Los personajes de INUYASHA no me pertenecen sino a RUMIKO TAKAHASHI
Esta obra pertenece a KIM LAWRENCE, ha sido adaptada y modificada por mí.
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Los personajes utilizados pueden contener Ooc.
Los personajes son todos humanos, la trama se ubica en un universo alternativo.
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Capítulo 7
KAGOME POV
Cuando llegó la hora de la cena, Kagome se sentía considerablemente mejor, un hecho que Sesshomaru dedujo inmediatamente -Kaede nos ha dejado la cena preparada, arréglate un poco mientras yo la sirvo.
-No tengo mucha hambre y me duele un poco la cabeza.
-Es la resaca -dijo él sin mostrarse comprensivo-. Te sentirás mejor después de comer algo.
-Sí, claro, supongo que tú debes saberlo -le espetó ella.
-Durante mi disipada y decadente juventud, sufrí alguna resaca que otra. En la actualidad, soy una persona reformada. Lo único de lo que me ha resultado imposible separarme es de la Harley.
-¿Eras disipado? -preguntó ella incapaz de contener la curiosidad.
La capa de civilizada elegancia de Sesshomaru estaba muy pulida, pero a Kagome le daba la impresión de que no era espesa. Ahí, en la isla, resultaba evidente que había algo de indomable en ese hombre.
-Según mi familia, irrevocablemente -respondió Sesshomaru-. La mala influencia que ejercía en otros chicos de mi edad hizo que me expulsaran de varios colegios. Se podría decir que el sistema educativo convencional y yo no hacíamos buenas migas. Estuve viajando por Europa y después por los Estados Unidos durante varios años, entre los dieciocho y los veinte y pocos. Mi período de anarquista.
La última frase la pronunció como si se estuviera burlando de sí mismo.
-Entonces, un día alguien me introdujo en el mundo de la informática... -Sesshomaru encogió los hombros-. Encontré algo en lo que canalizar mi energía destructiva y conseguí superar a los chicos listos que habían seguido caminos más convencionales. Volví a casa esperando que me recibieran como al hijo pródigo. ¿Qué es lo que se dice sobre los profetas en su propia tierra?
La sonrisa de Sesshomaru era cínica.
-Querían que me convirtiera en un chico bueno de oficina y que, desde abajo, me abriera camino hacia la cima. La compañía de mi abuelo se había computarizado algo, pero sus ideas estaban completamente obsoletas. La situación me provocaba una frustración intolerable, por eso es por lo que volví a Estados Unidos a montar mi propia empresa. A Kagura le gustaba vivir allí. Se suponía que el matrimonio iba a convertirme en un ciudadano convencional... es decir, el primer matrimonio.
Kagome esperó que la mención de ese nombre, Kagura, le causara el dolor habitual y se puso tensa.
-¿Y fue así? -Sesshomaru casi había dejado implícito que fue un matrimonio arreglado por su familia. ¿Cómo casaba eso con el romance del siglo? -Creo que a ella no se lo pareció -contestó Sesshomaru con voz extrañamente desapasionada-. Bueno, vete a arreglarte y no tardes.
Kagome tuvo la impresión de que se arrepentía de haber hablado tanto de sí mismo.
Reflexionó sobre las palabras de Sesshomaru mientras se cambiaba de ropa, una blusa de seda verde y unos pantalones anchos negros. Con su cabello azulado sedoso, el efecto era casi oriental.
Sesshomaru estaba poniendo la mesa cuando ella entró en la estancia.
Con exagerada cortesía, Sesshomaru apartó una silla para que ella se sentara.
-¿Vino? -sus labios esbozaron una leve sonrisa al ver la expresión de repugnancia de Kagome-. En ese caso, agua mineral. Ahora mismo vuelvo.
La sirvió durante toda la cena. La conversación fue neutral, pero Kagome no consiguió relajarse; de hecho, sufrió el efecto contrario y su tensión aumentó.
-¿Recojo la mesa? -preguntó Kagome cuando se quedaron en silencio.
-No, no te muevas. Kaede me ha hecho prometerle que no tocaríamos nada. Sólo se ha ido para dejarnos intimidad; en su opinión, no estamos llevando la luna de miel como ella piensa que debería ser.
