Hola! Aquí está el capítulo 17, por fin. Sentimos el retraso, pero los examenes tenían prioridad. A partir de ahora esperamos poder ser de una vez por todas más puntuales con las actualizaciones.

Disclaimer: Nada nuestro, todo de J.K.R.


17

Slytherin versus Gryffindor

Últimamente, tras las clases de Oclumancia, a Harry le dolía muchísimo más la cicatriz. ¿Podría tratarse de una señal de aviso? Despejó esos pensamientos de su mente y centró la atención en su equipo.

Estaban en pleno entrenamiento de quidditch, el último antes del partido contra Slytherin. Hacía un frío tan horrible que congelaba a los jugadores sobre sus escobas y todos ellos despedían vaho por la boca con cada inspiración

-¡Atento, Ron! –avisó Katie al guardián. Ron, que estaba ensimismado, reaccionó, pero no llegó a tiempo para evitar que la quaffle lanzada por Daijhiro se colara por el aro izquierdo.

Sloper evitó por los pelos que una de las bludgers golpeara a Ginny en la cabeza, que llevaba más de un minuto suspendida en el aire, mirando a su alrededor sin prestar demasiado interés.

Harry se sintió abatido mientras observaba jugar a los dos pelirrojos. Desde la muerte de Charlie no levantaban cabeza, y aunque Harry intentara animarlos y a veces conseguía que Ron esbozara una sonrisa, no había tenido mucho éxito.

Ginny, por otro lado, no tenía muy buen aspecto. A menudo se saltaba las cenas en el Gran Comedor y estaba muy pálida. Ron había dejado de repetir postre y había perdido por completo las ganas de bromear. Ni siquiera se rió cuando Peeves encerró a la Señora Norris en el interior del armario de las escobas de Filch, y Harry lo había oído gemir en sueños algunas noches, seguro de que eran pesadillas. Hermione había admitido que Ginny también lloraba a solas en el baño de las chicas, cuando creía que nadie podía escucharla. Harry y Hermione no tenían ni idea de cómo ayudar a los Weasley.

-¡Ron! –gritó Kirke.

¡Paff! El pelirrojo había vuelto a despistarse y una bludger le había dado de lleno en la cara. Ron empezó a sangrar de la nariz y Harry le aconsejó que fuera a la enfermería, dando el entrenamiento por finalizado.

La verdad era que había sido un desastre. Mucho tendrían que mejorar las cosas para que ganaran al día siguiente el partido contra Slytherin. Los jugadores entraron en los vestuarios a darse una ducha caliente que los desentumeciera. Poco después, todos los demás componentes del equipo se habían ido, o eso era lo que creía Harry, que se había quedado el último para cerrar los vestuarios.

Ginny se encontraba junto a la puerta, mirando fijamente el suelo, pero levantó la cabeza al oír a Harry.

-Lo siento, Harry –dijo la chica-. Sé que Ron y yo lo estamos haciendo fatal últimamente.

-No es para tanto –Harry intentó restarle importancia-. Sólo tenéis que concentraros un poco...

-No. Ron y yo hemos estado hablando antes sobre... sobre Charlie –Ginny mantenía la vista fija en un punto a la altura del hombro de Harry-. Sabía que corría riesgos al entrar en la Orden y seguro que no quería que nos preocupásemos por ello. Pero... bueno... Sólo quería decirte que intentaremos hacerlo lo mejor posible mañana, porque no sería justo que por nuestra culpa Gryffindor perdiera. Además, tú te estás esforzando muchísimo como capitán y...

-Ginny, no te preocupes –la interrumpió Harry sintiéndose de repente muy mal-. Creo que lo que tendrías que hacer ahora es descansar. Sólo es un partido de quidditch, no tiene tanta importancia.

Ginny asintió y salió del vestuario. Harry contempló unos instantes cómo se alejaba y tras recoger la Saeta de Fuego, salió al exterior, viendo como a cierta distancia Ginny seguía el camino hacia el castillo. Harry permaneció durante largo rato observando el cielo despejado de nubes.

No tenía ganas de volver al castillo, y la cena no comenzaría hasta dentro de un par de horas, así que se sentó en el césped húmedo y contemplo el cielo. Harry no podía más que preocuparse por el partido de mañana, y no porque las posibilidades de Gryffindor por ganar fueran pocas, sino por la actuación de la casa de Slytherin. Harry sabía que podían aprovechar la ocasión para hurgar en la herida y eso no lo tranquilizó en absoluto.

Había anochecido por completo cuando Harry volvía del campo de quidditch hacia el castillo. No corría brisa y aunque había sido un día frío, no prometía ventiscas ni nevadas, por lo que las condiciones para el partido de mañana serían óptimas. Aún así, a Harry seguía preocupándole la actuación de Ron y Ginny, y pensó que se esforzaría al máximo por atrapar la snitch cuanto antes.

Después de dejar la Saeta de Fuego en su dormitorio, Harry se dirigió hacia el Gran Comedor. No había visto a Hermione en la sala común y como Ron estaba en la enfermería, supuso que tal vez se encontraría con ellos en el comedor más tarde.

Harry daba vueltas a algunas de las estrategias que utilizarían en el partido contra el equipo de Slytherin, cuando llegó al segundo piso y pasó frente a los aseos de Myrtle la Llorona. Escuchó unos sollozos que provenían del interior. Debía tratarse del fantasma de la chica, pensó Harry. Sin embargo, ya había pasado de largo cuando de pronto se detuvo. No era Myrtle quien lloraba. Al principio podía no haberse dado cuenta, pero luego comprendió que la voz de Myrtle era mucho más aguda.

Harry estaba indeciso. No pretendía molestar a nadie, pero la curiosidad pudo con él. Se acercó sigilosamente a la puerta de los aseos y la empujó con sumo cuidado para asomar la cabeza al interior. Allí, en un rincón, sentada y con su rostro hundido entre sus brazos, había una chica de cabellos pelirrojos.

Era Ginny.

Harry contuvo el aliento, como si pensase que el más mínimo movimiento podía sobresaltarla. Lloraba desconsoladamente y a Harry le sobrevino un fiero deseo de abrazarla.

