Hola a todos!!!! Sentimos mucho, mucho, mucho haber tardado tanto en actualizar, y eso q pensábamos q como eran vacaciones, tendriímos más tiempo para actualizar, pero no contabamos con q los exámenes ya están a la vuelta de la esquina.

Disclaimer: todos los personajes de rowling...

Respuestas a los reviews al acabar el cap!!!


22

La segunda oportunidad de Snape

La primavera estaba próxima y era en aquella época cuando resultaba casi imposible concentrarse en los estudios y los exámenes. Los rayos de sol que se filtraban a través de los ventanales de la biblioteca, así como las calurosas temperaturas que se acercaban con la nueva estación, invitaban a los alumnos a descansar bajo la sombra de un árbol junto al lago. Sin embargo, los exámenes estaban cada vez más próximos y no podían descuidar sus tareas.

Tras acabar su redacción sobre Herbología, "Propiedades y funciones de la Mimbulus Mimbletonia", Harry salió de la biblioteca junto a Neville, que le había ayudado con su tarea para la profesora Sprout.

-Titillandus –dijo Harry a la Señora Gorda al llegar frente a la entrada de la torre de Gryffindor.

El retrato dejó paso a los muchachos y tras darle las gracias a Neville y despedirse de él, Harry se dirigió hacia su rincón favorito. Allí se encontraban Ron y Hermione. Harry se sentó junto a su amigo y se recostó cómodamente en el sillón. La cabeza le dolía terriblemente. Aquella última sesión de Oclumancia antes de su paso por la biblioteca había sido una de las peores.

Ron estaba enfrascado en una redacción de Transformaciones, mientras Hermione leía un libro sobre la historia de la magia en el antiguo Egipto. Al ver llegar a Harry, ambos levantaron la cabeza.

-Tienes mala cara –opinó Hermione preocupada-. ¿Te encuentras bien?

-Sí, es sólo que tengo un dolor de cabeza monumental... –dijo Harry con los ojos cerrados.

-Esas clases de Oclumancia acabarán matándote –comentó Ron.

Harry abrió los ojos y se encontró con una expresión de preocupación grabada en los rostros de sus amigos.

-Creo que es Snape el que acabará realmente matándome –bromeó Harry con la intención de que se relajaran. Y lo consiguió: ambos sonrieron.

De pronto, una lechuza entró volando por una de las ventanas de la sala común y se posó en la mesa que ocupaban los tres amigos, frente a Hermione. La muchacha cogió el sobre que había anudado a la pata que la lechuza mantenía estirada, tras lo que emprendió el vuelo.

-¿De quién es? –preguntó Ron, interesado.

Hermione miró el remite y, tras una pausa, respondió algo colorada:

-Es de Viktor.

Ron no pudo reprimir un resoplido y volvió su atención hacia su tarea de Transformaciones, aunque Harry no dejó de notar que dirigía penetrantes miradas a Hermione, mientras ésta leía la carta. De vez en cuando, a lo largo de la lectura, a la chica se le escapaba alguna que otra sonrisa, y en más de una ocasión incluso se sonrojó ligeramente. Tras terminar de leer la carta, Hermione la dobló cuidadosamente y la dejó sobre la mesa con una sonrisa en los labios.

-¿Qué es lo que te hace tanta gracia? –preguntó Ron secamente mientras cogía con destreza la carta. Hermione había intentado agarrarla, pero Ron había sido más rápido-. Veamos qué es lo que se cuenta nuestro amiguito Vicky... –Ron desdobló la carta.

-¡Ron, dame eso ahora mismo! –ambos se habían puesto en pie. Harry sintió que su cuerpo se encogía, presintiendo la tormenta que se avecinaba.

Ron hojeó durante unos segundos el pergamino, antes de que Hermione lograra arrebatárselo.

-¡Tienes mucha cara, Ron¡Ni se te ocurra volver a repetirlo! –barbotó Hermione, temblando de ira.

Ron se había quedado muy quieto, mirándola en silencio mientras las puntas de sus orejas enrojecían. Al parecer, había conseguido leer algo importante. De pronto, pareció despertar de sus ensoñaciones:

-¿Qué significa eso de "Nos veremos pronto"? –Harry supo que se refería a la carta.

Hermione lo fulminó con la mirada.

-No significa nada en absoluto, es sólo una manera de despedirse –respondió la muchacha.

-¡Ja¡Ese tío es un listo! No deberías seguir escribiéndote con él; además, por si lo has olvidado, él estudió en Durmstrang –puntualizó Ron, como si aquel fuera un argumento irrefutable.

-¿Y eso qué tiene que ver? –preguntó amargamente Hermione-. Eso no significa que esté de parte del Lado Oscuro. Es un chico muy...

-¡Pero si te ha lavado el cerebro! –gritó Ron. Muchos alumnos de la sala común se habían girado, curiosos-. Que si Viktor es un chico encantador, que si Viktor esto, que si Viktor lo otro...

-Bueno¿y a ti qué te importa? –protestó Hermione en un siseo furioso que habría sido digno de Salazar Slytherin.

Ron la miró fijamente a los ojos durante un momento.

-Dime, Hermione¿qué hay exactamente entre Krum y tú? –preguntó tras una pausa, muy serio. Harry vio que unos sillones más allá Parvati y Lavender se miraban entre ellas con sorpresa, como si nunca hubieran esperado oír aquellas palabras en boca del pelirrojo.

Hermione lo miró sorprendida.

-No creo que tenga que responderte a eso, aunque sabes muy bien que sólo somos...

-No me vengas con el cuento de que sólo sois amigos porque no me lo trago. ¿Vais en serio? –detrás de Ron y Hermione, Harry podía ver como las mandíbulas de Parvati y Lavender se desencajaban un poco más.