Kagome apartó los ojos del cuello abierto de la camisa de Sesshomaru, sentía un gran peso en el pecho.
-No me gusta engañarla de esta manera -dijo Kagome en tono preocupado.
-Nuestros motivos no le interesan a nadie, más que a nosotros mismos.
-No esperaba que compartieses mis escrúpulos, la conciencia es un concepto desconocido para ti.
La expresión de Sesshomaru se tornó burlona, la ironía oscurecía sus dorados ojos.
-Pero es mucho más agradable ser un sinvergüenza egoísta y manipulador -respondió él lacónicamente.
Sesshomaru se levantó del asiento, estirando sus largas extremidades con gracia felina. Agarró el respaldo del asiento de Kagome y ésta sintió un temblor en la espalda. -¿Es eso lo que piensas de mí, querida Kagome?
-Más o menos -contestó ella, estremeciéndose cuando sintió que comenzaba a acariciarle el pelo.
-Nuestro matrimonio hace feliz a Kaede, no te angusties por ella.
-Nuestro matrimonio es una mentira -replicó Kagome en voz baja y colérica.
Sesshomaru tiró de la silla hacia atrás.
-Fuiste tú quien empezó con una mentira. De todos modos, creo que se le da demasiada importancia a la verdad, aunque la mayoría de la gente se aparta de ella. ¿Qué es lo que realmente te hizo tomar el puesto de tu hermana? Lo único que yo he hecho es seguir el camino, hasta sus últimas consecuencias, que ustedes marcaron. Bueno, creo que es hora de irse a la cama, ¿no te parece?
Las sedosas palabras la hicieron aferrarse a los brazos de la silla antes de ponerse en pie. Las piernas le temblaban.
-Quiero... -pero se le olvidó lo que iba a decir cuando Sesshomaru la miró con ojos fieros.
Él le acarició el sedoso cabello y luego le puso la mano en la cintura.
-Quiero estar dentro de ti -Kagome no pudo evitar que su cuerpo reaccionara violentamente a aquella afirmación-. Y tú también quieres que esté dentro de ti. Podrías haber luchado por escapar, Kagome, pero la verdad es que no querías hacerlo.
«Por favor Dios mío, que no se entere», pensó ella con desesperación mientras sentía el cálido aliento de Sesshomaru en el cuello. Después, se encontró aplastada contra su pecho. El agresivo golpe de las caderas de Sesshomaru contra su vientre hizo que se diera cuenta de cuanto la deseaba y, para vergüenza propia, se entregó peligrosamente a la urgente excitación masculina.
«Debería negar sus acusaciones», se dijo a sí misma al darse cuenta, aunque tarde, de lo que estaba haciendo. Intentó zafarse de él y le empujó.
Sesshomaru la miró a los ojos con expresión apasionada, casi ciega.
-Sabías que te deseaba esta tarde; teniendo en cuenta la poca ropa que llevábamos puesta, yo diría que era evidente. Hubo un momento en el que parecías bastante animada tú también.
-Estaba bebida -contestó Kagome, y deseó poder olvidar su coquetería.
Sesshomaru tenía razón, ella no había podido quitarle los ojos de encima, ni siquiera lo había intentado.
Sesshomaru la soltó tan repentinamente que Kagome estuvo a punto de perder el equilibrio.
-Eso es distorsionar los hechos y lo sabes perfectamente. Por muchas inhibiciones que tuvieras respecto al sexo, es evidente que conmigo no tienes ninguna. Puede que me odies, que me desprecies; pero cariño, también me deseas. Cuando lo aceptes, ven a mi habitación, te estaré esperando. Jamás he forzado a una mujer.
Sesshomaru hizo una pausa para tomar aliento.
-Estás luchando contra ti misma, Kagome, no contra mí. No voy a responsabilizarme de tus actos.
Sesshomaru le lanzó una despectiva mirada, se dio media vuelta y se marchó.
Kagome volvió a sentarse en la silla. En parte, las acusaciones de Sesshomaru eran ciertas. Lo deseaba con toda su alma, y a veces lo odiaba tanto como lo amaba. Él tenía razón la resistencia que ella había ofrecido era superficial Sesshomaru lo sabía perfectamente.
