Este fic es una versión alternativa del sexto libro de la saga. Fue escrito antes de la publicación de "El príncipe mestizo", por lo que sólo tiene en cuenta lo sucedido en la saga hasta el quinto libro, "La Orden del Fénix".
31
La Copa de Quidditch
El sábado después de comer Harry se dirigió al campo de quidditch, pero no como jugador, sino como mero espectador. El partido Slytherin-Ravenclaw había levantado mucha expectación, porque si Slytherin ganaba, significaría que la Copa de Quidditch sería para ellos, independientemente de lo que sucediera en el partido Gryffindor-Hufflepuff del sábado siguiente.
Acompañado por Ron, Harry encontró un buen lugar en las gradas desde el que podrían ver el partido. Hermione no había querido acompañarlos, pues había comenzado a estresarse por el poco tiempo que faltaba para el comienzo de los exámenes y había preferido quedarse en la sala común.
-No dudes que Slytherin jugará más sucio que nunca –dijo Ron con un tono de voz teñido de desprecio.
-Sí, van a intentar ganar la Copa por todos los medios –contestó Harry-. Y no creo que les sea muy difícil ganar este partido, porque Ravenclaw no está haciendo muy buena temporada.
Uno borrones azules comenzaron a salir de los vestuarios, a la vez que Dean gritaba los nombres de los jugadores. Con cada nombre el estadio rugía con los gritos de apoyo y los aplausos de todas las casas, salvo Slytherin. Pero estos no fueron menos cuando su equipo salió al campo, y Harry pudo ver que Pansy Parkinson y otros Slytherins agitaban una gran bandera verde con una serpiente plateada.
-¡Hunter coge la quaffle y se dirige a los postes de Marsh! ¡Interceptado por la bludger de Goldstein, suelta la pelota, pero la recoge Warrington y continúa hacia la guardiana! ¡Primer gol de Slytherin!
La grada verde prorrumpió en gritos de alegría. Tres minutos después, Slytherin volvió a marcar, adelantándose demasiado pronto en el marcador. La guardiana de Ravenclaw, Marsh, era de segundo, por lo que era su primer año en el equipo. Así que por mucho que lo intentara, no podía parar los fuertes tiros de Warrington y Hunter, ambos de séptimo y grandes como gorilas. Por suerte, diez minutos después y situándose el marcador cincuenta a cero a favor de Slytherin, Michael Corner consiguió superar a Blaise Zabini y marcó el primer tanto de Ravenclaw.
-Hola, chicos.
Harry y Ron se giraron y vieron a Luna tras ellos, luciendo un gran sombrero azul con una gigantesca águila que batía las alas para festejar el gol de su casa.
-¿Os importa que vea el partido con vosotros? En mi sitio unos chicos de Slytherin se estaban gritando con otros de Ravenclaw.
Sin esperar respuesta, Luna tomó asiento junto a Harry.
-Buen partido, ¿verdad? –preguntó después de que Greenway marcara el setenta-diez.
-Luna, Slytherin va ganando por sesenta puntos –comentó Harry, tras lo cual no pudo evitar una mueca de dolor al ver el golpe que una bludger había propinado a Bradley en plena cara-. Y además ahora hay un jugador menos.
Bradley tuvo que bajar de la escoba a causa del golpe, por lo que, efectivamente, Ravenclaw se quedó solamente con seis jugadores. Comenzaron los abucheos y los silbidos por parte de las tres cuartas partes de los aficionados, sentenciando a Goyle, que había sido el autor del golpe de bludger. Lejos de lo legal, el Slytherin había retenido la escoba de Bradley por la cola y le había lanzado la bludger con todas sus fuerzas. Respondiendo a las quejas, la señora Hooch pitó penalti a favor de Ravenclaw, permitiendo que Corner marcara el segundo gol.
El partido volvió a la normalidad, aunque los dos únicos cazadores que tenía ahora Ravenclaw, Corner y Quirke, eran acosados por los jugadores de Slytherin. Malfoy daba vueltas en su Nimbus 2001 alrededor del campo en sentido contrario a Cho, y Harry estaba seguro de que cada vez que se cruzaban él le dedicaba algún comentario insidioso a la buscadora.
-Vamos a ganar de todas formas –insistió Luna-. Nuestra buscadora es mejor que ese chico rubio de Slytherin.
Harry y Ron intercambiaron una mirada que demostraba claramente su conformidad.
Parecía que tras el primer ataque serio de Slytherin, al dejar a Ravenclaw en desventaja de jugadores, el equipo de la casa de Luna había reaccionado. Así, en poco tiempo, consiguieron reducir la diferencia a treinta puntos, quedando setenta-cien a favor de Slytherin, con todo el estadio prorrumpiendo en aplausos casa vez que el equipo azul marcaba. Sin embargo, esto no hizo más que enfurecer a Slytherin, que volvió a tomarla con los jugadores, esta vez con la guardiana de Ravenclaw, Marsh.
Siguiendo una táctica que empleaban a menudo, los dos bateadores de Slytherin lanzaron ambas bludgers contra la guardiana, permitiendo que Greenway marcara diez puntos de desventaja, y Hunter otros diez. Pocos minutos después, la guardiana aún estaba conmocionada, por lo que Hunter pudo volver a marcar dos goles, doblando a Ravenclaw en puntuación. Corner y Quirke intentaban por todos los medios conseguir la quaffle, pero las bludgers y los propios cazadores se lo impedían.
