Hola a todos otra vez!!!!

Antes que nada, una disculpa personal de Tridjia, q asume todas las responsabilidades por la larguísima tardanza y por no haber podido hacer la correción del capítulo antes (lo siento, lo siento, me declaro culpable, Ibi y Trinity estuvieron a punto de liarse a tomatazos conmigo or lo tardona que soy, pero la sangre, o la salsa de tomate en este caso, no llegó al río, o a mí cara mejor dicho)

Aquí os traemos el cap 20. A todos los que después de estas semanas desaparecidas, seguís aquí, muchas gracias por vuestro interés. Esperamos que os guste, y ya sabéis, para cualquier sugerencia para próximos caps, tomatazos (tridjia los acepta esta vez con total sumisión), críticas, etc... dadle al GO!

Disclaimer: nada nuestro, todo de Rowling, excepto erl texto, obviamnete y... ahora que los pensamos... Daihjiro Yioko tmb es nuestro... jejeje

Al final del cap las respuestas a los reviews!!!!


20

Regreso a la Casa de los Gritos

A las seis en punto de la tarde del viernes, Ron y Hermione estaban frente a la puerta del despacho de Binns. Tan sólo había pasado una semana desde que ambos hubiesen recibido su trabajo de Historia de la Magia, junto con su castigo, a pesar de que habían sucedido tantas cosas desde entonces, que aquellos últimos siete días habían transcurrido muy lentamente. Después de que Ron llamara con los nudillos la puerta, esperaron hasta que ésta se abrió sola con un chasquido.

-¿Profesor Binns? –dijo Hermione con cautela, asomando la cabeza por la puerta entreabierta. Binns flotaba en el aire, paseando por su despacho. Tenía en sus manos un libro en cuya cubierta podía leerse Las guerras con los gigantes a lo largo de la Historia. Al oír la voz de Hermione, levantó la mirada y cerró el libro de golpe.

-Pasen –exclamó al verles en el vano de la puerta. Sus cejas plateadas se fruncieron levemente al ver entrar a Ron, acordándose, sin duda alguna, del pergamino que éste le había tirado en la última clase-. Bueno, como castigo van a ordenar mi biblioteca personal –el fantasma señaló una estantería repleta de centenares de volúmenes-, por orden cronológico de impresión. Yo… he de irme, pero quiero ver el trabajo terminado para cuando vuelva, dentro de unas horas. ¡Sin magia!

Sin más palabras, Binns se marchó atravesando la puerta cerrada. Parecía que tuviera prisa. Al quedarse solos, Ron y Hermione se miraron sorprendidos. El pelirrojo enarcó las cejas:

-¿Qué clase de castigo es ese¿Ordenar unas estanterías¡Venga ya!

-No creo que Binns se haya preocupado nunca en poner un castigo. ¿Quién sabe? Es posible que seamos los primeros –dijo Hermione pensativa.

-¡Qué honor! –ironizó él.

-Será mejor que empecemos –Hermione se remangó las mangas de la túnica y se acercó a las polvorientas baldas. En cuanto sacó los primeros libros, surgió una nube de polvo que la hizo estornudar tres veces seguidas-. ¡Uff! Creo que nadie ha limpiado aquí desde hace años.

-Se les debe haber pasado por alto a los elfos domésticos –comentó Ron.

-No tiene gracia –Hermione le miró de manera fulminante-. No te quedes ahí mirando y échame una mano.

Ron se apresuró a quitarle la pila de libros de entre los brazos y los dejó caer en un rincón. Cuando, al cabo de una hora, habían vaciado las estanterías, ambos tenían la espalda dolorida de tanto agacharse y estirarse.

-Al final va a resultar que Binns sí sabe lo que es un castigo de verdad –se quejó Ron con las manos en los riñones.

Hermione atravesó la habitación, esquivando las montañas de libros hasta conseguir llegar al escritorio. Se sentó en la mesa y dejó las piernas balanceándose en el aire mientras se pasaba el dorso de la mano por la frente. Sin fijarse en lo que hacía, cogió el libro que Binns había estado leyendo antes de que ellos llegaran y que en aquel momento descansaba en el escritorio. Lo hojeó con desgana.

Ron se pasó la mano por el pelo, despeinándoselo cuidadosamente de espaldas a Hermione. Miraba todos los libros que tenían que ordenar cuando escuchó un gruñido a sus espaldas.

-¿Qué te pasa? –le preguntó a la chica, que miraba el libro que tenía en las manos como si fuera un escreguto de cola explosiva.

-No me extraña que la gente tenga tan mala opinión de los gigantes, cualquiera les tendría miedo después de leer lo que pone aquí.

Ron se acercó a ella y le echó un vistazo a la ilustración que acompañaba al texto y que mostraba a un gigante de aspecto enloquecido que tenía apresados a varios hombres y los sujetaba en sus enormes manazas.

-Que yo recuerde, tú misma no estabas muy contenta con la idea de tener que cuidar de Grawp¿me equivoco, Hermy? –recordó Ron.

-Eso es distinto. Yo sólo digo que si los magos aceptáramos a los gigantes, seguramente éstos serían menos agresivos y podríamos llegar a convivir.

Ron soltó un resoplido:

-¿Ahora intentas fundar el O.N.G.O.; Organización Nauseabunda de Gigantes "Orrorosos"? –se echó a reír de su propio chiste.

-No seas bobo. Además, "horroroso" lleva hache –contestó Hermione ácidamente.

Ron hizo una mueca y murmuró algo que sonó a "Ya lo sabía, era por darle un poco de gracia al asunto". Después desvió la vista hacia el escritorio de Binns, donde Hermione estaba sentada.

-¡Eh! –exclamó de repente cogiendo unos papeles-. ¡Aquí están los trabajos de Historia! Mira, el de Terry Boot –lo leyó un poco por encima-. Pues tampoco está tan bien. Seguro que ese tío está enchufado.