De repente, una idea la dejó perpleja: ¿se habían visto influenciadas sus decisiones por su innegable atracción por Sesshomaru? Pero por mucho que él pareciese desearla, nunca le pertenecería mental y emocionalmente.
Se puso en pie con la espalda derecha, había tomado una decisión. No podía negar esa parte de sí misma que lo deseaba. Sin embargo, aunque Sesshomaru se apoderase de su cuerpo, tenía que salvaguardar su alma. Si él llegara a enterarse... no podría soportar la humillación.
Cuando se metió en la cama, ya se había deshecho de sus ropas. Sesshomaru estaba allí tumbado, intimidante y hermoso; Kagome contuvo la respiración, el pulso le golpeaba con fuerza las sienes.
-¿Sesshomaru...? -la expresión fría de él no la estaba ayudando.
Cuando sus ojos se encontraron, Sesshomaru esbozó una peligrosa y suave sonrisa.
-¿Quién si no?
Por fin, Sesshomaru lanzó un quedo gemido y ocultó el rostro entre los pechos de ella. Suspiró su nombre y la rodeó con los brazos.
Con voluptuoso placer, Kagome enterró los dedos en esos platinados cabellos que parecían seda plateada.
-Esta es decisión tuya.
-Sí, Sesshomaru -asintió ella con voz ronca, sin importarle el brillo arrogante de los ojos de Sesshomaru.
-Lo he conseguido, lo he conseguido -gritó Kagome encantada al tiempo que se ponía en pie con gesto triunfal.
Le salpicó de agua feliz. Había conseguido dar tres brazadas exactamente antes de hundirse. Impulsivamente, abrazó a Sesshomaru, rodeándole la cintura con los brazos y apretando el rostro contra su pecho.
Tras un momento de glorioso placer, en el que disfrutó oyendo los latidos del corazón de Sesshomaru, se apartó de él sintiéndose extraña. Había estado controlando cualquier muestra de afecto durante las dos últimas semanas, a Sesshomaru le habría resultado desagradable. Con temor, lo miró a los ojos; sin embargo, le sorprendió verlo perfectamente tranquilo, sin mostrar ningún desagrado. Parecía encantado con su entusiasmo.
-Claro que lo has conseguido, tienes un profesor extraordinario y con mucha paciencia.
-Ayer no parecías tener tanta confianza en que lo hiciera -replicó ella-. ¿Qué es exactamente lo que dijiste...?
-Da igual, no me acuerdo. Bien, borra lo de la paciencia. Venga, chica de agua, vamos a comer. ¿Te apetece dar un paseo esta tarde en el Lady?
A Kagome se le iluminó la mirada. Las semanas de sol le habían dado a su piel una sana tonalidad bronceada. Gracias a Sesshomaru, no se había quemado. Se detuvo un momento para escurrirse el cabello antes de seguir a Sesshomaru hacia la casa. Ya había estado navegando un día alrededor de la isla en el velero de Sesshomaru, Pretty Lady, y le había encantado.
Ya casi habían alcanzado la casa cuando Kagome se dio cuenta de que él la miraba fijamente con expresión apasionada, una expresión que evocaba el calor y la dulzura que sólo él podía hacerla sentir. Sólo una mirada de Sesshomaru la hacía desearlo. Era una situación desesperada, pensó Kagome de repente al sentir un súbito temor. Había llegado a un punto en el que sólo le faltaba rogarle afecto.
Sesshomaru se acercó a ella como si, en su expresión, hubiera leído su alarma.
-¿Sigues pensando que podría hacerte daño? -preguntó Sesshomaru con voz ronca.
-Yo...
-Llamada de Londres para usted, señor Sesshomaru.
Sesshomaru lanzó un suspiro de frustración y se encaminó hacia la casa. Kagome se quedó en el jardín, perdida en sus pensamientos, antes de entrar.
Hacía dos días que había llamado a su hermana y la reacción de Kikyo al enterarse de que su hermana hubiera llegado tan lejos fue como volcánica.
Expresó su preocupación diciéndole que era una idiota por haber hecho lo que había hecho. Al enfrentarse a la acusación de que había cometido una verdadera locura, Kagome no pudo confesar las tácticas de Sesshomaru. Lo que contestó fue simplemente: «lo amo».
