Gracias a los que dejaron comentarios en el capítulo anterior. Espero les guste la continuacion. Besos!

Capítulo 3

Era el segundo trabajo en la semana que le asignaban con el rubio de ojos grises. Primero el lunes en la clase de Pociones. Ahora, Mcgonagall les había encomendado redactar un ensayo sobre la variedad de transformaciones de género morfológico. A Hermione el tema le pareció interesante, había estado animada durante toda la clase. Hasta el momento en que la profesora dijo que elegiría aleatoriamente las parejas.

La castaña en lo personal prefería la libre selección o en todo caso...la dedocracia. Todo lo que estuviese relacionado al azar nunca solía funcionar de manera armoniosa. Ella esperaba lo peor cuando fue su turno de levantar su varita para sacar un pedazo de pergamino del interior del sombrero de Minerva. Lo dejó caer sobre las arrugadas manos de la profesora y esta lo abrió lentamente.

-Malfoy con Granger.- anunció Minerva antes de seguir con el siguiente alumno. Hermione sintió que se hundía en su asiento, giró el rostro y le miró. Él le miraba desde el otro extremo del aula, sentado junto a Nott.

Hermione podía percibir su olor natural desde el lado contrario. Lo había estado ignorando desde que entraron a tomar la clase. La chica se negaba a distraerse de una de sus clases preferidas solo por su condición de Veela. No estaba dispuesta y no lo haría. Pero mirarle a los ojos era demasiado, cuando sus ojos se encontraban todo lo racional que pudiese estar almacenado en su cabeza dejaba de funcionar correctamente.

-El último día para la entrega es el lunes. Pueden retirarse.- anunció la profesora y con un movimiento de su varita todo lo que había estado escrito en el pizarrón desapareció.

Draco reaccionó inmediatamente, se puso en pie lo mas rápido posible, rompiendo el contacto visual con la ojimiel y centrando su atención en lo que Theodore Nott le estaba comentando. Él sabía que había algo extraño alrededor de Granger desde hace unos días, pero no lograba entender que era. Solo tenía claro que ella no le miraba de la misma forma, aunque tampoco podía describir con certeza cómo le miraba.

-Mis padres planean un matrimonio arreglado con Greengrass. - le comentó Nott mientras se encaminaban a la salida. Draco le miró y no pudo esconder la sonrisa burlona que asomó en su rostro. No era una sonrisa como tal, más bien un gesto de burla cargado de un sentimiento de empatía.

-¿Astoria?- quiso saber Malfoy sujetando firmemente el libro de transformaciones entre sus manos. Siempre andaba con un libro o un pergamino en la mano desde aquel día en el cual se transformó por primera vez. Él no conocia el motivo...pero seguía cargando un libro siempre que abandonaba su sala común. Aquel día no tenia nada en las manos cuando vio sus uñas desfigurarse hasta formar garras que hasta cierto punto le aterraban ...

-Daphne...- murmuró Theo y su rostro era una mueca de desagrado que le fue imposible ocultar. Draco pasó su mano libre por sus cabellos e intentó contener las palabras de burla que morían por escapar de su boca.

-Coméntales tu desagrado.- le dijo Draco.

-¿Tu lo harías?- interrogó el castaño. Malfoy guardó silencio. La respuesta era obvia, él no lo haría. Jamás desobedecería una orden de su padre...su familia era casi una dinastía en la cual la palabra de Lucius Malfoy era una ley inquebrantable.

-Tu padre es más flexible...- murmuró Draco y el castaño asintió con un gesto antes de encogerse de hombros.

-Aun así, me parece que mis padres estan demasiado interesados en el negocio.- comentó Nott y el rubio elevó una de sus cejas.

