Hola a todos! Bueno, ya sabemos q hemos tardado un montón en actualizar, pero es q ahora mismo estamos de exámenes, y no tenemos apenas tiempo para otra cosa q no sea estudiar. Sentimos la tardanza, pero bueno, esperemos q este capi os guste para compensarlo, xD.
Disclaimer: todo de JKR...
Respuestas a los reviews al acabar el cap!!!
23
Consecuencias de la conexión
Harry arrugó con énfasis el pergamino y lo lanzó con destreza al hueco de la chimenea. Ya debía ser el tercer pergamino que había ido a parar al fuego, que en aquellos momentos no ardía como de costumbre. El calor primaveral se encargaba de calentar la sala común de Gryffindor y la luz del atardecer iluminaba el pergamino en blanco de Harry. Conseguir algo más que un Suficiente en la redacción de Pociones no iba a ser trabajo fácil. Se colocó la pluma detrás de la oreja y miró distraídamente por la ventana, deseando encontrarse tumbado al sol en los terrenos. Pero no era posible. Aún debía terminar su ensayo de Pociones, practicar un par de encantamientos y estudiar la transformación del agua en hielo para la próxima clase de la profesora McGonagall. Suspiró pesadamente y volvió a coger la pluma entre sus dedos.
-¿Qué os parece si damos un paseo por los terrenos? –propuso Ron, que se había puesto en pie y se había acercado hasta la ventana abierta-. Hace un día fantástico.
-Sí... –respondió vagamente Hermione-. Lástima que no tengamos un minuto libre, estamos saturados de trabajo, Ron.
Ron chascó la lengua mostrando su impaciencia.
-No creo que adelantemos mucho en una hora... –insistió el pelirrojo.
Hermione derrumbó su cabeza entre las manos y escuchó las risas de los alumnos que disfrutaban del espléndido día.
-¿Sabes qué? –dijo poniéndose en pie-. Tienes razón. Podríamos aprovechar para ver a Hagrid, hace mucho que no le hacemos una visita.
Harry miró impresionado a su amiga y se sorprendió de que la conversación no hubiera acabado en otra discusión sin razón alguna. Ron también parecía desconcertado por haber logrado convencer a Hermione con tanta facilidad.
De modo que los tres amigos cruzaron el retrato de la Señora Gorda y cuando traspasaron las puertas de roble, una suave brisa les dio de lleno en el rostro, despejándolos por completo.
Cuando llegaron frente a la casa del semigigante, Hermione golpeó con los nudillos suavemente la puerta de la cabaña, que se abrió casi al instante.
-¡Hola, chicos! –saludó Hagrid alegremente-. No esperaba vuestra visita.
-Lo sabemos, Hagrid. Por eso a esto se le llama sorpresa –dijo Ron con una sonrisa en los labios.
Harry, Ron y Hermione tomaron asiento en torno a la mesa de madera gastada que ocupaba el centro de la estancia. Hagrid les sirvió una taza de té y unas deliciosas galletas de Honeydukes.
-Bueno, decidme¿que tal...?
-¿Qué es esto, Hagrid? –preguntó Ron, señalando un sobre abierto que había caído al suelo del interior de la chaqueta de Hagrid.
Ron recogió el pergamino y miró el remite con curiosidad.
-Oh... no es nada... –Hagrid le arrebató la carta a Ron con rapidez y la guardo en el aparador, simulando tranquilidad.
Hermione intercambió una mirada de confusión con Harry, al mismo tiempo que Ron decía:
-¿Nada¿Estás seguro, Hagrid? –su tono de voz era malicioso.
-No... nada –contestó Hagrid, mientras guardaba la tetera en su lugar y se ocupaba de dar de comer a Fang.
-Bueno... entonces... –la voz de Ron sonaba misteriosa-. ¿Qué me dices de la carta de Madame Maxime que acabo de recoger del suelo?
-Ron, últimamente tienes una obsesión enfermiza por el correo de los demás –dijo Hermione con una mirada sombría. Pero casi al instante, sus ojos se desviaron hacia el guardabosques-¿Madame Maxime?
En aquellos momentos, los tres amigos miraban atentamente a Hagrid: Harry se debatía entre el desconcierto y la sorpresa, Ron, en cambio, cuya expresión era de complicidad, parecía divertido y Hermione sonreía alegremente. Hagrid, por el contrario, no pudo evitar sonrojarse y trató de aparentar calma, pero salió apresuradamente de la cabaña con la excusa de que a las calabazas no les convenía estar durante mucho tiempo expuestas al sol.
-¿Qué os parece? –dijo Ron mientras se reía sin control.
-¡Oh, vamos, Ron, cállate! –ordenó Hermione. Se puso en pie y miró a través de la ventana-. Hagrid puede oírnos.
