Los personajes de INUYASHA no me pertenecen sino a RUMIKO TAKAHASHI
Esta obra pertenece a KIM LAWRENCE, ha sido adaptada y modificada por mí.
_
Los personajes utilizados pueden contener Ooc.
Los personajes son todos humanos, la trama se ubica en un universo alternativo.
_
Capítulo 6
KAGOME POV
Kagome sucumbió, sin luchar, al profundo interrogatorio de aquella mirada dorada oscurecida.
-¿Cómo demonios has logrado seguir virgen hasta ahora? -preguntó Sesshomaru sentándose en la cama. Tenía el rostro impasible y controlado; en contraste, su mirada era turbulenta.
La realidad la sacudió, sacándola del estado de languidez que le había impedido pensar. Fue a cubrirse con la sábana, pero no la encontró, por lo que decidió ocultar su timidez y comportarse como si estuviera acostumbrada a hallarse desnuda. No le resultó fácil; por dentro, agonizaba, pero esperó que la oscuridad ocultase su incomodidad.
-Sobre todo, ha sido una cuestión de buena suerte -respondió Kagome en tono superficial.
Conseguiría volver a levantar sus defensas, pensó obstinadamente.
-Quieres decir que consigues más de los hombres si no les das lo que quieren, ¿verdad? -Sesshomaru lanzó una dura carcajada-. ¡Me he casado con una virgen profesional! Quizá me haya equivocado respecto a los motivos por los que, al parecer, querías sustituir a tu hermana. Puede que hayas estado esperando a que se te presentara un marido rico, y yo, providencialmente, he aparecido en la vida de mi dulce y virgen esposa. El desprecio en la voz de Sesshomaru era evidente.
-Ya no puedo decir que sea virgen, ¿no te parece? Deberías haberte tomado la molestia de investigarme de la misma forma que hiciste con Kikyo. Sería muy molesto para ti que mi pasado te amenazase.
«Mi pasado le aburriría de muerte», pensó Kagome burlonamente. Pero no había nada malo en dejar que se preocupara. ¿Acaso la fila interminable de amantes de su madre le había afectado en su vida impidiéndole que se entregase a un hombre por un impulso trivial? Su inexperiencia sexual nunca le había preocupado, alguien aparecería algún día... En el fondo de su mente inocente, esa certidumbre había echado raíces. Tragó saliva en un intento por disipar el nudo que le cerraba la garganta.
Sesshomaru tenía el ceño fruncido y a Kagome le dio la impresión de que no la estaba escuchando. Sesshomaru estaba pensando en algo y a ella le preocuparon las respuestas que él pudiera encontrar. Lo último que Sesshomaru quería era una esposa enamorada de él, eso lo había dejado muy claro. Si sospechaba lo que ella ya no podía negarse a sí misma... Debía estar loca, ¿por qué ese hombre?
-No puedo creer que una mujer tan sensual y desinhibida sexualmente como tú acabe de descubrir el sexo.
Sesshomaru paseó los ojos por aquel cuerpo y la piel de Kagome adquirió una tonalidad rosada.
-Acabo de ser seducida, y no he dicho que nunca haya sido sexualmente consciente. Lo único que pasa es que siento mucho haber desperdiciado algo que guardaba para alguien especial.
Sesshomaru parpadeó tras el cruel ataque de las palabras de Kagome.
-No ha sido necesaria una seducción, Kagome, estabas más que dispuesta. Así que, si estás pensando que he recurrido a la fuerza bruta... -Sesshomaru apretó los dientes antes de continuar-. ¿Acaso piensas que debería comerme el remordimiento por haberte hecho perder la virginidad? Cariño, la cuestión es que te ha encantado.
Impetuosamente, Kagome se levantó de la cama y agarró la colcha. Se la echó por encima y fue al otro extremo de la habitación, a ocultarse en las sombras donde se sintió más segura.
-¿Cómo te atreves a sugerir algo así? Al fin y al cabo, no eres más que un hombre que ha recurrido al chantaje para que se casaran contigo.
-Eso es otro asunto que no tiene nada que ver con este.
Kagome lanzó un furioso suspiro.
-¿Cómo puedes decir eso? ¿En serio crees que habría estado ahí contigo en la cama de no ser porque has utilizado las tácticas más bajas posibles?
Los ojos se le llenaron de lágrimas y se las secó con la mano.
-Si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, quién sabe...
-Yo sí lo sé -estalló ella-. Te desprecio y desprecio tu vida; y aunque no fuera así, jamás tendría relaciones voluntariamente con un hombre tullido emocionalmente. No te importa nada ni nadie.
