Años y años después de la última actualización de este fic, aquí estamos de nuevo. ¿Por qué quedó inconclusa esta historia? Este fic lo escribíamos entre tres (Trinity, Tridjia e Ibi) y así creamos el perfil de Doritas. Sacar tiempo para ponernos de acuerdo y terminar de escribir el fic se nos complicó: la universidad, las obligaciones… la vida, vaya. Esto no es un trabajo donde hay que fichar, y como hobby que es, uno saca tiempo para ello cuando puede. Cualquiera que escriba por aquí sabe que hay épocas más productivas que otras.

El caso es que la historia estaba casi acabada en realidad. Quedaban tres "vacíos" a lo largo del fic que nos quedaban por escribir. El primero de ellos en el capítulo 25, de ahí que nos quedáramos atascadas en el 24.

Además, pensamos y estructuramos esta historia (sexto curso en Hogwarts) cuando aún no había salido el sexto libro, no digamos ya lo que faltaba para el séptimo… Y después de leer las Reliquias de la Muerte (mientras seguíamos subiendo capítulos del fic), pues… La verdad es que continuar con esta historia sobre el sexto año se nos hizo algo pesado y perdimos bastante las ganas. Por eso empezamos a escribir los otros fics que están en este perfil.

Pero al ver que a día de hoy esta historia aún recibe visitas, y tras un review reciente de kary24, nos hemos propuesto acabar de subirla y escribir los tres fragmentos que nos faltan de aquí al final (aún quedan bastantes capítulos).

No vamos a alterar nada del argumento. Obviamente han pasado muchos años desde que empezamos con este fic, y queremos pensar que a lo largo de todo este tiempo hemos mejorado en nuestra escritura. Pero no vamos a hacer cambios. Leeremos los capítulos que quedan por subir para corregirlos un poco, rellenaremos esos dichosos fragmentos que quedaron en el aire y listo.

Para saber en qué punto de la historia nos habíamos quedado, le hemos echado un ojo al capítulo 24 y ha sido corregido, así que tal vez merezca la pena que lo releáis. Y nos ponemos en marcha de nuevo con éste, el capítulo 25. Y va dedicado a kary24. Gracias por tomarte el tiempo para comentar nuestra historia aun estando abandonada.

El ritmo de actualización va a ser muy rápido ahora, a más de un capítulo por semana.

¡Un beso a todos!


25

Embrollos y... más embrollos

Durante los siguientes días, parecía que Ron había decidido ignorar por completo el hecho de que Viktor Krum se encontrara en Hogwarts. Comenzó a actuar como si no pasara nada en absoluto y evitaba en la mayor medida posible hablar con el buscador búlgaro, aunque le costaba bastante contener alguna que otra mueca de desagrado cuando veía a Hermione aproximarse con Krum.

Por otra parte, Ginny parecía estar molesta con su hermano debido a su actitud, algo que dejó muy claro durante uno de los entrenamientos de quidditch.

Todo el equipo estaba reunido en el terreno de juego, discutiendo nuevas tácticas con el pequeño simulador que Hermione le había regalado a Harry en Navidad.

-¡Oh, venga! ¿Aquí también? –protestó Ron apoyándose en su escoba y mirando algún punto por encima del hombro de Harry. Éste giró la cabeza hasta visualizar lo que había molestado a su amigo: Hermione y Krum acababan de tomar asiento en las gradas.

Todos los miembros del equipo miraron en aquella dirección. Jack Sloper y Daijhiro Yioko susurraron unas palabras de admiración al ver al famoso jugador de quidditch, mientras que Andrew Kirke se había quedado boquiabierto. Ginny saludó con la mano a los recién llegados y Katie suspiró encantada:

-¡Qué suerte tienen algunas!

-¡Oh, vamos! Sólo es un jugador de quidditch, no un Dios –masculló Ron, exasperado.

-Sí, ya, pero... –Katie se encogió de hombros-. ¡Qué suerte tienen algunas! –repitió antes de elevarse en el aire dando una patada en el suelo.

Los demás siguieron a Katie, hasta que en el suelo sólo quedaron Harry, Ron y Ginny. El pelirrojo soltó un gruñido, como si estuviera conteniéndose a duras penas para no soltar lo que le pasaba por la cabeza.

