Los personajes de INUYASHA no me pertenecen sino a RUMIKO TAKAHASHI

Esta obra pertenece a KIM LAWRENCE, ha sido adaptada y modificada por mí.

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Los personajes utilizados pueden contener Ooc.

Los personajes son todos humanos, la trama se ubica en un universo alternativo.

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Capítulo 8

KAGOME POV

La cena iba a ser perfecta aunque ello le costase la vida!. Donde Sesshomaru hubiera pasado la noche anterior era un misterio y no le importaba.

Pero eso no era verdad. Ni en sus peores momentos había sufrido tanto como en la agonía de su amor. Ni jamás había sido tan feliz como con él.

El vestido blanco contrastaba maravillosamente con su bronceado. El vestido que estrenaba aquella noche lo había comprado impulsivamente. Era de corte griego, dejando un hombro al descubierto, y se le ajustaba al cuerpo como la misma piel. La abertura en la falda le subía casi hasta el muslo, revelando las piernas al moverse.

Se había recogido el pelo en un sencillo moño, dejando unas hebras caídas.

Quería hacer mella en la indiferencia de Sesshomaru, con el fin de darse a sí misma la oportunidad de decirle lo poco que significaba para ella, y su aspecto físico en esos momentos ayudaría a su propósito.

El timbre de la puerta sonó cuando Kagome estaba inspeccionando los motivos de decoración de la espléndida mesa.

El mayordomo, impasible e impresionante, se presentó delante de ella para anunciarle al recién llegado que quería hablar con la señora. Y cuando la señora oyó ese nombre, una docena de sentimientos conflictivos se apoderaron de ella.

-¿Le ha llevado al cuarto de estar? Gracias.

Entonces, Kagome se levantó la falda del vestido y se apresuró hacia allí.

-¡Gunther! -gritó al abrir la puerta-. Has recibido mi mensaje.

Corrió hacia él y le tomó las manos.

-No, querida, he estado fuera del país. Y si se me hubiera pasado por la imaginación en algún momento que ibas a casarte con él, no me habría marchado -declaro Gunther con el ceño fruncido-. Ha sido una verdadera tontería, Kagome.

A ella le dieron ganas de echarse a llorar. Aquellas palabras de censura salían del corazón, no eran maliciosas. Kagome se mordió los labios y controló el temblor.

-Creo que es el resultado de haber sido demasiado juiciosa toda mi vida -dijo ella con voz ronca.

-Cuando Sakura me dijo que te habías casado con él, me quedé horrorizado.

-¿Has visto a mi madre? Me llamó y me pareció que estaba muy rara.

-Lo sé, yo estaba con ella.

El significativo tono empleado por Gunther le sorprendió.

-¿Estabas con ella?

-Kagome, he venido a decirte que tu madre se casó conmigo hace dos días en Atenas.

Se hizo un profundo silencio. «Vamos, Kagome, recupérate», se dijo a sí misma al ver a ese hombre esperando a ver su reacción.

-Gunther, eso es maravilloso -lanzó un tembloroso suspiro y le abrazó-. Dios mío, eres mi padrastro.

Kagome rió y lloró. Al final, los dos estallaron en carcajadas.

-Quería decírtelo con cuidado, suavemente; creo que Sakura tenía en mente algo más espectacular y, posiblemente, público -Gunther esbozó una sonrisa masculina y paternal-. En fin, tengo la impresión de que esperas invitados, ¿me equivoco?

-No te preocupes, todavía tengo tiempo -le aseguró ella contenta de su compañía-. Dime, ¿cómo lo has conseguido después de tanto tiempo? Si es que no te molesta que te lo pregunte.

Amistosamente, Kagome deslizó el brazo por el de Gunther.

-Le di un ultimátum, o se casaba conmigo o desaparecía de su vida para siempre.

-Increíble -dijo Kagome impresionada.

-Debería haberlo hecho hace años. Bueno, ya está bien de hablar de mí, ¿tú que tal estás? -preguntó Gunther sobriamente.

