Hola a todos!!! ya sabemos que hemos tardado mucho esta vez, pero es q hace una semana q hemos empezado la universidad otra vez y no hemos tenido tiempo de nada.
Disclaimer: nada nuestro, todo de JKR
Los reviews los responderemos al final del cap
18
Visiones inesperadas
El altercado ocurrido la tarde del viernes durante la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas entre Ron y Malfoy, había corrido como la pólvora por todo Hogwarts. No había quien no comentase lo sucedido o pidiese detalles a los "privilegiados" que lo habían presenciado. La noticia se extendió en cuestión de horas: cuando el sábado por la mañana amaneció, no había estudiante, ya fuera de primer o último curso, que no supiera lo acontecido aquella tarde en los terrenos del colegio. Algunos alumnos no daban crédito a que Draco Malfoy, aquel arrogante estudiante de Slytherin, hubiese sido capaz de decir cosas tan terribles, aun cuando todos sabían la clase de persona que podía llegar a ser.
Nadie decía nada, pero en el fondo Harry sabía que muchos compañeros, ya pertenecieran a Gryffindor, Ravenclaw o Hufflepuff, apoyaban a Ron. Incluso algún Slytherin, quién sabe.
Sin embargo, y desgraciadamente, no sólo los alumnos habían tenido noticias de la pelea, sino también los profesores. Al parecer, la profesora Sprout había presenciado aquella tarde más de lo que ninguno creía, además de que los vestigios de la disputa eran totalmente visibles: tal vez el ojo morado de Ron hubiese mejorado notoriamente, pero la presencia de Malfoy en la enfermería no pasaba por alto al ojo avizor de la profesora McGonagall. De modo que todo aquel alboroto ya había llegado a oídos de los profesores y jefes de las casas, algo que quedó más que claro la mañana del lunes.
Aquella mañana a primera hora, mientras Harry se encontraba inmerso en su libro de Pociones con la intención de elaborar la poción inmovilizadora, la profesora McGonagall apareció en las mazmorras, más seria de lo habitual, como pudo notar Harry. Se acercó hasta Snape, que halagaba el trabajo de Blaise Zabini, un Slytherin de cabello oscuro, y le susurró algo al oído. Harry ya se temía lo que ocurriría, cuando el profesor Snape se aproximó hasta el caldero de Malfoy y le dijo a éste algo que Harry no pudo escuchar. Tras aquellos minutos de total incomprensión para los estudiantes, Malfoy abandonó el aula junto a la profesora McGonagall.
Cuando el timbre que anunciaba el final de la clase sonó, Harry limpió apresuradamente su caldero y salió prácticamente corriendo de las mazmorras hasta el segundo piso, donde se impartían las clases de Historia de la Magia. Allí se encontró con Hermione, que se despedía de Ernie.
-Ya lo sabes¿verdad? –dijo Hermione preocupada.
Harry asintió sin mediar palabra.
-¿Qué crees que ocurrirá? –preguntó Hermione mientras se dirigían a la sala común.
-Ni idea –dijo Harry-. McGonagall ha ido a buscar a Malfoy a las mazmorras. Fue entonces cuando imaginé que también iría en busca de Ron.
-Sí... Se presentó en clase de Historia de la Magia y Ron la acompañó fuera.
Traspasaron el retrato de la Señora Gorda y se acomodaron en un sillón cerca de la chimenea.
-A estas horas aún estarán reunidos... –murmuró Hermione consultando su reloj.
-Nos encontraremos con él aquí, tendrá que venir a recoger sus libros para la próxima clase –explicó Harry.
Y así fue. Cuando apenas faltaban unos minutos para el comienzo de la clase de Transformaciones, el retrato se abrió para dejar paso a Ron, cuya expresión lo decía todo.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Hermione, levantándose del asiento como impulsada por un resorte.
Ron se encogió de hombros y tras recoger sus libros salió por el hueco del retrato, seguido de cerca por Harry y Hermione.
-¿Y bien? –insistió Harry, aunque estaba claro que Ron no quería hablar del tema.
El chico continuó caminando impertérrito, como si todo aquello no tuviera nada que ver con él. Pero Hermione tomó medidas al respecto: aceleró su pasó y se situó frente a su amigo, deteniendo su marcha y colocando una mano sobre el pecho de Ron para que éste no continuara rehuyendo la conversación.
-¿Vas a decirnos de una vez por todas qué es lo que ha ocurrido? –dijo Hermione con determinación.
Ron la observó fijamente y casi al instante desvió la mirada, como si lo que fuera a decir se tratara de lo más deshonroso que hubiera podido suceder.
-¿La profesora McGonagall os ha castigado a Malfoy y a ti por lo de la pelea? –preguntó Harry.
-Más que eso –contestó Ron por primera vez con voz trémula, mientras reanudaban la marcha-. Ha amenazado con quitarnos la insignia de prefecto si algo parecido vuelve a repetirse.
-¡¿Qué?! –exclamó Hermione con ojos desorbitados deteniéndose en mitad del pasillo.
-¿Te refieres a que si Malfoy y tú volvéis a enfrentaros os destituirán de vuestro puesto de prefectos? –dijo Harry sin poder creer lo que oía.
Ron asintió levemente con la cabeza.