Malfoy estaba por contestar cuando sintió el olor. Respiró tan profundamente como su condición de semi-criatura mágica le permitió. Por primera desde aquel día cuando dejó de ser un mago normal, logró percibir un solo arroma en el aire. Un aroma que opacó todos los demas por completo, pero que duró menos de un segundo. Él no supo identificar el olor, no tuvo el tiempo suficiente, pero sintió el graznido en su pecho. Era el olor de una Veela...una que quería reclamarlo como de su pertenencia. Aun así...no podía asegurar que se tratase de su Veela...todo era confuso en su cabeza. Tan confundido estaba que olvidó que debía responder al castaño que le miraba con el ceño fruncido.

-¿Qué te pasa? Avísame si tengo que encerrarte en un cuarto.- le dijo Nott moviéndole del hombro derecho para que saliese de su despiste. El castaño de ojos claros, Blaise y Pansy eran los únicos en saber de la condición de rubio. Por supuesto, Hermione era la única Gryffindor en estar enterada. Draco se alegraba de que ella le hubiese descubierto, porque la chica siempre se mostraba comprensiva cuando se trataba de sus transformaciones y su naturaleza.

-Estoy bien. Avanza, debemos llegar al entrenamiento.- murmuró Malfoy y sin mas ambos se dirigieron hacia el campo de Quiddich. Uno seguía comentando sobre la boda no deseada y el otro se cuestionaba en silencio quién era esa nueva Veela que estaba en Hogwarts.

Hermione se había quedado en el aula de Transformaciones casi completamente sola. Únicamente la profesora Mcgonagall se hallaba sentada revisando unas anotaciones. Granger miró a todos salir, la ausencia del olor a chocolate y menta de Draco Malfoy le paralizó. Sintió una fuerza interior que antes no había sentido...un deseo por el rubio le recorrió el cuerpo y sintió el dolor en sus uñas, aquel dolor al cual ya comenzaba a acostumbrarse.

Apretó sus labios, y se permitió maldecir entre dientes su naturaleza de semi-criatura mágica. No quería sentir lo que sentia...no quería...pero lo sentía...su corazón se sentía roto ante la ausencia del Slytherin. El rostro de la castaña seguramente se desfiguró; respiró con fuerza...a lo lejos podía percibir el aroma a menta...su cuerpo produjo fermonas. Ella lo sentía, pero no podía impedirlo.

-Señorita, Granger.- le llamó Minerva, la chica levantó la mirada de su mesa y se encontró con los ojos verdes de la jefa de su casa. La señora le miraba con cierta preocupación.

-¿Se encuentra bien? Dumbledore me comentó de su caso.- le dijo Minerva deteniéndose delante de la joven. El olor a menta terminó de extinguiese y Hermione sintió que, aunque como criatura se sentía destrozada, ella volvía a tener control de si misma.

-Creo que estoy teniendo problemas de autocontrol. ¿No hay alguna pócima que pueda beber?- quiso saber la castaña, lo había estado pensando desde que descubrió los cambios en su cuerpo. Quizás podría colocar los efetos bajo alguna pócima tranquilizadora.

-Hablaré con Snape, seguramente tendrá algo escondido en las mazmorras.- le consoló la profesora pasando una de sus manos, arrugadas por la edad, por la espalda de su alumna predilecta.

-Muchas gracias, profesora.- fue la respuesta de la castaña, le dedicó una sonrisa que la otra respondió con cierta dulzura antes de abandonar el aula.

Hermione le siguió mientras caminaba y luego volvió su vista hacia sus cosas. El silencio en el aula era tangible, lo suficiente para que la joven lograse escuchar el viento que se colaba por la ranura de la única ventana semi abierta en el salón de transformaciones. Un aullido resonó por todo el pasillo del segundo piso. La castaña quedó inmóvil en su asiento con el ceño fruncido. Segundos luego, observó hacia el escritorio de la profesora Mcgonagall: observando como las dos figuras de mármol con forma de gato se movían suavemente.

-¿Hay alguien ahí?- cuestionó la joven poniéndose de pie, sus pasos resonaban en el aula vacía a medida que se acercaba a la puerta. Abrió un poco la misma, apenas una pequeña ranura lo suficientemente grande como para asomar el rostro. Apenas pasaron segundos cuando le pareció que una sombra oscura se movió con rapidez en su dirección. Cerró de un golpe la puerta, percibiendo como lo que fuese golpeaba la misma sin llegar a abrirla.

