Este fic es una versión alternativa del sexto libro de la saga. Fue escrito antes de la publicación de "El príncipe mestizo", por lo que sólo tiene en cuenta lo sucedido en la saga hasta el quinto libro, "La Orden del Fénix".
26
Atando cabos
Al día siguiente, a Harry se le hizo bastante raro despertarse con tanta compañía en el dormitorio, y tras ponerse el uniforme (los chicos tenían sus baúles consigo), bajó a la sala común con Ron. Allí se encontraron con Hermione, que les esperaba sentada en una butaca, dispuesta a ir directamente al grano:
-¿Qué pasó ayer por la noche?
Entre susurros, Harry les contó su visión mientras se dirigían al Gran Comedor. Cuando terminó, Ron y Hermione estaban tan confusos como él.
-¿Y ya está? –preguntó Ron-. ¿Nada más?
-No mencionaron a qué bruja se referían, así que podría ser cualquiera –dijo Harry a la vez que se servía unas tortitas-. Sólo llegué a escuchar que sea lo que sea lo que planean, será este sábado. Y tampoco sirve de mucho, porque no sabemos dónde sucederá.
Cuando estaban a punto de dar las nueve, los tres amigos se encaminaron hacia la clase de Encantamientos. Allí tendrían la oportunidad de hablar tranquilamente sobre la visión, mientras practicaban el encantamiento desvanecedor.
-Así que Voldemort planea el secuestro de una bruja, que no sabemos quién es, para conseguir una información, que no tenemos ni idea de qué trata, en algún lugar, que desconocemos dónde está –dijo Ron con sarcasmo-. Genial. Si teníais la esperanza de detenerle, será mejor que lo olvidéis.
-Harry, en el sueño hablaban de un arma, ¿no es así? –preguntó Hermione cuando con un golpe de varita hizo desaparecer la tetera que había sobre su pupitre.
-Sí, pero no sé qué puede ser.
-¿Qué hay de la profecía? –propuso Ron.
-Yo también pensé lo mismo, pero se destruyó y no creo que pueda recuperarla –contestó Harry.
-¿Vas a contárselo a Dumbledore? –preguntó Hermione.
-Sí. Iré a su despacho después de las clases –dijo Harry cuando finalmente consiguió desvanecer su propio pupitre.
La campana indicó el final de la clase y tras el pequeño descanso, Harry y Ron se dirigieron a los terrenos, donde tendrían la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, mientras Hermione se encaminaba hacia el aula de Aritmancia.
Aquel día estudiarían a los fénix. Hagrid se había hecho con uno realmente espectacular, cuyas plumas brillaban a la luz del sol. Se parecía muchísimo a Fawkes, el fénix del director, pero el ejemplar de Hagrid tenía las plumas de un color anaranjado y azulado, mientras que las de Fawkes eran de un color rojo escarlata. Su pico dorado se abría cada vez que Hagrid le ofrecía un gusano.
-He pensado que podíamos comenzar por conocer las costumbres y características del fénix, y terminar con su incineración –comentó Hagrid.
-¡No! ¿Por qué vas a hacer una cosa tan horrible, Hagrid? –exclamó Lavender, angustiada.
Parvati, que se encontraba junto a Harry, no pudo contener la risa, al igual que el muchacho. La chica debía de saber que Hagrid no se refería a que sacrificaría al fénix. Sin embargo, Lavender no era la única sorprendida. Muchos alumnos de Slytherin parecían desconcertados y Dean incluso comentó:
-Pues yo no le veo la gracia –parecía indignado-. El bicho aún no ha hecho nada...
-Cuando a los fénix les llega la hora de su muerte, arden en llamas, para luego renacer de sus cenizas –aclaró Hagrid rápidamente-. A eso es a lo que me refería. Me gustaría que observarais ese momento. Es increíble.
Harry, que había visto como ardía Fawkes, no pudo estar más de acuerdo con Hagrid.
Tras la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, Harry y Ron emprendieron el camino hacia el Gran Comedor, donde se encontraron con Hermione. Después de la comida, los tres amigos fueron a clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-Pff... Tonks se ha pasado con los deberes, ¿no os parece? –dijo Ron, que parecía agobiado, al salir del aula dos horas después.
Hermione se encogió de hombros y le preguntó a Harry:
-¿Vas a ver a Dumbledore ahora?
-Sí, ¿estaréis en la sala común?–preguntó Harry, a lo que Hermione asintió.
-Qué remedio, con todas las tareas que tenemos... –se quejó Ron.
-De acuerdo, entonces nos vemos allí –dijo Harry antes de alejarse.
Harry llegó poco después frente a la gárgola de piedra que ocultaba el despacho del director y dijo:
-Plumas de azúcar.