-Pero... pero eso no es posible –susurró Hermione con la vista perdida. Harry barajó la posibilidad de que su amiga hubiese leído alguna ley relacionada con la expulsión de los prefectos de su cargo en Historia de Hogwarts.
-Es totalmente posible, y lo cumplirán si algo así vuelve a suceder –dijo Ron con total seguridad. Parecía que aquello iba en serio-. La profesora McGonagall dijo que se sentía muy decepcionada con nuestro comportamiento, que teniendo en cuenta que somos prefectos, esperaba una conducta mucho más recta y responsable por nuestra parte; no que nos matásemos a golpes frente a todo el colegio. Cree que podríamos dar mal ejemplo a los más jóvenes, y que en este preciso momento es más importante que nunca que las cuatro casas estén unidas y no divididas.
Al llegar frente al aula de Transformaciones, cuando la campana aún no había sonado, ninguno de los tres sabía qué decir.
-Sé que ahora que soy prefecto debería haber intentado solucionar las cosas de otra manera, pero os aseguró que no pude contenerme... –dijo Ron muy serio. No parecía el mismo de siempre, y eso fue algo que Harry y Hermione no pudieron dejar de notar.
-¡Cualquiera hubiese reaccionado de ese modo! –exclamó Harry, intentando aliviar la preocupación de su amigo-. Tu no tienes la culpa de que Malfoy sea un...
-¡Es que no pude evitarlo...! –la interrumpió Ron, furioso consigo mismo-. Cada vez que pienso en ello... –apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos.
-Ron, no te tortures más con ello –dijo Hermione-. Lo hecho, hecho está. Entendemos perfectamente que reaccionaras de esa manera; lo único que debes hacer ahora es tratar de no meterte en más líos, porque...
-Tal vez debiera dimitir de mi cargo como prefecto y... –comenzó Ron.
-¡Ni hablar! –negó Hermione con rotundidad-. ¡No pienso permitir que cometas semejante locura!
-Pero, Hermione¿es que no ves que después de todo, tal vez yo no sea el adecuado para el puesto? No hago más que meterme en líos, y mis notas no son lo que se dice...
-¿Y crees que la profesora McGonagall no sopesó bien las posibilidades antes de nombrarte prefecto? –Hermione parecía exasperada-. Si lo hizo es porque piensa que eres capaz de desempeñar el cargo sin problemas. ¿Sabes? Las notas no son la única justificación que existe para la elección de un prefecto. Eres capaz de mucho más de lo que crees, puedes llegar a conseguir lo que te propongas. El problema es que el único que parece no entenderlo eres tú.
Ron se sonrojó ligeramente. Harry sabía a qué se refería Hermione: en ocasiones, la inseguridad de Ron vencía a todas sus habilidades, pero sus amigos sabían que una vez superado el miedo a hacer el ridículo o a equivocarse, Ron era capaz de mostrar lo mejor de sí mismo, aunque él creyera todo lo contrario.
-Así que quiero que deseches inmediatamente la absurda idea de dimitir –continuó Hermione, como si de una orden se tratara-. No le des a Malfoy ese gusto.
-Exacto –dijo Harry.
-Y en cuanto a ti... –dijo Hermione con severidad a Harry.
-¿Se puede saber qué he hecho yo ahora? –preguntó Harry confuso, antes de escuchar la acusación de su amiga.
-... Te digo lo mismo que a Ron: intenta evitar a Malfoy y no sigas su juego. Ya sabemos de lo que es capaz...
Harry hizo rodar los ojos y se dispuso a entrar en clase tras escuchar el timbre que anunciaba el comienzo de ésta. Sin embargo, podía escuchar la verborrea de la chica a sus espaldas:
-Malfoy no intentará volver a provocar a Ron, porque sabe que si lo hace, ambos serán castigados duramente –explicó Hermione seriamente-. Pero estoy segura de que tratará de molestarte para que tú seas el siguiente en meterse en líos, así que...
-Ya sé lo que vas a decirme –contestó Harry cansinamente-. Y tú ya sabes cuál es la respuesta: no te prometo nada.
-Harry, escúchame: no seas imprudente. Ya te has metido en muchos líos durante todos estos años. ¿Quién dice que si te ves envuelto en una pelea realmente seria no serás expulsado?
Harry sabía que Hermione tenía razón y eso era lo que más le irritaba: no sabía cómo, pero Malfoy siempre se las ingeniaba para que, tras ser él mismo quien provocara los problemas, los castigos recayeran sobre los demás. Una habilidad propia y única de Malfoy.
Las cosas siguieron su curso en el castillo y todo pareció volver a la normalidad, a pesar de que algunos compañeros ya sabían acerca de la reunión que había mantenido la jefa de la casa de Gryffindor con los dos implicados en la pelea: Draco Malfoy y Ron Weasley.
Mientras tanto, Pansy Parkinson continuaba rondando la enfermería, a la espera de que la señora Pomfrey encontrara algún remedio para el grave ataque de espinillas que había aparecido en su rostro como por arte de magia. Y Hermione seguía insistiendo en que esquivar a Malfoy era la mejor medicina contra los posibles problemas que pudieran surgir. Por eso, cada vez que Hermione divisaba a lo lejos en los corredores el cabello rubio de Malfoy, agarraba firmemente los brazos de Harry y Ron y prácticamente los arrastraba fuera del perímetro del Slytherin.
