Los personajes de INUYASHA no me pertenecen sino a RUMIKO TAKAHASHI

Esta obra pertenece a KIM LAWRENCE, ha sido adaptada y modificada por mí.

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Los personajes utilizados pueden contener Ooc.

Los personajes son todos humanos, la trama se ubica en un universo alternativo.

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Capítulo 3

Sesshomaru POV

El retiro rural de Sesshomaru estaba al final de un camino de tierra por el que a Kagome le pareció que llevaba dando brincos durante kilómetros y kilómetros.

El interior revelaba encanto antiguo a montones, pero Kagome no estaba de humor para apreciarlo. Aunque al mirar a su alrededor se le ocurrió que no era la clase de lugar que habría imaginado que podía gustarle a Sesshomaru. Demasiado kitch.

-Mi tía me lo dejó en herencia -explicó él, como si le hubiera leído el pensamiento, mientras ella le seguía más- al interior de la casa-. No llegué a ponerlo en venta y tiene la ventaja de hacerme inaccesible.

-Me sorprendes, no te había tomado por un tipo sentimental -su tranquilo desdén podía haberle sorprendido, pero no podía estar segura ya que el hielo de los ojos de Sesshomaru era imposible de interpretar.

Le puso alerta que él hubiera mencionado la palabra «inaccesible», lo que le hacía más consciente de la vulnerabilidad de su situación; sin embargo libró una exitosa batalla para conseguir enmascarar su miedo tras una expresión de calma.

-Encerrarme aquí no altera el hecho de que Kikyo te haya dejado. En realidad, mi hermana debe ser ahora...

-La señora de Naraku Onigumo -interrumpió él sonriendo.

Kagome se quedó boquiabierta.

-¿Cómo sabías que...?

Debía estar al corriente del engaño casi desde el principio, lo que resultaba espeluznante. Y ahora Sesshomaru acababa de dejar claro que también conocía los motivos del engaño. Como si respondiesen a una especie de radar, los ojos de Kagome se pegaron a esa mirada dorada, y la desapasionada crueldad que vio en ella fue peor que un estallido de violencia. Desde luego, no había pensado en que los motivos que le habían hecho llevarla allí fueran benevolentes-, pero ahora que Sesshomaru conocía su identidad y mucho más, se sintió seriamente alarmada.

-No he tenido que hacer grandes esfuerzos para enterarme de lo que tramaba tu hermana. Ya sabía lo de Aku Onigumo, aunque admito que creía que era historia.

Las luces de pared que Sesshomaru encendió proyectaron sombras que enfatizaron los esculpidos contornos de su rostro, confiriéndole una apariencia siniestra en opinión de Kagome.

-Ella lo ama.

-Ese hombre tiene mi más sincero pésame -contestó Sesshomaru con irónica formalidad inclinando la cabeza-. La duplicidad y el engaño, por lo general, no son cualidades que conviertan a una mujer en una buena esposa.

-Ha hablado el experto -dijo ella echando el pelo -hacia atrás con un brusco gesto.

La miró encolerizado. Le había tocado un punto flaco, -se dio cuenta por la rigidez de sus músculos faciales y por el brillo de sus ojos. Kagome asimiló esos pequeños cambios; pequeños, pero significativos. En el mismo instante, recordó los comentarios de la adolescente sobre la esposa de Sesshomaru.

-No me gustan los hombres que pisan a los demás, y es evidente que Kikyo también se dio cuenta de eso, aunque tarde. Imagino que la primera señora Taisho llevó una existencia algo menos que feliz.

-Naturalmente, encuentro profundamente interesante tu opinión -declaró él en tono de aburrimiento, pero Kagome notó que era puramente superficial y que los ojos de él empequeñecieron tras el último comentario-. Tu actitud es desafortunada. Sin embargo, estoy seguro de que le sacarás el mejor partido posible, dadas las circunstancias.

Sesshomaru la vio quedarse helada antes de darse media vuelta y comenzar a alejarse.