Finalmente, cuando Warrington dribló a Marsh y coló la pelota roja por el aro izquierdo, todos los presentes vieron a Cho y Malfoy dirigirse velozmente desde extremos opuestos hacia el centro del campo, donde Harry pudo observar que la snitch permanecía quieta, aleteando. Todos los jugadores se sobresaltaron al ver pasar a los buscadores velozmente junto a ellos, ocasión que aprovechó Warrington para volver a marcar.
-¡La snitch no se mueve y parece que Chang y Malfoy van a llegar a la vez hasta ella! –gritó Dean por el megáfono, mientras todo el estadio contenía la respiración, atentos al inminente choque de los dos buscadores-. ¡Ay, por poco!
Harry y Ron suspiraron de alivio cuando vieron que Malfoy frenaba para evitar la colisión, permitiendo que Cho continuara a la caza de la snitch, que salió volando hacia arriba cuando sólo estaba a diez centímetros de sus manos. La buscadora hizo ascender su escoba, seguida de Malfoy, que había reaccionado demasiado tarde. Cho atrapó la snitch y Dean proclamó el resultado a gritos:
-¡Ravenclaw ha ganado! ¡Doscientos veinte puntos de Ravenclaw contra ciento sesenta de Slytherin! ¡Slytherin pierde por la ineptitud de su buscador...!
-¡Thomas, ya basta! –espetó la profesora McGonagall.
En las gradas, tres cuartas partes del público aplaudían y vitoreaban, cubriendo los abucheos de Slytherin. Luna abrazó a Harry y a Ron al mismo tiempo y se despidió atropelladamente para celebrarlo con sus compañeros de casa. Junto con el resto de los espectadores, los dos chicos salieron del estadio en dirección al castillo mientras comentaban el partido, con la certeza de que esa noche habría una fiesta en la sala común de Ravenclaw.
Harry y Ron decidieron ir a la sala común a buscar a Hermione para la cena, pero no hizo falta, porque en cuanto cruzaron las puertas del castillo se cruzaron con ella en el vestíbulo.
-Slytherin ha perdido, ¿verdad? –dijo ella con una sonrisa.
-Sí, ¿cómo lo sabes? –preguntó Harry.
-Lo supuse después de oír a Warrington gritándole a Malfoy algo sobre que era un cobarde al frenar y cederle el paso a Chang.
-Creo que es la primera vez que le doy la razón a un Slytherin –sentenció Harry, tras lo cual entraron en el Gran Comedor.
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El resultado del último partido había sido tan inesperado como satisfactorio para el equipo de Gryffindor. Tan sólo faltaba un partido para que acabara la temporada, y ese sería el que enfrentara a Gryffindor y Hufflepuff. La puntuación final de Ravenclaw era de trescientos veinte puntos, y a falta del partido final Hufflepuff llevaba doscientos setenta. Por el momento, Gryffindor tenía trescientos setenta, pero sólo necesitaban marcar tres goles el próximo sábado para estar a la altura de Slytherin, con sus cuatrocientos puntos.
Por esa razón, los Slytherins parecían más enfadados con los Gryffindors que de costumbre, pues sentían que les iban a robar la Copa de Quidditch otro año más.
El martes a las cinco, todo el equipo de quidditch de Gryffindor se hallaba en el campo listos para entrenar, sintiendo que, una vez más, tenían la Copa al alcance de la mano. Durante más de media hora el entrenamiento se desarrolló con normalidad, con todos los jugadores dando el máximo de sí mismos. Ginny, Yioko y Katie tenían que hacer auténticos esfuerzos para esquivar las bludgers de Kirke y Sloper, mientras que Ron veía muy difícil frenar los lanzamientos de los cazadores, aunque hacía algunas paradas que a Harry le parecieron espectaculares. Por su parte, Harry perseguía la snitch, que ya había atrapado dos veces, tras haberle dado unos segundos de ventaja antes de seguirla.
Volaba a muy poca altura, prácticamente a ras del suelo, siguiendo los repentinos cambios de dirección de la dorada pelota, cuando un dolor muy fuerte en la cicatriz le hizo olvidarse por completo del entrenamiento. Se obligó a continuar con el control de la Saeta de Fuego, pero la vista se le nublaba, y sintió que se deslizaba por el palo de la escoba...
Frente a él, reunidos en formación de círculo, distinguió a una docena de siluetas enmascaradas en una amplia habitación con pareces de piedra.
-No es posible que cuenten con uno –dijo uno de los mortífagos-. Cuando estuvimos allí...
-Acabas de oírlo, Macnair –le interrumpió Harry-. ¡Uno de ellos está de su parte y puede que otros sigan su ejemplo! –bramó enfurecido.
-Señor, podemos solucionarlo –interrumpió una bruja que Harry reconoció como Bellatrix Lestrange-. Mandaremos a alguien ahora mismo...
-No –la cortó Harry con frialdad-. Ahora no. Está demasiado cerca de...
-¡Harry!
Notaba que estaba tirado en el suelo, y oía las voces del resto de su equipo de quidditch a su alrededor, pero no se sentía con fuerzas para abrir los ojos. Estaba tan cansado...
-¿Hay que llevarle a la enfermería? –oyó que preguntaba Andrew Kirke.
-No, ya vuelve en sí –contestó Ron
Harry abrió los ojos y vio que Ginny y Ron estaban agachados sobre él. El resto del equipo lo miraba también con aire preocupado.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Ron ayudando a Harry a recostarse.
-Nada, creo que he hecho un viraje demasiado brusco con la escoba –respondió Harry restándole importancia, aunque le lanzó una significativa mirada a Ron, que captó la indirecta.
-Vale, creo que podemos dar por terminado el entrenamiento de hoy –dijo Ron ayudando a Harry a ponerse en pie.