-He sido yo quien le ha propuesto a Viktor venir a ver el entrenamiento –anunció Ginny mirando desafiante a su hermano-. Hermione no ha tenido nada que ver, porque pensaba que te molestaría.

-Y tenía razón –rezongó Ron.

-No tienes ningún derecho a comportarte como lo estás haciendo, Ron –dijo Ginny fríamente-. Si te fastidia ver a Hermione con Viktor, te aguantas; no hiciste absolutamente nada cuando pudiste. Para la próxima vez a ver si espabilas.

Ron estaba anonadado por el sermón de su hermana y tardó un poco en reaccionar:

-¿La próx…? ¿Qué pretendes…? ¡Espera un momento! –exclamó al ver que Ginny se montaba en la escoba-. ¡Tú y yo tenemos que hablar de esto más detenidamente!

-No hay nada de que hablar. Ah, y hazte un favor a ti mismo: deja de comportarte así, resulta ridículo –Ginny dio una patada al suelo y rápidamente se elevó unos cinco metros en el aire.

Ron permaneció mirando la trayectoria de la escoba de su hermana, pensativo. Después, tras dirigirle a Harry una rápida mirada algo esquiva, también montó en su escoba, yendo hacía los postes del guardián con rapidez. Sin embargo, en aquella breve mirada, Harry había podido detectar en los ojos de su amigo el desasosiego de quien sabe que está perdiendo algo y no sabe cómo remediarlo.

El entrenamiento fue bastante productivo para el equipo de Gryffindor, hasta que tuvieron que suspenderlo media hora antes de tiempo a causa de una repentina tormenta. Ron fue el jugador que más destacó, logrando unas paradas dignas de admiración, y Harry sospechaba que si se esforzaba tanto en un entrenamiento era sin lugar a dudas por la presencia de Krum en las gradas.

Viktor y Hermione ya habían abandonado corriendo el campo de quidditch para cuando todos se apearon de sus escobas completamente empapados. Ron y Ginny ayudaron a Harry a guardar las pelotas mientras el resto del equipo se dirigía a los vestuarios. El pelirrojo parecía malhumorado y se afanaba por encadenar una de las bludgers dentro del baúl, esquivando a toda costa la mirada de su hermana.

-¿Ahora también te vas a enfadar conmigo? –soltó Ginny de pie y con los brazos en jarras, observando con cierta dureza a Ron. Harry no pudo evitar acordarse de la señora Weasley.

Cuando las dos bludgers quedaron firmemente sujetas y aseguradas en su sitio, Ron se puso en pie y le dedicó a Ginny una mirada que rebosaba desdén.

-No estoy enfadado contigo.

-¡Ja! –exclamó Ginny con incredulidad-. En lugar de enfadarte, lo que deberías…

-¡Que no estoy enfadado! –espetó Ron con vehemencia bajo la lluvia torrencial interrumpiendo de manera cortante a Ginny. A Harry le dio por pensar que su amigo no estaba siendo muy convincente, desde luego…

-Lo que deberías hacer –continuó Ginny, impertérrita, elevando el tono de voz para hacerse oír- es escuchar alguno de mis consejos, para variar. Te estás comportando como un inmaduro. Dale su espacio a Hermione, y no seas tan maleducado con Viktor, que no tiene la culpa de tus desvaríos…

Y sin añadir nada más, Ginny dio media vuelta con resolución y se encaminó a paso raudo a los vestuarios.

-¡Ten hermanas para esto! –exclamó Ron, indignado, con los ojos clavados en la silueta de Ginny-. ¡Debería estar de mi parte!

Harry se encogió de hombros sin saber qué podía decir para no enfurecer aún más a Ron. Entre los dos llevaron el baúl con el material de quidditch hasta la caseta, y mojados de pies a cabeza cruzaron la puerta de los vestuarios contiguos al almacén.

Harry y Ron fueron los últimos en salir de las duchas, y se quedaron solos en el vestuario cuando sus compañeros aprovecharon que la tormenta había amainado para correr hacia el castillo. Harry intentaba peinarse el cabello mojado frente al espejo cuando Ron carraspeó a sus espaldas.

-Tú… ¿Tú también crees que…? Es decir… ¿Crees que Ginny tiene razón?