-¡Hermione, basta ya! –se quejó Ron la última vez que la chica había intentado convencer a sus amigos de cambiar de ruta al percibir la presencia del Slytherin en las inmediaciones-. ¿Sabes que eres una paranoica?
-Sí, bueno, ya... –contestó Hermione, apenas sin hacer caso a Ron, pero consiguiendo que él y Harry la siguiesen.
-Ron tiene razón –opinó Harry-. ¿Crees que cada vez que nos encontremos con Malfoy en cualquier esquina vamos a batirnos en duelo?
Hermione le dirigió una dura mirada y murmuró algo que sonó como "No me extrañaría".
-Pues te equivocas –contestó Ron que la había oído perfectamente-. Harry y yo ya somos mayorcitos para cuidarnos solos. Así que deja de vigilarnos como si pensaras que cada vez que te des la vuelta vamos a meternos en algún lío.
-¡Ya, bueno! –exclamó Hermione, extendiendo los brazos en un signo de disconformidad-. Pero es que es lo que normalmente acostumbráis a hacer: meteros en líos cada vez que me doy la vuelta.
-¿Es eso lo que piensas? –preguntó Harry, incrédulo-. ¿No crees que estás exagerando un poquito? –dijo irónicamente, uniendo casi por completo los dedos índice y pulgar.
-¿Ah, sí? –dijo Hermione poniendo los brazos en jarras. Harry no pudo evitar acordarse de la profesora McGonagall-. Veamos: la pelea en la biblioteca con Malfoy –comenzó a enumerar con los dedos mirando a Harry-, la última trifulca hace apenas una semana; eso sin contar los innumerables encontronazos que...
-Está bien –aceptó Ron interrumpiendo a Hermione-. Pero eso no quiere decir que volvamos a cometer el mismo error. Además, sabes perfectamente que por mucho que quiera, no puedo volver a meterme en problemas con Malfoy. Así que el único que debe preocuparte ahora es Harry –dijo dejando en manos de su amigo la discusión.
-Gracias, Ron –contestó Harry con sarcasmo-. Eres de gran ayuda.
---000---
Realmente era muy difícil seguir los consejos de Hermione cuando Harry se veía obligado a soportar los comentarios de Malfoy en clase de Pociones. El Slytherin, sentado dos mesas más allá de Harry y Seamus, no dudaba en elevar su tono de voz para que Harry pudiese escuchar perfectamente sus burlas, cuando el profesor Snape se encontraba ocupado en inspeccionar su armario de ingredientes:
-... Así que no me preocupan las estúpidas amenazas de McGonagall –dijo en una ocasión a Crabbe, mientras removía el contenido de su caldero. Descuidadamente, alzó su tono de voz y continuó-: no es problema mío si le quitan la insignia a Weasley –pronunció el nombre de Ron como si se tratase del insultó más horrible-, después de todo, en su familia ya deben estar a acostumbrados a las humillaciones...
A Harry le temblaban las manos de rabia, y machacó con el mortero más de la cuenta los ojos de tritón que debía añadir a la poción. Seamus, que a su lado intentaba avivar el fuego de su caldero, se percató de la situación y con una significativa mirada le advirtió que controlara su furia.
-... Además –comentó Malfoy-, el profesor Snape jamás permitiría que me echaran de mi cargo de prefecto –miró de soslayo al profesor, que anotaba algo en su cuaderno, ajeno a la conversación de su alumno más aventajado-. Se podría decir que le tengo en el bolsillo –Crabbe dibujó una estúpida sonrisa en su cara.
Harry salió de las mazmorras como un vendaval y arrastró durante todo el día un humor de perros. Ni siquiera quiso entablar conversación con sus amigos, ya que posiblemente pagarían las consecuencias. Aunque Ron tenía una ligera sospecha de lo que debía haber ocurrido y Hermione estaba completamente segura de que Harry debía haberse tragado su furia en clase del profesor Snape, ninguno de los dos comentó nada al respecto.
---000---
Por si lo ocurrido hasta entonces fuera poco, había que añadir a todos sus quebraderos de cabeza las abominables clases de Oclumancia con el profesor Snape, que se repetían con regularidad cada miércoles. No era sólo el hecho de que tras cada sesión el cerebro de Harry pareciese una esponja recién escurrida, si no que las críticas de Snape seguían siendo igualmente duras.
Y aunque pareciese imposible, las cosas podían llegar a tornarse más confusas y complicadas de lo que ya eran de por sí. Harry no podía dejar de pensar en su última sesión de Oclumancia con Snape mientras regresaba a la sala común, donde lo esperaban Ron y Hermione:
-Levántese Potter, no hay tiempo que perder –había espetado Snape, a la vez que Harry se ponía en pie tras haber flaqueado y haber dado contra el suelo cuando el profesor había intentado adentrarse en su mente.
Harry se había puesto en pie y había recogido su varita del suelo, preparado para otra arremetida por parte del profesor Snape.
-Está bien, lo repetiremos de nuevo. Prepárese, Potter. ¡Legeremens! –había exclamado Snape, apuntando con su varita a Harry.