Kagome le alcanzó en la cocina, que estaba al final de un largo y estrecho pasillo. Era un espacio pequeño que daba la sensación de ser más grande ya que se abría a la zona de comedor y, que sin duda, daba al jardín. Pero este era una sombra oscura en esos momentos.

-No te vayas así -dijo ella.

-Me parece una señal excelente que te muestres tan deseosa de mi compañía. Kagome se clavó los dientes en el labio inferior.

-Prefiero la compañía de un lobo hambriento -él le lanzó una burlona mirada y continuó echando granos de café en un molinillo-. Sí, mucho más.

Los ojos de Kagome estaban llenos de odio cuando se clavaron en la cabeza inclinada de Sesshomaru. ¿Era un sádico o simplemente indiferente a los sentimientos de los demás?

-Tengo curiosidad por saber hasta dónde pretendías llegar con el engaño -dijo él abandonando la tarea para volverse a mirarla-. ¿Hasta el altar o más lejos? ¿Hasta qué punto estabas dispuesta a implicarte en ese papel? ¿Tenías intención de deslizar ese precioso cuerpo entre mis sábanas?

Mientras hablaba, la inherente musicalidad de su voz resultó profundamente aparente; incluso las yemas de los dedos de Kagome respondieron al sonido. El significado de esas palabras le ofendió, al igual que el lento viaje que los ojos de Sesshomaru emprendieron por su cuerpo. De repente, el vestido le resultó seductor, pero no alzó los brazos en un gesto protector. Fue la aprensión lo que la hizo temblar, se dijo a sí misma con firmeza, otra explicación era totalmente impensable.

-La lealtad que le tengo a mi hermana no llega tan lejos-. Y ya que parece que te interesa tanto, te diré que no debías enterarte nunca de que yo no era Kikyo. Al principio, el plan de mi hermana me planteó problemas morales, pero desaparecieron a los tres minutos de conocerte -le confió ella furiosa-. ¡Si hay un hombre en el mundo que se merezca que lo dejen delante del altar, ese hombre eres tú! Lo único que te importa es tu ego y el poder.

Mientras se calmaba, se le ocurrió que no era muy inteligente por su parte adoptar una línea de comportamiento tan beligerante. ¿Qué le había dicho Kikyo? Que Sesshomaru era capaz de todo, capaz de hacerle daño a Aku; que estaba obsesionado con mantenerse al frente de la compañía y que tenía que casarse con alguien porque se le acababa el tiempo. Y que no se podía abandonar a un Taisho.

¿Había pensado ella que su hermana Kikyo estaba siendo absurdamente vengativa?

-Me doy cuenta de que estás algo disgustado -observo ella en tono apaciguador.

-Algo disgustado -Sesshomaru repitió las palabras lentamente, su burlona sonrisa calculada incremento la tensión que Kagome casi podía tocar-. Qué astuta.

-¡Ya es suficiente! Ya estoy harta de tus insinuaciones. Estás furioso porque Kikyo consiguiera engañarte. Cuando te conocí y me di cuenta de lo frío, de lo egoísta y de lo horrible que eres, me di cuenta de que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por ayudar a mi hermana a escapar de ti.

Kagome se plantó las manos en las caderas, lo que hizo que el tejido del vestido le marcase los pechos, enfatizando sus contornos.

-Gunther me ha dicho que eres una especie de genio -continuó ella burlonamente-. Puede que tenga razón, pero te equivocaste al pensar que Kikyo se conformaría con ser una esposa obediente y decorativa con buenas caderas para tener niños.

Kagome hizo una pausa antes de añadir:

-Kikyo es una criatura que se mueve impulsivamente. Accedió a casarse contigo porque se sintió halagada y porque el hombre al que amaba se le estaba escapando de las manos. Quería castigarle y, al mismo tiempo, satisfacer las ambiciones sociales de nuestro padre. Pero nunca se habría casado contigo... ¡Es mercuriana, pero no está loca! Yo le serví para su propósito, o eso pensé. Si a mi hermana no le hubiera asustado tanto decirte la verdad, nada de esto habría ocurrido. Tú has tenido la culpa.

La furia que estalló en ella comenzó a desaparecer. De repente, Kagome se sintió agotada y presa de un súbito frío.