-Suelta eso, Ron –se escandalizó ella dándole un manotazo suave-. No podemos cotillear las cosas de los profesores.

-Sí que podemos.

-Pero no debemos, somos prefectos.

-Aquí está el nuestro.

-¡Déjame ver!

-Suelta eso, Hermione –exclamó Ron imitando la voz aguda de su amiga-. No podemos cotillear las cosas de los profesores.

-Sólo quiero ver en qué nos equivocamos. Con tu genial idea de tirarle el pergamino a Binns me quedé con las ganas de leer las correcciones –Hermione le quitó el trabajo de las manos y leyó las anotaciones que el profesor había escrito en el margen del manuscrito-. Pero¿cómo se te ocurrió poner que Hildegard Reyjerk nació en Irlanda¡Pero si es de Islandia!

-Hermione, eran las cuatro de la mañana¿crees que era capaz de diferenciar Irlanda de Islandia? Se me cruzarían las letras…

-Bueno, no importa; lo hecho, hecho está –concluyó ella dejando los trabajos en su sitio.

El rostro de Ron pareció ensombrecerse y dándole la espalda comenzó a colocar los libros por orden cronológico en las estanterías. Hermione se unió a él y al cabo de unos minutos se percató de que su amigo no había dicho nada en un buen rato y que apretaba la mandíbula con fuerza. No sabía si preguntarle, porque a veces las reacciones de Ron eran completamente imprevisibles: tan pronto se comportaba con ella de un modo amable, como se ponía a discutir por cualquier tontería. ¿Habría dicho algo que le hubiera molestado?

Finalmente, incapaz de aguantar la situación por más tiempo, se encaró con él:

-Ron¿qué pasa?

-¿Eh? Nada –el chico continuó colocando libros.

-¡Oh, vamos¡No seas crío¿Qué te pasa? –Hermione le agarró del brazo con impaciencia, pero lo soltó casi al instante al ver el gesto del chico-. ¿Te ha molestado algo de lo que he dicho? –preguntó, preocupada, tragándose su orgullo-. ¿Ha sido por lo de Islandia?

Ron la miró fijamente a los ojos durante unos segundos y su expresión pareció dulcificarse.

-Es sólo que… no puedo evitar pensar que si estamos aquí es por mi culpa.

Hermione abrió mucho los ojos, asombrada, pero al momento siguiente esbozó una sonrisa tranquilizadora.

-Pero, Ron –murmuró como si regañara a un niño pequeño-, los dos cometimos errores, mi parte del trabajo tampoco estaba del todo bien.

El chico negó con la cabeza.

-No me refiero a eso. Si hubiéramos empezado antes… si hubieras hecho el trabajo con otra persona seguro que habrías aprobado.

-Pero yo quería hacer el trabajo contigo.

-¿Es la primera vez que suspendes?

Hermione enrojeció:

-Bueno, una vez suspendí un examen de Runas Antiguas, en tercero, aunque sólo era un parcial. Me estaba volviendo loca con aquel maldito giratiempo…

-Espero que esto no perjudique demasiado tu media, ni en lo de que seas prefecta. Como la mía ya está echada a perder por todo lo de Malfoy… Debí estar más pendiente… no sé cómo se me pudo olvidar de esa manera.

Hermione le puso una mano en el hombro:

-Tenías cosas más importantes en las que pensar…

Ron esquivó su mirada; ambos sabían que ese refería a Charlie. Sintió que un nudo se formaba en su garganta e intentó desesperadamente contenerse. No quería desmoronarse allí, no en aquel momento; no delante de ella.

-Esto no ha hecho más que empezar –musitó Hermione con voz ahogada. Ron la miró, sorprendido al ver que ella tenía los ojos enrojecidos y que le temblaba incontrolablemente la barbilla.

-Hermione... –dijo él sin fuerzas, demasiado impresionado por verla llorar. De repente, su amiga le parecía una persona frágil y vulnerable. Ella apartó la mano del hombro de él y se secó las lágrimas.

-Ron, tengo tanto miedo de que las personas a las que quiero sufran... –dijo entrecortadamente-. Pienso en Harry, pienso en ti, en tu familia y en mis padres, que apenas comprenden nada de todo esto…

El chico se quedó allí plantado frente a ella sin saber muy bien qué hacer. Finalmente, la atrajo hacia él y la abrazó. Hermione refugió el rostro en su pecho, dejando que la rodeara con sus brazos. Permanecieron así, quietos, unos minutos, mientras por la confusa mente de Ron pasaban pensamientos aún más confusos. Cuando se separaron, Hermione esbozó con timidez una sonrisa nerviosa.

-Vaya –susurró-, debes pensar que soy ridícula.

-No, Hermione, no creo que seas ridícula –contestó Ron con el mismo tono de voz-. Creo que todo lo que has dicho tiene mucho sentido -.Se quedó mirándola detenidamente a los ojos y se acercó unos pocos centímetros más a la chica. Estaban tan cerca que sentían la respiración del otro en el rostro. Hermione observaba a Ron con curiosidad, como si de repente le viera de un modo muy diferente al que estaba acostumbrada. Parecía que el chico estaba manteniendo una discusión consigo mismo, como si se hubiera dado cuanta de que tenía que tomar una decisión importante en pocos segundos. Súbitamente, Hermione sintió que Ron entrelazaba sus dedos con los de ella y vio que se acercaba un poco más, un poco más…

-Pero¿todavía no han acabado? –Binns acababa de atravesar la pared y miraba los libros que aún estaban desperdigados por el suelo, sin fijarse en Ron y Hermione, que se habían separado como impulsados por un resorte-. ¡Vamos¡Apresúrense!

Ruborizado, Ron se agachó y cogió unos cuantos libros del suelo. Empezó a colocarlos en las estanterías, pero sus pensamientos estaban muy lejos de aquel despacho: había estado a punto de besar a Hermione, a su amiga; y ella no había dado muestra de rechazo. ¡Maldito Binns¡Había aparecido justo cuando…! Ron tragó saliva y miró de reojo a Hermione, que ordenaba los libros con el rostro encendido.