Al instante, la estatua cobró vida dejando al descubierto unas escaleras giratorias que ascendían hasta el estudio del profesor Dumbledore. Cuando hubo llegado frente a la puerta de roble, golpeó suavemente con los nudillos. No obtuvo respuesta alguna. Harry, dubitativo, acercó la oreja a la puerta y escuchó atentamente. No percibía el más leve sonido. Finalmente, se atrevió a cruzar el umbral. En el despacho no había nadie, salvo Fawkes, el magnífico fénix del director. No había pensado en la posibilidad de que el profesor Dumbledore no estuviera allí. No estaba seguro de lo que debía hacer: podía esperarlo, aunque no sabía cuanto tiempo tardaría en llegar, o de lo contrario, marcharse e intentar buscarlo más tarde. Mientras tenía en cuenta sus opciones, la puerta se abrió y por ella apareció el profesor Dumbledore, seguido por Snape, quien parecía intranquilo y cuya voz sonaba exaltada:
-... Llevan planeándolo semanas. Debe de ser algo realmente importante, aunque yo no he sido puesto al corriente... Incluso he oído decir que él mismo estará allí... –Snape permaneció inmóvil cuando se percató de la presencia de Harry-. ¿Qué hace aquí, Potter? –espetó Snape de mal humor.
-Creo que soy yo quien debe hacer las preguntas, Severus –dijo Dumbledore amablemente.
-Buenas tardes –se despidió Snape al salir del despacho, no sin antes lanzar una mirada de disgusto a Harry.
Mientras tanto, el director se había acomodado en su butaca y esperaba a que el muchacho hiciera lo propio.
-¿Y bien Harry? ¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? –dijo el profesor Dumbledore después de que el aludido hubiera ocupado su lugar frente a él.
-Ayer por la noche tuve una visión relacionada con Voldemort.
Dumbledore no dijo nada en absoluto. Solamente esperó a que Harry continuara.
-Fue justo antes del incendio que se originó en la torre de Gryffindor... –explicó Harry sintiéndose culpable del incidente.
-¡Oh, sí! La profesora McGonagall me habló de ello esta misma mañana –dijo jovialmente-. Por suerte no hubo ningún herido... Supongo que el profesor Flitwick ya lo habrá solucionado todo, como me dijo que haría, de modo que esta noche podrán dormir en sus habitaciones de nuevo.
-En realidad el fuego comenzó por mi culpa, bueno... no del todo, pero... –Harry trataba de explicarse lo mejor que podía. A decir verdad, la noche había resultado bastante confusa-. Neville fue quien volcó la lámpara, pero yo le sobresalté cuando grité en sueños. Se trataba de una visión sobre Voldemort –repitió.
-Ya veo... –dijo vagamente el director-. La profesora McGonagall me dijo que tal vez habías tenido alguna especie de sueño o visión. Esperaba tu visita.
Harry recordaba haber dicho frente a la profesora que la causa del alboroto había sido un sueño. Al parecer, ella había entendido a qué se refería.
-No tuve tiempo de introducirlo en el pensadero, así que... No sé si servirá de mucho, pero... –Harry mantenía en mente la reciente conversación que había escuchado entre el profesor Dumbledore y Snape-. Voldemort habló sobre un ataque que se llevará a cabo este mismo sábado.
El rostro de Dumbledore adquirió un extraño gesto de comprensión.
-Él estaba reunido con unos diez mortífagos y habló sobre... sobre... –Harry se estrujaba la mente por conseguir cualquier detalle que fuera de ayuda-. Necesita una bruja para sus planes. Eso es lo que dijo –terminó con rotundidad.
Dumbledore arrugó el ceño:
-¿Estás seguro? –preguntó.
-Completamente. Aunque no recuerdo la visión con claridad, me vienen imágenes a la cabeza, y sé que hablaban de una bruja. Voldemort no pretende hacerle daño, la necesita viva –explicó Harry.
-¿Hicieron algún tipo de alusión sobre el lugar en el que sucederá? –Dumbledore se había aproximado a su escritorio y, apoyando los brazos en él, miraba a Harry con detenimiento.
-No... no lo sé –respondió el muchacho, confuso-. Discutieron sobre la forma de entrar, sé que Colagusano estaba allí, pero en ningún momento nombraron el sitio en concreto.
-Bien Harry, si eso es todo... –dijo Dumbledore al tiempo que se ponía en pie-. Te agradezco tu ayuda. Si recuerdas algo más, cualquier cosa, no dudes en venir a verme.
-Sí, profesor –Harry se dirigía hacia la puerta cuando decidió hacer una pregunta que le rondaba en la mente-. Profesor Dumbledore... el profesor Snape... cuando he entrado en el despacho...
-Lo siento, Harry, pero ese tipo de asuntos no te conciernen –habiendo imaginado aquella respuesta, el muchacho abrió la puerta del estudio y se encaminó a la sala común.
En el trayecto, no dejó de pensar en lo que había escuchado. Al parecer, ya sospechaban de antemano que algo sucedería. Sin embargo, Snape no contaba con mucha información, por lo que había dado a entender. Indudablemente, no le había gustado ni lo más mínimo el hecho de encontrarse allí a Harry.
El chico traspasó el retrato de la Señora Gorda y divisó a Hermione y Ron sentados en una de las mesas del fondo. Compartían su sitio con Ginny, que parecía muy ocupada en sus tareas. Lo primero que pensó Harry al verla fue que estaba muy guapa aquel día: llevaba su cabello rojo suelto y lo apartaba con soltura cada vez que le tapaba el rostro. Al recordar su última conversación con la muchacha, no pudo evitar sentirse abatido. Sin duda, Harry pensaba que jamás conseguiría entender a las chicas, a menos que Hermione le echara una mano. Pero Harry ni siquiera contaba con esa posibilidad; nunca le confesaría a Hermione sus sentimientos por Ginny. Definitivamente, Harry prefería que la hermana de Ron siguiera pensando que era un desastre antes que confiarle a Hermione algo así...
