Este fic es una versión alternativa del sexto libro de la saga. Fue escrito antes de la publicación de "El príncipe mestizo", por lo que sólo tiene en cuenta lo sucedido en la saga hasta el quinto libro, "La Orden del Fénix".
Call me Tris: ¡Hola de nuevo! Hemos podido actualizar rápido porque el fic ya está escrito desde hace tiempo, el único problemilla es que la historia tiene algunos huecos que en su momento quedaron pendientes de escribir, y los estamos rematando ahora. Esperamos que este capítulo te guste tanto como el anterior. Muchas gracias por tomarte el tiempo de dejarnos un review, se agradece que la gente se deje "ver" de vez en cuando por aquí para dar su opinión. Como ya hemos dicho, el fic está prácticamente acabado, salvo por algún que otro cabo suelto, así que te adelantamos que serán 37 capítulos en total. ¡Un beso y hasta la próxima!
Hay varias aclaraciones al final del capítulo.
33
En busca de la puerta
Se encontraban en una habitación circular completamente vacía, a excepción de unas altas columnas que sujetaban el techo abovedado e innumerables puertas a lo largo de la pared. Recorrieron la habitación corriendo hasta llegar a la puerta que había en la pared contraria. Neville la abrió de un tirón, pero súbitamente una ráfaga de viento huracanado les hizo retroceder, provocando que Harry y Hermione cayeran al suelo y que Luna rodara hasta el medio de la estancia. Debido a la ventolera, los mortífagos que los perseguían tampoco podían avanzar, y dos de ellos se aferraron a las columnas.
-¡Cerradla! –chilló Ginny intentando darle la mano a Luna, que resbalaba inexorablemente hacia el lado opuesto de la habitación, justo donde estaban los mortífagos.
Ron y Neville empujaron con fuerza la puerta y resoplando a causa del esfuerzo, al final lograron cerrarla. El viento cesó de golpe y quienes en un principio habían conseguido mantener el equilibrio, se tambalearon.
Tan sólo dos segundos después, el aire se llenó de rayos de distintos colores que cruzaban la estancia de un extremo a otro. Luna se apresuró a quitarse de en medio, desplazándose a gatas hasta quedar oculta por una columna. También los mortífagos se habían refugiado para evitar ser alcanzados, al igual que el resto.
Escondido tras uno de los enormes pilares junto a Hermione, Harry vio de reojo cómo Luna había vuelto a ponerse en pie y probaba una a una todas las puertas que podía. Sin embargo, no encontraba ninguna salida. Al abrir la puerta contigua a la que había desatado un ciclón, Luna se encontró con unos nubarrones negros que despedían continuamente rayos y truenos, en plena tormenta eléctrica. La siguiente la dejó tiritando, porque súbitamente una ventisca la cubrió de nieve. Sólo podía abrir tres puertas más, porque el resto quedaba demasiado cerca de los mortífagos. La primera dejaba a la vista un autentico aguacero que termino por dejarla completamente empapada. La cerró de golpe, desesperada, y miró dubitativa las dos puertas que quedaban. Empujó la que tenía más cerca y suspiró con alivio al encontrar un pasillo larguísimo, estrecho e iluminado, que serpenteaba sin que se pudiera divisar el final.
-¡Aquí! –exclamó Luna para atraer la atención de sus compañeros.
A duras penas, los seis amigos traspasaron el umbral y echaron a correr por el pasillo sin entretenerse.
-¡Fermaportus! –Hermione lanzó el hechizo por encima de su hombro sin detenerse, pero supo que había funcionado porque acto seguido se escuchó un ruido sordo, como si alguien hubiera chocado contra la puerta de madera maciza.
-¡Este lugar es una ratonera, parece un laberinto! –jadeó Ron.
Estaban llegando al extremo opuesto del pasillo, donde había una puerta doble completamente negra y con ornamentaciones en plata, cuando escucharon un estrépito que les dio a entender que la puerta que tenían a sus espaldas había saltado por los aires. Tan sólo les separaban de ellos unos cien metros.
-¡Vamos, rápido! –apremió Hermione, que a pesar de ser la última no podía ver a los mortífagos debido a las curvas del corredor.
Harry se detuvo sólo un instante para observar la negra entrada que estaban a punto de traspasar. Por algún motivo, al acercar la mano hacia el pomo redondo de plata que tenía grabado el relieve de una serpiente, sintió un escalofrío:
-No creo que sea una buena idea... –empezó.
-No hay tiempo –interrumpió Hermione empujándolo hacia el interior.
Una vez los seis estuvieron dentro, se detuvieron, sorprendidos al observar la estancia: era un lugar completamente oscuro, únicamente había varias lámparas colgadas del techo que desprendían una tenue luz verdosa. Sin embargo, en cuanto sus ojos se acostumbraron a la falta de luminosidad, ante ellos aparecieron los más diversos objetos, todos ellos de aspecto terrorífico y mortal. Por un instante, Harry pensó que estaban en el callejón Knockturn. Con paso rápido, fueron esquivando las estanterías, vitrinas y mesas que ocupaban la estancia, sin poder evitar dirigir miradas de fascinación y horror al mismo tiempo.
-¿Veis alguna otra salida? –susurró Neville apartando la vista de una esfera de cristal del tamaño de una pecera, llena de un humo denso que dibujaba formas y rostros humanos, como si algo los hubiera atrapado allí.
Ninguno contestó, precisamente porque en aquella oscuridad no lograban distinguir las paredes. Hermione y Ginny lanzaron una mirada nerviosa a la puerta por la que habían entrado: los mortífagos no tardarían en llegar. Tenían que salir de allí. Y rápido.
-Este lugar... –susurró Ron-. No me gusta. Todo lo que hay aquí… ¿os habéis dado cuenta de que es magia oscura?
-Hay que encontrar ya otra salida –afirmó Harry con rotundidad.
-Lumos –susurró Luna cerca de Harry, apuntando con su varita hacia delante para iluminar los muros de la estancia.
Hermione pegó un respingo que sobresaltó a todos al dirigir la mirada hacia la estatua que tenía a su lado, la cual representaba una extraña criatura de ojos granates y piel verduzca demasiado realista como para tomarla por una talla, cuyo rostro estaba convulsionado en un grito silencioso.
-Creo que allí, al final, hay una puerta –dijo Ron entornando los ojos.