-Lo dudo. Le llevará un buen rato mover todas esas calabazas de sitio –contestó Ron, aún sin poder borrar la sonrisa de la cara.
Hermione se apoyó en el alféizar de la ventana y lanzó un largo suspiro, mientras observaba como Hagrid cumplía con su labor.
-Pero... Veamos¿estamos pensando todos lo mismo? –inquirió Harry-. Porque el hecho de que Hagrid no haya perdido el contacto con Madame Maxime, no significa que mantengan una... bueno... ya sabéis... que su relación vaya más allá de... eso –trató de decir Harry.
-Gracias por estropear este momento, Harry –dijo Hermione fríamente, al tiempo que volvía a ocupar su sitio entre sus dos amigos.
-De nada –respondió Harry-. Lo que trato de decir es que aunque Hagrid y Madame Maxime fracasaran en su primer intento por conseguir el apoyo de los gigantes, tal vez no se hayan dado por vencidos, y por eso Hagrid continúa en contacto con ella.
-Ya, bueno, eso también lo había pensado yo, pero no es un tema que de mucho de sí como para llenar tantos pergaminos –opinó Ron-. ¡El sobre era muy grueso!
-Sólo te ha faltado leer la carta –espetó Hermione-. No me habría sorprendido viniendo de ti…
-No sería mala idea... –murmuró Ron, mirando de soslayo el aparador donde Hagrid había guardado el sobre e ignorando la pulla. Después añadió por lo bajo-: Ya sabes… algunos leemos las cartas ajenas, otros cotillean detrás de una esquina la intimidad de los demás…
-Además –continuó Hermione, que no había oído a Ron-, algo tan delicado como una misión de búsqueda de gigantes que apoyen a Dumbledore no es algo que convenga poner por escrito en una carta. Sabes que el correo vía lechuza no es seguro y podría ser interceptado.
-Bien, entonces insinúas que Hagrid está enam...
-¡Shhh, ahí viene! –Hermione chistó a Harry, al tiempo que Hagrid entraba en la cabaña.
-Por cierto, Hagrid¿qué tal está Grawp? –preguntó Hermione, cambiando de tema, pues no quería incomodar a su amigo.
-Oh, Grawpy está bien, Hermione, gracias por preocuparte –respondió Hagrid, resoplando de alivio-. Ha preguntado un par de veces por ti, creo que te ha cogido mucho cariño. Pronto tal vez podamos volver a visitarlo –los ojos de Ron se abrieron desmesuradamente al escuchar la invitación y lanzó una mirada de reproche a su amiga por haber sacado el tema-. Se ha recuperado totalmente de sus heridas y creo que estoy consiguiendo muchos progresos con él. Además, el bosque es mucho más seguro y los centauros no han vuelto a dar problemas gracias a él. Sí... Dumbledore no se equivocaba, verdaderamente está haciendo bien su trabajo. Aunque, bueno... nunca se sabe como pueden reaccionar esos centauros, pero, a pesar de todo, sus visitas no han ido del todo mal... –dijo Hagrid despistadamente mientras colocaba las tazas en las estanterías.
-Hagrid¿se puede saber de qué estás hablando? –preguntó Harry, extrañado.
Al escuchar la voz de Harry, Hagrid se dio la vuelta y el paño que sostenía entre las manos fue a parar al suelo.
-Oh, vaya... –masculló Hagrid, contrariado-. ¡Maldita sea! No debí decir eso... ¡Vosotros no habéis escuchado absolutamente nada!
-Pero... Hagrid... ¿De quién hablabas¿A quién te referías¿Quién...?
-No tiene importancia. No es nada... –Hagrid se golpeó la cabeza con la mano-. ¡Estúpido!
-Hagrid...
-Será mejor que os marchéis, se hace tarde –dijo Hagrid atropelladamente.
-Pero, Hagrid...
Las quejas de Harry, Ron y Hermione no sirvieron de nada. Hagrid los empujó con suavidad hacia la entrada, advirtiéndoles de que no hicieran preguntas y no trataran de investigar por su cuenta.
Cuando los tres amigos estuvieron fuera, sin la compañía de Hagrid, decidieron regresar al castillo, resignados. Fue Ron quien formuló la primera pregunta, que en realidad rondaba por la mente de sus dos amigos.
-¿Quién demonios estaría dispuesto a internarse en un bosque lleno de bestias salvajes y peligrosas para mantener contacto con una manada de centauros sedientos de sangre?
-No estoy segura de haber entendido bien, pero... –comenzó Hermione, dubitativa-. ¿Se supone que alguien se adentra con regularidad en...?
-Sí, Hermione, algún loco suicida mantiene interesantes charlas con esos caballos psicópatas –dijo Ron.
-Pues deben ser realmente interesantes para correr semejante riesgo –comentó Harry.
