Este fic es una versión alternativa del sexto libro de la saga. Fue escrito antes de la publicación de "El príncipe mestizo", por lo que sólo tiene en cuenta lo sucedido en la saga hasta el quinto libro, "La Orden del Fénix".

Call me Tris: ¡Hola de nuevo! Sentimos la tardanza, pero este era el capítulo que más problemas nos ha dado a lo largo de los años la verdad... Había varias partes del capítulo que habían quedado a medio escribir, pero por fin... ¡Por fin está acabado! Esperamos que te guste, ¡un beso!

Al final del capítulo, algunas aclaraciones.


34

Descubriendo verdades

-No… no puede ser –murmuró Harry, conmocionado-. ¡Tú eres quien ha estado traicionando a Dumbledore todo este tiempo!

Ron miraba a Mundungus con una expresión de incredulidad que, lentamente, se convirtió en un gesto de desprecio.

-¡¿Cómo has podido…?!

-Las cosas no son tan fáciles como creéis a vuestra edad. Existen complicaciones que…

-¿Complicaciones? –le interrumpió Harry con ira-. ¡Tú decidiste traicionar a quienes confiaron en ti! ¡Dumbledore confiaba en ti! ¡Todos lo hicimos!

-Yo nunca pedí esa confianza.

Harry iba a volver a gritar cuando Ron se adelantó con voz queda:

-¿Desde cuándo?

Mundungus le miró sorprendido, como si en realidad hubiera esperado que le gritara. Después contestó con amargura:

-¿Qué importa?

-¿Desde cuándo? –repitió Ron entre dientes.

-Desde que me conviene. No es algo continuo, yo no soy un mortífago, ni siquiera tengo la Marca. Pero si te mueves en ciertos círculos, terminas por…

-¡Eso sólo son excusas! –escupió Harry con rabia-. ¡Que no tengas la Marca no significa nada! ¡No te hace mejor que ellos! –añadió señalando a los mortífagos.

-Aún eres muy joven para comprenderlo –contestó Dung, que había desviado la vista. Harry tuvo la ligera impresión de que Mundungus se sentía incómodo, y aquello lo enfureció aún más.

-¿Muy joven? ¡Tú sólo has escogido el camino más fácil, sin tener en cuenta las consecuencias, sin siquiera pararte a pensar que las vidas de las personas que confiaban en ti estaban en peligro! –exclamó Harry con indignación-. Hiciste un trato con Voldemort, ¿a cambio de qué? –Dung escrutó a Harry con detenimiento-. Tan pronto como dejes de serle útil, se deshará de ti... Voldemort no conoce la clemencia, ya deberías saberlo.

-"El camino más fácil no es siempre el correcto... La lucha del bien contra el mal..." ¡Bobadas! Dumbledore te ha llenado la cabeza de pájaros, chico –respondió Dung, que se frotaba las manos con un leve nerviosismo-. El Señor Tenebroso sabe cómo recompensar un servicio, y te aseguro que el mío no ha sido uno cualquiera –sonrió, desdeñoso, satisfecho consigo mismo.

-¿A qué te refieres? –inquirió Ron, suspicaz.

-"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces..."–murmuró Mundungus, caminando alrededor de Harry y Ron.

-¡Fuiste tú! –gritó Harry, cuyo rostro se contraía en una mueca de horror-. ¡Tú escuchaste la profecía hace dieciséis años en Cabeza de Puerco!

Ron miraba alternativamente a Dung y a Harry, como si no pudiera creer lo que oía.

-No voy a negarlo –afirmó Dung-. Reconozco que mi intención no fue en ningún momento seguir la conversación entre Dumbledore y aquella bruja. Cuando entré en Cabeza de Puerco esa noche no pensé que llegaría a escuchar algo tan interesante.

-Y desde ese momento tuviste la entrada prohibida al pub –dijo Harry, recordando lo que Sirius les había contado a él, Ron y Hermione el año pasado.

-Así es –confirmó Mundungus deteniendo sus pasos frente a Harry-. Por suerte, Dumbledore no llegó a verme y pude salir airoso de aquella situación... El único capaz de derrotar al Señor Tenebroso... –susurró observando con interés a Harry.

-Y por supuesto corriste a informar a Voldemort, ¿no? –espetó Ron, hablando por primera vez tras unos minutos de silencio.

Mundungus alzó las cejas, obviamente sorprendido por la mención del nombre del Señor Tenebroso en boca del pelirrojo.

-A decir verdad, no. No quería precipitarme en mi decisión; escoger el bando equivocado habría sido un grave error. De todas formas, yo nunca he estado realmente implicado...

-¿Nunca has estado realmente implicado? –repitió Harry con incredulidad-. ¿Nunca? ¡Gracias a ti Voldemort descubrió la existencia de la profecía! ¡Y gracias a ti mis padres están muertos! –gritó con furia.

-Yo no sabía que...

-Es muy fácil decir que no sabías lo que ocurriría, ¿verdad? –lo interrumpió de nuevo Harry-. ¿Acaso pensabas que Voldemort nos dejaría con vida, así sin más? Porque entonces no eres tan listo como parece.

Mundungus se sonrojó y entornó los ojos:

-Yo no podía saber que aquella profecía se refería al hijo de Lily y James. Nunca pude imaginar que tus padres morirían por ello. Quién iba a pensar lo que sucedería aquella noche...

-Ya por aquel entonces trabajabas con mortífagos –dijo Ron con desagrado.