Empezaron a recorrer la habitación, esquivando todos los artilugios que se encontraban a su paso y avanzando tan rápidamente como podían. Se encontraban en medio de la sala, que había resultado ser mucho más grande de lo que había parecido en un principio, cuando los mortífagos irrumpieron en ella.
-¡Aquí están! –gritó una voz femenina.
Harry reconoció de inmediato a Bellatrix, que ni siquiera había escondido su rostro tras una mascara. Al lado de Harry, Neville se tensó.
-¡Rápido! –apremió Ginny-. ¡Larguémonos!
Corrieron entre las mesas y los armarios, sorteando estatuas que tenían toda la pinta de ser criaturas disecadas y objetos diseminados por el suelo, con los mortífagos pisándoles los talones.
-¡Impedimenta! –gritó una voz.
Unas chispas pasaron junto al hombro izquierdo de Harry y se estrellaron contra la figura de una banshee que, inmovilizada, tenía los brazos extendidos en dirección al techo.
-¡Cuidado! –exclamó Neville, que con las prisas tropezó y cayó al suelo, por el que rodó hasta quedar debajo de una mesa.
El aviso llegó justo a tiempo, porque un haz de luz verde pasó a escasos centímetros del grupo. Harry se parapetó tras un enorme armario apolillado de madera oscura, encontrándose allí con Luna y Ginny. Buscó frenético con la mirada al resto de sus amigos, y vio que Hermione apartaba a Ron con un fuerte empujón de la trayectoria de otro rayo verde, por lo que los dos cayeron al suelo. Harry observó con aprensión el mueble tras el que habían caído, sin saber si la maldición les había alcanzado o no. Al cabo de unos segundos, vio que sus dos amigos se arrastraban por el suelo hasta juntarse con Neville y Harry respiró aliviado.
Los seis amigos permanecieron tan sólo unos segundos quietos, conscientes de que los enmascarados se estaban aproximando a ellos y que no podían esperar más.
-¡Sólo hay dos puertas en toda la habitación! –gritó Neville con histeria asomando la cabeza por encima de la mesa.
-No podemos volver por donde hemos venido, así que tratad de llegar a la otra puerta –les dijo Harry a Ginny y a Luna. Después, llamando la atención de Ron, Hermione y Neville, señaló la puerta por la que deberían salir. Hermione asintió con la cabeza y les dijo algo a los dos chicos.
-Diles que ellos vayan primero –le indicó Luna a Harry. Acto seguido se asomó con precaución-. Les cubriré.
Mientras Luna aturdía a un mortífago y petrificaba a otro, Ron, Hermione y Neville avanzaron poco a poco en dirección a la puerta, a medias reptando, a medias gateando, para no exponerse.
Harry asomó la cabeza para poder controlar dónde se encontraban sus adversarios, pero volvió a cobijarse cuando un rayo dorado pasó a escasos centímetros de su pelo, rompiendo una probeta que contenía un líquido rojo y espeso, y haciendo que los cristales le cayeran encima.
-¿Estás bien? –preguntó Ginny al ver que el chico sacudía la cabeza, despojándose de los trozos de vidrio-. ¿Estás sangrando? –volvió a preguntar al ver que por la cara de Harry goteaba un líquido rojizo.
-No... –negó Harry-. Pero no sé qué es esto –añadió pasándose apresuradamente la manga por el rostro y sintiendo una extraña sensación de insensibilidad en la piel.
Ginny le obligó a apartar las manos y le observó con detenimiento. Harry se percató de que los ojos castaños de la pelirroja miraban el lado superior izquierdo de su cara, a la altura de la sien, y que acto seguido fruncía el ceño.
-¿Qué pasa? –preguntó inquieto.
-Nada, es sólo que... Es como si… Harry, te ha dejado la piel en carne viva... –el chico, instintivamente, aproximó su mano a la zona afectada, pero Ginny lo detuvo-. ¡No te lo toques!
-Parece ácido –musitó Harry bajando la vista hacia la manga con la que se había limpiado la cara y viendo que la tela estaba deshilachada. Un súbito estrépito hizo que volviera a prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.
Por fin, Neville, Hermione y Ron habían alcanzado el extremo opuesto de la habitación, y ahora era el turno de los tres restantes. Luna comenzó a avanzar agachada, seguida por Harry y Ginny, mientras sus amigos se ocupaban de mantener a raya a los mortífagos. Harry estaba a punto de alcanzarles, cuando vio que Luna se ponía en pie junto a la puerta. Entonces, Ron alargó una mano hacia el pomo para abrirla y desde el otro lado de la estancia se escuchó un grito:
-¡Flambeo!
Cuando Ron agarró con fuerza el pomo, profirió un alarido de dolor e inmediatamente tiró con fuerza del brazo, abriendo la puerta y obligándose a soltar la manilla. La plata del pomo estaba al rojo vivo, y la serpiente que había grabada en él relucía con brillos argentíferos y rojizos.
-¿Qué…? –preguntó Hermione acercándose a Ron, quien se apretaba con la mano contraria la muñeca de la mano herida, mirando la palma con ojos desorbitados-. Cielos... –la chica observó la mano de su amigo, que tenía los dedos crispados por la tensión y una quemadura brillante en la palma, donde se distinguía la silueta de una serpiente.
-Vamos, no hay tiempo –apremió Neville empujándoles a través del umbral. Cuando los seis hubieron traspasado el umbral, cerró la puerta de una patada, evitando por todos los medios tocarla.
Se encontraban en un lóbrego e interminable corredor que desembocaba en una nueva sala circular.
-¿Por dónde? –preguntó Luna.
-Da igual –musitó Ginny girando sobre sus talones y contemplando la habitación.
Entraron por la puerta más cercana. Harry avanzaba en último lugar y dejó pasar a Hermione delante de él. Cuando la chica le miró tras sellar mágicamente la puerta, un gesto de espanto se dibujó en su rostro:
-¿Qué te ha ocurrido? –preguntó temblorosa.
-No estoy seguro… Parecía ácido o algo así... –cuando Harry apartó la mirada de su amiga y reparó por primera vez en la habitación, tuvo la sensación de que habían vuelto a Hogwarts y se encontraban en los invernaderos de la profesora Sprout.