-¿Os dais cuenta de la importante fuente de información que es Hagrid? –dijo de pronto Ron-. Debe saber un montón de cosas sobre la Orden y nunca parece darse cuenta de que en realidad nosotros desconocemos ese tipo de asuntos. Quizá...
-Sé lo que estás pensando, Ron, y eso sería algo muy cruel –dijo Hermione con rotundidad.
-¡Conseguir un poco de información a través de Hagrid no sería algo cruel! –Ron parecía ofendido-. Nuestras intenciones no son malas...
-Estaríamos aprovechándonos de Hagrid...
Ron puso los ojos en blanco y continuó el camino en silencio.
-De todos modos, de ahora en adelante Hagrid se mostrará muy reservado respecto a este tema –continuó Hermione-, porque sabe que no descansaremos hasta averiguar la verdad. Creo que nos quedaremos con las ganas de saber qué es lo ocurre exactamente en el bosque.
-Tal vez tengas razón –dijo Ron-. Y... a fin de cuentas, cualquier miembro de la Orden puede estar involucrado en la misión.
Harry se imaginó entonces a Lupin a lomos de Ronan y charlando seriamente con Bane. Cruzó los dedos bajo la túnica para que no fuera su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras quien estuviera involucrado en semejante embrollo.
---000---
El domingo por la tarde, en la sala común apenas había gente. Los alumnos, aprovechando aquel día inusualmente cálido y soleado de marzo, habían salido del castillo y se dedicaban a pasear, jugar o estudiar por los jardines.
Sin embargo, Harry, Ron y Hermione habían decidido volver a la torre porque la chica había afirmado que le resultaba imposible concentrarse en sus tareas mientras Ron, tendido en la hierba a su lado, tarareaba continuamente una cancioncilla. Además, al cabo de una hora al sol, Harry comenzaba a tener dolor de cabeza. Al menos, pensaron, resultaba agradable tener la sala común sólo para ellos.
Tan sólo llevaban unos minutos en la torre de Gryffindor cuando, con un chasquido, un trozo de pergamino se materializó en el tablón de anuncios, asustando a un chico de primer curso que pasaba por allí.
Hermione, curiosa, se acercó al tablón y lo leyó con rapidez en voz alta para que Ron y Harry se enteraran, porque eran demasiado perezosos para moverse ni un ápice.
"El Consejo de Profesores notifica a los alumnos que el calendario de exámenes del presente curso se elaborará próximamente; por lo que las sugerencias o propuestas del horario que los estudiantes deseen presentar deberán llegar por medio de los prefectos del curso correspondiente.
Se ruega a los alumnos de séptimo que aporten sus proposiciones en un plazo máximo de tres días, ya que el calendario de los EXTASIS se organizará desde la Asociación Internacional de Titulaciones Mágicas.
Asimismo, se advierte que los calendarios de los cursos inferiores a quinto curso ya están establecidos y que aparecerán en los tablones de anuncios de cada casa en breve."
Atentamente,
Minerva McGonagall
Directora Adjunta
-¿Exámenes¿Ya¡Pero si todavía es marzo! –protestó Harry horrorizado.
-Quedan menos de tres meses –argumentó Hermione volviendo a sentarse en un sillón-. Junio llegará muy pronto.
-Muy pronto... –Ron dejó las palabras suspendidas en el aire e intercambió una mirada cómplice con Harry. Hermione nunca les convencería respecto a la opinión que tenían ellos de los planes de estudios. Mientras que el principio de la chica era trabajar a diario para que no le pillara el toro, el "sálvese quien pueda" era el lema de los dos muchachos. A pesar de eso, y aunque nunca lo admitirían, en el fondo admiraban el tesón de Hermione en todo lo que se proponía.
Ajena a lo que los dos chicos se decían en silencio únicamente cruzando una sonrisa, Hermione pensaba en lo que acababa de leer:
-Pues es una buena idea, los alumnos nunca habían tenido opción a elegir. Supongo que este año han cambiado el método, creo que en la primera reunión de prefectos mencionaron que... –se quedó sumida en sus pensamientos. Súbitamente pareció despertar, sobresaltando a los dos chicos, que la observaban en silencio-: Bueno, Ron, tendremos que hacer un borrador¿no?
-¿Eh¿Para qué?
-¿Cómo que para qué? –Hermione se escandalizó-. Esto es muy importante. Yo, por ejemplo, siempre he querido protestar porque suelen poner los exámenes de Aritmancia y de Historia de la Magia el mismo día y eso es una locura, porque…
-Y¿qué más da el orden si al final hay que hacer los mismos exámenes? –Ron se encogió de hombros-. Si quieres saber mi opinión, yo no tengo ninguna propuesta. El calendario es todo tuyo.