Le lanzó la acusación como si fuera un objeto sólido, esperando que diese en el objetivo, aunque lo dudaba. Sesshomaru parecía inmune.
Sesshomaru se mesó los cabellos con dedos largos y elegantes y Kagome tembló voluptuosamente al recordar sus caricias.
-¿Por qué no me dijiste que eras virgen antes de que nos casáramos?
-¿Vas a decirme que tienes escrúpulos? -la risa de Kagome lindaba con la histeria-. Además, ¿me habrías creído?
¿Cómo tenía el atrevimiento de parecer indignado? Los ojos dorados la enfocaron clínicamente.
-Es probable que no -concedió Sesshomaru-. Pero además, teniendo en cuenta el tipo de vida que llevan las mujeres de tu familia, no creo que se me pueda culpar de la idea que tenía de ti. ¿No se te ha ocurrido pensar que yo no quería ser tu primera experiencia sexual? Si has estado reprimiendo tu sexualidad tanto tiempo, no me cabe duda de que te habrías enamorado del primer hombre que pasara por tu lado en el momento oportuno. No me hago ilusiones al respecto.
Debería sentirse aliviada, se dijo a sí misma. Sesshomaru ni siquiera quería lo que ella le habla dado, y mucho menos su amor. Por suerte, había conseguido ocultar eso.
-Me encanta tu fe en mi capacidad de elección -dijo Kagome furiosa-. Estoy segura de que te mostrarás igualmente comprensivo cuando quiera poner a prueba mis habilidades cortesanas recién adquiridas y quiera saborear lo que la vida puede ofrecer a las mujeres sexualmente activas.
Sesshomaru se puso en pie, pero no siguió el ejemplo de Kagome, no se cubrió con una sábana. Estaba descaradamente desnudo, imponentemente alto, elegantemente fuerte y paganamente glorioso.
-Si quieres aprender más sobre el sexo, seré tu tutor -dijo Sesshomaru en un tono que contenía un sedoso hilo de advertencia.
-Sólo tengo tu palabra de que eres un experto -le espetó ella. La colcha se le bajó mostrando la curva superior de los senos, pero Kagome no hizo nada por cubrirlos mejor-. Además, sé que tu tiempo es muy valioso.
Descubrió que de tener roto el corazón y entregarse a la lujuria sólo había un paso; en ese momento, lo que más quería en el mundo era herirle con profunda pasión.
Sesshomaru cubrió la distancia que los separaba en tres pasos y le agarró las muñecas; después, entrelazó los dedos con los de ella, inmovilizándole las manos.
-Puede que consigas más de lo que te propones con este tipo de provocación -le informó Sesshomaru con voz áspera y ronca, increíblemente erótica-. Aunque puede que ésa sea tu intención.
-Sesshomaru... -el pánico, se apoderó de ella-. No quiero...
-Sí, claro que sí quieres. Creo que ya hemos dejado eso bien claro. Los dos queremos. No comprendía por que una mujer que me parecía simplemente hermosa, de repente, me resultó dolorosamente deseable. La una me dejaba frío, la otra...
Sesshomaru respiró profundamente antes de continuar. -Estoy más que dispuesto a ayudarte a explorar su sensualidad, Kagome. No creo que te resulte demasiado penoso restringir tus actividades a la cama de matrimonio.
La lengua de Sesshomaru se adentro en los dulces y recónditos lugares de la boca de Kagome y bebió su sabor único.
Kagome procuró recordarse a sí misma que su cama era igual que los demás aspectos de su matrimonio una vacía mentira, un alarde de cómo manipular las circunstancias para satisfacer a Sesshomaru Taisho. Pero perdió la batalla incluso antes de que él volviera a tumbarla en la cama a su lado.
-Lo quiero todo de ti -dijo Sesshomaru unos momentos después.
Y el primitivo deseo de satisfacer ese capricho no abandonó a Kagome casi hasta el amanecer cuando el agotamiento se apoderó de ella.
A la mañana siguiente se despertó sola y trató de alegrarse. ¿Qué podría ser peor que tener que enfrentarse a Sesshomaru sentados a la mesa del desayuno con los recuerdos de la noche anterior frescos en su memoria? A la luz del día, le sorprendió su falta de inhibiciones con él.
Vestida con unos pantalones cortos de algodón y una blusa sin mangas, Kagome bajó por fin las escaleras. Después de varias intentonas, encontró la cocina y a Kaede.