Todo a su alrededor era de color verde, debido a las múltiples plantas que llenaban la estancia, todas ellas catalogadas mediante unas chapas metálicas en las que aparecía escrito su nombre. Y como si de un bosque o jardín real se tratara, un pequeño riachuelo cruzaba la estancia, inundándola del sonido fresco de la corriente del agua. Fue como si de repente hubieran dejado atrás el horror de saber dónde estaban y quiénes les perseguían para llegar a un mundo completamente en calma.
-No podemos quedarnos aquí, tarde o temprano nos volverán a encontrar –dijo Hermione.
-¿Y qué propones? Yo ya estoy cansado de dar vueltas inútilmente –susurró Ron de un modo apenas audible.
Harry se inquietó ante aquella actitud derrotista. Si todos se dejaban arrastrar por la sensación de fracaso, el negativismo se apoderaría de ellos y no lograrían escapar.
-Descansemos aquí unos minutos –propuso Harry, dubitativo-, aunque tan sólo sea para poner en orden las ideas.
Como si quisiera demostrar que estaba completamente de acuerdo con Harry, Luna se dejó caer en el suelo, resbalando por la pared y apoyando la cabeza en el muro con los ojos cerrados.
Neville se aproximó a Ron:
-Déjame verte la mano –le pidió. El pelirrojo mostró la palma y Neville soltó un silbido-. Creo que por aquí habrá algo con lo que arreglar eso.
-¿Hay alguna planta que logre que la quemadura desaparezca? –preguntó con preocupación Hermione, que se había acercado a los dos chicos.
Neville se encogió de hombros:
-La Qupría Hierante aliviará el dolor, pero la cicatriz... –Neville chascó la lengua-, creo que tendrás que unirte al club de Harry, Ron. Espera un momento, buscaré algún ejemplar por esta sala –antes de que el muchacho se alejara deambulando entre las distintas plantas, se giró hacia Harry y añadió señalando su cabeza-. También servirá para ti.
Ron se sentó en el suelo, apoyándose en un viejo roble que estaba a unos metros de donde descansaban los demás, y Hermione se arrodilló junto a él.
-¿Alguien sabe por dónde tenemos que continuar? –preguntó Luna.
-Antes de irnos tengo que entrar en un sitio –dijo Harry de pronto.
-¿No podrías dejar esa visita para otro momento? –protestó Ron desde su posición junto al roble.
-No puedo retrasarlo. Es urgente –murmuró Harry, esquivo. Sintió que Ginny le observaba con atención.
-¿Vas a...? –la pelirroja dejó la pregunta suspendida en el aire, como si pensara que al pronunciarla en voz alta estuviera revelando un secreto que no le pertenecía.
Luna pareció adivinar que había algo de lo que no estaban enterados, y soltó bruscamente:
-Nos es momento para secretismos. Estamos contigo en esto y tenemos derecho a saber a qué nos estamos exponiendo.
Los ojos azules de la chica taladraban a Harry en busca de respuestas y él comprendió que lo justo sería ponerlos a todos en antecedentes de lo que ocurría. Un silencio sepulcral se adueñó de la estancia. Neville se había detenido, bajando el brazo extendido hacia las ramas bajas de un pequeño árbol, y miraba con atención hacia el grupo de jóvenes. Por otro lado, los rostros de Ron y Hermione estaban vueltos hacia Harry, observándole con expectación. Luna tenía la frente levemente fruncida en un gesto de concentración y Ginny se mordía el labio inferior, incómoda.
-Hay una puerta –comenzó Harry carraspeando-, una puerta que está en la primera sala circular. Voldemort busca lo que hay dentro, pero no es capaz de abrirla. Quiere que le ayude. Mejor dicho: quiere obligarme a abrirla para él.
-¿Qué es lo que esconde esa puerta? –preguntó Hermione con suavidad.
-No lo sé, Voldemort no lo ha dicho.
Harry se sintió culpable al contar aquella verdad a medias. Sabía y no sabía al mismo tiempo lo que escondía aquella habitación. Porque gracias a una charla con Dumbledore, ya intuía qué puerta era la que Voldemort quería abrir. Tras su incursión el año pasado en el Ministerio, el director y él habían mantenido una larga conversación en su despacho acerca de lo ocurrido. Al hablar acerca del significado de la profecía y, en concreto, sobre el poder que Harry poseía y que Voldemort no conocía, Dumbledore había dicho: "En el Departamento de Misterios hay una sala que siempre está cerrada. Contiene una fuerza que es a la vez más maravillosa y más terrible que la muerte, que la inteligencia humana, que el poder de la naturaleza. Además, quizá es también la más misteriosa de todas las cosas que se guardan allí para su estudio. Lo que tú posees en sumo grado es el poder que se esconde en esa sala, del que Voldemort carece por completo. De modo que esa fuerza es la que te ha impulsado a intentar salvar a Sirius esta noche y es la que también ha impedido que Voldemort te haya poseído, porque él es incapaz de ocupar un cuerpo tan lleno del poder que detesta. Al final no ha importado que no pudieras cerrar tu mente, porque ha sido tu corazón el que te ha salvado".
De modo que aquello era lo que Voldemort buscaba: el poder que Harry poseía y que él desconocía. El problema era que en realidad Harry no tenía ni idea de lo que encontrarían exactamente detrás de aquella puerta. ¿Lo sabría Voldemort?
-¿Recordáis que el año pasado no pudimos abrir una de las puertas de la sala circular? –preguntó Harry.
-Vagamente… -respondió Ron con expresión pensativa.
-Sí –dijo Hermione con seguridad-. No pudimos abrirla ni con el hechizo alohomora ni con la navaja de Sirius.
-Esa es la puerta que le interesa a Voldemort –afirmó Harry.
-Bueno, pero tú has dicho que Voldemort no puede abrirla, así que no hay prisa, ¿no? –terció Ron-. Larguémonos de aquí cuanto antes y podrás volver en otra ocasión.
-Para Voldemort es muy importante. No mencionó qué había allí dentro, y… -"Y necesito saber si él lo sabe", terminó Harry para sus adentros. Tenía que saber de un modo más concreto qué era aquello que escondía esa sala y si Voldemort conocía exactamente cuál era su contenido. Todo ello estaba relacionado con la profecía y era vital para él comprenderlo…
Harry no podía contarles nada de todo aquello a sus amigos sin ponerlos en peligro, pero pensó que tal vez podía decirles lo justo para que se hicieran una idea sobre la magnitud del asunto:
-Creo que tiene algo que ver con la profecía.