En pocos segundos tomó una decisión. Abrió la puerta y entró. Ginny, que escuchó pasos frente a ella, dio un respingo. Levantó el rostro y al ver de quién se trataba se puso en pie con rapidez, al tiempo que se frotaba los ojos con el dorso de la mano. Harry se aproximó lentamente.

-Ginny¿te encuentras bien? –preguntó con voz débil, dudando si tal vez debería haber continuado pasillo abajo.

-Sí, sí... –los ojos de Ginny estaban rojos e hinchados.

Harry supuso que llevaba un buen rato ahí encerrada, llorando. Seguramente había pensado que nadie entraría en esos aseos, porque estaban en desuso.

La chica intentaba contener las lágrimas que amenazaban con aflorar a sus ojos. Apretó la mandíbula intentando deshacer el nudo de la garganta. Harry la miraba fijamente, de cerca. Ginny no quería que él la viera así, no quería que nadie la viera así. No podía ser débil, pero no se sentía capaz de ser fuerte, no cuando pensaba en su hermano mayor. Una nueva lágrima corrió por su mejilla; tenía ganas de gritar, de romper cualquier cosa, de golpear a alguien... como si así fuese a sentirse mejor... Tragó saliva, tratando de serenarse, pero no sirvió de nada. Comenzó a llorar de nuevo en silencio.

Harry, que se encontraba frente a ella, se aproximó y la rodeó con sus brazos sin tan siquiera pensar en lo que hacía. Ginny hundió su rostro en el pecho de Harry, mientras lloraba sin parar. Ojalá pudiera evitar de algún modo que sufriera. Pero no era posible. Charlie había muerto; ya nada volvería a ser igual. Harry masajeó con torpeza la espalda de Ginny intentando calmarla. Estaba temblando. Acarició su cabello, suave y sedoso, y hundió la nariz en su melena pelirroja. Olía a flores.

Ginny no había logrado dominar sus sentimientos, se había desmoronado. Ahora que Harry estaba tan cerca de ella, ahora que oía los latidos de su corazón y notaba el calor de sus manos a través del suéter, se sentía más segura, no sabía por qué. Harry la comprendía; Ginny lo sabía. Él se había enfrentado infinidad de veces a Voldemort, a la muerte y había sobrellevado la pérdida de sus padres y de Sirius.

Ninguno de los dos supo por cuánto tiempo permanecieron abrazados. Tras unos minutos, Ginny se separó de Harry, que la observaba con preocupación mientras entrelazaba su mano con la de ella.

-¿Ya estás mejor? –preguntó Harry, al tiempo que secaba las últimas lágrimas de Ginny con la yema de sus dedos.

Ella asintió. Había necesitado sentir que alguien la abrazaba de esa manera. Harry posó las manos sobre sus hombros.

-Siempre que quieras hablar... o... simplemente estar con alguien... ya sabes donde encontrarme –dijo Harry con voz ronca. Fue Ginny quien lo abrazó en esta ocasión, como muestra de afecto y agradecimiento-. Cuando Sirius murió, yo... no sé... –empezó Harry una vez se hubieron separado, sin saber cómo explicar lo que sentía, ni si aquella conversación la ayudaría-. Creí que el mundo se me venía encima. Él había sido para mí como un padre o un hermano, o quizás ambas cosas. Acabarás superándolo, porque debes seguir adelante. Nunca lo olvidarás, no puedes ni debes olvidar a un ser querido después de perderlo, pero lo recordarás con amor y añoranza. Charlie siempre estará aquí –Harry puso una mano temblorosa sobre el corazón de Ginny. Nunca había hablado de ese modo sobre la muerte de su padrino, pero ciertamente después de hacerlo se sentía mucho mejor. Apartó la mano casi al instante, como si se hubiera quemado, y sus mejillas se encendieron al darse cuenta cerca de donde había estado su mano derecha.

Ginny le miró fijamente, como si estuviese repasando en su cabeza una a una las palabras de Harry. Finalmente, esbozó una débil sonrisa.

-Vamos –dijo Harry-, la cena ya debe estar servida en el comedor.

Ambos salieron de los aseos de Myrtle la Llorona, y para sorpresa de Harry, Ginny hundió su pequeña mano en la del chico, que le dio un leve apretón.

En su camino hacia el Gran Comedor, Ginny le pidió algo a Harry:

-Por favor, no le digas nada a Ron. No quiero que se preocupe por mí, ya tiene suficiente él solo...

-Confía en mí, no le diré nada. Tienes mi palabra –Ginny le sonrió.

Entraron juntos en el Gran Comedor, donde todos los alumnos cenaban, y se sentaron frente a Hermione. Posiblemente, Ron aún se encontrara en la enfermería.

-¿Dónde os habíais metido? –preguntó Hermione-. Os esperé en la sala común, pero como tardabais tanto pensé que estaríais aquí.

Harry y Ginny se miraron entre sí.

-Ehh... Nos entretuvimos en los vestuarios hablando sobre el partido de mañana –respondió Harry con prontitud.

-¿Y Ron? –preguntó de nuevo Hermione.

-Hubo un pequeño accidente con una bludger y está en la enfermería –explicó Harry-. No es nada grave.

Empezaron a cenar y, sin que Hermione se diera cuenta, Ginny le susurró a Harry un débil "Gracias" al oído. Éste la miró y le regaló una sonrisa tranquilizadora.

Al llegar a la sala común, Ginny subió a su dormitorio. Casi al instante, Hermione preguntó por el estado de Ron:

-No parecía más que una hemorragia nasal, algo aparatosa, eso sí –contestó Harry dejándose caer en el sofá junto a ella.

-No me refería a eso...

-En el entrenamiento él y Ginny han jugado bastante mal. Pero... bueno, lo último que necesitan ahora es agobiarse por el resultado del partido¿no?

-Supongo que... necesitan tiempo... –dijo Hermione suspirando.

-Sí –Harry recordaba cómo se había sentido él tras la muerte de Sirius e imaginaba cómo debían sentirse Ron y Ginny, al ser su hermano, con el que habían crecido durante toda la vida, quien se había ido.

Alejó esas ideas de su mente. No quería pensar en la muerte, en esos momentos necesitaba distraerse o él también acabaría con el poco ánimo que le quedaba bajo tierra.

-¿Qué haces? –quiso saber dirigiéndose a Hermione, que escribía sin parar algo en un largo pergamino-. ¿Otra carta para Krum?

