Los personajes de INUYASHA no me pertenecen sino a RUMIKO TAKAHASHI
Esta obra pertenece a KIM LAWRENCE, ha sido adaptada y modificada por mí.
Los personajes utilizados pueden contener Ooc.
Los personajes son todos humanos, la trama se ubica en un universo alternativo.
Capítulo 4
Kagome POV
Kagome se agachó en lo alto de las escaleras y escuchó la conversación entre su padre y Sesshomaru, el hombre que iba a convertirse en su esposo a la mañana siguiente. La idea seguía pareciéndole irreal.
-Estoy seguro de que no tardará.
Kagome sonrió contenta consigo misma. ¿Era suficiente hacer esperar a su pretendiente media hora? Cinco minutos más no le vendrían mal. Los obsequiosos esfuerzos de su padre le resultaron más incómodos que el calambre que le había dado en el pie izquierdo, el resultado de la incómoda postura que había adoptado.
Era sorprendente la forma tan diferente como sus padres habían reaccionado a la noticia, reflexionó Kagome. Su padre se había adaptado notablemente bien a la situación; al parecer, cualquier conexión con la familia Taisho era mejor que ninguna. Una filosofía que a ella le pareció despreciable. Al menos, su madre había sido honesta, sólo le había preocupado su propia situación: «Creo que estás siendo muy egoísta, querida».
Después de soportar media hora de sermón, Kagome, con lágrimas en los ojos, le colgó el teléfono a su madre con desesperación.
-Me parece que voy a ir a decirle a Kagome que se dé prisa.
Kagome se puso en pie apresuradamente al oír el último comentario de su padre. Con la barbilla muy alta, comenzó a descender. Su madre hacia unas entradas espectaculares, así que -ella estaba copiando a la experta... en cierto sentido. Sakura Lane era una valiosa cliente de algunas casas de modas, y el atuendo de Kagome era de muy variadas etiquetas, pero ninguna exclusiva.
La reacción de su padre era más de lo que había esperado: se le cambió el color de la cara, entre malva y morado, y emitió un sonido ahogado con la garganta. En el momento en que Kagome llegó al pie de la escalinata, su padre miró con expresión de pesar al hombre alto que estaba a su lado. Por supuesto, era esperar demasiado que Sesshomaru mostrase ningún horror; y si ni su actual atuendo conseguía enfurecerle, nada lo lograría.
Kagome había imaginado que estaría guapo con un traje formal, pero en la realidad no encontró palabras para describirlo. ¡Estaba simplemente magnífico! Contuvo la respiración, el magnetismo de Sesshomaru era demasiado potente para absorberlo.
-Siento haberme retrasado -dijo ella animadamente al tiempo que sonreía a los dos hombres sin mirarles a los ojos.
-En absoluto, Kagome. Ya veo que has hecho un verdadero esfuerzo para arreglarte.
Sesshomaru habló con pasmosa tranquilidad, cuando se suponía que debía haberse puesto furioso.
-Desde luego, me lo he pensado mucho -los largos pendientes le golpearon las mejillas mientras hablaba, y Sesshomaru sonrió maliciosamente cuando uno de ellos le dio en un ojo.
-Cautivan los ojos... en el sentido literal de la palabra -observó él suavemente.
-No puedes ir así -dijo el padre de Kagome enrojeciendo alarmantemente.
-¿Pasa algo con mi vestimenta? -preguntó ella frunciendo el ceño como si no comprendiese.
Se miró a sí misma. Le había costado mucho lograr ese efecto. Por supuesto, el rastrillo había sido de un valor incalculable para conseguirlo. Los exóticos rasgos de su rostro, unidos a su tez casi morena, eran perfectos para esa apariencia agitanada.
Las diferentes faldas de volantes que llevaba, de colores que no casaban, estaban conjuntadas con un chaleco de parches. Las botas eran tan pesadas como el plomo, nunca aptas para un salón. Kagome, acostumbrada a trajes sencillos que le permitían moverse fácilmente, se veía como un monstruo. Pero su apariencia en general daría a la familia Taisho algo en lo que pensar. La nuera del infierno estaba a punto de causar un verdadero impacto.
-Mitzuo, debes ser más flexible con la expresión individual.
El comentario espantó tanto al padre de Kagome como a ella misma. Mitzuo, miró a su alrededor, inseguro de la respuesta que debía dar, pero incapaz de contradecir a su futuro yerno. ¿Acaso nadie se atrevía a poner en entredicho las órdenes de Sesshomaru? Se preguntó Kagome amargamente. Ese aire de autoridad la hizo desear ponerse a gritar. Si le decía a su padre que Sesshomaru le había chantajeado para que se casara con él, probablemente se haría el sordo.