Lo que había ocurrido a continuación fue algo para lo que ninguno de los dos estaba preparado. Cuando el hechizo había dado contra Harry, éste había tratado de resistirse a la orden de mostrar todos sus pensamientos a su rival, de modo que había intentado concentrarse en bloquear a Snape. Debía utilizar las pocas fuerzas que le quedaban para contraatacar el hechizo, pero parecía tan difícil e imposible... Sólo deseaba lograr repeler por una vez a Snape para poder irse a dormir.
Casi se había dado por vencido cuando un dolor punzante había sobrevenido a su debilitada mente. Había podido ver con claridad algunos de sus recuerdos; Snape lo había logrado de nuevo, había conseguido introducirse en su cabeza una vez más. Pero casi al instante, Harry supo que no estaba en lo cierto. Los pensamientos que ahora desfilaban por su mente no le pertenecían, y era imposible que alguna vez los hubiese vivido, porque no reconoció ninguno de ellos: un chico de pelo oscuro y greñudo discutía con un hombre de nariz aguileña, el mismo chico se batía en duelo con otro muchacho, ambos vestidos con el uniforme de Hogwarts... El torrente de confusas imágenes había continuado a una velocidad vertiginosa hasta que el chico había vislumbrado algo que le había llamado la atención. Quería ver aquel recuerdo y, de manera inconsciente, sus energías se habían centrado en volver a él. Sorprendentemente, lo había logrado sin apenas encontrar resistencia:
En su mente se dibujaba un pasillo estrecho y lóbrego. Al final había una puerta cerrada, y ante ésta dos figuras, una de ellas moviéndose con impaciencia. Eran el profesor Dumbledore y un Snape bastante más joven a cómo Harry lo conocía.
El director de Hogwarts abrió con determinación la puerta, dejando a la vista una habitación amplia e iluminada de la que llegaban voces animadas. Tras lanzarle una mirada tranquilizadora a Snape, Dumbledore entró en la estancia y Snape le siguió después de respirar un par de veces sin que Dumbledore le viera, como si estuviera preparándose para afrontar una situación complicada.
Cuando Snape traspasó el umbral, se hizo un silencio absoluto. Se encontraba junto al director frente a una larga mesa a la que estaban sentadas cerca de una veintena de personas, todas con el rostro girado hacia los recién llegados.
-Bien, veo que estamos casi todos presentes, de modo que podemos comenzar la reunión. Severus... –Dumbledore le señaló a Snape una silla vacía y él se sentó en la contigua-. Todos sabéis por qué estamos aquí; nos hemos reunido para deliberar sobre la admisión de un nuevo miembro para la Orden. Creo que no son necesarias las presentaciones porque la mayoría de vosotros ya conoce a Severus Snape.
Entre los asistentes se produjo un leve murmullo, aunque nadie dijo nada en voz alta, todos demasiado expectantes de las palabras de Dumbledore.
En aquel momento, alguien llamó a la puerta, y acto seguido James Potter apareció. Harry se fijó una vez más en el sorprendente parecido que le unía a su padre: James llevaba el pelo descuidadamente despeinado y las gafas, rectangulares, le otorgaban un aire maduro. No debía tener más de veinte años, pero el cambio sufrido era evidente en comparación con la imagen que Harry tenía del recuerdo de los TIMOS de Snape.
-Lamento la tardanza, Dumbledore, el asunto se complicó.
-No importa, James, acabamos de empezar.
Sin embargo, el padre de Harry se había percatado de la presencia de Snape: su rostro se había tornado más serio y sus ojos se habían oscurecido.
-¿Qué significa esto?
-James, siéntate y de ese modo podré exponer la situación ante todos –dijo Dumbledore con un deje de impaciencia.
Con una expresión de ira contenida en el rostro, James se dirigió a un asiento libre entre una mujer pelirroja, cuya melena brillante destacaba entre todas las demás, y un hombre joven muy atractivo de pelo oscuro. Harry se percató de que Sirius estaba muy diferente a cuando lo conoció; Azkaban había hecho mella en él, desde luego.En aquel momento, su rostro mostraba un aire juvenil y conservaba el atractivo de su adolescencia. Al otro lado de la mesa, justo frente a los Potter y a Sirius, un hombre gigantesco hizo un gesto de saludo con la cabeza hacia el recién llegado:
-Cuanto tiempo, James. Me alegro de volver a verte.
-Yo también, Hagrid –pero las palabras de James sonaron a simple cortesía, porque sus ojos seguían clavados en la cabecera de la mesa, expectantes.
-Bien, como estaba diciendo, nos hemos reunido para deliberar sobre la admisión de un nuevo miembro. Este tipo de acontecimientos no suelen debatirse nunca, pero he pensado que tal vez en esta ocasión debería aclararse todo en público para evitar… la polémica –daba la sensación de que Dumbledore escogía cuidadosamente las palabras exactas y precisas-. Severus Snape lleva tiempo colaborando con la Orden, aportando información valiosa y alejándose del Lado Tenebroso. El hecho de tener un espía dentro de los círculos más próximos a Voldemort y que Voldemort cuente con un mortífago activo menos nos ofrece una posibilidad muy atractiva tanto para nosotros como para Severus, que acepta la petición que le he hecho a pesar del riesgo que supone para él
La tensión en la habitación era densa, y sólo pareció romperse cuando habló una mujer de rizos negros y tez pálida:
-¿Qué garantías tenemos de que realmente está de nuestro lado?