-¿Qué más puedo decir? No ha sido la adquisición mejor de tu vida, aunque en realidad no has conseguido adquirir nada -dijo Kagome sombríamente.

-Pero he pagado de buena fe -la expresión de Sesshomaru, para ser de Sesshomaru, era curiosamente expresiva.

Era una mezcla entre repugnancia y fascinación; pero Kagome, incapaz de aguantar aquel escrutinio, clavó los ojos en un punto de los hombros de él.

-¡No puedes comprar una esposa!

-Necesito una esposa. Tu hermana lo sabía y también sabía que había invertido tiempo en elegir a una mujer decidida a llegar a un trato conmigo. Ahora mi tiempo es limitado. He hecho lo posible por evitar este tipo de melodramas emocionales, y al final me he topado con una mujer que, permanentemente, parece al borde de la histeria.

Ella desdeñó el comentario con un cáustico movimiento de labios.

-No me importa el tiempo que te quede -no podía ser que Sesshomaru estuviera sugiriendo lo que le había parecido que sugería. ¡Ni siquiera Sesshomaru Taisho podía insinuar algo tan absurdo!

-Pues debería importarte porque va a afectar a tu futuro.

-Ve al grano. ¿Qué es exactamente lo que estás tratando de decir?

Cuanto antes saliese de esa casa, de ese país, y volviese a la caótica realidad de su vida normal, mejor.

-Necesito una esposa y, tal y como te ha dicho la misma Kikyo, tendrás que servir tú.

Kagome se lo quedó mirando sin querer creer lo que acababa de oír.

-Estás loco -dijo ella con profunda convicción sus ojos ahora azules, debido al retiro de las lentillas brillaban burlones-. Tengo alergia al matrimonio en general, pero casarme contigo... Dime, Sesshomaru, ¿por qué iba yo a cumplir tus deseos? Todo el mundo me ha hablado de tu increíble intelecto; pero hasta el momento, no has hecho más que comportarte como un estúpido megalomaníaco. Cásate con esa niña tonta que te considera un regalo del cielo. -No tengo intención de arruinar la vida de Rin. -Pues la mía tampoco quiero que la arruine nadie.

-Eres tú quien se ha ofrecido como sustituta -le recordó Sesshomaru-. He trabajado mucho para hacer que la compañía de mi familia sea una empresa del siglo veinte. Un grupo de gente que había puesto por encima su vanidad y su interés personal la había llevado casi a la ruina. Mi abuelo sabía que cuando estuviera demasiado viejo para seguir con las riendas, los demás destrozarían lo que a él le había costado tanto levantar; y se lo permitió porque estaba convencido de que yo no sería capaz de resistir la necesidad de evitar que ellos destrozaran el trabajo de toda una vida. A mi abuelo le gustaba apostar.

Un brillo de apreciación iluminó los dorados ojos de Sesshomaru en tanto la examinaba. Pareció satisfacerle atraer toda la atención de Kagome.

-Quería enseñarme que, cuando las cosas andaban mal, éste era mi sitio. También sabía que no dejaría que mi familia destruyese la vida de cientos de personas que dependen de la compañía. Su última estratagema, mi matrimonio, fue una forma de asegurarse de que yo tuviera descendencia.

Sesshomaru hizo una pausa antes de continuar.

-Sabía que no tenía intenciones de casarme. Pero en estos tiempos que corren, y dentro de la esfera de competencia, no hay lugar para los aficionados, ni incluso para aquellos que tienen talento; y los miembros de mi familia que están involucrados ni siquiera tienen eso. Si el matrimonio es la única forma de mantenerlos al margen, que así sea. Te vas a casar conmigo, no voy a permitir que me estafen.

Al menos, aquellas palabras parecían sinceras; pero también mostraban una creencia absoluta en su propia capacidad, y conllevaban una amenaza implícita.

-No se me puede culpar del testamento de tu abuelo.

No podía ser que Sesshomaru la creyese lo suficientemente loca como para prestar atención a tan ridícula sugerencia. No, no se trataba de una creencia sino de un real decreto.