-Papá, si no te gusta cómo voy vestida, dilo. No tienes por qué permitirle que te diga lo que tienes que pensar.
Kagome lanzó a Sesshomaru una mirada fulminante. El objetivo de su estrategia había resultado ser completamente inmune a ella. Unos momentos antes se había sentido una verdadera rebelde; ahora, se sentía una idiota con esa ridícula indumentaria.
-No le hables a tu padre en ese tono.
Miró a Sesshomaru fijamente, el pecho agitado dramáticamente..
-No necesito que me enseñes buenos modales.
Sesshomaru le dedicó una lenta mirada tan inexpresivo como la piedra. La piel le brillaba y su perfil era suficiente para inspirar una escultura, pero... ¿podría un artista capturar la esencia de la vitalidad de ese hombre? Kagome lo dudó. Sólo con mirarle se sentía mareada.
-Mitzuo, adelántate y pide disculpas por nosotros. Danos media hora más. Dile al conductor que no le necesitaré -la sonrisa de Sesshomaru era casi conspiradora, y Kagome vio a su padre hacer lo que le decían.
-Creo que has tenido poca delicadeza al avergonzar así a tu padre.
El comentario la hizo enrojecer.
-Es una suerte que me importe un pimiento lo que pienses. Me parece que a la gente le preocupa demasiado tu opinión.
Él aceptó la contestación con una leve sonrisa.
-Me doy cuenta de que has hecho un considerable esfuerzo por demostrar que serás una esposa poco adecuada, pero es un esfuerzo perdido porque eso ya lo sé. Cuanto antes lo aceptes, mejor. Si te hace feliz, a mí tampoco me entusiasma la idea. Y tampoco me avergüenzo fácilmente -Sesshomaru miró el fular con el que ella se había cubierto la cabeza-, así que todo esto... es superfluo. ¿No te parece que ya eres mayorcita para jugar a ser rebelde?
-Supongo que no vas a persuadirme de que me vista de forma más digna. ¿Para qué entonces has mandado a mi padre que se adelantara?
-Parecía que al pobre hombre iba a darle un ataque -observó él secamente-. Además, creo que debo ir acorde contigo. Tengo la intención de que atiendas a la cena tal y como pensabas, y pienso apoyarte. -¿Apoyarme? -preguntó ella sospechosa.
El triunfo que había anticipado no iba a materializarse y, con tristeza, aceptó la realidad.
-Debemos ser la solidaridad personificada.
Confusa, vio a Sesshomaru pedir un taxi por teléfono.
El trayecto a casa de él les llevó cinco minutos y se realizó en silencio. Un silencio que le dio qué pensar sobre lo que Sesshomaru entendía por solidaridad.
Sesshomaru abrió la puerta de su casa, sujetándola firmemente del brazo, y comenzó a subir las escaleras de dos en dos.
-¿Qué van a pensar los sirvientes si te ven arrastrándome escaleras arriba?
-No animo a nadie a que me atienda personalmente. Soy capaz de vestirme solo, a menos que reciba una oferta mejor.
-No vayas tan de prisa -el color de las mejillas de Kagome no se debía sólo a la rápida ascensión.
-Ya casi hemos llegado, cariño.
Por fin, él abrió la puerta con una reverencia.
-Esta es tu habitación -dijo ella en tono acusador al tiempo que miraba a su alrededor.
Sesshomaru cerró la puerta. El mobiliario antiguo y las paredes forradas en roble no eran impactantes, más allá de dar una impresión de masculina utilidad. Una decoración lujosamente espartana era la forma de describirlo.
-Nuestra habitación en el futuro próximo.
-Todavía hay tiempo de...
Sesshomaru lanzó una carcajada. -¿De que yo cambie de parecer? No, no lo creo.
Sesshomaru tiró la corbata encima de la cama y comenzó a desabrocharse la camisa.
-¿Qué estás haciendo? -preguntó ella con los ojos muy abiertos.
-Quitarme la ropa. Puedes mirar para otro lado si eso te ofende.
¡Como si fuera tan fácil! La piel de Sesshomaru era algo pálida, con tonos satinados; y cuando él se dio media vuelta, ella lo observó con fascinación.
-Si me pones un dedo encima...
Sesshomaru se detuvo a medias de bajarse la cremallera de los pantalones y se volvió del todo para mirarla burlonamente.
-Querida niña, me llevaría media hora quitarte todas las capas de ropa que llevas, y mi madre tiene obsesión con la puntualidad.
-Y tú siempre complaces a mamá.
-Casi nunca, si crees lo que ella dice -Sesshomaru esbozó una media sonrisa-. No veo necesidad en agraviarla más de lo necesario, pero tampoco dejo de hacerlo cuando lo creo necesario. Parece molestarte que no intente seducirte.