Todo salió fuera. Con la cabeza en el hombro de él, Kagome le contó lo del engaño y sus consecuencias. Gunther asintió cuando debía asentir y le dio unas palmadas en la espalda.

-No me gustaría decir eso de... te lo advertí -dijo Gunther por fin.

-Pero lo harás de todos modos. ¿Tienes un pañuelo? Me he estropeado el maquillaje -sonriendo, aceptó el pañuelo de él-. No creo que pueda seguir aquí.

-Créeme, sé cómo te sientes, a mí también me ha pasado lo mismo.

Su abrazo de oso fue reconfortante, y Kagome se sorprendió pensando que su madre era una mujer con suerte; esperaba que Sakura tratara a ese hombre tan bien como se merecía. Sin embargo, Gunther conocía lo mejor y lo peor de su impulsivo, frustrante y, a la vez, encantadora esposa.

Gunther le tomó los brazos.

-Si hubiera tenido el valor de agarrar al toro por los cuernos, es muy posible que esto no hubiera ocurrido. Me habría quedado aquí para solucionar el problema.

-Tienes que venir conmigo, Kagome... a casa conmigo. No puedo soportar verte tan desgraciada.

-Oh, Gunther -dijo ella abrazándole.

El aplauso sobresaltó a ambos. Kagome se volvió y encontró a su marido apoyado en el marco de la puerta.

-Qué enternecedor, he estado a punto de pedir disculpas por importunar... pero me he dado cuenta a tiempo -una sonrisa asesina le curvó los labios-. Ésta es mi esposa y ésta es mi casa, no soy yo quien debe marcharse.

Sesshomaru se enderezó y estaba escrita la palabra peligro en cada músculo de su cuerpo. Kagome lanzó una furtiva mirada a la derecha y vio que Gunther también se había dado cuenta y que estaba reaccionando de una forma típicamente machista y estúpida, dio un paso hacia adelante, irradiando agresividad de macho.

-Estaré encantado de marcharme de esta casa, pero Kagome se viene conmigo.

-Creo que descubrirá que se equivoca -la voz de Sesshomaru era sumamente suave, pero sus ojos no dejaban de medir a ese hombre. De repente, Kagome se dio cuenta de que su marido estaba esperando a que la situación acabara en violencia- quizá, a los dos les pasaba lo mismo-. Si fuese usted, me daría por contento con salir de aquí por mi propio pie.

Kagome pronunció el nombre de Sesshomaru, pero ambos hombres la ignoraron. La vez siguiente, cuando volvió a pronunciar ese nombre, lo hizo con voz gélidamente estridente, y ambos la miraron. Sus expresiones de perplejidad la hicieron pensar que, tan enfrascados el uno con el otro, casi se habían olvidado de su existencia.

-Los dos se están comportando como colegiales, aunque ambos sois capaces de causar mucho más daños. No me cabe duda de que sería fascinante averiguar cuál de los dos puede hacer más daño -observó ella sarcásticamente-. Si no os importa, a mí no me apetece.

Kagome hizo una mueca de desagrado antes de continuar.

-Gunther, me gustaría que te marcharas -Kagome alzó la mano para acallar la protesta de él-. Soy perfectamente capaz de manejar esta situación yo sola.

Después, volvió los ojos hacia Sesshomaru.

-Le debes a Gunther una disculpa por comportarte como un hombre de Neanderthal. En caso de que lo hayas olvidado, esos importantes clientes a los que has invitado van a llegar en aproximadamente treinta minutos. Y aunque sé que un ojo morado puede ser un tema de conversación... -observó ella con dulce malicia.

-Bien dicho, Kagome, siempre he admirado lo práctica que eres, cariño.

-¡Kikyo! ¿Qué...? -su hermana había estado a espaldas de Sesshomaru, una observadora del ruidoso enfrentamiento-. ¿Por qué estás aquí?

Kikyo eligió ese momento para adentrarse en la estancia y colocarse en el centro de los reunidos, su lugar preferido siempre.

-Porque, tu marido me ha invitado a cenar, querida -respondió ella con modales lánguidos y lentos, propios de ella.