-Estaba dispuesto a sacrificar mi libertad hasta cierto punto y a realizar los reajustes necesarios.

-¿Esperas que te aplauda? -Sesshomaru hablaba como si el matrimonio fuera ridículamente simple; pero la mirada que él le lanzó la hizo morderse la lengua-. Sé realista, Sesshomaru. Tienes mucho que ganar con el matrimonio, pero lo que mi hermana iba a ganar era poco, y yo nada.

La sonrisa de Sesshomaru tenía una sedosa cualidad que Kagome empezaba a asociar con el peligro.

-¿Así estamos todavía? Tú y tu hermana se han reído a mi costa. Debe haber sido un juego divertido, algo que ha compensado los traviesos trucos que podríais haber realizado de pequeñas. Pero ahora ya no eres una niña. Eres una persona adulta que debe pagar las consecuencias de sus actos. De ahí la superficial... -¡Superficial! -exclamó ella llena de ira-. ¡Tú estabas dispuesto a comprar una esposa!

-Se llegó a un acuerdo y tú pareces estar pensando en no cumplirlo -Sesshomaru sacudió la cabeza despacio-. Ni lo sueñes.

-Tu acuerdo era con Kikyo -protestó Kagome. -Y tú te has prestado a sustituirla.

La sonrisa de Sesshomaru fue lenta y sensual, y el repentino cambio de táctica de ataque la dejó sin respiración. Las líneas del rostro mostraron desagrado al acercarse a ella. Cuando Kagome alzó la cabeza se dio cuenta de lo mucho que le intimidaba su altura.

-Elegí a tu hermana porque no tenía intención de hacer grandes cambios en mi vida con el fin de adaptarme a una esposa y a una familia. No quería hacer daño a alguna mujer idealista a la que se le ocurriese que podría cambiarme con el fin de que me adaptara a su sueño -explicó Sesshomaru cínicamente.

-¡No quiero ni necesito amor!

El desdén curvó los labios de Sesshomaru.

-Tu hermana me pareció la mujer ideal, con la experiencia suficiente para haber dejado atrás las ilusiones románticas. De hecho, era presentable y superficial, una combinación ideal. Y, por supuesto, no puso objeción alguna, a pesar de lo que pueda haberte dicho a ti. En realidad, se mostró encantada con la idea.

-Kikyo parece ser muchas cosas que no es -le informó Kagome con voz ronca.

-Tu hermana ya no me interesa.

-Pues a mí me parece que sí. Mi hermana te ha puesto en ridículo y no puedes aceptarlo. Quieres venganza. Pídeme un taxi, ya estoy harta de todo esto. Me voy a casa.

Sesshomaru la agarró por el hombro y ella ahogó una protesta de dolor; como concesión al miedo, sólo se permitió agrandar las pupilas.

-¡Suéltame!

-¿Hasta qué punto te importa tu hermana? -Dudo que pudieras comprenderlo, así que no me voy a molestar en darte detalles.

Sesshomaru había inclinado la cabeza, estaba demasiado cerca. Kagome vio la textura de su piel y la pequeña cicatriz que le corría a lo largo de la mandíbula, un hilo blanco casi invisible, y la forma de sus labios... Parpadeó para disipar la extraña confusión que sintió de repente.

-¿Qué tal aguantaría tu hermana un esposo sin trabajo... y sin posibilidades de trabajar? -preguntó Sesshomaru pensativo, como si la idea le pareciese interesante.

Kagome se quedó helada, el color le desapareció del rostro.

-Aku tiene trabajo, es un ingeniero electrónico. Tiene un excelente puesto de trabajo en California, no puedes hacerle daño -pero no pudo evitar la nota de incertidumbre en la voz; sobre todo, cuando se dio cuenta de que Sesshomaru no podía haber dejado de notario.

El miedo se le agarró al estómago.

Devolvió una mirada furiosa a su adversario con estoica obstinación al tiempo que se daba cuenta de por qué su hermana no se había sentido a salvo sin poner el océano Atlántico entre ella y Sesshomaru. ¿No sería una distancia suficiente?

