Bueno, han pasado muchas semanas desde nuestra última actualización. Pero entre la universidad, que si no sé que y no sé cuantos y además que después de leer Deathly Hallows no había demasiadas ganas... pues no hemos aparecido demasiado por fanfiction. Pero aquí tenemos un capítulo nuevo y aceptaremos con humildad los tomatazos por la tardanza.
Gracias a todos los que seguís la historia.
Las tres doritas.
Disclaimer: Sigue siendo necesario?
24
Una llegada problemática
El último día antes de las vacaciones de Pascua por fin había llegado, lo cual suponía el preámbulo de un pequeño descanso durante la rutina del curso. Todos los alumnos de Hogwarts aguardaban con verdaderas ansias esos pocos días fuera del castillo para poder visitar a sus familias, o en el caso de Harry, quedarse en Hogwarts, disfrutando del verde de los terrenos y el azul cristalino del lago, recordando con añoranza que el curso pasado por aquellas fechas se encontraba en Grimmauld Place, junto a su padrino.
Aunque para alegrar sus vacaciones, el primer día sin clases habría una salida a Hogsmeade y aquello conseguiría distraerlo un poco. Además, Ron y Hermione también se quedarían en Hogwarts; el primero, porque sus padres estaban muy ocupados con sus responsabilidades para con la Orden últimamente y opinaban que sus hijos estarían más seguros en Hogwarts; en cuanto a Hermione, había decidido acompañar a sus amigos en vista de que sus padres viajarían al extranjero.
Normalmente en aquella época del año el frío abandonaba por completo el castillo, pero aquel día era una excepción. Harry se encontraba en la sala común, donde tan sólo unos pocos alumnos ocupaban un par de mesas, esperando a sus amigos para bajar al Gran Comedor. Estaba sentado en el sillón que usualmente ocupaba, frente a la chimenea, con la cabeza apoyada cómodamente sobre la palma de su mano. Ron y Hermione no habían llegado aún de su clase de Historia de la Magia, pero estaba seguro de que no podían tardar mucho. Harry había tenido clase de Pociones con Snape y había sido una pesadilla...
De repente, toda la sala común se quedó en silencio al oír unos fuertes gritos procedentes del otro lado del hueco del retrato, justo frente al lienzo de la Señora Gorda.
-¡Te repito que no tengo ni idea de cuál es la nueva contraseña! –decía una voz que Harry reconoció enseguida.
-¡Y yo digo que sin la contraseña no puedes pasar!
A continuación, se oyeron unos golpes sordos, como si alguien tratara de abrir el retrato a la fuerza.
-¡Quítame las manos de encima! –se escuchó la voz chillona de la Señora Gorda
-¿¡Pretendes que me quede aquí fuera hasta que acabe el curso!?
-Escucha, jovencito –Harry casi podía imaginarse la expresión de advertencia en el rostro del retrato-, a menos que alguno de tus compañeros me dé la contraseña correcta o alguien abra la entrada desde el interior, tú no podrás pasar.
-Pero, ¿es que no te das cuenta de que soy prefecto de Gryffindor? –dijo aquella voz en un tono irritado. Todos se habían dado cuenta ya de que se trataba de Ron Weasley-. Mira, ¿la ves? Es la insignia de prefecto de Gryffindor.
-¡En ese caso debería darte vergüenza! Todos los prefectos tienen que estar sobre aviso en lo que respecta a los cambios de contraseña –la Señora Gorda, a juzgar por su tono de voz, debía de estar furiosa y hastiada-. Tengo órdenes estrictas de no dejar pasar a nadie que no sepa la contraseña, como es tu caso. Y no hay nada más que hablar.
En vistas de que la Señora Gorda no permitía su entrada en la torre, Ron siguió discutiendo acaloradamente con el retrato de acceso a la sala común.
Antes de que Harry tuviera tiempo de ponerse en pie, un alumno de cuarto curso que hablaba con un compañero junto a la entrada abrió el hueco del retrato. El pelirrojo, que continuaba tratando de entrar a toda costa en la sala, no esperaba que el retrato se abriera de repente y perdió el equilibrio, cayendo hacia delante, abalanzándose sobre el chico y golpeándolo en la cabeza accidentalmente. Ambos cayeron al suelo en un lío de brazos y piernas, y Ron se levantó al instante, malhumorado. Su rostro estaba tan rojo como su cabello y resultaba casi imposible distinguir donde terminaba el pelo y empezaba su cara.
-¡La próxima vez mira por dónde vas! –espetó Ron en dirección al chico. Éste no se atrevió a decir nada, habiendo reparado ya en la insignia de prefecto, pero lo observó con el ceño fruncido y notablemente molesto.
Ron soltó un gruñido y, sin detenerse, se dirigió hacia las escaleras que conducían a los dormitorios masculinos. Harry se levantó rápidamente del sillón y se interpuso en el camino de su amigo.
-¿Un mal día? –inquirió Harry, apoyado en la barandilla de las escaleras.
Por toda respuesta Ron puso los ojos en blanco.
-¿Y Hermione? –preguntó Harry, que esperaba que sus amigos volvieran juntos de clase de Historia de la Magia.
Ron resopló sonoramente y puso los ojos en blanco una segunda vez. No parecía tener muchas ganas de hablar precisamente, pero Harry ya sospechaba de qué iba todo aquello y le dirigió una elocuente mirada a Ron, instándole a soltar lo que fuera que había ocurrido. Sin embargo, Ron solamente se encogió de hombros y se desplomó en el sillón más cercano.
-¿Y bien? –interrogó Harry, de pie junto a Ron-. No hace falta ser un genio para saber que habéis vuelto a discutir.
-Estoy empezando a estar más que harto de todo este rollo de ser prefecto... –espetó Ron, aún de mal humor-. Y la verdad es que Hermione no es de mucha ayuda... –masculló por lo bajo.
-¿Dónde está? –Harry desechó la idea de indagar sobre el asunto en cuestión. Lo último que quería era que Ron volviera a explotar.