-Eh... sí –contestó la chica dubitativa-. Pero no se lo digas a Ron, en realidad no sé por qué le molesta tanto que yo me escriba con Viktor.

-A decir verdad, no creo siquiera que en estos momentos se diera cuenta –dijo Harry, aunque él sí tenía una idea aproximada de por qué a Ron le enfurecía tanto aquello.

Segundos después, el hueco del retrato se abrió para dejar paso a Ron, que tenía la nariz un poco hinchada, pero afortunadamente ya había dejado de sangrar. Hermione escondió entonces el pergamino con disimulo dentro de su mochila.

-Hola –dijo el pelirrojo sentándose al otro lado de Hermione-. ¿Qué hacéis?

-Hablábamos sobre Defensa Contra las Artes Oscuras –mintió rápidamente Hermione.

-Ah, bien.

-¿Te apetece jugar al ajedrez, Ron? –preguntó Harry tras un silencio.

-No, no tengo muchas ganas. Me voy a ir a la cama, Madame Pomfrey me ha dicho que la poción que me ha dado para bajar la hinchazón puede provocar sueño, y tenía razón –argumentó Ron señalándose la nariz-. Hasta mañana.

-Buenas noches, Ron –se despidió Hermione cuando el chico comenzó a subir las escaleras.

-Descansa para el partido de mañana –dijo Harry a Ron, que acababa de desaparecer de su vista.

-De acuerdo...

Harry y Hermione se miraron, preocupados.

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Ron estaba en el Gran Comedor junto a Hermione, rodeado de otros alumnos de Gryffindor que le deseaban suerte para el partido. Cuando Harry se había despertado (algo tarde, la verdad), no había ni rastro de su amigo en la habitación ni en la sala común. Tras observar el techo, que imitaba al cielo exterior, y que era de un color azul despejado, se sentó junto al pelirrojo, al que la chica hablaba sin parar.

-...sin que se fuera. Hagrid dijo que lo más probable es que fuesen unos jarveys, ya sabes, algo así como unas comadrejas parlanchinas...

-Hermione, eso ya me lo has contado antes –protestó Ron, cuya nariz volvía a ser la de siempre-. Puede que últimamente esté un poco en las nubes, pero sigo escuchando cuando me hablan. Hola, Harry.

Ron parecía encontrarse en mejor estado que el día anterior; tal vez la emoción del partido le hubiese animado. De vez en cuando, algunos alumnos de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw se acercaban para desearles buena suerte.

-Hola, Ronald –dijo una voz femenina tras Ron. Luna se había acercado hasta la mesa donde desayunaban luciendo su ya habitual sombrero de león en los partidos de Gryffindor. Ron se sonrojo ligeramente.

-Hola –contestó el pelirrojo.

-Sólo quería desearte suerte para el partido. ¡Lo harás genial!

Ron agradeció su apoyo y la chica se fue mientras el león que llevaba en su cabeza lanzaba un rugido. Minutos después, Harry decidió que ya era hora de ir hacia el campo, y avisó a todos los componentes del equipo. Al salir del comedor, Malfoy les dedicó unos versos de A Weasley Vamos a Coronar.

Tal y como Harry había previsto, el cielo estaba despejado, pero había algo de escarcha y el aire era helador. La noche anterior, antes de irse a la cama, Harry había estado puliendo la Saeta de Fuego con el Equipo de Mantenimiento de la Escoba Voladora que Hermione le había regalado años atrás, y ahora relucía en su mano.

-Em... hemos entrenado duro, y estoy seguro de que podemos ganar si nos esforzamos –comenzó Harry en los vestuarios-. No dejéis que nada de lo que digan esos imbéciles de Slytherin os afecte, no les hagáis ni caso. Warrington es el capitán, y sólo tienen un jugador nuevo en el equipo, Greenway, que es cazador. Así que... hacedlo lo mejor posible¿de acuerdo?

Entre los asentimientos de los jugadores, Harry salió al campo, seguido del resto del equipo.

-¡Potter¡Bell¡Yioko¡Weasley y Weasley¡Kirke¡Y Sloper! –gritó Dean entre el atronador rugido que provocaban las tres cuartas partes del graderío, que animaban a Gryffindor-. ¡Y en el equipo de Slytherin, el imbé... esto... Malfoy¡Crabbe¡Goyle¡Warrington…!

Harry miró al enorme capitán de Slytherin, que le estrujó los dedos cuando la señora Hooch les pidió que se dieran el habitual apretón de manos.

-¡Y comienza el partido¡Hunter se hace con la quaffle, y se la pasa a Warrington, que va como una bala hacia Weasley¡Ron, atento!

Demasiado tarde, Ron se lanzó por la pelota, pero Warrington ya celebraba el gol.

-¡No importa¡Aún queda mucho partido por delante! –gritó Dean intentando encubrir los aplausos que sonaban desde la grada de Slytherin.

El partido continuó con constantes exclamaciones de júbilo provenientes de la tribuna verde. Los gritos de aliento al equipo de Gryffindor se escuchaban desde las gradas de las otras tres casas. Sin embargo, de repente un silencio inusual se fue apoderando del estadio. No se oían ni gritos ni abucheos. Incluso la música de las comparsas de las casas que tomaban parte en el partido habían dejado de entonar sus canciones de ánimo. Harry no sabía qué era lo que ocurría, pero, de un solo vistazo al graderío, comprobó que la atención de todos los estudiantes se había desviado hacia el cielo despejado.

Antes de que sus ojos pudieran descubrir qué era lo que había causado tal conmoción, se empezó a escuchar una cantinela conocida que al parecer salía de la nada. Los pitidos de indignación llegaron a los oídos de Harry en el mismo momento en el que vislumbró unas letras que parecían hechas por jirones de nubes.

Y, cuando leyó lo que ponía, sintió que la sangre le hervía:

Weasley nació en un vertedero

y se le va la quaffle por el agujero.

Hay un Weasley menos

y para celebrarlo, cantemos.

Weasley, Weasley, locos,

que no sois pocos,

no vayáis a Rumania,

que allí os tienen manía.