-Pero... –Hermione frunció el ceño-. Oye, que siempre me dejas a mí con el marrón. ¡Vaya prefecto que estás hecho!
Ron le dirigió una mirada turbia:
-Cuanto lo siento si no te gusta, pero es lo que hay –masculló con sequedad.
-¡No seas tan irritable con el asunto de la prefectura! –protestó Hermione subiendo la voz.
-¡Yo no soy irritable, es que tú eres irritante! –las orejas de Ron empezaban a ponerse coloradas.
-Ah¿sí?
-¡Sólo tendrías que escuchar lo que dices!
Harry puso los ojos en blanco. No entendía por qué Ron no hacía un esfuerzo para ayudar a Hermione en aquel asunto; aunque por parte de la chica tampoco había estado bien el cuestionar el modo de Ron de desempeñar sus quehaceres (o, mejor dicho, de no desempeñarlos), más teniendo en cuenta el aviso de McGonagall en enero. Finalmente, Harry sólo podía llegar a la conclusión de que o bien sus dos amigos eran muy duros de mollera, o bien en el fondo disfrutaban con aquellas discusiones.
Miró durante un segundo a Ron, que en aquel momento agitaba el dedo índice a diez centímetros de la cara de la chica (¡No me hagas decir cosas de las que luego me arrepienta!), y a Harry se le pasó por la cabeza que Ron nunca conseguiría nada con Hermione si seguía por aquel camino; ya que sería más efectivo que el pelirrojo hiciera como los antiguos hombres de las cavernas, le diera un mazazo a Hermione en la cabeza y la arrastrara hasta su guarida. Harry, que sabía que era un completo desastre en sus relaciones con el sexo femenino, al lado de Ron se convertía en un ligón de mucho cuidado. Suspiró con exasperación, consciente de que si Ron no cambiaba de actitud, aquello terminaría minando la salud mental de Harry. Ojalá…
Harry salió de su ensimismamiento al escuchar la voz de Hermione:
-Ron¿qué haces?
Ron se había puesto en pie y se acercaba a la chica con aspecto tranquilo, hasta que, cuando estuvo frente a ella, le cogió una mano entre las suyas. Harry le observó con incredulidad, aunque lo suyo no era nada en comparación a la expresión de sorpresa de Hermione. Parecía que Ron le hubiera leído la mente a Harry…
Ron, que parecía estar medio en trance, habló con voz pausada:
-Si seguimos así, nunca vamos a dar el siguiente paso.
-¿De qué estás hablando?
-Pues de nosotros dos.
-¿De nosotros dos? –preguntó Hermione con un hilo de voz.
-Claro –Ron se inclinó hacia ella, que, completamente ruborizada, lanzó una mirada rápida y de reojo a Harry.
"¡Así no, idiota!" pensó Harry cuando Ron estaba a punto de besar a la chica.
Como si realmente le hubiera oído, Ron abrió los ojos y parpadeó un par de veces, parecía que se estuviera despertando. Al ver a Hermione a un palmo de su cara, se apartó con rapidez.
-¿Qué está pasando aquí? –preguntó.
Hermione le observó unos segundos antes de contestar con otra pregunta:
-¿Me estás tomando el pelo?
La expresión de despiste del pelirrojo era tal, que a Hermione no le cupo ninguna duda de que Ron tampoco sabía lo que había ocurrido. Sin embargo, continuó mirándole con desconfianza. Al darse cuenta, Ron frunció levemente el ceño.
-¡No estoy bromeando, lo último que recuerdo es que estábamos discutiendo¿Qué hago aquí de pie su… sujetándote la mano? –dijo al tiempo que se la soltaba.
Harry los observó pensativo, intentando atar cabos: todas aquellas situaciones que se habían dado en los últimos días… Algo estaba sucediendo, algo a lo que tenía que encontrarle una explicación.
-¿Quieres decir que no recuerdas que has intentado…?
-¡No ha intentado nada! –lo interrumpió Hermione con voz algo chillona. Harry la miró y se percató de que estaba nerviosa.
-¿Vais a contarme lo que ha pasado? –preguntó el pelirrojo extrañado.
-Creo que... –murmuró Harry, comprendiendo al final lo que ocurría. Hermione le miró, inquieta por lo que fuera a decir-. Últimamente ocurren cosas muy extrañas…
-Ve al grano –casi exigió Ron.
-Veréis, esta mañana, cuando te he pedido los apuntes de encantamientos –Harry se dirigió a Hermione- después ni siquiera recordabas que me los habías dejado. El otro día me crucé con Peeves en el pasillo y, aunque estaba tirando bombas fétidas a todos los alumnos que pasábamos por allí, de pronto las tiró todas por la ventana y luego no se acordaba de lo que había hecho con ellas –según iba hablando, Harry enumeraba con los dedos-. Y ayer Filch me pilló con un pastel que me había dado Dobby en las cocinas e intentó castigarme porque decía que estaba manchando el castillo de migas. Pero de repente cambió de idea, se quedó callado y me dijo que me largara. ¡Y hoy, cuando me lo he encontrado al salir del Gran Comedor, me ha dicho que la próxima vez no me escaparé tan fácilmente!