-¡Ah!
Harry, ensimismado en sus pensamientos, había chocado con un alumno de segundo. Tras pedirle disculpas atropelladamente, se acercó a la mesa en la que se encontraban sus amigos. El único sitio libre se encontraba junto a Ginny, y Harry se sentó a su lado.
-¿Ya has hablado con Dumbledore? –preguntó Hermione, levantando la vista del libro de Aritmancia cuando se dio cuenta de que su amigo había llegado.
-Sí, vengo de su despacho ahora mismo –contestó Harry.
-¿Dumbledore? ¿Ha pasado algo? –inquirió Ginny.
-Harry tuvo una visión ayer por la noche, justo antes del incendio en el dormitorio –explicó Hermione.
-¿Y las clases de Oclumancia? –preguntó Ginny.
-Ya ves, de mucho no le sirven –dijo Hermione irónicamente-. Aunque si intentara de verdad aprender Oclumancia, tal vez dejara de soñar con Voldemort...
-¡Me esfuerzo! -exclamó Harry, ofendido-. Es sólo que ayer...
-¿Tampoco pudiste vaciar la mente? –adivinó Hermione-. ¿Y qué sucedió ayer que te impidiera concentrarte en la Oclumancia?
Harry, sonrojado, evitó por todos los medios la mirada de Ginny, y se dispuso a empezar su trabajo de Transformaciones, aunque sintió que la chica lo observaba atentamente. En realidad había sido la discusión con Ginny lo que había invadido su mente por completo, dificultando así la concentración en la Oclumancia. Ginny miró durante unos instantes a Harry y se mordió el labio. Ella también había recordado la conversación que había mantenido con Harry sobre Ron y Hermione. Pero naturalmente, estando estos dos últimos presentes, no sacaría de nuevo el tema.
Tanto Ron como Hermione continuaron con sus redacciones de Historia de la Magia, en tanto que Ginny dirigía miradas de soslayo a Harry, intentando captar su atención. Debía explicarle al muchacho que en realidad no estaba enfadada con él, solamente había sido una estúpida discusión. Sin embargo, Harry se negaba a levantar la vista de su libro de Transformaciones, aunque podía percibir que Ginny lo observaba constantemente. Al fin, dándose por vencida, la chica subió las escaleras hacia su dormitorio. Harry aprovechó la oportunidad para contarles a Ron y Hermione lo que había escuchado de manera accidental en el despacho de Dumbledore.
-Así que Snape ya estaba al tanto... –susurró Ron.
-Exacto. Pero no parece saber gran cosa, al parecer no han contado con él para llevar a cabo el ataque –dijo Harry.
-Ya, o eso quiere hacerle creer a Dumbledore –espetó Ron.
-¿Estás convencido de que Snape se la está jugando a Dumbledore? –preguntó Hermione.
-No al cien por cien –contestó Ron cerrando su libro de Encantamientos-, pero me da mala espina... Puede que esté jugando sucio.
-No sé qué decir, es que... –Hermione se frotó la cara con el dorso de la mano, parecía agobiada-. Es que me cuesta creer que Dumbledore meta la pata de esa manera.
-¿Tú qué opinas? –dijo Ron dirigiéndose a Harry.
-No lo sé... no lo sé –resopló el muchacho, confuso.
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El miércoles por la mañana, Harry se levantó terriblemente cansado. La noche anterior había intentado introducir en el pensadero la visión, en vano. No había logrado ordenar las imágenes en su cabeza y le había sido imposible recordar claramente lo sucedido. Todo ello le produjo una ansiedad que arrastró a lo largo del día. Además, el que esa misma tarde tuviera clases de Oclumancia no ayudaba a que su estado de ánimo mejorara.
Después de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Harry, Ron y Hermione regresaron a la sala común para intentar reducir la montaña de deberes que se les había acumulado, sobre todo a Harry y Ron. A las siete en punto, Harry dejó su redacción de Herbología a medio acabar, y se encaminó a las mazmorras.
Llamó a la puerta del despacho del profesor Snape y pasó dentro en cuanto su voz desde el interior se lo permitió. La habitación tenía el mismo aspecto de siempre: las estanterías repletas de frascos y el escritorio entre Harry y el profesor, con el pensadero de éste encima.
Snape miró a Harry con su habitual expresión de odio y le hizo una pregunta:
-Sigues practicando Oclumancia, ¿no, Potter? Porque si me entero de que estás malgastando mi tiempo...
La frase inacabada dio una idea aproximada a Harry sobre lo que Snape haría con él, y se sintió un poco culpable, porque aunque practicaba Oclumancia casi siempre que podía, eran frecuentes las veces en las que no lograba vaciar su mente.
-Prepárate, Potter. ¡Legeremens!
Multitud de imágenes acudieron a la mente de Harry en el momento en el que el hechizo le afectó. Como venía haciendo desde hacía meses, Harry intentó repeler al profesor. Una imagen de cuando tenía diez años y Dudley le perseguía vino a su mente, seguida por otra que representaba una sala iluminada por una chimenea, en la que había una serpiente. Al instante la conexión se cortó y Harry se tambaleó.
-¿Qué era eso? ¿Quién era toda esa gente? –preguntó el profesor Snape y Harry atisbó una nota de temor en su voz.