-No... Jamás hice tratos con ellos hasta ese momento. ¡Fue lo más sensato que pude haber hecho! ¡La guerra a manos de Voldemort estaba perdida! ¡Mucho más aún si la única esperanza para el mundo era un insignificante mocoso! Aún no habías nacido y pasarían años hasta que estuvieses preparado para enfrentarte a Él. Para entonces nada quedaría en pie, todos estaríamos muertos... ¿Para qué oponerme a lo inevitable, pudiendo salvar el pellejo?

-¡Tu pellejo! –exclamó Harry señalando a Dung con el dedo índice.

-Jugué la partida lo mejor que pude. Hice lo que tenía que hacer.

-¿Eso crees? –dijo Harry con dureza-. Entregar a tus amigos y venderte a Voldemort no es muy buena elección en mi opinión.

-No sabes de lo que hablas, muchacho –murmuró Dung sin mirar a Harry a los ojos.

-A saber cuánta información has llegado a filtrar a Voldemort acerca de la Orden... –espetó Harry, furioso-. Pero no creo que eso te haya quitado el sueño.

-Tú no...

-Ya, yo no sé de lo que hablo –repitió Harry con fiereza observando fijamente a Mundungus, que parecía estar deseando largarse de allí cuanto antes-. Y seguro que tú tampoco has tenido nada que ver con lo ocurrido hoy en el Bosque Prohibido...

-¿A qué te refieres? –espetó Dung entrecerrando los ojos.

-Deja que te refresque la memoria –dijo Harry con un tono de voz cargado de sarcasmo-. Supongo que sabes quién es Hagrid, ¿no? Bien, pues ahora no me dirás que no has oído hablar de su hermano, ¿verdad?

Mundungus bufó sonoramente.

-Permíteme decirte que ese amigo tuyo nunca ha tenido muchas luces –dijo Dung con desdén-. Un día nos encontramos en Hogsmeade por casualidad y me invitó a tomar algo. Me dijo que, de hecho, necesitaba hablar conmigo, y entre copa y copa me comentó que necesitaba conseguir cuanto antes una botella de Muerte líquida, uno de los sedantes más potentes del mercado: con unas cuantas gotas puedes dejar fuera de combate a una manada de hipogrifos. Por supuesto, su uso está estrictamente controlado, porque si se excede la dosis puede llegar a causar la muerte instantánea. El caso es que la Muerte líquida no se utiliza con personas, tan sólo con animales de un tamaño considerable. Por eso sentí curiosidad por saber en qué andaba metido vuestro amigo, conociendo sus gustos por las bestias peligrosas...

-Ya, pero el sedante no era para ninguna bestia sino para...

-Para el gigante –acabó Dung interrumpiendo a Ron-. Después de insistir, y con unas copas de más encima, Hagrid acabó soltando la lengua y cantó toda la verdad como un pajarito.

Harry recordó que Grawp había estado gravemente herido a causa del ataque de los centauros el año pasado, y posiblemente la Muerte líquida fuera lo único que podría aliviar su dolor.

-No hace falta que diga que la Muerte líquida no es algo que puedas encontrar en cualquier escaparate del callejón Diagon. Pero Hagrid sabía que con mis contactos y en el ambiente en el que me muevo, conseguir un poco sería pan comido, a cambio de un puñado de galeones, claro –Dung hizo una breve pausa antes de añadir-. ¡Quién iba a imaginar que Dumbledore guardaba un gigante en el bosque cercano a Hogwarts!

-Claro, y corriste a contárselo a Voldemort, ¿cierto? –dijo Harry. La verdad era que trataba de ganar el mayor tiempo posible con el fin de encontrar el modo de salir de allí.

-Era una información muy valiosa –respondió Dung-. Con un gigante entre las filas del bando contrario, existe el riesgo de que persuadan a más como él... Y los gigantes son unos aliados importantes.

-Y fue sólo cuestión de tiempo que tramarais un plan para entrar en el Bosque Prohibido y tratar de matar a Grawp... –soltó Harry, casi escupiendo las palabras.

-Te equivocas –dijo Mundungus, contrariado-. Yo solamente me encargo de pasar información valiosa al Señor Tenebroso, yo no me inmiscuyo en sus objetivos ni formo parte de sus planes.

Harry soltó una risa forzada. Era escalofriante ver cómo Mundungus trataba de justificar su traición.

-De todas formas, ¿qué importancia tiene eso ahora? –dijo de pronto Lucius Malfoy, que se encontraba en el círculo de mortífagos que rodeaban a Harry y Ron-. Ya que estamos todos aquí reunidos, dime, Potter, ¿qué esconde la puerta que busca el Señor Tenebroso? ¿Qué hay en su interior? –tras una pausa, prosiguió-. ¿Cuál ese poder que tú tienes y que Él desconoce?

Harry se quedó de piedra tras escuchar la última pregunta y recordó su encuentro con Voldemort a su llegada al Departamento de Misterios aquella misma noche, cuando el mago había insinuado que la profecía ya no era un secreto para él. Aquella era la confirmación a sus sospechas.

-¿Cómo sabes tú...? –comenzó Harry.

-¿Cómo es posible que conozca la profecía completa? –dijo Dung adelantándose a Harry-. Mi misión ha sido filtrar cualquier dato de importancia sobre la Orden y, por supuesto, desvelar el misterio de la profecía. Y debo decir que rara vez fallo en mi cometido.

El mundo se hundió bajo los pies de Harry. Voldemort conocía la profecía de principio a fin...