Kagome inyectó toda la burla que pudo en su carcajada.
-Me parece que la aventura amorosa que tienes contigo mismo precede a todas las demás.
Los oscuros pantalones siguieron al resto de la ropa, y Kagome tragó saliva casi con dolor. Sesshomaru tenía el cuerpo de un atleta y la altura de su poder. Teniendo en cuenta que desde muy tierna edad había visto a los modelos que pintaba su madre, no comprendía qué le pasaba en esos momentos. No era una apreciación estética lo que sentía por aquella belleza masculina, sino algo más... visceral.
Sesshomaru lanzó una súbita carcajada.
-¿Me estas llamando narcisista? Nunca me han acusado de eso.
-La gente que te rodea -está demasiado ocupada arrodillándose ante ti y diciéndote que sí a todo.
Kagome agrandó los ojos al verle sacar unos pantalones vaqueros con una rodillera rota.
Sesshomaru se abrochó el cinturón y saco una camiseta de un cajón.
-La equivocación de mi abuelo fue ser un absoluto déspota; yo, por el contrario, he reprimido cualquier inclinación natural en esa dirección -Sesshomaru arqueó las cejas-. Ya veo que no me crees, pero te aseguro que esa clase de comportamiento no reporta beneficios a nadie. Mi abuelo jamás delegaba ninguna responsabilidad... cosa que no está mal a corto plazo.
Sesshomaru se metió la camiseta por la cabeza antes de continuar.
-El problema es que, con un déspota, nadie sabe qué pensar. Me gusta que las personas que me rodean trabajen con independencia y que no les dé miedo a decirme que me he equivocado en algo. No tengo sitio en mi empresa para los zalameros. Así es como pienso.
Sesshomaru alzó unas botas para que Kagome las inspeccionara. Eran de cuero y parecían botas de vaquero.
-¿Has montado a caballo en los Estados Unidos, Kagome?
Sesshomaru se enderezó y se pasó una mano por los revueltos cabellos. La transformación que le había conferido el cambio de atuendo era algo fascinante de ver. Dos hombres diferentes, los dos fascinantes.
-No sé montar a caballo.
-Allí, las sillas de montar son como sillones. Quizá algún día te lleve.
-¿Qué estás haciendo, Sesshomaru? -preguntó ella casi asustada.
Le molestaba que Sesshomaru siempre le quitara la iniciativa.
-Vestirme para la cena, ¿qué otra cosa iba a hacer? -¿Vas a ir así?
-No tengo collares de cuentas, a menos que me prestes alguno.
Kagome jamás hubiera imaginado que Sesshomaru la dejara salir así. Había hecho un gran esfuerzo por desafiar a los convencionalismos sociales, pero no había esperado que él se lo permitiera, y mucho menos lo que estaba pasando.
-¿Y qué va a decir tu madre si te ve aparecer así? -Muchas cosas, supongo.
-No es posible que imagines que voy a enfrentarme así a tu familia —dijo ella horrorizada.
Sus brillantes teorías estaban sufriendo una muerte violenta.
-¿No era esto lo que querías? ¿O es que esperabas que te desnudara a la fuerza?
-Por supuesto que no -negó ella consciente de su falta de sinceridad.
Una serie de vivas y sorprendentes imágenes le asaltó, todas ellas instigadas por la seductora sugerencia. ¿Qué le estaba ocurriendo?
-Pues lo que has dicho me da otra impresión -observó él con voz ronca-. Si ese es el caso, quizá debieras mostrarte algo más agradable conmigo.
-Sigue soñando -respondió ella también con voz ronca mientras distintas emociones se le agarraban al estómago.
El brillo de esos ojos dorados se le clavó dolorosamente.
-A mí, personalmente, me da igual si a mi familia les gustas tú y si a ti te gusto yo. Uno de los dos está mintiendo, ¿cuál de los dos?
Sesshomaru se acercó a ella y le acarició la mejilla con un pulgar, aunque Kagome dudó de que lo hiciera conscientemente. Pero el gesto encendió un fuego en la parte baja del vientre que la hizo avergonzarse de sí misma inmediatamente.
-Querías insultarme y lo que has hecho te ha rebotado a ti -continuó él-. Así que será mejor que hagas de tripas corazón y sigas con el farol. No juegues al póker nunca si no estás preparada. Además, Kagome, será mejor que sepas que no soy una persona a la que los convencionalismos sociales limiten.
-Que siga con el farol -repitió ella-. Suena a receta para nuestro matrimonio.
-Tendrás que aguantarte, Kagome -dijo él mientras le pasaba los dedos por el cabello-. Aunque nuestro matrimonio va a ser de conveniencia...
