Este fic es una versión alternativa del sexto libro de la saga. Fue escrito antes de la publicación de "El príncipe mestizo", por lo que sólo tiene en cuenta lo sucedido en la saga hasta el quinto libro, "La Orden del Fénix".


30

Weasley contra Potter

Fue la semana más larga en la vida de Harry. No parecía existir la solución para arreglar el completo desastre que se había originado a partir de un simple beso. Harry había tratado de hablar con su amigo, o mejor dicho, ex-amigo, pero Ron lo ignoraba totalmente. Ni siquiera había mirado a Harry a los ojos ni una sola vez tras su discusión frente al retrato de la Señora Gorda.

Afortunadamente, Harry no volvió a ver el Departamento de Misterios en sueños, ni aquella sala circular con todas sus puertas. Se había propuesto no ver nunca más aquel lugar, y por ello, se esforzaba al máximo en sus clases de Oclumancia. Incluso Snape parecía impresionado con sus progresos, aunque no lo admitiera ni bajo amenaza de muerte.

Harry traspasó el hueco del retrato frotándose la dolorida cabeza tras la última sesión de Oclumancia y vislumbró a Hermione en la sala común rodeada de libros que tenían toda la pinta de ser sobre Aritmancia. Harry se desplomó en un sillón junto a su amiga y la saludó con un gesto.

-¿Cómo te encuentras? –preguntó Hermione, preocupada.

-Me duele un poco la cabeza –respondió el aludido.

-No me refería sólo a eso.

-¿Tú qué crees? –respondió Harry con hastío.

-He hablado con Ginny y... –comenzó Hermione con cautela.

-Prefiero no saberlo –murmuró Harry con tristeza.

-Creo que eres tú quien debe hablar con Ron, Harry. Pienso que...

-¿Lo dices en serio? –la interrumpió Harry-. Sé perfectamente que soy yo quien tiene que hablar con Ron. ¡Y créeme cuando digo que lo he intentado! Pero no está muy por la labor de escuchar lo que yo tenga que decir... –terminó con amargura.

-No podéis continuar así. Tú eres su mejor amigo y...

-Lo sé y no sé qué hacer –dijo Harry con pesadumbre.

-Quisiera ayudarte, pero yo tampoco veo una solución fácil –Hermione cerró de golpe su libro de Aritmancia-. Cada vez que trato de hablar con él sobre lo ocurrido me fulmina con la mirada, y no veas lo que eso intimida...

Harry no dijo nada mientras observaba en silencio a unos alumnos de primero construir un castillo de naipes.

-Harry, yo... no quisiera parecer entrometida –comenzó Hermione con mucha precaución-, pero... me gustaría saber qué es exactamente lo que sientes por...

Pero Hermione calló casi al instante, ya que algo había acaparado la atención de Harry: Ron acababa de traspasar el retrato de la Señora Gorda y al ver que Hermione se encontraba en la sala común con Harry, subió las escaleras en dirección a su dormitorio.

-Se acabó –dijo Harry firmemente al tiempo que se ponía en pie-. Va a tener que escucharme.

Dejando a Hermione con la palabra en la boca, siguió el camino que Ron había tomado y abrió la puerta de su dormitorio, donde Seamus, Dean y Neville jugaban una partida de gobstones. Harry dio un portazo, con lo que atrajo la atención de todos sus compañeros.

-Tenemos que hablar, Ron –dijo Harry con determinación.

Ron arrojó su mochila con fiereza a un rincón de la habitación e ignoró por completo a su amigo.

-¡¿Es que no me has oído?! –gritó Harry.

Mientras Harry se aproximaba unos pasos más a Ron, escuchó un tímido murmullo proveniente de Seamus (Yo diría que sí...). Ron observó impasible a Harry sin pronunciar una palabra.

-¿Cuánto tiempo más piensas continuar con esto? –preguntó Harry, aunque para el caso que Ron le hacía, lo mismo hubiese dado que hablara con la pared.