Cuando el resto de jugadores se dispersaron, Ron se volvió hacia Harry y susurró:
-¿Has tenido otra visión sobre Voldemort?
Harry asintió en silencio y ambos se pusieron en marcha hacia la sala común sin pasar por los vestuarios, mientras Katie y Ginny recogían el material de quidditch. De camino al castillo, Harry le relató a Ron lo que había visto.
-Vaya. Es extraño, ¿verdad? Quiero decir... esta vez ni siquiera estabas dormido.
-Voldemort debía de estar realmente furioso. De lo contrario, sus pensamientos no habrían irrumpido en mi mente de una manera tan brusca.
Pasaron a través del retrato de la Señora Gorda y se dirigieron a su habitación, tras cerciorarse de que Hermione no estaba en la sala común.
-¿Vas a contárselo a Dumbledore? –preguntó Ron entrando en su dormitorio, donde no había absolutamente nadie.
-Supongo que sí, aunque no he entendido ni una palabra de lo que decían. Pero tal vez para Dumbledore sí tenga sentido.
Harry se dirigió a su armario y sacó su pensadero. Recordó su visión, aplicándose la punta de la varita a la sien, y una hebra plateada quedó colgando de ella al separarla de su cabeza. Harry dejó la hebra en el pensadero, donde apareció inmediatamente la imagen de una sala repleta de mortífagos. Ron se acercó para observar también la superficie de la vasija y preguntó en un murmullo:
-¿Crees que ahí estará el que…?
Harry entendió que se refería al mortífago que había asesinado a Charlie, y sintió un nudo en la garganta.
-No lo sé –Harry suspiró dejando el pensadero sobre su cama y caminó hacia la puerta. Esperaba que Ron lo siguiera, pero, por el contrario, al darse la vuelta vio que el pelirrojo seguía contemplando la vasija ensimismado y con los ojos como platos.
-¡Yo conozco a ese hombre! Trabaja en el Departa…
-¡Ron! –gritó Harry al ver como su amigo tocaba sin querer la superficie del pensadero y era absorbido por él. Sin pensárselo dos veces, Harry se acercó a la vasija y se introdujo también en ella.
Unos segundos después, se encontró en una sala oscura repleta de personas. Junto a él, Ron tenía los ojos desorbitados.
-Harry… ¿Dónde estamos? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
-Estamos dentro de mi pensadero, Ron. Lo has tocado y has sido absorbido por él.
-¿Quieres decir que estamos dentro de tus pensamientos? ¡Qué cosa más extraña! –Ron cambió su expresión de sorpresa por otra de curiosidad-. ¿Y ellos no nos ven? –preguntó señalando a los mortífagos, que seguían hablando como si tal cosa.
-No –respondió Harry y de repente recordó-. ¿A cuál de ellos dices que conoces?
-A ése, el que está junto a la puerta –señaló Ron acercándose al hombre, que a Harry le resultó familiar-. Estoy seguro de que trabaja para el Ministerio. Se llama Fireman o algo así. Mi padre lo conoce.
-No querrás decir Fearman, ¿verdad? –preguntó Harry recordando repentinamente un nombre escuchado en otra visión hacía ya bastante tiempo.
-¡Eso! Sí, es Fearman. Es un inefable. O al menos lo era...
-Y lo sigue siendo. Es un espía de Voldemort –Harry cogió del brazo a Ron y le dijo-: Tenemos que salir de aquí y decirle a la Orden que Fearman trabaja para Voldemort.
Sin esperar respuesta, tiro de su amigo y ambos salieron del recuerdo de Harry.
-¿Vamos a decírselo a McGonagall? –preguntó Ron. Harry asintió y ambos se dirigieron al despacho de la profesora de Transformaciones a toda prisa.
La profesora McGonagall se mostró muy sorprendida al oír lo que los dos chicos le contaban. Por supuesto, Harry omitió el hecho de que hubiera tenido una visión, y simplemente dijo que lo había averiguado examinando visiones anteriores. Puede que por esa razón la profesora no se mostrase muy convencida, pero aún así prometió a Harry y Ron que la Orden lo investigaría, y los mandó al Gran Comedor para la cena.
Hermione se interesó mucho por todo lo relacionado con el inefable y la visión de Harry, y durante toda la cena no pararon de hablar entre susurros sobre aquel asunto, asegurándose de que nadie a su alrededor los escuchase. Después de subir a la sala común, los chicos pretendían seguir con el tema, pero Hermione prácticamente los obligó a terminar sus deberes. Harry agradeció en el fondo la perseverancia de su amiga: era preferible acabar por la noche las tareas de Encantamientos y Pociones que dejarlo para el día siguiente, cuando seguramente estaría agotado por los entrenamientos de quidditch, diarios aquella semana (la última antes del partido final).
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Tras la última visión de Harry durante el entrenamiento de quidditch, todas las mañanas Ron y él se abalanzaban sobre El Profeta de Hermione a la hora del desayuno, ansiosos por saber si ya habrían desenmascarado a Fearman. Pero como todas las mañanas, se sintieron desencantados al comprobar que no era así.
-No pueden apresar a alguien de la noche a la mañana, Ron –replicó Hermione el viernes durante el desayuno, después de que su amigo criticara la ineptitud del Ministerio-. Necesitan reunir pruebas…
-Pues en segundo sí que apresaron a Hagrid y lo llevaron a Azkaban sin ningún indicio que pudiera demostrar su culpabilidad –contestó el pelirrojo, y Harry asintió a su lado.
Hermione se conformó con resoplar y continuó leyendo el periódico, evitando una discusión.