-Todavía tengo contactos en los Estados Unidos. Es más, el propietario de la compañía en la que el querido Aku trabaja es amigo mío.

-Un camarada, qué enternecedor -observó ella venenosamente.

-Voy a ser franco contigo, yo intercedí para que le dieran ese trabajo a Aku.

-¿Movido, por tu natural generosidad?

Sesshomaru decidió desdeñar el comentario.

-Decidí que podría confiar más en la fidelidad de Kikyo, a corto plazo, si Aku estaba lejos -Sesshomaru se encogió de hombros y la soltó. -

-No puedo negar que eres un hombre cauteloso.

Kagome tuvo la certidumbre de que estaba siendo manipulada. No quería oír nada más, pero una curiosidad enfermiza la hizo dejarle que continuase.

-Pero ahora me resulta muy ventajoso... si quiero darle problemas con el trabajo. Lo único que tengo que hacer es llamar por teléfono.

La clara amenaza la hizo palidecer mortalmente. -¿Llegarías a ese punto?

Por algún motivo, el tono burlón de Kagome irritó a Sesshomaru.

-Una sola palabra mía y Aku no volverá a trabajar en la industria electrónica. No veo que eso condujera a la armonía doméstica, ¿no te parece?

-Eso es despreciable. ¡Es chantaje!

-Hay mucho en juego. Si tienes tantos escrúpulos, no deberías haberte metido en esto. Pero lo has hecho, ¿verdad? -dijo Sesshomaru en tono cortante-. Supongo que te pareció un entretenimiento.

Los ojos de él se clavaron en los altos y turgentes senos de Kagome. Esos mismos ojos brillaron, y Sesshomaru alzó el rostro bruscamente.

-Es hora de ver hasta qué punto estás dispuesta a sacrificarte por la felicidad de tu hermana gemela.

Una voz tan rica debería ser cálida, pensó Kagome; pero la de Sesshomaru era tan fría y dura como el granizo. -Eres una mujerzuela superficial que sólo busca el placer; pero tienes una debilidad, tu hermana. Por eso es por lo que vas a casarte conmigo, Kagome.

-Tengo mi propia vida, tengo un trabajo y una madre que me necesita -tenía que hacerle ver que lo que estaba sugiriendo era una locura inaceptable.

-No me cabe duda de que tienes una vida muy satisfactoria al amparo del esplendor de tu madre, pero dudo que le seas indispensable. Debe ser frustrante para alguien sin talento estar pegada a alguien tan inspirado, pero suele ocurrir. Me da la impresión de que tu vida es la versión lujosa de alguien que se queda en casa para cuidar a un familiar enfermo, la falta de valor se hace pasar por devoción.

-¡Y tú eres un desgraciado insoportable! Antes no podía comprender por qué Kikyo estaba convencida de que te vengarías de ella si te abandonaba, pero tenía razón al tenerte miedo, ¿verdad? No tienes una gota de decencia en ti.

Kagome estaba temblando y las lágrimas le empañaron la vista. Lanzó un puñetazo a ciegas, pero Sesshomaru paró el ataque con facilidad y con la fuerza suficiente para sujetarla contra la dureza de su cuerpo.

Sentirse bombardeada por unas sensaciones desconocidas era lo último que Kagome necesitaba en esos momentos. No eligió ser consciente de los latidos del corazón de Sesshomaru ni de su musculoso pecho. La fuerza delgada y fibrosa de Sesshomaru era aparente. Sin previo aviso, una humillante pereza se apoderó de ella y trató de combatir la consciencia de ese olor masculino que emanaba de la piel de Sesshomaru.

-Lo interpretaré como un sí, ¿de acuerdo? dijo Sesshomaru poniéndole la cabeza en la nuca y echándosela hacia atrás mientras que, con el otro brazo, la estrechaba contra sí.

-No confíes en mis instintos suicidas, no tengo.

La profunda risa que vibró en el pecho de Sesshomaru salió cálida y espontánea, carente de su habitual cinismo.