Harry no necesitaba dar media vuelta y mirar a la cara a Ron para saber cuánto le había costado soltar aquello, a juzgar por el tono forzado de su voz. Se preguntó hasta qué punto podía ser sincero sin acabar discutiendo con Ron igual que Ginny.

-Creo que… Bueno, creo que estás muy a la defensiva –respondió Harry con tacto.

-¡Es culpa de Krum, que me saca de quicio! –espetó Ron con hastío-. Parece que está todo el santo día pegado a Hermione…

-Pues pégate tú también a ella –soltó Harry sin pensarlo demasiado. Le pareció lo más lógico, al fin y al cabo…

Ron lo meditó durante unos segundos.

-Sois amigos, ¿no? –siguió Harry-. ¿Acaso tiene algo de raro que pases tiempo con ella, igual que hace Krum?

-Tienes razón… -murmuró Ron con aire pensativo-. No tengo por qué dejarle el camino libre a ese idiota…

-De acuerdo, pero evita llamarle idiota delante de Hermione. No creo que eso ayude. Y lo de ser tan antipático con él tampoco.

Ron cabeceó con desgana, como si pensara que suponía un esfuerzo sobrehumano lo que Harry le sugería.

-Bien. Vale. Acercarme a Hermione… ¿Cómo?

Harry se encogió de hombros mientras recogía su uniforme de quidditch.

-Ni idea… No puede decirse que esté muy contenta contigo últimamente…

-Gracias –contestó Ron con acritud.

-Tal vez deberías hacer algo para compensarlo.

-¿Algo cómo qué?

Mientras Harry se estrujaba el cerebro, pensó que Ron debería buscar a alguien con más de experiencia que él en ese terreno.

-No sé, Ron. Algo como… Algo que a ella le importe, algo que… ¡Eh! Hermione sigue con eso del P.E.D.D.O, ¿no?

-Sí, eso creo… Ya sabes que cuando empieza con ese rollo, desconecto. Es una causa perdida.

-Ya, a mí me pasa lo mismo… Pero ahí lo tienes. Ésa puede ser tu excusa para hacer las paces con Hermione. Échale una mano con el P.E.D.D.O.

Ron observó fijamente a Harry con gesto reflexivo, como si estuviese analizando con detenimiento los pros y los contras de aquella propuesta.

-0O0O0O0O0O0O0-

Tras dos semanas de vacaciones, las clases dieron comienzo de nuevo y los alumnos que habían pasado aquellos días en sus casas regresaron al colegio.

El lunes Harry lamentó no poder disfrutar de un par de horas más de sueño. Después de dos semanas durmiendo hasta tarde, madrugar no le sentó nada bien y el hecho de que la primera clase de la mañana fuera Pociones con Snape no le motivaba en absoluto.

-Volver a la rutina es horrible –dijo Ron mientras se anudaba la corbata del uniforme frente al espejo.

Harry, que ya estaba listo para bajar al Gran Comedor, aporreó la puerta del cuarto de baño:

-¡Seamus, si no te das prisa no llegarás a tiempo a Pociones! ¡Y no me apetece pasar una hora entera sin nadie decente con quien hablar!

La puerta del aseo se abrió y Seamus salió sonriente:

-Gracias por el halago.

Harry hizo un gesto de impaciencia y agarró su mochila antes de salir por la puerta de la habitación junto con Ron en dirección a la sala común. Allí se encontraron con Hermione y los tres juntos bajaron a desayunar.

A las nueve menos cinco Harry se despidió de sus dos amigos y fue con Seamus hacia las mazmorras.

-Supongo que durante sus vacaciones todos habrán hecho los deberes sobre el antídoto de la poción para dormir, ¿me equivoco? –dijo Snape cuando el último alumno hubo tomado asiento-. Veamos, Potter, léanos su redacción.

Harry se aclaró la garganta, incomodo, y comenzó a leer en voz alta. Su trabajo no estaba mal, y aunque posiblemente fuera igual que el de muchos compañeros, Snape le dejó claro que dejaba mucho que desear mientras garabateaba algo en su cuaderno de notas.

A las once, los dos Gryffindors dejaron las mazmorras y se encontraron con Ron y Hermione, que salían de la clase de Historia de la Magia. Seamus se despidió de ellos y fue en busca de Dean, que también había estado en el aula de Binns.