Aquella misma noche, a Harry le era casi imposible conciliar el sueño. Por una parte, Neville roncaba en todo su potencial, produciendo un ruido extrañísimo que no dejaba que Harry pegara ojo; y por otra parte, tal vez los nervios por la proximidad del partido de Gryffindor contra Hufflepuff habían estresado a Ron, porque no paraba de hablar en sueños y balbucear incoherencia como "Penalti a favor de Gryffindor..." y "No puede expulsarme del partido, no he cometido ninguna falta...". En fin, que para Harry aquella estaba siendo una noche bastante movidita…
De repente, los ronquidos de Neville parecieron escucharse desde la lejanía, como si alguien hubiese bajado el volumen. Harry se encontró en poco segundos en un pasillo muy poco iluminado, tan sólo una hilera de antorchas que pendían de las paredes dejaban ver a duras penas el camino que recorría. Caminaba deprisa, casi corría, ansioso. Paró en seco frente a una puerta negra y la abrió. Todos sus movimientos eran seguros, sabía a donde quería llegar y necesitaba hacerlo cuanto antes. Cruzó la puerta y vio ante sí una sala circular. Continuó andando hasta situarse frente a otra puerta, pero no hizo nada, absolutamente nada. Sólo observaba la puerta con avidez, como si fuera a conseguir abrirla con la mirada. Pero la puerta se mantenía cerrada, igual que al principio.
Harry despertó de un brinco en su cama de dosel, empapado en sudor frío. De nuevo aquella visión del Departamento de Misterios, justamente cuando más convencido estaba de que no volvería a ver aquella maldita puerta... Después de que su corazón recuperara su ritmo normal, Harry se recostó de nuevo en la cama y cerró los ojos, tratando de serenarse. Lo único por lo que debía preocuparse en aquellos días era por el siguiente partido de quidditch, sin ninguna otra distracción, y mucho menos por aquella puerta que no debería haber visto siquiera.
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El domingo amaneció nublado, pero a lo largo de la mañana fueron apareciendo claros, y para la hora de comer el sol brillaba con fuerza. Después de desayunar, Harry reunió al equipo de quidditch en la sala común. El partido se celebraría después de comer, así que tenían toda la mañana para repasar las tácticas de juego con ayuda del campo de quidditch en miniatura que Hermione le había regalado a Harry por Navidad. Los siete jugadores estaban nerviosos, puesto que la Copa estaba al alcance de sus dedos, sólo tenían que jugar un buen partido, como Harry repetía cada cinco minutos.
-El año pasado ganamos... ganasteis a Hufflepuff –dijo Harry recordando amargamente que él había estado suspendido del equipo por culpa de la profesora Umbridge-, y la Copa fue para nosotros. Hoy tenemos que hacer exactamente lo mismo. Hemos mejorado como equipo y podemos volver a conseguirlo. En cuanto terminéis de comer quiero veros en los vestuarios, ¿de acuerdo?
Los demás murmuraron una respuesta de asentimiento y cada cual se fue por su lado para disfrutar de la hora libre que quedaba antes de la comida.
-¿Preparados para el partido? –preguntó Hermione cuando los chicos se acercaron a la butaca donde ella estaba sentada leyendo con Crookshanks sobre las rodillas.
-Sí –respondió Harry mientras que con un golpe de varita detenía las figuritas que se movían por el campo de quidditch en miniatura-. No hay por qué ponerse nervioso.
Aún así, tras la comida, cuando todo el equipo se reunió en los vestuarios, el nerviosismo podía palparse en el ambiente. Y no sólo por parte de los jugadores, también entre la marea de gente que entraba poco a poco en las gradas del campo se percibía un ambiente excitado e inquieto que no podía pasar desapercibido. Incluso antes de que los jugadores saltasen al campo, el nombre de las dos casas contrincantes era coreado por cientos de alumnos. Tanto era así, que cuando Harry y sus compañeros salieron del vestuario, se impresionaron por el bramido que les recibió.
-¡Y para el que va a ser el último partido del curso, aquí tenemos al equipo de Hufflepuff! –gritaba Dean Thomas, cuya voz amplificada por un megáfono mágico era difícil de oír por encima del estruendo que formaban los aplausos, gritos y silbidos con los que se recibía a los jugadores vestidos de amarillo-. ¡Smith, Zeller, Goldman, Peters, Finch-Fletchley, Summerby y Hegger! ¡Y en el equipo contrario, Gryffindor… –continuó Dean mientras Harry y su equipo salían al campo-. ¡Bell, Weasley, Yioko, Sloper, Kirke, Weasley y Potter!
La señora Hooch se adelantó hacia los jugadores. A su orden, Harry y Hegger, el capitán de Hufflepuff, se dieron la mano. A continuación, con una patada en el suelo, quince escobas se elevaron en el aire y dio comienzo el partido.
-¡Allí va Smith con la quaffle! Esquiva a Bell y Yioko, se dirige como una flecha hacia Weasley… ¡Ah! ¡Pero Ginny Weasley se interpone en su camino y le roba la pelota! Hay que recordar que Gryffindor debe conseguir por lo menos doscientos puntos si pretende llevarse la Copa. ¡De vuelta al partido, Zeller con la quaffle, pero una bludger de Kirke le obliga a hacer un extraño giro y se le escapa de las manos! La pelota en posesión de Gryffindor, y Bell vuela hacia el guardián Finch-Fletchley y… ¡Marca! ¡Primer tanto para Gryffindor!