-¿De conveniencia para quién? -murmuró ella con voz truculenta, su sentido de la justicia aumentaba a la misma velocidad que su pánico.
El desastre que aquellas caricias impersonales estaban causándole era extraordinario. Kagome se sintió como una amasijo de pasiones indiscriminadas.
-Físicamente, al menos, hay algo -observó Sesshomaru como si conociese lo que ella sentía.
Los ojos de él reposaron en los labios de Kagome: llenos, suaves y rosas.
Kagome comenzó a sacudir la cabeza, pero el beso que Sesshomaru le dio resultó ser una forma devastadora de aplastar su negativa. La esencia masculina de él era como una droga dura; y cuando Sesshomaru interrumpió el beso, Kagome lanzó un suave grito de protesta.
-Esto es algo -dijo Sesshomaru con voz gutural.
Kagome respiró profundamente varias veces y dio un paso atrás.
-Lo único que demuestra es que sabes besar -respondió ella temblando-. No me cabe duda de que has tenido mucha práctica.
Aún podía saborearle y se frotó la boca con las manos para destruir el sabor.
-Hablas como si fueras una autoridad en la materia -comentó Sesshomaru levantando las cejas.
-Es de todo conocido -contestó ella-. Además, Kikyo ha dicho que... -Continúa, ¿qué es lo que Kikyo ha dicho?
Kagome, enfadada contuvo el aliento. ¿Cómo podía Sesshomaru parecer divertido?
-Supongo que estas orgulloso de ti mismo por tener fama de mujeriego.
-No sé lo que te ha contado tu hermana, pero te aseguro que a algunos les parece obsesiva la forma como protejo mi vida privada.
-¿Y por qué iba a mentir Kikyo...? -Kagome se interrumpió en el momento que una idea le vino a la mente, su hermana sabía que era más fácil que ella cooperase si creía que el hombre del que Kikyo quería escapar era una especie de degenerado-. Supongo que vas a decirme que eres un santo.
-Eso sería excesivo -concedió Sesshomaru-. No aspiro al celibato, pero mis relaciones con las mujeres nunca se han basado en el engaño. Aunque he de decirte que algunas encuentran la verdad demasiado incómoda.
-Eso que has dicho es muy descarnado.
-La honestidad es descarnada. ¿Hasta qué punto estarías dispuesta a ser honesta, Kagome, si te preguntara cómo preferirías pasar la noche, si librando una batalla con mi familia o descubriendo si se me da tan bien hacer el amor como besar? -debajo de esa sonrisa burlona, Kagome detectó una inesperada seriedad.
-De repente, la cena me parece una forma encantadora de pasar la noche contestó ella con voz ronca.
El hecho de que necesitara recordarse en cada momento que lo odiaba era preocupante.
-Pues durante un minuto... -Sesshomaru esbozó una sonrisa que contenía ironía y, posiblemente, desencanto-. Puede que te arrepientas de tu decisión en el futuro.
Recorrió la vestimenta de Kagome con la mirada y, con la cabeza inclinada, la contempló con expresión analítica.
De súbito, sorprendiéndola, Sesshomaru le dijo que levantara los brazos y ella obedeció. Le quitó rápidamente tres camisas, hasta dejarla con una malla aterciopelada color vino que llevaba debajo.
-Así podrás respirar con más facilidad. Además, es una pena, aunque sea para demostrar algo, esconder tus atributos. Yo diría que estás dotada con más generosidad que tu hermana en ese aspecto. Pareces una gitana... muy exótico, mas con esos zafiros que tienes como ojos.
Kagome alzó una pierna ligeramente y le enseñó sus botas. Era la única respuesta que se le ocurría cuando, por dentro, lo único que sentía era un absoluto caos.
-No son muy exóticas.
-No importa, tienes cierto... estilo -contestó él con seguridad.
¿Era eso un halago? Se preguntó Kagome mientras le miraba con expresión interrogante.
-Me has ofrecido un desafío, Kagome. Cuando me conozcas mejor, comprenderás que no puedo resistirme a los desafíos -los ojos de él despidieron un brillo malicioso.
-¿Cuándo te conozca mejor? -repitió ella secamente-. Me muero de ganas.
Sesshomaru aparcó la moto al lado de un Rolls Royce. Kagome le soltó la cintura y se bajó al suelo.
Con gesto inexpresivo, le dio el casco.
-¿Me tienes reservada alguna sorpresa más? -preguntó ella mientras sacudía la cabeza para soltarse el pelo, aplastado por el casco.
Sesshomaru le quitó la chaqueta de cuero que le había puesto.
-Te ha gustado el paseo -le aseguró él.