-Supongo que en el Gran Comedor –contestó Ron con gesto hosco.
-Nosotros también deberíamos ir, o se nos hará tarde para nuestra próxima clase –apuntó Harry con un movimiento de cabeza para que el pelirrojo se pusiera en pie.
-¿Sabes? Empiezas a parecerte a ella... –comentó Ron, que iba tras Harry hacia la salida de la sala común.
Pero Ron, a espaldas de su amigo, no alcanzó a ver la sonrisa torcida que esbozaba Harry. Para suavizar los ánimos señaló el tablón de anuncios, donde entre varios pergaminos destacaba uno más grande que el resto, indicando la próxima salida a Hogsmeade.
-Lo había olvidado –musitó Ron tras echarle un vistazo.
-Será divertido... poder salir del castillo durante un par de horas...
-Vamos, me muero de hambre –dijo Ron empujando a Harry fuera de la sala común-. Casi puedo oler el estofado desde aquí.
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Harry, Ron y Hermione, quien no había dado mayor importancia a su discusión con el pelirrojo el día anterior, se envolvieron en sus capas y junto a sus compañeros abandonaron los recintos del colegio para dirigirse a Hogsmeade bajo la atenta mirada de Filch.
Nada más llegar al pequeño pueblo, visitaron Honeydukes y después Harry propuso ir a tomas unas cervezas de mantequilla a Las Tres Escobas. Fuera nevaba copiosamente y dentro de la taberna, donde el fuego de una chimenea caldeaba el ambiente, y con una buena jarra de cerveza entre las manos, podrían olvidarse del frío por un tiempo. Pero cuando estaban a punto de cruzar el umbral y el calor daba de lleno en sus mejillas arreboladas por el frío, Hermione hundió sus manos en los bolsillos de su túnica y estrujó sin querer un sobre que había olvidado por completo que estaba allí.
-Vaya... –murmuró Hermione al mismo tiempo que sacaba del bolsillo el recién descubierto pergamino.
-¿Qué es eso? –preguntó Harry desde dentro de Las Tres Escobas, mientras sujetaba la puerta para que Ron pasara dentro.
-Había olvidado que tenía que enviar una carta esta mañana. La guardé aquí, en la túnica, y después se me olvidó...
-Bueno, puedes enviarla en cuanto volvamos a Hogwarts –contestó Ron.
-Ya, pero quería mandarla lo antes posible porque esta noche habrá tormenta y no creo que la lechuza pueda entregarla a tiempo –explicó Hermione observando las nubes negras que se arremolinaban en el cielo-. Creo que iré a Correos.
-Te acompañamos –dijo Ron mirando a Harry, que asintió con la cabeza.
-No hace falta, además se acaba de librar una mesa al fondo –dijo Hermione al tiempo que unos niños de tercero de Slytherin dejaban sus asientos y se dirigían hacia la salida-. Las Tres Escobas está abarrotada hoy. No tardaré mucho, ¿me esperáis aquí?
-De acuerdo –respondieron al unísono Harry y Ron.
Hermione dio media vuelta y dejó atrás la taberna. Justo cuando doblaba la esquina de Zonko divisó no muy lejos una cabellera roja inconfundible.
-¡Ginny!
La pelirroja, que caminaba sola a paso ligero con la vista clavada en el suelo nevado y enfundada en una bufanda con los colores de Gryffindor, alzó el rostro en dirección a Hermione y la saludó con una mano mientras se acercaba:
-¡Hola! ¿Se te han perdido Harry y Ron?
Hermione soltó una risita que quedó ahogada por el fuerte viento.
-Tengo que ir a Correos. Necesito enviar una carta.
-Te acompaño –se ofreció Ginny.
-¿Y tú? ¿Qué haces sola por aquí? –preguntó Hermione mientras echaban a andar juntas por el empedrado camino, encogidas por el frío en sus abrigos-. ¿Ninguna cita?
Ginny bufó y negó con la cabeza ante la atenta mirada de su amiga:
-Paso de citas. En realidad, ahora mismo paso de los chicos –respondió con una mueca de desagrado-. Pfff... No creerías lo que me dijo MacBride el otro día... Menudo idiota...
-¿Eso explicaría por qué acabó en la enfermería con la cara llena de unos mocos verdes asquerosos?
Mientras Ginny y Hermione cotilleaban animadamente sobre Fergus MacBride, llegaron sin apenas darse cuenta al antiguo edificio de Correos. Traspasaron el umbral de la puerta y se dirigieron directamente al mostrador de atención al cliente.
-Disculpe, quería mandar una carta a larga distancia –preguntó Hermione al sonriente empleado.
-¿Cuál es el destino?
-Bulgaria –contestó. Ginny enarcó las cejas y emitió un silbido descarado que hizo enrojecer a Hermione hasta las orejas. La chica silenció con una mueca a la pelirroja, que escondió una sonrisa tras la bufanda.
-Al final del pasillo a la derecha –respondió el oficinista amablemente, ignorando la situación-. Después sólo tiene que escoger una lechuza.
-Gracias.
Tomaron el camino señalado por el empleado, escogieron una lechuza dócil de color canela y tras atar la carta a la pata del ave, que emprendió el vuelo casi de inmediato a través de una ventana, abandonaron el establecimiento.
Una vez hubieron cruzado la entrada de Correos, Ginny sugirió:
-He quedado con Luna y unas amigas para tomar algo en Las Tres Escobas. ¿Te apetece venir?
-Mmm... Les dije a Harry y Ron que nos veríamos allí, pero antes quiero aprovechar para comprar un libro de recetas caseras para mi madre. En una semana es su cumpleaños y estoy segura de que le encantará –dijo Hermione, que se moría de ganas por tomar una cerveza de mantequilla.
-Está bien, entonces nos vemos luego.
-¡Adiós!
Mientras Ginny echaba a correr por la calle para llegar a tiempo a la taberna, agitó una mano en el aire antes de que Hermione girara la esquina.