-Severus me ha ofrecido las garantías suficientes para pensar que no hay motivo de desconfianza, Dorcas –contestó Dumbledore con serenidad. La mujer hizo un gesto de asentimiento, como si aquello fuera suficiente para ella.
-Hay motivos de desconfianza si él ha luchado contra la causa desde hace años –la voz de James había sonado grave y contenida, pero aún así llena de furia. Parecía que todos habían estado esperando su intervención. El rostro de Snape se crispó aún más.
-Lo comprendo –el director de Hogwarts había fruncido levemente el ceño por encima de sus gafas de media luna-, pero en este caso espero que mi criterio baste para convenceros, porque hay datos que no estoy dispuesto a revelar. Al menos por el momento.
-¿De que manera trabajará para la Orden? –preguntó un hombre cuyo aspecto orgulloso y nariz huesuda recordaban levemente a la anciana señora Longbottom, la abuela de Neville-: Todos sabemos que nadie se aleja de Voldemort impunemente.
Snape estaba pálido.
-Severus –contestó Dumbledore- conoce y acepta el riesgo, como ya he dicho, y, por otra parte, yo me ocuparé de tomar algunas medidas de seguridad. Aun así no creo que sea necesario recordar que su… papel no debe comentarse de manera abierta con nadie; se mantendrá en el más estricto secreto. Hoy nos hemos reunido en el Consejo para deliberar sobre este tema y no creo que sea necesario que el resto de los integrantes lo sepa –lanzó una mirada circular por los catorce rostros que le observaban tanto a él como a Snape. Sus ojos se detuvieron con mayor insistencia en la zona en la que estaban sentados James y Sirius-. Confío en que los intereses de la Orden se antepongan a los conflictos personales.
Al lado de James, Lily Potter reposó una mano en el brazo de su marido antes de hablar con serenidad y de manera rotunda:
-Eso no tiene porqué ser motivo de preocupación; en este momento los objetivos que tienen prioridad son los de la Orden.
Dumbledore asintió con la cabeza, pero James se había girado hacia la mujer y la miraba con incredulidad:
-¿Qué? –susurró. Pero a pesar del tono de voz que había utilizado, todos los presentes lo habían oído debido al silencio que se adueñaba de la habitación-. No puedo creer que, de entre todas las personas, seas tú quien diga eso después de lo que ocurrió.
-Eso ya ni tiene importancia, ni viene al caso–sentenció Lily ruborizándose al sentir las miradas de los presentes.
James apretó la mandíbula y cuando habló, lo hizo entre dientes:
-Para mí, sigue teniendo importancia –observó durante unos instantes a Lily antes de añadir en voz alta-: Acepto la decisión del consejo aunque me opongo a ella.
-¿Alguien más desea añadir algo más? –preguntó Dumbledore. Harry se había fijado en Sirius, convencido de que él hablaría. Pero la mirada que compartían en aquel momento el que sería su padrino y Snape parecía exigir toda la concentración de éste.
-Entonces, se da la reunión por finalizada. Severus actuará a favor de la Orden –concluyó Dumbledore con un tono que dejaba traslucir un matiz de alivio.
Los presentes se levantaron de sus sillas y, mucho más relajados, entablaron conversaciones.
Lily suspiró en dirección a su marido y le peinó con cariño el pelo negro y rebelde; pero al no recibir respuesta, se puso en pie y, tras cruzar una mirada elocuente con Sirius, se alejó de allí. En el otro extremo de la estancia, se cruzó con la esposa de Frank Longbottom y las dos mujeres se sonrieron con complicidad al ver que los signos de sus embarazos ya eran más que evidentes en ambas.
Entre tanto, James se había quedado sentado con aire taciturno, sin hacer caso de las conversaciones que habían comenzado a su alrededor. Súbitamente, se levantó y, bajo la sorprendida mirada de Sirius, se dirigió resuelto a la puerta. Cuando estaba a punto de atravesarla, prácticamente atropelló a otra persona que parecía querer escapar de aquella reunión.
-Discul…
James se interrumpió en seco al percatarse de quién se trataba. Snape y él se miraron penetrantemente.
-¿Sientes la necesidad de huir de aquí? –preguntó James con rabia.
-Tanta como tú –contestó fríamente Snape.
-Al menos yo no tengo ese sentimiento de culpa que te reconcome.
Harry había sentido que algo se agitaba dentro de él al escuchar aquellas palabras y al ver la intensidad con la que los dos se miraban.
Snape abrió la boca para contestar algo que, sin lugar a dudas sería desagradable. Sin embargo, la imagen había desaparecido repentinamente de la mente de Harry y éste había retrocedido a trompicones hasta chocar con la pared de las mazmorras, impulsado por una fuerza invisible.
Desde el suelo, Harry había abierto los ojos y lo había visto todo desenfocado. Tras tantear por el suelo de piedra había encontrado sus gafas. Al ponérselas, la mazmorra había aparecido ante él. Snape se sujetaba con ambas manos a su escritorio, aparentemente agotado. Había mirado a Harry con asombro, como si no estuviera muy seguro de cómo había llegado allí.
