Este fic es una versión alternativa del sexto libro de la saga. Fue escrito antes de la publicación de "El príncipe mestizo", por lo que sólo tiene en cuenta lo sucedido en la saga hasta el quinto libro, "La Orden del Fénix".
28
Confesiones inevitables
Los Siguientes días en Hogwarts estuvieron cargados de tensión y, por un momento, Harry recordó la atmósfera de temor que se había vivido durante su segundo año en la escuela, cuando la cámara de los secretos fue abierta.
Tras lo ocurrido en la cámara, donde Krum había sido asesinado, un extenso artículo acaparó la primera plana de El Profeta, donde sobre una fotografía del buscador búlgaro, el titular "Viktor Krum asesinado bajo la atenta mirada de Albus Dumbledore" atrajo todo tipo de comentarios. El artículo había dado para mucho y Harry tuvo la impresión de que la escritora, Rita Skeeter (quién si no), había tratado de sacar todo el jugo posible a aquel asunto. Tras exageraciones como "se libró una cruda y encarnizada batalla" y "fuentes fidedignas informan que el buscador parecía ser el objetivo del Señor Tenebroso", se ponía en tela de juicio la capacidad de mando del profesor Dumbledore, pues no era ningún secreto que Viktor Krum había sido asesinado dentro de los terrenos de Hogwarts. Lo único verdaderamente cierto que Rita pudo escribir fue que Harry se había visto envuelto en la lucha, "...ya que Quien-ustedes-saben no descansará hasta haber acabado con la vida de El-niño-que-sobrevivió...". Harry se preguntaba cómo podía haberse enterado Rita de que él había estado presente en la cámara.
Como consecuencia, Harry se vio acosado por sus compañeros, que ansiaban conocer al dedillo lo sucedido en los subterráneos. Afortunadamente, Hermione no había leído el artículo en el periódico y Ginny y Ron se encargaban de espantar a la horda de curiosos que bombardeaban a Harry a preguntas, con lo que la chica no se percató de nada en absoluto. Por otro lado, nadie sabía que Hermione y Ron se encontraban junto a Harry cuando todo sucedió.
Hermione se mostraba taciturna y silenciosa y visitaba con frecuencia la enfermería, donde la señora Pomfrey se encargaba de suministrarle una poción que provocaba que Hermione no supiera siquiera qué pasaba a su alrededor cuando estaba bajo sus efectos. La profesora McGonagall dispuso un par de días después que Hermione disminuyera la dosis de la poción, para terminar por dejarla finalmente.
Harry y Ron no sabían cómo comportarse con su amiga, porque aquella era una situación nueva para ellos. Harry recordó entonces la conversación que había mantenido con Hermione tras la muerte de Charlie: su amiga se había mostrado preocupada por la reacción de Ron, que embargado por la ira y la rabia, había deseado apartarse del mundo entero, o incluso había dicho y hecho cosas inesperadas, como pronunciar por primera vez el nombre de Voldemort. Y ahí estaba Hermione, acomodada en un sillón de la sala común, con la mirada perdida en el paisaje del colegio que avistaba a través de la ventana. Fue entonces cuando Harry se percató de que la reacción de Hermione había sido sumisa, y eso lo preocupaba aún más, pues él había sufrido la pérdida en más de una ocasión y conocía el dolor y la rabia que lo inundaron por completo en aquellos momentos, incluso cuando Ron estalló de aquella manera en la Madriguera, lo comprendió. Pero... ¿Cómo interpretar el comportamiento de Hermione? Acababa de perder a un amigo y Harry tuvo miedo de que Hermione no explotara de pronto, gritara, rompiera cualquier cosa... porque aquello hubiera sido preferible a su quietud y su aparente calma. Harry sabía en el fondo que su amiga se recuperaría, ya que era fuerte y le haría frente a cuanto viniera en un futuro, sin embargo, era difícil infundirse ánimos cada vez que reparaba en su expresión y en su mirada.
Mientras tanto, en el castillo parecía haber cundido el pánico. Tras la publicación del artículo en El Profeta, aquella misma noche y tan sólo habiendo transcurrido un día después de lo ocurrido, el profesor Dumbledore habló ante todo el colegio, relatando en pocas palabras, aunque con sinceridad, todo cuanto había acontecido. Aseguró que Hogwarts era un lugar seguro a pesar de lo sucedido. Por otro lado, la entrada a la cámara secreta había sido sellada y nadie podría volver a entrar o salir de ella jamás. Pero era difícil calmar los ánimos y las lechuzas de varios padres no tardaron en llegar a Hogwarts, incluso la visita en persona de algunos de ellos. Así, unos pocos alumnos abandonaron Hogwarts antes siquiera de que abril llegara a su fin.