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Entretanto, en Las Tres Escobas Harry y Ron ya habían vaciado cuatro jarras de cerveza entre los dos. Harry leía con interés la sección de deportes de El Profeta que alguien debía de haber olvidado sobre la mesa, mientras Ron seguía atento la discusión que mantenían dos hombres sobre los Chudley Cannons y los Montrose Magpies (al parecer habían bebido más de la cuenta). Harry lo codeó suavemente, llamando su atención:
-Hermione ya debería haber vuelto, ¿no? Está tardando demasiado… ¿Qué te parece si salimos a buscarla?
Ron se encogió de hombros y se puso en pie junto a Harry, que se abrió paso entre el tumulto de compañeros que esperaban junto a la barra sus bebidas. Una vez fuera, ambos se ajustaron las bufandas y los guantes, al tiempo que sorteaban a unos alumnos de primero que entraban por la puerta de la taberna.
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Hermione tomó rumbo hacia una librería situada junto a Tiroslargos Modas que Ernie Macmillan le había recomendado. No fue difícil encontrar el libro que buscaba y tras pagar cuatro galeones por él, se dirigió hacia Las Tres Escobas, donde seguramente Harry y Ron estarían disfrutando de un par de cervezas de mantequilla.
Cuando Hermione se aproximaba a su destino, vislumbró junto a la entrada de la taberna dos siluetas que distinguió claramente: eran Harry y Ron.
Mientras caminaba resuelta hacia sus amigos, notó unas manos en su cintura, a continuación, esas manos se posaron en sus ojos, cubriéndolos por completo. Entonces escuchó una voz que le susurró al oído:
-Hace tanto tiempo que no me "escrribes" que "crreía" que te habías olvidado de mí.
De repente, la bolsa donde guardaba el libro para su madre y que sostenía entre las manos se deslizó entre sus dedos hasta llegar al suelo. Hermione había reconocido claramente aquella voz. Se dio la vuelta en el acto para confirmar sus sospechas.
-¡VIKTOR! –exclamó Hermione, sin poder ocultar su sorpresa. Trató de decir algo coherente, cualquier cosa, pero de su boca no salía ningún sonido. Finalmente, logró tartamudear-: ¿¡Qué... qué... qué haces aquí!?
-Tengo que "encontrrarrme" con "Dumbledorre" y antes "querrría" "verrte" –contestó Viktor Krum-. Sabía que hoy teníais "perrrmiso" para "visitarrr" el pueblo y supuse que "estarrías" aquí.
Hermione no podía creer que Viktor estuviera allí, frente a ella; que hubiera viajado desde Bulgaria...
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Al mismo tiempo, no muy lejos de allí, Harry y Ron observaban aquella escena. Harry alzó las cejas, más que sorprendido. ¿Qué hacía Viktor Krum en Hogsmeade? ¿Por qué el búlgaro había aparecido tan repentinamente? Por la expresión de Hermione, podía adivinarse con claridad que ella no lo esperaba en absoluto. Por otro lado, Ron parecía estar realmente furioso, casi como un dragón enfurecido, lo único que le faltaba era echar humo por la nariz.
-¿¡Que demonios hace ESE aquí!? ¿No se supone que Hermione había ido a Correos a mandar una carta? ¿Qué pasa? ¿Ha recibido a ESE por correo certificado? –dijo Ron, furioso.
-Habrá venido a ver a Hermione –respondió Harry sin tan siquiera pensarlo. Sabía que había metido la pata hasta el fondo, a juzgar por la mirada asesina que le dirigió Ron-. O habrá venido para jugar un partido de quidditch... Quién sabe... –se corrigió, tratando de arreglarlo.
Harry no creía haberse encontrado nunca en una situación tan incómoda y ni siquiera quería mirar a Ron, que posiblemente a esas alturas ya habría perdido los nervios. Pero cuando giró sus pies en dirección a su amigo con la intención de proponerle que tal vez podrían encontrarse con Ginny para tomar un refresco en Las Tres Escobas, vio que Ron ya no estaba a su lado, sino que se alejaba calle arriba con las manos hundidas en los bolsillos. Harry volvió a fijar la vista en Hermione y vio cómo Krum abrazaba a la chica a modo de saludo. A Ron aquello no debía haberle gustado en absoluto.
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Hermione aún no se había recuperado de la sorpresa inicial, después de todo, jamás habría imaginado ver allí a Viktor. El buscador búlgaro se agachó y recogió del suelo la bolsa que contenía el libro que Hermione había comprado y que había dejado caer al suelo accidentalmente. Juntos emprendieron el camino de nuevo, no sin que antes Hermione reparara en la presencia de Harry; sin embargo, no pudo distinguir la silueta de Ron. ¿Dónde se habría metido el pelirrojo?
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Harry no volvió a ver en toda la tarde a Ron. Supuso que su amigo había vuelto a Hogwarts o, simplemente, deseaba estar solo. Harry sentía que Ron tuviera que haber visto a Hermione y Krum juntos, y se preguntó qué postura tomaría su amigo en aquel asunto. Estaba seguro de que, aunque nunca lo admitiera, Ron sentía algo más que amistad hacia Hermione. Y por otro lado, ¿qué tipo de relación unía a Hermione con Krum? En cierto modo, aquella situación le recordaba a la noche que se había encontrado con Ginny y Dean en el pasillo del segundo piso, en Halloween.
Deambuló por las calles de Hogsmeade hasta que se encontró con Neville, que al igual que él, estaba solo.
-¡Hola, Harry! –le saludó el muchacho-. ¿Dónde están Ron y Hermione?
-Pues... Hermione anda por ahí y Ron... creo que ha vuelto al colegio, no estoy seguro. ¿Y qué haces tú solo? –le preguntó.
Neville le mostró un libro de pastas verdes que llevaba bajo el brazo. Harry leyó el título en letras plateadas: Propiedades insospechadas de las plantas venenosas.
-Es el libro que nombró Sprout, ¿recuerdas? –Harry asintió, aunque sólo recordaba vagamente aquella clase-. Pensé que sería interesante leerlo, pero no hay ningún ejemplar en la biblioteca de Hogwarts, así que envié un cupón de pedido a Flourish y Blotts y acabo de recogerlo en Correos.