-¡Fuera! –gritó Ron de espaldas a Harry mientras hurgaba en su mochila como si buscara algo.

Neville, Dean y Seamus dejaron todo cuanto tenían entre manos y, muy serios, se dispusieron a dejar solos a Harry y Ron, aunque tal vez debieran quedarse junto a la puerta, por si ocurría una desgracia.

Ron dio media vuelta a tiempo de ver cómo Neville, Dean y Seamus se encaminaban hacia la salida del dormitorio. El pelirrojo observó la escena con el ceño fruncido.

-¡Vosotros no! ¡Él! –exclamó Ron con exasperación al tiempo que señalaba a Harry sin tan siquiera mirarlo.

Harry, harto del obstinado comportamiento de su mejor amigo, decidió no mover un pie de aquel dormitorio. Aquella misma tarde solucionaría las cosas con Ron, aunque tuviera que hacerlo a la fuerza si era preciso, se dijo a sí mismo.

Harry dirigió una mirada de disculpa a sus tres compañeros por tener que presenciar semejante disputa, en la que, desde luego, no tenían por qué verse involucrados. Harry le hizo un gesto a Neville para que los dejaran solos, sin embargo, él, Dean y Seamus parecían dudar acerca de qué decisión tomar. Aquella situación resultaba un tanto extraña: por un lado, Ron ocupaba un lugar al fondo del dormitorio, visiblemente enfadado; Harry, por el contrario, se encontraba cerca de la puerta de entrada a la habitación; y por último, estaban Neville, Dean y Seamus, que sin saber aún qué hacer, se habían quedado a medio camino hacia la salida, entre Harry y Ron.

Finalmente, los tres chicos abandonaron el dormitorio, con la esperanza de que sus dos compañeros limaran asperezas.

-Ron, tienes que escucharme, por favor –dijo Harry, ansioso, que necesitaba con urgencia que su amigo entendiera lo ocurrido.

-Dame una buena razón para hacerlo.

-Necesito que entiendas lo que de verdad sucedió, porque no quisiera que un malentendido arruinara nuestra amistad y... –comenzó Harry.

-¿Un malentendido? –Ron observó fijamente a Harry con dureza-. ¿Un... malentendido? ¿Y qué se supone que no he entendido todavía? Tú besaste a Ginny en el campo de quidditch, ¿no es cierto? –pronunció aquellas palabras con deliberada lentitud y esperó una respuesta por parte de Harry.

-Sí, pero... –Harry trató de excusarse, sin éxito.

-Exacto. Y fuiste tú también quien dijo claramente que, a pesar de todo, Ginny y tú no salíais juntos, ¿me equivoco? –continuó Ron a la vez que se aproximaba a Harry.

-No, es verdad, pero... –Harry se preguntó en ese momento si Ron estaría lo suficientemente furioso como para pegarle un puñetazo.

-Entonces, ¿qué se supone que es lo que no he entendido hasta ahora? Besaste a Ginny y después, ¿simplemente no ha pasado nada? ¿A qué demonios estás jugando, Harry?

-Parece que no me conocieras...

-¿Sabes? Tal vez sea así. Pensé que eras diferente y por eso creí que serías el adecuado para Ginny, pero eres como todos los demás... –dijo Ron con amargura.

-No sabes lo que dices... –Harry se frotó la nuca, incómodo. Realmente le había dolido lo que Ron había dicho.

-¿Ah, no? ¿Eso crees? –Ron se acercó a Harry, apuntó a éste con el dedo índice y lo clavó en su pecho, al tiempo que decía con frialdad-: No vuelvas a acercarte a mi hermana o me olvidaré de que alguna vez fuimos amigos.

Ron dio media vuelta como si diera la conversación por zanjada y dejó a Harry plantado en medio del dormitorio, sintiéndose estúpido por haber creído que podía arreglar las cosas.