En ese preciso momento, Harry tomó verdadera conciencia de la gravedad de lo ocurrido: el mismo Voldemort había logrado acceder al impenetrable castillo, acompañado de varios fieles seguidores y habían asesinado a una persona que nada tenía que ver con sus propósitos. Viktor Krum tan sólo se había encontrado en el lugar equivocado en el momento menos oportuno... Al igual que Cedric Diggory... Y Harry no pudo evitar añadir otro peso sobre su cabeza, pues Voldemort sólo trataba de destruirlo a él y en el camino hacia su objetivo había asesinado a personas inocentes. Personas que, como Diggory o Krum, se habían cruzado en el camino de Voldemort, y él no podía hacer nada por impedirlo... por ahora.
Harry no pudo percibirlo, pero muchos alumnos lo miraban con respeto cada vez que se cruzaban con él en los pasillos. Se había enfrentado en multitud de ocasiones al Señor Tenebroso y aún seguía con vida para contarlo. Si supieran que él, y solamente él, podría marcar la diferencia en un futuro... Y pensar que un año atrás lo habían tomado por un chiflado... Aquello era una prueba de cómo las cosas podían cambiar tanto en tan poco tiempo.
Mientras, Harry recibía casi a diario una lechuza de Lupin, y no sabía por qué, pero aquello lo tranquilizaba.
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El sábado por la mañana, Harry se despertó con la luz del alba y le fue imposible conciliar de nuevo el sueño. Cuando un par de horas más tarde notó un movimiento en la cama de Ron, supo que no era el único que se había desvelado.
-¿Estás despierto? –preguntó Harry a Ron en un susurro para no despertar a sus compañeros.
-Igual que tú... –murmuró Ron, haciendo a un lado la colcha y recostando la espalda contra el respaldo de su cama.
Harry y Ron observaron los bultos que eran sus compañeros y escucharon los ronquidos de Neville, hasta que Seamus se desperezó en su cama y a continuación despertó a voz en grito a sus dos amigos.
Harry y Ron aún deambulaban medio vestidos por la habitación cuando Neville, Dean y Seamus los dejaron solos para ir a desayunar.
Minutos después, alguien llamó a la puerta. Pensando que se trataba de alguno de sus compañeros de dormitorio, que probablemente habrían olvidado algo, Harry musitó extrañado mientras se dirigía hacia la puerta:
-¿Por qué no entran simplemente? Este también es su dormitorio, ni que...
Pero Harry calló al instante, porque ni Dean, Neville o Seamus se encontraban al otro lado de la puerta, sino la persona a la que Harry menos esperaba ver allí.
-¿Puedo pasar? –preguntó Ginny.
Harry se hizo a un lado, dando a entender que no había problema.
-¿Qué haces tú aquí? –inquirió Ron al ver a su hermana.
Ginny solamente se encogió de hombros y se sentó en el borde de la cama de Harry, aún desecha. Aquella escena le resultó un poco extraña a Harry, ya que Ginny jamás había estado antes en su dormitorio, a pesar de ser la hermana de Ron. Miró en derredor, nervioso, y vio que la habitación estaba hecha un desastre, si bien normalmente todo estaba más o menos ordenado y en su sitio. Pero en aquellos momentos, Seamus había dejado su túnica del colegio desperdigada por el suelo, Dean y Neville no se habían molestado en recoger sus libros y el pijama de Harry estaba hecho un ovillo junto a Ginny.
-Podríais ordenar un poco la habitación, ¿no? –dijo la chica mirando a su hermano, que se había repantingado en la cama como si nada.
Harry se dispuso a recoger su pijama, pero Ginny lo detuvo poniendo una mano sobre la suya. Harry creyó... ¡No! Supo a ciencia cierta que su rostro estallaría si no dejaba de sonrojarse cada vez más... y más...
-Era broma –dijo Ginny-. A veces la mía también se parece un poco a esta –señaló los libros en el suelo y luego a Ron-. En la Madriguera, incluso me encuentro de vez en cuando con un hermano de lo más vago muy parecido a ese –Harry rió.
Ron hizo una mueca y se sentó en el borde de su cama. Harry guardó su pijama y ocupó un sitio junto a Ginny.
-¿Qué te trae por aquí? –preguntó Ron-. Sabes que las chicas no pueden entrar en los dormitorios masculinos.