-Entre, joven, y deje que la engorde un poco.
Obedientemente, Kagome se sentó delante de la larga mesa.
-Su marido se ha levantado muy pronto y me ha dicho que la dejara dormir... -la ronca risa hizo que las mejillas de Kagome enrojeciesen-. Aunque no consigo comprender por qué un hombre recién casado con una muchacha encantadora decide pasarse la mañana encerrado en su estudio. En fin, llévele un café y hágale compañía. Estoy segura de que no se refería a usted cuando ha dicho: «nada de visitas».
-La verdad es que estoy deseando ver la isla y me gustaría ir a dar un paseo.
El gesto de Kaede fue muy expresivo.
-Como quiera. Póngase algo que la tape mejor y échese protector solar -le advirtió Kaede cuando Kagome se disculpó para marcharse.
Los jardines que rodeaban la casa se mezclaban casi imperceptiblemente con el bosque. Más allá, la blanca arena de la enorme bahía. Kagome se quitó las sandalias y piso la arena con los pies desnudos, y sintió como si fueran los primeros que pisaran aquella virginal perfección. Sólo se oía el mar y el graznido de algún pájaro marino.
Ensimismada en sus pensamientos, recorrió el kilómetro y medio de la bahía antes de detenerse. A ese lado había rocas cubiertas de vegetación. Se tumbó en la arena y muy pronto se durmió.
Una mano que la sacudía la despertó.
-Sesshomaru, ¿qué demonios...? -comenzó a decir ella indignada.
La furia oscurecía el rostro de él.
-Dormida bajo el sol del mediodía y sin un sombrero. ¿Es que no has oído hablar de las insolaciones? Kaede estaba preocupada y me ha obligado a que saliera a buscarte con esto- Sesshomaru tenía un sombrero de paja en la mano-. Le dije que tenías sentido común, pero es evidente que ha reconocido a la lunática que eres.
-Siento que te hayan molestado por mí -dijo Kagome con altanería antes de doblar las piernas y apoyar la cabeza en las rodillas-. Por favor, no sigas tomándote tantas molestias por mí.
La sombra en su mandíbula sugería que no se había afeitado y tenía el cabello más desordenado que de costumbre. Unos pantalones vaqueros cortos era la única ropa que llevaba, y Kagome paseó los ojos por la suave piel del pecho y el vientre antes de bajar a la poderosa longitud de aquellas piernas. Era un hombre fuerte, y peligroso.
-Es hora de almorzar y ya has tomado suficiente sol por una mañana -declaró Sesshomaru, aún crítico pero no mordaz.
-No eres mi guardián -le contestó ella.
Apartó los ojos de él con gran dificultad y una sensación sofocante se le agarró en la garganta. Con sólo mirarle las piernas comenzaba a temblar y la piel le ardía.
Sesshomaru le tomó la mano y tiró de ella hasta levantarla.
-Pues parece que necesitas uno.
-Creí que ibas a abandonarme a mi suerte -dijo ella mientras se sacudía la culera de los pantalones.
Nada sugería que fueran algo más que dos conocidos, apasionados conocidos. Sesshomaru no podía haber dejado más claro la poca importancia que, para él, había tenido la noche anterior. La intimidad que había sobrepasado la imaginación de Kagome había sido reemplazada por una desapasionada irritación.
-Las consecuencias de eso serían que acabaría con una mujer enferma en las manos.
Kagome lanzó un sonido de desesperación al pensar que Sesshomaru estaba haciendo una montaña de un grano de arena, y se lo dijo.
-No deberías subestimar al sol. Hay muchas personas que lo hacen todos los años y acaban pasándose las vacaciones con tratamientos contra las quemaduras, la deshidratación y con alimentación intravenosa -explicó Sesshomaru con exasperación por la irresponsabilidad de Kagome-. Ya que Kaede se está tomando tantas molestias, lo menos que puedes hacer es corresponden
-Me gusta estar aquí -anunció ella casi con timidez. -¿Tratas de decir que encuentras mi compañía suficiente? Me halaga mucho. Kagura no soportaba esto.
-A mí me gusta la soledad.
El nombre de la otra mujer la puso tensa. Kagura había estado allí, como era natural. Kagura era la esposa amada, la santa fallecida y su invulnerable rival... ¿Cómo podía luchar contra una santa? ¿Y por qué quería hacerlo?
-Muy bien, te dejaré que goces de soledad como premio especial.
La irritación le hizo hundir los pies en la arena y apretar los dientes.