Cuando, al cabo de un rato, terminaron con el castigo, Binns les dijo que podían marcharse, y los dos salieron del despacho rápidamente, pero en silencio. No hablaron en todo el camino, y sólo se lanzaron ocasionales miradas por el rabillo del ojo, lo que provocó que Ron tropezara en una ocasión con una armadura oxidada que cayó aparatosamente al suelo.

Cuando traspasaron el retrato de la Señora Gorda era tan tarde que todos los estudiantes estaban ya de regreso de la cena en el Gran Comedor. Allí, en la sala común, solos en una mesa repleta de libros, estaban Harry y Ginny. El muchacho parecía estar ayudando a la chica con sus tareas de Defensa Contra las Artes Oscuras. Harry solamente levantó la cabeza de los libros cuando percibió la presencia de sus amigos, que, eludiendo cualquier tipo de conversación, se dirigieron a sus respectivos dormitorios.

-Vaya... ¿Crees que habrán vuelto a pelearse? –aventuró Ginny mirando a Harry.

-Conociéndolos... no es de extrañar –dijo, pensando que de ser así, él mismo tendría que soportarlos a la mañana siguiente. Apartando la vista de las escaleras que conducían a los dormitorios de los chicos, fijó su atención de nuevo en la pelirroja.

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Aquel fue un fin de semana un tanto extraño, pensó Harry. Ni Ron ni Hermione parecían muy predispuestos a mantener una conversación entre sí que contuviera más de un monosílabo, aunque cuando se veían obligados a hablar, lo hacían con tanta formalidad y decoro que Harry tenía la sensación de estar como mínimo en una audiencia con la reina. Aún así, lo achacó a una nueva discusión. Pero aquella no parecía ser la causa en aquella ocasión, ya que ambos parecían querer demostrar que todo seguía igual, que nada había cambiado. Así que, harto, decidió que, como siempre, todo volvería a la normalidad. Y así, comenzó una nueva semana.

Tras las clases, Harry, Ron y Hermione decidieron dar un paseo alrededor del lago, para poder charlar más tranquilamente sobre los recientes acontecimientos. El hecho de que entre las personas cercanas a Dumbledore se encontrara un traidor, agravaba aún más la situación. Sin embargo, el frío era tal, que optaron por regresar al castillo.

Ya en la sala común, los tres amigos se deshicieron de sus capas y se sentaron en una mesa junto al fuego. Aquella tarde tendrían entrenamiento de quidditch, pero podrían aprovechar para quitarse algo de trabajo de encima antes.

Hermione se arrellanó en la butaca mientras repasaba sus apuntes de Aritmancia. Ron terminaba una redacción sobre Historia de la Magia y Harry decidió empezar su tarea de Cuidado de Criaturas Mágicas. Aquella misma tarde, después de la comida, habían tenido clase con Hagrid y se habían dedicado a estudiar los graphorns, un animal grande y jorobado, de color púrpura, con dos enormes cuernos muy afilados. Según parecía, era una bestia de una naturaleza extremadamente agresiva. Hagrid había llevado un ejemplar a clase, y por lo que insinuó, parecía que hubiera tenido dificultades para hacerse con uno. Definitivamente, Harry prefería no saber cómo ni dónde lo había conseguido.

Dieron las seis cuando Harry y Ron se dirigían hacia el campo de quidditch para el entrenamiento, tras haberse puesto las túnicas del equipo y coger sus escobas.

Harry y Ron fueron a buscar las pelotas, mientras los demás miembros del equipo iban llegando. Ginny fue la primera en aparecer. La muchacha saludó a Harry con un movimiento de cabeza, pero ni siquiera se dignó a mirar a Ron. Hacia ya una semana de la discusión que habían mantenido en la sala común sobre Daijhiro Yioko, y ninguno de los dos daba su brazo a torcer. Con respecto al cazador de Gryffindor, Ron se mostraba muy arisco con él, y eso era, en parte, lo que hacía que Ginny se enfureciera aún más. ¿Es que Ron nunca entendería que Daijhiro era su amigo?

Poco después, llegó el resto del equipo: Katie Bell, Andrew Kirke, Jack Sloper y Daijhiro Yioko.

Harry cogió la quaffle y comenzaron con algunos pases de calentamiento. Al rato, soltó una de la bludgers y tanto Andrew como Jack practicaron con ella. Harry pensó, mientras les observaba, que habían mejorado notablemente desde su entrada en el equipo. Los cazadores se dedicaban a intentar colar la quaffle por los aros y Harry trataba de encontrar la snitch cuando dieron el entrenamiento por terminado. Se acercaba una tormenta, y con el viento que se había levantado, no tenía sentido seguir.

De modo que todos los jugadores se dirigieron a los vestuarios, agotados y con las túnicas embarradas hasta las rodillas. Harry se esforzaba por entrenarlos duramente. El próximo partido sería contra Hufflepuff, y aunque no era un rival realmente duro, no debían subestimarlos. Tras la derrota en el partido contra Slytherin, no podían permitirse volver a perder si querían ganar la Copa de Quidditch. A principios de junio, Slytherin jugaría el siguiente partido contra Ravenclaw, y cabía la posibilidad de que estos ganaran a Slytherin. En ese caso aún habría posibilidades de que Gryffindor se llevara la copa, puesto que Slytherin les había vencido por muy poca ventaja.

Harry y Ron dejaron sus escobas en el dormitorio y encontraron a Hermione donde la habían dejado. Todos juntos bajaron a cenar. Allí, se encontraron con Seamus, que enumeraba todo lo que compraría al día siguiente en Hogsmeade, mientras le hincaba el diente a una chuleta de cerdo.

-El cumpleaños de Lavender es la semana que viene, así que habrá que celebrarlo por todo lo alto en la sala común; pero no le digáis nada: será una sorpresa –comentó Seamus.