Harry no podía imaginar cómo se sentiría Ron. El pelirrojo estaba blanco como el papel y temblaba de rabia en su escoba. Cuando Daijhiro le pasó la quaffle a Ginny, ésta estaba tan desconcertada que se le escapó entre los dedos. Greenway aprovechó esta oportunidad para recuperar la pelota, y tras pasársela a Hunter, Slytherin volvió a marcar. Sin embargo, los aplausos de la grada verde a su equipo no fueron tan intensos como en los anteriores tantos, y Harry pudo comprobar de un sólo vistazo que muchos de los aficionados de Slytherin contemplaban las palabras en el aire con expresiones horrorizadas.

-¡Ánimo, Gryffindor! –gritó Dean, y esta vez la profesora McGonagall no le recriminó nada, aparentemente demasiado sorprendida y alterada por la canción que inexplicablemente parecía flotar en el aire.

Entre las nuevas estrofas que iban apareciendo en el cielo, Katie consiguió marcar el primer tanto para su equipo, recibiendo la ovación de gran parte del estadio, pero Slytherin ya había metido gol otras tres veces, por lo que el marcador era de 50 a 10 a favor del equipo contrario.

Ron estaba realmente conmocionado, ni tan siquiera prestaba atención a los cazadores de Slytherin, observando con los ojos muy abiertos las líneas de la canción. Ginny tampoco era de ayuda, parecía a punto de lanzarse en picado hacia la grada de color verde y no hacía más que perseguir la quaffle, sin tocarla ni una sola vez siquiera, así que todo el trabajo quedaba en manos de Katie y Daijhiro. Y para colmo, Harry no veía la snitch por ningún lado.

-¡Menudo equipo más patético tienes, cabeza rajada! –exclamó Malfoy en una ocasión en la que Harry pasó por su lado. Éste aceleró haciendo caso omiso al otro buscador.

La grada de Gryffindor prorrumpió en aplausos cuando Daijhiro metió el segundo gol, gracias a que Jack había lanzado una bludger contra Warrington, evitando que impidiera el tanto.

Poco después, la profesora McGonagall logró deshacerse del encantamiento, haciendo que la canción desapareciese. El estadio entero pareció respirar con alivio, pero el partido no volvió a recuperar el ambiente caldeado y festivo del inicio.

Durante unos minutos que se hicieron eternos, Slytherin llegó a los 190 puntos contra los 20 de Gryffindor. La maldita cancioncilla seguía en la mente de todos los asistentes, y una vez que Harry pasó junto a la grada de su casa, vio como Hermione miraba con odio a Pansy Parkinson, que reía a carcajadas señalando los postes de Gryffindor.

De repente Harry vio el reflejo dorado que era la snitch. Estaba suspendida a pocos metros de los aros de Slytherin, y le sería muy fácil atraparla, pues Malfoy estaba en la otra punta del campo y no llegaría a tiempo.

Harry sopesó sin pérdida de tiempo sus posibilidades: si atrapaba la snitch perderían por veinte puntos, pero parecía imposible que sus compañeros marcasen los treinta necesarios para ganar a Slytherin. Miró a Ron. Antes de que Katie o Daijhiro consiguiesen marcar, el otro equipo ya habría doblado su puntuación.

Así que, sin pensárselo dos veces, aceleró la escoba y se lanzó como una flecha hacia la pequeña pelota dorada. Cuando se alzó con ella en alto y sonó el silbato de la señora Hooch, muchos de los presentes aún no comprendían que el partido hubiera terminado.

-¡Y gana Slytherin por 190 a 170! –aclaró Dean tras un momento de confusión-. ¡Gryffindor pierde por veinte puntos!

Harry encontró a Ron junto a la entrada de los vestuarios, de la mano de Ginny, que se mordía el labio inferior con fuerza. El resto del equipo también estaba alicaído, pero dieron las gracias a Harry por haber dado fin al partido de un modo no tan terrible.

-¡Son unos imbéciles, asquerosos...! –exclamaba Hermione, llegando hasta donde se encontraban Harry, Ron y Ginny-. ¿Estáis bien? –preguntó mirando con preocupación a la pelirroja. Ésta asintió levemente con la cabeza, mientras Ron le peinaba el cabello con torpeza.

-Estoy seguro de saber quiénes han sido –espetó Harry, furioso, mirando con profundo odio a Nott, Crabbe, Goyle, Parkinson, Bulstrode, Zabini y unos cuantos más que Harry no conocía y a los que había visto en alguna ocasión acompañando a Malfoy.

-Es obvio¿no? –contestó Hermione-. He oído a la profesora McGonagall restar cincuenta puntos a Slytherin, pero no creo que se pueda hacer nada más... No pueden probar quién ha sido...

Hermione enmudeció cuando los dos pelirrojos salieron del campo y se alejaron hacia el castillo, sin que ninguno de sus amigos hiciera el menor movimiento para detenerlos. Harry sintió que ni siquiera le quedaban fuerzas o ánimos para hacerlo, e intercambió con Hermione una preocupada y sombría mirada que tan habitual resultaba en aquellos últimos días.

Tras el partido de quidditch, una atmósfera de euforia y arrogancia pareció extenderse en el equipo de Slytherin a causa de su victoria frente al equipo de Gryffindor, que se veía obligado a soportar sus burlas sin cesar. Los componentes del equipo de Slytherin aprovechaban cualquier oportunidad, por pequeña que fuera, para recordar, e incluso llegar a escenificar, algunas de las calamitosas actuaciones por parte, en su mayoría, de Ron, que no había protagonizado su mejor momento en aquel partido. Ginny, por otro lado, contando con la ayuda de Katie y Daijhiro en el terreno de juego, había pasado más desapercibida.

Harry llegó a creer que no soportaría una hora más en las mazmorras junto a Snape, que no paraba de criticar su trabajo y Malfoy, cuyas miradas de superioridad hacían que la sangre de Harry llegara a hervir incluso más que la poción de su propio caldero.

Sin embargo, las ínfulas de Malfoy parecieron disminuir cuando, mientras restregaba alto y claro por enésima vez la victoria de Slytherin, Dean lo encaró argumentando que no había sido su actuación en el partido precisamente lo que había marcado la diferencia entre la derrota o la victoria de Gryffindor; a fin de cuentas, Harry había conseguido hacerse con la snitch. Malfoy enrojeció violentamente. No obstante, Dean fue aún más lejos y le recriminó a él y su grupo su juego sucio a base de la estúpida cancioncilla A Weasley vamos a coronar..., a la que habían añadido nuevas estrofas, más dañinas si cabía.