-Después de todo, no parece que hayas entendido nada... –dijo Harry con un deje de decepción en la voz.

-¡No pienses que voy a permitir que te besuquees ocasionalmente con mi hermana como si...! –gritó Ron fuera de sí, encarando a Harry.

-¡Cállate de una maldita vez y escúchame! –Harry gritó aún más alto que su amigo con la intención de hacerse oír-. ¡Jamás he tratado de jugar con Ginny, de eso puedes estar seguro! ¡Ella me importa de verdad! ¡Estoy enamorado de tu hermana, Ron! –tras gritar a los cuatro vientos aquello que durante tanto tiempo había callado, se sintió mucho más aliviado.

Ron no supo qué decir en un principio, entre otras cosas porque no estaba acostumbrado a escuchar hablar de ese modo a su amigo. Se sentía como si le hubieran abofeteado. Miró ceñudo a Harry y logró articular un par de palabras.

-Pero... ¿Qué...?

-Exactamente lo que has oído –afirmó Harry con aspereza-. Es cierto que besé a Ginny en el campo de quidditch, de eso no hay ninguna duda, ¿verdad? Tú mismo lo viste –por primera vez, Ron escuchaba a Harry-. Pero parece que hay algo más que se te pasó por alto, y que hasta ahora no me has dado la oportunidad de explicarte. Besé a Ginny porque... bueno, porque... –Harry se sonrojó llegado a ese punto.

-Porque estás... enamorado de ella –Ron repitió en un murmullo las palabras de Harry, entendiendo que no era fácil decirlo en voz alta.

-Sí. Y no lo hice creyendo que se trataba de un juego, yo... nunca le haría daño...

-¿Y qué fue lo que pasó, entonces? –inquirió Ron, aún dispuesto a poner en tela de juicio la palabra de Harry.

-¿Es que aún lo has entendido? Ella me rechazó –respondió Harry con desazón; decirlo en voz alta dolía.

-Pero... pero eso no... –balbuceó Ron, confundido.

-¡Oh, así que presenciaste el beso con todo detalle, pero no te diste cuenta de que ella no estaba interesada en mí! –dijo Harry con sarcasmo.

Harry se sentó en su cama y Ron se quedó de pie, con las manos en los bolsillos.

-Yo... supongo que... No sé... No vi que... –farfulló Ron, avergonzado.

-Ya…

-Lo siento –se disculpó Ron tomando asiento junto a Harry.

-No importa. De todos modos entiendo que te comportaras como un paranoico –bromeó Harry tratando de suavizar el ambiente-, porque Ginny es tu hermana pequeña y tu deber como hermano mayor es protegerla.

-Aún así, lo siento. No te di ocasión de explicarte y... ¡He organizado una buena! ¿No crees? –dijo Ron llevándose una mano a la cabeza y alborotándose el cabello.

Harry no pudo evitar sonreír antes de decir:

-Me alegro de que lo hayamos arreglado a tiempo.

Un silencio prolongado se adueño de la habitación.

-En cuanto a Ginny… ¿Ella sabe que tú…? –Ron dejó la pregunta en el aire.

-No –contestó Harry con rotundidad-. No se lo he dicho. ¿Para qué? No tengo ninguna posibilidad con ella.

-Podrías habérmelo contado, yo...

-¿Cómo iba a decirte algo así, precisamente a ti? ¡Eres su hermano! Pensé que me matarías si te enterabas... –respondió Harry con incredulidad.

-¿Lo dices en serio? –preguntó Ron con las cejas enarcadas-. ¿Por qué pensabas algo así?

-No sé... –dijo Harry irónicamente-. ¿Los nombres de Michael Corner y Dean Thomas te dicen algo?

-¡No irás a compararte con ellos! –exclamó Ron, sorprendido-. Tú siempre has sido la mejor opción.

-No exageres, sólo soy como el resto... –Harry parafraseó las palabras de su amigo minutos antes.