Con el corazón latiendo vertiginosamente en su pecho la veela sintió como sus garras surgían al igual que sus colmillos. Estaba asustada, y eso parecía poner a su parte veela sobre aviso. Extrajo su varita del bolsillo de su túnica y volvió a abrir la puerta. Esta vez el pasillo estaba desierto, respirando aceleradamente ella tomó sus cosas y sin soltar su varita abandonó el aula de transformaciones dejando la resonancia de sus pasos rápidos por todo el pasillo y percibiendo el frío anormal que habia inundado el lugar.

Esa misma tarde, se sentó junto a Ronald y Harry a comentarles lo que había ocurrido en el piso del aula de transformaciones. Los jovenes le escucharon con ceños fruncidos. Ron comía sin decir nada, deteniendo las mordidas que daba a su pedazo de pavo cuando Hermione mencionó la aparente sombra negra. Harry apenas movía la pajita del jugo mientras prestaba atención, sus ojos verdes fijos en su mejor amiga. La castaña contaba todo con un nudo en la garganta, aun podía percibir ese aíre frío que sintió al salir al pasillo...como si lo que hubiese golpeado del otro lado de la puerta se hubiese disipado, pero hubiese dejado la prueba de su presencia allí.

-¿Qué crees que sea? ¿Estará relacionado con ya sabes quien?- interrogó Harry en un susurro, distraidamente agarrando un pedazo de pollo con la punta de su tenedor.

-No lo sé. Podría ser.- comentó Granger encogiéndose de hombros, pero sin dejar de tener el ceño fruncido.

-Podemos ir a revisar el pasillo en la noche, quizás descubrimos algo.- le comentó Harry apretando la mano que ella tenía sobre la mesa a modo de apoyo. La castaña sonrió, feliz de poder tener a sus amigos de su lado.

-Señorita, Granger.- la voz poco amigable de Severus Snape les interrumpió. La castaña giró el rostro, aun sentada junto a Harry. El profesor de cabello negro se encontraba junto a Minerva mirándole con poco paciencia.

-¿Me necesita profesor?- interrogó ella.

-Venga con nosotros, por favor.- le pidió Snape. Hermione asintió, bastó una mirada a su jefa de casa para que recordase de que se trataba del asunto. Su asunto.

Se puso en pie ante la mirada curiosa de sus amigos, sonriéndoles para que no pensasen que había ocurrido algo negativo y luego caminó tras los dos profesores que ya se dirigían a la salida del comedor. Hermione no dijo nada, solo les siguió en silencio, se percató de que no iban a las mazmoras y suspiró aliviada porque no le agradaba mucho aquel lugar. Minutos luego se detuvieron delante de la gárgola que custodiaba la oficina de Albus Dumbledore. Minerva murmuró algo que la castaña no llegó a escuchar y comenzaron a subir las escaleras que conectaban con el despacho del viejo director.

-Buenas noches, señorita Granger. - le saludó Dumbledore con una sonrisa, sentado tras su escritorio cerca de la chimenea.

-Buenas noches, director.- respondió ella el saludo, nerviosa al sentirse rodeada de tanta gente importante.

-Minerva nos comentó sobre tu poción. Snape preparó esta hace unos días para otra veela en la escuela. Todavía mantiene la fuerza necesaria para tranquilizar los efectos de su condición, pero necesitamos saber quién es su pareja.- le pidió Dumbledore mostrándole el líquido color cobre que estaba contenido en un pequeño frasco de cristal.

Hermione miró a los dos profesores, su rostro comenzó a adquirir un sonrojo que aunque no podía ver, sentirlo le avergonzaba aun más. Quería decir algo, porque quedarse sin palabras le desagradaba, pero no era capaz de decirlo en voz alta. Tantos años de rencillas y discusiones. La joven castaña se sentía incapaz de decir su nombre en voz alta...aún le costaba admitirlo consigo misma.