Ron y Hermione tenían la misma expresión de sorpresa pintada en el rostro antes de intercambiar una mirada de entendimiento mutuo. Neville (la única otra persona que conocía el contenido de la profecía en aquella sala) miraba fijamente Harry, mientras Ginny y Luna fruncían el ceño, extrañadas.
-¿Crees que esa puerta está relacionada con la profecía? –repitió Ginny-. Pero, ¿qué te hace pensar que…?
-Bueno, no tenemos tiempo para charlas –la interrumpió Ron para evitar que Harry se viera obligado a seguir dando explicaciones-. Si tan importante es, deberíamos buscarla y después…
-No hables en plural –le cortó Harry-. Vosotros no vais a...
-¡No vuelvas a decir que nosotros no vamos a acompañarte, porque no te vamos a hacer ni caso! –exclamó con ímpetu Ginny-. Buscaremos esa puerta entre todos, la encontraremos más fácilmente de ese modo, después la abrirás, nos llevaremos lo que sea que haya dentro y nos largaremos de aquí.
-La encontraríamos con mayor rapidez si nos dividiéramos –propuso Luna.
-No creo que sea una buena idea –objetó Hermione, insegura-. Tal vez sea preferible que continuemos todos juntos.
-Aún así, la encontraríamos antes –murmuró Ginny, pensativa-. ¿Tú qué opinas? –preguntó en dirección a Harry. Éste empezaba a sentirse agobiado de que siempre le preguntaran a él como si fuera el cabecilla, pero no dijo nada.
Lo cierto era que la idea de separarse no le atraía en absoluto. Todavía recordaba que hacía exactamente un año, estando en las mismas circunstancias, se habían separado de manera accidental y la situación había sido un desastre.
-No estoy seguro, creo que Hermione tiene razón, pero... –la idea de encontrar la puerta y salir de allí cuanto antes era tentadora. Harry dudó-. Tenemos que irnos lo más rápidamente posible...
-Entonces está decidido –afirmó Ginny-. Nos separamos. Tendremos más posibilidades de dar con la puerta así.
-Espera –dijo Hermione de repente-, ¿alguien tiene monedas?
-¿Cómo dices? –Ron la miró sorprendido.
-Si finalmente habéis decidido que nos separemos, algo con lo que por cierto no estoy del todo de acuerdo, tendremos que poder comunicarnos de alguna manera, ¿no? Si no nunca sabremos si el otro grupo ha encontrado ya la puerta.
-¿Y qué tienen que ver las monedas con todo esto?
-Haremos un encantamiento proteico, como con las monedas del ED, ¿recordáis?
-Querrás decir que tú harás un encantamiento proteico, porque yo no tengo ni idea de cómo se lleva a cabo –murmuró Ginny con una sonrisa-. Es una idea estupenda.
-Toma –Neville le pasó su cartera a Hermione, que se puso manos a la obra.
Neville volvió a su búsqueda de la Qupría Hierante, que aliviaría el dolor de la palma de la mano de Ron y de la herida en la frente de Harry, mientras los demás decidían cómo dividir los grupos. Para cuando la figura de Neville apareció entre los arbustos más cercanos, Hermione ya había repartido las monedas encantadas y los dos grupos habían quedado de la siguiente manera: por un lado irían Luna, Harry y Ron, y por el otro, Hermione, Neville y Ginny.
-Esto servirá para calmar el dolor de las quemaduras –indicó Neville aceptando el galeón encantado que le tendía Hermione, después de que ella tomara las hojas verdes y redondas que traía en la mano-. Deben estar en contacto con la piel; sujétalas con una venda o algo. Y esto es para ti, Harry. La savia te aliviará –Ginny, de pie junto a Neville, le quitó de la mano el grueso trozo de rama que sostenía en alto-. Tienes que extenderle por la herida la savia que hay dentro.
Mientras Ginny seguía las instrucciones de Neville y untaba sus dedos con aquella pringosa sustancia para extenderla por la sien de Harry, Hermione rasgó el bajo de la túnica roja de quidditch de Ron, hasta conseguir una larga tira de tela. Después colocó con cuidado las hojas curativas cubriendo toda la piel herida y Ron apretó los dientes con fuerza a causa del dolor.
-Tened muchísimo cuidado –musitaba Hermione mientras empezaba a vendar la mano del chico-. Voldemort no dudará en matar a Harry una vez tenga lo que esconde esa puerta; hasta entonces él está a salvo, pero si nos atrapa a cualquiera de los demás, nos utilizará para presionarle y obligarle a abrir la puerta –una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla y cayó en el improvisado vendaje-. Tened muchísimo cuidado –repitió-, creo que no podría soportar que os ocurriera algo… –susurró con voz temblorosa.
Ron la observó en silencio mientras ella anudaba los dos extremos de la tela con sumo cuidado para no hacerle daño. Cuando hubo acabado, Hermione alzó la vista y se obligó a sonreír:
-Ya está –tragó saliva con dificultad-. Di que todo saldrá bien.
Ron sintió que el estómago se le encogía al ver los surcos que las lágrimas habían dibujado en el rostro de la joven. Estaban a punto de separarse y nada ni nadie podía asegurar que volverían a encontrarse. Al darse cuenta de que las manos le temblaban, agarró a Hermione por los hombros, se inclinó sobre ella y la besó en la boca con suavidad. Tan sólo presionó sus labios durante unos pocos segundos, sin permitirse el lujo de acariciarla ni de abrazarla. Cuando la soltó, apoyó su frente en la de ella cerrando los párpados; acto seguido se separó y finalmente la miró a los ojos con fijeza.
-Todo saldrá bien –dijo Ron con voz enronquecida antes de dar media vuelta y dirigirse a la puerta de la izquierda, sin fijarse en la sonrisilla ladeada que Neville había esbozado, en el semblante de entendimiento de Luna o en las expresiones atónitas de Harry y de su hermana.
Luna siguió a Ron después de dirigir una sonrisa de ánimo a sus amigos, pero Harry permaneció pegado al suelo, sin dar un solo paso. Observó a Neville y a Hermione debatiendo sobre qué puerta les convenía atravesar, y a Ginny, que se arremangaba la túnica de quidditch con aire decidido. Sintió un nudo en el estómago al pensar en separarse de su lado después de lo que Voldemort había visto en su mente. Pero tenía que ser optimista; volverían a reunirse al cabo de un rato y conseguirían escapar del Departamento de Misterios.