Hermione enrojeció hasta las orejas.

-¡No tienes derecho a pedirme explicaciones respecto a nada¡Tú vas por los pasillos besuqueándote con Luna y yo no te pido cuentas! –estalló Hermione.

Indudablemente, todos los Gryffindor habían escuchado aquella revelación, y sería un milagro si no lo sabía ya todo Hogwarts. La sala común al completo quedó en silencio y Harry dejó de pensar en que las compañeras de habitación de Hermione no podrían volver a cerrar la boca, demasiado sorprendido de que su amiga supiera lo ocurrido entre el pelirrojo y Luna. Era imposible que Ron se lo hubiese contado… ¿o no?

Ron se puso blanco como la tiza. Hermione se dio cuenta de que había metido la pata hasta el fondo. Para empezar, se suponía que ella no debía saber aquello porque "no había estado en aquel pasillo".

-¿Y tú cómo sabes eso? –susurró Ron perspicazmente, una vez hubo recuperado la capacidad del habla.

-¿Que tú has hecho QUÉ con Luna? –preguntó Ginny con los ojos abiertos como platos.

-Fue por casualidad. Os vi a ti y a Luna... –explicó Hermione con la mirada clavada en el suelo, y retorciéndose los dedos con nerviosismo.

-¿Estabas espiándome? –preguntó Ron, furioso.

-¡No! –dijo Hermione, ofendida-. Yo...

Harry decidió entonces abandonar la sala común, mientras Hermione trataba de defenderse (Yo no te espiaba, Ron, no soy ninguna cotilla), Ron la fulminaba con la mirada y la sala común al completo parecía asistir a un partido de tenis especialmente violento. Por otro lado, Ginny intentaba pedirle explicaciones a su hermano, en tanto que Lavender y Parvati cuchicheaban y reían.

-¿Pero qué es lo que le has hecho a Luna? –preguntó Ginny, obviamente indignada.

-¿Yo? Fue ella la que... yo no... –intentó defenderse el chico.

-Sólo espero que te comportaras correctamente con ella –Ginny sabía que su hermano podía llegar a ser muy torpe con las chicas.

-¿Qué insinúas? Yo no me aproveché de ella, es más, fue ella la que me besó... –fue lo último que escuchó Harry antes de cerrar la puerta de su dormitorio.

Reconciliar en ese momento a Ron y Hermione sería imposible. Y no digamos a Ginny y a su hermano. Harry se puso el pijama y se acostó en su cama de dosel. Ni siquiera se molestó en dejar la mente en blanco, como había aprendido en clases de Oclumancia. Con aquel griterío procedente del piso inferior resultaría imposible. Además, hacía semanas que no tenía visiones y pesadillas.

Poco a poco, Harry se sumergió en un profundo sopor...

De pronto, se encontraba de nuevo en la sala común de Gryffindor, junto a Ron y Hermione. Ésta última tenía en las manos una botella de whisky de fuego que había confiscado a Eddie Carmichael, y en esa ocasión era la muchacha quien bebía el contenido de la botella mientras Ron intentaba arrebatársela, al contrario que en la fiesta de celebración por la victoria del primer partido de quidditch. En ese preciso momento, apareció Viktor Krum (imposible saber cómo había llegado hasta la torre de Gryffindor, simplemente estaba allí), quien apartando a Ron de Hermione, se enzarzó en una pelea con el pelirrojo. Hermione les animaba con la botella aún en la mano. De pronto, alguien entró por el hueco del retrato: era Ginny, acompañada por Michael Corner (tampoco se sabía qué hacía éste en la sala común de Gryffindor, puesto que se trataba de un Ravenclaw, pero de todos modos, era un sueño¿para qué buscarle sentido?). Harry, decidido, se acercó a Ginny, mientras sus compañeros observaban la pelea ("¡Cinco a uno a favor de Ron!", Dean llevaba las apuestas). Antes siquiera de darle tiempo a abrir la boca, Ginny dijo resuelta: "No, Harry, no hace falta que digas nada, ya sé por qué estás aquí. Sé que quieres salir conmigo, pero para ello tendrás que obedecer todas mis órdenes, al igual que Michael". Tras el discurso, Ginny sacó dos correas del bolsillo de su túnica, que ató a los cuellos de los muchachos. Harry trató de zafarse, hasta que Ginny lo entretuvo lanzándole una pelota...

Entonces, el sueño cambió... Se encontraba en una sala lóbrega y oscura, daba escalofríos. No había ventanas y la poca luz que iluminaba la estancia provenía de unas cuantas velas diseminadas a lo largo de las paredes. Aquel lugar era muy parecido a las mazmorras de Hogwarts, aunque sabía perfectamente que se hallaba a cientos de kilómetros de la escuela de magia. En el centro de aquella estancia, una mujer maniatada a una silla, tal y como eran encadenados los mortífagos en los juicios previos a sus encarcelamientos, respiraba entrecortadamente. La mujer estaba muy débil y demacrada. Harry se acercó lentamente a ella. Cuando quedaron uno frente al otro, pudo ver su rostro contraído por el dolor.

-De modo que no piensas colaborar¿eh, Croaker? –decía Harry con una voz fría como el hielo.

-Sabes que jamás diré nada, así que puedes matarme si quieres –respondía la mujer con dificultad. Su cabeza caía sobre su hombro, sin fuerzas para mover un músculo.

-Oh, no... Estoy seguro de que podremos sacar algo en claro de todo esto, aunque sea por las malas. Responde¿cómo puedo llegar hasta ella?

-Jamás...

-¡Crucio! –gritó Harry.

La mujer se retorció en la silla mientras apretaba los dientes y se esforzaba por no gritar, no parecía estaba dispuesta a mostrarse débil ante Él.