-Siento no compartir esa opinión. Yo diría que sí tienes instintos suicidas; de lo contrario, no le habrías seguido el juego a tu hermana. ¿O era tu juego? Cabe, la posibilidad de que estés aburrida de ir de un lado para otro acompañando a una celebridad. ¿Te gustó la idea de conseguirte un marido rico?

Las carcajadas de Sesshomaru la dejaron perpleja y su sonrisa le pareció fuera de este mundo. ¿Era ése el encanto de Taisho que su hermana había mencionado? De repente, sintió unos absurdos celos de que Sesshomaru hubiera sonreído así a Kikyo. La idea la encolerizó.

-Estás enamorado de ti mismo, ¿verdad? Yo... yo...

Entonces, el humor desapareció de repente del rostro de Sesshomaru para ser sustituido por una expresión puramente depredadora. Esos hipnóticos y luminosos ojos le examinaron el rostro. La mano que había tenido en la nuca se paseó por su elegante mandíbula y garganta, y Kagome se estremeció de un indeseable placer.

Sesshomaru iba a besarla y, por extraño que pareciese, ella no iba a evitarlo. Y el íntimo examen, que debería haberle repugnado, le hizo sentir un cálido fuego en el vientre.

La lengua de Sesshomaru se le deslizó entre los labios y ella no puso barreras. Todo su ser estaba concentrado en el sabor de aquella boca, una boca sutil y hábil que la quemó por dentro. Fue en ese momento cuando Kagome comenzó a devolver la presión y su pasividad se transformó en una respuesta casi violenta.

Notó la expresión de puro deseo en esos dorados ojos y sintió, tanto como oyó, un sonido gutural de satisfacción masculina. Todo ello le impulsó a apretarse más, contra él, a hundirse en el abismo de esas oscuras y deliciosas sensaciones. Tembló cuando Sesshomaru deslizó la mano por debajo del escote trasero del vestido y expuso la inmaculada curva de sus hombros.

Se estremeció cuando los labios de él rozaron esa piel. Un pagano deseo le corrió por las venas, un terrible y maravilloso anhelo la consumió. Quiso tocarle, lo hizo y gimió.

Sesshomaru la miró a los ojos.

-Casarte conmigo puede tener sus compensaciones -comentó con voz ronca mientras, con la lengua, le acariciaba la garganta-. Es muy extraño... físicamente eres idéntica a tu hermana pero, a pesar de que la encuentro hermosa, nunca he sentido el deseo de estrangularla... ni tampoco de arrancarle la ropa y hacerle el amor en el suelo.

La locura que la había embriagado desapareció. Con un gemido de desagrado, Kagome se apartó de él.

-Eres un ególatra -le espetó ella.

¿Qué había hecho? Se preguntó con desesperación. Sesshomaru tenía la camisa salida del pantalón y la chaqueta estaba en el rincón opuesto de la estancia, en el suelo.

Los músculos del estómago de Kagome se contrajeron al fijar los ojos en el vello que le cubría el pecho y le bajaba por el vientre hasta desaparecer debajo de la cinturilla de los pantalones. La piel de Sesshomaru era satinada.

-Nada en este mundo me compensaría lo suficiente para casarme contigo y, desde luego, no tus besos -declaró Kagome apartando los ojos de aquel torso-. No te engañes a ti mismo.

- Los ojos de Sesshomaru empequeñecieron y una fina capa de sudor le bañó la piel.

-Si estás intentando decirme que no te ha gustado esto, yo diría que eres tú quien se está engañando a sí misma.

Sesshomaru encogió los hombros y comenzó a abrocharse la camisa con una economía de movimientos completamente opuesta a la incertidumbre que incapacitaba los miembros de ella.

-Como madre de mis futuros hijos, considero que la atracción física es un factor positivo.

Sesshomaru se pasó la mano por sus revueltos cabellos y Kagome recordó las caricias de aquellos dedos.

-Kikyo tenía toda la razón del mundo al creerte completamente carente de escrúpulos. ¿En serio destruirías la vida de un hombre que nunca te ha hecho daño? ¿No sientes nada al recurrir al chantaje? ¿Estás acostumbrado a esta clase de comportamiento?