Las cosas no mejoraron para Harry en el transcurso del día: en clase de Transformaciones no logró reconvertir su pupitre tras haberlo transformado en un cochinillo. Además, en Herbología Ron y él habían reventado sin querer unos bulbos de buboturbérculo, cuyo pus había salpicado en la cara a Hannah Abbott. La chica de Hufflepuff tuvo que salir corriendo a la enfermería entre las disculpas de Harry y Ron, que observaron horrorizados como a Hannah se le llenaba el rostro de pequeñas úlceras.

A las cinco, salieron de los invernaderos (Hannah todavía no había vuelto de la enfermería) y subieron a la torre de Gryffindor para hacer sus tareas en la sala común. Al cabo de diez minutos, llegó Hermione y se sentó junto a ellos.

-¿Tenéis muchos deberes? La profesora Vector no nos ha mandado nada en absoluto.

-¡Genial, me alegro por ti! –dijo Ron con un tono de fingida euforia sin levantar la nariz de su libro.

El tiempo parecía transcurrir más rápido de lo normal, ya que la campana que anunciaba la cena sonó antes de que Harry pudiera rescribir la redacción de Pociones que Snape le había suspendido.

Mientras Harry terminaba su postre, Hannah Abbott entró en el Gran Comedor, o al menos eso creyó, puesto que la chica tenía vendada toda la cabeza.

-¿Qué le ha pasado a esa chica? –preguntó Hermione mirando hacia la mesa de Hufflepuff.

-¡Ostras! Pobre Hannah... –murmuró Ron con cara de culpabilidad.

-¿Me he perdido algo? –dijo Hermione con el ceño fruncido.

-Es Hannah –contestó Harry-. Hubo un accidente en clase de Herbología y...

El tono que Harry utilizó debió de sonar bastante compungido, ya que Hermione preguntó alarmada:

-¿Qué le habéis hecho?

Harry le relató a Hermione lo ocurrido en clase de la profesora Sprout mientras Ron acababa su porción de tarta de manzana.

Al pasar junto a la mesa de Hufflepuff, Harry y Ron se detuvieron para preguntarle a Hannah cómo se encontraba.

-¿Te duele mucho? –preguntó Ron.

-No, bueno... sólo cuando muevo los músculos faciales: al comer, al hablar, cuando me río... –dijo la chica con sarcasmo.

-Vale, vale, captamos la esencia –contestó Harry.

-Lo sentimos, de veras.

-No os preocupéis –les tranquilizó-. La señora Promfey me ha dicho que se me pasará en un par de días.

Cuando los tres amigos llegaron a la puerta del Gran Comedor, se encontraron con Daijhiro Yioko y Jack Sloper. Habían estado ausentes en los entrenamientos durante las vacaciones, y Harry se quedó hablando con ellos sobre el equipo mientras Ron y Hermione regresaban a la sala común.

Después de despedirse de los dos chicos, Harry subía la escalinata de mármol cuando escuchó que alguien lo llamaba:

-¡Harry! ¡Eh, Harry!

El chico se giró y vio cómo Ginny se acercaba hasta él a paso ligero. Harry la espero en el rellano, donde se reunió con ella.

-Te he estado buscando todo el día.

Harry enarcó las cejas, sorprendido.

-¿Para qué me buscabas?

-¿¡Cómo se te ocurre meterle a Ron en la cabeza la idea de intentar algo con Hermione en estos momentos!? –estalló la chica.

-¿Qué? –Harry estaba totalmente confundido.

-Me refiero al asunto del PEDDO.

-¿Cómo sabes qué...? –Harry no pudo terminar de formular la pregunta.

-Ron me lo dijo. Lo he visto últimamente con una hucha recaudando dinero para la asociación –contestó-. Resulta patético.

Harry tomó aire para explicarse, pero antes de que pudiera decir nada, Ginny volvió a interrumpirlo.

-¿Estás loco? ¿Es que lo que hablamos el otro día no sirvió de nada?

-Espera, espera. A Ron le gusta Hermione, ¿qué hay de malo?

-¿Que qué hay de malo? Lo que menos le hace falta a Hermione ahora es...