-¿Cómo demonios lo hiciste? –dijo Harry, furioso-. Solamente Dumbledore y yo...

-Oh, no, no, no –lo atajó Dung moviendo su dedo índice frente a la cara de Harry-. ¿Qué me dices de Lupin?

Harry se quedó mudo.

-Él también conoce el contenido de la profecía, ¿no es así? –insistió Mundungus.

Harry observaba a Dung con cierta incertidumbre. Sin duda, la información que había llegado hasta Voldemort era demasiada.

-Pero...

-¿Recuerdas las Navidades en el cuartel general de la Orden? –Dung hizo una breve pausa-. Tuve la oportunidad de escuchar una conversación muy interesante entre tú y Remus. Siempre he pensado que la capa de Alastor es muy útil... El único inconveniente es que en ningún momento mencionasteis de qué trata ese dichoso poder...

A Harry se le encogió el corazón. Recordaba claramente aquella intensa charla con su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, así como las ocasiones en las que Moody había rezongado sin parar por la desaparición de una de sus capas de invisibilidad. De modo que Mundungus había estado presente durante toda la conversación, aunque se quedó con las ganas de saber cuál era ese poder que tanto intrigaba a Voldemort... Por ese motivo habían irrumpido en Hogwarts a través de la cámara secreta... Por eso habían ido en busca de Trelawney, sin saber que de ella no podrían obtener ninguna información…

-Sin embargo, aun queda un asunto por zanjar, y ese es el único detalle que se le ha escapado a Fletcher –puntualizó Dolohov con la intriga grabada en sus ojos-. ¿Qué es? El poder que posees, Potter, el poder que el Señor Tenebroso no conoce, oculto tras una de estas puertas… ¿Qué es?

-¿Acaso crees que voy a decírtelo? –respondió Harry fulminando a Dolohov con la mirada.

-Tal vez a él no, pero, ¿y a mí, Potter? –dijo una voz fría. Una sombra emergió a espaldas de Mundungus y se situó junto a éste, que clavó la vista en el suelo, repentinamente nervioso, mientras los mortífagos formaban un círculo a su alrededor

Lord Voldemort se encontraba frente a Harry de nuevo.

-¿Tampoco estás dispuesto a colaborar conmigo? –repitió Voldemort, acercándose peligrosamente. Harry pudo sentir como Ron, a su lado, se tensaba. Sin embargo, sólo él pudo notarlo, pues el pelirrojo no dio muestra alguna de perder el aplomo.

Harry se maldijo a sí mismo por haber llevado a Ron con él, y sin decir una sola palabra, se limitó únicamente a observar a su eterno enemigo.

-Llevo esperando demasiado tiempo, Harry Potter –siseó Voldemort mientras jugueteaba entre sus dedos con su varita-. Mucho tiempo –repitió escudriñando al chico. Los mortífagos formaban a su alrededor un círculo perfecto. Mundungus ya había quedado en un segundo plano-. Demasiado tiempo detrás de esa estúpida profecía –el mago casi escupió aquellas palabras con desprecio-. Pero ya sabes que eso no me supone ningún problema ahora, ¿no? –sus labios se ensancharon en una horrible mueca, tratando de esbozar lo más parecido a una sonrisa-. Nuestro querido amigo Mundungus Fletcher ha hecho un buen trabajo, ¿no te parece? –lanzó una furtiva mirada a Dung, pero rápidamente volvió a centrar se atención en Harry-. Incluso intenté acceder al impenetrable castillo de Dumbledore, seguido por mis más fieles servidores –dijo desdeñosamente, como si aún le costara asimilar aquella derrota-. Admito que fue un plan muy arriesgado, pero yo necesitaba completar la información que me faltaba y sabía que esa maldita bruja podría proporcionármela. Una vez más, hemos de darle las gracias al hábil Mundungus y su capacidad para escuchar detrás de las puertas.

Voldemort hizo una breve pausa, sin perder el contacto visual con Harry.

-Yo había trazado un buen plan, lo había previsto todo desde cualquier perspectiva, sin dar cabida para los fallos, era un buen plan, incluso más que eso, había encontrado la manera de penetrar en Hogwarts al fin, en uno de los recintos más seguros y mejor protegidos del mundo mágico. Pero una vez más te interpusiste en mis propósitos... Y salvaste a la bruja. ¡Qué importa! A fin de cuentas, y después de todo, vuelves a estar aquí esta noche.

El silencio se cernió en la sala, y tal vez eso fue más inquietante que escuchar la fría voz de Voldemort, desprovista de emoción alguna. Sus ojos rojos dejaron de observar a Harry y a continuación viajaron a través del círculo de mortífagos.

-Acércate –fue casi un susurro apenas perceptible, pero la voz de Voldemort destilaba tanta fuerza y crueldad, que no cabía duda de que aquella era una orden muy directa.

Voldemort había señalado con el dedo índice a un mortífago muy corpulento que se aproximó hacia su amo, caminando de una manera torpe y ruda. El hombre se inclinó ante su señor y esperó una nueva orden.

-Encuentra la puerta.

Acto seguido, el mortífago se dispuso a abrir puerta tras puerta. Harry sabía que Voldemort no trataría de nuevo de tocar siquiera la dichosa puerta si no quería salir lastimado otra vez. Por eso no había dudado en utilizar a uno de sus hombres para aquella tarea.