Con los ojos, Kagome buscó en el rostro de Sesshomaru una señal de arrepentimiento, algo que le permitiera creer que sus amenazas eran vacías. No conocía a Aku, pero por lo que había oído de él, le parecía quizá incluso demasiado bueno para su hermana. Sin embargo, a Sesshomaru eso no le importaba, todo el mundo podía ser víctima de sus manipulaciones.

-Lo que importa es lo que tú creas que yo haría -observó él desapasionadamente-. No te pongas tan trágica, Kagome, es muy posible que acabes disfrutando.

El cinismo de él estaba mezclado con un grado de sensualidad que la quemó.

Le dolió haberse comportado de forma tan humillante, como una imbécil necesitada de sexo.

-Debes tener en cuenta que esta tarde he tenido que dejar a Gunther mucho antes de lo que me habría gustado -contestó ella provocativamente-. No me gustaría despertar en ti falsas esperanzas.

Algo parecido a la ira cruzó los ojos de Sesshomaru. Un egoísta consumado reaccionaría mal al ser considerado un sustituto, pensó Kagome con satisfacción.

-¿Estaba enterado Gunther de tu engaño?

Kagome eligió ignorar la latente amenaza, le gustó no sentirse responsable de otra persona.

-No le ha gustado la idea... dadas las circunstancias -y no mintió.

-Debe ser un amante muy tolerante.

Kagome sonrió.

-Lo es.

-Lo era.

-Las amenazas siguen al chantaje como la noche al día -dijo ella con desdeñosa despreocupación.

Pero por dentro su rebeldía bullía. Sesshomaru la había arrinconado y la estaba obligando, pero jamás se sometería en su fuero interno.

-Creía que el acuerdo que he heredado me permitiría hacer lo que me diera la gana -añadió Kagome-, no puedes cambiar todas las reglas. Es posible que me obligues a casarme contigo por medio del chantaje, pero no esperes que disfrute.

-Mi acuerdo con tu hermana ya no es relevante.

La respuesta la llenó de ira frustrada.

-¡Pues será mejor que me informes de las nuevas reglas con el fin de asegurarme de que no voy a quebrarlas! -exclamó ella sarcásticamente.

-Me gustaría empezar a tener familia inmediatamente, pero quiero estar absolutamente seguro del pedigrí de la prole.

Ella jadeó tras el insulto.

-¿Y eso acaba de ocurrírsete ahora?

-Al contrario que Kikyo, que es una persona vanidosa y cree que ningún hombre puede ver el engaño tras sus vacías promesas, tú tienes una naturaleza apasionada, lo que te hace más volátil. Has demostrado que no piensas antes de actuar -dijo él con voz dura-. Eres una mujer apasionada que tiene por norma mantener relaciones esporádicas con los hombres.

Sesshomaru encogió los hombros con cierto desdén.

-Eso está muy bien si eres Kagome Higurashi, pero no si eres Kagome Taisho. Tu hermana tiene un saber hacer y una discreción de las que tú careces totalmente. Así que, por el momento, cortarás cualquier relación con otros hombres.

-¿Eso crees? Y considerando mi absoluta falta de moral, ¿no te parece que te vas a exponerte a un gran riesgo?

-Gracias a tu hermana me encuentro muy limitado. No te habría elegido como esposa si hubiera tenido otras alternativas...

-¡No adoptes esa actitud moralista conmigo! -interrumpió Kagome sorprendiéndose de que Sesshomaru la considerase una salvaje, apasionada e imprevisible sirena... ¡A ella, Kagome, pragmática hasta los huesos!-. Soy yo quien está limitada y jamás te lo perdonaré. ¡La moral no te ha impedido querer arrancarme la ropa!

-¿He dicho yo eso? -Sesshomaru arqueó las cejas-. Qué falta de delicadeza por mi parte. En realidad, preferiría quitártela... muy, muy despacio.

Kagome se sonrojó de pies a cabeza tras esas palabras eróticas.

-Crees que te estoy exigiendo que hagas algo porque quiero acostarme contigo -añadió Sesshomaru con voz suave-. Olvida esa posibilidad, querida; jamás confundo los negocios con el placer. El matrimonio jamás sería un requisito para disfrutarte.