-Lo sé –Ginny hizo un mohín de irritación -. Pero tú no eres un chico, eres mi hermano.
-¿Y Harry?
-No he venido hasta aquí sólo para hablar sobre las normas de...
-¿Y si Neville, Seamus o Dean hubieran estado aquí? –insistió Ron.
-Los he visto salir por el hueco del retrato, por eso he subido. Sabía que estaríais solos –dijo con exasperación.
-¿A qué debemos tu encantadora visita? –preguntó Ron con sarcasmo.
-Es Hermione –contestó Ginny sin mirar a su hermano.
-¿Qué pasa? –el rostro de Ron adquirió una expresión seria.
-No lo sé... Ese es el problema –explicó Ginny-. Últimamente no es la misma, y no digo que no lo comprenda, después de todo lo que ha pasado... –su voz se ensombreció-. Pero... se comporta de un modo tan... distante... que no puedo evitar preocuparme.
Harry y Ron intercambiaron una mirada.
-Parece que todo nos pase a nosotros... –murmuró la pelirroja, cabizbaja y con los ojos fuertemente cerrados. Ginny apoyó la cabeza suavemente sobre el hombro de Harry, que estaba a su lado. El chico observó a Ron con una mirada preocupada y a continuación pasó un brazo por los hombros de Ginny tímidamente. Ron hizo un amago de levantarse, pero al final se quedó donde estaba.
Harry podía entender a la perfección a qué se refería Ginny: primero la desaparición de Sirius tras el velo, luego la muerte de Charlie y ahora el asesinato de Krum. ¿Qué más les aguardaba? ¿Quién más debía morir antes de que la guerra acabara?
-¿Dónde está ahora Hermione? –preguntó Ron, rompiendo el silencio.
Ginny abrió los ojos y levantó la cabeza, pero no se movió ni un ápice del lado de Harry.
-Supongo que en su dormitorio –contestó la pelirroja-. Aún no había bajado a la sala común cuando yo he venido aquí –Ron asintió en silencio.
-Necesita tiempo –dijo Harry casi en un susurro-. No hay nada que podamos hacer.
-Tal vez debamos bajar –dijo de pronto Ginny, poniéndose repentinamente en pie.
-Sí, tienes razón, se hace tarde –respondió Harry, que siguió a la chica hacia la salida. Ron fue el último en salir del dormitorio.
Cuando llegaron al pie de las escaleras, vieron a una única persona en la sala común. Hermione los esperaba de pie junto a la chimenea.
-¿Qué hacíais todos allí arriba? –inquirió la chica con el ceño fruncido.
-Oh, nada –respondió Ginny muy resuelta-. Es que... ¿te puedes creer que llevo estudiando en Hogwarts cinco años y nunca había estado en el dormitorio de Ron y Harry?
Al menos Ginny había conseguido que Hermione sonriera, pensó Harry.
Tras el desayuno en el Gran Comedor, los tres amigos regresaron de nuevo a la sala común, donde Hermione jugó una partida de ajedrez con Harry.
Horas más tarde, después de la comida, Harry y Ron bajaban la escalinata de mármol con sus apuntes de Herbología bajo el brazo, pues necesitaban consultar algunos libros de la biblioteca para hacer su tarea sobre la Milenhya de los bosques. Hermione había preferido quedarse en la sala común, enfrascada en la lectura de un libro muy grueso.
En la biblioteca, Harry y Ron se encontraron con Ginny y Luna, que ocupaban una mesa entera con un montón de libros.
-¿Os importa? –dijo Harry, que se había aproximado a las chicas junto a Ron.
-Claro que no –respondió Luna, observándoles a ambos con sus enormes ojos azules. Ambos tomaron asiento y no tardaron en ponerse manos a la obra.
Cada cual se concentró en sus tareas y apenas levantaron la nariz de sus pergaminos, hasta que Luna se puso en pie y se dirigió con paso rápido hacia la sección de Adivinación en busca de un libro de utilidad para su trabajo: "Indicios del futuro en las ondas acuáticas". Ginny observó la figura de su amiga alejándose y hasta que estuvo segura de que ya había desaparecido entre las estanterías, no volvió la vista hacia Harry y Ron.
-¿Dónde se ha quedado Hermione? –preguntó en un susurro.
Ron dejó de escribir y posó la pluma en el tintero antes de contestar:
-Está en la sala común. Parecía muy ocupada leyendo un libro gigantesco, ya sabes, de esos que a ella le encantan; aunque no ha pasado más de un par de páginas en media hora al menos.