-¿Hay algún caso de enfermedades mentales en tu familia? -preguntó Kagome dulcemente antes de seguirlo hacia la brillantemente iluminada fachada de la imponente casa.
-Mi familia intentó encerrar a mi abuelo por un pecado menor que asistir a una cena en pantalones vaqueros. Así que, si en algún momento ves una camisa de fuerza, no te alarmes.
Kagome tragó saliva, no estaba segura de hasta qué punto eso era mentira. El sirviente que les abrió la puerta sólo parpadeó al verlos aparecer, y a Kagome le impresionó su aire contenido. Respiró profundamente en el momento que sintió que estaba entrando en un tanque lleno de pirañas.
Apartó el rostro de las miradas silenciosas y clavó los ojos en Sesshomaru. Los dorados de él la estaban observando maliciosamente; evidentemente, Sesshomaru esperaba que representase su papel. Con una brillante sonrisa y la cabeza alta, Kagome examinó los rostros que, a su vez, la examinaban a ella. ¡Se lo había demostrado! Si a él no le limitaban los convencionalismos sociales, a ella tampoco.
-¿Un disfraz, Sesshomaru? -la madre de él se destacó de los demás.
La mujer lanzó a su hijo una deliberada mirada y ofreció a Kagome un abrazo a una distancia de varios centímetros de su cuerpo.
-Kagome tiene espíritu artístico -ofreció el padre de ella a modo de disculpas.
-No, no lo tengo -negó Kagome.
-Sólo perverso -aclaró Sesshomaru-. Es aire fresco, ¿no te parece, mamá?
-Siempre hay un momento y un lugar para el aire fresco. Cuando pienso en todas las mujeres hermosas y educadas que podrías haber elegido...
-Esta es mi futura esposa, mamá, y espero que se la trate como a tal.
Sesshomaru se interrumpió y miró a Kagome. -Normalmente, mi madre es un poco más sutil, Kagome, debes haberla dejado muy preocupada -su tono burlón hizo que la elegante mujer mayor se sonrojase.
La madre de Sesshomaru les lanzó una última y furiosa mirada antes de retirarse junto al resto de la familia.
-¿Debo darte las gracias? -preguntó Kagome arqueando las cejas con gesto satírico.
Las siguientes palabras de Sesshomaru demostraron que el escepticismo de Kagome era fundado.
-De aquí en adelante, estás tú sola -respondió Sesshomaru con indiferencia-. Estoy demasiado ocupado para encargarme de tus batallas, tendrás que aprender a defenderte por ti misma.
Kagome le dedicó una deslumbrante sonrisa, sus ojos eran tan duros como los de él.
-¿Qué te hace pensar que no soy perfectamente capaz? -dijo ella con calma.
¿Acaso creía Sesshomaru que después de dos días la conocía perfectamente?
Después de mirarlo con desdén, enderezó los hombros y se alejó con la cabeza muy alta.
Su anfitriona no tuvo la delicadeza de presentarla, y, la mayoría de los allí presentes hicieron lo posible por ignorar su presencia. Kagome eligió a un hombre de aspecto agradable, que parecía tener aproximadamente su edad, y se le acercó. Se le veía una persona normal, en comparación con la exclusiva compañía de la familia, y Kagome se presentó a sí misma con una sonrisa.
Poco a poco, su conversación atrajo a algunos de los invitados más jóvenes y al cabo de no mucho tiempo todos comenzaron a aceptar la simpatía de Kagome; su humor irónico les hizo reír muy pronto.
Sin motivo aparente, mientras charlaba con el joven al que se había presentado, buscó con la mirada a Sesshomaru. Al encontrarse con sus intensos ojos, descubrió que no podía apartar la mirada de él. ¿Cómo se había dado cuenta de que él la estaba observando? ¿Qué alarma interna la había alertado? No era el atuendo lo que le diferenciaba de los demás; sin duda, era el hombre más guapo de entre la gente atractiva que había en la sala. Los miembros de la familia Taisho no sólo tenían dinero sino también atractivo físico.
En la periferia de su visión, vio la figura familiar de la joven admiradora de Sesshomaru, y suspiro de alivio cuando oyó que anunciaban la cena.
Pero su alivio no duró mucho, la habían sentado entre una mujer que se presentó a sí misma como la madre de Rin y un caballero de edad avanzada que era el tío de Sesshomaru. La hostilidad que irradiaba de la pareja fue suficiente para estropear el sabor de la delicada y aromática sopa de pepino que acababan de servir.
Sesshomaru estaba sentado tan lejos de ella como era posible, y Rin estaba a su lado, toda su atención centrada en él. ¿Disfrutaba Sesshomaru con ello? ¿O era aburrimiento lo que detectaba en su rostro? No, Sesshomaru sonrió encantadoramente a algo que la chica había dicho.