Fue Harry quien intervino en ese momento:

-No te comprendo. Ron es tu hermano. ¿Es que acaso tú no quieres que lo intente?

-No es eso. Lo que quiero decir es que no es el mejor momento estando aquí Viktor, ella está confusa...

-¿Está confusa? ¿En serio? Pero eso tal vez signifique que ve a Ron como algo más que un amig...

-¡Harry, deja ya de jugar a Cupido, sólo estas empeorándolo todo! –siseó Ginny furiosa.

-¡En serio, no hay quien os entienda! –exclamó Harry sintiéndose enfadado.

-Pfff... –resopló Ginny-. Mi hermano se ha buscado un buen consejero –dijo irónicamente antes de marcharse y dejar a Harry allí plantado.

Harry la vio alejarse, contrariado, y emprendió el camino solo hacia la sala común. Estaba tan contrariado por la reacción de Ginny, que se fue directamente a la habitación sin terminar sus deberes. Se tumbó enfadado en la cama y meditó acerca de lo que acababa de ocurrir. Realmente le había molestado que Ginny pensara eso de él. Poco a poco, se quedó dormido sumido en esos pensamientos.

Una escena inundó su mente. Una habitación oscura se perfilaba en sus sueños. Harry se encontraba frente a una chimenea, calentando sus finas manos en el fuego. No muy lejos, una serpiente enorme reptaba sinuosa por el suelo. Sin embargo, Harry no la temía; se trataba de Nagini, su inseparable mascota. Harry se dirigió hacia la serpiente y mantuvo una conversación con ella en lengua pársel; Nagini recibía las instrucciones, obediente. Tras la breve charla, el reptil se arrastró hasta un hueco abierto en la pared y desapareció por él. Fue entonces cuando un suave golpe en la puerta hizo que la atención de Harry se centrara en la entrada de la habitación.

-Adelante –su voz sonaba fría como el hielo.

Cerca de una docena de mortífagos hicieron su entrada en el lóbrego cuarto. Se aproximaron temerosos y reservados hacia su amo; Nagini no se hallaba cerca entonces, pero podría aparecer en cualquier momento y no les inspiraba demasiada confianza.

-Sabéis por qué os he mandado llamar –dijo Harry con voz dura.

Un asentimiento recorrió el círculo de los servidores del señor Tenebroso.

-Todo está listo y si las cosas siguen su curso, se hará pronto, este mismo fin de semana –explicó Harry-. El sábado –concretó.

-Amo, sabe que... –comenzó uno de los mortífagos que se había adelantado para hablar.

-Sé el riesgo que corremos. El hechicero está en medio, pero no temáis, eso no es problema. Yo mismo me ocuparé de ese pequeño inconveniente. Todo estará listo a la hora señalada.

Nadie puso en duda las órdenes de Harry.

-¿Está seguro de que se trata de la misma bruja, señor? –intervino otro mortífago.

-Por supuesto, nuestro espía es una fuente completamente fiable. Pero recordad esto: ella no debe sufrir daño alguno. La necesito viva para mis planes, necesito esa información; sin ella no puedo arriesgarme a enfrentarme de nuevo a Potter –Harry parecía exultante.

De pronto, Nagini regresó a la oscura habitación por donde se había escabullido. Harry se paró frente al reptil y comenzó a emitir unos sonidos sibilantes, sin duda hablaba en pársel. A continuación, se dirigió a los mortífagos al tiempo que la serpiente se enroscaba en una alfombra raída:

-Como nuestra buena amiga Naginiacaba de confirmarme, contamos con una estratégica entrada que nos facilitará las cosas; una entrada de cuya vulnerabilidad nadie sospecha. Dolohov y Rookwood se han encargado de verificarlo –informó Harry.

-¿Qué hay de la otra entrada, amo? –preguntó un hombre de baja estatura.

-La entrada principal es un acceso imposible, ya deberías saberlo, Colagusano. ¿Acaso crees que podemos permitirnos el lujo de pasearnos por allí tranquilamente? –dijo con sarcasmo-. Ya sabéis que no contamos con nuestra antigua arma gracias a Potter, así que tened cuidado, cualquier precaución es poca. Por fin... por fin lograré... –una fría risa inundó la sala.