-Hemos terminado por hoy, Potter –había susurrado el profesor, sin apartar la vista del muchacho.
Harry se había apresurado a salir del despacho de Snape. Mientras recorría las mazmorras, completamente mareado, había girado la cabeza y había visto a Snape pasarse la mano por las sienes, como si se sintiera aturdido.
Y ahora se encontraba frente al retrato de la Señora Gorda, a la espera de que la dama le dejara entrar en la torre de Gryffindor tras haber pronunciado la contraseña correcta:
-Fors Fortis
Trató de aparentar normalidad una vez hubo cruzado el hueco del retrato, ya que no deseaba compartir con nadie los acontecimientos vividos en su última clase de Oclumancia. Encontró a Ron y Hermione muy ocupados con sus tareas, cerca de la chimenea.
-¿Qué tal estás? –preguntó Hermione levantando la nariz de su redacción de Transformaciones y mirando a su amigo.
Harry se encogió de hombros y se sentó junto a Ron, que volvía a estar inmerso en su trabajo de Herbología. Harry se dispuso a hacer algunas tareas, antes de que el trabajo se le acumulara de nuevo, pero cuando abrió su libro de Transformaciones, supo que sería incapaz de concentrarse en nada más que en lo que acababa de presenciar en las mazmorras.
¿Qué demonios había sucedido en aquella mazmorra¿Cómo era posible que Snape le hubiera permitido observar sus recuerdos durante un periodo de tiempo tan largo? La única vez que había conseguido adentrarse en los pensamientos del profesor de Pociones, éste le había repelido con rapidez. ¿Acaso había querido que lo viera? Pero, si así era¿por qué?
Por otra parte, lo que había podido ver…
Algo había ocurrido antes de que Snape abandonara a los mortífagos, o que "supuestamente" abandonara a los mortífagos, algo que había afectado de manera personal a sus padres. Lily lo había llamado "eso", como si quisiera pasar página.
---000---
Había sido una semana agotadora y Harry solamente deseaba que el fin de semana se presentara cuanto antes. La última clase de Oclumancia aún seguía dando vueltas en lo más recóndito de su mente, sin siquiera poder apartarla de sus pensamientos ni un solo momento. Tenía la sensación de que tal vez, si compartía lo que había visto con alguien, aquel sentimiento que pesaba sobre su cabeza se desharía como la mantequilla al sol, pero... ¿quién podría ser esa persona? Lo ideal sería poder hablar con Sirius, pero aquella posibilidad quedaba totalmente descartada. En cuanto a Ron y Hermione... No estaba seguro de que fuera una buena idea. Compartía todos sus secretos con sus dos mejores amigos (salvo la profecía), pero jamás había tocado con ellos el tema de sus padres. Ni tan siquiera les había relatado lo que había tenido la oportunidad de ver en el pensadero de Snape el curso pasado. No. Definitivamente, prefería guardar aquellos pensamientos a compartirlos con sus dos amigos. Además, lo que realmente necesitaba era charlar sobre ello con alguien que hubiese conocido a sus padres, y ni Ron ni Hermione cumplían aquel requisito. Pero... un momento. ¡Lo tenía! La mente de Harry trabajaba a toda velocidad y ya creía haber resuelto su problema. La verdad era que después de pensarlo detenidamente, resultaba bastante obvio, y se preguntaba como no se le había ocurrido antes aquella posibilidad. Tras haber superado el primer obstáculo, un segundo inconveniente se cruzaba en su camino y una pregunta se dibujó en su cabeza¿Cómo hacerlo? Ya tendría tiempo de pensar en ello...
Mientras tanto, Harry no era el único a quien las cosas parecían no irle demasiado bien. Aquella misma semana, Ron y Hermione ya tenían otro quebradero de cabeza más que añadir a su interminable lista.
El viernes amaneció nuboso, y tras despedirse de Harry, quien sufriría dos horas de Pociones, Ron y Hermione se dirigieron al aula de Historia de la Magia. Nada más cruzar el umbral de la puerta, la chica ahogó un gemido y Ron siguió la mirada de Hermione, que se había detenido en el escritorio del profesor Binns, donde reposaban amontonados un gran número de pergaminos.
-¡Lo había olvidado por completo! –exclamó Ron, al darse cuenta de que el profesor Binns ya debía haber corregido los trabajos sobre la magia en el siglo XIX, que tantos problemas les había dado a Ron y Hermione.
Ambos ocuparon sus respectivos pupitres, uno al lado del otro, y Ron no pudo dejar de notar que la pierna derecha de Hermione temblaba continuamente mientras tomaba sus extensos apuntes.
El profesor Binns se mostró igual de aburrido que de costumbre, aunque esta vez pareció que dictaba los apuntes con un tono de voz ligeramente más áspero y brusco, como si estuviera molesto o incluso enfadado. Flotaba por la clase murmurando palabras como "¿A quién se le ocurre?"vo "¿En que estaría pensando ese loco?".
Al final de la clase, el profesor se acercó a su escritorio, donde estaban amontonados la pila de pergaminos que eran los trabajos sobre la magia en el siglo XIX. El fantasma, que a lo largo de toda la clase había parecido estar irritado, comenzó a repartir los trabajos con sequedad.