De pronto, cuando el fornido mortífago ya había abierto más de la mitad de las puertas que los rodeaban (todas ellas marcadas con una enorme cruz roja, pues la habitación no había dejado de girar tras abrir cada una de ellas), emitió un alarido desgarrador y cayó de rodillas en el suelo, frente a la única puerta que se le había resistido. El hombre enmascarado sujetaba su mano derecha con la izquierda. Unas enormes llagas ensangrentadas y a primera vista muy dolorosas se extendían por el dorso de su mano, y al parecer también por el antebrazo. Era una escena repugnante.

Harry apartó la vista del hombre herido para observar la misteriosa puerta. Voldemort ya había dado con ella y tan sólo era cuestión de tiempo que lo obligara a abrirla. El problema era que ni aunque se prestara a su juego podría hacerlo. Recordaba cómo el año pasado, a pesar de haber empujado con todas sus fuerzas, la puerta no se había movido ni un milímetro.

-Bien, bien, bien –susurró Voldemort con una macabra sonrisa en los labios-. ¿Tienes miedo, Potter? ¿Estás asustado?

Era como si Voldemort no tuviera prisa alguna por acabar lo que había ido a hacer, como si diera por hecho que todo estaba sentenciado, que ya nadie se interpondría entre él y lo que ocultaba la puerta; como si estuviera seguro de que nada ni nadie podrían salvar a Harry de aquella situación.

-¿No vas a decir nada? Un chico tímido... –Voldemort volvió a sonreír y Harry prefirió que su rostro permaneciera impasible, porque cuando Lord Voldemort sonreía sus facciones parecían menos humanas-. En fin... No perdamos más tiempo, ¿no crees, Harry? Ya sabemos a lo que hemos venido. Ábrela –dijo de un modo cortante, frío, como si no hubiera replica posible.

-Yo tampoco puedo abrirla –respondió Harry, reacio a ayudar a Voldemort-. El año pasado...

-Oh, ya lo creo que podrás. Te aseguro que podrás, es más, lo harás –dijo Voldemort calmadamente-. He sido muy bien informado. Resulta muy beneficioso disponer de espías en todos los ámbitos.

-Fearman –dijo Harry, que conocía la identidad del inefable que se había rendido ante Voldemort.

-Un chico listo... Sí, en efecto, pero eso carece de importancia ahora. Lo realmente importante es que yo sé que si así lo quieres, conseguirás abrir esa puerta.

-¿Qué es lo que hay dentro? –preguntó Harry tratando de ganar tiempo, aunque estaba casi seguro de que Voldemort tampoco lo sabía. ¿Es que nadie iba a aparecer para detener lo inevitable?

-Eso lo sabremos cuando estemos dentro, Potter, no seas impaciente. Todo a su debido tiempo –Voldemort entrecerró los ojos y dijo una vez más con una voz cargada de maldad-. Ábrela.

-¿Qué pasa si me niego a hacerlo? –inquirió Harry con valentía.

-Que tu amigo sufrirá las consecuencias –dijo Voldemort como si tal cosa.

Harry se acercó aún más a Ron.

-Harry... no lo hagas –dijo Ron muy decidido.

-¡Vaya, vaya! ¿Qué os parece? –exclamó Voldemort-. Este chico parece demostrar una gran valentía, todo un Gryffindor, ¿no es así? Veo que sabes rodearte de fieles compañeros de aventuras.

-Ellos no son mis servidores como lo son tus mortífagos –dijo Harry con rabia contenida-. Ellos son mis amigos.

-Más a mi favor. ¿Estás dispuesto a sacrificar sus vidas?

-No la abras, Harry –repitió Ron con voz queda-. No abras esa puerta por nada del mundo.

-Oh, estoy seguro de que cambiarás de opinión –dijo Voldemort observando a Ron con más detenimiento por primera vez-. Porque no creo que quieras perder a otro miembro de tu familia por nuestra causa.

A continuación, Voldemort chasqueó los dedos y de una de las puertas emergió una nueva figura, bajita, achaparrada y torpe. Era Colagusano. Pero lo que hizo que Harry y Ron abrieran los ojos desmesuradamente y sintieran que el corazón se les había paralizado dentro del pecho no fue la nada intimidatoria presencia de Pettigrew, sino que con él arrastraba a una muchacha con el cabello tan rojo como el fuego.

Pettigrew asía fuertemente a Ginny: con un brazo aprisionaba el cuerpo de la chica contra el suyo, y con la mano que le quedaba libre, la de plata, cubría su boca. Ginny parecía haber recibido un fuerte impacto en la cabeza, pues la sangre resbalaba desde su frente hasta su mejilla. Lentamente, y a Harry le pareció que incluso iban a cámara lenta, se acercaron y Colagusano se situó junto a Voldemort. Era un alivio ver que Ginny estaba viva, pero, por otra parte, que se hallase en la misma habitación que Voldemort no era para nada motivo de alegría. ¿Y dónde demonios estaría Neville?

-Esto se pone muy interesante, ¿no? ¿Qué os parece? ¿Estás dispuesto a arriesgar a esta preciosidad, Potter? –con un dedo, Voldemort recorrió la pálida mejilla de Ginny, que se estremeció bajo su tacto.

-¡No la toques! –gritó Harry, furioso. Ron estaba tan aturdido que parecía haber sido alcanzado por la maldición de la inmovilidad total.

-¿Te importa mucho, Potter? ¿Tanto como para abrir esa puerta para mí? Ambos sabemos que sí... –dijo Voldemort regodeándose por el nuevo rumbo que había tomado aquella situación.

-¡No, Harry! –exclamó Ginny cuando durante un momento pudo librarse de la presión que la mano artificial de Colagusano ejercía sobre su boca.