-¿Por los servicios prestados? -preguntó ella con amargura.
No quería que la venerasen, pero sí que la trataran con respeto.
-Yo diría que los servicios prestados conllevan de por sí la recompensa en algunas circunstancias. Anoche fue una de esas ocasiones, me diste lo que yo quería porque tú también lo necesitabas -Sesshomaru lanzó un gruñido de impaciencia cuando la vio sacudir la cabeza-. Mientras estemos aquí, podemos pelearnos o podemos hacer el amor.
-Creo que te refieres al sexo, no al amor -le espetó ella con violencia.
¿Y cuánto le duraría el interés por ella? Había visto las aventuras de su madre comenzar y morir, aventuras amorosas entre dos desconocidos que, accidentalmente, compartían su intimidad. Sakura había elegido esa vida, pero no era para Kagome.
-No es preciso que te refieras al sexo como si fuera algo sucio, Kagome. Compartir la pasión y el deseo con alguien no es nada de lo que uno deba avergonzarse.
«Pero no es suficiente», quiso gritar ella; sin embargo, sus labios permanecieron sellados. Siempre segura de sí misma, Kagome se sentía frágil y perdida en compañía de él.
-¿Te sientes incómoda por lo que pasó anoche? -preguntó Sesshomaru con la voz extrañamente ronca.
-Si tanto te interesa, te diré que me avergüenzo de haber caído tan bajo -respondió Kagome con desdén-. He visto a mi madre hacer lo mismo, como si se tratara de comprar un nuevo par de zapatos.
Y cuando la relación terminaba, Sakura era capaz de marcharse sin remordimientos, con el corazón intacto. «Si yo pudiera hacer lo mismo», pensó Kagome desesperadamente, con expresión de desprecio por sí misma. Su madre habría aplaudido su aventura sexual, pero enamorarse... Kagome había cometido un pecado mortal.
-Pero tú sabes lo que está bien y lo que está mal, ¿verdad, Kagome? -preguntó él tensamente-. ¿Quién te ha dado el derecho de juzgar a los demás?
-¿Yo misma? Me sorprende que seas tú quien diga eso, que no has hecho más que juzgarnos a mí y al resto de mi familia. Respecto a lo que pasó anoche, en mi opinión fue una aberración; en estos momentos, la sola idea de que me toques me repugna.
«Si voy a convertirme en una esclava del amor, no será sin luchar en contra», se juró a sí misma en silencio.
-Me llevaría cinco segundos demostrarte que te equivocas.
La sonrisa de Sesshomaru la hizo desear recurrir a la violencia. De repente, su enfado desapareció y se sintió apagada. Lo que Sesshomaru acababa de decir era verdad y ambos lo sabían.
-Sé que te has casado conmigo pensando que sería una especie de máquina de darte hijos, Sesshomaru, pero un poco de control no vendría mal. Presionada, he accedido a convertirme en tu esposa, pero no el recipiente de tus excesos sexuales.
La frígida y cortante respuesta de Kagome pareció afectarle un momento, pero sólo un momento. En cuestión de segundos, Sesshomaru recuperó su actitud de superioridad.
-Si piensas que un hombre podría conformarse con la actitud clínica y de cumplir un deber por parte de una mujer con la que ha compartido una noche de pasión...
Los cínicos ojos de Sesshomaru se empequeñecieron antes de que emitiera un sonido de desesperación.
-No sé de qué excesos estás hablando, pero siento la necesidad de disfrutar el sexo y, a juzgar por anoche, tú también. Eres mi esposa -le recordó él con arrogancia, como si eso anulara sus objeciones.
-No sigas hablando de lo de anoche... fue un error -Kagome se pasó la mano por la frente bañada en sudor. -Venga, vamos. No deberías seguir aquí al sol.
-Gracias por tu interés -murmuró ella sarcásticamente, molesta por el tono paternalista de Sesshomaru.
Pero le siguió, ¿qué otra opción tenía? Ya había tomado una elección.
El almuerzo consistió en un delicioso plato de marisco con salsa de especias servido con arroz y ensaladas; de postre, una tarta de lima, tan sabrosa que incluso despertó el apetito de Kagome. Después del primer bocado, ésta abandonó la idea de negarse a comer y desmayarse delante de él.
-Bueno, si alguien me necesita estaré en el estudio -anunció Sesshomaru antes de vaciar su copa de vino blanco.
Kaede, que intentaba forzar a Kagome para que comiera más, le lanzó una mirada de reproche.