Harry volvió a asentir y después miró a su alrededor:
-Me estoy congelando, ¿te apetece que entremos a Las Tres Escobas? –propuso señalando con un movimiento de cabeza la taberna que quedaba a pocos metros.
Neville asintió y al entrar se encontraron con Seamus, Dean y Lavender, que tomaban unos refrescos con sombrillita en una mesa cercana a la puerta. Al sentarse con ellos, Harry se fijó en la mesa ocupada por Ginny, Luna, y algunas chicas más del curso de la pelirroja que él tan sólo conocía de vista. La primera le saludo con un movimiento de cabeza al verle y pareció extrañarse al notar que Ron no estaba con él. Mientras, Luna removía su bebida de un color morado brillante con una pajita y miraba a su alrededor, distraída.
Harry pasó alrededor de una hora en Las Tres Escobas, charlando animadamente con sus compañeros de curso, hasta que decidió volver a Hogwarts para ver si podía o no encontrar a Ron. Se despidió de todos y estaba a punto de salir a la calle cuando Ginny lo alcanzó, seguida de cerca por Luna, que iba sorteando las mesas cargada con un enorme paquete envuelto en papel de embalaje. El bulto no parecía muy pesado, pero era tan grande que Luna no veía por dónde caminaba y chocaba continuamente con la gente que estaba sentada.
-¡Oh, perdona! ¡Vaya, lo siento! ¿Te he pisado? –decía-. ¡Caramba! Oye, ¿te importaría quitarte de en medio?
Finalmente, llegó hasta Ginny y Harry, que la habían estado observando en silencio.
-¡Hola, Harry! –saludó la Ravenclaw sin dejar el paquete en el suelo.
-Hola, Luna –contestó el muchacho y, sin poder contenerse, le echó una mirada rápida al envoltorio, que tenía forma de campana.
-Es una jaula –explicó Luna sin esperar a que Harry formulase ninguna pregunta-. Mi padre me ha escrito diciendo que ha encontrado una nueva criatura desconocida, cree que es un snorkack de cuernos arrugados y me ha dicho que en cuanto pueda me enviará un ejemplar.
-¿En serio? –Harry intentó que su voz no sonara demasiado incrédula, aunque a juzgar por la sonrisa que se le escapó a Ginny, no había tenido mucho éxito.
-¿Dónde está Ron? –le preguntó la pelirroja mientras salían de Las Tres Escobas.
-Creo que ha vuelto al castillo –contestó Harry ayudando a Luna, que se había quedado atascada en la puerta porque la jaula era demasiado grande.
-¿Ah, sí? ¿Y por qué se ha ido tan pronto? –preguntó con suspicacia Ginny, mirándole con sus ojos castaños de manera penetrante.
-Pues... –Harry dudó un segundo, porque no quería contarle a Ginny directamente que su hermano estaba celoso de Viktor Krum y menos delante de Luna, teniendo en cuenta lo que había ocurrido en Navidad-. No se encontraba muy bien.
-Ya –dijo Ginny con el mismo tono de incredulidad que él mismo había utilizado un minuto antes.
Harry, sabiendo que a Ginny no lograría engañarla respecto a Ron, decidió lanzarle una indirecta:
-¿Sabes que Viktor Krum ha venido a visitar a Hermione?
Ginny pareció comprender lo que Harry insinuaba.
-¿De veras? –murmuró asombrada-. Y Ron se ha ido al castillo. Entiendo.
-Bueno, yo también me vuelvo al colegio. Ya te contaré sobre... –Harry se calló, pero Ginny hizo un gesto de comprensión-. Nos vemos –se despidió-. Adiós, Luna –añadió en dirección a la otra muchacha.
-Adiós, Harry –contestó Luna desde detrás de la jaula que llevaba en brazos.
Harry caminó con paso rápido para llegar lo antes posible a Hogwarts. Cuando finalmente llegó al colegio, le faltaba el aliento, pero aun así subió las escaleras que llevaban a la torre de Gryffindor de dos en dos. Entró en la sala común a través del retrato de la Señora Gorda y tropezó con una niña de primer curso.
-¡Ay! –murmuró la muchacha morena
-Perdona –se excusó Harry sin detenerse, y al ver que Ron no estaba allí se dirigió a los dormitorios de los chicos mientras la niña le miraba con ojos desorbitados.
Harry abrió la puerta de la habitación de sexto curso y asomó la cabeza.
-¿Ron?
Su amigo estaba tumbado boca arriba en la cama, todavía calzado y con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Al verle entrar se incorporó un poco.
-Hola.
-¿Qué tal estás? –Harry se sintió estúpido al hacer aquella pregunta, porque sabía de antemano que Ron iba a rehuirle.
-¿A qué te refieres? –tal y como Harry se imaginaba: Ron le había contestado con frialdad, como insinuándole que cambiara de tema en el acto.
Harry tomó aliento y decidió coger la sartén por el mango:
-Sabes perfectamente a lo que me refiero –contestó-. Y si no lo sabes, ya te lo explico yo –añadió con rabia al ver que Ron se empeñaba en negar la evidencia.
-No hace falta que me expliques nada –le cortó Ron antes de que siguiera. Su tono de voz seguía siendo bastante seco y parecía tenso.
Harry se sentó en su cama, que estaba al lado de la de su amigo, y sacó de un cajón de la mesita de noche unas ranas de chocolate que le quedaban desde las Navidades. Le lanzó una a Ron y el dulce le cayó sobre el vientre. El pelirrojo la cogió y después de quitarle el envoltorio se la metió en la boca. Al menos, pensó Harry comiéndose otra rana, su amigo todavía tenía apetito. Y tratándose de Ron, eso significaba mucho; mientras Ron continuara comiendo, nada era demasiado grave.
Se quedaron un rato en silencio, pensativos. Harry se preguntó dónde estaría Hermione en aquel momento y si se imaginaba aquella situación.