-¡Qué enternecedor! Pero tendrás que tomar una decisión, Potter, o la chica... morirá –Voldemort pronunció la última palabra lentamente, produciendo el efecto esperado.

Harry miró a Ginny y sintió que algo en su interior se venía abajo y se rompía en mil pedazos. Las cosas para él estaban muy claras. Ya no había nada que hacer.

-De acuerdo. Lo haré –dijo Harry con firmeza.

Al escuchar estas palabras, Ginny se debatió en los brazos de Colagusano, que necesitó la ayuda de otro mortífago para controlar el arrebato de la pelirroja.

-Sabia elección –dijo Voldemort, aún observando a Ginny con los ojos entrecerrados-. No sabes cuánto me recuerda a Lily, Harry –el aludido sintió como la sangre hervía en sus venas al escuchar aquella mención, al escuchar el nombre de su madre de los labios de su asesino, porque el no tenía derecho a hablar de ella. Lentamente, con parsimonia, como si disfrutara haciéndolo, Voldemort capturó un mechón de pelo rojo con los dedos y lo deslizó entre ellos-. Sin duda, debe ser algo que los Potter lleváis en la sangre. Otra pelirroja. Y otro Potter que morirá intentando salvarla –lo único en lo que Harry pensaba era en acabar con la vida de Voldemort en aquellos instantes de una maldita vez. La ira que sentía era demasiada y el corazón le latía a una velocidad alarmante. Si tan sólo volvía a hablar de su madre y se atrevía a tocar a Ginny de nuevo, se abalanzaría sobre él sin importar las consecuencias-. Tan valiente como Lily... pero ni siquiera con eso bastará.

-Lo haré. ¡He dicho que lo haré! –gritó Harry dando un paso hacia Voldemort-. Pero deja que se vayan. No tienen nada que ver en esto.

-Te equivocas. Ya que han venido hasta aquí, pueden quedarse. Ahora, ve delante de mí, y no trates de hacer nada, o tus amigos lo pagarán caro.

-¿Cómo sé que cumplirás tu parte del trato? –preguntó Harry sin moverse-. ¿Cómo sé que no les harás daño cuando hayas conseguido lo que te propones?

-No me interesa matar a un par de magos adolescentes, Harry. Y no quiero derramar más sangre pura… Deberías saber que mi único objetivo eres tú –respondió Voldemort-. Dejaré que se marchen cuando estemos dentro de la habitación, y después... Después tú y yo tenemos una cuenta pendiente...

Harry avanzó hacia la puerta en cuestión, aguardando con desesperación la oportuna aparición de la Orden como por obra de un milagro. Pero cuando estuvo frente a la puerta, supo que debía hacerlo, que no importaba lo que ocurriera, no importaba si Voldemort lo mataba, porque lo realmente importante era que Ron y Ginny lograran escapar con vida de allí...

-Vamos, ábrela –ordenó Voldemort, situado justo detrás de Harry.

-¿Cómo?

-Eres un chico listo, Harry. No dudo de que encontraras la forma de hacerlo –respondió Voldemort a sus espaldas.

-Te equivocas –dijo Harry, al mismo tiempo que daba media vuelta y se encaraba con Voldemort-. El año pasado intenté abrir esta misma puerta y no conseguí que se moviera un solo centímetro. No veo qué ha cambiado desde entonces. Tampoco ahora podré hacerlo.

-No te subestimes, Potter –susurró Voldemort con una mueca que a Harry se le antojó diabólica-. Sé perfectamente que el poder que posees es el mismo que el que se esconde tras esta puerta. Tener un par de espías bajo mi mando ha resultado muy beneficioso, como podrás comprobar. Dumbledore ha sido muy ingenuo pensando que toda la información sobre ti estaba bien protegida, ¿no crees? –Voldemort soltó una carcajada capaz de helar la sangre en las venas de todos los presentes en aquella habitación.

-No puedo abrir la puerta, no...

-Podrás –le interrumpió Voldemort, a quien no parecía agradarle en absoluto la reticencia que mostraba Harry-. Abre esa puerta para mí o atente a las consecuencias –masculló con brutalidad, dirigiendo una mirada de soslayo a Ron y Ginny.

Harry volvió a darle la espalda a Voldemort y respiro profundamente, observando con fijeza la puerta que tenía frente a él, como si con desearlo fuera a abrirse sola. Aunque al tocarla él no sufriera daño alguno, al contrario que Voldemort y sus mortífagos, dudaba mucho que pudiera traspasar la dichosa puerta. Apoyó las palmas de sus manos contra el frío metal y empujó con todas sus fuerzas. Pero tal y como esperaba, nada sucedió. La puerta seguía en el mismo sitio sin haberse movido ni un milímetro.

Harry ahogó una exclamación de frustración y trató de pensar en algo. Si no lograba abrir aquella puerta... Volvió a apoyar ambas manos sobre ella y cerró los ojos, tratando de concentrarse en la ocasión en la que habían entrado en el Departamento de Misterios hacía ya un año y se habían topado con aquella puerta por primera vez. Se concentró con todas sus fuerzas y recordó que en aquellos momentos se sentía frustrado y desesperado por encontrar a Sirius; ni siquiera pensaba con claridad, tan sólo se limitaba a abrir puerta tras puerta, buscando a su padrino.