-Tarde o temprano acabarás hablando. Aún estás a tiempo de cambiar de bando. Dumbledore nunca conseguirá derrotarme... y menos aún el pequeño Potter –dijo Harry con rabia contenida.

-Nunca... –susurró la mujer.

-¡Crucio! –volvió a gritar Harry.

-¡Harry, despierta¡Harry! –Ron abofeteaba ligeramente a su amigo con la intención de despertarlo.

Poco a poco, Harry se incorporó en su cama de dosel, aturdido y completamente desorientado:

-¿Qué pasa¿Y Hermione? Deberías quitarle el whisky de fuego, le sentará mal... Esa mujer estaba sufriendo… ¿Qué ha pasado con la pelea entre Krum y tú? Le estaba intentando sonsacar algo. Ginny... ¿Dónde está? Ella y yo... –Harry soltó todo esto a una velocidad increíble.

-Pero¿qué narices estás diciendo? –Ron se encontraba sentado en la cama de Harry, frente a él-. Estabas teniendo una pesadilla. Parecías encontrarte bastante mal...

Harry, aún embobado, sacudió la cabeza e intentó concentrarse. Acababa de tener una pesadilla con Voldemort, otra vez... Y se suponía que las clases de Oclumancia ya hacían efecto...

Intentó recordar el sueño... Aquella mujer se encontraba en un grave aprieto, Voldemort la estaba torturando... De pronto, Harry saltó de la cama y se dirigió hacia su armario. Sacó el pensadero que Hermione le había regalado por su cumpleaños y se llevó la varita a la sien, de donde extrajo una fina hebra plateada de sus pensamientos, que fue a parar directamente al pensadero.

-¿Qué haces? –preguntó Ron, extrañado.

Harry se percató de que estaban solos en el dormitorio. Los demás aún debían encontrarse en la sala común.

-Acabo de tener una visión sobre Voldemort –explicó Harry rápidamente-. Estaba torturando a alguien...

-¿No se supone que gracias a la Oclumancia habías dejado de tener esas visiones? –puntualizó Ron.

-Lo sé, pero... –Harry terminó de introducir sus pensamientos en el pensadero-. Debo ver inmediatamente a Dumbledore.

Harry se apresuró a coger el pensadero, pero cuando ya había llegado a la puerta, Ron lo detuvo:

-Espera, Harry. La sala común está llena, no deben verte salir a estas horas. Además, si Filch te encuentra fuera de la torre, no te dará una palmadita de ánimo en la espalda precisamente –explicó Ron.

-Tienes razón –Harry se calmó un poco. Se dirigió a su baúl y cogió la capa invisible-. Volveré pronto –dijo mientras guardaba el mapa del merodeador en el bolsillo de su pijama.

Salió a toda prisa hacia el despacho de Dumbledore y cuando se encontró frente a la gárgola de piedra que ocultaba la entrada secreta a la vivienda del director pronunció la contraseña:

-Aguijón de billywig

La gárgola cedió a su paso y las escaleras que se ocultaban tras ésta giraron en dirección a la entrada del estudio del director. Tras tocar la puerta de roble, entró en el despacho. Dumbledore se encontraba de pie, tras su escritorio, de espaldas a Harry y observando el paisaje a través de la ventana. Giró la cabeza y al ver al muchacho, sonrió.

-¿Qué es lo que te trae por aquí a estas horas, Harry? –por suerte Dumbledore aún no se había acostado, pensó Harry, aliviado.

-Pues, verá, yo... acabo de tener una visión sobre Voldemort –a Harry le costó admitirlo, puesto que al fin y al cabo, parecería que no se tomaba en serio la Oclumancia.

Dumbledore no dijo nada, dejó que Harry continuara hablando.

-No significa que no me esfuerce con las clases de Oclumancia. Es sólo que hoy, después de las clases con el profesor Snape, me dolía muchísimo la cabeza y no fui capaz de vaciar la mente antes de quedarme dormido –se justificó Harry.

-No te he pedido explicaciones, Harry –dijo Dumbledore seriamente-. Sé que te esfuerzas con la Oclumancia, pero también soy consciente de que no es fácil en absoluto.

Tras la muerte de Sirius, Harry se prometió a sí mismo que no cesaría en su empeño por controlar esa rama de la magia. En ocasiones, se sentía culpable por haber tenido aquella visión del Departamento de Misterios... De no haber sido así...

El muchacho dejó a un lado esos sentimientos y puso sobre la mesa del director su pensadero. Junto a él se encontraba el pensadero del profesor; debía haber estado utilizándolo anteriormente. Dumbledore miró fijamente la vasija con runas grabadas en el borde que Harry había posado en su escritorio. A continuación, el director dirigió la mirada hacia Harry. El muchacho asintió. Aquello era una invitación para hurgar en sus pensamientos. Dumbledore introdujo su propia varita, solamente la punta, en el pensadero de Harry. De pronto, una imagen inundó la calma de la superficie plateada: se trataba de una oscura mazmorra. El director acercó el rostro a la sustancia, hasta que la punta de su nariz tocó la neblina plateada. Al instante, Dumbledore fue absorbido por la vasija. Harry supo, mientras se sentaba en una butaca frente a la mesa del director, que Dumbledore estaría observando su visión.

Unos minutos después, el profesor salió del pensadero y cayó limpiamente de pie junto a su escritorio. Se dirigió al retrato de Phineas Nigellus y dijo enérgicamente:

-Phineas, ve inmediatamente al retrato en Grimmauld Place y comunica a los demás miembros de la Orden que Madelaine Croaker ha sido capturada por Voldemort.

Phineas, a regañadientes, salió refunfuñando de su retrato. Dumbledore se acomodó en su butaca y escribió rápidamente una breve carta que ató a la pata de Fawkes.