Después de la cena, varios de los miembros más jóvenes de la familia comenzaron a bailar al son de una suave música, no lo suficientemente alta para ofender a los que tenían menos energías.
-Rin y Sesshomaru hacen una pareja encantadora, por supuesto comentó la madre de Sesshomaru.
Kagome vio a la chica obligar a Sesshomaru a levantarse y llevárselo al círculo de danzantes.
-¿En serio?
Desde luego, Sesshomaru no se había resistido, pensó Kagome mientras le veía moverse al son de la música. Agachó la cabeza para escuchar algo que la joven estaba diciendo. De repente, Kagome se vio presa de un ataque de ira, algo natural si su compromiso hubiera seguido los cauces normales; pero dadas las circunstancias, la llenó de alarma.
-Es el vivo retrato de Kagura, pero no es raro dado que eran primas hermanas. Eran una pareja feliz, fue realmente trágico. Tengo la impresión de que Sesshomaru ve a Kagura cada vez que mira a Rin.
-Debe ser doloroso para él -observó Kagome con cautela, no quería revelar lo poco que sabía del matrimonio de Sesshomaru.
-Tendrá a Sesshomaru a pesar de ti.
Kagome la miró fijamente. De repente, se le ocurrió pensar que la madre de Sesshomaru debía estar algo desequilibrada. La estaba mirando con tal maldad que Kagome dio un paso atrás.
-Creo que Sesshomaru tiene la última palabra en este asunto.
¿Acaso esa mujer creía que Sesshomaru era un hombre que se dejase manipular? Sesshomaru vivía según sus propias reglas, eso era lo que le convertía en un peligroso adversario.
-Se lo has quitado a tu propia hermana, sabemos qué clase de mujer eres.
Acababa de enterarse de la explicación a la sustitución. Se había convertido en una mala mujer a la caza del chico de oro. De no haber estado a punto de echarse a llorar, habría estallado en carcajadas. Kagome sonrió débilmente, incómoda por la animosidad de esa mujer. Se encontró desesperadamente triste.
-Si me disculpa...
Al otro lado de las puertas dobles estaba el jardín de estilo italiano, con un estanque y una fuente en su centro. Se sentó en el borde, flexionó las piernas, apoyó la barbilla en las rodillas, cerró los ojos y se quedó escuchando el rumor del agua.
Sin deliberación, pensó en el matrimonio de Sesshomaru. Sesshomaru enamorado... difícil de creer. Era un hombre apasionado e intensamente sensual, ¿pero sentimientos tiernos? ¿Sería el parecido de su esposa con la joven Rin lo que le había hecho buscar otra novia? ¿Estaba secretamente enamorado de esa chica? La idea la dejó insatisfecha.
Lanzó un gruñido de enfado y se enderezó, pensaba en Sesshomaru Taisho más de lo que era aconsejable. Se quitó las incómodas botas, estiró los pies y después, impulsivamente, los metió en el agua. Estaba maravillosamente fresca y en cuestión de minutos, sin saber cómo, se encontró en el agua hasta casi las rodillas.
-¿Lo estás pasando bien?
Kagome no levantó la cabeza.
-Tengo esa habilidad, en medio del desprecio, consigo encontrar placer en las pequeñas cosas que me ofrece la vida -respondió ella con voz ronca y en tono sarcástico.
-¿Te desprecian?
-Tengo la esperanza de que recuperes el sentido común o un poco de decencia en ti mismo. Lo que intentas hacer es... inhumano -la voz le tembló.
Hasta entonces le había parecido vivir algo irreal, un sueño extraño; pero la dolorosa realidad la golpeó con toda su fuerza en esos momentos.
-Tengo sentido común, Kagome -los ojos de Sesshomaru pasaron del rostro de ella a sus piernas desnudas.
-No tiene sentido considerar la posibilidad de que seas humano. Creo que te alegra que me haya presentado vestida como un monstruo porque sabías que disgustaría a tu familia.
-Has sido tú quien ha elegido esa indumentaria, cielo, pero ahora que lo mencionas... En fin, la situación creada ha sido divertida.
-Son todos unos snobs despreciables -Kagome no pudo evitar poner pasión en la voz.
-Cierto, pero has conseguido desenvolverte mejor de lo que esperaba -admitió Sesshomaru-. En resumen, la opinión que mi madre tiene de ti es que eres hermosa y descarada. Admira a las personas que se le oponen, no lo hacen muchos.
-No tengo intención de entrar en una lucha de ingenio con tu madre. ¿Qué diría si le contara el verdadero motivo por el que voy a casarme contigo?