-¿Un seis? –murmuró Ernie Macmillan desconcertado-. No puede ser, profesor; ¡este trabajo es para un ocho! –Justin, que había hecho el trabajo con Ernie, asentía vigorosamente con la cabeza, mientras leía las correcciones de Binns.
-Un seis, McNeal, así es –contestó Binns.
-Pero profesor...
-Un seis, McCallister –concluyó Binns.
Susan Bones, que estaba sentada delante de Ron, arrugó el ceño al recibir su nota: un cinco. Desde el otro lado del aula se oyó un gruñido y acto seguido Terry Boot, de Ravenclaw, se ponía en pie sujetando su trabajo con la mano:
-Sinceramente... no creo que ésta sea una calificación justa, profesor Binns –exclamó pomposamente.
-Sinceramente... –contestó el aludido con frialdad-, no creo que su opinión cuente mucho.
Terry se quedó boquiabierto y se sentó mientras enrojecía hasta la raíz del pelo.
Cuando tuvo el suyo entre las manos, Hermione palideció:
-¿Un cuatro? –bufó. Ron le arrancó el trabajo de las manos y lo miró incrédulo, como si esperara que la nota cambiara de un momento a otro. Si no hubiera conocido al profesor Binns, pensaría que se trataba de una broma: Ron sabía que Hermione Granger NUNCA había suspendido nada.
Hermione levantó la mano y la agitó en el aire hasta que consiguió atraer la atención del profesor.
-¿Sí, señorita...?
-Granger, profesor. Bueno, me preguntaba por qué ha habido calificaciones tan bajas, señor.
Binns se deslizó hasta llegar al pupitre que compartían Ron y Hermione y cogió con su mano ligeramente transparente el trabajo que había delante de Hermione.
-¿De veras se pregunta por qué las calificaciones han sido tan malas? A mí me parece obvio. Por ejemplo el trabajo de la señorita Grant y... –Binns echó un vistazo al pergamino- el señor Weasley tiene una presentación que deja mucho que desear, por no hablar de...
-Pero el contenido... –interrumpió Hermione acaloradamente mientras Ron le tiraba de la manga tratando de enmudecerla para que no empeorara las cosas.
-¡El contenido estaba incompleto¡Tienen un cuatro en el trabajo y punto¡Si querían obtener una nota más alta, deberían haberse aplicado más y no entregar un trabajo de cinco minutos!
Hermione se quedó callada, sorprendida por el súbito estallido del profesor, pero Ron se incorporó con furia al oír aquello:
-¿De cinco minutos¡Pero si me pasé la noche entera haciéndolo con Hermione! –se oyeron algunas risitas aisladas a pesar de la tensión que se había creado. Ron enrojeció violentamente-. El... el trabajo, claro.
Hermione se tapó la cara con una mano, avergonzada.
-No sea insolente, señor West, y siéntese inmediatamente –Binns le dio la espalda a Ron, que le dio un manotazo con rabia al pergamino en el que habían escrito el trabajo con tan mala pata que éste atravesó al fantasma. El profesor se detuvo en el aire y se giró con una expresión de ira en su plateado rostro-. ¡Castigado! –gritó-. Venga la tarde del viernes a mi despacho, señor Wilson.
-Pero... –protestó Hermione poniéndose en pie casi de manera inconsciente.
-Usted también vendrá el viernes, señorita Graham –Binns echó una mirada colérica al resto de los alumnos-. ¿Alguien más? –nadie contestó-. Bien. Se ha terminado la clase por hoy. Y ha ustedes dos –señaló a Hermione y Ron- quiero verles el viernes que viene nada más terminar las clases.
Binns atravesó la pared y, en cuanto desapareció, los estudiantes empezaron a protestar:
-¡Un seis! –mascullaba Ernie con el ceño fruncido.
-Y a mí me ha puesto un siete y medio¿puedes creértelo? –le dijo Terry a Ron, que le contestó con una mirada glacial.
-¡Tio, cómo te has puesto! –le soltó Dean Thomas a Ron al pasar por su lado.
-Sí... Creo que Hermione y tú debéis ser los primeros alumnos a los que Binns castiga –comentó Neville.
Éste se encogió de hombros, todavía de mal humor, se echó la mochila a la espalda y salió como una flecha de la clase, seguido de cerca por Hermione.
-Ron, espera –el chico no disminuyó el paso a pesar de la petición de su amiga-. ¡Espera, Ron! –nada de nada-. ¡Ronald Weasley, espera un momento! –exclamó Hermione indignada levantando la voz. Ron se detuvo bruscamente y aguardó a que la chica lo alcanzara antes de volver a andar dando largas zancadas. Caminaron en silencio hasta el Gran Comedor y se sentaron junto a Harry, que enarcó las cejas al ver sus gestos de enfado. Iba a preguntarles qué les ocurría cuando escucho una voz fría:
-¿Es eso cierto, Weasley¿Es verdad lo que dice Pansy? –Malfoy se echó a reír mientras Ron entrecerraba los ojos con furia.
-Cállate, Malfoy –espetó Harry, que aunque no sabía de que hablaba Draco, se temía otra pelea.
-No me digas que tú también lo sabías, Potter –ironizó Malfoy sonriendo con sus delgados labios.