-Creía que se iba a echar la siesta -le dijo con una expresión tan cómica que Kagome se habría echado a reír de no ser porque intentaba por todos los medios combatir su sonrojo.
La luz radiante del sol filtrándose por las cortinas de muselina, el cuerpo desnudo de Sesshomaru bañado por esa luz, el aroma de su cuerpo... La escena que las palabras de Kaede habían conjurado fue tan real que el corazón de Kagome comenzó a latir con fuerza. Mantuvo los ojos fijos en sus manos, ansiosa por ocultar lo que estaba sintiendo.
Una mano en el hombro le sobresaltó.
Sesshomaru la miró con tal ternura que a ella le dio un vuelco el corazón, a pesar de que sabía que el gesto de Sesshomaru era para satisfacer a Kaede.
-Kaede cree que te estoy descuidando, Kagome. Después de las cuatro seré todo tuyo, cariño.
El beso fue como una marca, en absoluto tierno; y cuando Kagome salió de él, Kaede parecía una gallina clueca.
-Te enseñaré a bucear si quieres -dijo Sesshomaru con ojos brillantes.
-No sé nadar.
-En ese caso, yo te enseñaré.
Kagome abrió la boca para protestar, pero el dedo de Sesshomaru la silenció.
-No tardarás en aprender, eres una alumna muy entusiasta.
La mirada dorada de Sesshomaru la retó a negarlo, pero ella mantuvo la boca cerrada.
Al poco de que Sesshomaru se marchara, Kagome subió a su habitación para darse una ducha; le refrescó el cuerpo, pero no la mente. Más tarde, sentada en la terraza, procuro tranquilizarse.
Le animó que Kaede entrase con zumo de frutas frío. Sonriendo, Kagome aceptó la bebida.
-Al menos, no le atosiga como la otra -observó Kaede mientras se sentaba al lado de Kagome.
-¿Se refiere a Kagura? -preguntó Kagome en tono casual.
-¿Ha oído hablar de ella?
-Un poco. Sé que se llevaban muy bien...
-Algunos lo pensaban -interrumpió Kaede-. Desde luego, la única vez que ella vino aquí, se le pegaba como una lapa. Después, cuando ella murió, él solía venir aquí. Fue una época muy mala.
Los ojos oscuros de Kaede estaban sombríos mientras recordaba el pasado.
-Me alegra verlo vital otra vez -añadió Kaede.
La sonrisa que le dedicó a Kagome indicó su aprobación, pero ésta se sintió una impostora. La nueva vitalidad de Sesshomaru se debía a su propia fuerza de voluntad, no a ella. ¿Había sido Sesshomaru diferente durante la época que vivía con su esposa?
Los celos hicieron presa de Kagome. Era un pequeño consuelo saber que la deseaba físicamente y que podía complacerle lo suficiente para llevar a su hijo. Cuando tuviera ese niño, ¿seguiría Sesshomaru queriendo mantener algún lazo de unión con ella o la echaría de su vida para siempre?
Escuchó la charla de Kaede a medias, sin prestarle toda su atención.
-Está bebiendo el ponche con demasiada rapidez -Comentó Kaede al cabo de un rato.
-¿Qué? Oh, sí, está delicioso -respondió Kagome con una sonrisa.
Vació las últimas gotas que había en el vaso y se comió un trozo de fruta que quedaba en él.
-Bueno, será mejor que vaya a ponerme el bañador para mi clase de natación -las piernas le temblaban cuando se puso en pie, tuvo la impresión de que no encontraba su centro de gravedad-. Una nunca debe hacer esperar al maestro.
_
P.D: Agradecería su apoyo y si no fuera molestia algunos review.
Gracias de antemano por darse un tiempo en leer esta historia.
P.D.2: HOLA A TODAS(OS), , ¡VOLVÍ!, PIDO DISCULPA POR HABER DESAPARECIDO TANTO TIEMPO, TUVE PROBLEMAS DE INTERNET... DICHO ESTO, HE DECIDIDO SUBIR HOY TODO LOS CAPÍTULOS COMPLETOS DE ESTA HISTORIA, LA SEGUNDA HISTORIA SI LO SUBIRÉ UNO POR UNO, YA QUE ES MAS LARGO...
GRACIAS DE ANTEMANO POR LEER LAS HISTORIAS QUE SUBO Y MIS POST...
P.D.3: TAMBIÉN DESAPARECI PORQUE ESTOY TRABAJANDO (adaptando) OTRAS HISTORIAS QUE MÁS ADELANTE SUBIRÉ A MI CUENTA...