Tal vez la puerta cediera con algún tipo de hechizo desconocido o... Pero Harry no tenía la varita consigo, así que... ¡Un momento...! Dentro del bolsillo interior de su túnica notaba algo rígido y alargado, que no era otra cosa que... ¡La varita de Ginny! Después de haber encontrado a Hermione inconsciente, Harry había recogido del suelo la varita de la pelirroja y la había guardado para devolvérsela tan pronto como dieran con ella. Aunque, claro, el encuentro con Ginny no había sido muy favorable precisamente. De modo que Harry seguía escondiendo la varita de la chica en su túnica.

Repasó mentalmente la situación en la que se encontraba y no necesitó más de un par de segundos para darse cuenta de que en aquellos instantes utilizar la varita era demasiado arriesgado, por no decir una completa locura. Dos mortífagos tenían fuertemente apresados a Ron y Ginny y otros tantos los rodeaban, sin contar con Voldemort. Y además, él era el único con una varita. Tendría que esperar el momento oportuno para actuar, y aquel, desde luego, no lo era.

¿Pero cómo demonios iba a abrir aquella puerta? ¿Cómo?

Sus amigos dependían de él. Ron... y Ginny... Ginny... Ahora que su relación de amistad con Harry era más estrecha, volvía a verse en peligro: primero, por ser la hermana menor de su mejor amigo, cuando el diario de Tom Riddle la poseyó años atrás, y ahora por ser mucho más que la hermana de Ron, mucho más... Con los ojos aún cerrados y las manos apoyadas contra la puerta, no pudo evitar vislumbrar en su mente la imagen de Ginny: su cabello rojizo, tan rojo como el mismísimo fuego... su radiante sonrisa... sus preciosos ojos castaños… E incluso si se esforzaba un poco más, casi podía recordar el aroma exacto de su perfume... Y en aquellos momentos de tensión e incertidumbre, cuando un grupo de mortífagos y el propio Lord Voldemort los tenían totalmente acorralados, Harry supo con certeza que sus sentimientos por ella eran lo suficientemente profundos como para no desaparecer jamás.

Y de pronto, con las manos aún sobre la superficie de la puerta, sintió cómo ésta cedía poco a poco. ¡Había conseguido abrirla! ¡Lo había logrado! Pero, ¿cómo...?

-Sabía que serías capaz de hacerlo, Potter, lo sabía... –murmuró Voldemort con regocijo-. Bien, ahora entra. Delante de mí. Y será mejor que no pienses ni por un instante en escapar, porque entonces será imposible que tus amigos salgan con vida de aquí.

Harry traspasó el umbral de la puerta lentamente. No sabía qué iba a encontrar al otro lado y todos sus sentidos estaban alerta al menor movimiento o ruido que pudiese percibir.

Harry caminó muy despacio, con Voldemort a sus espaldas en todo momento, mientras asimilaba con ansias lo que sus ojos veían. Se encontraban en una habitación cuadrada y espaciosa, de cuyas paredes colgaban antorchas que iluminaban con claridad hasta el último rincón del lugar. Diseminadas por toda la estancia, había varias fuentes enormes de piedra llenas de litros y litros de un líquido nácar espeso. Aunque el contenido de las fuentes parecía a primera vista idéntico, si uno se fijaba mejor podía darse cuenta de que cada poción era diferente: el tono nacarado de algunas era más claro y el de otras más oscuro; la superficie de algunas brillaba más, la de otras, menos.

Voldemort comenzó a pasear por la sala inspeccionando todas y cada una de las pociones, mientras Harry permanecía quieto y confundido. ¿Aquello era todo? ¿No había allí nada más que… eso? La verdad era que Harry no sabía qué esperar de aquella habitación antes de entrar allí, pero, desde luego, nunca se habría imaginado que estaría llena de fuentes repletas de Amortentia, el filtro de amor más poderoso que existía. Porque estaba seguro de que eso era exactamente lo que contenían las fuentes. El color, el brillo, su inconfundible aroma… Para cada persona tenía un olor distinto (dependiendo de lo que a uno le atrajese) y Harry no había dejado de inhalar el perfume de Ginny desde que había entrado, era como si su fragancia estuviese por todas partes.

Voldemort continuaba deambulando por la habitación, observando con el ceño fruncido una a una todas las fuentes. Harry se preguntó entonces cuál sería el aroma que desprendería la Amortentia para él, para alguien que era incapaz de amar y con semejante sed de poder. Tal vez no era capaz de apreciar ningún olor. Aunque seguro que a pesar de ello, Voldemort también había adivinado lo que contenían las fuentes de piedra. Seguía caminando con parsimonia por la sala, acercando el rostro a la superficie de las distintas pociones, y Harry se preguntó qué estaría pasando por su cabeza.

Para alguien como Voldemort, aquella sala no tenía ningún valor. Si Harry le hubiese revelado que el poder que él poseía era la capacidad de amar y de luchar por sus seres queridos hasta las últimas consecuencias, Voldemort se habría reído de él, y desde luego, se habría tomado muchísimas menos molestias para llegar hasta allí, quizá ninguna. Alguien que consideraba el amor como una debilidad, no habría malgastado sus energías en tratar de entender o de poseer ese poder. Harry estaba bastante seguro de que aquella sala supondría una decepción considerable para Voldemort, que finalmente se giró en su dirección y lo observó con odio y con impaciencia.

-¿Qué demonios significa esto? –espetó el mago con rabia mal contenida.

Harry no creía que Voldemort se contentara con la verdad, así que respondió con simpleza:

-No lo sé, ¿por qué no me lo dices tú?

-¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO? –bramó Voldemort de nuevo, furioso.