-¿De qué hablas?
-Así que no lo sabías¿eh? Weasley lo ha reconocido en la clase de Binns. Algo sobre pasarse la noche entera con la sangre sucia haciéndolo… ¿qué querría decir?–Malfoy volvió a reírse junto con otros Slytherins mientras a su alrededor la gente escuchaba con curiosidad.
-Vete a la mierda, Malfoy –masculló Ron, al que era difícil distinguirle las cejas de lo rojo que estaba. Hermione parecía demasiado ocupada en engullir su cena lo más aprisa posible.
-Pues claro, Weasley, lo haré en cuanto me digas dónde está tu casa –con una risotada Malfoy salió del Gran Comedor seguido de Crabbe y Goyle. Harry retuvo a su amigo por el brazo, obligándole a permanecer sentado y esperó a que la gente de su alrededor dejara de mirar para preguntarles.
Finalmente, miró a Ron, que en aquel momento aplastaba los guisantes de su plato con el tenedor, como si en vez de comida tuviera en el plato la cara de Malfoy.
-¿A qué ha venido eso? –le preguntó. Sin embargo, Ron permaneció en silencio con el ceño fruncido y Hermione continuaba masticando a una velocidad que podría haber batido un record.
Al cabo de cinco minutos, Hermione terminó de comer y se despidió de ellos con un brusco "Nos vemos en la sala común", sin mirar a nadie en concreto, para dirigirse velozmente a clase de Aritmancia.
-¿Vas a explicarme a qué ha venido lo de Malfoy ahora que Hermione se ha ido? –le preguntó Harry a Ron.
-Digamos que Hermione y yo estamos castigados el viernes en el despacho de Binns –anunció Ron desganado.
-¿Ah, sí? Bueno, pero lo que ha dicho Malfoy... quiero decir... vosotros no...
-No seas idiota, Harry –soltó Ron enrojeciendo de nuevo.
-¿Entonces? –preguntó Harry intentando disimular una sonrisa al pensar lo que habrían dicho los gemelos de haber estado presentes.
Ron dejó caer el tenedor sobre la masa verdusca en la que se habían convertido los guisantes.
-Digamos que fue un malentendido –Harry escuchó atentamente a su amigo-. Le dije a Binns que me había pasado la noche entera haciéndolo con Hermione, pero me refería al trabajo de historia, obviamente –Harry, abandonando todo disimulo, se echó a reír con ganas. Hasta Ron sonrío con timidez, como si le encontrara la gracia por primera vez-. Supongo que era una frase un poco confusa.
Harry siguió riendo hasta que llegaron al linde del Bosque Prohibido, donde los esperaba Hagrid para comenzar con la lección.
Fue una clase un tanto extraña, en la que Ron tuvo que soportar las miradas indiscretas de los alumnos de Slytherin, que aún tenían ganas de continuar con el chiste.
Cuando escucharon el timbre que daba por finalizada la clase, Ron prácticamente regresó corriendo hasta el castillo, intentando ignorar sus impulsos por borrarle a Malfoy aquella odiosa sonrisa de la cara. Harry y Ron pasaron la tarde en la biblioteca, buscando información para su trabajo de Cuidado de Criaturas Mágicas y sus innumerables redacciones de Transformaciones y Encantamientos. Y por extraño que pareciese, no encontraron allí a Hermione. Sin tan siquiera pasar por el Gran Comedor para la cena, Harry y Ron se dirigieron a la sala común.
-Creo que me voy a dormir, llevo un día agotador –anunció Ron restregándose los ojos y evitando acercarse a Hermione, que hacia sus deberes en una mesa junto a la chimenea.
-Vale. Buenas noches –le dijo Harry viéndole subir las escaleras.
Qué os ha parecido el cap? Dejadnos un review para saberlo!!!!
Próximo cap: "Al descubierto". Se sabrán cosas muyyyy importantes para la trama del fic... sin más comentarios.
Respuestas a los reviews:
Pokhara: Bueno, como has visto en este cap, la pelea entre malfoy y ron ha tenido sus consecuencias, y no muy buenas precisamente. de malfoy ya se ir´na sabiendo más cosillas a medida q avance el fic. y en cuanto a harry y ginny, bueno te aseguramos q este fic es hg, así que momentillos sí q va a haber, pero eso es sorpresa, jejeje. besos!!!
saisai jk: todos sabemos que draco es un desgraciado y eso ha quedado bastante claro en este cap, no? en fin, q es un niñato mimado y malcriado. y teniamos ganas de q se llevara lo q se merecía. muchas gracias por tus comentarios. besos!!!
Lord Grond: pues sí, nosotras tmb pensamos igual q tú con respecto a malfoy, y ya verás lo q va pasando con él en este fic, no te adelantamos nada. gracias y muchos besos!!!
lordaeglos: bueno, pues aquí una de las cosillas del trabajo de historia de la magia. y no es la última, porque como has visto, tienen un castigo por delante. muchas gracias por seguir leyendo! besos!!!
David: muchas gracias por tu comentario. la verdad es q nos gustaría mucho poder actualizar más seguido, pero senos hace muy difícil, porque somos tres personas y nos tenems q poner de acuerdo para ahcer las correcciones del cap y demás. intentaremos ser más rápidas. besos!!!