Mientras Harry oía los comentarios de Dean, no dejaba de dar vueltas alrededor del campo buscando la pelota dorada. Un par de metros por debajo de él, el otro buscador, Summerby, tomaba la misma ruta que Harry. No hubo novedades sobre la snitch hasta que el partido iba treinta a veinte a favor de Hufflepuff. Justo en el momento en el que Zacharias Smith marcó el tercer gol, el buscador de Hufflepuff salió lanzado hacia el extremo izquierdo del campo, y Harry lo siguió enseguida, aunque todavía no había visto la snitch. Solamente cuando alcanzó al otro buscador, Harry pudo ver un reflejo dorado. Pero no podía atrapar la snitch tan pronto si querían sobrepasar a Slytherin en puntuación, debía esperar a que su marcador estuviese a cincuenta. Indudablemente, Hufflepuff tenía claro que era imposible conseguir la Copa de Quidditch y sólo pretendía ganar el partido, por lo que su buscador pretendía atrapar la snitch cuanto antes. Harry no podía permitirlo, así que recordando una de sus jugadas en otro partido años atrás, se cruzó en el camino de Summerby cortándole el paso. Éste tuvo que frenar para evitar el choque, y cuando volvió a mirar a su alrededor, la snitch había desaparecido.
-¡Potter acaba de evitar que Summerby consiguiera finalizar con el partido! ¡Con este gol que acaba de marcar Ginny Weasley los dos equipos están empatados a treinta puntos! ¡Ay! ¡Una bludger casi derriba a Sloper! Pero el bateador se recupera y le envía otra bludger de regreso a Hegger. ¡Magnífica parada de Weasley! ¡Cómo ha mejorado este guardián en el último año!
Por unos segundos, Harry se encontró desconcentrado mirando el partido, y horrorizado, buscó con la mirada a Summerby. Suspiró de alivió al verlo dando vueltas al campo. Tampoco había ni rastro de la snitch, en cambio, una bludger pasó rozándole una oreja, pero Harry se retiro a tiempo. Mientras tanto, Yioko, que se encontraba muy cerca de los aros de gol, perdió la quaffle por culpa de una bludger. Además, Peters le había lanzado también la otra bludger, de modo que con dos golpes certeros Yioko fue derribado de su Nimbus 2000.
-¡Vaya golpe el de Yioko! –exclamó Dean-. Parece que se ha roto algo y es retirado del campo de juego. Zeller ha recogido la quaffle, se la pasa a Goldman… ¡Marca el quinto gol de Hufflepuff! ¡Atento la próxima vez, Ron!
Katie y Ginny fueron pasándose la quaffle hasta llegar a los aros de Finch-Fletchley, que miraba atento el juego de ambas. Harry aprovechó que volaba cerca y pasó como una centella frente al guardián, distrayéndolo, gracias a lo cual Ginny consiguió marcar.
-¡Sigue ganando Hufflepuff cincuenta a cuarenta! ¡Y continúa el partido!
En los veinte minutos siguientes, Gryffindor, aun con sólo dos cazadoras, consiguió adelantar a Hufflepuff en el marcador ochenta a setenta. Desde que Harry había interceptado a Summerby no había vuelto a ver la snitch, y ahora, al igual que el buscador de Hufflepuff, buscaba la pelota alada con ahínco. Hufflepuff marcó dos veces más, una de ellas por los pelos, y se situó diez puntos por encima de Gryffindor. Aquel partido se le estaba haciendo excesivamente largo a Harry, que buscaba la snitch con desesperación.
De repente, la vio. Se hallaba muy cerca de los postes de Ron y podría alcanzarla en pocos segundos. El problema era que si la perseguía desde la dirección en la que estaba, la pelota podría volar hacia Summerby. Sin perderla de vista, Harry dio un rodeo para acercarse desde la dirección contraria. Entonces el otro buscador se percató de la extraña maniobra de Harry, y al mismo tiempo la snitch comenzó a moverse, alejándose de los buscadores. Harry aceleró, seguido de Summerby. Oyó un griterío, signo de que alguno de los dos equipos había marcado. Pero Harry sólo estaba concentrado en atrapar la pelota. Poco a poco, le iba sacando más ventaja a su perseguidor, pero la pelota hizo un viraje brusco que favorecía mucho a Summerby. Harry aceleró al máximo la Saeta de Fuego. Una bludger pasó frente a Summerby, refrenándolo, y los dos buscadores se encontraron a la par. Un metro por delante, como de avanzadilla a ellos, volaba la snitch. Harry alargó la mano, maldiciendo por los escasos centímetros que le faltaban para tocar las extendidas alas de la pequeña pelota. Sólo faltaba un poco…
-¡Potter ha atrapado la snitch! ¡Gryffindor gana el partido y la Copa de Quidditch!
El estadio entero rugió cuando Harry se alzó con la pequeña pelota entre los dedos. Al llegar al suelo, Ron y Ginny, con el resto del equipo detrás, corrieron a abrazarlo. Muchos compañeros de la casa de Gryffindor bajaron también al campo para palmear a los jugadores, a la vez que cantaban y aplaudían.
-¡Gryffindor gana la Copa de Quidditch! –seguía gritando Dean Thomas como un loco-. ¡Todo el equipo sube a recogerla de manos del profesor Dumbledore!
Harry se apartó de Hermione, que le estaba felicitando efusivamente, y encabezó a todo el equipo en su marcha para recoger la Copa. Cuando la recibieron de manos del profesor Dumbledore, entre Ron y Harry la alzaron, sintiéndose eufóricos. Después se la pasaron a una emocionada profesora McGonagall y volvieron a sumergirse en la marea de gente que los felicitaba.