-¿Qué quieres decir con todo eso?
-¿Insinúas que hay una epidemia de amnesia? –interrogó Ron muy serio.
-No digas bobadas, Ron. Harry no ha dicho eso –protestó la chica.
Harry estuvo a punto de gritarles para que no comenzaran una nueva discusión, pero, sorprendentemente, Ron y Hermione se quedaron en silencio con docilidad. Harry abrió los ojos con sorpresa, cada vez más convencido de que había dado con la solución.
-¿Lo veis¡Otra vez!
Hermione entrecerró los ojos:
-Harry¿qué has hecho?
El muchacho contempló a su amiga, muy serio:
-Creo que, de algún modo, puedo interferir en el pensamiento de las personas. No sé cómo ni por qué, pero a veces cuando quiero algo es como si… mis deseos se cumplieran.
Su amiga se inclinó sobre la mesa y habló en susurros, como si quisiera que nadie la escuchara a pesar de que estaban solos:
-Lo que dices se parece mucho a la maldición imperius
-Ya lo sé, pero yo no lo hago queriendo, no sé qué es lo que me pasa. Ahora que lo pienso… Cuando estuve hablando con Remus a través de la Red Flu… él no… Al principio no estaba dispuesto a contarme nada… Hasta que yo insistí…
Ron volvió a sentarse en su silla y se cruzó de brazos. Su actitud denotaba escepticismo, porque todo aquello quedaba muy lejos de su entendimiento:
-¿Estáis diciendo que Harry tiene el poder de manipular el comportamiento de la gente sin darse cuenta?
-No lo sé… Más o menos… ¿Cómo lo explicaríais si no? –Harry hizo una mueca. Miró a Hermione como si esperara que la muchacha se sacara una respuesta de la manga-¿Me estoy convirtiendo en un bicho raro?
La chica negó enérgicamente con la cabeza:
-No, esto debe de estar relacionado con Voldemort. También puedes hablar pársel¿no es cierto? Supongo que a lo largo de tu vida irán apareciendo distintos poderes, y este debe ser uno de ellos.
-Pero nunca he oído que Voldemort pueda hacer que alguien haga lo que él quiera… Al menos no sin extorsionarles, o torturarles…
-No lo sé, Harry… Creo que deberías contárselo a Dumbledore.
Harry asintió, intranquilo.
-Se lo contaré mañana mismo.
Los tres se quedaron en silencio durante unos instantes, dándole vueltas al asunto.
-¿Desde cuando has notado que ocurre? –preguntó Ron con curiosidad.
-Creo que desde febrero.
-Y¿quién fue tu primera víctima? –bromeó Ron tratando de liberar tensiones.
Harry esbozó una sonrisa tímida:
-Snape –por fin había comprendido cómo consiguió adentrarse a sus anchas en los recuerdos del profesor durante tanto tiempo en aquella clase de Oclumancia hacía ya unos meses.
El pelirrojo resopló, tratando de ocultar una carcajada, pero continuó riéndose por lo bajo.
-¿Se puede saber por qué querías que Ron me besara? –soltó Hermione súbitamente. A Ron se le atragantó la risa en la garganta y enrojeció violentamente. El muchacho miró con incredulidad a Harry, esperando una explicación.
-¿Qué…? –farfulló confundido. Después giró la cabeza hacia Hermione y sus orejas se pusieron aún más rojas-. ¿De qué estás hablando?
-Bueno... –la chica apartó la vista y la dirigió a Harry-, eso es precisamente lo que yo quería saber. ¿Harry? –su tono exigía una respuesta inmediata.
El aludido carraspeó al sentir las miradas de sus amigos fijas en él. Ron le observaba con los ojos exageradamente abiertos.
-Yo... –Harry no sabía qué decir-. Supongo que estaba harto de oíros discutir, pero al intentar deteneros… las cosas se me escaparon un poco de las manos.
Ron aceptó aquella excusa, como si quisiera cambiar rápidamente de tema; aunque Harry intuyó que más tarde le interrogaría al respecto. Hermione, por el contrario, mantenía una expresión de suspicacia a pesar de no decir ni una palabra al respecto.
---000---
Al día siguiente, Harry decidió acudir al despacho del director en la hora de la comida. Ron y Hermione lo esperarían en la entrada al despacho, junto a la gárgola, y después los tres bajarían a almorzar.