Hermione lo miró con el ceño fruncido. Quedaba patente que aún recordaba el follón que se había montado en la fiesta tras la victoria contra Ravenclaw.

-A lo mejor a Eddie le queda algo de whisky de fuego –dijo Seamus, mientras miraba distraídamente su puré de patata-. Podría dejárnoslo a un buen precio¿qué os parece? –en este momento de dirigía Harry y Ron, que se encogieron de hombros sin muchas ganas de repetir la resaca de la última vez.

-No me acordaba que mañana había salida a Hogsmeade... –dijo Harry distraídamente mientras mordisqueaba unas patatas.

-No sé si deberíamos ir, los exámenes son dentro de poco y tenemos un montón de trabajo... –Hermione parecía agobiada.

-¡Hermione¡Todavía faltan siglos para los exámenes, no seas aguafiestas! –exclamó Ron mirándola directamente a los ojos. Sin embargo, bajo la cabeza al momento siguiente con las puntas de las orejas enrojecidas, barbotando por lo bajo-: Además, se me ha acabado el suministro de bombas fétidas, necesito comprar más.

-Eres prefecto, Ron. No... –comenzó Hermione.

-Sí, sí, sí. Ya sé lo que me vas a decir –dijo Ron con un tono de voz aburrido-. Que no puedo hacer ese tipo de cosas porque soy prefecto y que debería comportarme para dar ejemplo. Pero que quieres que te diga, prefiero las bombas fétidas.

Hermione se mordió la lengua, pero lo miró acusatoriamente.

Tras la cena, siguieron con las tareas en la sala común. Harry comenzó con un trabajo para la clase de Herbología, pero se encontraba tan cansado, que lo dejó a medio acabar. Tendría tiempo de terminarlo al día siguiente.

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Por la mañana, Harry durmió hasta tarde, mientras que Ron y Hermione ya habían bajado al Gran Comedor, y puesto que el desayuno ya había terminado, le llevaron a Harry unas tostadas y algo de bizcocho.

Antes de la comida, los tres amigos continuaron con sus tareas en la biblioteca. La sala común estaba abarrotada de alumnos y no había manera de concentrarse.

-Bueno, entonces¿qué? Esta tarde vamos a Hogsmeade¿no? –preguntó Ron en un susurro, mientras pasaba a limpio su ensayo de Transformaciones.

Hermione levantó la vista del libro de Runas Antiguas y miró a Ron.

-Creo que deberíamos quedarnos aquí y continuar con los deberes; sabéis que... –comenzó la muchacha.

-¡Oh, vamos, Hermione¡Es sábado y tenemos el domingo para terminarlos! –se reveló Ron con un tono de voz bastante elevado.

-¡Shhh! Esto es la biblioteca, no el patio. ¡Silencio! –la señora Pince pasó junto a la mesa que ocupaban Harry, Ron y Hermione, y se detuvo el tiempo justo para regañarles.

-Como decía –Hermione miró a sus amigos duramente-, creo que deberíamos quedarnos y continuar con el trabajo.

-Ron tiene razón, Hermione. Un descanso no nos vendrá mal, para despejarnos –razonó Harry-. A mí ya me salen los diagramas y análisis de Transformaciones hasta por las orejas.

Ron asintió y Hermione simplemente se encogió de hombros, derrotada.

De modo que tras la comida, Harry, Ron y Hermione, al igual que otros muchos alumnos, partieron hacia Hogsmeade.

Antes que nada, y por insistencia de Ron, visitaron Zonko para proveerse de bombas fétidas (aquel curso Filch se volvería loco). Después de dar un paseo por la calle principal y visitar varias tiendas, como Honeydukes, donde Harry compró un gran surtido de golosinas que compartió con Ron y Hermione, los tres amigos se dirigieron a Las Tres Escobas. Una cerveza de mantequilla era lo que les hacía falta para reconfortarse de aquel frío.

El local estaba a rebosar, y a duras penas pudieron encontrar una mesa al fondo de la sala. Muchos compañeros bebían y reían tranquilamente.

Mientras Ron y Hermione se sentaban a la mesa, Harry fue a buscar sus bebidas a la barra. Regresó junto a sus amigos con tres jarras de la reconstituyente cerveza de mantequilla. Después del primer trago, a Harry le dio la sensación de que un agradable calor le recorría el cuerpo, abandonando por completo el frío.

-¿Qué demonios hace ella aquí? –Hermione se había atragantado con la bebida y Ron trataba de calmarla dándole unas palmaditas en la espalda, pero la chica no dejaba de toser.

Harry dirigió la mirada al lugar en que Hermione se había fijado y pudo ver a una bruja de mediana edad, de cabello rubio y abundantes rizos muy elaborados, hablando con un hombre rechoncho y bajito. Harry la reconoció de inmediato. Era, sin lugar a dudas, Rita Skeeter. Sin embargo, su aspecto había cambiado mucho desde la última vez que Harry la había visto, un año atrás, en el mismo lugar. Rita volvía a escribir para El Profeta y su aspecto ya no era desaliñado, sino el mismo que tenía cuando Harry la conoció en cuarto curso.

-¿En qué andará metida ahora? –volvió a preguntar Hermione con suspicacia.

-Ni idea –contestó Harry-. De todos modos, no tiene porque ser algo sucio. Este año aún no ha publicado nada falso desde que regresó a El Profeta.

Hermione frunció el ceño y apretó los labios por toda respuesta. Después de pagar las consumiciones, Harry, Ron y Hermione salieron al frío exterior, enfundados en sus capas. El viento les venía de frente y era helador.

-¿Qué tal si volvemos a Hogwarts¡Con este frío se me están congelando hasta las pestañas! –propuso Ron, tiritando.

-Sí, buena idea –contestó Hermione-. En la sala común...

Pero ni Ron ni Harry pudieron escuchar el final de aquella frase, puesto que un estruendo los sobresaltó. Se encontraban frente a Correos cuando vislumbraron a lo lejos como una fina neblina de humo ascendía hacia el cielo.