Al ser consciente de la mirada de Harry, Ginny giró la cabeza en su dirección y sus ojos castaños se encontraron con los verdes de él. Los pies de Harry se pusieron en marcha como por inercia y en un par de segundos ya tenía a Ginny envuelta en un fuerte abrazo. Sin embargo, sabía bien que no podían perder más tiempo en aquella habitación, por lo que se alejó de ella tan solo un instante después. Ginny le regaló una sonrisa tranquilizadora antes de susurrar con convicción:
-No vemos en un rato.
Harry asintió en silencio con un nudo en la garganta y se dispuso a cruzar sin mirar atrás el umbral de la puerta que Ron acababa de abrir. Entonces paseó la vista por aquella nueva habitación, y pensó en lo extraño que resultaba que estuviera completamente vacía a pesar de lo amplia que era. Aquello desconcertó a Harry, que permanecía inmóvil. Frente a ellos, alineadas, había tres puertas idénticas. Ron avanzó un par de pasos hacia delante, pero Luna lo detuvo sujetándolo fuertemente por el antebrazo.
-¡Quieto! No sabes lo que esconde esta habitación... –susurró Luna- No sé por qué, pero esto me da muy mala espina...
-¡Pero si aquí no hay nada!
Justo cuando Ron se deshizo de la presión que la mano de Luna ejercía sobre su brazo, dos hombres encapuchados cruzaron una de las puertas que había al otro lado de la habitación.
-¡Que no escapen! –gritó el más fornido y ambos avanzaron con las varitas en alto a paso raudo.
Pero tan pronto como los dos mortífagos se situaron en el centro de la habitación preparados para atacar a sus contrincantes, uno de los enmascarados, que había tomado la delantera a su compañero, se hundió repentinamente en el suelo. Harry, sobresaltado, observó los pies del hombre, o mejor dicho, el lugar donde deberían hallarse sus pies, pues las piernas del encapuchado habían quedado hundidas hasta la altura de las rodillas. Era como si el suelo de aquella estancia se tratara de una especie de arena movediza, y tan sólo podrían hallarse a salvo mientras no se acercaran al centro de la habitación.
El mortífago trató de huir de aquella trampa mortal, rezongando sin parar, pero sólo consiguió hundirse aún más en pocos segundos, hasta que sólo quedó visible su rostro y su ancho cuello. Su compañero, que había estado a punto de correr la misma suerte, se había detenido a tiempo dando traspiés y en aquellos momentos trataba de socorrer al mortífago en apuros. Harry entendió entonces por qué la habitación estaba completamente vacía, pues de haber albergado cualquier mueble o artefacto, la habitación los habría engullido en cuestión de segundos. Por su parte, aprovechando que ninguno de sus atacantes estaba en situación de luchar en aquellas arenas movedizas, Harry les hizo una señal a Luna y Ron para abandonar la sala por donde habían venido.
De modo que de nuevo se encontraban en aquella habitación repleta de todo tipo de plantas. La única diferencia era que para aquel entonces Hermione, Neville y Ginny ya se habían marchado.
Harry observó dubitativo cada una de las puertas, sin saber cuál escoger. Aunque, a fin de cuentas, poco importaba pararse a pensar cuál de todas ellas podía ser la mejor opción, pues desconocían qué los esperaba al otro lado. Decidido a no perder más tiempo, escogió una puerta al azar y la cruzó, seguido de cerca por Ron y Luna.
-La verdad, no sé cómo se las arreglan los inefables para no perderse aquí dentro –comentó Ron-. Debe de haber cientos de puertas...
-Tenemos que encontrar como sea la sala circular... –murmuró Harry.
-No podemos hacer otra cosa aparte de abrir puertas y más puertas al azar, como hasta ahora –dijo Luna, que fue la última en entrar-. No hay manera de orientarse... Y si la hay, nosotros no tenemos ni la más mínima idea de cómo hacerlo… Bien, ¿qué nos espera aquí? –preguntó con su habitual voz serena.
Los tres amigos se encontraban junto a la puerta que acababan de traspasar. No habían dado ni un paso. Era difícil precisar dónde se hallaban porque la habitación, a pesar de no estar envuelta en una completa penumbra, no contaba con la suficiente iluminación como para distinguir con exactitud qué los aguardaba. A lo largo de toda la sala, Harry vislumbró varias esferas de distintos tamaños y colores y unas lucecitas que parpadeaban y brillaban, pero que se movían a gran velocidad.
-¿Qué demonios es esto? –preguntó Ron, extrañado, al lado de Harry.
-Creo que ya sé donde... –comenzó Luna, pero se detuvo al ver cómo Ron y Harry avanzaban- ¡No, no lo hagáis! ¡Deteneos!
Pero la advertencia de la chica llegó demasiado tarde, tan sólo pudo asir a Ron por la manga de la túnica roja de quidditch, e inevitablemente, Luna se vio arrastrada lejos de la salida, flotando en el aire junto a Harry y Ron, entre constelaciones y planetas.
-Genial, otra vez aquí... –comentó Luna de mala gana.
Harry recordó entonces la mención de aquella sala en boca de Luna el año pasado, cuando comentó cómo ella, Ron y Ginny se habían encontrado de pronto flotando sin control en una habitación llena de planetas. Aquella debía de tratarse de la misma sala.
-¿Es que ya habías estado aquí antes? –inquirió Ron, que acababa de chocar con Saturno y se encontraba boca abajo en aquellos momentos. Trataba inútilmente de girar su cuerpo dando manotazos en el aire. De no encontrarse en aquella situación tan delicada, habría resultado incluso divertido.
-El año pasado, igual que tú –contestó Luna, que se vio obligada a elevar el tono de voz, ya que se alejaba inexorablemente de sus amigos.
-¿Qué? Yo nunca he estado aquí... –contestó Ron, cuyo rostro estaba muy rojo, pues aún no había logrado ponerse boca arriba.
-Claro que sí, el problema es que no lo recuerdas, porque fue en ese preciso momento cuando un mortífago te hechizó y comenzaste a comportarte como un idiota -contestó Luna muy seriamente, que nadaba en el aire con mucho estilo tratando de acercarse a Harry y Ron. Éste último ya había logrado acomodarse en el aire y miraba a Luna con los ojos entrecerrados y un aspecto ofendido por su reciente comentario.