-... Así que será mejor que no presumas más de la cuenta, Malfoy, porque sabes perfectamente que en condiciones normales Gryffindor habría ganado a tu porquería de equipo –espetó Dean, a quien varios Gryffindor apoyaron.

Era martes por la mañana, y los alumnos se agolpaban en los pasillos a la espera de la campana que anunciara el comienzo de la primera clase del día. Sin embargo, Ron no era uno de ellos, ya que al darse cuenta de que había olvidado su libro de Encantamientos, había vuelto a su dormitorio a toda prisa antes de que empezara la clase.

-¿Condiciones normales? –repitió Malfoy, rodeado por un grupo de su misma casa-. ¿A qué te refieres¿A que tal vez Gryffindor hubiese ganado el partido si el hermano del pobretón siguiese vivo? Tranquilo, Thomas, dudo mucho que alguien note la diferencia con uno menos; aún siguen siendo más hijos de los que nadie podría mantener... –añadió con un desagradable tono de voz. Sin embargo, algunos de los jóvenes que integraban el grupo de Slytherins, se apartaron incómodos ante estas palabras, sin respaldarle como era habitual.

Un silencio sepulcral se extendió a lo largo del pasillo, y parecía que cada estudiante estaba expectante a lo que se avecinaba. Tal vez Ron no se encontrara allí en aquellos momentos, pero había otra cabeza pelirroja en aquel corredor. Ginny caminó con paso firme y seguro y pasó junto a Harry rozando levemente su brazo. El chico apenas fue consciente de lo que ocurrió a continuación: Ginny ya había pasado por su lado y se había acercado a Malfoy, que tampoco parecía intuir lo que estaba a punto de suceder. Sin dejarse dominar por la furia, y con una calma y aplomo increíbles, Ginny levantó su mano en el aire y, sin que nadie pudiera evitarlo, la estrelló contra la mejilla de Draco, que tras el golpe, se sintió desorientado. Sin detenerse a esperar otro comentario ácido, y tras escuchar el timbre que marcaba el inicio de las clases, Ginny giró sobre sus talones, y muy segura de sí misma y con la cabeza erguida, regreso sobre sus pasos hasta adentrarse en el aula de Runas Antiguas.

Harry nunca había visto un comportamiento como aquel en Ginny. La calma que había demostrado era incluso... anormal. Ni siquiera él había tenido tiempo de encarar a Malfoy. Giró el rostro hacia Hermione, que miraba con las cejas alzadas el punto por el que Ginny había desaparecido, y luego observó a Harry sin saber qué decir. Mientras tanto, la horda de estudiantes ya había comenzado a movilizarse y entraban cada cual en su respectiva clase. En ese preciso momento llegó Ron corriendo:

-¡Creía que no llegaba! –resopló agarrándose el costado-. ¿Qué pasa¿No entramos? –dijo señalando la puerta abierta del aula de Encantamientos.

-Sí... –contestó Hermione, que parecía desorientada-. Te estabamos esperando...

Ni qué decir que ni Harry ni Hermione tenían intención alguna de contarle a Ron lo sucedido.

Durante la clase Encantamientos, Harry no hizo más que pensar en Ginny: la cara que había puesto Malfoy tras recibir la bofetada había sido digna de perpetuar con una cámara de fotos. Harry no pudo evitar rememorar la ocasión en la que Hermione había abofeteado a Malfoy en tercer curso. Definitivamente, Harry debía probarlo.

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El asunto de la canción del partido de quidditch parecía haberse calmado, y por suerte, Ron era ajeno a lo acontecido en la mañana del martes. Sin embargo, las cosas nunca eran lo que parecían, y la guinda de los problemas llegó la tarde del viernes, en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.

Tras despedirse de Hermione junto al aula de Aritmancia, Harry y Ron se dirigieron a los terrenos del colegio. Desde la explanada, distinguieron la enorme figura de Hagrid, apostada junto a una caja de dimensiones desproporcionadas cubierta con una extensa sábana, que acarreó las miradas preocupadas de los alumnos que iban llegando. Harry ni siquiera quiso pensar qué era lo que habría dentro.

-¿Ya estamos todos? –preguntó Hagrid con voz tronadora para hacerse oír entre el murmullo de los estudiantes-. Bien... bien... Espero que os guste lo que os tengo preparado; me ha costado una barbaridad conseguir una... Sólo se encuentran Burkina Faso...

Tanto Harry como Ron ahogaron un gemido de desesperación al oír aquella última frase: ojalá al guardabosques no se le hubiera ocurrido la idea de conseguir de manera ilegal algún tipo de fiera peligrosa, aunque conociendo a Hagrid...

-A causa de la venta de ciertas criaturas mágicas en el mercado negro, entre ellas la que tenemos hoy aquí con nosotros –Hagrid dio un golpecito a la enorme caja, y Harry comprendió que se trataba de una jaula, a juzgar por el ruido metálico que había provocado-, el Ministerio de Magia mantiene un control muy estricto en lo que respecta a esta especie, así que el profesor Dumbledore ha debido hacer una petición al Ministerio para conseguir un permiso especial, sólo para que tengamos la oportunidad de estudiarla en clase. No podré soltarla, porque puede llegar a ser peligrosa, aunque no es particularmente maligna...

En ese momento, Hagrid destapo la jaula y quedó a la vista una magnífica serpiente de más de un metro de longitud, cuyos colores vivos destacaban con claridad. El reptil, de color naranja y negro, se arrastraba sinuoso por la jaula. Pero lo más impresionante no era su color o tamaño.

-¡¿Tres cabezas?! –exclamó Dean con los ojos muy abiertos-. ¡¿Una serpiente con... tres cabezas?!

-Así es, Dean –afirmó Hagrid, satisfecho por las caras perplejas de sus alumnos-. Es una runespoor, descendiente del mismísimo "Rey de las serpientes", el basilisco. Como veis, lo más increíble son sus cabezas; gracias a los magos capaces de dominar la lengua pársel, conocemos con detalle su comportamiento: cada cabeza tiene una misión determinada, por así decirlo.

-¿Quieres decir que cada cabeza cumple una función específica? –preguntó Parvati, impresionada.