-¿Qué vas a hacer? –preguntó al final.
Desde la cama de al lado le llegó una risa amarga.
-¿Qué se supone que tengo que hacer?
-No sé... ¿por qué no hablas con ella y se lo cuentas?
-¡¿Qué?! –Ron elevó un poco el cuerpo apoyándose en los codos-. ¡Oh, sí, claro! –soltó con sarcasmo-. ¡Que buena idea! Tiene novio pero no importa, yo me meto entre los dos y le digo que me... que ella me... –Ron se detuvo al mismo tiempo que sus orejas enrojecían.
Harry chascó la lengua con exasperación.
-No puedes asegurar que Viktor y Hermione sean más que amigos y sigo creyendo que deberías hablar con ella.
-Pero... ¡¿es que no lo entiendes?! –Ron parecía desesperado-. No se lo puedo decir porque...
-¿Por qué? –intentó ayudarle Harry.
-Porque ella es mi amiga –concluyó Ron. Harry lo contempló atentamente-. Tal vez si le digo que... –hizo una breve pausa-. Quizá nada vuelva a ser como antes y no quiero perder su amistad. No quiero arriesgarme a eso. Además, ella ya lo sabe, o por lo menos lo intuye, estoy seguro. Hermione no es tonta.
-¿Por qué crees que lo sabe?
-Bueno... –Ron le miró durante un instante a los ojos y después bajo la mirada-. Verás, una vez... casi la... la besé.
-¡¿Qué?! –Harry se atragantó con un trozo de chocolate que tenía en la boca-. ¿Cuándo?
-¿Recuerdas el castigo de Binns? –Harry asintió y advirtió que a Ron se le escapaba una sonrisa al recordarlo-. Bueno, pues fue allí. Estábamos ordenando unas estanterías y empezamos a hablar de Quien-tú... de Voldemort y ella dijo que tenía miedo, que todo esto no había hecho nada más que empezar y entonces yo la abracé y... Resumiendo, Binns nos interrumpió –Ron, que había dicho todo aquello muy rápido, enmudeció, ruborizado.
-No me contaste nada –le reprochó Harry, que seguía intentando asimilar lo que acababa de oír. Le resultaba extraño estar hablando de Hermione como chica y no como amiga. Vaya lío.
-Ya, bueno, tampoco pasó nada.
-Pero lo de Luna sí que me lo contaste.
Ron hizo un gesto con la mano.
-No es lo mismo. Hermione es nuestra amiga desde que entramos en Hogwarts y siempre la hemos visto así, como a una amiga, pero ahora... En fin, da igual, ella está con Krum, ya lo has visto –Ron pronunció "Krum" como si fuera el peor insulto del mundo y Harry recordó la rabia con la que Ron solía decir "Vicky" al referirse al chico búlgaro delante de Hermione-. Ya es demasiado tarde –añadió con tristeza.
-¿Por qué dices que es demasiado tarde? –la mente de Harry trabajaba a una velocidad de vértigo. Ron le miró con incredulidad-. Espera, espera, no me mires como si estuviera loco...
-Pues, sinceramente...
-Escúchame. A ver... ¿cómo reaccionó ella cuando estuviste a punto de besarla en el despacho de Binns?
-Ya te he dicho que Binns apareció de repente y nos interrumpió –murmuró Ron con voz aburrida como si Harry fuera un niño pequeño y medio tonto.
-Vale, pero... ¿qué habría pasado si en ese momento Binns no hubiera entrado en el despacho?
-Pues que... nos habriámos besado –dijo Ron, sin saber adónde quería llegar su amigo.
-¡Claro! ¿Lo entiendes?
-¿El qué? ¿Qué Binns es un inoportuno idiota?
-¡No! Tú mismo lo has dicho: si Binns no hubiera aparecido de repente, os habríais besado.
-Harry, creo que te repites.
-Pero, ¿es que no te das cuenta? ¡Hermione no se apartó cuando te acercaste a ella!
-¿Quieres decir que...?
-¡Sí! –Harry parecía triunfante, mientras que Ron no estaba tan ilusionado-. Escúchame...
-Deja el tema ya, ¿quieres? –Ron parecía molesto.
Harry se encogió de hombros y decidió no decir nada más sobre Hermione. Al menos por el momento. No habían transcurrido ni cinco minutos de silencio absoluto, cuando oyeron unos pasos que se acercaban al dormitorio. La puerta de la habitación se abrió de golpe segundos después:
-...Y el dueño de Honeydukes me ha dicho que está pensando en sacar al mercado una nueva gama de golosinas con sabor a pescado –decía Dean-. Ya sabéis: salmón, sardinas, merluza y demás. Pero le he dicho que no sé si sería muy rentable, porque a mucha gente no le gusta el pescado, así que me ha dicho que se lo volverá a pensar. ¡Hola! –saludó al ver a Harry y Ron.
-Hola –respondió Harry a Dean y a Seamus, que había entrado detrás de su amigo. Ron simplemente hizo un movimiento de cabeza a modo de saludo.
-¿Por qué habéis vuelto tan pronto? Os habéis perdido una ronda gratis de cervezas de mantequilla en Las Tres Escobas para celebrar el cumpleaños de Madame Rosmerta –anuncio Seamus con una sonrisa de oreja a oreja.
Harry miró de reojo a Ron y después se encogió de hombros.
-¡Ah, por cierto! –dijo Dean mientras se quitaba el abrigo-. Nos hemos encontrado con Hermione en Hogsmeade y nos ha preguntado por vosotros.
-Caramba, ¿todavía se acuerda de nosotros? –las palabras de Ron rebosaban sarcasmo.
Seamus, que se había sentado en su cama y estaba inclinado hacia delante desatándose los cordones de los zapatos, levantó la vista sorprendido y enarcó las cejas en dirección a Harry. Éste volvió a encogerse de hombros. Dean, que parecía no enterarse de nada, continuó hablando:
-¿Y sabéis con quién estaba? ¡Con el buscador de Bulgaria! El que fue campeón de Dumstrang en el Torneo de hace unos años... ¿Cómo se llamaba?