Kikyo no le ocultó su opinión de que Kagome tendría que darle rienda suelta a Sesshomaru Taisho, no era la clase de hombre al que le gustara jugar a las familias felices.
Deprimida, esa noche Kagome respondió con gélida educación a los comentarios de Sesshomaru durante la cena. Más tarde, él le hizo el amor con una enloquecedora pasión que dejó sus huellas hasta el día siguiente. Por la mañana, Sesshomaru acarició una pequeña marca en el hombro de Kagome y su expresión se tornó preocupada.
-A veces me olvido de lo delicada que eres -confesó Sesshomaru.
Insegura, Kagome se lo quedó mirando.
Después, hicieron el amor, la única vez que lo habían hecho durante las horas del día, y la exquisita ternura que Sesshomaru mostró la hizo llorar.
Sesshomaru salió del estudio después de una hora de volver de la playa, Kagome y Kaede, por insistencia de esta, habían empezado a almorzar. Sesshomaru se quedó mirando a su esposa con expresión enigmática.
-Tengo que volver a Londres.
Kagome sabía que ese día tendría que llegar, pero el recuerdo de la empresa que significaba tanto para él fue un duro golpe. De repente, se le revolvió el estómago.
-Es una pena -dijo Kagome en tono ligero.
Prefería morir antes de que Sesshomaru se enterase de lo mucho que deseaba que esa situación continuase. -¿Lo es?
-Se acaban las vacaciones -respondió ella sin darle importancia.
La expresión de Sesshomaru mostró que no era la respuesta que había esperado; sin embargo, Kagome no lo notó, estaba demasiado ocupada tratando de ocultar sus verdaderos sentimientos.
-Nos marcharemos mañana por la mañana a primera hora -anunció Sesshomaru. Durante la última semana, en ocasiones, Kagome se había permitido creer que se trataba de una luna de miel normal; en ese preciso momento, se maldijo a sí misma por sus ridículas fantasías.
-Estoy segura de que sin ti la empresa no puede funcionar.
A punto, de marcharse, Sesshomaru se detuvo tras el ácido comentario.
-Te tuve casi que arrastrar para venir aquí; al menos, eso es lo que me dijiste.
-Es que se me ha ocurrido pensar que, para tu ego, debe ser maravilloso saberse indispensable -replicó ella agitándose incómoda bajo la intensa mirada de Sesshomaru.
-Creía que, a lo mejor, no te apetecía marcharte de aquí.
Kagome lanzó una convincente carcajada.
-No sabía que tuvieras tanto sentido del humor. En realidad, me apetece volver a la civilización, no me gusta estar encerrada en condiciones tan rústicas además, tengo intención de considerar una interesante oferta de trabajo.
-Llevas demasiado poco tiempo en el mercado de trabajo para que te lluevan las ofertas -observó él con mirada alerta.
-Algunas personas... aprecian mi talento.
-Y yo también, Kagome.
Las mejillas de Kagome se encendieron al instante.
-Gunther me ha propuesto que lleve su nueva galería de arte -le informó ella echando chispas por los ojos.
«Espero que no me haya retirado la oferta», pensó preocupada al recordar que la había rechazado.
-No.
-¿Qué?
-Mi esposa no va a trabajar para Weiss.
La cólera de Kagome se acrecentó.
-No recuerdo haberte pedido permiso- gritó ella-. ¿Qué quieres que haga, que me vaya al salón de belleza y almuerce con las grandes damas mientras tú eres el gran ganador? No, Sesshomaru, ni lo sueñes.
-Creo que te encontrarás con que esa oferta de trabajo ya no existe -Sesshomaru observó con indiferencia la creciente furia de su esposa.
-¡En otras palabras, te asegurarás tú de ello!. No creo que te resulte tan fácil intimidar a Gunther, me parece que no lo conoces bien.
La mirada que Sesshomaru le lanzó fue mortal.
-Y yo creo que eres tú quien no me conoce a mí -sugirió Sesshomaru en voz baja-. Estoy seguro de que Weiss se dará cuenta de que no es aconsejable... darte un trabajo en contra de los deseos de tu esposo.