-Ya sabes lo que debes hacer –le susurró Dumbledore al fénix.

Tan pronto como hubo recibido el mensaje, el ave desapareció en un fogonazo. Harry no sabía qué hacer, si quedarse allí y esperar a que Dumbledore dijera algo o marcharse de vuelta a su dormitorio. El muchacho sabía perfectamente que el mago no respondería a ninguna de sus preguntas: era información confidencial. Dumbledore se arrellanó en su sillón y miró fijamente a los ojos verdes del chico.

-Harry, será mejor que regreses a tu dormitorio. Es demasiado tarde –su mirada era seria.

El muchacho asintió. Tenía prisa por contarle lo sucedido a Ron con todo detalle. De modo que cogió presuroso su pensadero y se cubrió con la capa invisible una vez más.

-Titillandus –dijo al llegar frente al retrato de la Señora Gorda.

La sala común de Gryffindor estaba completamente vacía. Harry consultó su reloj: marcaba las doce y media. Ya que no corría peligro de ser visto, se desprendió de su capa de invisibilidad y subió por las escaleras hacia su dormitorio. Al abrir la puerta se fijó en su propia cama. Parecía que alguien dormía en ella. Extrañado, descubrió las sábanas para encontrarse con un par de almohadas: Ron debía haberlas colocado allí para que ni Dean, Seamus o Neville sospecharan que él no se encontraba en la habitación.

-¿Y bien? –preguntó Ron a sus espaldas.

Harry dio un respingo. No se había percatado de que Ron estaba despierto. Entre susurros le contó todo cuanto había visto en su visión. A la luz de la luna Ron parecía estar muy pálido.

-Así que dices que Voldemort la tiene capturada y la estaba torturando... –un escalofrío recorrió el cuerpo de Ron.

-Sí... pero no sé siquiera quién era... Dumbledore no quiso decirme nada al respecto –dijo Harry. Intentó recordar el sueño con mayor precisión-. Sólo sé que se llama Madelaine Croaker.

-¿Madelaine Croaker? –preguntó Ron-. El caso es que su nombre me suena. A lo mejor trabaja para el Ministerio, puede que mi padre haya mencionado su nombre en alguna ocasión... pero no sé...

Incapaces de sacar nada en claro sobre lo ocurrido, tanto Ron como Harry se acostaron, aunque a éste último le resultaba imposible conciliar el sueño. Intentaba vaciar la mente de todo pensamiento, puesto que lo que menos deseaba en esos momentos era volver a soñar con Voldemort, pero resultaba inútil.

Ron dormía. Harry se levantó y cogió de nuevo su pensadero del armario, con la intención de introducirse en él y revivir el sueño una vez más. Estaba decidido a repasar las escenas hasta sacar algo en claro, cualquier cosa, como la identidad de la mujer capturada. Su nombre no le decía nada, pero tal vez si conseguía ver su rostro…

Apuntó con su varita hacia la neblina blanca, notó caer su cuerpo entre algo oscuro y helado, como si un remolino negro lo succionara, y en pocos segundos fue transportado al interior de su pensadero. Un torbellino de imágenes pasó ante sus ojos, y entre los borrones, creyó distinguir… ¿a Snape? Imposible…

De pronto se encontró en el despacho del profesor Dumbledore. En el exterior llovía a cántaros y era una noche oscura y fría. ¿Qué demonios hacía allí? Aquello no tenía nada que ver con su reciente pesadilla, y tenía la extraña sensación de que aquel recuerdo no era suyo, algo imposible, por otro lado, tratándose de su pensadero. Pero entonces… ¿por qué todo parecía estar diferente? Como el paragüero, que ahora ocupaba un sitio en el lado opuesto de la habitación, o el tapizado de la silla del director, que era de distinto color. Ahora estaba seguro de que aquel no era un recuerdo que le perteneciera y Harry comprendió de repente que con las prisas debía haber cogido el pensadero de Dumbledore que, minutos antes, se había encontrado junto al suyo propio en el escritorio del director.

Súbitamente, la puerta se abrió y por ella entraron dos hombres: el primero lucía una túnica azul celeste que le confería un aire majestuoso y tanto su pelo como su larga barba eran blancos. Este hombre iba seguido de cerca por alguien mucho más joven de cabellos oscuros. Eran Albus Dumbledore y Severus Snape.

-Toma asiento, Severus –ofreció educadamente el director.

Snape se sentó en una silla frente al escritorio del director. Harry supuso, teniendo en cuenta el aspecto de Snape, que el que ahora era su profesor, en aquel recuerdo habría acabado poco antes sus años en Hogwarts. Dumbledore se acomodó tras su escritorio y espero a que Snape hablara.

-Yo... profesor Dumbledore, debo... –Snape carraspeó y frunció levemente el ceño, pensativo, como si tratase de escoger las palabras adecuadas.

-Llámame Albus¿de acuerdo?

-De acuerdo. Profesor… Albus…yo... –prosiguió, moviéndose ligeramente en su asiento. Harry se sorprendió al darse cuenta de que Snape estaba nervioso-. Pedí verle porque necesitaba hablar con usted sobre lo que me dijo aquel día en Hogsmeade¿recuerda?

Harry se preguntó qué sería "aquello" de lo que hablaron. Siguió atento la conversación.

-Por supuesto que lo recuerdo. No es un tema fácil de olvidar –respondió Dumbledore.

-Bien. He venido hasta aquí porque... bueno, porque he decidido hacerlo. He decidido aceptar su ayuda –definitivamente, ahora Snape sí parecía muy inquieto. Harry jamás lo había visto así.

El muchacho comenzó a exasperarse. Parecía que hablaran en clave; si continuaban así, no sacaría nada en claro.

-Yo... –un trueno interrumpió a Snape.