-No queremos entrometernos, señorita. Es necesario para la poción. Snape se encargará de conseguir cabello de la persona, es el último ingrediente que se añade a la pócima antes de beberla.- explicó Dumbledore para no intimidarla con su pedido.

-Sí, entiendo...él es...- comenzó a decir ella nerviosa. Murmuró el nombre entre dientes, pero ninguno de los presentes fue capaz de escucharle. Minerva le miró confundida y Snape esperaba con impaciencia.

-No le escuchamos, señorita.- le apresuró Severus rodando exageradamente los ojos.

-Es Draco Malfoy...- aceptó ella entre dientes. El silencio en el despacho de Dumbledore fue tal que Hermione sintió deseos de comenzar a reír y retóricamente preguntar "Somos el uno para el otro¿no les parece?"

-¿El joven Malfoy?- cuestionó Snape, parecía sacado de su antiguo mundo de intolerancia. Ahora había sorpresa y curiosidad en su voz.

-Si...- murmuró la Gryffindor sin mirarles.

-Usted conoce la condición de Malfoy, Granger.- comenzó a decir Snape, Hermione sabía que él también conocía lo que ocurría con Draco. El mismo Severus se encargaba de prepararle al joven las pociones en espera de la llegada de la veela.

-Lo sé.- murmuró ella, seguía con la mirada en el suelo.

-Entonces sabe que debe hablar con él.- habló Dumbledore dulcemente, la castaña levantó la mirada temerosa.

-No puedo, él me odiaría más de lo que me odia.- murmuró ella, admitir que él la odiaba solo consiguió que su corazón se quebrase un poco. Le enojaba no poder ser indiferente, antes lo era...extrañaba ese pasado no tan lejano.

-No es una alternativa, Granger.- interrumpió Snape, parecía haberse alterado por algunos segundos.

-Basta, Severus. No la presiones.- le advirtio Minerva con la mirada mas seria que pudo, el profesor de Pociones calló momentáneamente antes de seguir murmurando entre dientes sin llegar a ser del todo comprendido.

-Entendemos que no quiera relacionarse con el joven Malfoy debido a todos los enfrentamientos que han tenido; pero piénselo, Hermione. Ambos se necesitan.- le comentó Dumbledore colocando sus manos sobre las de la joven, las cuales descansaban en el escritorio del director.

-Lo pensaré.- susurró ella poniéndose de pie.

-Para mañana Snape tendrá la pócima. Solo necesitará un cabello.- le dijo Minerva colocando una de sus manos en el hombro de la castaña. Esta miró a Severus y el profesor hizo una mueca antes de asentir.

-Gracias.- contestó la joven antes de abandonar el despacho. Bajó las escaleras tan rápidamente como sus pies se lo permitieron mientras recordaba porque no queria decirle a Draco que ella era su veela.

Él se lo había dicho un tiempo atrás. Hermione y Malfoy pocas veces discutían cuando se encontraban en medio de un pasillo y no había nadie mas observándoles. Ella solía preguntarle sobre su condición y él contestaba escuetamente. Era noviembre, hacía frío debido al invierno. Ella estaba en el tercer piso caminando hacia la biblioteca cuando escuchó aquel sollozo. Se detuvo, convencida de que no lo habia imaginado.

La puerta del lavado de chicos estaba medio abierta, podía escuchar los tenues sollozos desde su posición. No debía entrar allí, pero había reconocido su llanto y no pudo evitar desobedecer las reglas. Lo encontró sentado junto a un lavado, las rodillas cerca de su pecho y su cabeza entre las mismas mirando hacia el suelo.

Ante el ruido de las pisadas de ella, él levantó la mirada y ella observó sus ojos enrojecidos por las lágrimas. Sintió pena por él y caminó hasta sentarse a su lado; Draco no dijo nada sino que volvió a mirar el suelo. Pasados algunos segundos, ella le rodeó con sus manos para confortarle. Él estaba sin camisa y su piel era cálida, aunque la castaña podía sentir que había algo presionándose contra sus brazos cuando le abrazó...era el inicio de aquellas alas de Rocho que tanto le atormentaban.