-Exacto. De lo contrario, si sus tres cabezas tuvieran el mismo propósito, jamás se pondrían de acuerdo –contestó Hagrid-. Veréis, la cabeza de la izquierda –todos observaban atentos a la serpiente- es quien planifica sus movimientos: a dónde ir o qué hacer. La cabeza del centro es la soñadora, por increíble que parezca las runespoor sueñan. Y por último está la cabeza de la derecha, que habitualmente es la que da más problemas, ya que su cometido es supervisar el trabajo de sus dos compañeras.

-¿Bromeas? –dijo Seamus-. ¿Te refieres a que es... algo así como el jefe?

-Sí, algo así –dijo Hagrid conteniendo una sonrisa-. Por eso no es difícil encontrar una runespoor a la que le falte la cabeza derecha: en la peor de las situaciones las cabezas izquierda y central unen fuerzas para acabar con ella, pero no es nada fácil, ya que la cabeza "jefe", como diría Seamus, tiene los colmillos más afilados, así que su tarea también consiste en defenderse de sus enemigos. Por eso no viven mucho: acaban atacándose mutuamente.

Todos parecían hipnotizados por el elegante porte de la runespoor. Hagrid continuó con las explicaciones:

-Además, hay otra cosa que las diferencia de todas las demás serpientes de su misma especie o de cualquier animal mágico, y es que la runespoor pone los huevos a través de la boca.

-¡Uagh¡Qué asco! –se le escapó a Lavender, que tenía una mueca de profundo disgusto grabada en el rostro.

-Sí, Lavender, pero sus huevos son muy preciados para la elaboración de pociones estimulantes de la agilidad mental.

Los alumnos se acercaron prudentes a la jaula y observaron curiosos a la serpiente, que alzó sus tres cabezas, amenazadora, pero al percibir que no había peligro alguno, se relajo y emitió unos sonidos sibilantes. Harry, que se encontraba cerca de la jaula, supo que las tres cabezas estaban discutiendo entre sí:

-Estúpida... tu decisión de seguir aquella presa fue muy acertada –dijo iracunda la cabeza derecha, que sin duda criticaba a la izquierda-. Se trataba de un cebo. ¡Mira donde hemos acabado¡En una maldita jaula, y de exhibición, para colmo!

-¿Por qué no trataste de liberarnos con tus colmillos, al menos? –se quejó la cabeza izquierda, hastiada de escuchar a su quisquillosa compañera.

-¡¿Por qué¿Qué te parece esto?: trataba de despertar de su letargo a nuestra soñolienta amiga...

Harry se fijó en la hasta entonces desapercibida cabeza central, que se mantenía suspendida en el aire con sus pequeños ojos muy abiertos, como si estuviera en trance. Harry recordó entonces a la cabeza soñadora y no pudo evitar reírse entre dientes.

-¿Qué te hace tanta gracia? –inquirió Seamus.

-¿Tú qué crees? –contestó Harry señalando la runespoor con un movimiento de cabeza.

La runespoor aún continuaba emitiendo aquel agudo sonido, y fue entonces cuando los compañeros de clase de Harry comprendieron que, en efecto, él era capaz de entender todo cuanto las tres cabezas dijesen. Algunos lo miraron con los ojos muy abiertos, recordando, sin duda, el incidente en el club de duelo, cuando estaban en segundo curso.

-¿Qué es lo que dicen? –preguntó Parvati con curiosidad, aproximándose a Harry.

-Bien, escuchad –Hagrid interrumpió acertadamente la charla-. Ahora quiero que os situéis cerca de la jaula, no demasiado, y hagáis un retrato de la runespoor.

Todos los alumnos se dispusieron a dibujar a la serpiente, lo que resultaba muy fácil, ya que apenas se movía, salvo cuando una nueva discusión, que Harry no se perdía, las enfurecía.

Cuando les llegó el lejano sonido de la campana de Hogwarts, Hagrid dio por finalizada la clase y todos los alumnos guardaron sus pergaminos en sus mochilas.

Mientras Harry y Ron recogían sus dibujos, una figura llegó corriendo hasta ellos.

-¿Qué haces aquí? –le preguntó Harry a Hermione mientras ésta recuperaba el aliento apretándose con una mano el flato.

-La profesora Vector no ha ido hoy a clase y no han conseguido ningún sustituto a tiempo, así que nos han dado la hora libre. He pensado que podía venir a buscaros y así ir a hacerle una visita a Hagrid –explicó ella entrecortadamente.

Empezaron a caminar por el terreno húmedo en dirección a la cabaña del guardabosques.

-¡Eh, Weasley! –llamó una voz fría a sus espaldas.

Hermione agarró a Ron por el brazo, tratando de evitar que se girara a contestar a Malfoy:

-No le hagas caso, Ron, ignóralo. Sólo intenta provocarte.

-¡Weasley, te estoy hablando! –soltó Malfoy con sequedad-. ¡Cómo quieras¡Sólo pretendía darte el pésame! –le gritó con una sonrisa burlona. Algunos de los alumnos de Slytherin y Gryffindor que estaban en las inmediaciones se quedaron en silencio al oír el grito de Draco.

Ron crispó los hombros y cerró los puños. Hermione seguía diciéndole que no le hiciera caso y le tironeaba del brazo para que continuara andando.

-En realidad no importa, porque erais demasiados –Harry también agarró a su amigo, aunque el mismo sentía deseos de estrangular a Malfoy y ahogar aquella risa odiosa-. Tal vez ahora que sois uno menos os llegue mejor el dinero para la comida.

Hermione se giró furiosa:

-¡Cierra tu sucia boca, desgraciado!

-¡Uhhh... que miedo¿Qué pasa, Weasley¿Te tiene que defender la sangre sucia? –Malfoy volvió a reírse, coreado por algunos de sus compañeros de Slytherin-. Dime sólo una cosa¿lloró mucho tu madre cuando se enteró?

Ron estaba completamente pálido, se deshizo con brusquedad de sus amigos, a pesar de que Hermione aún intentaba retenerle, y avanzó con rapidez hacia Malfoy, que estaba a pocos metros.

-¡Serás hijo de...!

-¡RON! –chilló Hermione horrorizada al ver como éste le hundía el puño a Malfoy en la nariz con fuerza, haciéndole retroceder varios pasos.