-Viktor Krum –la voz de Ron cada vez parecía más sombría.
-Sí, ese, Viktor Krum. ¿No tenías tú un póster suyo, Ron?
-¿Yo tenía un póster de ese?
-Sí, estoy seguro.
-Ehh... ¿Qué os parece si bajamos a cenar? –intervino Harry pensando que la conversación se estaba tornando peligrosa.
-Buena idea –Ron se puso en pie y se dirigió a la puerta de la habitación, siguiendo a Harry.
-Nosotros bajaremos dentro de un rato –informó Seamus.
-¡Oye! –exclamó Dean cuando Ron estaba a punto de atravesar el umbral-. Cuando veáis a Hermione, ¿le podéis pedir un autógrafo de Krum para mí?
Sin contestarle, Ron salió del dormitorio tras Harry dando un sonoro portazo.
Cuando llegaron al Gran Comedor, muchos alumnos disfrutaban ya de la cena. Fueron hasta la mesa de Gryffindor y se sentaron un poco separados de un grupo de chicas de cuarto que se enseñaban las compras de la tarde unas a otras.
Llevaban comiendo un buen rato y ya casi habían acabado con el postre (tarta de chocolate) cuando Harry, mirando hacia la puerta, susurró:
-Viene Hermione.
Ron levantó la cabeza un segundo para después volver a concentrarse en su postre como si no hubiera visto una tarta en su vida. La chica llegó hasta donde estaban sus dos amigos sentados y se dejó caer en el asiento de enfrente.
-Pfff... estoy agotada –dijo a modo de saludo a la vez que llenaba su plato de ensalada. Harry le respondió con una sonrisa, sin saber muy bien cómo actuar. Aunque, pensándolo bien, no tenía por qué sentirse incómodo, se suponía que nada había cambiado.
-¿Dónde os habíais metido? –preguntó Hermione sin dejar de comer-. Os estuve buscando.
-Pues... –Harry dudó.
-Estuvimos en Las Tres Escobas –contestó Ron con suavidad; con mucha suavidad.
-Pues no os he visto –añadió Hermione, tras mirar extrañada a Ron por su tono de voz.
-Es que volvimos pronto.
Definitivamente, la voz de Ron era demasiado suave como para considerarla normal. Hermione parpadeó un par de veces, sin comprender lo que ocurría. Pareció que iba a decir algo, pero tras pensarlo de nuevo, se metió un trozo de carne en la boca.
-Dean nos ha dicho que Viktor Krum ha venido a visitarte –dijo Harry cuando el silencio se hizo demasiado incómodo como para ignorarlo. Acto seguido sintió un brutal pisotón que, sin lugar a dudas, le había propinado Ron.
Hermione levantó la vista de su cena y, ruborizada, pasó la mirada de uno a otro como si de repente entendiera algo, antes de contestar:
-Sí, ha venido, pero no sólo para verme a mí. Me ha estado contando que Dumbledore se puso en contacto con él y que van a reunirse.
-¿Con Dumbledore? –preguntó Harry, extrañado.
Hermione asintió con la cabeza, tragó y volvió a hablar:
-Por lo visto, Dumbledore confía lo suficiente en él como para que Viktor le tenga al tanto de lo que sucede en Durmstrang. Creo que están hablando ahora.
-¿Y qué puede pasar en Durmstrang que le interese a Dumbledore? –intervino Ron, que a pesar de no comportarse como de costumbre, parecía haber abandonado aquel tono de voz de unos minutos antes.
-No lo sé, Viktor no me lo ha dicho –admitió Hermione-. Aunque tal vez tenga algo que ver con Karkarov.
-Karkarov... –Harry casi había olvidado por completo al director búlgaro.
-No sé qué importancia pueda tener Karkarov –comentó Ron-, pero, según lo que oímos en cuarto, era un mortífago y huyó de Voldemort; así que no estará muy contento con él, ¿no? Seguro que se está escondiendo y no creo que haya regresado a Durmstrang. Sería demasiado obvio.
-¿Entonces qué interés puede tener Dumbledore en Durmstrang? –insistió Harry.
Hermione y Ron se encogieron de hombros y, acto seguido, los dos estiraron el brazo sobre la mesa para coger el último trozo de tarta que quedaba en la bandeja. Al darse cuenta, los dos se detuvieron a unos pocos centímetros y Ron apartó la mano de golpe como si se hubiera quemado.
-Para ti –murmuró el chico, azorado.
Harry vio que Hermione volvía a sorprenderse y no era para menos, porque en condiciones normales, Ron se habría tirado en plancha sobre la mesa para alcanzar la tarta.
Esperaron hasta que Hermione terminó de cenar y después volvieron los tres juntos a la sala común de Gryffindor.
-0o0o0o0o0o0o0o0-
Durante los siguientes días, Ron pareció animarse un poco, aunque en algunas ocasiones, cuando Hermione decía algo como "Nos vemos luego, que he quedado con Viktor" en su cara se formaba la misma mueca que habría adquirido si hubiera bebido leche agria. No discutió con Hermione en ningún momento y en vez de "Vicky" decía "Krum", como si no quisiera enfurecer a la chica con aquel tema.
Sin embargo, también Hermione parecía querer evitar el tema, y mencionaba lo menos posible al chico búlgaro.
El domingo transcurrió tranquilamente. Los tres amigos estuvieron haciendo los deberes en la sala común durante prácticamente todo el día, con la intención de terminarlos lo antes posible para tener las vacaciones libres. A media tarde, Hermione cerró sus libros, se despidió de los dos chicos y salió por el hueco del retrato dejándolos solos. Harry estaba seguro de que sería capaz de adivinar con quién se reuniría la chica, pero como Ron estaba concentrado en una redacción de Herbología, o al menos eso parecía, decidió no sacar el tema.
Aquella noche, se fueron a las habitaciones nada más cenar, y Harry logró dejar la mente en blanco antes de dormir.