Tras la clase de Transformaciones, estaban recorriendo los pasillos en dirección a las dependencias del director cuando Neville los alcanzó corriendo:
-¡Eh, hola! –resolló una vez estuvo a su lado-. ¿Vais hacia el Gran Comedor¡Os acompaño! Me muero de hambre…
-Hola, Neville –saludó Hermione-. Lo cierto es que vamos al despacho de Dumbledore; así que tardaremos un poco en bajar a comer.
-Vaya, qué lástima. Bueno, pues yo voy para allá, creo que hoy hay salchichas con puré de patata.
Ron profirió un extraño sonido gutural al oír aquello:
-Créeme, iría contigo.
Al despedirse de Neville, los tres amigos empezaron a subir por la amplia escalinata que llevaba a los pisos superiores del castillo, cruzándose en el camino con un amplio grupo de alumnos de sexto que bajaba de la clase de Adivinación. Desde el curso pasado, la mitad de los alumnos que cursaban aquella asignatura daban clase en la torre norte del castillo, mientras que la otra mitad estudiaba con Firenze en un aula de la planta baja.
-Desde luego... –rezongaba una voz fría que arrastraba las palabras en un tono lo suficientemente alto como para que el nutrido grupo de estudiantes le oyera-. No sé en qué estaría pensando Dumbledore cuando contrató a esa farsante. Más de la mitad de las tonterías que dice no son más que patrañas.
-Ya sé que esto es difícil de creer –susurró Hermione para que sólo Ron y Harry pudieran oírla-, pero, por una vez en mi vida, estoy completamente de acuerdo con Draco Malf…
La chica no pudo seguir hablando porque acababa de chocar con Parvati Patil, que, demasiado ocupada en mirar en dirección al Slytherin con el ceño fruncido, no había visto a Hermione. Numerosos mapas lunares salieron disparados de las manos de la joven.
-¡Oh, lo siento! –murmuró Hermione al tiempo que su compañera de dormitorio decía algo que sonó a "No pasa nada" y las dos se agachaban a recoger las pertenencias de Parvati.
Mientras cogía del suelo una pluma de escribir que había caído varios escalones más abajo, Harry vio por el rabillo del ojo como Malfoy pisaba deliberadamente el pergamino que Hermione se disponía a recoger, casi aplastando los dedos de la chica en el suelo. La joven elevó la vista con el ceño fruncido y la clavó en el cogote de Malfoy, que no se había detenido. Ron, de espaldas a Hermione y Parvati, no se había enterado de nada.
Parvati miró con horror el mapa pisoteado, en el que se distinguía claramente la huella del zapato del Slytherin.
-Pero… ¡Será…!
Malfoy miró por encima de su hombro, con una sonrisa petulante en los labios. Harry sintió un leve acceso de rabia, pero de pronto se le ocurrió una idea mejor: por fin iba a comprobar si, efectivamente, el supuesto poder que había descubierto era real o no. Se concentró intensamente.
En unos pocos segundos, Draco volvía sobre sus pasos y se agachaba junto a Parvati, ayudándola a recoger el resto de los mapas ante la atónita mirada de ésta y de Hermione.
-Toma –dijo el rubio tendiéndole un puñado de mapas ordenados a Parvati. Después cogió el mapa pisoteado-. Lamento lo de tu mapa¿no tiene arreglo? –demasiado sorprendida, Parvati sólo acertó a negar con la cabeza-. Si quieres lo repito por ti.
-No es necesario, gracias –murmuró la chica recuperando parte de su aplomo.
Hermione, que había estado mirando a Malfoy con sorpresa, giró el rostro en dirección a Harry y lo contempló con una expresión de suspicacia sin que el chico se percatara.
-Por cierto, Hermione –la chica volvió a girarse hacia el Slytherin-, espero no haberte hecho daño en la mano.
Sin contestar a Malfoy, Hermione se puso en pie y se dirigió hacia Harry. En cuanto llegó junto al muchacho, lo agarró por el brazo, haciendo que perdiera la concentración.
-Basta –susurró ella con los ojos entrecerrados.
Sin embargo, no fue necesario: la irrupción de Hermione había terminado con el contacto que Harry mantenía con Malfoy, y en aquel mismo instante el Slytherin miraba confundido a su alrededor. Sin entender qué hacía allí agachado ayudando a una Gryffindor, recogió su mochila del suelo y continuó con su camino, escaleras abajo.
-¿Qué acaba de pasar? –preguntó Ron, que había estado intentando limpiar unas manchas de tinta que había producido un tintero roto-. ¿Qué te decía Malfoy¿Me lo ha parecido o te estaba pidiendo disculpas por algo?
Hermione ignoró a Ron por completo, seguía muy seria mirando a Harry:
-No vuelvas a hacerlo.
Ron por fin lo comprendió.
-¿Le estabas…¡Caramba! –de pronto su semblante se ensombreció-. Ayer cuando… bueno, cuando eso… ¿yo también tenía esa pinta de pelele?