-No seas idiota, no pienso realmente eso… Me he dejado llevar por la rabia –se disculpó Ron-. Si Ginny tiene que estar con un chico... bueno... esperaba que fueras tú, y cuando os vi en el campo de quidditch... Imaginé lo que no era...

-Yo también imaginé lo que no era –murmuró Harry, apesadumbrado-. Por un momento pensé que... pero no.

-Sigo pensando que deberías decirle a Ginny lo que realmente sientes, porque... –ahora que todo había quedado claro, Ron quería ayudar a Harry.

-No insistas, Ron. Las cosas están muy claras –sentenció Harry con firmeza.

-Si yo hablara con Ginny...

-¡¿Estás loco?! –Harry se puso en pie, alarmado-. ¡Ni se te ocurra! Si me entero de que...

-¡Tranquilo, tranquilo! No era más que una idea...

-Ya te he dicho que no tengo nada que hacer –dijo Harry cansinamente-. Ya es difícil tener que encontrarme con ella todos los días, y no digamos mantener una conversación coherente... Nunca podré volver a mirarla a los ojos sin sentirme como un completo idiota...

-Lo siento.

-No sé cómo pude atreverme a dar ese paso... Era consciente de que no habría marcha atrás y aún así... –Harry volvió a desplomarse en su cama.

Ron tomó una rana de chocolate de la mesilla de Harry y se la pasó a su amigo, que la agarró en el aire.

-¿Cambiarías lo sucedido si pudieras? –preguntó Ron recordando lo que había estado a punto de ocurrir entre él y Hermione durante el castigo de Binns meses atrás.

-No lo sé... A veces pienso que... –Harry hizo una pausa-. Si no la hubiera besado, seguiría sin saber si pudo haber algo entre nosotros, y supongo que me habría arrepentido de no hacerlo... –Harry dejó volar a su mente inconscientemente hasta aquella noche en el campo de quidditch, recordando cómo se había sentido.

-Bueno, y... entonces... ¿Qué hay de Cho? –se atrevió a preguntar Ron, como quien comenta el tiempo-. Porque yo pensaba que quizá ella aún podía interesarte. ¿Definitivamente ya no...? –Ron dejó inacabada la frase. Harry se sorprendió por la pregunta, cuya respuesta, pensó, era obvia.

-Lo de Cho fue... no fue nada en realidad –contestó finalmente Harry-. Pero Ginny... –bajó la mirada hacia la rana de chocolate que aún no se había comido. ¿Por qué todo tenía que salirle siempre tan mal?

-Tal vez Hermione... –Ron seguía intentando que Harry no tirara la toalla.

-No. Ni tú, ni Hermione, ni nadie –dijo Harry dando por finalizado el asunto-. Se acabó.

-¿Y qué me dices de Eddie Carmichael? –preguntó Ron con una expresión burlona en el rostro-. Puede conseguirte un filtro amoroso a muy buen precio.

Harry le tiró su almohada a Ron y ambos rieron.

-¿Por qué no lo pruebas con Hermione? –respondió Harry mordazmente.

Ron se desplomó en la cama de dosel, junto a su amigo.

-Somos un desastre, ¿verdad? –dijo Ron.

-Sin duda –corroboró Harry.

-0o0o0o0o0o0-

Cuando un par de horas después Harry y Ron aparecieron juntos en la sala común, Hermione tuvo que ahogar un grito de alegría para no llamar la atención de todos los presentes.

-Sabía que al final lo arreglaríais. Sois tan tontos los dos...

-Gracias, Hermione, eso ha sido muy halagador –comentó Ron con sorna.

-Oh, vamos, no podéis vivir el uno sin el otro –reiteró Hermione de lo más contenta-. Bueno... ¿Ninguno de los dos va a explicarme nada?

Harry consultó su reloj y dijo sin hacer caso a Hermione:

-¡Vaya, fijaos qué hora es! Si no nos damos prisa llegaremos tarde a la cena.