-¿Qué está pasando? –preguntó Ron, extrañado.

Lo siguiente que escucharon fueron los gritos de la multitud. Harry pudo ver como a unos cien metros de distancia la gente chillaba y huía despavorida, calle abajo, en dirección a ellos. A Harry le vino a la mente el recuerdo del ataque al callejón Diagon: los gritos, personas tratando de escapar, la Marca Tenebrosa...

-¿Qué... ? –comenzó Hermione.

-¿Creéis que son…? –susurró Ron.

-Mortífagos… -acabó Harry por él.

Sus dos amigos le dirigieron una mirada de temor.

-Debemos alejarnos de aquí –dijo Hermione, a la vez que observaba de soslayo a Harry. El muchacho notó la mirada de su amiga y supo que ella también había rememorado el ataque en el callejón Diagon.

Harry, Ron y Hermione giraron sobre sus talones en dirección contraria a donde se encontraba el tumulto. Muchos alumnos corrían hacia el sendero que conducía a la escuela; otros se cobijaban en las tiendas, tratando de ponerse a salvo.

Sin embargo, a medio camino, los tres amigos divisaron como a lo lejos y frente a ellos se habían aparecido otro numeroso grupo de mortífagos. Hogsmeade estaba rodeado.

-¡No me lo puedo creer¡Se supone que Hogsmeade estaba vigilado! –exclamó Hermione.

No había tiempo para pensar; los mortífagos se acercaban.

-¡Harry¡Harry!

Harry miró en derredor con la intención de saber quién lo llamaba y vio a escasos metros de distancia a Neville, junto a Parvati y Lavender. Los rostros de las muchachas reflejaban miedo y preocupación.

Harry, Ron y Hermione se acercaron a sus compañeros.

-¿Habéis visto a Ginny? –preguntó de pronto Ron , consternado.

Harry miró a su alrededor, como si creyera que la muchacha aparecería entre la multitud. Un vacío se extendió por su estómago. Debían encontrarla.

-No... –contestó Lavender con un deje de miedo en la voz-. ¿Qué se supone que debemos hacer ahora? No podemos aparecernos y no se ve a ningún profesor por ningún lad…

Una súbita explosión la interrumpió e hizo que todos agacharán la cabeza instintivamente.

-No lo sé, creo que... –empezó Neville-. ¡Mira Ron, ahí viene!

Neville señalaba algo a espaldas de Ron. Ginny, acompañada de Luna, corría a través de la calle principal, esquivando a la gente.

-¡Ginny! –exclamó Ron, agarrando a su hermana del brazo cuando ésta hubo llegado a su lado.

Harry exhaló un suspiro de alivió y se fijó en que tanto Ginny como Luna estaban cubiertas de polvo, esta última, como pudo notar el chico, carecía de su habitual expresión soñadora.

Harry pensó que no debían perder más tiempo, pero de pronto recordó...

-¿Qué hay de Seamus y Dean? –se dirigió a Neville.

-Hace rato que volvieron a Hogwarts con todo el contrabando –explicó el chico.

-Está bien, vayámonos. Si nos quedamos aquí... –Harry comenzó a caminar, pero un grito a sus espaldas lo detuvo.

-¡No! No sé dónde está Padma... –Harry se giró en redondo y se encontró frente a frente con Parvati. La muchacha temblaba ligeramente y unas lágrimas caían por sus mejillas-. Y si... Y si ella... Si la han... –estaba muy nerviosa.

Harry cayó en la cuenta entonces de que Padma, la hermana gemela de Parvati, podría encontrarse allí. Comprendió la angustia de la chica y, dando un paso al frente, la agarró con firmeza por los hombros, tratando de infundirle calma. No podían dejarse arrastrar por la histeria en aquellos momentos.

-No nos iremos de aquí sin Padma¿de acuerdo?

La chica se tranquilizó un poco y asintió.

-¿Sabes dónde puede estar? –preguntó Hermione, apremiante.

-No lo sé... Mencionó algo sobre ir a Tiroslargos Modas, pero no sé si...

De inmediato, Harry cogió a Parvati de la mano y echó a correr calle abajo. No había tiempo que perder. ¿Pero cómo saldrían de allí? Intentaba buscar una solución cuando se cruzaron con un mortífago fornido de hombros anchos. Harry paró en seco y notó como Parvati, a quien aún cogía de la mano, chocaba contra su espalda. El hombre sostenía la varita en alto, pero Harry, que llevaba la suya propia en la mano, fue más rápido:

-¡Impedimenta!

El mortífago quedó paralizado y el grupo de amigos pasó junto a él. De camino a Tiroslargos Modas, se encontraron con Ernie Macmillan y Justin Finch Fletchley, que se unieron a ellos.

Varios magos luchaban contra los mortífagos, pero, al parecer, estos llevaban ventaja.

El grupo tuvo dificultades en la travesía, ya que muchos mortífagos se interponían en su camino. Sin embargo, no tuvieron grandes problemas, ya que Harry era uno de los mejores alumnos en Defensa Contra las Artes Oscuras y casualmente el resto del grupo había pertenecido al ED.

Finalmente, encontraron a Padma con una amiga cerca de la tienda que Parvati había mencionado. Ahora sí; debían marcharse de allí cuanto antes.

-¿Qué hacemos? –preguntó Lavender, casi histérica.

La mente de Harry trabajaba a toda velocidad.

-Tengo una idea. Seguidme –no había tiempo para explicaciones y los demás no se opusieron.

-¿Adónde vamos? –preguntó Hermione.

-A la Casa de los Gritos –susurró Harry simplemente. Ron, que estaba a su lado, asintió vigorosamente; aquella era una buena idea.

La Casa de los Gritos, el que se consideraba el edificio más embrujado de Gran Bretaña, se encontraba un poco separada y más elevada que el resto del pueblo. Sin embargo, aunque todo el mundo creyera que estaba encantada, no eran más que leyendas.