Hubo un largo silencio, roto por Dumbledore:

-¿Por qué? –preguntó simplemente.

-Porque me he dado cuenta de que ese no es el camino correcto. Yo no quiero ser como ellos. No soy como ellos –insistió Snape con vehemencia-. Estoy dispuesto a ayudar –terminó firmemente. Harry comenzaba a comprender. O eso creía, al menos. Escrutó atentamente el rostro de Snape.

Dumbledore también lo observaba fijamente y Snape le sostenía la mirada.

-¿Qué te ha impulsado a tomar esta decisión?

Snape no respondió. Apartó la mirada de los ojos azules de su interlocutor hacia el vacío y apretó con fuerza la mandíbula. Luego bajó la vista al suelo.

-Yo nunca seré capaz de hacer algo como... –dijo de pronto Snape-. No soy ningún asesino, no lo soy... Jamás –parecía como si pronunciar cada palabra le costara muchísimo.

-Entiendo. ¿Estás dispuesto a asumir los riesgos? –preguntó Dumbledore.

-Sí –respondió Snape sin dudarlo.

-Estás al tanto del peligro que corres¿no es así?

-Lo estoy.

Silencio.

-Él no sospechará nada. Controlo a la perfección la Oclumancia. Podré ocultar mis pensamientos y sentimientos frente a Él –dijo Snape cuando hubo recobrado el aplomo.

-Pensamientos… -los ojos azules del director vagaron lentamente por la habitación-, y… sentimientos… Sí, desde luego –Dumbledore se volvió hacia el hombre, que le miraba con la mandíbula apretada y un leve rubor en las mejillas.- Sabía que lo harías. Siempre he confiado en ti. Incluso cuando me mandaste a freír espárragos la primera vez que te propuse que no te unieras al Lado Oscuro –Dumbledore esbozó una triste sonrisa. Se sentía feliz de que aún no fuera demasiado tarde para redimir a Snape de sus errores.

-¿Qué debo hacer ahora?

-Nada. Absolutamente nada. Sigue con tu vida normal. Yo me pondré en contacto contigo.

Ambos se pusieron en pie y Snape estrechó la mano de Dumbledore. A medio camino hacia la salida, alguien llamó a la puerta y entró. A Harry le dio un vuelco el corazón. Eran Sirius y su padre, James Potter. Los rostros de ambos se ensombrecieron al encontrarse cara a cara con Snape. Harry ya se temía lo peor, y se preguntó de repente, al observar la expresión de su padre, cuan grave había sido la situación del enfrentamiento entre su madre y Snape, o si tal vez Lupin había omitido algún detalle.

-¿Se puede saber qué haces aquí, Quejicus? –preguntó amargamente Sirius.

-Eso no es de tu incumbencia, Black. No metas las narices donde no te llaman –contestó Snape agriamente.

Sirius se adelantó, pero James lo detuvo con un brazo.

-Sirius, no.

-Si vamos a trabajar todos juntos, será mejor que por el momento enterréis el hacha de guerra –comentó Dumbledore.

-¿Trabajar con él? –repitió Sirius con desdén e incredulidad, a la vez que señalaba a Snape.

-Pero, Albus... ¿Lo dices en serio? No podemos arriesgarnos. Él es un mortífago, de eso estoy seguro –dijo James con fiereza-. ¿Acaso confías en él?

-Tanto como en vosotros dos –respondió Dumbledore-. Ahora está de nuestro lado, eso es lo único que importa.

-Pero...

-Puede que te cueste aceptarlo, Potter, pero así es –contestó Snape fríamente.

-Pfff... –resopló James-. Yo ya te he calado, Snape. No pienso quitarte el ojo de encima.

-¡Vaya, vaya¡El señor Potter, nuestro más estimado auror, atrapa a un par de magos tenebrosos y ya se cree nuestro cabecilla! –dijo Snape con aire socarrón.

Harry contuvo el aliento. ¿Su padre, auror?

-¡Cierra la boca, Quejicus¡James es uno de los mejores en su trabajo! –gritó Sirius-. Un par de magos tenebrosos, dice el muy...

-¡Por favor, calmaos todos! –Dumbledore se hizo oír-. Espero que este tipo de situaciones no se repitan en un futuro. Ahora todos estamos del mismo lado –Dumbledore dio el tema por zanjado-. Dime, James¿y Lily?

Al oír el nombre de su esposa, James observó con odio a Snape durante unos segundos más, pero, poco a poco, apartó la despreciativa mirada del hombre y se dirigió a Dumbledore:

-Está en casa. En estos momentos no le convienen los sobresaltos –dijo con una sonrisa en los labios.

-¡Oh, entiendo! Sí, ya lo creo, en su estado debe cuidarse –dijo Dumbledore alegremente.

Harry comprendió que su madre debía estar embarazada, por lo que en ese preciso instante supo con certeza que aquella escena había ocurrido casi diecisiete años atrás. Y también sospechó que, muy probablemente, aquel encuentro en el despacho de Dumbledore había sucedido antes de la reunión de la Orden que él había presenciado en la mente de Snape durante una de sus clases de Oclumancia.

-Bien, Severus, nos veremos pronto. Y en cuanto a vosotros… ¿ha ocurrido algo?–apuntó Dumbledore con una voz cada vez más lejana.

Harry miró a su alrededor: el despacho se disolvía, sólo podía ver su propio cuerpo, todo lo demás era una oscuridad envolvente. El recuerdo había finalizado.

Harry salió del pensadero y cayó sobre su cama. Depositó la vasija sobre su mesita de noche y meditó acerca de lo que acababa de presenciar. Snape había parecido realmente arrepentido, sin embargo, Harry no dejó de pensar que, a fin de cuentas, había sido un mortífago, y eso era algo difícil de cambiar. No obstante, desde aquel momento, Snape no debía haber defraudado a Dumbledore, ya que de haber sido así, el director hubiera retirado su confianza en él. Y por otro lado, Harry acababa de enterarse de que su padre había sido auror. Aún no podía creerlo. Pero¿por qué nadie se lo había mencionado nunca? Harry logró dormirse sumergido en aquellos confusos pensamientos.