Harry se preocupó por haber revelado aquella imagen. La había identificado como parte del último sueño con Voldemort, antes de que se desatase el incendio en su dormitorio. Si Snape se había dado cuenta, se vería en problemas.
-¿Era otro sueño con el Señor Tenebroso? ¿Eran mortífagos todos los que estaban allí?
Harry se quedó callado y Snape interpretó el silencio como una respuesta afirmativa.
-¡Te he dicho miles de veces que debes concentrarte! ¡Vacía la mente, Potter, no es tanto pedir! –recriminó Snape exaltándose.
-¡Para usted es muy fácil decirlo, no tiene que hacerlo! –respondió Harry, harto ya de aquello.
-¡Yo también tuve que hacerlo cuanto me vi obligado a aprender y gracias a ello ahora puedo ocultar mis pensamientos! –exclamó el profesor y Harry notó que se tocaba suavemente el antebrazo izquierdo. Harry sabía que Snape llevaba ahí grabada la Marca Tenebrosa y se preguntó si habría sido entre los mortífagos donde aprendió Legeremancia y Oclumancia.
Snape se había ruborizado ligeramente de rabia, pero intentó calmarse para proseguir con la sesión.
-Volvamos a intentarlo. ¡Legeremens!
A la vez que Snape utilizó la Legeremancia, Harry lanzó el hechizo expelliarmus, y en su mente recibió las imágenes del profesor. Sólo durante un instante, vio ante sus ojos una imagen en la que Snape se hallaba frente a un nutrido grupo de mortífagos y Voldemort.
Harry se aterrorizó al darse cuenta de lo que había hecho y miró al profesor, que le observaba a su vez con la misma expresión que había surcado su rostro el año anterior cuando Harry entró en su pensadero sin permiso.
Tras unos instantes de silencio, en los que Harry permaneció callado para evitar decir algo inadecuado que desatase la furia del profesor, Snape dio finalmente por terminada la sesión.
-Váyase, Potter. La semana que viene quiero verle aquí a la misma hora.
Harry salió atropelladamente del despacho, al menos con la certeza de que no volvería allí hasta dentro de una semana.
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Lo único que Harry deseaba era que llegara el fin de semana para poder descansar. O al menos así habría sido, hasta que los profesores les inundaron de deberes, argumentando la cercanía de los exámenes. De modo que Harry, Ron y Hermione se cobijaron en la sala común de Gryffindor y se dispusieron a hacer sus tareas. Sin embargo, aquella tarde de viernes, los chicos tenían entrenamiento de quidditch, así es que a las seis en punto partieron hacia el campo, en compañía de Ginny, y ataviados con la túnica del equipo.
El tiempo era agradable y la luz del sol inundaba los terrenos. El viento suave jugueteaba con sus túnicas y revolvía sus cabellos ligeramente. Ya en el campo, cuando todo el equipo se hubo reunido, Harry dio las instrucciones necesarias y comenzó la sesión de entrenamientos. La verdad era que estaba muy contento con los resultados obtenidos. El equipo era realmente bueno y tenían muchas posibilidades de ganar la Copa de Quidditch. Aún no había anochecido cuando los jugadores se dirigieron a los vestuarios.
Después de cruzar el retrato de la Señora Gorda y dejar a un lado sus escobas, Harry y Ron se sentaron junto a Hermione e intentaron terminar su tarea de Herbología. Poco después, Ginny se acercó resuelta a ellos y se dirigió a Harry:
-Perdona, Harry, ¿podemos hablar un momento? Es sobre... –Ron y Hermione miraban curiosos la escena-. Bueno, sobre quidditch –Ginny lanzó al muchacho una significativa mirada. Harry comprendió entonces que lo más seguro era que quisiera hablar con él sobre la discusión que habían mantenido el día anterior acerca de la actitud de Ron hacia Hermione, actitud que él mismo había impulsado-. No me ha quedado clara la nueva jugada.
-Esto... –la verdad era que Harry deseaba hablar con Ginny, pero no discutir, que probablemente era como acabaría la situación; de modo que no estaba muy seguro de qué hacer.
-¡Ginny! –Colin Creevey la llamó desde el otro extremo de la sala común e hizo un aspaviento con la mano en señal de que se acercara-. ¿Hay que hacer la tarea de Transformaciones para el miércoles o el viernes? Y los deberes de Herbología… ¿Era un pergamino y medio o dos y medio?
Ginny suspiró y se alejó en dirección a Colin Creevey, no sin antes haber dirigido a Harry una última mirada de desilusión, que daba a entender que Colin no había sido precisamente oportuno. Harry, sin embargo, aprovechó esta distracción para escapar hacia los dormitorios de los chicos, argumentando que no se encontraba demasiado bien.
En realidad, se moría por hablar con Ginny, pero la reacción de la muchacha lo hacía sentir confuso y no quería volver a meter la pata. La cabeza de Harry daba vueltas a causa de los pensamientos que inundaban su mente. De modo que se acercó al armario, abrió las puertas y extrajo de él el pensadero. Colocó la vasija sobre la cama e introdujo en su interior cada una de las reflexiones a las que Ginny le había inducido en los últimos meses, desde que había empezado a sentir que lo que le unía a ella era algo más que una simple amistad. Lo último que Harry vio antes de guardar el pensadero en el armario y acostarse, fue la sonrisa que Ginny le devolvía desde la superficie plateada.