Cuando subían la cuesta que conducía al edificio, Lavender se detuvo en seco:

-Espera un momento. ¿Vamos a la Casa de los Gritos¡Pero si está encantada¡Estás loco¿No sabes que...?

-Eso no son más que bobadas –espetó Ron.

-No os paréis –dijo Harry.

De modo que continuaron la subida. Cuando llegaron a su destino, agotados y sin aliento, Lavender, desilusionada, exclamó:

-¡Pero si no podemos entrar¡Todas las ventanas y puertas están cegadas!

-La verdad es que las situaciones peliagudas no son tu fuerte –comentó Hermione, al tiempo que apartaba a Lavender y apuntaba a una ventana baja con la varita.

De la varita de Hermione salió un rayo de luz azul y con un fuerte estruendo se abrió un enorme agujero en la gastada madera.

-¡Reparo! –dijo Hermione después de que todos hubieron entrado en la casa. No podían dejar evidencias, nadie debía saber que alguien había estado allí.

Harry miró a su alrededor y todo cuanto vio le resultó familiar. Se encontraban en una habitación muy desordenada y llena de polvo. El papel se despegaba de las paredes en varios lugares, aquí y allá. El suelo estaba lleno de manchas y todos los muebles estaban rotos.

Alguien ahogó un gemido.

-Tranquilos, aquí no hay nadie –dijo Harry-. ¡Lumos! –la habitación estaba casi completamente a oscuras. Todos siguieron su ejemplo y encendieron sus varitas.

-Si los mortífagos llegan hasta aquí y rodean la casa, estaremos perdidos. Es una ratonera –susurró Justin.

-No os preocupéis por eso. No vamos a quedarnos aquí –tras esta breve explicación, Harry se dirigió hacia un rincón de la sala, seguido de cerca por Ron y Hermione, donde había una pequeña abertura en la pared, disimulada por un tapiz medio raído. Fue entonces cuando los demás cayeron en la cuenta de que se trataba de un pasadizo secreto. Hubo murmullos de emoción.

-No es la primera vez que vosotros estáis aquí¿verdad? –preguntó Ernie suspicazmente. Harry no contestó, se limitó a apartar el tapiz, y se preguntó si Ernie, muy en su papel de prefecto, sería capaz de quitarle puntos en esa situación.

-¿Adónde conduce este pasadizo? –preguntó Luna, muy interesada.

-A Hogwarts –contestó Harry.

Sus compañeros no podían creer su suerte. Harry dejó pasar a los demás y él fue el último en entrar. El túnel estaba muy oscuro y todos portaban sus varitas encendidas. No supieron cuanto tiempo les llevó recorrerlo. Avanzaban despacio, porque el pasadizo era muy bajo y estrecho y eran demasiados como para poder moverse con soltura.

De pronto, se detuvieron, y Harry comprendió que ya debían haber llegado. Hermione, que iba la primera, sacó medio cuerpo por la abertura hacia el exterior y apretó el nudo del tronco que inmovilizaba el Sauce Boxeador. El grupo salió fuera del túnel y del alcance del árbol. Todos estaban impresionados por la ubicación del pasadizo secreto. Ernie no paraba de comentar lo realmente ingenioso que había sido colocar el sauce en la entrada del túnel, para ahuyentar a los curiosos.

Hacía un viento torrencial y empezaba a anochecer. Todos estaban ilesos, aunque exhaustos. Cruzaron la explanada en silencio y se dirigieron hacia la entrada del colegio.

-¿Cómo descubristeis la entrada secreta? –preguntó Luna con curiosidad.

-Fred y George nos la enseñaron –contestó Harry, que no quería dar explicaciones sobre el mapa del merodeador.

Traspasaron las puertas de roble y se encontraron con un gran revuelo en la entrada del castillo: todos los profesores iban de un lado para otro con algún alumno herido, se dirigían a la enfermería o bien daban saltitos histéricos, como en el caso de la profesora Trelawney. Los jefes de las diferentes casas se encontraban al pie de la escalinata de mármol con un largo rollo de pergamino en las manos, mientras una larga fila de alumnos daba su nombre; al parecer estaban asegurándose de que no faltara nadie.

-¡Potter¡Weasley! –grito una voz autoritaria y severa.

Harry dio media vuelta y se encontró con el rostro surcado por la preocupación de la profesora McGonagall.

-¿Se puede saber dónde se habían metido? –la profesora exigía una explicación-. ¿Por qué no llegaron con el resto de sus compañeros? –enarcó las cejas.

-Verá, profesora... tuvimos que llegar hasta aquí a través del pas... –empezó Ernie.

-El problema fue que tuvimos que esperar a que los aurores despejaran la zona; nos encontrábamos rodeados por los mortífagos –explicó rápidamente Hermione, a la vez que le propinaba un pisotón a Ernie con disimulo.

Harry pensó que Hermione había sido muy oportuna, y le dirigió una significativa mirada en señal de complicidad. La profesora McGonagall, que por su parte no se había percatado de nada, demasiado ocupada contando a un grupo de alumnos de quinto que pasaba por su lado, asintió aliviada y relajó los músculos de la cara. Tras comprobar que ninguno tuviera lesiones los dejó marchar.

Mientras Ernie y Justin desaparecían tras un tapiz y Padma se juntaba con unas amigas, Ginny, Neville, Lavender y Parvati subían a la sala común de Gryffindor. Por otra parte, Harry, Ron y Hermione se quedaron un tiempo en la entrada del castillo. Los profesores se afanaban por comprobar que todo estuviera en orden, y la verdad era que Peeves no ayudaba mucho: se paseaba entre los curiosos, que como Harry, Ron y Hermione se agolpaban junto al Gran Comedor, y no paraba de decir cosas como "¿Es que todos los mocosos han llegado vivos? Si no, podríamos aprovecharlos para hacer un buen caldo...".

Poco después, a la vez que Harry, Ron y Hermione se dirigían a la sala común, oyeron los amortiguados gritos de la profesora McGonagall contra el poltergeist.