Temblando por la cólera, Kagome se puso en pie.
-Para ti, el matrimonio es sinónimo de cadena perpetua. ¿Por qué no acabamos con esto aquí y ahora? Tú ya tienes tu maravillosa empresa, yo he dejado de hacerte falta.
-Se te está olvidando otro aspecto de nuestro trato, quiero un heredero.
Kagome palideció visiblemente.
-Ese no es un motivo sólido para traer niños al mundo -dijo ella jadeante, le costaba respirar. Los enfrentamientos con Sesshomaru siempre eran agotadores-. Si querías hijos, ¿por qué no los tuviste con tu maravillosa Kagura?
Deseó haberse mordido la lengua, deseó haber contenido la ira que la había hecho reaccionar de forma tan infantil.
Sesshomaru respiró sonoramente, sus ojos eran dos fríos puntos de hielo.
-Kagura quería que tuviéramos hijos y yo prefería esperar... Quién sabe, de haberlos tenido las cosas podrían haber sido diferentes.
-Nadie puede predecir el futuro, Sesshomaru.
¿Por qué se culpaba a sí mismo?
Pero las siguientes palabras de Sesshomaru respondieron a su pregunta, dejándola perpleja.
-Si no me hubiera casado con ella, Kagura seguiría viva. No te enamores de mí, Kagome, podría ser fatal para tu salud -la amarga ironía de esas palabras la sobresaltó-. Habría sido mucho mejor que me hubiera casado con Kikyo.
¿Tenía Sesshomaru idea del daño que esas palabras acababan de causarle? Se preguntó Kagome con la mirada perdida.
Sesshomaru pasó el resto del día en el estudio, incluso cenó allí, para pesar de Kaede. Y aunque Kagome se pasó la noche en la cama esperándole, Sesshomaru no llegó al dormitorio hasta el día siguiente.
A pesar de ser verano y después de Sarisa, Londres le pareció frío... igual que Sesshomaru. Estaba preocupado con el problema que fuera que le había hecho regresar.
Ni siquiera la había acompañado a la casa desde el aeropuerto.
Kagome hizo acopio del valor suficiente para telefonear a su madre, que se mostró desconcertante y enigmática en extremo. No se quejó de que su hija, al abandonarla, le había destrozado la vida; de hecho, parecía encantada. Ni siquiera hizo sus acostumbrados comentarios burlones sobre el matrimonio.
Todo era muy extraño, pensó Kagome al recordar la conversación algo más tarde. No obstante, todo saldría a la luz a su debido tiempo; en esos momentos, no tenía demasiado interés.
-¿Va a cenar la señora en casa? -preguntó el ama de llaves.
-Puede que mi marido llegue a tiempo para la cena -comentó ella evasivamente, no quería revelar su ignorancia al respecto.
Al final, Kagome se vistió para cenar y lo hizo sola en el comedor. ¿Así iba a ser en lo sucesivo? Pero se rebeló contra ello y decidió que tenía que hacer algo... cualquier cosa.
Gunther no estaba en casa, pero le dejó un mensaje en el contestador, sabiendo que le devolvería la llamada cuando pudiera. A pesar de las estúpidas objeciones de Sesshomaru, tenía que escapar de aquel ambiente o se volvería loca. La inactividad no era de su agrado.
Volvió al cuarto de estar, donde habían dejado una bandeja con el café, y le sorprendió encontrar a Sesshomaru allí de pie, contemplando el cuaderno de dibujos: de Kagome.
Impetuosamente, Kagome avanzó y le quitó el cuaderno de las manos.
-Es una cosa privada -le espetó ella.
Sesshomaru se la quedó mirando.
-Creía que no tenías talento artístico.
-No lo tengo -respondió ella con firmeza.
-No soy un experto, pero yo diría que esos dibujos son buenos.
-Tienes razón, no eres un experto -confirmó ella.
El cuaderno consistía en unos dibujos en los que había recogido la flora de Sarisa. Lo había hecho por capricho, sin intención de enseñárselos a nadie. Maldijo la nostalgia que le había hecho contemplarlos aquella noche.
-No tengo talento -insistió Kagome.
-¿Me equivoco o detecto ahí la opinión de tu madre?