Ginny dirigió la vista hacia Harry entonces, pero éste sólo se encogió de hombros.
-Necesita estar sola, ya os lo he dicho –dijo.
-¿Quién necesita estar sola? –preguntó Luna apareciendo de repente junto a ellos, cargada con un montón de libros y asomando las cejas rubias por encima del tomo de Los misterios de las mareas.
-Hermione –murmuró Ron apartando unos pergaminos de la mesa para que la chica dejara sus libros.
-¿De veras? –inquirió Luna sentándose.
-Sí... Oye, Luna, ¿por qué has escogido un libro sobre calamares? –interrogó el pelirrojo como si quisiera cambiar de tema.
-¿Eh? –Luna le miró con despiste-. Oh, sí, verás, mi padre está desarrollando una teoría sobre las propiedades mágicas de los calamares... He pensado que tal vez podría mencionarlo en el trabajo de criaturas mágicas acuáticas que nos ha mandado Hagrid. ¿Creéis que le gustará? –por suerte continuó antes de que ninguno de los interpelados respondiera-: ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Mi padre me ha asegurado en su última carta que el otro día, en una de sus inmersiones en no sé qué mar, quiso atrapar uno enorme y que al parecer el calamar hizo un encantamiento cegador, porque de repente se quedó todo muy negro...
Harry soltó una carcajada sin poder remediarlo, imaginándose al pobre señor Lovegood aterrado a causa de la "avanzada magia" de la que había hecho gala el calamar. Entre tanto, los dos hermanos se miraban sin saber qué decir, aunque Ron no podía disimular del todo una sonrisilla.
Un fuerte siseo, proveniente del escritorio de la bibliotecaria, hizo que Harry se contuviera a duras penas.
-Y... ¿qué hacía tu padre buceando? –preguntó Ginny con las cejas enarcadas.
-Sus investigaciones en busca de los snorkacks de cuernos arrugados le han llevado hasta los mares del norte –la joven frunció el ceño-, aunque no me lo explico, porque yo siempre había pensado que los snorkacks eran criaturas terrestres... Pero, bueno, es lógico.
-¿Qué es lógico? –preguntó Ron, en voz baja, con todo el aspecto de estar completamente perdido en la conversación.
-Que quiera estar sola –a todos les costó unas milésimas de segundo volver a la conversación anterior. Los dos Weasleys y Harry intercambiaron una mirada a hurtadillas-. Al fin y al cabo, creo que lo que ha ocurrido ha sido muy triste para ella. Hace un par de años a una chica de mi casa le pasó algo parecido, no sé si sabréis de quién hablo. Se llama Cho Chang, ¿os suena?
Ron tosió incomodo, y miro a su hermana de una manera que parecía querer decir algo así como que debía controlar un poco a su amiga. Ginny, sin embargo, sonrió por un segundo. Después volvió a ponerse seria.
-Sí, ya sé que es lógico que quiera estar sola, pero aun así...
-Mira, ese es uno de los fallos de los Gryffindor –soltó Luna despreocupadamente. Los otros tres la miraron sorprendidos, mientras ella ordenaba unos pergaminos-. Siempre creéis que podéis hacerle frente a todo solos, y nunca os gusta pedir ayuda...
-Bueno, al menos nosotros no nos pasamos de listos... –masculló Ron.
Luna le dirigió una mirada penetrante, y si se dio por aludida, no lo demostró:
-¿Lo ves? Ese es el típico orgullo Gryffindor, deberíais saber morderos la lengua en algunas ocasiones, porque por muy valientes que seáis o que os sintáis, la prudencia también suele ser una buena aliada, en vez de ir siempre a lo loco...
-¡Eh! –protestó Harry, asombrado-. ¡Eso no es del todo cierto! ¡Cualquiera que te oiga pensaría que somos unos descerebrados!
-No, no, yo no he dicho eso. Si no, ¿por qué iba a estar yo con vosotros?
-Buena pregunta –dijo Ron para sí mismo.
-Sí que lo es, ¿verdad? –Luna sonrió con ensimismamiento-. En fin, voy a ver si encuentro a la señora Pince para que me apunte estos libros. ¡Nos vemos!
-Sí... –murmuraron Harry, Ron y Ginny viéndola alejarse.
Durante unos minutos, se dedicaron a sus tareas en silencio, hasta que de pronto, como si se hubieran puesto de acuerdo, todos a una levantaron la vista de sus pergaminos y se miraron entre sí.