Harry y Hermione intercambiaron una mirada.
-No –dijo la chica en voz muy baja y con una leve sonrisa-. Tú fuiste muy… elocuente –y, sin más, continuó ascendiendo las escaleras. Ron se quedó mirándola.
-¿Qué ha querido decir con eso? –le preguntó a su amigo. Harry se encogió de hombros e hizo un ademán en dirección a su amiga para que los dos se apresuraran a seguirla.
Cuando la alcanzaron, Harry sintió la imperiosa necesidad de justificarse:
-Yo no lo hago a propósito, es algo involuntario. Bueno –sintió que no estaba siendo del todo sincero-, lo cierto es que en esta ocasión deseé darle a Malfoy su merecido.
-No deberías haberlo hecho –amonestó Hermione con suavidad.
-Ya, bueno, pero tienes que admitir que ha sido genial ver a Malfoy pidiéndote disculpas –argumentó Ron, apoyando a su amigo.
-¿Y eso por qué? –la chica se encogió de hombros-. No ha sido una disculpa sincera, nunca habrá una disculpa sincera por parte de Malfoy hacia mí, le supondría rebajarse demasiado –sonrió con sarcasmo-. ¿Y qué? Tampoco lo necesito.
Harry y Ron la miraron de soslayo: por mucho que Hermione se empeñara en ignorar aquella actitud racista que algunos ejercían contra los magos provenientes de familias muggles, sabían que le resultaba doloroso que en algunos de los ámbitos más tradicionalistas y cerrados de la sociedad mágica se la considerara una ciudadana de segunda.
Finalmente, llegaron a la entrada del despacho de Dumbledore.
-Venga –lo apremió Ron-. Te esperamos aquí, pero ten en consideración mi estómago y no tardes mucho.
-Aguijón de billywig.
La gárgola permaneció impasible, por lo que Harry se dio cuenta de que habían cambiado la contraseña.
-Ehh... –dudó mirando la estatua que tenía frente a él. Por su mente pasaron todos los productos que se vendían en Honeydukes-. ¿Piruletas Saltarinas? –probó-. ¿Meigas fritas¿Ranas de chocolate?
-¿Lo haces adrede? –preguntó Ron-. ¿Quieres que me muera de hambre?
-Dumbledore siempre utiliza el nombre de algún tipo de dulce para su contraseña. No preguntes por qué –explicó Harry. Se giró de nuevo hacia la gárgola-¿Caramelos levitadotes? –En aquel mismo instante un cuerpo plateado atravesó la gárgola, provocando que a Harry el corazón le pegara un salto dentro del pecho-. ¿Profesor Binns?
El fantasma bajó la vista hacia Harry, sorprendido de encontrarse a un alumno en aquel lugar.
-¿Sí?
-Verá, profesor, yo querría ver al profesor Dumbledore y me preguntaba si usted podría darme la contraseña –murmuró Harry.
-Acabo de visitar al director, señor…
-Potter, profesor –aclaró Harry de inmediato.
-Sí, eso es, Potter y supongo que comprenderá que yo no hago uso de la contraseña. De hecho, creo que la última contraseña que memoricé era de 1952... –de repente las cejas plateadas de Binns se fruncieron al descubrir a Hermione y a Ron-. Vaya, si es el señor Weasley.
Ron pegó un respingo al percatarse de que Binns había recordado su apellido sin necesidad de que nadie lo corrigiese.
-Lo comprendo, profesor –aceptó Harry intentando atraer de nuevo la atención del fantasma-, pero tal vez usted podría…
-Avisaré al profesor Dumbledore de que quiere verlo, señor Perkins –masculló Binns con fastidio volviendo a traspasar la gárgola.
-Creo que se acuerda de ti –dijo Harry en dirección a Ron con una sonrisa maliciosa-. ¿Por qué será?
Unos minutos más tarde, Binns volvió a traspasar la gárgola y tras darles la contraseña (Plumas de azúcar), desapareció por el corredor en dirección a su aula.
Cuando estuvo sentado frente a Harry en su escritorio, el director apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos, expectante:
-¿Y bien, Harry¿Qué te trae por aquí?
-Bueno, creo que... –el joven no supo cómo explicarse-. Desde hace unas cuantas semanas creo que me sucede algo extraño.
-¿De qué se trata? –Dumbledore intentó ayudarle.
-No lo sé, pero tengo una idea… No sé si es una teoría absurda, pero es lo único que se me ocurre.
-Continua –murmuró el director con interés.
-Lo cierto es que en algunas ocasiones, cuando pienso en algo con mucha concentración o cuando espero algo de una persona con mucha intensidad…ocurre exactamente lo que quiero.
Dumbledore se quedó un silencio durante unos instantes.
