que la noche anterior se le ocurrió mirar su agenda. Pero en aquel momento temía que Ron se sintiera ofendido por haber prescindido de él.

Ron permaneció unos instantes en silencio antes de responder:

-No tienes porqué dar la cara por mí. ¿Te parece que lo terminemos esta tarde en la biblioteca?

Hermione asintió con la cabeza, aliviada de que su amigo no se lo tomara a mal.

Al terminar el desayuno, los tres juntos se dirigieron al aula de Encantamientos. Aquel día en clase del profesor Flitwick no hubo apenas tiempo para las habituales charlas, ya que se dedicaron a copiar la teoría sobre el hechizo multiplicador que el profesor dictaba a sus alumnos, aunque Harry se dio cuenta de que Hermione trataba de adelantar parte del trabajo para Binns sin que Ron pudiera verla. Harry no pudo dejar de notar que a lo largo de las clases Hermione se encontraba muy alterada o incluso inquieta y no paraba de revolver entre sus apuntes, que a juzgar por lo que parecía, tenían toda la pinta de ser de Historia de la Magia.

Cuando finalmente atardeció, tras la clase de Transformaciones, mientras Harry y Ron se dirigían a la sala común, este último para coger algunos pergaminos en los que escribir el extenso trabajo, Hermione fue hacia la biblioteca en busca de un sitio privilegiado junto a la sección de Historia de la Magia. Poco después, Ron dejó a Harry en la sala común terminando sus tareas de Herbología junto a Neville, para encontrarse con Hermione en la biblioteca.

Una vez allí, buscó a Hermione con la mirada. La encontró sola en una mesa con una pila de libros a su lado. Hermione le sonrío cuando le vio acercarse y esperó a que Ron tomara asiento frente a ella antes de explicarle que había logrado reunir todos aquellos libros sobre la magia a finales del siglo XIX.

-Podemos buscar la información que nos parezca más importante y después lo pasaremos a limpio en un pergamino de dos metros, como dijo Binns.

-Dos metros –resopló Ron-. ¿Crees que nos dará tiempo?

-¡Claro! –afirmó Hermione, aunque el chico sospechaba que lo había dicho con demasiado optimismo y que no quería hacerle sentirse culpable.

Pasaron las siguientes horas leyendo libros en busca de algún dato que les sirviera. Cuando ya habían terminado de leer todos los libros que Hermione había encontrado y se disponían a redactar el trabajo sonó la campana que anunciaba la cena.

Ambos se miraron horrorizados, porque el tiempo se les había pasado rapidísimo.

-Bueno, supongo que hoy nos quedamos sin cena –suspiró Ron. En ese mismo momento su estomago se revolvió haciendo ruido, como si quisiera protestar.

Empezaron a redactar el trabajo. Ron le dictaba a Hermione lo que habían decidido incluir y ésta escribía todo lo rápido que podía. Llevaban escrito un metro de pergamino cuando Ron miró a su alrededor y se percató de que no quedaba ningún estudiante en la biblioteca. Todo estaba en silencio y sólo se oía el continuo rasguear de la pluma de Hermione. Justo entonces, llegó Harry con un bulto bajo la túnica, que resultó ser la capa de invisibilidad. La señora Pince estaba a punto de cerrar la biblioteca y pensando que sus dos amigos aún no habrían acabado el trabajo y necesitarían consultar más libros, Harry tuvo la idea de que usaran su capa para esconderse.

-Y después de eso¿qué escribo? –preguntó la chica bostezando cuando el reloj del colegio dio las dos. Tenía los ojos enrojecidos y se los restregaba con fuerza, intentando por todos los medios no adormilarse.

-¿Eh...? –Ron parecía despistado, pero volvió a mirar el libro que tenía delante-. ¡Ah, sí! A ver... "Entre los magos y las brujas más destacables de finales del siglo diecinueve pueden nombrarse Adalbert Waffling, Newt Scamander, Mentius Daldert y Cassandra Vablatsky. Daldert fue famoso por ser el descubridor de innumerables hechizos, como por ejemplo, el hechizo inmovilizador, petrificus totalus".

Ron se detuvo de repente al no oír la pluma de Hermione. La miró y vio que se había quedado dormida sobre el pergamino; la pluma oscilaba entre sus dedos, que la agarraban sin fuerzas. Ron no pudo reprimir una sonrisa.

Alargó la mano a través de la mesa para despertarla, pero se contuvo a medio camino y decidió dejarla dormir. Le cogió la pluma de entre los dedos y, levantándole la cabeza con suavidad, le quitó el pergamino que tenían que entregarle a Binns.

Continuó él solo escribiendo la redacción. El reloj dio las tres, las cuatro y cuando marcó las cinco Ron dio por finalizado el trabajo. Sabía que no habían hecho ninguna maravilla, pero por lo menos tendrían algo que entregar.

Recogió sus cosas y las de Hermione, que estaban desparramadas por toda la mesa. Finalmente, se acercó a su amiga y, tras dudar un instante, la agarró por los hombros y la zarandeó con delicadeza:

-¡Hermione! Vamos, Hermione¡despierta! –susurró.

-Hmmm... –protestó ella completamente amodorrada.

-Venga, tenemos que subir a la torre¡ya es muy tarde! –suplicó Ron intentando despertarla.

Hermione abrió los ojos y miró a su alrededor tratando de recordar por qué estaba durmiendo en la biblioteca a solas con Ron. De repente, se llevó una mano a la boca, horrorizada:

-¡Oh, Ron, no¡Nos hemos quedado dormidos¡El trabajo...!