-¿Qué ocurre?- quiso saber ella. No habia motivo para no sentir empatía por alguien que la estaba pasando tan mal, aun cuando ese alguien fuese un idiota que la mayor parte del tiempo buscaba problemas con sus mejores amigos.

-Snape me contó algo...- explicó él sin mirarla. Hablaba entre dientes, con coraje contenido.

-¿Algo malo?- inquirió ella, el tono del rubio no daba lugar para nada mas.

-No voy a curarme...- explicó él y ella sintió aún más pena por el chico.

-¿Por qué no? ¿Snape no conoce la cura? Puedo ayudarte a investigar.- comenzó a hablar Granger, pero él levantó la mirada y ella guardó silencio. Sus ojos rojos y su mirada indiferente no le dejó terminar sus palabras.

-La única forma de curarme es que una Veela me reclame.- explicó Malfoy. Hermione no comprendía, sabía lo que era una veela, pocos desconocían sobre esas criaturas; aun así la castaña no conocía todo sobre ellas. Solo sabía que las veelas tenían almas gemelas, que se enamoraban para siempre y que eran muy hermosas.

-¿A qué te refieres?- preguntó la joven de ojos color caramelo.

-A que para ser libre de esta bestia tengo que someterme a otra.- explicó él enojado,

-Pero...hasta donde sé, las veelas son muy bonitas y se enamoran para...- comenzó ella a decir, pero Draco volvió a interrumpirla.

-Granger tu no entiendes. Todos los Gryffidnor son tan estúpidos. ¿No ves que no tengo elección? ¡Nunca en mi vida podré elegir nada! Si no es mi padre obligándome, entonces es mi maldita naturaleza.- se quejó el rubio y Hermione guardó silencio.

Aunque la Gryffindor se sentía un poco ofendida en su orgullo por el comentario descortés del Slytherin, no podia negar que comprendía a que se refería. Ella desde que tenia uso de memoria había defendido la libertad de ejegir, de expresarse. Ella no estaba de acuerdo con los clasistas que arreglaban matrimonios o subyugaban a los elfos negándoles el derecho a un sueldo. Para la castaña, que conocía poco del tema, la relación de una veela y su pareja se basaba en el amor. Ella jamás se detuvo a pensar que la veela le estaba quitando la oportunidad de elegir a su pareja.

-Lo siento.- susurró ella, el inicio de una ala se presionó contra la mano que, sin darse cuenta, ella había dejado sobre la espalda del joven y el contacto quemó su mano inmediatamente haciéndola morderse el labio inferior y ahogar un quejido.

-¿Estas bien, Granger?- preguntó Malfoy girándose hacia ella, e ignorando el ardor en su espalda. La castaña asintió, aunque aun podía sentir el calor contra la palma de su mano.

El Slytherin intentó sujetar su mano para ver que estuviese bien, pero ella se alejó al ver que el inicio de plumas blancas cubrían las palmas de sus manos. El chico miró sus manos y entendió, cerró los ojos maldiciéndose entre dientes. Él queria elegir, el moría por probarse asi mismo que era capaz de enamorarse y de enamorar a alguien sin necesidad de efectos intermedios. Pero su naturaleza lo alejaba de ese sueño, lanzándole lejos de toda esperanza.

-Mejor no me toques...me puedes lastimar.- al final explicó ella mirándole un poco avergonzada al percatarse de que se habia alejado de él como si se tratase de un ser despreciable.

-Entiendo. Mejor vete.- murmuró Draco, no habia reproche, pero Hermione no podía dejarlo solo.

-No, estoy aquí, quiero escucharte. Necesitas desahogarte.- interrumpió ella volviéndose a acomodar a su lado, pero sin tocarlo. El inicio de sus plumas comenzaban a desaparecer, a ella le maravillaba el proceso por mas que intentase negárselo.