A pesar de aquel grito ensordecedor, ningún mortífago se atrevió a entrar en la sala. Harry sabía cómo debía de sentirse Voldemort. Había planeado durante tanto tiempo aquel golpe, había deseado saber qué escondía aquella puerta con tantas ansias, y cuando por fin lograba esquivar todos los obstáculos y se encontraba allí, no podía recibir su premio. Era como si después de haber gastado tantas energías, el sacrificio no diese los resultados esperados.

-¿Es esto un engaño? –susurró Voldemort para sí mismo.

Miraba hacia todas partes con cierta desesperación, con la esperanza de hallar cualquier signo del poder que esperaba encontrar al otro lado de la puerta. Pero todo siguió igual. Y entonces miró a Harry a los ojos fijamente y con una sonrisa torcida, exclamó en dirección a la salida:

-Matadla –la voz de Voldemort fue de ultratumba y aquella simple orden heló el corazón de Harry.

-¡No! – desde el interior de la habitación Harry escuchó el grito desesperado de Ron.

Sin pensarlo dos veces, Harry apartó a Voldemort de un fuerte empujón, quedando su camino libre hacia la salida. Corría como alma que lleva el diablo, temeroso de lo que podría encontrar al otro lado si no llegaba a tiempo. Sacó la varita de Ginny del bolsillo interior de su túnica al mismo tiempo que salía por la puerta.

-¡Avada Ke...! –un mortífago alto y ancho de espaldas apuntaba con su varita a Ginny, aún fuertemente apresada por Colagusano.

Pero Harry fue más rápido:

-¡Impedimenta! –al instante, el mortífago que había estado a milésimas de segundos de matar a Ginny, cayó al suelo, inmóvil.

Ron se revolvía en los brazos de dos encapuchados y su expresión era de horror y temor por lo que había estado a punto de suceder. Con un certero codazo propinado en el estomago, se libró de uno de los mortífagos y Harry hizo saltar por los aires al otro.

Harry recuperó su varita y la de su amigo tras desarmar a un atónito Mundungus, y tanto él como Ron se batieron en duelo con el resto de los mortífagos. Harry, alerta a cada momento, vigilaba la puerta que había abierto hacía tan sólo unos minutos y supo que Voldemort aún se encontraba en el interior de la habitación, tal vez buscando aún algo que pudiese haber pasado por alto, y probablemente confiando en todo momento en que sus hombres detendrían a tres magos menores de edad que no representaban ningún peligro para él.

Mientras tanto, en un rincón de la estancia y olvidado por todos, se encontraba Colagusano, que esperaba impaciente alguna orden. Pero Ginny no estaba dispuesta a esperar toda la noche, así que dándole un fuerte pisotón en el pie derecho y un codazo en el estómago, se libró del hombre, que aulló de dolor.

Harry corrió hasta Ginny, después de haber dejado fuera de combate a un mortífago muy diestro en el duelo y le tendió su varita a la chica, respirando aliviado al ver que ella estaba bien.

Cuando Ron se quitó de encima a un mortífago especialmente fiero que le había hecho un feo corte en el labio, se acercó a su hermana y se cercioró de que ella sola podía combatir al encapuchado con el que luchaba. Pero Harry sabía que no lograrían mantenerles a raya eternamente.

-¡Qué demonios hacéis, panda de ineptos! –rugió Voldemort tras salir de la habitación en la que había permanecido hasta entonces y comprobar que sus mortífagos no eran capaces de someter a Harry, Ron y Ginny-. ¡Detenedlos! ¡Matad a los otros dos, pero a Potter lo quiero vivo!

Harry, lanzando hechizos sin parar entre Ron y Ginny, supo que ya no podrían aguantar mucho más. Abrió la puerta que tenía justo detrás y tiró sin miramientos de los brazos de sus dos amigos.

-¡Fermaportus! –exclamó Harry apuntando a la puerta tras atravesarla.

Al otro lado podía escucharse la confusión y agitación de los mortífagos. La repentina escapada de los tres amigos los había tomado desprevenidos y les llevaría un buen rato hallar la puerta exacta por la que Harry, Ron y Ginny habían desaparecido, pues la sala circular había comenzado a girar de nuevo nada más cerrarse esa puerta.

-Debéis marcharos cuanto antes de aquí –dijo Harry entre susurros. Podían oír claramente los movimientos de los mortífagos y las órdenes de Voldemort a través de la puerta-. No disponéis de mucho tiempo, así que...

-¿Qué? ¿Estás loco? –lo interrumpió Ron con un deje de exasperación en la voz-. No vamos a dejarte solo.

Junto a Ron, Ginny asintió con vehemencia y Harry se fijó entonces en la herida que tenía cerca de la sien. Desde luego, no tenía buen aspecto y por si eso fuera poco los ojos de Ginny parecían vidriosos, como si le costara enfocar la vista. Era posible que hubiese sufrido una conmoción.

-Ron, Ginny está herida, tienes que sacarla de aquí.

-¡Yo estoy bien! –protestó Ginny enérgicamente.

-No es cierto –rebatió Harry negando con la cabeza-. Has recibido un golpe muy fuerte en la cabeza, Ginny.

Ron observó a su hermana con detenimiento, mientras ésta se palpaba la herida y respondía a Harry con total convicción:

-Te digo que estoy bien. No vamos a dejarte atrás, Harry. ¿Es que piensas enfrentarte a Voldemort tú solo?