-Tú te has quedado dormida –especificó Ron-. Ahora volvamos a la torre de Gryffindor. Aunque, por la hora que es, lo mismo nos da ir al Gran Comedor para desayunar –murmuró con un bostezo.

-¿Me he quedado dormida? Pero¿y el trabajo?

-Eso ya está arreglado. Anda, vámonos.

Salieron de la biblioteca en silencio y se dirigieron a las escaleras que llevaban hasta el retrato de la Señora Gorda.

Al doblar una esquina oyeron un maullido a sus espaldas. Hasta ellos llegó una voz:

-¿Qué es lo que has visto, Señora Norris?

Ron y Hermione contuvieron la respiración, asustados. Filch se estaba acercando y, a juzgar por donde se oía su voz, debía estar en el corredor contiguo.

-¡Corre! –apremió Ron cogiendo de la mano a la chica.

Corrieron sin detenerse hasta el retrato de la Señora Gorda, alejándose de los maullidos de la Señora Norris, pero les costó un buen rato despertar a la dama del vestido rosa, que roncaba tranquilamente.

-Estudiantes... irrespetuosos –murmuraba molesta mientras el retrato se abría dando paso a la sala común de Gryffindor-. Piensan que sólo ellos tienen derecho a dormir...

Cuando se cerró el panel, Ron se dio cuenta de que aun agarraba firmemente la mano de Hermione y se apresuró a soltarla sin poder evitar ruborizarse.

-¡No! –exclamó Hermione horrorizada girando con brusquedad el cuello en dirección al hueco del retrato tras ellos.

-¿¡Qué!? –saltó Ron contrariado.

Hermione lo miró con expresión de alarma:

-¡La capa¡Nos la hemos dejado en la biblioteca!

-Iré por ella –dijo Ron con resolución al mismo tiempo que daba media vuelta.

-¡No!

-Te repites¿sabes?

Ella hizo un gesto de hastío.

-Mejor voy yo, porque...

-No hay tiempo para discusiones, y además no quiero que mañana Harry me mate cuando vea que la capa no está –interrumpió Ron a Hermione, y sin darle a tiempo a réplica, salió con rapidez al pasillo, dejando a la chica con la palabra en la boca.

Diez minutos después, cuando Ron atravesó de nuevo el retrato, Hermione aún seguía en la sala común, paseando con nerviosismo de un lado a otro.

-¿La tienes? –preguntó ansiosa.

Ron se sacó de debajo de la túnica la capa plateada y con una sonrisa triunfal la extendió frente a Hermione, que resopló aliviada.

-No podía fallar, o Harry me hubiese lanzado una maldición imperdonable...

-Bueno, creo que voy a ir a la habitación –anunció Hermione-. Me muero de sueño. Buenas noches, Ron.

-Buenas noches –contestó él viendo como desaparecía por las escaleras que llevaban a los dormitorios de las chicas-. Buenas noches –repitió más bajo, como para sí mismo.

Se dirigió a su habitación y, en silencio para no despertar a nadie, se descalzó y se dejó caer en la cama, demasiado cansado como para desvestirse.

Y bien? Qué os ha parecido? Dejad reviews!!!

El próximo capítulo se titula "Slytherin versus Gryffindor", y creemos que con eso queda todo dicho... Esperamos poder actualizar pronto.

Respuestas a los reviews:

saisai jk: pues sí, bastante triste lo de charlie, pero ya se sabe que muchos weasley están expuestos al peligro y como Molly dijo en el quinto libro, sería un milagro que salieran todos con vida. esperamos que te haya gustado este cap. besos!!!

lordaeglos: pues aquí está el esperado cap del funeral, te ha parecido triste? ya vemos que te gusta la pareja harry y ginny (como a nosotras), pero se va a hacer esperar, aunque en el próximo cap... mm, no decimos nada, jeje. esperamos que tengas paciencia. besos!!!

Lord Grond: agradecemos a tu amigo que nos haga publicidad gratuita del fic, jeje, por cierto, quien es? por curiosidad... xD esperemos que sigas leyendonos y nos encanta que te encante el fic, valga la redundancia. Besos!!!

ilisia Brongar: te contestamos aquí a los dos reviews(del cap 14 y 15). no estabamos muy seguras de que la gente recordara a Andromeda, porque s ela menciona de pasada, pero q bien que te haya gustado. en cuanto a sirius, trinity tampoco supera su muerte... (trinity: me encanta sirius). sentimos haberte hecho llorar, te ha calado hondo, no? respecto a si ron cambiará, ya lo has comprobado en este cap, y más q enfadado, está rabioso... ya se verá como acaba todo esto y sus consecuencias. hasta el próximo cap! besos!!!

aYdE mDrJgI: aquí has tenido la primera dosis del trabajo de historia de la magia, pero aún no ha acabado todo respecto a ese trabajito... no podmeos decir más. hasta el próximo cap. besos!!!!!

Kassandra Trelawney: muchas gracias por tus ánimos y por tomarte el tiempo de leer nuestros fics. en cuanto a los fics con los momentos ron/hermione q nos pedías, lo cierto es que todavía no hemos leído el séptimo, y no lo haremos hasta q esté en castellano, por lo que nuestras historias se basan en lo que creemos que podría pasar. esperamos que continues con el fic. besos!!!!