-¡Caray! –exclamó Harry y la rabia que él mismo sentía se alivió levemente con aquel golpe.

-Ron¡NO¡BASTA! – Hermione se tapó la boca con las manos.

Los alumnos que se habían detenido al oír los insultos de Draco, se aproximaron velozmente, aunque no estaba muy claro si querían separarlos o apoyarlos en la pelea. En pocos segundos surgió una violenta disputa entre los compañeros de Ron y los más cercanos a Malfoy. Otros alumnos con bufandas verdes se mantenían apartados, con expresiones indecisas.

Ron, ajeno a todo el barullo que se había formado a su alrededor, había cogido por banda a Malfoy y ambos rodaban por el suelo entre patadas y golpes. Crabbe agarró del cuello a Ron para apartarlo de Malfoy, pero al verlo, Harry se dirigió hacia él y, agarrándole de la túnica, le alejó de su amigo. Crabbe se revolvió con furia y al ver a Harry hizo crujir los nudillos antes de que Dean se interpusiera entre los dos, tratando de evitar lo que sería otro frente en aquella batalla campal.

Finalmente, entre Seamus y Neville lograron contener a Ron, y Goyle sujetó a Draco.

-Esto lo vas a pagar, Weasley –masculló Malfoy sangrando de la nariz, que tenía toda la pinta de estar rota.

-No vuelvas... a hablar... de mi familia –farfulló Ron con odio, forcejeando entre los brazos de Seamus y Neville.

Los dos se observaron detenidamente con desprecio en silencio, hasta que Pansy se acercó a Malfoy:

-Vámonos de aquí, Draco –le dijo apoyando la mano en su hombro y mirando con asco al grupo de Gryffindor-. Por ahí viene un profesor.

El grupo de estudiantes se dispersó con rapidez porque la figura rechoncha de la profesora Sprout se acercaba desde el castillo.

-Será mejor que nos vayamos de aquí –apuntó Hermione con nerviosismo cuando se quedaron ella, Ron y Harry solos -. Vamos a la cabaña de Hagrid.

-Hermione, ahora no tengo ganas de hacer una visita –gruño Ron sin apartar la mirada de la silueta de Malfoy, que se alejaba por los terrenos.

-¡Pero no puedes aparecer así en el castillo! –razonó la joven. Al ver que su amigo continuaba inmóvil, se acercó a él y le cogió de la mano para atraer su atención-. Vamos, seguro que Hagrid tiene algo para ese ojo hinchado.

Parecía que Ron aún era reacio a ir a la cabaña de Hagrid, pero cuando Hermione comenzó a andar tirando de él y sin soltarle, la siguió en silencio.

Hermione llamó con los nudillos a la puerta de la casa y esperaron a que Hagrid abriera.

-¿Habéis olvidado algo? –les preguntó nada más verles, ataviado con un delantal de cuadros rojos y verdes-. ¿Qué diablos os ha pasado? –preguntó al fijarse un poco más detenidamente en ellos.

-Ahora te lo explicamos –dijo Harry-¿podemos pasar?

-¿Eh? –Hagrid mirada con disimulo el ojo de Ron, que se hinchaba por momentos-. ¡Sí, sí! Pasad.

Una vez dentro, Hagrid se aproximó a la chimenea para apartar un caldero del fuego y luego le acercó a Ron un plato con un gigantesco filete fresco.

-Póntelo en el ojo, te aliviará el dolor –le aconsejó.

El chico miró el plato y después se llevó una mano a la cara, como si no se hubiese dado cuenta de que el párpado de su ojo izquierdo cada vez parecía más un huevo de tamaño considerable. Se tocó levemente el pómulo e hizo un gesto de dolor contenido. Haciendo caso al semigigante, se colocó el filete en el lado izquierdo de la cara, lo que le daba un aspecto cómico. Sin embargo, nadie se echó a reír.

-¿Vais a decirme lo que ha ocurrido? –volvió a preguntar Hagrid.

Al ver que Ron no parecía dispuesto a explicar nada, Harry murmuró:

-Malfoy.

Hagrid hizo un gesto de comprensión, pero no dijo nada. Miró interrogativamente a Harry y Hermione, como si esperara que le contaran algo más concreto; aunque la palabra clave, "Malfoy", le permitía hacerse una idea de por dónde iban las cosas.

Como ninguno le aclaraba nada, Hagrid se aventuró a decir:

-Fuera lo que fuese lo que te dijo, no debiste hacerle caso, Ron. Malfoy os está provocando para que le sigáis el juego, y hoy ha conseguido enfurecerte, eso era lo que él quería.

-Hagrid tiene razón –murmuró Hermione con suavidad-. No debiste pegarle –Ron la miró con el ojo que tenía al descubierto, lo que le daba un aspecto amenazador-. Eso no significa que no se lo mereciera –añadió apresuradamente al ver la expresión del chico.

-Me trae sin cuidado si no debía romperle esa cara de imbécil que tiene –masculló Ron entre dientes-, me importa una mierda que le vaya con el cuento a algún profesor... Pero como vuelva a mencionar a Charlie...

-¿Habló de Charlie? –Hagrid parecía enfurecido.

Ron levantó la vista hasta clavarla en su gigantesco amigo. Después se puso en pie con aparente tranquilidad y dejó el filete de nuevo en el plato.

-Me voy al castillo –les dijo-. Nos vemos luego en la sala común.

Salió de la cabaña con sus libros de Cuidado de Criaturas Mágicas bajo el brazo y caminó hacia el colegio sin darse cuenta de que sus tres amigos le observaban a través de la ventana de la cabaña.

-Ha sido una situación muy desagradable –susurró Hermione sin apartar la mirada de la ventana-. ¿Cómo pudo ser Malfoy tan cruel?

-Creía que ya sabíais cómo es –dijo Hagrid mientras vertía el contenido del caldero en un cuenco y se lo ofrecía a Fang, su perro jabalinero-. Imagino que Malfoy ha aprovechado el tema de Charlie para hacerle daño a Ron.

-Nunca había visto a Ron tan furioso –musitó Hermione pensativa, acariciando a Fang detrás de las orejas.

-No me extraña que reaccionara así –intervino Harry-, Malfoy siempre se comporta como un cerdo, pero hoy se ha superado a sí mismo.