Había acordado con Ron no volver a hablar del tema. Harry creía que Hermione sabía lo justo y a decir verdad no deseaba dar más explicaciones.

Cuando tomaron asiento en la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor, Neville, Dean y Seamus los observaron con inquietud, aunque pronto comprendieron que todo volvía a la normalidad. Sin embargo, los acontecimientos de aquella noche aún no habían acabado. Cuando Ginny traspasó las puertas del comedor y vislumbró en la mesa de Gryffindor que su hermano volvía a sonreír junto a Harry, dirigió una dulce sonrisa a éste último, que hizo que se derritiera por dentro como la mantequilla. Ron, consciente de la situación, le propinó un codazo a Harry en las costillas y le obsequió con una mirada de complicidad. Pero Harry, alarmado por que alguien pudiera darse cuenta, acalló a su amigo metiéndole en la boca un pedazo de pan.

-0o0o0o0o0o0-

Todo había vuelto de nuevo a la normalidad, y Harry no pudo estar más contento, a pesar de que junto con la renovada amistad con Ron, las discusiones de éste con Hermione habían vuelto a estar al orden del día otra vez. Por desgracia, Harry creía que su relación con Ginny nunca volvería ser la misma.

Lo único que lamentaba en ocasiones era que Ron estuviera al tanto de sus sentimientos por su hermana, ya que cuando ésta aparecía en el mismo lugar donde ellos se encontraban, Ron no apartaba la mirada de Harry, como instándole a que de una vez por todas se decidiera a hablar con la pelirroja. Desde luego, Harry aún conservaba algo de cordura y no pensaba remover lo ocurrido con Ginny ni en sueños.

Sin embargo, Ginny no era lo único que ocupaba el pensamiento de Harry. Al parecer, Hagrid había vuelto a meterse en algún lío, porque cuando Harry y Ron se dirigían hacia los terrenos para su clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, fue la profesora McGonagall quien hizo acto de presencia en el lugar anunciando que Hagrid no se encontraba en condiciones para dar la clase. De modo que ambos regresaron al castillo, a la espera de la llegada de Hermione de su clase de Aritmancia.

-¿Que Hagrid ha faltado a la clase de hoy? Qué raro... –comentó Hermione cuando le pusieron al corriente.

-Lo sé. Creo que deberíamos ir a verlo –respondió Harry con decisión.

-No recuerdo haberle visto a la hora del desayuno, ahora que lo pienso. Pero tal vez sólo esté enfermo... –dijo Hermione, dubitativa.

-Conociendo a Hagrid... lo dudo –contestó Harry al tiempo que salía por el retrato de la Señora Gorda seguido de cerca por Ron y Hermione.

Los tres amigos cruzaron los terrenos del colegio rápidamente y en pocos minutos se presentaron en la cabaña de Hagrid. Harry tocó la puerta de madera con fuerza y la enorme figura de Hagrid apareció en el umbral.

-¡Hola, Hag...! ¡¿Qué demonios te ha pasado?! –exclamó Hermione al ver el semblante de su amigo.

Hagrid se hizo a un lado y dejó que los tres jóvenes entraran en la cabaña. El aspecto de Hagrid era lamentable: tenía un ojo tan hinchado que apenas podía abrirlo y su rostro estaba cubierto de arañazos, por no mencionar el leve cojeo de su pierna derecha. Se sentó pesadamente frente a la mesa después de servir té en cuatro tazas.

-¿Se puede saber qué te ha pasado, Hagrid? –preguntó Harry tomando asiento, sobrecogido por el estado del semigigante.

-No tiene importancia, chicos –contestó vagamente Hagrid-. Bueno... decidme, ¿qué tal las clases? Pronto llegarán los exam...

-¿Que qué tal las clases? –le interrumpió Ron con incredulidad-. ¡Desapareces todo el día, te encontramos con la cara hecha un mapa y lo único que se te ocurre decir es... qué tal las clases!