-¡Hay que ir a darle la buena noticia a Hagrid! No ha venido a ver el partido; qué raro, ¿no? –dijo Hermione cuando la gente ya había comenzado a dispersarse.
-Vale, pero démonos prisa –contestó Ron, junto a Ginny-. Según los rumores, en la sala común se está preparando una fiesta que ha agotado todos los suministros de Eddie Carmichael.
Afortunadamente para Ron, Hermione ya se encaminaba hacia la salida del campo de quidditch y no pudo escucharle.
-¡Harry, el final del partido ha sido una auténtica pasada! –exclamó Ron con entusiasmo-. Justo cuando tú estabas persiguiendo la snitch, Ginny ha marcado un gol, y hemos quedado empatados a noventa con Hufflepuff. Y entonces tú y Summerby…
Siguieron comentando el partido mientras los cuatro juntos atravesaban los terrenos en dirección a la cabaña. Ginny aún tenía anudada al cuello una bandera en la que se leía "Gryffindor campeón" y Ron llevaba un estandarte de la casa sobre el hombro.
Finalmente, llegaron ante la puerta de la casa de Hagrid. No parecía que hubiera nadie en el interior. Harry llamó a la puerta con fuerza, pero no obtuvieron respuesta.
-¿Hagrid? –Hermione volvió a llamar con insistencia.
Ginny, más práctica, se subió a una enorme calabaza que había apoyada contra la cabaña para poder alcanzar a mirar por la ventana.
-Aquí dentro no ahí nadie, sólo está Fang.
-¿Dónde se habrá metido?
-Ni idea, pero está claro que aquí no pintamos nada; así que… ¿por qué no volvemos a la fiesta? –Ron dio media vuelta y los demás lo siguieron.
Cuando ya se habían alejado unos pocos metros de la cabaña, un estruendo acompañado de un rugido surgió de las profundidades del bosque. Los cuatro amigos se giraron alarmados.
-¿Qué ha sido eso? –preguntó Hermione con los ojos muy abiertos.
-En el bosque hay todo tipo de criaturas –susurró Ginny muy seria.
-Hagrid debe de estar con Grawp –murmuró Ron con el ceño fruncido, pensativo.
-¿Con Grawp? –Ginny arrugó la nariz.
Ron se mordió el labio inferior, consciente de su metedura de pata, al tiempo que recibía un manotazo por parte de Hermione. Harry, sin embargo, miraba pensativo en dirección al bosque. Cuando Ginny volvió a abrir la boca para repetir la pregunta, el muchacho se giró hacia ella con determinación:
-Escucha, no deberías saber esto, pero dadas las circunstancias… Si te lo contamos es porque no va a salir de aquí, ¿verdad? –Ginny asintió firmemente con la cabeza-. Grawp es… Verás, cuando Hagrid fue a las montañas… Lo cierto es que... –Harry resopló contrariado, sin saber muy bien cómo explicar aquello. Entonces hizo un gesto impaciente con las manos y soltó a bocajarro-: Grawp es el hermano gigante de Hagrid, se lo trajo al volver de su misión en las montañas el curso pasado.
Ginny tardó unos instantes en reaccionar. Al principio parecía que pensaba que Harry le estaba tomando el pelo, pero acto seguido su rostro adquirió un rictus de confusión:
-Pero un semigigante… ¿Hay un semigigante en el bosque?
-No, es un gigante puro, quítale lo de "semi" –murmuró Ron con amargura-. Si cuando le conozcas te confunde con una antorcha, no te preocupes, le suele ocurrir.
-Pero…
Hermione se llevó un dedo a los labios para que todos se callaran. Tenía una expresión de nerviosismo en el rostro.
-¿Habéis oído eso? –susurró Hermione.
Un extraño sonido, muy débil pero continuado, llegaba desde el bosque. Era parecido al ruido que producen las hojas secas cuando algo se desliza sobre ellas.
-Puede que Hagrid tenga problemas –Harry se dispuso a entrar en el bosque, pero Hermione lo retuvo.
-¡No! Recuerda lo que nos dijo Hagrid de los centauros.
-¿Y si le ha pasado algo?
El ruido volvió a sonar, más cerca que antes.
-Ese ruido no lo hace Grawp –Ron esquivó a Hermione y se precipitó en dirección al linde del bosque.
-¡Ron, no entres! –la advertencia de Hermione no sirvió de mucho: el pelirrojo se internó en la maleza de todos modos-. Se ha vuelto loco.
-Ya, bueno, pero no hay más remedio que seguirle –murmuró Harry encogiéndose de hombros y apresurándose a ir tras su amigo.
Los tres corrieron en dirección al bosque y, súbitamente, escucharon un resoplido y un sonido sordo, como si alguien se hubiera caído al suelo.
-¿Ron? –llamó Ginny con nerviosismo mirando a su alrededor e intentando distinguir a su hermano.
-…toy aquí... –se oyó a unos metros de donde se encontraban.
En unos segundos se reunieron con el pelirrojo, que intentaba incorporarse al tiempo que se frotaba la rodilla izquierda.
-¿Qué haces en el suelo? –preguntó Hermione recuperando el resuello.
-¿A ti qué te parece? Estaba echando una cabezadita –masculló Ron, que empezó a mirar entre los matorrales ante la incomprensión de los demás.
-Ron, si estás buscando a Hagrid, no creo que necesites mirar a la altura del suelo –comentó Ginny.
-Aquí hay alguien –respondió el pelirrojo sin detenerse.
-Pues yo no veo nada –espetó Hermione.
-¿Crees que me he caído a propósito?
-Eh…
-Me he tropezado con algo invisible.