Ron miró con las cejas enarcadas a su hermana, sin poder esconder la sorpresa ante el hecho de que hubiese pronunciado el nombre del Señor Tenebroso.

-Tenéis que marcharos... –insistió Harry, impaciente-. Tenéis que aseguraros de que la Orden...

-¡Claro! ¿Y crees que yo voy a esconderme sabiendo que mientras tanto tú estás en peligro? –dijo Ron entre dientes-. No puedo dejar que vayas solo... Pero tienes razón, Ginny debería…

-¡No! –exclamó la pelirroja interrumpiendo a su hermano.

-Ron, escúchame. Los mortífagos no van a intentar atacarme; Voldemort quiere encargarse de mí personalmente. Pero vosotros… Vosotros corréis mayor peligro, porque intentarán quitaros del medio para llegar hasta a mí. Ron… Ya sabes cómo están las cosas. Sabes lo que tengo que hacer –terminó Harry con decisión y comprendió que su amigo había entendido lo que quería decir a juzgar por su expresión. Entonces volvió a desviar los ojos hacia Ginny-. Tienes que poner a salvo a tu hermana antes de que empeore.

-¡Estoy bien, Harry! ¡Puedo luchar! –afirmó Ginny, contrariada, agitando su cabellera pelirroja. Y entonces, como si fuera una señal de aviso, se tambaleó y Ron la sujetó con presteza.

Harry le dirigió una mirada de apremio a Ron.

-Ya sabes lo que tengo que hacer –repitió Harry con los ojos clavados en los de Ron-. Y tú no puede ayudarme. Nadie puede.

Ron miraba fijamente a Harry con el ceño fruncido sin decir nada en absoluto, como si estuviese librando una dura batalla interna.

-¿Se puede saber de qué estás hablando, Harry? –preguntó Ginny sin poder evitar que la angustia se reflejara en su voz. Entonces se giró hacia su Ron-. Dile que no nos vamos sin él.

Ginny miraba a su hermano en busca de apoyo, pero Ron no respondió, porque había comprendido perfectamente las palabras de Harry. Nadie más que su amigo era capaz de derrotar a Voldemort; solamente Harry tenía una oportunidad frente al Señor Tenebroso.

-Puede que haya llegado el momento, Ron. Es mi destino, no el tuyo –dijo Harry tratando de sonar seguro-. Lo que tienes que hacer ahora es sacar de aquí a Ginny.

Ron despegó por fin los labios y, sin dejar de mirar a Harry, dijo:

-Confío en ti. Sé que puedes hacerlo.

-Harry, dime qué está pasando. No entiendo nada… –rogó Ginny con una expresión desolada que fue como una puñalada en el corazón de Harry. ¿Y si no volvía a verla nunca más? Se miraron el uno al otro durante unos segundos que fueron eternos.

-Marchaos –dijo Harry con resolución desviando los ojos hacia Ron-. Nos veremos luego, amigo.

Ron asintió con la mandíbula apretada, tragó en secó y respondió con voz temblorosa:

-Nos veremos luego… hermano.

Y sin más demora, el pelirrojo tomó de la mano a Ginny y se dirigió hacia una de las puertas que había al otro lado de la sala. Pero ella no estaba dispuesta a ponerle a Ron las cosas tan fáciles, y enseguida trató de zafarse de su agarre para volver junto a Harry.

-No, Ron… ¡No!

Ron, que era más alto y más fuerte que Ginny, la envolvió con sus brazos y la arrastró consigo con facilidad, mientras ella se resistía sin parar a pesar del terrible dolor de cabeza y de la debilidad que sentía.

-¡Suéltame, Ron! –exclamó Ginny con rabia-. Harry… ¡Harry! ¡Harry, por favor!

Las lágrimas surcaban el rostro pálido de Ginny, y Harry, sin poder soportar ver por más tiempo la expresión de desesperación en su rostro, les dio la espalda a ella y a Ron. Supo que al fin habían salido de aquella sala cuando dejó de escuchar las súplicas de Ginny, que aún seguían resonando como un eco en su cabeza.

Harry apenas tuvo tiempo de sobreponerse tras aquellos angustiosos segundos. Escuchó cómo los mortífagos se agolpaban tras la puerta que había cruzado con anterioridad y repentinamente ésta estalló en pedazos, dejando paso a Voldemort y a sus fieles seguidores.


Aclaraciones:

Como ya hemos dicho en capítulos anteriores, esa puerta que buscaba Voldemort en el Departamento de Misterios aparece en La Orden del Fénix: Harry intenta abrirla, pero no lo consigue, y después en el despacho de Dumbledore (tras la muerte de Sirius), el director menciona esa sala y le explica a Harry que allí se estudia ese poder que el posee y del que Voldemort carece, es decir, el amor. Esto es lo que sabemos por los libros.

Tras la publicación de Las Reliquias de la Muerte, Rowling contestó a lo largo de los años a un montón de preguntas y dudas que habían quedado en el aire, entre las cuales se encontraba el contenido de esa misteriosa sala. Más concretamente, a finales de 2007 Rowling dio una entrevista en la que respondió a varias cuestiones. Pues bien, en esa entrevista dijo que lo que había detrás de aquella puerta del Departamento de Misterios que Harry no había podido abrir en el libro de la Orden del Fénix, era ni más ni menos que una poción de amor muy poderosa (Amortentia) y que estaba allí para su estudio.

Esta información la hemos extraído de la web eldiccionario . org (sin espacios, pero por algún motivo, si lo escribimos todo junto no aparece, fanfiction lo omite...).