Kagome apretó los labios y se negó a contestar. A largo plazo, era más piadoso ser brutal, le había dicho Sakura a su hija a la tierna edad de once años. Kagome sabía que su talento, en comparación con el de su madre, era nulo; sin embargo, le gustaba dibujar plantas, plasmar la naturaleza en un papel.
No obstante, era algo que hacía en privado y Sesshomaru había violado esa privacidad. Al mirarle con enfado, se dio cuenta de que se le veía agotado, pero Kagome decidió ignorar el dolor que eso le causaba.
-No tienes derecho a fisgonear en mis cosas. Sesshomaru se dejó caer en un sillón.
-¿Está el café caliente?
-Es posible -respondió ella.
Kagome se negó a servirle, por lo que Sesshomaru lo hizo. -¿Tienes miedo a las críticas? ¿Es por eso por lo que escondes tus dibujos? Tu educación ha acabado con la confianza que podrías tener en ti misma.
-Acepto mis limitaciones -replicó ella con altanería-, esa es la diferencia. No se trata de que me den miedo las críticas.
-Creía que eras más fuerte -observó Sesshomaru con desagrado.
-Por fortuna, me importa un bledo lo que tú pienses.
-Encantador. El hogar y la dulce esposa que siempre te espera -comentó Sesshomaru sonriendo cínicamente-. Es una pena que no te rebelases en la adolescencia, ahora ya es un poco tarde.
-No tenía nada contra lo que rebelarme. En mi vida, no había represión ni códigos morales severos a seguir.
Si querías una esposa sumisa y cariñosa, deberías haberte casado con Rin -le espetó ella-. No lo entiendo, no dejas de advertirme que no me enamore de ti, y luego te quejas de que no soy una esposa cariñosa.
Kagome hizo una pausa antes de continuar.
-Ni siquiera sabía si ibas a volver a casa esta noche, ya que no has tenido la amabilidad de utilizar el teléfono. En el futuro, te agradecería que me informases de tus planes, tengo cosas mejores que hacer que sentarme en esta especie de mausoleo durante toda la tarde esperándote.
-¿Has terminado ya?
El estado de ánimo de Sesshomaru no parecía prometedor.
A modo de respuesta, Kagome se limitó a mirarlo con expresión furibunda.
-No me gusta que me hablen como a un niño malo. Tal y como yo lo veo, no tienes mejor cosa que hacer que esperarme; así que, si eso es lo que quiero que hagas, eso es lo que vas a hacer -declaró él con voz autoritaria.
La arrogancia de Sesshomaru le quitó la respiración. -¿Estás dispuesto a apostar dinero? -preguntó ella con interés.
-Por supuesto, me gustan las apuestas seguras. No juegues a hacerte la sufrida heroína conmigo, querida, sabías perfectamente cómo iba a ser este matrimonio. Necesito que representes tu papel, con franqueza, no me importa si te gusta o no. Comprendo, y me alegro por ti, que tengas tus propios intereses; pero tendrás en cuenta los míos antes que nada.
Sesshomaru suspiró de agotamiento y añadió con voz más suave.
-Pareces haber descuidado un talento que muchos te envidiarían y del que otros muchos disfrutarían, tienes un buen ojo para los detalles. Tengo un amigo que pasa la mitad del tiempo viajando a lugares salvajes para descubrir nuevas especies botánicas, la última vez ha ido a los Andes. Un editor quiere publicar sus descubrimientos, y Jake ha decidido que preferiría publicar los dibujos de las plantas en vez de las fotos. Podría presentártelo.
Kagome ignoró el entusiasmo que la idea le produjo y negó con la cabeza obstinadamente.
-Puedo hacerlo sin tu ayuda
Los ojos de Sesshomaru mostraron frío desdén.
-Has tenido una vida muy fácil, algunas mujeres podrían envidiarte.
Kagome se negó a dejarse influenciar por la desacostumbrada palidez del rostro de Sesshomaru. Estaba cansado, ¿y qué? Sobreviviría, pensó Kagome endureciendo su corazón.
-Y también puede que me envidien los perritos falderos. Creo que has nacido en un siglo que no te corresponde. Me he puesto en contacto con Gunther para hablar del trabajo y...