Harry prestó atención a su amigo al escuchar aquello:
-¿Qué quieres decir?
Ron resopló con impaciencia:
-Luego os lo explico, pero ahora ayudadme a encontrar a ese bicho. Aunque estoy seguro de que no era un animal.
-¿Por qué? –preguntó Hermione con suspicacia.
-Porque cuando nos hemos tropezado ha dicho algo que haría que te dolieran los oídos.
Los cuatro empezaron a mover los brazos a poca altura del suelo. Sin embargo, al cabo de diez minutos seguían sin encontrar nada y empezaban a sentir calambres en la espalda de estar tanto tiempo agachados en esa incómoda postura.
-Como esto haya sido una broma, Ron... –empezó Hermione con las manos en los riñones.
-¡Shhh! –chistó Ginny instándoles al silencio.
Los cuatro se callaron y contuvieron la respiración. Se percibía débilmente el sonido que producía el roce de "algo" con las plantas.
-¡Mirad! –exclamó Harry señalando unos arbustos que se movían por sí solos-. Intentemos cerrarle el paso.
Los cuatro se separaron, siguiendo el movimiento de las plantas e intentando rodear a "aquello". Poco después llegaron a un claro. Cada uno de ellos estaba en uno de los lados de la explanada.
-Esta ahí –murmuró Ron observando con ojos entrecerrados el espacio que había entre ellos.
-¿Cómo lo sabes? –preguntó Hermione, que estaba justo enfrente de él.
-Tú hazme caso –el pelirrojo miró hacia Harry-. Hermione y yo correremos hacia el centro para cogerle, Ginny y tú preparaos para atraparlo por si se escapa. Hermione, uno, dos y… ¡tres!
Ron y Hermione se precipitaron hacia el centro, pero en el último instante el ser invisible se movió para esquivarles y la chica soltó un chillido breve al ver que Ron y ella se precipitaban a gran velocidad el uno contra el otro.
-¡Ayúdame, Ginny! –exclamó Harry mientras sus dos amigos caían en un lío de piernas y brazos.
Con ayuda de la pelirroja, Harry consiguió atrapar un bulto invisible.
-¿Lleva una capa de invisibilidad? –Ginny respiraba entrecortadamente intentando sujetar al ser, que se debatía incansable.
-Espera… ¡Desmaius! –Harry había apuntado en dirección a donde creía que estaba el desconocido y, acto seguido, a Ginny se le resbaló de entre las manos un bulto pesado, cayendo hasta dar contra el suelo con un golpe sordo. El muchacho se arrodilló en el suelo y creyó reconocer lo que veía o, mejor dicho, lo que no veía-: Es un encantamiento desilusionador. Hermione, necesitamos tu ayuda.
Ginny y Harry se volvieron hacia donde estaban sus amigos. Ron y Hermione estaban tendidos en el suelo, uno al lado del otro. La muchacha se frotaba la cabeza con aspecto desorientado y el chico se tapaba la nariz con ambas manos:
-Por Merlín… No, si cuando yo digo que tienes la cabeza más dura que una piedra... –Ron dejó a la vista una aparatosa hemorragia nasal-. ¿Te encuentras bien?
-¿Hmmm? Sí, creo –Hermione se puso en pie a trompicones y se acercó a Harry y Ginny-. ¿Lo habéis atrapado?
-Sí, aquí está–Harry señaló el espacio aparentemente vacío que había entre él y la pelirroja-. Creo que tiene un encantamiento desilusionador, pero no sé cómo deshacerme de él.
-Déjame a mí –Hermione sacó la varita de un bolsillo y golpeó con suavidad y a ciegas hasta que dio con el individuo.
El encantamiento desaparecía poco a poco y los cuatro amigos miraron expectantes al desconocido. La silueta de un hombre alto y fornido fue perfilándose lentamente ante sus ojos. Los cuatro jóvenes observaron con atención el rostro de aquel individuo, que llevaba un pequeño bigote negro y todos contuvieron una exclamación de sorpresa.
-¿No es...? –empezó Ron.
-El hombre que vino para ejecutar a Buckbeak –concluyó Hermione.
-Macnair –Harry frunció el ceño observando al mortífago, que mostraba una leve contusión en la cabeza y estaba inconsciente.
-¿No es uno de los mortífagos que apresaron hace un año en el Departamento de Misterios y que se fugó de Azkaban hace meses? –preguntó Ginny. Harry asintió con la cabeza-. ¿Qué hacemos?
-Si le despertamos nos atacará –murmuró Hermione.
Ron miró en los bolsillos de Macnair:
-No lleva encima la varita –anunció-. Eso explica que no tratara de defenderse.
-¿Qué creéis que hace aquí? –preguntó Ginny.
-Preguntémoselo –propuso Ron mirando a Harry con intención.
-Ron –protestó su hermana-, no va a contarte sus planes, ¿no te parece?
-Yo sé lo que me digo –Ron no apartó los ojos de su amigo-. Harry sabe lo que tiene que hacer, ¿verdad?
Harry asintió. Hermione le observó con seriedad y dijo:
-¿Estás preparado? –Harry asintió y la chica levantó su varita apuntando directamente a la frente de Macnair-. ¡Enervate!
Macnair recobró la consciencia y lo primero que vio fueron unos ojos verdes que lo miraban con fijeza. Por un segundo, pareció que iba a incorporarse y tratar de huir, pero acto seguido su rostro se relajó y adquirió una expresión de embeleso.
-Pero, ¿qué...? –Ginny cerró la boca a instancias de Harry.