-¿Creéis que tiene razón? –preguntó de repente Ginny, apartándose un mechón pelirrojo de la cara.
Harry la observó atentamente, mientras le daba vueltas en la cabeza a lo que Luna les acababa de decir.
-¿Te refieres a eso de que los Gryffindor somos demasiado impulsivos?
-Sí... Bueno, y también a que... ¿Cómo ha sido? –se preguntó a sí misma, mordiéndose levemente el labio inferior-. ¡Ah! A que no nos gusta pedir ayuda a pesar de necesitarla...
-Eso es una tontería –dijo Harry-. ¡Nosotros no somos así!
-Bueno, en realidad tu sí –contestó Ron, adquiriendo una mueca de disculpa hacia su amigo, que lo miraba con el ceño fruncido y sin comprender.
-¿A qué te refieres?
-Bueno... Tú nunca dejas que nos inmiscuyamos demasiado en tus problemas porque...
-¡Pero qué dices! ¡Si vosotros sois mis mejores amigos y estáis al tanto de todo lo que ocurre a mi alrededor! –soltó Harry sin pensar, y de pronto recordó la profecía, cuyo contenido era un completo secreto para Ron, Hermione… y también para Ginny.
-Sí, bueno, a veces hay que sacarte las palabras a la fuerza porque...
-¡Yo confío en vosotros! –Harry ya empezaba a sentirse indignado.
-Sí, pero...
-Lo que Ron quiere decir, Harry –empezó Ginny, lanzándole a su hermano una mirada de advertencia, puesto que no se estaba haciendo entender y aquello podía acabar fácilmente en una estúpida discusión-, es que a veces dejas a las personas a las que les importas fuera, sólo porque tratas de protegerlas. Pero de lo que no te das cuenta es que en realidad esa no es una actitud muy acertada, porque esas personas sólo quieren ayudarte. Pero tú, en un intento por apartarlas del peligro, las alejas de ti, y eso no es bueno. No es bueno que te guardes todo para ti –instintivamente Ginny alargó su mano, pequeña en comparación con la de Harry, y la puso sobre la de su amigo, apretándola con suavidad. Él, turbado, se tensó en su asiento, y no quiso mirar a Ginny a los ojos-. ¿Lo entiendes? –tras un lapsus de tiempo, retiró la mano y a Harry le hubiese gustado que no lo hiciera.
-Sí... Pero...
-Aunque no me refiero sólo a eso –lo interrumpió Ginny-. Bueno, en fin, tú sólo haces eso porque te preocupas por tus amigos. Pero Luna también ha dicho que somos demasiado impulsivos...
-¡Pues en eso sí que no tiene razón! –protestó Ron.
-¿Tú crees? No sé... –murmuró Ginny-. Vuestra actitud el día que entrasteis en la cámara demuestra todo lo contrario...
-Explícate –le exigió su hermano.
-Pues... quiero decir que no pensasteis lo que hacíais. Simplemente... lo hicisteis, así, sin más.
-¿Qué querías que hiciéramos? Después de saber lo que iba a pasar... –respondió Harry-. ¿Tú que habrías hecho?
-El caso es que yo también habría ido con vosotros de haberlo sabido –dijo la pelirroja, y volvió a morderse el labio inferior. A Harry le gustaba cuando hacía eso, era tan... Parpadeó varias veces y trató de dejar esos dichosos pensamientos en un lugar muy al fondo de su mente.
-¿Entonces qué estás diciendo? –preguntó Ron, sin entender.
-Aunque yo también lo habría hecho, debo admitir que es un acto muy impulsivo... Después de todo, Luna tal vez tenga razón...
-Pues a mí me da igual –soltó Harry-. No podíamos quedarnos de brazos cruzados y punto. Hicimos lo que teníamos que hacer.
Ron asintió muy satisfecho con la respuesta de su amigo y Ginny le sonrió, dando a entender que estaba de acuerdo.
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Ron emborronó y tachó por enésima vez algunas frases del ensayo de Transformaciones que McGonagall les había mandado escribir: Transfiguraciones en objetos animados. No lograba concentrarse. Arrugó el pergamino hasta convertirlo en una bola y lo echó al fuego. Debía de ser el cuarto. Ron sacó de su mochila los libros de Encantamientos con la intención de empezar la tarea del profesor Flitwick. Tomó la pluma y la dejó suspendida sobre el pergamino, pensando. Parecía mantener una lucha interna consigo mismo; por momentos daba la impresión de que se disponía a hablar, pero no parecía muy decidido. Por fin, tiró la pluma bruscamente sobre la mesa al tiempo que decía:
-Pero... no lo entiendo, ¿para qué arriesgarse a entrar aquí? –se preguntó con el ceño fruncido, mirando con inquietud a Hermione. Lo sucedido en la cámara era un tema delicado y aún era pronto para haberse sobrepuesto a ello-. ¿Por qué sigue Voldemort yendo tras de ti aún? –esta vez se dirigió a Harry en concreto-. Después de todo, él consiguió regresar y la profecía se perdió.