Pero Harry no llegó a saber qué era lo que se traía Voldemort entre manos, ya que en ese mismo instante un gran alboroto se desató en el dormitorio de los chicos. Harry se despertó totalmente sobresaltado al escuchar unos gritos. Se puso rápidamente las gafas y descorrió el dosel de su cama, para encontrarse con una terrible humareda. Las cortinas que cubrían la ventana de la habitación, así como las de la cama de Neville, estaban ardiendo. Dean y Seamus intentaban apagar el incendio con unas mantas sin éxito, mientras Ron se levantaba de su propia cama y Neville miraba atónito la escena.

-¡Rápido, tenemos que salir de aquí! –Harry reaccionó de inmediato. El fuego se había extendido, y ya no había nada que ellos pudieran hacer.

Los chicos no dudaron y obedecieron a Harry. Muchos alumnos se asomaban curiosos desde las puertas de sus habitaciones.

-¿Qué es lo que...? –preguntó un alumno de tercero al ver salir corriendo de la habitación a los chicos.

-¡Bajad a la sala común, rápido! –ordenó Ron.

-Pero...

-¡Hacedme caso, soy prefecto! –exclamó Ron-. ¡Hay un incendio!

Todos los chicos se dirigieron entonces a la sala común, como Ron había dicho. Abajo se encontraron con algunas chicas, que dado el escándalo que se había armado decidieron bajar para conocer la causa de tal algarabía. Entre ellas se encontraba Hermione.

-¿Se puede saber qué...?

-¡Hay un incendio en nuestro dormitorio, Hermione! –gritó Ron.

Hermione, alarmada, corrió escaleras arriba para avisar al resto de las chicas que aún dormían, mientras Dean salía por el hueco del retrato en busca de la profesora McGonagall.

Al cabo de unos minutos, Dean llegó sofocado a causa de su apresuramiento, seguido de cerca por la profesora, que se encontró con que toda la casa al completo se había reunido allí. Sin hacer ninguna pregunta se dirigió hacia las habitaciones de los chicos y al fin logró hacerse con el control del fuego.

La jefa de la casa de Gryffindor bajó a la sala común, furiosa, en busca de explicaciones:

-¿Qué demonios ha pasado? –preguntó mirando alternativamente a Harry, Ron, Neville, Dean y Seamus. Harry, a quien en ese momento observaba la profesora, se encogió de hombros y miró a sus compañeros. La verdad era que no tenía ni la más remota idea del origen de aquel desastre.

-No sé... –contestó Dean-. A mí me despertó Seamus cuando el fuego comenzó a extenderse.

-A mí no me miréis –se apresuró a decir Seamus-, me despertaron los gritos de Neville.

-Yo no tengo ni idea, bueno... –Neville se retorció las manos, nervioso -. Yo me desperté porque Harry se estaba riendo como un loco y...

Harry, sorprendido, dirigió la vista hacia Ron, en busca de respuestas. Realmente no recordaba haber vivido tan intensamente el sueño, hasta el punto de imitar las carcajadas de Voldemort.

-¡Eh! ¡Qué yo no he hecho nada! –se defendió Ron levantando las manos en un gesto de inocencia, cuando se percató de que todos lo miraban a él.

-¿Y bien? –la profesora McGonagall, que vestía una bata escocesa y una redecilla en el pelo, comenzaba a perder la paciencia y observaba a cada uno de los compañeros con los brazos en jarras y el ceño fruncido.

-Bueno –comenzó Neville-, yo estaba dormido cuando de pronto unas carcajadas me despertaron. Me sobresalté e intenté encender la luz, pero con las prisas volqué la lámpara de aceite y cayó al suelo. Todo empezó a arder muy rápido –terminó el muchacho.

En ese momento todos observaban a Harry, algunos incluso intentando ahogar la risa.

-Y díganos, señor Potter, ¿a qué se debe tanta hilaridad a las –la profesora consultó furiosa su reloj- dos y media de la madrugada?

Harry no sabía qué contestar. No podía decir la verdad frente a tanta gente, aunque la profesora perteneciera a la Orden.

-Eh... Supongo que fue un sueño.

Harry notó como Ron y Hermione lo miraban con el entrecejo ligeramente fruncido. Quizás habían comprendido que Harry había tenido una visión, al igual que la profesora McGonagall.