Con un vestido rojo muy ceñido, tenía aspecto delicado y sensual al acercarse a Sesshomaru para darle tiernas palmadas en el brazo con intimidad.

A Kagome le dio un vuelco el estómago, reacción que identificó con unos celos feroces.

-Es maravilloso volverte a ver, querido, pero quizás debieras marcharte ya -observó Kikyo mirando a Gunther-. Kagome tiene instinto para este tipo de cosas.

-¿Estás segura? -preguntó Gunther a Kagome. -Sí, completamente -respondió ella con firmeza. -Le acompañaré a la puerta.

-Si se te ocurre tocarle... -Kagome empequeñeció los ojos.

El acaloramiento de Sesshomaru se había tornado en gélida furia, la transformación era alarmante.

-No voy a tocar ni un pelo de tu amigo, pero tenemos unos asuntos que discutir -declaró Sesshomaru.

Kagome tuvo que darse por satisfecha con eso; al menos, había evitado una pelea.

Los ojos de Gunther le enviaron un silencioso mensaje de tranquilidad.

-Bueno, Kagome, ya nos hemos deshecho de los hombres... Creía que tu marido iba a estallar al verlos juntos. Es magnífico, aunque asusta a veces un poco -comentó Kikyo en tono ligero.

-Me sorprende que no te casaras con él -le espetó Kagome.

-Dios mío, no se te ocurra ponerte celosa conmigo -contestó su hermana al ver la expresión hostil de Kagome-. Después de esa llamada telefónica tenía que verte.

-Ya. Resulta que viste ayer a Sesshomaru, pero conseguiste evitar verme a mí.

-Kagome, cariño, por si no lo sabes te diré que soy una mujer felizmente casada -Kikyo se alisó la falda del vestido y se sentó en un sillón-. Yo te he metido en este lío y Aku está de acuerdo conmigo en que debo aclarar algunos malentendidos que he provocado yo. Kagome, ¿es que no te das cuenta? Jamás le habrías conocido de no ser por mí -dijo Kikyo con voz ronca, su rostro mostraba preocupación-. Si hubiera creído por un momento que ibas a transformarte en un ser humano y a sucumbir a...

-Sí, has sido muy poco egoísta -Kagome se negaba a que la aplacaran.

-No te pongas así -Kikyo se levantó y tomó a su hermana del brazo; después, se puso muy tensa y miró a Kagome intensamente a los ojos-. Dios mío, estás embarazada.

Kagome contuvo la respiración unos momentos. -¿Cómo te has dado cuenta? Ni siquiera yo estoy segura -susurró Kagome

Kikyo lanzó una carcajada y abrazó a su hermana gemela.

-Creo que hemos desarrollado la intuición demasiado tarde, puede que tenga algo que ver que yo me encuentre en la misma situación.

Kagome agrandó los ojos y sonrió.

-Es estupendo, ¿verdad? -dijo ella con voz trémula. Lo sería si Sesshomaru... -. Siento haber creído que...

-¿Que iba a robarte a tu marido? No me sorprende que te parezca raro descubrir que yo también tengo conciencia. Creo que Aku me saca lo mejor de mí misma -le confió Kikyo -. Por tu forma de hablar infiero que Sesshomaru aún no lo sabe, ¿no?

-Y no le digas ni una palabra -dijo Kagome.

-Debo suponer que sabes lo que haces, pero después de haber visto a ese inmenso alemán abrazándote...

-Gunther se ha casado con mamá.

Kikyo lanzó un silbido.

-Pobre corderito. ¿No sería el colmo que mamá desarrollase ahora el instinto maternal y las tres nos quedáramos...?

Kagome rió.

-¡Sería un desastre!

-¿No te parece que Sesshomaru se va a sentir como un tonto cuando se entere de que se lo has estado ocultando? -preguntó Kikyo.

-Sesshomaru nunca se siente como un tonto, aun cuando lo es; y si se lo dices, no volveré a hablarte en la vida. ¡Es un sinvergüenza arrogante y cabezota!

-Hablando de cabezotas... -la mirada de Kagome la hizo interrumpirse-. En fin, es tu vida. Pero tenía la impresión de que te habías enamorado de ese arrogante cabezota.