-¿Cómo podemos salir de aquí? –preguntó Harry a Luna.
-Debemos alcanzar cualquiera de las puertas. Pero no será fácil.
-Creo que deberíamos darnos la mano y tratar de llegar hasta alguna de las salidas juntos. No conviene que estemos separados –opinó Harry.
-Tienes razón –Luna, que había conseguido aproximarse a Harry, le ofreció su mano y éste la apretó con fuerza.
-Ron, trata de acercarte más, no llego... –dijo Harry, que a pesar de que había estirado su brazo al máximo no lograba agarrar al pelirrojo.
-Ya casi está... –murmuró Ron entre dientes, que con gran esfuerzo palmeaba el aire y alargaba su brazo en dirección a Harry. Finalmente, logró alcanzar la mano de su amigo.
-Bien, ahora...
Pero de pronto, se vieron interrumpidos por un mortífago, que entró súbitamente en la habitación. El enmascarado no pudo evitar soltar una exclamación de sorpresa al verse levitando entre aquellos planetas.
Luna avanzaba tan rápido como podía en dirección a la puerta más cercana, tirando de Harry y Ron, que trataban de ayudar en la huida. El mortífago, por otra parte, intentó tomar una posición de ataque, pero no era tarea fácil. Sin apuntar a nada en concreto y a la desesperada, comenzó a lanzar hechizos y maldiciones a diestro y siniestro. Pero ninguna dio en el blanco. Sin embargo, uno de tantos encantamientos chocó contra Marte, rebotó y alcanzó al propio mortífago, que quedó inconsciente flotando en el aire.
-Menudo imbécil... –murmuró Ron cerca de la puerta por la que habían entrado anteriormente.
De pronto, los tres cayeron al suelo y cruzaron el umbral. De nuevo se encontraban en la habitación que contenía cientos de plantas distintas.
-¿Es que nunca vamos a salir de aquí? –exclamó Ron, frustrado.
De pronto, antes de que pudieran decidir qué salida tomar, escucharon un enorme alboroto precedido por unos gritos. Harry reconoció de inmediato la voz de Hermione, seguida de la de Neville. A juzgar por la claridad de sus voces, no debían estar muy lejos de allí. Sin intercambiar una palabra, Harry, Ron y Luna abandonaron aquella habitación y abrieron una puerta tras otra, en busca del origen de aquellas voces.
Un grito desgarrador y profundo, distinto a todos los anteriores, rasgó el aire nuevamente y aquello bien podía ser consecuencia de la maldición cruciatus. A Harry se le erizó el vello de la nuca tan sólo de imaginar que varios mortífagos podrían estar torturando a sus amigos en esos mismos instantes. Corría cada vez más rápido, repitiéndose a sí mismo que los encontrarían en la siguiente habitación, que los encontrarían sanos y salvos... Una, dos... Harry no llevaba la cuenta de todas las puertas que habían cruzado. Agudizó el oído al máximo, tratando de encontrar el camino correcto que los guiara hasta sus amigos. Cuando el estruendo de muebles arrojados contra el suelo cesaba, comenzaban los gritos de nuevo. Harry creía que se volvería loco si no daba pronto con aquella dichosa habitación y descubría qué era lo que realmente estaba sucediendo. Cuando parecía que el ruido se percibía demasiado lejano, volvían sobre sus pasos y continuaban cruzando habitaciones a la velocidad del rayo, sin tan siquiera reparar en ellas.
Finalmente, tan pronto como todo había comenzado, acabó. Los gritos se extinguieron y aquello sólo provocó que la urgencia por encontrar a sus amigos se intensificara. Harry sabía que Ron y Luna le pisaban los talones, pero ni siquiera perdía el tiempo mirando a sus espaldas. Estaba exhausto y había perdido el aliento por completo, sin embargo, no podía dejar de correr mientras sentía unas fuertes palpitaciones golpeando sus sienes sin parar. Creía que jamás los encontrarían cuando al fin entraron en una sala y divisaron en el centro un bulto informe, tirado sobre el suelo. Todo en aquella habitación estaba patas arriba, signo inequívoco de que allí había tenido lugar una dura pelea.
Harry, Ron y Luna se acercaron con cautela al centro de la estancia y entonces, cuando se encontraban a escasos metros de aquel bulto que habían divisado desde un principio, se percataron de que se trataba de Hermione. Todos a una se arrodillaron junto a ella y Luna fue la única con la suficiente calma como para tomarle el pulso.
-Está viva –dijo Luna en un susurro apenas audible cargado de alivio.
Ron resopló sonoramente y respiró con dificultad al lado de Harry. Éste no se atrevió a mirarlo.
-¿Y los demás? –Harry formuló la pregunta aunque sabía que ninguno de sus amigos conocía la respuesta- ¿Dónde están Ginny y Neville?
Harry se puso rápidamente en pie y escrutó la habitación, donde a causa de la semioscuridad que los envolvía resultaba muy difícil percibir cualquier cosa que se encontrara a más de dos metros de distancia.
-¿Los ves? –preguntó Ron nervioso arrodillado junto a Hermione, a quien tomaba de la mano con ansiedad, mientras Harry movía sillas y mesas sin encontrar ni rastro de sus amigos.
Que estén aquí, por favor... rogaba una voz dentro de la cabeza de Harry, sin dejar de buscar a sus amigos. Que Ginny y Neville estén sanos y salvos, por favor... Pero ninguno de los dos se encontraba en aquella habitación. Harry se dio por vencido y regresó junto a sus amigos.
-No están aquí –dijo Harry alborotándose el pelo sin poder ocultar su nerviosismo.
-¿Cómo que no están aquí? –repitió Ron, soltando por primera vez la mano de Hermione. Los ojos de Ron mostraban la misma preocupación que sentía Harry. Ginny no estaba allí. Y tampoco Neville.
-No sé qué es lo que... –comenzó Harry, pero se interrumpió al recordar los galeones encantados. A toda prisa, sacó el suyo del bolsillo. Nada. No había absolutamente nada grabado. Levantó la vista y se encontró con las miradas ansiosas de Luna y Ron, y por toda respuesta Harry negó con la cabeza.
-Hermione tiene que saber lo que ha ocurrido –dijo Luna, resuelta.