-¿Es una amenaza? -Sesshomaru rió burlonamente-. ¿No se te ocurre nada mejor? Si esperas que mi familia salga en tu ayuda, Kagome, estás destinada al fracaso.
-Kagome se acercó al borde del estanque e impetuosamente, le tomó del brazo. Los duros músculos que tocó le encogieron el estómago, pero no le distrajeron de su propósito.
-Si pudiera encontrar alguien que me sustituyera de voluntad propia, podrías casarte y conservar tu adorada empresa.
-Pareces desesperada.
Kagome se quedó mirando ese rostro de piedra y lanzó un suspiro de frustración.
-¿Y eso te sorprende? -preguntó apretando los dientes-. Estoy desesperada porque no quiero casarme con un hombre al que sólo puedo despreciar. Tengo una vida y un trabajo, y a ti -no se te ha ocurrido pensar ni un momento lo que me estás quitando. Amigos...
-Amantes -le interrumpió él-. Tú y tu hermana deberíais haber pensado en eso antes de tratar de engañarme. El comportamiento irresponsable, a veces tiene un precio, y tú lo vas a pagar. Las dos son unas irresponsables.
Kagome se llevó las manos a las caderas sin darse cuenta de que la falda le caía al agua.
-¡Eres el hombre más egoísta que he conocido en mi vida! -sacudió la cabeza y sus cabellos revolotearon alrededor de los hombros-. Si esperas que me comporte como una tonta mimada, olvídalo. Puede que me lleves al altar por medio del chantaje, pero te amargaré la vida tanto como me sea posible.
Fue una promesa.
-Mi dulce Kagome, eso da igual; la mayoría de la gente va a suponer que te has casado conmigo por mi dinero. Si creyese que, en algún momento, pudieras enamorarte de mí, yo mismo cancelaría este acuerdo ahora mismo. Y no te hagas ilusiones, me daría cuenta enseguida.
-No te preocupes, mis habilidades como actriz no llegan a tanto. Además, la idea me repugna.
Con el pie, Kagome golpeó el agua enviando una lluvia sobre él. Era infantil, pero se sintió más aliviada. Decidió repetir la acción con más vigor. Pero esta vez, su objetivo le sujetó el pie en el vuelo.
Kagome lanzó un grito mientras luchaba por mantener el equilibrio. Milagrosamente, lo consiguió.
-Suéltame -dijo balanceando precariamente una pierna.
-Tienes unas piernas preciosas -observó él y, a pesar de lo incómodo de la postura, Kagome se quedó inmóvil. Algo en esa voz transformó su enfado en miedo-. Unos huesos elegantes y delicados.
Que el cielo se apiadara de ella, pensó Kagome al darse cuenta de la automática reacción de su cuerpo a aquella ronca entonación y al contacto de los dedos de Sesshomaru con su fría y mojada piel.
Sesshomaru comenzó a tirar de ella hacia sí, forzándola a moverse con la pierna que tenía libre.
-Ágil como una pantera -murmuró él-. ¿Clavas las garras también?
-Suél... suéltame, Sesshomaru...
Se sintió caer en una suave y negra oscuridad, perdió completamente el control.
Sesshomaru se paró cuando tenía el muslo de Kagome pegado a la cadera. Ella estaba lo suficientemente cerca para sentir el miembro erguido de ese hombre. El deseo de Sesshomaru debería haberle repugnado por ser impersonal. Sesshomaru no la conocía, no la quería, no le importaba nada; se trataba sólo de lujuria. Pero ella sintió un infierno en su interior.
Se llenó los pulmones de aire porque le faltaba la respiración. El sexo por el sexo nunca le había tentado; sin un compromiso más profundo, lo consideraba algo sórdido. Le resultaba odioso desearle de esa manera, pero era tan atractivo...
-Si crees que voy a satisfacer tu ego... -dijo Kagome jadeante.
Sesshomaru le deslizó la mano del muslo, de Kagome a las nalgas y, con asombrosa fuerza, le levantó el otro pie del suelo hasta colocársela encima completamente, con las piernas de Kagome rodeándole las estrechas caderas, pegada a sí.
Sesshomaru respondió a los azules ojos de ella con animosidad. Perversamente, la culpó de haberle obligado a desplegar esa fuerza bruta y fue a soltarla.
Pero en ese momento, un suave grito se escapó de los labios de Kagome, echó la cabeza hacia atrás y arqueó el cuerpo, abrazándole la cintura con las piernas. Las buenas intenciones de Sesshomaru se derrumbaron.
Aún con ella encima, Sesshomaru se arrodilló y, aliviado de aquella carga, comenzó a acariciarle la cabeza. El beso no empezó y profundizó, no hubo sutileza en él, sino crudo y explosivo deseo.