Al traspasar el retrato de la Señora Gorda, encontraron a Parvati, Lavender y Neville rodeados por un cuantioso grupo de curiosos que, al parecer, no habían estado en Hogsmeade y pedían detalles. Cuando la horda de alumnos los vio entrar, los bombardeó a preguntas. Seamus y Dean no paraban de repetir que era una pena que no hubieran estado allí.

-...justo cuando atacan Hogsmeade¡no estamos! –renegó Seamus-. Nos hemos perdido lo mejor, Dean.

-¿A eso lo llamas tú "lo mejor"? –dijo Lavender con frialdad-. Alguien puede haber muerto, Seamus.

-Bueno... no quería decir... No me refería a eso –se disculpó Seamus-. De cualquier modo, todos los alumnos han llegado a salvo, ya habéis oído a la profesora Sprout. Aunque no me hubiera importado si algún Slytherin se hubiese quedado allí...

-Con eso no se bromea, Seamus –dijo Hermione seriamente.

-Ya, ya –Seamus hizo un gesto evasivo con la mano-. Bueno, pero no hay ningún herido de gravedad.

-No hay ningún alumno herido de gravedad, querrás decir –dijo Lavender-. Había más gente en Hogsmeade, además de nosotros. Me refiero a los magos adultos que llegaron para luchar contra los mortífagos.

Se cernió un gran silencio en la sala común. Harry se encontraba de pie, junto a la ventana, meditando acerca de lo que acababa de escuchar, "Alguien puede haber muerto...". Entonces, alguien lo sacó de su ensimismamiento, tocándole en un hombro. Era Parvati, y estaba realmente seria.

-Gracias, Harry –dijo solemnemente.

Harry estaba totalmente desconcertado.

-¿Gracias por qué?

-¿Cómo que por qué? Pues porque nos has salvado la vida –contestó con simpleza-. Y gracias por... por lo de mi hermana. De verás, te lo agradezco mucho, no habría podido irme de allí sin ella, pero habría entendido que vosotros os marcharais –entonces sin darle tiempo a reaccionar, la muchacha se acercó y le dio a Harry un abrazo.

Cuando se separaron, Harry notó que se sonrojaba y vio como a lo lejos Ron, Dean y Seamus lo observaban con una ridícula sonrisa en los labios, cosa que puso aún más nervioso a Harry.

-Y... bueno... –fue Parvati quien se sonrojó entonces. Lavender, que se había acercado, estaba tras ella-. Lavender y yo queríamos pedirte disculpas por... por no haber confiado en ti el año pasado... ya sabes... cuando... Bueno, hacía tiempo que queríamos decírtelo –a Parvati le costó mucho decir aquello, parecía avergonzada. Tras ella, Lavender asentía vigorosamente.

-No tiene importancia –Harry se sentía muy incomodo.

Las dos chicas se alejaron tras dedicarle una sonrisa y Harry se dirigió hacia la mesa junto al fuego en la que se encontraban Ron y Hermione, además de Seamus y Dean. En cuanto ocupó un asiento, Ron abrió la boca con una sonrisa de medio lado, pero Harry se adelantó:

-Callate –le dijo de mala gana.

-Yo no he dicho nada –dijo Ron inocentemente, y dirigió una mirada de complicidad a Dean y Seamus.

-Pff... –resopló Hermione, y fue a hablar con Ginny.

La sala común se vació más tarde que de costumbre. Se habían formado grupitos alrededor de las mesas o el fuego de la chimenea, y las tareas y los libros habían quedado en el olvido, sustituidos por conversaciones inquietas que giraban únicamente en torno al ataque de aquella tarde.

Finalmente, Harry y Ron se despidieron de Hermione y se dirigieron a su dormitorio. Allí, Harry vació en su pensadero todo cuanto había pasado en Hogsmeade, y tras practicar la Oclumancia, se sumió en un sueño intranquilo.

Era como si ni siquiera hubiera pegado ojo. Harry se despertó terriblemente cansado al día siguiente. Bajó junto a Ron a la sala común y después de encontrarse con Hermione, se dirigieron al Gran Comedor.

En el desayuno, no se hablaba de otra cosa que el ataque a Hogsmeade, y El Profeta llegó como de costumbre hasta Hermione, traído por una lechuza parda. No era ninguna sorpresa lo que deparaba la primera plana:

EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO SIEMBRA

EL CAOS EN HOGSMEADE

Los ataques del lado oscuro no cesan: Hogsmeade fue atacado por un cuantioso número de mortífagos y dementores ayer alrededor del mediodía, informa nuestra enviada, Rita Skeeter, quien se hallaba en el lugar de los hechos a la hora señalada.

El señor Tenebroso en persona, según testigos oculares, se apareció junto a todo su ejercito en la ciudad mágica. Aurores de todo el país se reunieron sin demora en el pequeño pueblo, donde se llevó a cabo una encarnizada batalla. Dos cazadores de magos tenebrosos de gran renombre, Minbellus Akenfield y Fiona Slander, resultaron heridos de gravedad, así como siete civiles, a dos de los cuales se les aplicó el beso del dementor. Otros tres funcionarios del Ministerio fueron capturados con vida por los mortífagos. Sin embargo, esta tragedia bien podía haber acabado peor...

-"Podía haber acabado peor..." –comentó Ron, arrojando el periódico sobre la mesa, tras leerlo en voz alta ante Harry y Hermione-. No sé cómo, la verdad... ¿Y qué significan todas esas tonterías? Voldemort ni siquiera estuvo allí.

Hermione, mientras tanto, se dedicó a terminar de leer el artículo. Harry se fijó en que su amiga arqueaba las cejas y le dirigía la mirada.