Kagome se mordió los labios.

-Esa es otra de las cosas que mejor te las guardas para ti misma -añadió Kagome sobriamente.

Entonces, se quedó inmóvil al oír a Sesshomaru abrir la puerta y entrar en la habitación, y esperó poder confiar en la discreción de su hermana.

Los ojos de Sesshomaru se hicieron fríos e implacables cuando la miró; sin embargo, para Kikyo, tenía una mirada deslumbrante, pensó Kagome indignada.

-No era lo que parecía...

La carcajada fue dura y gélida.

-No es la frase más original que he oído -dijo él en tono cortante-. En fin, no creo que debamos incomodar a Kikyo con nuestras peleas domésticas. -Por mí no se preocupen -dijo Kikyo alegremente-, creo que voy a ir a retocarme el maquillaje.

Después de que su hermana se marchara, Kagome miró fijamente a su marido.

-No crees nada de lo que yo digo, ¿verdad?

-Siempre me ha interesado la buena ficción, pero me diste tu palabra de que no volverías a ver a Weiss.

-Yo no he hecho tal cosa. Me ordenaste que no lo hiciera, que no es lo mismo.

-Si hubiera llegado algo más tarde, puede que os hubiera sorprendido en la cama.

-No seas estúpido -el desdén de Sesshomaru la hizo decidir no darle explicaciones.

Era el hombre más cruel e injusto del mundo y lo odiaba.

-No me cabe duda de que te encantaría poder compararnos -dijo Sesshomaru con desprecio-. Es de muy mal gusto que utilices mi casa para este tipo de cosas, ¿no te parece?

-Creía que también era mi casa, aunque no he encontrado evidencia que lo apoye -replicó ella despreciándole por aquella injustificada acusación-. Tienes una mente muy sucia, Sesshomaru; sé que tu sentido de la moralidad es nulo, pero no me juzgues a mí por el mismo rasero.

¡Cómo se atrevía! Ella ni siquiera sabía dónde había pasado la noche Sesshomaru y, por supuesto, tampoco sabía con quién. La idea de él amando... acariciando a otra persona le resultaba intolerable.

-No voy a permitir que mi esposa se comporte como una cualquiera. Si no puedo fiarme de ti estando aquí, será mejor que te mande con mi madre a la casa de campo. No nos vendría mal una separación.

-Tu madre me resulta casi tan insoportable como tú -replicó ella con voz temblorosa-. No soy una niña, no puedes hacer conmigo lo que se te antoje. Si crees que necesitas estar solo después de sólo dos semanas de matrimonio, ¿no te parece que eso apunta a incompatibilidad de caracteres?

La conversación la estaba destrozando, pero tenía el perverso deseo de continuar infligiéndose daño a sí misma.

-Te estás repitiendo, querido -le espetó ella-. Has admitido que enviaste al amante de Kikyo al otro lado del Atlántico, dudo que mi hermana mostrase tan buena disposición hacia ti si se enterase de eso. Pero Gunther es más difícil de manipular, por eso quieres...

-Gunther Weiss no va a ser tu amante, -ningún hombre lo será.

-Jamás permitiré que decidas por mí, no soy una de tus malditas adquisiciones -con una expresión de extrema frustración, Kagome agarró una copa de cristal y la estrelló contra el suelo-. No te tengo miedo, Sesshomaru, por eso no tienes ningún control sobre mí.

-Puede que sobre ti no, ¿pero qué me dices de tu amante potencial? -la sonrisa de Sesshomaru la hizo estremecer-. No estará a salvo de mí. Además, ¿qué clase de hombre es? Tuvo la oportunidad de hacerte suya y no la aprovechó.

-Es todo lo que tú no eres -le espetó ella.

-Si vuelves a ver a Gunther Weiss, entonces descubrirás la clase de hombre que soy -la sonrisa de Sesshomaru era la sonrisa de un depredador-. Voy a ir a cambiarme, llama para que vengan a recoger los cristales. Esa cristalería ha sobrevivido ciento cincuenta años, me gustaría que hicieras algo respecto a tus impulsos destructivos.