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Al día siguiente, a Harry lo despertaron unos gritos y unas risas en el dormitorio. Tomó las gafas de la mesita de noche, pero antes de que pudiera ponérselas, una bola de pelo color canela pasó corriendo por encima de su edredón.
-¡Eh! –exclamó sorprendido.
De golpe, alguien descorrió las cortinas de dosel de su cama.
-¡Por aquí! –gritó una voz femenina-. ¡Oh, lo siento, Harry!
-Pero... ¿qué...?
Al ponerse las gafas el muchacho reconoció a Parvati.
-Es Crookshanks, el gato de Hermione. Se ha escapado.
Harry se sentó en el borde de la cama para calzarse las zapatillas y se puso en pie rápidamente. El dormitorio, a pesar de ser bastante amplio para los cinco chicos, en aquel momento parecía abarrotado.
Hermione, Lavender y Parvati estaban en el centro de la habitación mirando a su alrededor en busca del felino. Mientras que Hermione tenía el ceño fruncido y parecía incomoda, las dos amigas no paraban de reír, agachándose para mirar debajo de las camas.
-¡Ahí! –grito Seamus, señalando en dirección a la cama de Neville, que en aquel momento se restregaba los ojos soñoliento.
Neville soltó un alarido de terror al ver que unas figuras se abalanzaban sobre él. La cama crujió y se rompió entre gritos, quejidos, risas y... un maullido lastimero.
-¡Cuidado! –Hermione corrió hacia la cama, intentando encontrar a Crookshanks. De repente, se escuchó un bufido furioso:
-¡Ajgh! –desde la cama, Seamus se quitó de encima una cosa color canela y la lanzó por los aires.
-¡Seamus! –gritó Hermione, horrorizada.
Crookshanks corrió entre las camas sin dejar que su dueña lo atrapara y volviendo a desaparecer de la vista. Mientras, Harry ayudaba a sus compañeros a levantarse de aquel revoltijo de sabanas y maderas que poco antes había sido la cama de Neville. Éste, que estaba debajo de todos, necesitó que Harry y Dean tiraran de él para poder incorporarse.
-¿Estáis locos? –les preguntó cuando por fin logró mantenerse en pie.
Entretanto, Hermione, agachada en el suelo y mirando debajo de la cama de Dean, se dirigía a Seamus:
-¿Cómo se te ocurre tirarlo por ahí como si fuera una almohada?
-Si prefieres, le dejo que me saque los ojos. ¿Tú has visto cómo me ha dejado la cara? –Seamus señalo su propio rostro, que estaba lleno de arañazos.
-¡Eso ha sido porque le has asustado!
-¿Dónde está el gato ahora? –intervino Parvati rehaciéndose la trenza.
-No lo sé –murmuró Hermione volviendo a mirar por debajo de la cama.
-Está aquí –anunció Ron sacando a Crookshanks de entre las sabanas de su cama. El gato pareció reconocerlo, porque dejó que el chico lo llevara en brazos y no dejó de ronronear hasta que Ron se lo paso a Hermione.
-Gracias, Ron –dijo la chica cogiendo a Crookshanks con sumo cuidado.
-Bueno, pues si lo has encontrado, nosotras nos vamos –informó Lavender siguiendo a Parvati hacia la puerta.
-¡Eh! –inquirió Neville débilmente mirando su cama-. ¿Y qué hago yo con todo esto?
Los chicos se quedaron en silencio mirando a Hermione, como esperando que ella sacara una solución de la manga.
-Desde luego... –la chica puso los ojos en blanco y sujetando a su mascota con un brazo, sacó su varita de un bolsillo y apuntó a la cama rota-: ¡Reparo!
La cama quedó como nueva y la chica salió del dormitorio masculino. Desde las escaleras, donde algunos curiosos habían salido al oír los gritos, se oyó a unos chicos de segundo:
-¿Qué hace aquí una chica?
-¡Calla, que es una prefecta!
Neville cerró la puerta del dormitorio y los chicos empezaron a vestirse. Seamus se miraba la cara en un espejo:
-Vaya con el gatito... y Hermione también... –miró a Harry y a Ron-. Ya sé que es vuestra amiga, pero ha estado un poco borde teniendo en cuenta que estabamos ayudándole a buscar a su gato...
-Bueno, es que tú también... Cuando has tirado al gato por ahí, parecía que lo habías confundido con una bludger – contestó Ron-. Por no hablar de lo de la cama, que ha tenido lo suyo.
Neville asintió con la cabeza.
-Casi me matáis de un susto cuando os habéis tirado en plancha sobre mí.
-Neville, no hay quien te entienda –Dean se acercó a ellos con un peine en la mano-. Si yo hubiera visto a Lavender y Parvati corriendo hacia mí, no me habría asustado precisamente...
Harry no pudo reprimir una sonrisa al ver que Neville enrojecía y negaba con la cabeza.
-¡Caray! ¡Ya son las diez menos cuarto! –exclamó Seamus mirando su reloj-. Dean, no nos da tiempo de ir a desayunar; tenemos que salir hacia Hogsmeade dentro de poco si no queremos perder el tren.
El aludido asintió con la cabeza y cerró su baúl con llave.
-Harry y yo nos quedamos aquí. ¿Adónde os vais vosotros durante las vacaciones? –preguntó Ron.
-Yo me voy a casa de mis tíos, en Cornualles –anunció Dean con una sonrisa-. No saben que estudio aquí, son muggles, ya sabéis, como toda mi familia. Piensan que estoy en un internado y que dentro de un par de años iré a la universidad para estudiar Arquitectura o algo así.
-Arqui... ¿qué? –preguntaron al unísono Ron y Neville, que eran los únicos que provenían de familias compuestas solamente por magos.
-Arquitectura –aclaró Seamus-. Yo pasaré la mitad de las vacaciones con la familia de mi padre, que también son muggles, y la otra mitad con la familia de mi madre, que son magos.
-¿Y tú, Neville? –le preguntó Harry al otro chico.
-Yo me quedo aquí.