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El entrenamiento del viernes había resultado tan duro que Harry, exhausto, se había quedado dormido al instante en su cama. Estaba tan cansado que el sábado se despertó pasado el mediodía.
La sala común estaba vacía cuando bajó, así que supuso que Ron y Hermione se encontrarían en la biblioteca, porque, desde luego, dudaba que su amiga estuviera perdiendo el tiempo en los terrenos, teniendo trabajo por acabar. Harry tomó algunos de sus libros y se dirigió a la sala de estudios, pero primero decidió pasar por las cocinas a desayunar, puesto que ya era tarde para ir al Gran Comedor. Dobby se alegró mucho cuando vio a Harry y, rápidamente, éste se vio rodeado de bandejas de comida. Tras un buen desayuno y una charla agradable con el elfo, se despidió y siguió su camino hacia la biblioteca.
-¡Tonks! –exclamó al llegar al vestíbulo y ver allí a la metamorfomaga, que parecía tener mucha prisa-. ¿Adónde vas?
La profesora se detuvo en seco y contestó rápidamente a Harry, con expresión preocupada:
-Voy a Londres; ha habido un ataque a manos de varios mortífagos en King's Cross y Dumbledore ha convocado a toda la Orden.
-¡El ataque! –exclamó Harry recordando su sueño-. ¿Os vais todos?
-No, sólo Dumbledore, Minerva y yo. El profesor Snape se queda. Perdona, Harry, pero no puedo entretenerme por más tiempo –se disculpó Tonks y salió casi corriendo por las puertas del castillo.
Durante unos instantes, Harry observó a través de la puerta abierta de roble cómo se alejaba la silueta de Tonks por los terrenos y luego siguió el trayecto hacia la biblioteca, pensando que Voldemort podría estar en ese preciso momento en la estación de trenes.
Al llegar a la biblioteca, no encontró a sus amigos, pero sí vio a Neville, al que se acercó para preguntarle por Ron y Hermione.
-Esta mañana Ron me ha dicho que iba a entrenar al quidditch con Ginny –le contestó su compañero de Gryffindor-. Pero no tengo ni idea de dónde puede estar Hermione. Pregúntales a ellas, quizá lo sepan –le aconsejó Neville, señalando con la cabeza a Parvati y Lavender, que hacían sus deberes entre cuchicheos en una mesa un poco alejada de allí.
En el momento en que Harry se acercaba, las dos chicas recogían sus libros para marcharse, así que apretó el paso para alcanzarlas antes de que salieran de la biblioteca. Igualmente, les preguntó por el paradero de Hermione, y entre risitas le contestaron que había ido a dar un paseo con Viktor Krum por los terrenos. Se despidieron y Harry volvió junto a Neville, dispuesto a terminar algunas tareas, aprovechando que se encontraba en la biblioteca.
Casi a la hora de la comida, Harry y Neville decidieron abandonar la biblioteca en dirección a la sala común, para dejar sus libros y dirigirse después al Gran Comedor.
-Mira quién está ahí –señaló Neville en el hall del castillo. Harry giró el cuello y vio a Parvati, que hablaba muy angustiada acerca de un trabajo con la profesora Trelawney-. Vaya desastre de profesora, nunca fue capaz de hacer una predicción verdadera... sin contar con tu profecía, claro
-Sí... –respondió Harry vagamente. De repente, se paró en seco y miró hacia atrás, a la profesora de Adivinación.
Fue como si hubiese tenido una revelación, porque de pronto todo encajaba en su cerebro. Recordó el sueño sobre Voldemort: "La necesito viva para mis planes, necesito esa información; sin ella no puedo arriesgarme a enfrentarme de nuevo a Potter". Buscaban a una bruja que tenía información sobre cómo podía Voldemort derrotar a Harry. Aquella información estaba en la profecía... ¿y si perseguían a la bruja que había formulado aquella predicción?
Iban a por Trelawney. Y tenían planeado capturarla ese mismo día. Voldemort iba a enviar a sus mortífagos a Hogwarts. Harry se quedó helado.
-Lo siento, Neville, tengo que irme.
-Vale. Hasta lue... –se despidió el chico, pero Harry ya se alejaba corriendo-. Hasta luego –murmuró en un suspiro.
Harry corrió hacia la entrada del Gran Comedor. Se cruzó con la Señora Norris, que maulló indignada, pero no le hizo el menor caso, porque tenía que darse prisa en encontrar a Ron y Hermione. Solamente le bastó echar una ojeada a la mesa de Gryffindor para saber que sus amigos no se encontraban allí.
Cuando salía del Gran Comedor, vio una persona conocida con la túnica de quidditch de Gryffindor y el pelo de un color rojo encendido que bajaba por la escalinata de mármol.
-¡Ron! –gritó Harry corriendo hacia su amigo.
-¡Vaya, Harry! ¿Dónde te habías metido? Acabo de dejar la escoba e iba a buscarte. ¿Qué te ocurre? –preguntó Ron al ver la sombría expresión en el rostro de su amigo.
-Son... son los mortífagos –contestó Harry recuperando el aliento.
-¿Qué?
-¡Mortífagos! ¡Van a venir a Hogwarts a por Trelawney!
-¿Qué estás diciendo? –Ron miraba a Harry como si pensara que estaba mal de la cabeza.