-Sí, es una buena idea. Sólo hay un "pequeño" inconveniente... ¡Y es que Hermione está inconsciente! –exclamó Ron con cierta histeria y poca paciencia. Harry, al igual que su amigo, no estaba en condiciones de perder el tiempo; si algo les había sucedido a Ginny o a Neville...
-¿Sabes? Deberías controlar ese genio –respondió Luna con aspereza-. No es necesario que te sulfures, porque con un sencillo encantamiento seguramente podremos conseguir que Hermione recupere la consciencia – dijo resuelta. A continuación, apuntó con su varita a Hermione y dijo claramente-. ¡Enervate!
Había que admitir que Luna sabía como manejarse en las situaciones peliagudas, pensó Harry, y se preguntó cómo no habían tenido en cuenta aquel hechizo. Tan pronto como el haz de luz blanca que salió de la punta de la varita de Luna tocó el pecho de Hermione, ésta comenzó a mover los párpados y poco a poco abrió los ojos. Miró a su alrededor, confusa, y trató de recostarse en el suelo, pero no pudo, sino que con una mueca de dolor, se mantuvo quieta.
-Hermione… ¿Estás bien? –preguntó Ron sin poder evitar reflejar la angustia en su voz.
Hermione asintió casi imperceptiblemente y dijo en un susurro apenas audible:
-¿Qué ha ocurrido?
-Eso es lo que necesitamos saber, Hermione –contestó Harry con calma, pues presentía que su amiga aún se sentía algo desorientada y quería hacerse entender con claridad-. Cuando Ron, Luna y yo hemos llegado aquí, sólo estabas tú, inconsciente, pero no hay ni rastro de Ginny y Neville. ¿Qué ha pasado con ellos?
-Ginny... Neville... –murmuró Hermione, que finalmente logró incorporarse en el suelo con la ayuda de Ron.
-Hermione, escúchame, es muy importante que encontremos cuanto antes a Ginny y Neville, ¿comprendes? –Harry apremiaba a su amiga, inquieto.
De pronto, como si los acontecimientos vividos recientemente acudieran al cerebro de Hermione, unas lágrimas inundaron sus ojos y resbalaron por sus mejillas.
-En... entramos en esta habitación y... –daba la impresión de que le era muy difícil continuar- De repente, aparecieron varios mortífagos por una de las puertas... Eran demasiados... Y ocurrió todo tan rápido que... Luchamos, pero... –Hermione sollozó débilmente- Neville corrió tras Bellatrix Lestrange y... Los mortífagos se llevaron a Ginny... Intenté evitarlo, pero no pude... Vi cómo se la llevaban antes de... –enterró el rostro entre sus manos y el llanto se hizo más intenso. Harry y Ron intercambiaron una mirada cargada de miedo y preocupación.
-De acuerdo, no hay tiempo que perder –sentenció Harry, decidido-. Vosotros buscad la salida, yo me encargaré de encontrar a los demás.
-Yo voy contigo –dijo Ron poniéndose en pie con presteza.
-Ni hablar. No puedo permitir que nadie más arriesgue su vida. ¡Si estáis aquí es por mi culpa! –exclamó Harry- Ya es suficiente con...
-Harry, Ginny es mi hermana –lo cortó Ron con fiereza. Harry tragó fuerte-. Y Neville mi amigo.
-De acuerdo, está bien –aceptó Harry, resignado, sabiendo que nada podría hacer cambiar de parecer al pelirrojo. Se dirigió a Luna entonces-: Tú cuidarás de Hermione. Debéis salir de aquí inmediatamente, sin perder tiempo. Encontrad la salida y pedid ayuda. Ron y yo encontraremos a Ginny y Neville, ¿me has entendido, Luna? –la muchacha solamente asintió, sin mediar palabra.
Ron volvió a arrodillarse junto a Hermione, tomó su mano y la apretó con fuerza, mientras ambos se miraban sin decir una sola palabra. Segundos después, Ron se puso en pie de nuevo.
-Harry… Ron… Encontradlos, por favor –murmuró Luna desde el suelo.
Los dos asintieron con firmeza.
-En marcha –dijo Harry y ambos se dirigieron hacia una de las salidas. A sus espaldas vieron cómo Luna ayudaba a ponerse en pie a Hermione, que cruzó una última mirada con Ron. Antes de cruzar el umbral de la puerta, Harry reparó en algo que había tirado en el suelo. Se arrodilló y entre sus dedos sostuvo una varita, la varita de...
-Ginny... Es suya –afirmó Ron tras su amigo.
Harry se la guardó en uno de los bolsillos de la túnica y continuó adelante, infundiéndose valor. Ambos recorrieron a toda prisa un par de habitaciones vacías, deteniéndose lo justo para asegurarse de que no había peligro alguno. Harry sólo esperaba que para entonces Luna y Hermione ya se encontraran lejos de allí y a salvo. Pronto llegaron a una sala que les era muy familiar. En ella había relojes por doquier, de todos los tamaños y formas, cuyo tic-tac sonaba al unísono constantemente. Harry estaba seguro al cien por cien de que al fondo de la sala encontrarían una campana de cristal que mostraba el proceso del tiempo en la vida. Al fin habían conseguido hallarse en un lugar conocido y Harry sabía bien que tras aquella puerta que la campana ocultaba tras de sí, se encontraba la puerta que los conduciría hasta la sala circular.
-Vaya, vaya, Potter, volvemos a encontrarnos… -susurró una voz que arrastraba las palabras a espaldas de Harry y Ron.
Sobresaltados, los chicos se giraron y vieron ante sí a cinco mortífagos, todos ellos con los rostros cubiertos por sus acostumbradas máscaras. No llevaban consigo ni a Ginny, ni a Neville, y a Harry no se le pasó por alto el hecho de que Bellatrix no se encontraba allí.
Harry apretó la varita en su mano dispuesto a luchar contra sus oponentes; no pensaba entregarse tan fácilmente.
-Será mejor que lo pienses, Potter –masculló Lucius Malfoy-. Como podrás comprobar, vosotros sólo sois dos, mientras que nosotros somos cinco. ¿Estás dispuesto a luchar?
Harry apretó la mandíbula con fuerza y contempló con un odio intenso a Lucius Malfoy.
-Recuerda que no estás solo, así que no creo que te convenga hacerte el héroe –dijo Malfoy apuntando sutilmente con su varita a Ron.