Hermione, que observaba a Hagrid con la angustia dibujada en su rostro, preguntó con cautela:

-¿Grawp ha vuelto a las andadas?

-No... Grawp no tiene nada que ver en esto –Hagrid desechó la idea con rapidez-. Olvidaos del asunto, no os concierne...

-¡Pero, Hagrid...! –protestó Hermione-. Si eso no te lo ha hecho Grawp... ¿Qué ha pasado entonces?

Hagrid se recostó en su silla con una expresión de hastío en la cara y Harry intuyó lo que estaba pensando: él, Ron y Hermione no cesarían en su intento por averiguar lo ocurrido y tal vez decirles la verdad resultara más práctico, en lugar de esperar a que investigaran por su cuenta, lo que habitualmente les llevaba a encontrar más problemas. Decidido, el semigigante apoyó sus enormes brazos sobre la mesa y dijo con firmeza:

-Está bien, quiero que me prometáis que lo que voy a deciros no saldrá de aquí.

Harry, Ron y Hermione asintieron al mismo tiempo.

-El caso es que... ayer me adentré en el bosque para visitar a Grawp –comenzó Hagrid-. Cuando me dirigía de nuevo a los terrenos, de vuelta a casa... me cruce con los centauros.

-¡Oh, no! –Hermione ahogó un gemido-. Entonces...

-Sí, Hermione, esto –Hagrid señaló su amoratada cara- me lo hicieron los centauros... Las cosas se están poniendo feas... muy feas.

Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada de preocupación. Sabían que la situación con los centauros no era precisamente lo que se conoce por cordial, pero no imaginaban que la cosa pudiera acabar tan mal...

-Pero, ¿por qué te atacaron? –preguntó Ron.

-Veréis, hace unos meses Dumbledore decidió enviar un representante del colegio al Bosque Prohibido para estrechar lazos con los centauros. Por supuesto, Firenze quedaba fuera de los planes. Habría sido imposible que después de internarse en el bosque, saliera con vida de él… Ya sabéis lo que ocurrió entre Firenze y su manada… –dijo Hagrid con gesto hosco-. Como decía, Dumbledore tenía la intención de llegar a un acuerdo con los centauros, de mejorar las relaciones entre ellos y los magos. Yo me presenté voluntario, porque evidentemente conozco el bosque como la palma de mi mano, pero Dumbledore desechó la idea porque conoce mi situación con esas estúpidas mulas –hizo una pausa para beber un poco de té-. Necesitábamos un aliado entre los centauros, un aliado que los convenciera de que no serviría de nada quedarse a un lado en esta guerra contra Quien-vosotros-sabéis, y que al mismo tiempo tratara de que aceptaran de nuevo a Firenze en la manada. Así contaríamos con un amigo entre los centauros. Pero no era un trabajo fácil, claro... Ya sabéis que los centauros amenazaron con matar a todo aquel que se acercara a "su territorio". Pero finalmente, Dumbledore encontró a esa persona.

-¿Quién? –preguntó Harry con curiosidad.

-El profesor Binns –contestó Hagrid.

-¿Binns? –dijo Ron con una mueca de sorpresa en el rostro.

-Eso fue lo mismo que pensé yo al principio –continuó Hagrid-. Tiene un carácter demasiado... pasivo, y no creí que le interesara la tarea. Pero Dumbledore estaba seguro de que el profesor Binns desempeñaría un buen papel. Y por increíble que parezca, el profesor aceptó.

-¡Claro! –exclamó Hermione dando un puñetazo en la mesa que hizo temblar las tazas-. ¿Recordáis que hace meses os dije que había visto al profesor Binns adentrándose en el Bosque Prohibido? –dijo dirigiéndose a Harry y Ron. Ambos asintieron, comprendiendo al fin.