Hermione, que hasta el momento había estado enfrascada en un trabajo larguísimo sobre Aritmancia, escuchó atentamente a Ron. Tras un breve silencio contestó:
-Sí... yo tampoco lo entiendo. Es como una obsesión. Quiere acabar lo que no pudo terminar hace quince años –dijo Hermione quedamente. Harry seguía callado. Había evitado hablar sobre la profecía, pero al parecer, el momento de contárselo había llegado.
Tanto Ron como Hermione miraban expectantes a Harry, que no había abierto la boca desde que había entrado en la sala común. Ya había anochecido y, salvo por algunos alumnos de séptimo que hacían sus tareas en el otro extremo de la sala común, todos habían subido a sus dormitorios. No corrían peligro de ser oídos.
-Bueno, veréis... -Harry se quedó mudo. Tenía una ligera impresión de cómo reaccionarían al saber la verdad.
Ron se acercó más a Harry.
-Tú sabes algo, ¿no es verdad? –le instó Ron.
Harry dirigió su mirada a Hermione, quien se la devolvió a su vez. El muchacho debía de parecer preocupado, porque Hermione le apretó suavemente la mano mientras decía con un tono de voz calmado y afectuoso:
-Harry, sabes que puedes confiar en nosotros. Sea lo que sea, estamos contigo.
-Gracias, Hermione. Es sólo que... tiene que ver con la profecía.
-Pero la profecía se perdió, no... –insistió Ron.
-No –lo cortó Harry-. Se rompió, pero no se perdió. Yo... yo sé lo que decía. Y Dumbledore y Remus también lo saben.
Ron y Hermione intercambiaron una mirada de nerviosismo. Ambos permanecieron en silencio, esperando a que Harry continuara.
-La profecía trataba sobre Voldemort y sobre mí. Aún puedo recordar las palabras exactas: "El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida" –concluyó Harry.
Tanto Ron como Hermione estaban totalmente aturdidos. Él estaba tan pálido que sus pecas resaltaban claramente, mientras que ella tenía los ojos muy abiertos. Fue Ron quien habló primero:
-Pero... eso significa... ¿Qué significa exactamente?
-Significa que la única persona capaz de destruir a Voldemort nació a finales de julio hace dieciséis años. Y ese... soy yo –dijo Harry al fin.
Hermione ahogó un gemido y se tapó la boca con una mano. Harry tragó saliva. Había esperado algo así. Les explicó todo lo que sabía acerca de ello, tal y como había hecho con Neville. Cuando terminó su relato, sus amigos estaban sobrecogidos.
-Dios mío... –alcanzó a decir Hermione-. Harry, el final de la profecía decía... –calló.
-Uno de los dos deberá morir a manos del otro. Si no logro destruir a Voldemort, él acabará conmigo –explicó Harry.
-Por eso te busca, para eliminarte, ¿verdad? –preguntó Ron. Harry asintió-. Porque tú eres el único capaz de derrotarlo...
-Al menos no escuchó la profecía completa –dijo Hermione con evidente alivio-. Pero... Harry, si él te transfirió algunos de sus poderes, eso significa que puedes tener más habilidades ocultas, además del pársely el control mental.
-Vaya... –Ron miraba a Harry, impresionado.
Los tres permanecieron en silencio, concentrados en las llamas del fuego que ardía en la chimenea.
-Sabes lo que eso significa, ¿verdad? –soltó Hermione de repente con la mirada perdida.
-¿A qué te refieres? –preguntó Harry, confuso.
-Me refiero –Hermione levantó la mirada y la dirigió al muchacho-, a que podrías llegar a ser incluso más poderoso que Dumbledore; después de todo, por muy fuerte que él sea, no es capaz de destruir a Voldemort, al contrario que tú. Y puedes ser incluso más poderoso que Voldemort, si finalmente consigues derrotarlo.