El claro desdén de Sesshomaru por ella la hizo sentirse sucia.

-No soy un amante celoso, Kagome, simplemente un hombre que quiere sacar beneficios a una inversión. No quiero una esposa promiscua -el último comentario tenía una nota de amenaza.

-Y yo no quiero un marido. Y si tú quieres una esposa que te odia, debes estar loco.

-El sacrificio es el fundamento del carácter -dijo él austeramente-. Los dos podemos descubrir la verdad de esa perla de la sabiduría.

-¡Tu maravillosa compañía significa más para ti que ninguna otra cosa! -Kagome le acusó tragándose las lágrimas de autocompasión. Un miembro de la familia Taisho no debía llorar-. Para ti, los demás no son más que peones.

A Sesshomaru pareció aburrirle la acusación.

-Este es un juego al que yo no te he invitado; ahora, no te queda más remedio que jugar de acuerdo con mis reglas.

-Aku no te ha pedido jugar, pero estás dispuesto a destrozarle la vida de todos modos. Así que no hables en ese tono tan razonable. ¿Y qué va a pasar si no quiero seguir tus reglas?

Pero el desafío de las palabras de Kagome era sólo superficial y, probablemente, él se había dado cuenta.

La sonrisa de Sesshomaru fue letal y muy civilizada, a Kagome se le heló la sangre en las venas.

-Creo que no deberías considerar esa posibilidad, querida.

-Quiero irme a casa. Tengo frío y no tengo intención de pasar la noche contigo.

-Es encantadoramente tradicional de tu parte no querer anticipar los votos matrimoniales, querida. Qué raro, creía que tu entusiasmo de antes significaba algo completamente diferente.

-Déjate de sarcasmos y llévame a mi casa -Kagome no necesitaba que le recordaran su comportamiento anterior.

¿Cómo podía olvidar la explosiva reacción de su cuerpo?

Sorprendentemente, tras un breve e intenso escrutinio de su pálido rostro, Sesshomaru asintió.

-Tengo una reunión a primera hora de la mañana. Además, tendré que hablar con mi familia. Y tú será mejor que le informes a tu padre que tiene en su casa a la hija que no es.

-Mi padre jamás consentirá que me case contigo.

Llena de una nueva desesperación y casi consciente de la situación en la que se encontraba, Kagome bajó la cabeza.

Sesshomaru la tomó del brazo, sonriendo, y la condujo hasta la puerta.

-Supongo que no te apetece antes una taza de café -observó él secamente-. Y a propósito, creo que lo mejor será que a tu hermana le digas que te has enamorado de mí, es la mejor estrategia a adoptar.

Kagome se detuvo y se lo quedó mirando perpleja. -¿Eso es lo que tú vas a decir?

-No tengo intención de darle explicaciones a nadie -respondió él con leve sorpresa.

Kagome lanzó una seca carcajada.

-Qué tonta soy ¿Sabes andar sobre el agua? -preguntó ella apretando los dientes.

-Hacerse la graciosa no es una cosa atractiva en una mujer -observó él reactivando el sistema de alarma antes de cerrar la puerta.

-Y los aires de superioridad no son atractivos en un hombre -murmuró ella mientras le seguía hasta el coche.

-Si tienes frío, hay una manta en el asiento trasero -dijo Sesshomaru mientras ella se ponía el cinturón de seguridad.

-Tu preocupación por mi salud me sobrecoge -contestó Kagome al tiempo que alargaba un brazo para agarrar la manta y cubrirse con ella.

-Una novia con la nariz roja no quedaría bien en las fotos de las revistas -observó Sesshomaru secamente.

Ella lo miró con odio.

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P.D: Agradecería su apoyo y si no fuera molestia algunos review.

Gracias de antemano por darse un tiempo en leer esta historia.

P.D 2: Quería avisarles que por motivo de trabajo (ya que trabajo todo el día), no podre subir un nuevo capítulo hasta el día lunes o a más tardar el martes, gracias por su comprensión.