La cena fue horrorosa, Kagome se sentía vacía. Sonrió cuando debía sonreír, pero fue Kikyo quien brilló. Kikyo era todo lo que Sesshomaru quería que ella fuese, pensó Kagome notando las miradas de aprobación que Sesshomaru lanzaba a Kikyo mientras ésta hechizaba a sus clientes. Pudo imaginar lo que sentía Sesshomaru cuando uno de los invitados tomó a Kikyo por la señora Taisho. Por supuesto, Sesshomaru representó su papel perfectamente, pero Kagome se dio cuenta del frío sarcasmo que teñía tantos de sus comentarios a ella.

-¿Te apetece tomar una última copa conmigo? -preguntó Sesshomaru cuando los invitados se hubieron marchado.

Cuando Kagome vio que era a Kikyo, y no a ella, a quien su marido estaba mirando, se dio cuenta de que ya no podía aguantar más.

-Gracias, pero me marcho ya, estoy cansada -contestó Kikyo al tiempo que le daba un abrazo a su hermana.

-Mi chófer te llevará de vuelta al hotel -dijo Sesshomaru-. La próxima vez que vengas, tráete a Aku.

-Aku me traerá a mí -le corrigió Kikyo con una sonrisa antes de darle un segundo abrazo a Kagome-. Cuídense mucho.

Kagome contuvo las lágrimas y asintió.

Sesshomaru se estaba sirviendo un coñac cuando Kagome volvió de acompañar a su hermana a la puerta.

-Eso es lo único que te importa, ¿verdad, Sesshomaru? La empresa. Te casaste conmigo por eso. Un sacrificio mayor sería inconcebible. Y no estás dispuesto a hacer reajustes en tu vida, soy yo la que tiene que comportarse como un perrillo faldero.

-¿Qué era tan maravilloso en tu vida antes? ¿Tu precioso trabajo que no sería más que para satisfacer la vanidad de una mujer egoísta que ni siquiera tiene instintos maternales? Eras una insignificante virgen reprimida con demasiado miedo a vivir por sí misma, y más miedo aún a amar a un hombre. No, no creo que hayas salido perdiendo con el trato.

Kagome sintió como si la estuvieran apuñalando.

-Tenía libertad -contestó ella con voz queda.

Y ahora tenía un hijo que nadie le iba a quitar.

Sesshomaru palideció y pronunció el nombre de su esposa con voz ronca. Ella ignoró la pasión de su voz, ya la había hecho demasiado daño, no podía soportar más. Sesshomaru parecía odiarla... ¿intentaría quitarle a su hijo también? El horror que esa noción le produjo la hizo ahogar un sollozo y se alejó de allí corriendo.

A la mañana siguiente, Kagome se estiró al levantarse y se dirigió al cuarto de baño. Uno de los cajones de Sesshomaru estaba medio abierto y había algunos objetos tirados en el suelo. Se agachó, los recogió y abrió más el cajón para meterlos-... fue entonces cuando algo llamó su atención dentro del cajón.

Al principio, pensó que era Rin, pero luego notó las diferencias; aunque el parecido era suficiente para confirmar la afirmación de la madre de Sesshomaru de que Rin era casi la imagen de la difunta Kagura. Se quedó mirando el sonriente rostro de la fotografía enmarcada en plata: la mujer tenía una sonrisa vivaz y un negro que le confería un aspecto sofisticado y pasional.

Con cuidado, volvió a colocar el retrato con manos temblorosas. Tenía que marcharse de allí, se sentía como una intrusa en casa de Sesshomaru, en la casa de Kagura, y le estaba quitando la energía vital.

Después de varios minutos frenéticos de meter ropa en las maletas, le vino a la mente el refugio perfecto. Iba a ir a Sarisa. Sesshomaru iba a estar muy ocupado como para ir allí por el momento, así ella estaría a salvo.

El hecho de que la isla tuviera difícil acceso no se le pasó por la cabeza. Necesitaba tiempo para asimilar su inminente maternidad y el hecho de que amaba a un hombre que jamás la amaría a ella.