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Un débil haz de luz que se filtraba a través de las cortinas despertó a Harry muy temprano. Dio media vuelta en la cama, tratando de dormir un par de horas más, pero lo dio por imposible. De modo que se levantó, se vistió y bajó a la sala común. Era sábado, por lo que los demás Gryffindor aún dormían. Harry no dejaba de darle vueltas a lo que había visto en el pensadero esa misma noche, y esperaba ansioso a Ron y Hermione para ponerles al corriente de todo cuanto había descubierto.

Pasadas unas horas, poco a poco, los alumnos fueron bajando de sus dormitorios para desayunar en el Gran Comedor. Entonces apareció Hermione:

-Buenos días, Harry –lo saludó alegremente.

-Buenos días, Hermione –contestó Harry-. Acércate, tengo algo importante que contarte...

Harry le relató a Hermione su sueño, mientras esperaban a que llegara Ron.

-¡¿Qué soñaste con Voldemort... otra vez?! –susurró Hermione para no ser oída-. ¿Y qué me dices de las clases de Oclumancia? –dijo severamente.

-Sabes bien que hacía tiempo que no tenía visiones, pero anoche, no sé quién –Harry enfatizó estas últimas palabras- no dejaba de gritar aquí abajo, por lo que yo era incapaz de vaciar la mente allí arriba –Harry señaló los dormitorios.

-Bueno, pero... –vaciló Hermione.

-Mira, ahí viene Ron –la interrumpió Harry.

-Qué bien… -ironizó la joven con una mirada de soslayo al recién llegado, todavía avergonzaba por haberse puesto y haberle puesto en evidencia la tarde anterior.

-Buenos días –saludó el pelirrojo-. ¿Por qué no...?

-¡Shhh! –chistó Hermione-. Harry tiene algo que contarnos.

Puesto que los dos estaban al tanto de su visión, Harry les relató el equívoco del pensadero y lo que había visto en él. Cuando terminó, ninguno dijo nada, todos meditaban al respecto. Fue Hermione quien habló primero:

-¿Aún seguís pensando que Snape se trate del traidor?

-La verdad es que ya no sé qué pensar... –dijo Ron confuso.

-Sí... bueno, vale, Snape parecía decidido a luchar contra Voldemort... Pero no sé... pudo darle el pego a Dumbledore –opinó Harry-. Fíjate en Colagusano. Él era uno de los mejores amigos de mi padre y nadie sospechó nunca de él... –apuntó Harry. Hablar de Pettigrew lo enfurecía. Además, aquello hacía que se sintiera responsable del regreso de Voldemort, ya que Harry había impedido que Sirius y Remus acabaran con Colagusano casi tres años atrás, dejándole así el camino libre para reunirse con su amo.

-Harry tiene razón –puntualizó Ron.

-Supongo que es posible... –dijo Hermione dubitativa.

-Sí. Además, Snape es inteligente y muy astuto, y aunque engañar a Dumbledore sea realmente difícil, nadie dice que sea imposible –dijo Ron.

-Ron tiene razón, Hermione. Pettigrew logró engañar a Dumbledore y también lo hizo el supuesto profesor de Defensa Contra las Artes oscuras, el falso Moody. Consiguió engañarlo hasta el final.

-No... si posible es. Un mago tenebroso realmente listo podría lograrlo –dijo Hermione-. Pero es que siempre sospechamos de Snape: en primero creímos que era él quien trataba de robar la piedra filosofal, el año pasado también dudamos acerca de su lealtad, y ahora...

-Bueno, pero ya sabes lo que dicen –la interrumpió Ron-: a la tercera va la vencida.

-Será mejor que bajemos a desayunar –apuntó Harry-, se hace tarde.

Cuando llegaron al Gran Comedor, éste ya estaba casi vacío. Al acercarse a la mesa de Gryffindor, se fijaron en que en el sitio que habitualmente ocupaba Hermione, había una lechuza: traía el periódico El Profeta. Hermione se acercó presurosa y recogió el ejemplar mientras ponía un knut en la bolsita de cuero que la lechuza llevaba atada a la pata y el ave emprendía el vuelo. Los tres amigos tomaron asiento.

-Bueno, creo que hoy después del desayuno deberíamos ponernos con la tarea de Transformaciones, nos llevara un buen rato –comentó Hermione mientras desplegaba El Profeta.

-Hermione, es sábado... Podemos hacerlo mañana –dijo Ron vagamente.

-Ya, pero... –Hermione, que acababa de fijarse en la primera plana del periódico, se quedó muda.

-¿Pasa algo? –preguntó Harry.

-Nada que no supiéramos ya –dijo Hermione al tiempo que colocaba el periódico sobre la mesa, delante de sus dos amigos, para que estos pudiesen leer el artículo que ocupaba la primera página:

CAPTURADA UNA INEFABLE

Hoy temprano, ha llegado a la redacción de El Profeta la noticia de la desaparición de Madelaine Croaker, empleada del Ministerio de Magia, asignada al Departamento de Misterios.

Fuentes desconocidas han informado de que la señora Croaker fue vista por última vez cuando salía de su oficina en el Ministerio, días atrás. Al parecer, no llegó a su residencia, por lo que se supone, desapareció en el camino hasta su vivienda. Fuentes cercanas al Ministerio afirman que todo apunta a un posible secuestro por parte de El-que-no-debe-ser-nombrado, con la intención de obtener información de primera mano.