El muchacho tenía el entrecejo arrugado, en un gesto de absoluta concentración. Deseaba fervientemente que el mortífago no se rebelara contra ellos.
-¿Qué estás haciendo aquí? –le preguntó sin apartar los ojos: el contacto visual facilitaba la tarea de subyugar al mortífago.
-He venido en busca del gigante que se esconde en este bosque –murmuró el hombre con voz monótona.
Hermione ahogó una exclamación mientras Ginny miraba alternativamente a Macnair y a Harry, sin comprender lo que estaba ocurriendo, pues la chica desconocía el nuevo don de su amigo.
-¿Por qué? –preguntó Harry sin hacer caso a los demás.
-El Señor Tenebroso no quiere que el gigante atraiga a más aliados de su especie. Todos los gigantes deben estar del lado de la magia oscura.
-¿Has... conseguido tu propósito? –preguntó Harry con miedo, temiendo lo peor.
-Ese estúpido semigigante ha echado a perder la misión –musitó Macnair, cuya voz no denotaba ninguna emoción.
-¿Hagrid? –dijo Hermione, asustada. Harry la chistó de inmediato.
-¿Qué ha ocurrido? –Harry no apartaba la mirada del mortífago ni por un segundo.
-No fue difícil encontrar al gigante en el Bosque Prohibido. Se mostró intimidado por la presencia de un extraño en su territorio, pero yo sabía cómo manejarlo... El amo ordenó que acabara con él, en el caso de que no consiguiera llegar a un acuerdo: el gigante debía regresar junto a los suyos, de lo contrario, tendría que morir –murmuró Macnair-. Pero entonces apareció el amigo semigigante de Dumbledore y al reconocerme, intentó atacarme. Perdí la varita en la lucha y tuve que huir.
-¿Qué le has hecho a Hagrid? –inquirió Harry, preocupado.
-El semigigante sigue vivo, no tuve oportunidad de herirlo siquiera.
-¿Y Grawp? –preguntó Hermione, horrorizada.
Macnair no respondió. Obviamente no sabía que el gigante al que debía matar se llamaba Grawp.
-Deja que Harry lleve a cabo el interrogatorio, ¿quieres? –espetó Ron en dirección a Hermione.
-¿Qué ha pasado con el gigante del que debías deshacerte?
-Mi plan se vio frustrado por el semigigante. Su amigo está vivo.
Todos respiraron aliviados.
-Será mejor que vaya al castillo en busca de ayuda –propuso Ron antes de echar a correr en dirección al colegio.
-¿Cómo sabes que hay un gigante en el bosque? –Hermione planteó en voz alta lo que les rondaba a todos en la cabeza.
Macnair esbozó una sonrisa torcida, que provocó que un escalofrío recorriera la espina dorsal de la chica.
-El Señor Tenebroso tiene sus propias fuentes de información.
-¿Quién es? ¿Quién está traicionando a Dumbledore? –preguntó Harry.
Pero Macnair no respondió a aquella pregunta. La expresión de su rostro denotaba total concentración y de un momento a otro, sin que ninguno de los tres amigos pudiera evitarlo, el mortífago empujó con fuerza a Harry. Se puso en pie con presteza, liberándose por completo del control que el muchacho ejercía sobre él. Harry había caído bruscamente contra el suelo y sintió su hombro magullado por el golpe. Hermione y Ginny blandieron sus varitas preparadas para un ataque. Ginny lanzó un rayo azul a Macnair, que éste esquivó por los pelos, y se abalanzó sobre Hermione, que no tuvo ocasión de defenderse. Ambos cayeron al suelo y el hombre le arrebató la varita a Hermione, que había recibido un fuerte golpe en la cabeza y se sentía aturdida. Macnair no tardó en pronunciar un hechizo en dirección a Ginny, que ayudaba a Harry a ponerse en pie, pero ambos lo sortearon ágilmente y rodaron por el suelo. El fornido hombre aprovechó la ocasión para acercarse a los dos amigos, que yacían en el suelo, y crear a su alrededor una burbuja que les impedía moverse. Harry tuvo la impresión de que las intenciones de Macnair en un principio habían sido deshacerse de Hermione y Ginny y capturar a Harry, pero en vista de que las chicas no parecían dispuestas a permitirlo, no le importaba tener que llevarse a la pelirroja con él.
Harry y Ginny trataban en vano de romper aquella especie de burbuja gigante, mientras el mortífago había sacado una bolsita de cuero del bolsillo de su túnica. Sacó un puñado de polvos plateados y los arrojó al aire mientras pronunciaba unas palabras ininteligibles. Casi al instante, un pequeño vórtice se abrió en el mismo lugar donde los polvos habían caído segundos antes, a ras del suelo. Aquello tenía toda la pinta de ser magia oscura… Harry observó aquel extraño portal, cuyo tamaño crecía por momentos, y divisó una sala al otro lado. El mortífago hizo levitar la burbuja que los transportaba a él y a Ginny y cruzaron el portal, que se cerró tras Macnair. Harry y Ginny habían desaparecido de las profundidades del Bosque Prohibido.
Sin embargo, a escasos metros de allí, arrodillada en el suelo y con una contusión en la cabeza, Hermione miraba horrorizada el lugar en el que segundos antes se habían encontrado las figuras de Harry, Ginny y Macnair.
Ron llegó corriendo junto a Neville y Luna y se inclinó frente a Hermione:
-¡Hermione! ¿Estás bien? ¿Dónde está Ginny? ¿Y Harry?
Hermione aún contemplaba sobrecogida el vacío.
-El Departamento de Misterios –susurró la chica, dirigiendo por primera vez una mirada de incomprensión a Ron.