-Como decía, Binns se mostró de acuerdo con el plan, y no era mala idea: si finalmente las cosas no salían según lo previsto, el profesor no podría sufrir ningún daño porque, en fin… ya está muerto. Dumbledore creyó que Binns conseguiría dar un paso adelante en la relación con los centauros al recordarles su participación junto a los magos en antiguas guerras, luchando juntos codo con codo y venciendo… Con un poco de suerte, acabarían entendiendo que sus antepasados habían hecho lo correcto al pelear a nuestro lado, y que había llegado la hora de que ellos hicieran lo mismo… Pero los centauros no nos han puesto las cosas fáciles… dijo Hagrid con amargura.

-¿Es que acaso el plan no funcionó? –preguntó Hermione.

-De eso puedes estar segura –afirmó Hagrid tristemente-. Al principio todo marchaba según lo previsto. En su primera visita al bosque el profesor Binns no tuvo problemas. Pero hubo... ciertos inconvenientes.

-¿A qué te refieres? –inquirió Ron.

-Bueno, veréis...

-No me digas que Grawp tuvo algo que ver esta vez... –musitó Hermione, muy perspicaz.

Hagrid les dirigió a sus amigos una mirada de disculpa.

-¡Oh, no! –exclamó Hermione-. ¿Qué fue lo que pasó?

-Pues... bueno... Sabéis que la relación entre Grawp y los centauros nunca ha sido buena. En una de las conversaciones con los centauros, el nombre de Grawp salió a relucir. Los centauros no tenían más que quejas sobre de su presencia en el bosque. Por supuesto, Binns no sabía nada acerca del tema y cuando trató de hacérselo ver a los centauros, ellos pensaron que habían tratado con un charlatán y que Dumbledore no estaba dispuesto a asumir las responsabilidades que conllevaba el haber permitido que Grawp permaneciera en el bosque...

-Vaya... –susurró Hermione con lástima.

-Sí... todo se echó a perder por mi culpa... –masculló Hagrid-. Binns se vio en la obligación de poner al corriente de lo sucedido a Dumbledore, aunque antes tuvo el detalle de venir a hablar conmigo. Los centauros dijeron que yo había visitado a Grawp a lo largo de los meses, por eso supo que yo estaba involucrado en el asunto...

-¿Qué pasó entonces?

-El profesor Binns y yo nos reunimos en el despacho de Dumbledore y le expliqué toda la historia, desde el momento en que abandoné las montañas hasta hoy. Por suerte, Dumbledore encontró una solución y... –Hagrid calló al instante, al darse cuenta de que había estado a punto de revelar información confidencial.

-¿Sí? –le instó Harry.

-No, ya sabéis suficiente, este tipo de asuntos sólo atañen a los miembros de la Orden –dijo Hagrid con firmeza.

-Pero Hagrid, aún no nos has contado como te hicieron eso –dijo resuelta Hermione, señalando el magullado rostro de Hagrid.

-Oh, bueno... traté de arreglar las cosas con esas mulas cabezotas –espetó el semigigante-. Lo último que quería era que tuvieran una mala opinión sobre Dumbledore… Después de todo, yo era el único responsable de Grawp. Así que me adentré en el bosque con la intención de aclarar las cosas, pero no parecían dispuestos a perder el tiempo con palabras... A pesar de todo, logré que me escucharan.

-Bueno, entonces... eso significa que todo está arreglado.

-No exactamente, Hermione –contestó Hagrid, desanimado-. Si bien es verdad que la relación con los centauros ha mejorado y al menos respetan a un gran mago como Dumbledore, no están dispuestos a ayudar. No piensan tomar ninguna postura en esta guerra. Hemos tratado de convencerlos de lo contrario, argumentando que Quien-vosotros-sabéis no tendrá piedad y arrasará con todo lo que encuentre en su camino, incluso con los centauros, si ellos se interponen en sus planes… Pero no atienden a razones. Según sus palabras, "el futuro se muestra incierto y tormentoso, sólo las estrellas y las constelaciones pueden darnos las respuestas que buscamos e interponernos en los designios del destino es un error que no estamos dispuestos a cometer" –Hagrid repitió las palabras de los centauros con rabia-. Lo único que hacen es quemar hierbajos y observar el cielo embobados, como si los problemas fueran a arreglarse solos.