-Escucha, en el sueño que tuve acerca de Voldemort, él decía que el ataque se llevaría a cabo hoy, y la bruja a la que se refería es Trelawney. ¡Los mortífagos van a venir aquí, a Hogwarts!
-No entiendo nada, Harry… ¿Para qué van a querer llevarse a Trelawney?
-Ahora no hay tiempo para explicaciones, Ron.
-Pero, ¿cómo van a entrar los mortífagos en el castillo? Es imposible…
-No lo sé... –contestó Harry estrujándose el cerebro intentando recordar algo más-. Mencionaron algo sobre otra entrada además de la principal; una entrada que es vulnerable y de la que no sospecharíamos. Y también dijo: Ya sabéis que no contamos con nuestra antigua arma gracias a Potter... ¿Qué arma han perdido gracias a mí?
-A ver… ¿Un sitio en el castillo cuya entrada no tengamos en cuenta y que hubiese allí un arma que tú destruiste? Tiene que ser una entrada que no esté transitada, ¿no? Y en cuanto a eso del arma… ¿Se refieren a algo que tú has destruido aquí en Hogwarts?
Fue como si alguien encendiera una bombilla en el cerebro de Harry iluminándolo todo:
-El basilisco… -susurró sobrecogido-. Yo maté al basilisco. Esa tiene que ser el arma a la que se refería. Y van a entrar aquí a través de la cámara secreta.
Por fin había solucionado aquel rompecabezas.
-Pero la cámara no tiene otra entrada más que la de los baños... –objetó Ron con una expresión de horror.
-Que nosotros sepamos... Pero sería posible, ¿no crees? Puede que haya otro camino de acceso desconocido... algún túnel o tubería que desemboque fuera de los terrenos... Voldemort es el último heredero de Slytherin. Él debe de conocer esa cámara mejor que nadie… Si no, ¿cómo averiguó dónde estaba y tuvo acceso a ella cuando estudiaba en Hogwarts?
Ron le miró con el entrecejo fruncido y preguntó con un hilo de voz:
-¿Y que hacemos ahora? ¿Vamos a contárselo a Dumbledore?
-Dumbledore... ha ido a Londres, a detener un ataque de mortífagos. Voldemort debe de haber preparado una maniobra de distracción.
-¿Y McGonagall? –propuso Ron. Harry negó la cabeza-. ¿Tonks?
-No, se ha ido toda la Orden menos Snape, pero no creo que... –Harry dejó el final de la frase en el aire con un significado muy claro.
-Entonces... tendremos que ir nosotros –dijo Ron, decidido.
-Sí –contestó Harry con un nudo en la garganta-. Vamos a buscar a Hermione.
Harry y Ron corrieron a través de los terrenos a toda velocidad. Una cálida brisa azotaba sus rostros y aunque comenzaba a anochecer, la temperatura era agradable.
Buscaron a Hermione por los jardines sin dar con ella, hasta que llegaron a la orilla del lago, y a lo lejos divisaron dos siluetas paseando.
-¡Hermione! –gritó Ron al tiempo que se acercaban corriendo.
La chica, sobresaltada, se giró y miró extrañada a sus amigos.
-¿Qué ocurre? –les preguntó frunciendo ligeramente el ceño ante la cara de angustia de los dos chicos.
-Ven un momento, tenemos algo importante que contarte –dijo Ron agarrándola por el brazo para separarla de Krum, a quien dirigió una mirada de desconfianza.
Hermione se deshizo de la mano de Ron y les miró con impaciencia:
-¿Qué es lo que pasa? Sea lo que sea, podéis decírmelo aquí –Hermione parecía haber notado la frialdad de Ron hacia Viktor.
Ron volvió a abrir la boca, pero Harry le interrumpió, no había tiempo que perder:
-Los mortífagos van a entrar en Hogwarts a través de la cámara secreta. Quieren llevarse a Trelawney.
Ella le miró incrédula y cuando se disponía a contestar, Krum se acercó:
-¿Qué "ocurrre", "Herrmione"? –el chico búlgaro mostraba su habitual gesto hosco.
-Espera un momento, Viktor –Hermione se volvió hacia Harry-. ¿Trelawney? ¿De qué hablas?
-Del sueño que tuve la otra noche, ¿recuerdas? Vamos, no hay tiempo que perder, te lo explicaré por el camino –Harry agarró a Hermione por la manga con urgencia sin dejar que dijera una sola palabra más y los dos emprendieron el trayecto de vuelta al castillo.
A sus espaldas, escucharon a Ron:
-Tú no vienes –su tono de voz no denotaba ninguna emoción cuando sujetó a Krum por el hombro.
-Si ella va –contestó el búlgaro-, yo "irré" también.
Hermione se volvió hacia ellos y, tras una breve pausa de indecisión, dijo:
-Viktor, será mejor que te vayas.
Krum, con la misma expresión ceñuda, negó con la cabeza.
-No. "Podrría" "serrvirros" de ayuda.
Ron suspiró con exasperación:
-Está bien.
Finalmente, los cuatro echaron a correr hacia el colegio. Cuando llegaron al vestíbulo subieron por la escalinata hacia el segundo piso, en dirección a los aseos de Myrtlela Llorona, donde estaba ubicada la entrada de la cámara de los secretos.