-Eres increíblemente sensual, apasionada... -le murmuró él junto a la garganta mientras le recorría el tembloroso cuerpo con las manos-. El aroma de tu piel cuando te excitas... Te excito, Kagome.
Jamás el cuerpo de Kagome se había sentido tan vivo, tan vulnerable a una caricia; pero la diferencia entre lo que ese hombre sentía y lo que ella experimentaba fue desvaneciéndose para ser sustituido por una necesidad de unión...
-Es más peligrosa que la hermana... -la voz fue haciéndose más débil a medida que los pasos la alejaban; después, volvió a oírse con más claridad-. Él sólo quiere compañía; una vez que la tenga, se aburrirá. Sesshomaru es demasiado exigente para aguantarla mucho tiempo...
La voz de su futura suegra desapareció con la brisa de la noche.
Kagome ya se había retirado, física y mentalmente, de la escena en la que representaba un papel principal. Aquellas palabras parecían las de un oráculo, y sabía que eran más o menos ciertas. La humillación que sintió era sobrecogedora. Lanzó un gruñido de angustia y se apartó de Sesshomaru, poniéndose en pie con gracia felina.
-Un revolcón en la hierba está bien para los adolescentes... o los desesperados. Me has desilusionado, esperaba de ti algo más... sofisticado.
Se sintió como un animal herido, necesitaba escapar para examinarse las heridas, y casi podía saborear su humillación, pero el sabor de él era más fuerte. Sin embargo, estaba segura de que él se regocijaría con su debilidad. Por lo tanto, con expresión retadora, se lo quedó mirando... y lo deseo tanto como lo odiaba. ¡Era una locura!
-Pierdes el control con mucha facilidad, querida. -Te pasa siempre o esto es especial?
¿Especial? Se encontraba en medio de un caos emocional y Sesshomaru tenía la culpa.
-Yo diría que has sido tú quien ha perdido el control. Me has tratado como si sólo fuese un pedazo de carne.
-Y tú no lo soportabas, ¿verdad? Debo admitir que te encuentro irresistible... en el sentido físico. Y como respuesta a tu comentario anterior, te diré que no veo nada malo en hacer el amor contigo si se presenta la ocasión. Nunca se me ha acusado de falta de imaginación.
El rostro de Kagome se tornó escarlata.
-No es una cuestión de ocasiones, sino de con quién.
-No dejas de repetirte, es muy aburrido.
-Eres el hombre más egoísta que he conocido en mi vida, y te aseguro que he conocido bastantes hombres egoístas.
Con los ojos fijos en el rostro de Kagome, Sesshomaru se agachó, recogió las botas que estaban en el suelo y las tiró al agua.
-Estás recibiendo sólo lo que te mereces -el brillo de pasión murió en los ojos de Sesshomaru, haciéndose duros e implacables-. Las chicas Higurashiˈs deberían habérselo pensado muy bien antes de decidir engañarme. Está en juego la compañía y con ella cientos de puestos de trabajo. Cuando trazasteis vuestro plan, supongo que no se les ocurrió pensar en eso.
Sesshomaru la miró con desprecio.
-Me has tirado las botas al agua -era más fácil decir eso que contestar a la dura lógica de Sesshomaru.
-Eran espantosas.
-¿El fin siempre justifica los medios? -una solitaria lágrima le resbaló por la mejilla.
Los dos sabían que ella ya no se estaba refiriendo a las botas.
-¿Estás tratando de apelar a mi conciencia? -preguntó Sesshomaru rozándole la huella que la lágrima había dejado en el rostro de Kagome-. No puedo forzarte físicamente a que hagas lo que tienes que hacer mañana.
-Me estás chantajeando...
-No seas melodramática. Estoy utilizando las armas de las que dispongo; si una de ellas es tu solidaridad fraternal... -Sesshomaru encogió los hombros.
Kagome suspiró profundamente y le aborreció con la mirada.
-Me voy ya. ¿Podrías pedirle disculpas a tu encantadora madre?
-Te vas a hacer daño en los pies con la grava, yo te llevaré.
-Prefiero andar sobre vidrios rotos -le informó Kagome con absoluta sinceridad.
-Mi chófer te llevará. Pero no trates de escapar, Kagome, porque si lo haces, jamás encontrarás un lugar donde esconderte de mí.
P.D: Agradecería su apoyo y si no fuera molestia algunos review.
Gracias de antemano por darse un tiempo en leer esta historia.
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Capítulo dedicado para las "desesperadas lectoras" (Faby-sama, Lica y Nena Taisho) y la ¡Paciente! (Serenity Usagi)
Las adoro...