Harry dio un sorbo a su té sin saber qué decir. Miró a Hermione, que parecía preocupada, y a Ron, que acariciaba las orejas de Fang distraídamente.

-¿Sabéis? –dijo de pronto Hagrid-. Tal vez sea necesario que ocurra una verdadera desgracia entre los suyos para que se den cuenta de que esta guerra nos atañe a todos. No pueden esconder la cabeza, porque aunque por ahora permanezcan a salvo, llegará un momento en que Quien-vosotros-sabéis y sus tropas intenten alcanzar estos páramos, y entonces... entonces tendrán que tomar una decisión –las palabras de Hagrid reflejaban su amargura.

Harry desvió la vista hacia el linde del bosque, que se divisaba desde la ventana de la cabaña. Los centauros concentraban sus fuerzas en asuntos demasiado banales. Observar las estrellas... Leer el destino en el cielo... Harry pensó que todo aquello era una perdida de tiempo, porque cada cual forjaba su propio destino. ¿O acaso todo estaba predestinado ya? ¿Quizá su lucha final contra Voldemort estaba ya escrita en el firmamento, donde sólo los centauros podían descifrar los entresijos del futuro, y por esa razón no querían tomar parte en algo que ya estaba decidido?

Harry, Ron y Hermione salieron de la cabaña de Hagrid antes del anochecer.

-Ahora entiendo el comportamiento del profesor Binns –comentó Hermione mientras caminaban por los terrenos en dirección a la escuela.

-¿A qué te refieres? –inquirió Harry.

-¿Recuerdas que Ron y yo tuvimos que hacer un trabajo para clase de Historia de la Magia? –preguntó Hermione y Harry asintió-. Bueno, el caso es que durante un tiempo el comportamiento de Binns fue muy… raro, parecía alguien completamente distinto; de repente se convirtió en un profesor duro y demasiado exigente…

-Y crees que se debe a lo ocurrido con Grawp y los centauros –dijo Harry.

-Estoy segura –afirmó Hermione con rotundidad-. Además, mientras Ron y yo cumplíamos castigo en su despacho, encontramos en su escritorio un libro sobre gigantes. Supongo que después de conocer la existencia de Grawp, se interesó por los de su especie…

-¿Cuál creéis que puede ser la solución que Dumbledore ha encontrado? –preguntó Ron al tiempo que cruzaban las puertas de roble.

-Ni idea –contestó Hermione.

-Aún así, los centauros siguen sin estar dispuestos a ayudar, ya habéis oído a Hagrid. Y tal vez Firenze nunca pueda regresar al bosque –dijo Harry.

-Es una lástima –comentó Hermione-. No creo que Hogwarts sea el sitio donde desee pasar el resto de su vida. Su lugar está en el bosque, con los suyos.

-A lo mejor la solución de la que Hagrid hablaba era esa: que Firenze al fin puede regresar sin problemas al bosque –expuso Ron con optimismo.

-Yo no estaría tan segura –Hermione arrugó la nariz-. De todas formas, pronto lo sabremos: si Firenze permanece en el castillo por más tiempo, significará que continúa sin poder entrar al bosque.

Y casualidades de la vida, cuando se encontraban junto a la escalinata de mármol, pudieron ver con sus propios ojos cómo Firenze salía del aula once, donde a partir de su llegada al colegio impartía las clases de Adivinación. El centauro, al percibir la presencia de Harry, le dirigió una penetrante mirada a modo de saludó, que el chico respondió con un movimiento de cabeza. A continuación, Firenze abandonó el castillo y se perdió en los jardines del colegio.