Hermione había hablado con mucha elocuencia. Harry se detuvo a pensar; nunca había reparado en ello y la verdad era que no se sentía ni más fuerte ni más poderoso que nadie. Aquella declaración fue recibida por un silencio sepulcral.
-Harry, ¿cómo podía saber Voldemort que ese niño eras tú? –preguntó Ron de repente.
Harry había olvidado mencionar un "pequeño" detalle.
-La verdad es que podía no haber sido yo. Había dos niños magos que coincidían con la descripción de la profecía. Uno era yo y el otro... era... Neville.
Ron no pudo contenerse y profirió un grito.
-¡¿Qué?!
-¡Ron! ¡Shh! ¿Quieres que se entere todo el mundo o qué? –le reprendió Hermione.
Algunos de los alumnos que aún se encontraban en la sala común giraron la cabeza en dirección a ellos, pero continuaron con sus tareas.
-Eso significa que... –empezó Ron.
-Eso no significa nada. Voldemort me eligió a mí, aunque podríamos haber sido cualquiera de los dos –dijo Harry secamente.
-Sí... pero si la profecía decía que... –insistió Ron.
-Olvidas otro fragmento de la profecía. Voldemort señalaría a esa persona como su igual. Y eso es lo que hizo. Me escogió a mí, se identificó conmigo porque soy de sangre mestiza, al igual que él; su padre era muggle y mi madre provenía de familia muggle. No escogió a Neville, que es de sangre limpia, sino a mí. Neville ya no tiene nada que ver. Pudo haber sido él, pero... –concluyó Harry. No quería darle más vueltas al tema. En más de una ocasión se había preguntado qué habría pasado si Voldemort hubiese escogido a Neville. Jamás habría sufrido la pérdida de sus padres. Ellos estarían vivos, Lily y James Potter estarían vivos, y estarían junto a él...
-Pero... sigo sin entender por qué los mortífagos y el propio Voldemort irrumpieron en Hogwarts, quiero decir, él ni siquiera intentó hacerte daño –observó Hermione, sacando a Harry de su ensimismamiento.
-Sí... es cierto... –respondió Ron, pensativo. Parecía haber reparado en algo de repente-. Harry, tú mencionaste algo sobre que la bruja a la que buscaban era Trelawney, ¿no es así? ¿Por qué demonios estaría Voldemort interesado en ella? Si lo que quería era que le echaran las cartas debería haber recurrido a otra bruja; esa farsante no sería capaz siquiera de predecir el tiempo –comentó con sorna.
Harry había olvidado de nuevo mencionar otro "pequeño" detalle: que la persona que había realizado la profecía no era otra que su antigua profesora de Adivinación.
-No entiendo por qué se supone que venían a por Trelawney –objetó Hermione. Harry dejó que sus amigos discutieran la situación, la verdad era que sentía curiosidad por ver adónde llegaban-. Porque veamos, como ha dicho Harry, Voldemort no escuchó la profecía entera, y si como tú dices –explicó dirigiéndose a Harry- lo que busca es completar la información que le falta, la única manera de conseguirlo sería escuchando la propia profecía...
-Sí, pero ya no existe... –interrumpió Ron.
-... así que debe de haber otros métodos. Podría conseguir la información mediante las personas que están al tanto de ello –Harry estaba expectante ante las deducciones de su amiga-, pero solamente lo sabéis Dumbledore, Remus y tú, Harry, sin contar a la persona que formuló la profecía, así que no entiendo qué tiene que ver Trelaw... –en ese momento, tras una larga exposición de su punto de vista, Hermione calló por primera vez, y lentamente sus ojos adquirieron un tamaño desmesurado a causa de la sorpresa-. No puede ser –acertó a decir.
-Pues es –contestó Harry al darse cuenta de que Hermione lo había adivinado.
-¿Qué es lo que no puede ser? –preguntó Ron, confuso.
-La persona que formuló la profecía fue Trelawney –contestó Hermione casi en un susurro, sin poder creer lo que estaba diciendo.
-Estás de broma –dijo Ron a Hermione, para después mirar a Harry, que negó con la cabeza-. ¡Pero no puede ser! ¡Se suponía que era un fraude! No... no es posible...
-Parece increíble, pero así es.
-¿Cómo lo hizo? –preguntó Hermione, aún sin salir de su estupor-. Quiero decir, cómo sucedió, ¿cuándo...?
Harry les relató la historia que se había desarrollado hacía ya dieciséis años en Cabeza de Puerco. Finalmente, Ron y Hermione tuvieron que aceptar que después de todo, la profesora Trelawney no era un completo desastre.