En el Departamento de Misterios se estudian las cosas más extrañas del mundo mágico, por lo que resulta imposible conocer a ciencia cierta y con seguridad las intenciones del Señor Tenebroso.

Expertos del Ministerio en desapariciones ya han sido asignados al caso.

Rita Skeeter

-¡Así que era una inefable! –exclamó Harry, impresionado.

-¡Claro¡Ya sé quién es, ahora caigo! –dijo Ron-. La vimos en los Mundiales de Quidditch, mi padre la mencionó.

Hermione releía el artículo con el ceño fruncido. Finalmente, arrojó El Profeta sobre la mesa.

-¿Pero qué es lo que busca Voldemort en el Departamento de Misterios? –preguntó Hermione.

-Ni idea. La profecía se destruyó, así que... –razonó Ron-. De todas formas, allí hay un montón de artilugios rarísimos, puede ser cualquier cosa.

Tras el desayuno, abandonaron el Gran Comedor hacia la escalinata de mármol.

-¿Le devolverás ahora el pensadero a Dumbledore, o vas a aprovecharte y seguir fisgoneando un poco más? –sugirió Ron con tono conspirador.

-Muy gracioso. No está en el comedor, así que supongo que estará en su estudio. Voy a devolvérselo ahora mismo.

Se dirigieron a la sala común de Gryffindor y Harry subió las escaleras que conducían a su dormitorio. Cogió el pensadero y tomó rumbo al despacho del profesor Dumbledore mientras Ron y Hermione discutían sobre si debían comenzar con los deberes o tomarse un respiro.

En su camino hacia el estudio del director, Harry no pudo dejar de pensar sobre el artículo que había aparecido en El Profeta. Después de todo, tras la destrucción de la profecía¿qué era lo que Voldemort esperaba encontrar en el Departamento de Misterios¿Puede que pensara en una segunda etiquetación de la profecía, en una copia tal vez?

-Aguijón de billywig –dijo Harry al llegar frente a la gárgola. Tocó suavemente la puerta del despacho y entró.

Dumbledore se encontraba sentado tras su escritorio, escribiendo algo que Harry no alcanzó a ver. En cuanto el muchacho hubo entrado, el director levantó la cabeza y le sonrió.

-Eh... profesor Dumbledore, yo... anoche me lleve su pensadero por equivocación –Harry comenzó a ponerse nervioso. ¿Y si Dumbledore se daba cuenta de que se había introducido en sus pensamientos?

-Oh, sí, Harry, pasa. Yo también me di cuenta nada más marcharte tú –Harry cogió su propio pensadero, que estaba sobre el escritorio y puso en su lugar el pensadero de Dumbledore-. ¿Hay algo más que quisieras decirme?

-No, profesor –contestó Harry.

-Bien, entonces ya puedes marcharte.

Harry se detuvo a medio camino. Realmente sentía la necesidad de saber más acerca de lo que había visto en el pensadero y se moría de ganas por conocer más detalles sobre sus padres. Esto último era lo que más le interesaba. Harry no supo si debía confesarle a Dumbledore que se había introducido en su pensadero descaradamente. Tal vez se enfadara o retirara la confianza que tenía en el muchacho. Sin embargo, las ansias por conocer la verdad fueron más fuertes.

-Eh... profesor... –comenzó Harry.

-¿Sí? –preguntó Dumbledore entrelazando los dedos y observando fijamente a Harry.

-Yo... me gustaría que... quisiera que me hablara de mis padres –definitivamente Harry no admitiría que había fisgoneado en el pensadero de Dumbledore. De todos modos, no resultaría raro que preguntara por sus padres.

Dumbledore continuó mirándolo directamente a los ojos.

-Siéntate, Harry –el muchacho aceptó el ofrecimiento-. ¿Qué es lo que quieres saber?

-En realidad, no lo sé... –era cierto que Harry no tenía ni idea de qué preguntar, simplemente necesitaba conocer a sus padres a través de otras personas.

-Sabes que tengo un gran concepto de tus padres. James era un hombre jovial y amable. Y... bueno... sí, yo diría que muy ingenioso, sus chistes siempre cosechaban risas –Harry sonrió-. Era un mago excepcional y valiente, al igual que tu madre, una mujer bondadosa y encantadora.

Dumbledore hizo una pausa, en la que no dejó de mirar a Harry.

-Tu padre, Harry –prosiguió-, era un gran auror. Gracias a él muchos magos tenebrosos acabaron en Azkaban. Tu madre, por el contrario, trabajaba en el Departamento de Misterios.

-¿Mi madre era una inefable? –dijo Harry con los ojos muy abiertos, tremendamente impresionado.

-Sí, así es. Lily era una bruja de singular talento, una persona increíblemente tenaz, inteligente e intuitiva, cualidades necesarias para ser un inefable. Sabes que en el Departamento de Misterios se guardan infinidad de cosas para su estudio, y eso era, en sumo grado, a lo que Lily se dedicaba. Además de eso, sabes que tus padres formaban parte de la Orden del Fénix –explicó Dumbledore.

Harry meditó durante un momento y una pregunta le vino a la mente:

-Mis padres... ¿sabían lo de la profecía?

Dumbledore asintió levemente con la cabeza.

-Cuando Sybill Trelawney profetizó que la única persona capaz de destruir a Lord Voldemort nacería a finales de julio, tú aún no habías nacido, Harry, por lo que era imposible saber por aquel entonces que serías tú el elegido. Sin embargo, tras tu nacimiento, comprendí que tú podrías ser esa persona, y puse al corriente a Lily y a James, así como a los padres de Neville.

-¿Cómo reaccionaron cuando supieron que yo...? –preguntó Harry, inseguro.