La repentina furia que vio en los ojos de Sesshomaru la hizo callar. Él se puso en pie con gracia felina y cólera incontenible. A Kagome le pareció que esa reacción no se correspondía con lo que le había dicho.
-Lo has visto -acusó él. Te lo prohíbo.
-Gunther es mi amigo... -Kagome estaba muy confusa.
-Eso ya lo sé. Y estoy seguro de que va a estar encantado cuando se entere de que ya no reprimes tu naturaleza sensual. ¿Por qué no iba a poder ayudarte a descubrir que eres una mujer muy sensual, Kagome?
-Estás hablando como si tuvieras celos...
Pero Kagome se interrumpió y abrió los ojos desmesuradamente. ¿Podía ser que Sesshomaru...?
-Estoy hablando como un marido que no quiere que su esposa dé lugar a habladurías ni que quiere que cuestionen la paternidad de su hijo.
Kagome se sintió ridícula por haber albergado la idea de que Sesshomaru pudiera estar celoso.
-Además, conservo lo que es mío -añadió Sesshomaru.
Lágrimas de ira y frustración le nublaron la vista. ¿Cómo podía haberse enamorado de semejante monstruo?
-No soy tuya y nunca lo seré, y no voy a permitir que retes a mis amistades.
El estómago se le había encogido en el momento en que Sesshomaru mencionó a su hijo. Esa misma mañana había consultado con el calendario y... No, era demasiado pronto pata estar segura; sin embargo, en lo más profundo de su ser, lo sabía.
-Maldita cabezota... Está bien, búscate un trabajo y haz lo que te dé la gana. Pero recuerda que eres mi esposa.
-No me dejas que lo olvide -observó ella con amargura.
-Y, por supuesto, a ti te gustaría olvidarlo. -Dadas las circunstancias, ¿qué respuesta esperas? -Lo que espero, lo que supongo, es que nunca me ofrecerás nada por voluntad propia.
La amargura de Sesshomaru la enfadó. ¿Qué derecho tenia a hablar con amargura?
-Tu ego, Sesshomaru, está demasiado inflado para aceptar el hecho de que no quiera estar contigo.
-Hoy he almorzado con tu hermana -el inesperado comentario la dejó mirándolo con incredulidad.
-¿Con Kikyo? No es posible, mi hermana habría venido a verme primero si estuviera aquí.
-Sin duda lo hará.
A Kagome le dio vueltas la cabeza.
-¿Por qué ha ido a verte? -preguntó ella sospechosa de las intenciones de su hermana.
-¿Por el placer de mi compañía? -sugirió él con irritante confianza en sí mismo.
-Deja a mi hermana en paz, Sesshomaru. Ya es bastante con que hayas arruinado la vida de una de nosotras...
El rostro de Sesshomaru se tornó en una máscara de desdén.
-Ha sido tu hermana quien ha venido a mí.
Una cólera sobrecogedora se apoderó de ella.
-Espero que lo hayan pasado muy bien.
¿Cuántas veces le había comentado Sesshomaru que ella era sólo la sustituta de su hermana? Los celos la cegaron.
-Y pensar que empezaba a darme pena verte tan cansado...
-Para tu información, cuando he venido esta noche, lo único en lo que pensaba era en dormirme con la cabeza apoyada en tus fragantes senos, y en despertarme en la misma posición -los ojos de Sesshomaru se burlaron de ella-. Pero ya no, quiero una mujer de verdad.
-Qué alivio. Sin embargo, intenta recordar que Kikyo es una mujer casada.
Sesshomaru apretó los labios con expresión de desagrado.
-He invitado mañana a cenar al director de la empresa en Japón y a su ayudante, así que requeriré tus servicios. Según tengo entendido, van a venir con sus esposas... o con sus amigas. Díselo a los criados y ellos se encargarán de todo; sin embargo, no quería que me reprochases no haber consultado contigo antes. Lo único que tienes que hacer es estar decorativa y no contestar mal.
-Consultaré con mi agenda.
«Tengo que salir de aquí antes de echarme a llorar», decidió Kagome obstinadamente.
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P.D: Agradecería su apoyo y si no fuera molestia algunos review.
Gracias de antemano por darse un tiempo en leer esta historia.