-Y no olvidéis la profecía que formuló después de mi examen de Adivinación, en la que mencionaba el regreso de un vasallo de Voldemort: Colagusano.
-Al final va a resultar que no deberíamos haber dejado sus clases… –dijo Ron con sarcasmo.
-De todos modos, Voldemort no conseguiría nada a través de ella, es incapaz de recordar todo cuanto predice –explicó Harry-; aunque claro, él no está al tanto de ello.
-Vaya... –susurró Ron con la vista fija en su trabajo de Transformaciones a medio acabar.
Harry comenzó a recoger sus cosas, dando por terminada la conversación. Para entonces no quedaba absolutamente nadie en la sala común, y dado que al día siguiente tenían clases, lo mejor sería descansar, no sin antes haber practicado la Oclumancia. Sin embargo, Hermione lo detuvo cuando se ponía la mochila al hombro:
-Harry –dijo inquisitivamente-, ¿desde cuándo sabías todo esto?
Harry intentó evitar los ojos de Hermione. Cuando el profesor Dumbledore le hizo partícipe de la verdad, lo último que en esos momentos le había apetecido era hablar de ello, más aún después de lo ocurrido en el Departamento de Misterios y la repentina perdida de Sirius. Sabía que tal vez debería haber confiado más en Ron y Hermione, pero, a decir verdad, no se sentía lo suficientemente fuerte como para contárselo a nadie. En aquellos instantes apenas podía creer en la profecía, y haber revelado la verdad en voz alta, habría significado aceptarla y hacerle frente, algo para lo que entonces no estaba preparado. Se sentía distinto al resto del mundo, y no quería que los demás supieran de la existencia de aquella diferencia y lo apartaran. Habría deseado poder negar y mandar al garete todo lo sucedido, pero sabía que tenía una gran responsabilidad, la responsabilidad de hacerle frente en un futuro a Lord Voldemort, el único culpable de haberlo convertido en quien era: el único mago con la oportunidad de derrotarlo.
-Harry... –Hermione trató de atraer su atención.
-Dumbledore me puso al corriente de todo la noche en que Sirius... murió –contestó Harry con un nudo en la garganta.
Parecía que sus amigos esperaban más explicaciones.
-Después de salir del Departamento de Misterios, Dumbledore me explicó todo acerca de la profecía en su despacho. Hacia años que debería habérmelo contado, de haber sido así yo habría sabido que lo único que Voldemort buscaba era conducirme hasta el Ministerio para robar la profecía que él mismo no era capaz de conseguir –Ron y Hermione, que se hallaban de pie junto a Harry, escuchaban atentamente-. Pero no pudo contarme la verdad. Me dijo que había sido incapaz, que pensaba que aún era muy joven... aunque sabía que debía haberlo hecho.
-Si lo sabías desde aquella misma noche, ¿por qué no nos dijiste nada? –preguntó Hermione con voz apagada.
Harry se encogió de hombros y levantó la vista hacia sus amigos. Había pensado que quizás se enfadarían cuando se enteraran de que les había ocultado algo tan importante, pero no era así.
-Supongo que... no sé –parecía imposible explicar cómo se sentía-. Cuando lo supe no quería hablar de ello, y luego... Creo que no encontré el momento adecuado, o no quería encontrarlo, mejor dicho.
Hermione posó una mano sobre el antebrazo de Harry, en señal de comprensión, mientras Ron le sonreía amistosamente.
-Harry, puedes contar con nosotros para lo que sea, ya lo sabes –dijo Hermione-. Si algo te preocupa, tal vez nosotros podamos ayudarte –a su lado Ron asintió vigorosamente-. No tienes porqué cargar tú solo con todo.
Harry dibujó una pequeña sonrisa en su rostro. A continuación, Hermione recogió sus libros de la mesa que habían ocupado y subió las escaleras hacia el dormitorio de las chicas tras darles las buenas noches. Harry y Ron intentaron no despertar a sus compañeros, que dormían plácidamente.
-Oye, Harry... –dijo Ron mientras ambos se deshacían del uniforme-. Puede que yo no sepa expresarme tan bien como Hermione, pero... bueno... eres mi mejor amigo y... –Ron se retorcía las manos intentando buscar las palabras adecuadas.
-Lo sé –dijo Harry, que sabía qué era lo que trataba de decir.
-Para lo que sea, ya sabes...
-Gracias, Ron.
Harry se recostó en su cama de dosel, pensando que pasara lo que pasara, como Ron y Hermione habían dicho, ellos estarían allí.