Estaba dejando la nota, que había escrito rápidamente para Sesshomaru, detrás del reloj de mesa que había en el cuarto de estar cuando le anunciaron que tenía una visita. Kagome iba a ordenar que dijeran que no estaba cuando Rin entró sin ceremonias.

-Siéntate. ¿Te apetece un café? -preguntó Kagome con tensa cortesía, y Rin accedió-. Estoy esperando a que venga un taxi a recogerme.

Rin se puso cómoda y se cruzó de piernas.

-He venido a ver cómo está el pobre Sesshomaru... dadas las circunstancias.

-¿Qué circunstancias?

Los ojos de Rin estaban llenos de odio hacia Kagome.

Es el aniversario de la muerte de la pobre Kagura -contestó Rin con una sonrisa gatuna mientras Kagome palidecía dramáticamente.

-No lo sabía -dijo Kagome haciendo un esfuerzo por mantener la cabeza alta, no quería darle a Rin la satisfacción de derrumbarse delante de ella.

Ahora sabía por qué Sesshomaru debía haber estado mirando la foto de su desgraciado amor. Todas las esperanzas de Kagome de que Sesshomaru llegara a amarla algún día se desvanecieron.

-Después de morir, todos temimos que Sesshomaru perdiera la razón. Se derrumbó completamente. Nadie se le podía acercar y se pasaba las veinticuatro horas del día trabajando.

-Me sorprende que, siendo tan joven, lo recuerdes -comentó Kagome secamente-. Sesshomaru tiene una gran fortaleza y no necesita muchas horas de sueño, lo sé perfectamente.

A Rin no le gustó el comentario, cosa que produjo cierta satisfacción a Kagome.

-Después de la otra noche, supuse que no iba a perder mucho el tiempo comportándose como un marido dedicado.

En ese momento, la criada apareció con el café.

-Su taxi ya ha llegado, señora Taisho, y el señor Bellis ya ha metido las maletas en el taxi. Me ha preguntado si está usted segura de que no va a necesitar el coche.

-No, gracias. Enseguida iré -respondió Kagome con forzada calma.

-¿Un pequeño viaje?

Kagome sonrió e ignoró la pregunta.

-¿La otra noche? - preguntó Kagome con cuidado de emplear un tono de voz neutral.

¿Por qué negarle a esa niña el placer de decirle lo que era evidente que había ido a decirle? -¿Es que no notaste que no vino a dormir aquí?

-Di lo que hayas venido a decir y márchate o quédate si quieres porque, como ves, me voy -la angustia de su voz silencio la burlona risa de la chica.

-Pasó conmigo la noche -Rin esperó a ver la reacción de Kagome; sin embargo, como la expresión fría de ésta no se alteró, la joven continuó en tono vengativo-. Se ha dado cuenta del error que ha cometido.

-Eso le corresponde a Sesshomaru decírmelo, no a ti. Dudo que le alegre saber que has venido.

Por primera vez desde el comienzo de la visita, Rin perdió la compostura.

-Me voy ya, puedes quedarte a terminar el café -dijo Kagome con la voz queda.

Salió de la habitación sin mirar ni a derecha ni a izquierda, pero estaba muriendo por dentro.

Hacía calor en Nassau y la humedad era increíble. Kagome estuvo a punto de sentarse y echarse a llorar cuando, inesperadamente, le resultó muy difícil convencer a alguien para que la llevara a Sarisa. Los lugareñas, normalmente relajados en extremo, estaban extraordinariamente activos, pensó Kagome cuando, de nuevo, una persona paso de largo ignorando la pregunta que ella le había hecho.

Pero Kagome no se dio por vencida, siguió buscando al propietario de un barco que estuviera dispuesto a llevarla. Por décima vez oyó histéricos comentarios sobre la tormenta que todo el mundo juraba se estaba acercando, cosa difícil de creer debido a que el cielo estaba completamente despejado.

Cuando Kagome hizo una oferta ridículamente alta, la avaricia sustituyó al miedo en los ojos del marinero que, a su vez, aumentó el precio en una cantidad exorbitante. El hombre adoptó una expresión incrédula cuando Kagome aceptó.