-Tal vez sea mejor que vayáis a ver cómo se encuentra, no vaya a ser que se meta en más líos –apuntó Hagrid.

Se despidieron de su amigo y atravesaron los terrenos sin dejar de comentar el incidente.

-Parece que últimamente Malfoy se está llevando todos los golpes –comentó Hermione aludiendo al episodio ocurrido entre Draco y Ginny.

Harry no pudo evitar sonreír.

-Me preguntó si Malfoy o alguno de Slytherin le contará a Snape lo que ha pasado –dijo Hermione-. Ya sabes, como es el jefe de su casa estará encantado de quitarle puntos a Gryffindor.

Harry negó con la cabeza:

-No creo que lo hagan –opinó-. Había demasiada gente que podría decir lo que ocurrió en realidad. Ni siquiera creo que todos los de Slytherin apoyen a Malfoy, y eso, hablando de ellos, es mucho... –de repente se quedó mirando a Hermione-. Oye¿qué es lo que tienes en la cara?

Ella se llevó la mano a la mejilla donde tenía una marca roja horizontal y se encogió de hombros con indiferencia.

-Pansy Parkinson me lanzó un maleficio cuando le dije que las personas como Malfoy son gentuza y no pude esquivarlo del todo –Hermione esbozó una sonrisa despectiva-. Aunque mañana se va ha llevar una sorpresa cuando se despierte con la cara llena de espinillas y granos.

Harry la miró interrogativamente.

-Le lancé un hechizo de acné de efecto retardado.

Cuando entraron en el vestíbulo se encontraron con un grupo de alumnos de Hufflepuff, que al verlos empezaron a cuchichear.

-Déjame adivinar –dijo Hermione con sarcasmo-, todo el colegio se ha enterado de la pelea.

-Parece que Ron ha protagonizado el acontecimiento del mes –afirmó Harry con tristeza.

Uno de los muchachos del grupo de Hufflepuff se les acercó corriendo. Era Ernie Macmillan.

-¡Hola, Harry¡Hola, Hermione! –les saludó-. Quería preguntaros... bueno¿es cierto lo que dicen?

-Lo que dicen... ¿de qué? –preguntó innecesariamente Harry.

-De... –Ernie pareció ponerse nervioso-, de una pelea entre Ron y Draco Malfoy. Se comenta en todos los sitios.

Hermione suspiró con resignación:

-Sí, supongo que sí.

Ernie abrió mucho los ojos:

-¿En serio? Me alegro por Ron –Harry y Hermione le miraron con asombro-. Oh, vamos¡todo el colegio ha tenido ganas de partirle la cara a Malfoy alguna vez!

Harry no pudo evitar sonreír ante aquella declaración: jamas habría pensado que Ernie, el perfecto prefecto de Hufflepuff, hiciera un comentario como aquel. Se despidieron del chico y siguieron andando hacia la entrada a la torre de Gryffindor.

-No creo que a Ron le haga mucha gracia que todo el mundo le pregunte por lo de esta tarde –comentó Hermione cuando llegaron al retrato de la Señora Gorda.

-Tienes razón. Algunos casi le consideran un héroe –respondió Harry con una sonrisa. Y luego añadió en dirección al cuadro-: Globos Luminosos.

La Señora Gorda les dejó pasar y entraron en la sala común. De un sólo vistazo, Harry localizó a Ron, que estaba sentado junto a Ginny alrededor de una mesa vacía. Los dos hablaban en voz baja, y Ginny tenía las manos colocadas sobre los brazos de Ron. No había nadie más a su lado, aunque todos los presentes les dirigían rápidas miradas de soslayo.

-Será mejor que les dejemos hablar a solas –dijo Hermione, comprensiva.

Así que los dos se sentaron en otra mesa un poco apartada, junto a Neville, y sacaron sus deberes. Cuando sonó la campana de la cena, la sala común se vació, a excepción de Ginny y Ron, que se quedaron allí.

Cuando Harry volvió del Gran Comedor, ninguno de los dos Weasley estaba en la sala común, y supuso que se habrían ido a sus habitaciones. Decidió darle unos minutos a Ron para que éste pudiera fingir que dormía, como solía hacer cuando no tenía ganas de hablar. Sin embargo, cuando entró en el dormitorio de los de sexto, no oyó los sonoros ronquidos que Ron solía imitar. Esta vez su amigo ni siquiera se había molestado en eso, aunque era evidente que estaba despierto.

Próximo capítulo: "Visiones inesperadas", con consecuencias de la pelea, algo que sorprenderá mucho a Harry y otras cosillas...

Respuestas a los reviews:

aYdE mDrJgI: El trabajo de Historia de la Magia tendrá varias entregas, y te podemos decir que una de ellas será en el próximo cap, aunq no la más importante... Aunque por el momento creemos que Ron tiene cosas más importantes en las que pensar.Besos y hasta el próximo!!!

Ilisia Brongar: Bueno, como has podido ver, Ron ha podido soltar un poco de adrenalina utilizando a Malfoy como saco de boxeo ( para algo tenía que servir el rubiales, no?). Y sobre el trabajo... HABÍA que poner a Ron tiernecillo para contrarestar un poco con todo lo que había sucedido antes. Sí, Ron esta dispuesto a hacer lo que esté en su mano para luchar contra Voldemort, pero recuerda que todavía no sabe nada sobre la profecía... todo se andará... Esperamos que te haya gustado este capítulo. besos!!!!!

Lordaeglos: Bueno, antes que nada muchas gracias por recomendar nuestro fic ( no lo ves por la pantalla pero nos hemos puesto coloradas...). Aunque no tenemos ni idea de como irá la historia de Rowling, todas nosotras creemos que los Weasley sufrirán más por el hecho de estar tan cerca de Harry y además estar metidos hasta el cuello en la orden. ¿Cómo reaccionará Ron? eso ya se irá viendo... Besos y nos vemos en el próximo capítulo!!!

saisai jk: Gracias por tu review, así podemos saber que continúas leyéndonos. Esperamos que este cap te haya gustado y que de vez en cuando nos des tu opinión sobre el rumbo de la historia.besos!

Lord Grond: Pues nos alegramos de que te guste y esperamos leer algún comentario tuyo sobre qué opinión te merece nuestro fic. del mismo modo, esperamos tener suficientes sorpresas para que te siga gustando la historia. besos!!!