-¿Insinúas…¿Insinúas que de algún modo puedes controlar la mente de los que te rodean? –Harry asintió con la cabeza-. Entiendo.
-Hermione opina que en cierto modo se parece a la maldición imperius –súbitamente Harry se sintió muy mal. Comprendía por qué a su amiga no le había gustado que la utilizara a propósito, ni tan siquiera tratándose de Malfoy.
-No creo que la señorita Granger quisiera culparte de nada, Harry –lo tranquilizó el director como si hubiera comprendido lo que el joven pensaba.
-Más bien piensa que tiene que ver con Voldemort. ¿Cree usted que esto es similar al hecho de que yo pueda hablar pársel?
-Es posible –aceptó Dumbledore lentamente.
-Pero... –objetó Harry-, nunca había oído que Voldemort tuviera el poder de controlar la mente. Recuerdo que cuando recuperó su cuerpo, hace dos años, llevó a cabo la maldición imperius, y para ello tuvo que pronunciar el hechizo.
-Esa es una buena observación –aprobó Dumbledore-. Sin embargo, Voldemort siempre ha sido de lo más persuasivo. Eso sin olvidar su talento para la Legeremancia. De hecho, gracias a algo que me contó hace unas semanas el profesor Snape, yo creía que Voldemort te habría transferido un extraordinario control de la Legeremancia –Harry supo al instante que Snape había puesto al corriente al director sobre lo ocurrido cuando había logrado visualizar los recuerdos del profesor de Pociones a su antojo-. Pero, por lo que me dices ahora, estoy más dispuesto a pensar que se trate de alguna otra cosa. Es muy probable que éste sea un poder con el que Voldemort te ha dotado inconscientemente.
-Y¿eso es bueno?
Dumbledore sonrió con tristeza:
-Creo que ya te dije que a lo largo de tu vida aparecerán nuevos dones. Cuáles serán y cuándo aparecerán es algo que no sé. Tampoco puedo decirte si serán para bien o para mal; ni si los perderás en el caso de que Voldemort desaparezca. Desde luego, está en tu mano el utilizar los poderes que te sean conferidos. Sin embargo, Harry…
El chico levantó la vista del escritorio y la clavó en los ojos azules del director al percatarse de que se había quedado en silencio.
-¿Sí? –preguntó temeroso.
-Creo que sería preferible que intentaras controlar ese impulso que nace en ti, para que no llegaras a dominar la mente de nadie.
-No tengo ninguna intención de utilizarlo –afirmó Harry con rotundidad. Los ojos de Dumbledore se iluminaron momentáneamente con un brillo especial-. Al menos no intencionadamente.
-Sabía que dirías eso.
Como siempre que se entrevistaba con el director, Harry supo que la conversación había acabado. Se levantó de la butaca, al igual que Dumbledore, que lo acompañó hasta la puerta.
-Harry... –añadió Dumbledore cuando el muchacho ya había bajado un par de peldaños de la escalera de caracol- mantenme informado de cualquier cosa que esté fuera de lo común, como esto. Aunque al principio te parezca una nimiedad¿de acuerdo? –Harry asintió solemnemente con la cabeza. Dumbledore sonrió-: Ahora creo que será mejor que te apresures; tu amigo, el señor Weasley, está rabiando por llegar a comer.
Bueno, y hasta aquí llega el cap 23. Ojalá podamos actualizar pronto la próxima vez, pero no podemos fijar fecha...
Respuestas a los reviews:
saralpp: gracias por tu review! pues la verdad es q teníamos ganas de incluir algo de los padres de harry en el fic, porque hasta el quinto no es q se sepa gran cosa, y teniendo en cuanta q son sus padres... como q ya era hora de q el chico supiera esas cosillas... en cuanto a ron y hermione, te aseguramos q profundizaremos, jejeje, es q esos dos cabezotas... cuándo se darán cuenta de q están hechos el uno para el otro? igual q harry y ginny... Esperamos leerte pronto y muchos besos!!!!
saisai jk: hola!!! la verdad es q ya era hora de aclarar las cosas con respecto a los padres de harry, porque no es normal q él no sepa casi nada de ellos... la rowling ya está tardando en los libros en darnos más datos sobre ellos, xD. y bueno, snape, pues más q raro, creemos q lo q pasa es q guarda muchos secretos, demasiados, y es de lo más misterioso... no te parece? gracias por tu comentario y muchos besos!!!
Saiyuri11: hola!!!! pues sí, POR FIN harry conoce más cosillas sobre sus padres, q ya estaba tardando... en cuanto a este cap, por fin se sabe también q fue lo q pasó en aquella clase de oclumancia tan extraña. la pregunta ahora es: le servirá para algo a Harry este nuevo poder q ha desarrollado? esperamos leerte pronto y muchos besos!!!!