Una vez dentro, escucharon el inconfundible sonido de los sollozos del fantasma de la chica, que lloraba sentada en los lavabos. Cuando los vio entrar, Myrtle se elevó en el aire y les miró atentamente:
-¿Qué hacéis vosotros aquí? Siempre que venís es que andáis tramando algo.
Krum echó un vistazo a su alrededor, sorprendido.
-"Perrro"... ¿qué hacemos aquí?
Nadie le hizo demasiado caso. Harry se acercó al lavabo que tenia grabada una pequeña serpiente en el grifo de cobre e intentó imaginarse que el reptil se movía.
-Ábrete.
A sus espaldas, Harry oyó una exclamación de sorpresa que, sin duda, provenía de Krum. De pronto, el lavabo refulgió y el grifo comenzó a girar. El lavabo se hundió en el suelo y desapareció de la vista, mostrando una tubería muy ancha cuyo fondo no se vislumbraba desde sus posiciones.
Hermione asomó la cabeza por el hueco, pero sólo pudo ver oscuridad:
-¡Caray! –exclamó con voz queda.
Sin esperar ni un solo segundo más, Harry se lanzó al vacío en primer lugar, deslizándose por aquella especie de tobogán. Cuando llegó al final, cayó bruscamente al suelo y se apartó con presteza para dejar paso a los otros tres. Primero pudo escuchar los gritos de Hermione, cada vez más cercanos, hasta que la chica salió disparada por el túnel. Mientras Harry la ayudaba a ponerse en pie, llegaron Ron y Krum.
-Esto está muy "oscurro".
-¡Lumos! – dijo Harry. De la punta de su varita salió una lucecita y los demás le imitaron.
La oscuridad del túnel no les dejaba ver más allá de la débil luz que proyectaban sus varitas. Harry recordó la anterior ocasión en la que había descendido a aquel lugar, junto a Ron y al profesor Lockhart.
Comenzaron a andar por el lóbrego pasadizo. Harry y Ron caminaban en primer lugar, precediendo a los otros dos. Avanzaban en silencio, sin hacer ruido, por lo que podían escuchar el continuo goteo del agua por las grietas de las paredes del túnel.
-Será mejor que estemos alerta... por si acaso –advirtió Ron.
Siguieron caminando, y los chasquidos que producían sus pisadas al aplastar los huesos de ratas que había desperdigados por el suelo se amplificaban sorprendentemente.
-Esto está asqueroso –masculló Hermione resbalando.
Después de caminar durante unos minutos por el serpenteante túnel y atravesar los cascotes que se habían derrumbado cuatro años atrás por culpa de un hechizo mal realizado por parte de Lockhart, llegaron finalmente a la entrada de la cámara.
-¿Y ahora? –preguntó Ron, que no había llegado tan lejos durante su incursión en la cámara en segundo curso.
Harry se adelantó unos pasos hacia el muro que tenía frente a él, en el que estaban talladas dos enormes serpientes entrelazadas, cuyos ojos eran esmeraldas. Pronunció las palabras que abrían la cámara utilizando la lengua pársel una vez más.
El muro se separó en dos, dejando a la vista la cámara de los secretos.
-¿Ya hemos llegado? –preguntó Hermione en un susurro.
Harry asintió con la cabeza y se llevó un dedo a los labios para indicarles que guardaran silencio.
Se asomaron con cautela por la entrada y atisbaron el interior.
-Parece que no hay nadie dentro –musitó Ron.
Poco a poco entraron en la cámara y fueron andando junto a las filas de columnas que se elevaban hasta el techo. Al final llegaron frente a la altísima estatua de Salazar Slytherin. Ron, Hermione y Krum miraban a su alrededor boquiabiertos.
-Así que, ¿este es Slytherin? –inquirió Ron observando la parte superior de la imagen, que mostraba el rostro de un hombre siniestro de larga barba.
-Aquí no hay nadie, Harry –dijo Hermione al cabo de unos momentos-. Me parece que estabas equivocado y no se referían a la cámara. Además, ¿para qué iban a querer llevarse a Trelaw…?
-No –la interrumpió Harry-. Estoy convencido de que se referían a la cámara y a...
-Tal vez sea una "trrampa" –comentó Krum echando un vistazo a su alrededor con desconfianza.
-No creo que sea una tramp... –Ron se interrumpió al oír unos ruidos amortiguados. Los cuatro se quedaron en silencio, escuchando con atención.
A lo lejos, entre las columnas, se oían pisadas y voces de lo que parecía un grupo numeroso.
-¡Rápido, por aquí! –instó Harry con voz queda. Los cuatro jóvenes se escondieron tras los pies de Salazar Slytherin.
Cerca de diez figuras aparecieron tras una columna. Todos ellos iban enmascarados y marchaban con las varitas en alto, liderados por el único que llevaba el rostro descubierto.
Era Lord Voldemort.
Al lado de Harry, Hermione ahogó un grito, y Ron le puso la mano en la boca para reprimir cualquier sonido, aunque él pelirrojo también tenía una expresión de horror en el rostro. Harry se arrepintió al instante de haber llevado a Ron, Hermione y Krum hasta allí; nunca se habría imaginado que el propio Voldemort se personificara en el lugar. Lo último que quería era poner en peligro a sus amigos.