-Está bien –anunció finalmente la jefa de la casa-. No se le descontarán puntos a Gryffindor, pero espero –dijo a la vez que miraba severamente tanto a Harry como a Neville-, que nada parecido vuelva a suceder. Ahora esperen aquí abajo, hasta que arregle el desastre de las habitaciones; en algún sitio tendrán que dormir esta noche –terminó dirigiéndose a los cinco chicos, en tanto que subía las escaleras hacia los dormitorios.

Harry intentó aprovechar la ausencia de la profesora McGonagall para poner al tanto a Ron y Hermione. Pero se le hizo imposible, ya que Seamus, Dean y Neville se aproximaron a ellos.

-¡Qué susto! –comentó Seamus-. ¡Yo ya creía que íbamos a achicharrarnos como pollos!

-No seas exagerado, Seamus –dijo Dean.

-Sí, pues tú bien que gritabas mientras sacudías las mantas –comentó Ron con tono jocoso-. Algo que, por cierto, no funcionó para nada. ¿Es así como los muggles apagan los incendios? –preguntó.

-Es un recurso que funciona a la perfección, lo que pasa es que el fuego ya estaba demasiado extendido y... –se defendió Dean.

En ese momento llegó la profesora McGonagall y la discusión que había comenzado cesó.

-Weasley y compañía –dijo con tono autoritario, ya que Ron era quien estaba más cerca-, ustedes dormirán esta noche en el dormitorio de los alumnos de quinto curso. Arreglar su habitación ahora llevaría demasiado tiempo, de modo que mañana el profesor Flitwick y yo lo solucionaremos. Ahora diríjanse a la habitación de quinto curso.

Poco a poco, todos los alumnos regresaron a sus dormitorios. Sin embargo, Harry, renuente, procuró quedarse atrás con la intención de hablar con Ron y Hermione. No obstante, no se le presentó la oportunidad, puesto que la profesora los apremió:

-¡He dicho: todo el mundo a la cama! Incluidos ustedes, Potter, Granger y Weasley –dijo señalando a los tres amigos.

Harry les lanzó una significativa mirada a Ron y Hermione, antes de que la muchacha subiera las escaleras que conducían a los dormitorios de las chicas.

Como había dicho la profesora McGonagall, Harry, Ron, Neville, Seamus y Dean se vieron obligados a compartir dormitorio con los alumnos de quinto, tan sólo por esa noche; y realmente fue un alivio, porque Harry no creía poder soportar otra noche más a Colin en la misma habitación. La profesora había dispuesto cinco camas más a lo largo del dormitorio, que parecía mucho más pequeño debido a que el número de ocupantes había incrementado considerablemente.

Harry no tuvo oportunidad de contarle lo sucedido a Ron, ya que se encontraban en presencia de demasiada gente y no era nada seguro hablar sobre el tema en aquel momento.

Harry no logró conciliar el sueño hasta varias horas después. Había estado a punto de averiguar qué era lo que planeaba Voldemort, y si no hubiera sido por el repentino accidente, habría escuchado hasta el último detalle, estaba convencido. Por otro lado, con las prisas, no había podido introducir su sueño en el pensadero, y a esas alturas ya sería casi imposible; las escenas de la visión acudían borrosas y confusas a su mente, y aunque recordaba fragmentos de la conversación y la esencia del asunto que se había tratado, era incapaz de adivinar cuáles serían las intenciones de Voldemort. Había mencionado la captura de una bruja, una bruja que necesitaba viva para sus planes. Sin embargo, a Harry no se le ocurría de quién podía tratarse y mucho menos dónde sucedería. Lo único que sabía a ciencia cierta era que se llevaría a cabo el sábado, de modo que disponían tan sólo de cuatro días para averiguar y frustrar los planes de Voldemort. Harry recordó asimismo la mención de un arma, de la que en esos momentos carecían y que él mismo había hecho desaparecer. Lo primero que le vino a la mente fue la profecía, y tenía mucho sentido, pero si lo pensaba detenidamente, ¿es qué acaso maquinaban otra incursión en el Departamento de Misterios? Y si así era, ¿qué conseguirían con ello? No pudiendo sacar nada en claro, y pensando que horas más tarde hablaría de ello con Ron y Hermione, se sumió en un agitado sueño.