-Llegué a pensar aue podría elegir con quien me casaría.- explicó el Slytherin sin mirarla a los ojos.

-Quizás ella te guste.- le comentó Hermione a modo de consuelo.

-La voy a odiar, Hermione. Las veelas son posesivas, cuando encuentran a su pareja solo piensan en marcarle como a un potro o una mula. Luego están esos celos obsesivos, te quieren alejar de todo el mundo. Y luego está el tema de la descendencia; hay un ritual para todo...hasta para hacer el amor seguramente.- habló él, y ella guardaba silencio porque sabía que él simplemente odiaba la idea de estar sometido ante una veela. Odiaba la idea de ser oprimido y no ser el opresor.

-¿Puede ser cualquier veela?- interrogó la castaña.

-No, es una en específico. Snape dice que no sabré con seguridad quién es. Mi criatura intentará confundirme para impedir que sea marcado. Lo único que sé es que si otra veela llegase a marcame en lugar de mi veela mi transfiguración seria inmediata.- explicó el rubio. Hablaba del asunto como si comentase sobre lo que había leído en un libro hace algunos minutos.

-No sé que decirte, Malfoy.- susurró ella, él le miró y por un segundo sonrió casi imperceptiblemente, agradecido de Granger. Porque aunque la castaña no parecía tener las palabras suficientes para consolarle, su presencia a su lado le brindaba apoyo.

Saliendo de sus recuerdos Hermione se encontró nuevamente delante de la puerta del gran comedor. Al entrar sonrió aliviada al ver que sus dos mejores amigos seguían donde les había dejado. Estaba caminando hacia la mesa Gryffindor cuando el olor de Malfoy le saturó el olfato. Miró hacia las serpientes incapaz de contenerse y le vió sentado junto a una chica que no reconoció. El olor que percibía en ella hizo que sus uñas crecieran...era una veela...una veela igual que ella que parecía tener intenciones con Malfoy.

La chica llegó a su mesa y se ubicó junto a Harry sin decir nada. Sus amigo estaban distraídos en su conversación y ni siquiera le prestaron atención. La de ojos miel no podía sacar su mirada de Draco, el chico no parecía darse cuenta del peligro que le asechaba. Hermione se percató de sus colmillos creciendo...si esa veela ponía un dedo encima de Draco seria lo último que haría. El rubio sintió el cambio en el ambiente desde el otro lado...sorprendido se percató de que otra vez era capaz de percibir un solo olor en el comedor. Era su veela...pero él no podía identificar con precisión el aroma...como si se escondiese del...era parte de la lucha interna dentro de su propio cuerpo.

-¿Por qué no me ha reclamado?- se preguntó él sin prestar atención a la pelinegra con la cual habia estado hablando. Sus ojos recorrieron el gran comedor y en su recorrido se encontró mirando aquellos ojos color caramelo que, para su sorpresa, estaban detenidos en él.

-Granger...- pensó y sonrió apenas perceptiblemente. Ella vió el brillo en sus ojos, percibió olor a chocolate y para su sorpresa estaba apunto de sonreírle cuando recordó que sus colmillos la delatarían.

El rubio fue el primero en reaccionar. Sacó su mirada de la gryffindor y se excusó con la pelinegra antes de ponerse de pie y caminar hacia la salida. Hermione miró hacia allá y vio que Theodore y Blaise parecían estar esperando por el rubio. Ella le siguió con su mirada, él se giró hacia ella justo antes de salir, sorprendido al comprobar que la castaña le seguía observando.

-¿Vamos a revisar el pasillo?- cuestionó Harry en un susurró, la castaña se giró a mirarlo y sin atreverse a hablar se limitó a asentir antes de tomar de su zumo. Sus amigos cruzaron miradas, ellos sabían que algo le ocurría a la castaña, pero querían buscar el momento indicado para preguntarle.

Continuará...

¿Comentarios? ¿Hipotesis?

Si te gustó no olvides seguir la historia y dejar un comentario. XOXO