La mirada de Viktor, Ron y Hermione reflejaba estupor y miedo al ver por primera vez a aquel mago al que muchos ni siquiera osaban nombrar. De hecho, parecían paralizados por el terror, y, como Harry bien sabía, no era para menos. Él también sentía que las palmas de las manos comenzaban a sudarle.
-Y ahora, ¿qué hacemos? -preguntó Hermione, angustiada.
Durante unos minutos observaron a los recién llegados, que rodeaban a Voldemort y, al parecer, escuchaban sus instrucciones.
-Atacaremos de repente –susurró Ron tragando saliva con dificultad.
-No –contestó Harry-, vosotros os quedáis aquí.
-Sí, hemos venido hasta aquí para dar un paseo, ¿no? –soltó Ron con brusquedad.
-Escuchadme –insistió Harry intentando acallar a su amigo, aunque era bastante difícil mantener una discusión a base de susurros-. No debéis poneros en peligro...
-Y tú sí, ¿no? No digas bobadas –dijo Hermione.
-Vosotros no lo entendéis –Harry parecía desesperado. Ellos no sabían nada acerca de la profecía, desconocían que él era el único que tenía la responsabilidad de enfrentarse a Voldemort-. No...
-Se acabó. No vamos a dejarte solo –dijo Ron con fiereza.
Harry tuvo que darse por vencido, sabiendo que sería imposible convencerlos.
Tomaron posiciones, con el enorme pie de piedra como parapeto.
-Rayos aturdidores a la de tres, ¿de acuerdo? –dijo Harry, a lo que los demás asintieron-. Una..., dos..., y ¡tres!
Salieron de su escondrijo y cuatro voces rasgaron el aire:
-¡Desmaius!
El grupo de mortífagos se volvió sorprendido, sin poder evitar que cuatro de sus hombres cayeran al suelo, inconscientes. El resto de los mortífagos esperaban instrucciones por parte de su señor, sin atreverse a hacer nada por su cuenta. Esa indecisión les costó perder a otro de los suyos, ya que los cuatro jóvenes continuaban lanzando hechizos.
-Matadlos –ordenó finalmente Voldemort-, a todos excepto a Potter.
Los cinco encapuchados que quedaban en pie se abalanzaron sobre sus contrincantes. Harry vio que los mortífagos prácticamente lo ignoraban y se dirigían hacia sus amigos. Dos de ellos avanzaban hacia Hermione, mientras Ron y Krum se enfrentaban al resto.
Harry se giró hacia Voldemort y sus miradas se cruzaron. El muchacho esperaba cualquier tipo de ataque por parte de su enemigo. Sin embargo, Voldemort lo observaba con los ojos entrecerrados, sin moverse ni un ápice. Ni siquiera tenía la varita en alto. De modo que Harry, sin perder más tiempo, se giró nuevamente hacia sus amigos para ayudarles.
Cuando Ron y Krum, que luchaban codo con codo, se deshicieron de uno de los enmascarados, cada cual se enfrentó en solitario a su adversario. Ron parecía tener problemas. Su contrincante atacaba sin cesar y con gran destreza, mientras el muchacho utilizaba el encantamiento protego combinado con hechizos defensivos, con la intención de mantenerle a raya. De pronto, de la varita del mortífago salió un haz de luz verde cuando el hombre pronunció la maldición asesina.
-¡No! –gritó Harry. Reaccionó en décimas de segundo y se apresuró a lanzar el primer hechizo que se le pasó por la mente en un intento desesperado por interceptar el Avada Kedabra. Así, el rayo rojo del desmaius que salió de la varita de Harry, rebotó contra el del mortífago, desviándolo, pero desgraciadamente el hechizo del muchacho alcanzó el hombro de Ron, que se derrumbó inconsciente.
El mortífago se volvió furioso hacia Harry, quien le lanzó un haz de luz azul, pero su adversario lo esquivó. Dadas las ordenes de Voldemort, el enmascarado no tenía intención de dañar a Harry, únicamente se limitaba a protegerse.
Mientras tanto, Hermione había conseguido dejar fuera de combate a otro de los servidores de Voldemort, no sin dificultades. Al parecer, el Señor Tenebroso había escogido a sus mejores partidarios para llevar a cabo su incursión en Hogwarts.
Voldemort observaba la escena como si aquel asunto fuera demasiado banal para que tomara parte en él. Su mirada era fría y su sonrisa torcida indicaba desprecio.
Harry mantenía una encarnizada batalla con su oponente, cuando de pronto escuchó un grito a sus espaldas. Tanto él como el mortífago detuvieron momentáneamente la lucha para fijar la vista en una escena que atraía todas las miradas. El mortífago que estaba frente a Hermione acababa de desarmarla y ahora la chica se hallaba indefensa. El encapuchado la apuntó con su varita, dispuesto a acabar con ella:
-¡Avada Kedabra!
Harry sintió que se le cortaba la respiración mientras el pecho le oprimía. Sin tiempo para reaccionar, observó impotente la cara de sorpresa de Hermione al ver acercarse a una velocidad vertiginosa el torrente de muerte.
Los acontecimientos se sucedieron con tanta rapidez que en un principio Harry no logró comprender lo que había ocurrido. Una figura se interpuso entre el cuerpo de la chica y el rayo verde, un grito agudo de horror resonó en la cámara y un cuerpo cayó inerte a los pies de Hermione, boca abajo.
Próximo capítulo: La muerte acecha de nuevo