Harry miró de reojo a su mejor amigo, que sin duda estaba preparado para pelear si era necesario.
-Tienes dos opciones: entregarte voluntariamente y evitar daños mayores o… -Lucius jugueteaba con su varita entre los dedos, como si todo aquello fuera un simple pasatiempo- luchar y conseguir que tu amigo Weasley salga mal parado…
Pero Ron no se amilanó al escuchar aquellas palabras, sino que su rostro adquirió una expresión de mayor determinación. Lucius Malfoy interpretó aquel silencio como una invitación a la pelea.
-Tú lo has querido, Potter –a una señal del mortífago el resto de los enmascarados se prepararon para el ataque.
En los siguientes minutos la sala se llenó de rayos de distintos colores que Harry y Ron lograron esquivar, hasta que un hechizo inmovilizador lanzado acertadamente por Macnair dio de lleno a Ron, que cayó aparatosamente en el suelo. Harry no tardó en correr la misma suerte, aunque antes había conseguido petrificar a un mortífago muy fornido que creyó reconocer como Crabbe.
Sin poder moverse y tumbado en el suelo, Harry distinguió entre los pies de los mortífagos que se habían acercado para apresarlos el cuerpo de Ron, también tumbado en el suelo. De repente, unas manos lo agarraron por las axilas y le obligaron a ponerse en pie. Acto seguido, notó que la movilidad volvía a su cuerpo e, inútilmente, trató de desasirse. Cerca de él escuchó un forcejeó y supuso que Ron también había recuperado la capacidad de moverse. A lo lejos, divisó como uno de los enmascarados recogía del suelo su varita y la de Ron. Harry sabía que no podrían hacer nada mientras no las tuvieran consigo. Se verían obligados a seguir las órdenes de los mortífagos si no querían morir.
-Adelante –espetó con voz cavernosa Macnair, apuntando con su varita las espaldas de Harry y Ron, uno junto al otro. No tuvieron más remedio que desfilar frente a los mortífagos hasta salir por una de las puertas, tras la cual los esperaba la sala circular que con tanto ahínco habían tratado de encontrar.
-Reúne al resto –ordenó Lucius Malfoy a Macnair cuando la sala circular dejó de girar-, y condúcelos hasta aquí. Yo pondré sobre aviso al amo. Debe saber que Potter está aquí.
Harry y Ron quedaron entonces rodeados por tres enmascarados, a la espera de sus compañeros, que seguramente no tardarían en llegar. Al igual que Voldemort. Y Harry no podía dejar de sentir un nudo en el estómago al saber que Ron estaba allí con él.
No habían pasado más que unos pocos minutos, cuando un leve roce de capas anunció la presencia de mortífagos recién llegados. Poco a poco, cerca de una decena de hombres aparecieron en la sala circular y, tal y como habían hecho dos años atrás junto a la tumba del padre de Voldemort, formaron un círculo alrededor de los dos muchachos y esperaron en silencio.
-¿Quién es el otro? –preguntó una voz profunda y ronca, refiriéndose a Ron.
-El hijo pequeño de Weasley –espetó el enmascarado que estaba frente a Harry.
-¿Weasley? –terció otra voz, esta vez grave, con matices de incredulidad-. Sí… –añadió pensativo-, ya veo que se parece a su hermano.
Ron giró la cabeza en un ademán brusco y escrutó la máscara con fijeza, como si quisiera ver quién se ocultaba tras ella. Su rostro había adquirido una expresión de furia mal contenida. Harry temió que su amigo perdiera los estribos, aunque él mismo sentía que la sangre le hervía de pura impotencia.
-Fue un productivo viaje por Rumanía –añadió la tercera voz con regocijo.
Harry pudo sentir que la tensión de su amigo era tal, que temblaba. Harry detuvo a Ron poniendo una mano en su pecho, antes de que el pelirrojo pudiera abalanzarse sobre Dolohov.
-Suéltame –dijo Ron entre dientes.
Dolohov emitió un sonido de burla que hizo que Ron apretara la mandíbula y enrojeciera de rabia. Antes de que ninguno pudiera decir nada más, una de las puertas se abrió, pero Harry no pudo saber quién había entrado hasta que la sala dejó de girar.
Una cabeza pelirroja se perfiló en la oscuridad. En un principio, Harry pensó absurdamente que se trataba de alguno de los Weasley. La difusa figura, que estaba envuelta en un voluminoso abrigo, no le daba ninguna pista sobre quién podía ser. Cuando el recién llegado se acercó al círculo de mortífagos, Harry reconoció a aquel hombre.
Era Mundungus Fletcher.
Harry se sintió tremendamente aliviado y no podía llegar a imaginar cómo era posible que la Orden hubiese aparecido allí tan rápido. Pero lo importante era que la ayuda había llegado en el momento preciso. De repente, se percató de que Dung no empuñaba su varita. Pero había algo aún más inquietante: los mortífagos no parecían intranquilos ante su presencia.
-Dung… -la voz de Ron daba a entender que él tampoco comprendía lo que estaba sucediendo allí.
-¿Dung? –masculló Dolohov con sorna-. ¡Vaya, qué confianzas!
Mundungus pasó ante los dos jóvenes apartando la mirada, como si se avergonzara. Un horrible presentimiento se apoderó de Harry.
El recién llegado se acercó a uno de los mortífagos y susurró en un tono apenas audible:
-¿Qué hacen ellos aquí?
-Parece que todo va a terminar mucho antes de lo que el amo pensaba –respondió el aludido-. Macnair fue en busca del gigante y se encontró con algo mucho más interesante, ¿qué te parece? –rió burlonamente.
Harry descubrió entonces quién era el traidor a la Orden.
Aclaraciones:
-En este capítulo hablan sobre una puerta del Departamento de Misterios que al parecer no se puede abrir. Esa puerta aparece en La Orden del Fénix, en el capítulo 34 (página 798 de la primera edición de la editorial Salamandra, España).
-En este capítulo hay un fragmento (en cursiva) extraído de la Orden del Fénix. Es una especie de flashback que tiene Harry al recordar la conversación con Dumbledore tras la muerte de Sirius, en su despacho. Ese fragmento se encuentra en el capítulo 37 de La Orden del Fénix (página 867 de la primera edición de la editorial Salamandra, España). Ahí es cuando Dumbledore y Harry hablan sobre el poder que él posee y que Voldemort desconoce.