El viaje a Sarisa hizo que sus sospechas sobre la naturaleza ficticia de la tormenta parecieran bien justificadas. El mar estaba como una balsa y el ambiente sumamente pegajoso.

El marinero la dejó en tierra con las maletas no sin antes preguntar:

-¿Está segura que quiere quedarse aquí, señora?

-Sí, estoy segura -respondió Kagome con firmeza-. Otra cosa, ¿le importaría llevarme las maletas a la casa?

-Ni hablar, señora, me marcho de aquí ahora mismo. No me serviría de nada el dinero en el fondo del mar -respondió el hombre.

Teniendo en cuenta la relajada actitud de la mayoría de los lugareños respecto al tiempo, a Kagome le sorprendió la respuesta de él, que no había dejado de mirarse el reloj constantemente. Kagome decidió que debía tener una cita y ella misma agarró dos de las maletas, dejando una allí para ir a recogerla luego.

El camino a la casa estaba en pendiente y, con tanto calor, pronto dejó una por el camino para también recogerla después.

La casa estaba en completo silencio le sorprendió no ver a un alma. La puerta no sólo estaba cerrada con llave, sino asegurada también con travesaños de madera al igual que las ventanas.

Con creciente pánico, gritó el nombre de Kaede, pero no le sirvió de nada. En cualquier caso, debía haber una explicación lógica a la situación, aunque por el momento se le escapaba.

Se sentó encima de la maleta y apoyó la cabeza en las manos. ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Qué iba a hacer?

Corrió hacia la casita de Kaede y cuando vio los mismos travesaños cruzando las ventanas, se mordió los labios, apenas controlando el creciente terror. Aquel santuario se había convertido en un lugar siniestro.

Tenía que entrar de una forma u otra. Por fin, encontró una ventana que parecía de más fácil acceso que las demás. Utilizando un trozo de madera como palanca, consiguió arrancar un travesaño que parecía más suelto que los demás.

Con cuidado de no cortarse con el vidrio roto, metió la mano y levantó el pestillo de la ventana. Después de unas contorsiones, se encontró dentro de la ordenada casita de Kaede.

Todo parecía perfectamente normal en el interior, no había ninguna señal del motivo por el que todo el mundo había desaparecido.

-Debía haber alguien en la isla, sólo tenía que encontrarlos. Con una sonrisa, vio el sombrero de paja de Kaede y se lo puso, recordando sus continuas advertencias respecto al sol.

Fue a la playa y comenzó a recorrerla mientras llamaba a Kaede intermitentemente. Hasta que el viento no le arrancó el sombrero, no se dio cuenta de que el tiempo había cambiado. Fue corriendo tras el sombrero, pero no consiguió darle alcance y éste acabó en el mar.

Recordó demasiado tarde la amenaza de tormenta. El mar se agitaba de forma alarmante y, cuando alzó los ojos, vio que el sol se había escondido tras una inmensa nube negra.

De repente, le asustó encontrarse allí en la playa expuesta a los elementos naturales. Andando al principio y después corriendo, Kagome comenzó a volver sobre sus pasos. Sólo había cubierto la mitad de la distancia cuando el viento la hizo aminorar la marcha hasta el momento en que cada paso que avanzaba retrocedía otro.

Lanzó un grito cuando un trozo de madera, volando al viento, le golpeó en la cabeza. Kagome cayó de rodillas, pero pronto el instinto de supervivencia fue más fuerte. Y aunque parecía imposible, consiguió ponerse en pie y siguió marchando hacia delante.

P.D: Agradecería su apoyo y si no fuera molestia algunos review.

Gracias de antemano por darse un tiempo en leer esta historia.

P.D.2: Desde antemano pido disculpas por colocar a la pequeña Rin como mala y a Kikyo como buena, pero ya saben que al ser una adaptación tengo que colocar algunas diferencias que sean congruentes con los personajes... y ya saben que la historia real son de gemelas, las única que llenaban esos papeles eran Kagome y Kikyo por ser esta primera la reencarnación de la última.