-Te menciona –dijo pasándole a Harry El Profeta. Éste, junto a Ron, leyó el resto del artículo:

…Sin embargo, esta tragedia bien podía haber acabado peor, si cabe, puesto que los alumnos del colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts se encontraban en Hogsmeade a la hora de los hechos, entre ellos el famoso Harry Potter. Y es por ello que nos preguntamos si no fue una casualidad que Quien-ustedes-saben se encontrara allí en esos momentos. ¿Pudo ser el ataque a Hogsmeade un plan perfectamente maquinado para acabar con la vida de este joven mago de tan sólo dieciséis años? Quizás el Señor Oscuro busque venganza por lo sucedido quince años atrás, cuando El-niño-que-sobrevivió lo derrotó. Si así fuera, cabe esperar que Albus Dumbledore, director de Hogwarts, esté al tanto de la protección y seguridad de Harry Potter.

Afortunadamente, ningún menor resultó herido. Las Fuerzas de Seguridad Mágica se encargaron de inmediato de la evacuación de algunos alumnos rezagados. Varios locales y tiendas, como Cabeza de Puerco y el salón de té de Madame Pudipié, fueron reducidos a cenizas, amén de otros destrozos ocasionados por los mortífagos.

Los aurores experimentados del Ministerio consiguieron capturar a uno de los seguidores de El-que-no-debe-ser-nombrado, Adolfus Nott, quien se encuentra encarcelado en una prisión de alta seguridad.

Rita Skeeter

Harry se sorprendió ante su mención en El Profeta, lo que menos se esperaba era aparecer en la primera plana.

-Adolfus Nott... –dijo vagamente Ron- ¿No es el padre de Theodore Nott?

-Así es –contestó Hermione-. Pertenece a la pandilla de Malfoy.

Aquella mañana en el Gran Comedor, todos dirigían miradas de soslayo a la mesa de Slytherin, en la que se encontraba Theodore Nott. Sin proponérselo, el chico se convirtió durante todo el día en objeto de una fama indirecta. Los alumnos se giraban en los pasillos para señalarlo y cuchichear.

-En el fondo no creo que sea justa la forma en que lo tratan –comentó Hermione a la hora de la comida.

-¿¡Cómo!? –dijeron Harry y Ron al unísono mirándola atónitos-. Pero si es un Slytherin, son todos unos...

-No podemos generalizar y pensar que todos los que pertenecen a esa casa son iguales –interrumpió la chica-. Que algunos de ellos sean...

-...unos cerdos –la ayudó Ron, ganándose una mirada furibunda de Hermione.

-Que algunos de ellos se hayan convertido en magos tenebrosos no significa que todos ellos sean iguales. No pueden culparle por algo que ha hecho su padre.

-Tal vez tengas razón, pero explícale eso a Robin Phelps, Nott mató a sus tíos antes de la caída de Voldemort –puntualizó Ron.

Harry pensó que su amiga estaba en lo cierto, aunque a Ron tampoco le faltaba razón. Pero¿cómo era posible saber en esa situación quién estaba del lado oscuro y quién no? Siempre había oído que en los tiempos en los que Voldemort estaba en el poder, confiar en los demás era difícil, y cuando se hacía, uno corría el riesgo de equivocarse. Sin embargo, si un Gryffindor podía ser un mago tenebroso, como había demostrado Pettigrew, tal vez no todos los Slytherins estuvieran echados a perder… Al menos era un pensamiento alentador…


Y hasta aquí ha llegado este cap!!! Esperamos vuestras opiniones!!! REVIEWS!!!!! Por cierto, quién odia al profesor binns???? xD Qué inoportuno, no?

Próximo capítulo: "Caza de ashwinders", donde se desvelaran varios interrogantes y algo interesante sobre malfoy... no decimos más

Respuestas a los reviews:

Saiyuri: bueno, no hemos podido actualizar pronto como nos pediste, pero al final hemos podido subir el cap, vamos, q la historia no la vamos a dejar sin acabar, por mucho q tardemos, aunque esperamos no volver a tardar tanto como esta vez. esperamos q este cap te haya gustado, así q dejanos un comentario para saber si es asi o no. gracias por tu review, besos!!!!

saisai jk: la otra vez actualizamos super rápido y esta vez fíjate, hemos tardado un montón, pero son cosas de la uni, q no nos deja mucho tiempo. este cap es más largo q el anterior (lo decimos porque en tu review nos dijiste q el cap 19 se te había hecho corto, y la verdad es q era uno de los capis más cortos del fic, este tiene unas 13 hojas de word... en fin, esperamos un review tuyo para saber q te ha parecido. besos!!!!

Lord Grond: cuanto tiempo!!! sentimos haber tardado de verdad, pero hemos vuelto a la carga! nos encanta q los lectores os hagais vuestras propias teorías sobre lo q podría suceder en el fic y nos las comentéis, eso está genial, pero no podemos decirte si has acertado con eso de q alguien estaba presente durante la conversación de lupin y harry o no... por no destripar nada de la historia, ya sabes. En cuanto al castigo de binns, pues aquí lo has visto. total, q tanto trabajo para rriba y para abajo para acabar solitos en el aula de historia de la magia, y entre tanto polvo y tanto libro... surgió la pasión! jajaja, no, es broma, pero a q binns es un ... por haber entrado de repente y haber interrumpido "el momentazo"? dejanos tu opinión para saber q te ha parecido este cap. muchos besos!!!!

lordaeglos: saludos para nuestro promotor de fic!!! jejeje... ya nos hubiera gustado haber subido el cap antes, pero ha sido un mes muy estresante, y bueno, ya sabes q como somos tres personas las q escribimos este, es más difícil todavía, porque tenemos q ponernos de acuerdo para hacr las correciones y demás, sería mucho más fácil si fuera cosa de una sola persona, pero bueno, esperemos q esta sea la vez q más tardemos... y en el futuro actualizaremos antes. en cuanto a lo q paso con lily, snape y todo ese rollo, sólo te podemos decir q pronto, MUY pronto, lo sabrás. nos gustaria saber tu opinión sobre binns, por cierto: q manera de cortar el rollo, verdad? jajajaja. muchos besos y hasta le próximo cap!!!!

Trinity, Tridjia, Ibi