-No era algo que esperaran, por supuesto –comentó Dumbledore-. Ni siquiera sabían de la existencia de la profecía, puesto que yo no había compartido esa información con nadie. Les sorprendió saber que su hijo recién nacido podría ser la única persona capaz de acabar con todo el horror que sembraba Voldemort en aquellos años. Pero, al mismo tiempo, se asustaron, pues sabíamos que Voldemort conocía parte del contenido de la profecía, de modo que no descansaría hasta encontrarte y matarte –dijo Dumbledore sombríamente-. Por eso se llevó a cabo el encantamiento Fidelio, con el que tú y tus padres quedaríais protegidos.

Harry pensó acerca de lo que acababa de escuchar. Así que el encantamiento Fidelio no se hizo para proteger a sus padres del acecho de Voldemort, tal y como Dumbledore le había hecho creer, sino para protegerlo a él...

-Tus padres te querían muchísimo, Harry. Eso no lo dudes jamás. Lily dio su vida por ti y James os protegió a ambos hasta que exhaló su último suspiro –Dumbledore se levantó de su butaca y paseo por su estudio-. Tu padre nunca se habría escondido. Él siempre dio la cara e hizo frente a todo tipo de situaciones. Pero tú y Lily corríais peligro y para él erais lo más importante, de modo que no lo dudo ni un instante.

-Pero no sirvió de nada –dijo Harry con voz trémula-. Voldemort nos encontró, Colagusano nos traicionó... –la rabia inundó a Harry. La traición de Pettigrew había costado la vida de sus padres...

-Eso demuestra que en ocasiones no podemos confiar siquiera en nuestros propios amigos –dijo tristemente Dumbledore-. Y como puedes ver, las cosas nunca cambian... –Harry supo que se refería al traidor que se encontraba entre ellos. Y de nuevo, como en tantas ocasiones, se preguntó de quién se trataría. ¿Quién estaría vendiendo a sus amigos a Lord Voldemort?

-Profesor, yo... no puedo dejar de pensar que si hubiera permitido a Sirius y Remus acabar con Pettigrew hace casi tres años, Voldemort no habría regresado –eso era algo que carcomía a Harry desde hacía mucho tiempo, pero jamás había sacado a relucir el tema.

-Harry, sabes bien que es imposible conocer con exactitud las consecuencias de nuestras acciones –explicó Dumbledore-. Voldemort acabaría regresando, encontraría otro camino. No puedes llegar a saber qué es lo que hubiera sucedido, Harry. Así que no te culpes por ello. Hiciste bien –Dumbledore le sonrió-. James y Lily habrían hecho lo mismo, cualquier persona con un gran corazón lo habría hecho.

Harry consultó su reloj. Ya era casi la hora de la comida. Ron, Hermione y él habían bajado a desayunar bastante tarde y la charla con el profesor Dumbledore se había alargado más de lo esperado.

-Bueno, Harry, a menos que tengas alguna otra pregunta...

-No, profesor.

Harry se dirigía a la puerta cuando Dumbledore dijo:

-Si alguna otra vez quieres hablar de tus padres, no dudes en venir a verme, Harry –el muchacho asintió.

De camino a la sala común, se encontró con Ron y Hermione.

-¿Dónde te habías metido? Ibamos a buscarte para ir a comer... –dijo Ron.

-Me entretuve hablando con Dumbledore.

-¡No me digas que se enteró de que anduviste hurgando en su pensadero! –exclamó Ron con las cejas levantadas.

-No... sólo estuvimos hablando... –Harry les explicó en pocas palabras (y por supuesto, omitiendo cualquier información referente a la profecía, ya que sus amigos aún desconocían su contenido) la conversación que había mantenido con Dumbledore.

-¡Vaya¡Tú madre era una inefable! –exclamó Hermione con la boca abierta-. Debió ser una bruja extremadamente inteligente y hábil. He oído decir que no admiten a cualquiera en el Departamento de Misterios –dijo con admiración. A Harry se le ocurrió entonces que posiblemente Hermione y su madre se habrían llevado muy bien.

-Sí... y tu padre auror. ¡Es increíble lo mucho que os parecéis! Los dos buscadores del equipo de Gryffindor y además con vocación de auror. Estás siguiendo sus pasos –comentó Ron.

Instintivamente, a Harry le vino a la mente lo que en tantas ocasiones Draco y Lucius Malfoy le habían dicho: "Harry Potter, vas a terminar como tus padres uno de estos días. También ellos eran unos idiotas entrometidos...". Y Ron había dicho que él seguía los pasos de su padre... Sacudió la cabeza con la intención de alejar esos pensamientos de su mente.


Y bien????? Qué os ha parecido?????? Dejadnos un review para saber vuestra opinión o para echarnos la bronca por haber tardado, lo que queráis!

Próximo capítulo: "Consecuencias de la conexión". Donde se aclarará una cosa importante.

Respuestas a los reviews:

Pokhara: gracias por dejarnos un review, esperemos que se te quite la pereza para poder vlver a leer algún comentario tuyo más adelante, xD. pues sí, la verdad es q dobby fue un bocazas en el cap anterior, pero el pobre no tenía ni idea de lo q hacía, y harry la verdad... es q le salió todo al revés... en cuanto a la relación de harry y ginny, ahí va, poco a poco. la pareja h/g es también la favorita de una de nosotras, Trinity, de hecho escribió dos one shots sobre esa parejita. esperamos volver a leerte pronto. besos y gracias!!!!

Saiyuri11: pues sí, cada vez q harry parece q sale de una, ya estñá metido en otra, verdad? el asuntillo de ginny y draco también traerá de cabeza a harry, pero bueno, ya se está viendo que la pelirroja es mucha pelirroja, no? y parece q sabe algo de draco que... bueno, no decimos nada, xD. besos y gracias por seguirnos!!!

Trinity, Ibi, Tridjia