Poco después, Dean y Seamus se despidieron hasta el regreso de las vacaciones y salieron cargados con sus baúles. Harry y Ron bajaron a la sala común, acompañados por Neville, y allí jugaron unas partidas con los naipes explosivos mientras comían una rana de chocolate detrás de otra.
Se notaba que las vacaciones habían comenzado, porque la torre de Gryffindor estaba mucho más vacía de lo normal. En las otras casas tampoco había muchos alumnos, lo que quedó patente a la hora de la comida. En todo el colegio no debían de quedar más de un centenar de estudiantes.
Cuando los tres amigos estaban sentados en la mesa sirviéndose en el plato algunas de las comidas preparadas especialmente para las vacaciones (los menús solían mejorar durante las fiestas), en la puerta del Gran Comedor aparecieron Ginny y Hermione, acompañadas por un chico alto y moreno. La chica pelirroja iba hablando con el chico mientras Hermione reía. Sin embargo, a ésta se le heló la risa en los labios al ver a Harry, Ron y Neville en la mesa de Gryffindor.
-No me lo puedo creer –masculló Ron al verlos.
Los recién llegados se sentaron junto a los tres muchachos; Hermione y su acompañante al lado de Neville y Ginny enfrente, junto a Harry y Ron.
-Cuanto tiempo sin "verrrnos", "Harrry" –saludó el chico.
Harry le respondió con una pequeña sonrisa, porque tenía la boca llena de pastel de carne.
-Viktor va a venir a menudo a Hogwarts en los próximos días –explicó Hermione-, así que es posible que coma con nosotros algunas veces.
Todos se quedaron callados, lo que dio paso a un silencio incómodo y tenso. Harry sabía que todos los presentes conocían la razón de que se produjera aquella tirantez; excepto tal vez el propio Krum y, por supuesto, Neville, que dirigía la mirada de uno a otro, extrañado por el comportamiento de sus compañeros.
-¡Harry! –el chico se giró al oír que alguien lo llamaba, aliviado de poder escaquearse por unos segundos de aquella situación. Era Katie Bell-. Verás, este año me quedaré aquí durante las vacaciones de Pascua, y quería preguntarte si continuaremos con los entrenamientos o si prefieres esperar hasta que nos reunamos todos dentro de dos semanas.
-Pues... –Harry miró a lo largo de la mesa buscando con la mirada al resto de los jugadores del equipo-. ¿Quiénes estamos aquí?
-Sólo faltan Daijhiro y Jack –intervino Ginny, que también parecía aliviada de poder tomar parte en la conversación.
-Entonces continuaremos con los entrenamientos, los martes y los viernes. A la hora de siempre.
-De acuerdo, ¡nos vemos! –Katie echó a correr hacia la salida del Gran Comedor, donde un grupo de estudiantes de distintas casas la esperaba.
Cuando todos terminaron de comer, Hermione le propuso a Krum:
-¿Quieres que te enseñe la sala común de Gryffindor? A estas horas no habrá prácticamente nadie.
Harry enarcó las cejas sin poder evitar la sorpresa, aunque nadie pareció percibirlo. Ron intervino en la conversación:
-No puedes subir a nadie que no sea de la casa, Hermione, ya lo sabes.
La chica parpadeó, sorprendida, como si no esperara que alguien se opusiese. Parecía nerviosa, pero, a pesar de todo, miró fijamente a Ron:
-Sólo es una visita para que vea la sala común. No creo que eso moleste a nadie, ¿no?
Ron se encogió de hombros con aparente indiferencia, pero el chico búlgaro pareció intuir algo, porque dijo:
-No es "necesarrio" que vea la "torrre" de "Grryffindorr", "Herrmione", si hay algún "prroblema" podemos...
-No hay ningún problema, vamos ahora –Hermione se levantó de la mesa con ímpetu y, junto a Krum, salió del Gran Comedor.
-"Sólo es una visita para que vea la sala común" –Ron imito la voz aguda de Hermione-. ¡Ja! ¡Como si yo no supiera lo que ese tipo pretende subiendo a la torre de Gryffindor! Ah, pero se va a llevar un chasco cuando vea que las escaleras de los dormitorios de las chicas se convierten en tobogán al intentar subirlas.
-Ron, creo que estás exager... –intentó cortarle Ginny sin mucho éxito.
-¿Y qué es eso de que comerá aquí algunas veces? –parecía que Ron pensaba en voz alta-. ¿Es que donde se hospeda no dan comidas? Si no, yo le podría recomendar un par de restaurantes... Cabeza de Puerco, por ejemplo. Con un poco de suerte igual se envenena...
-Ron, en serio, te estás comportando como un crío caprichoso –Ginny tenía el ceño fruncido.
Pero Ron hizo caso omiso de su hermana y no dejó de murmurar en voz baja ante la mirada de sorpresa de Neville, que, obviamente, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Ginny hizo rodar los ojos, como solía hacer Hermione, e intercambió con Harry una mirada muy explícita: Ron no estaba actuando de la mejor manera, de eso podía estar seguro.
Hasta aquí por hoy. Y para los que dejaron review en el anterior capítulo...
Saiyuri11: ¡Hola! ¡Cuanto tiempo desde el último cap! No hemos tenido apenas tiempo para el fic. En cuanto al cap anterior, no sabemos si lo recordaras, xD, pero Harry descubrió un nuevo poder que puede serle de mucha utilidad. Y en cuanto a este cap... ¿Qué te ha parecido la aparición repentina de Krum? Esperamos que sigas el fic a pesar de haber tardado tanto en actualizar. ¡Besos!
Saralpp: ¡Hola! yY sabemos que hemos tardado muchísimo en subir cap nuevo, pero bueno, esperamos que este te haya gustado y eso lo compense un poquito. En cuanto al poder de Harry, pues sí, tenías razón, lo usó genial con Ron, porque con lo lento que es con Hermione... aunque ahora que ha llegado Krum a escena...¿Quien sabe? A lo mejor se pone las pilas... o a lo mejor no... ¡Besos!
