Hello!!

Pauli Jean Malfoy: Hermione pronto recapacitará (o quedará en evidencia) es muy probable que no pueda ocultarle a Draco la verdad por mucho tiempo. ;) Ya veremos que ocurre xD Gracias por leer y comentar. Besos!

Maria Salazar: Hey! Que bueno que te guste la historia, espero disfrutes el nuevo capítulo. Besos.

Capítulo 4

Rocho lastimado

El trio dorado habia pasado parte de la noche rebuscando en el pasillo del aula de transformaciones. No habían encontrado nada, ni visto algo sospechoso al final de su revisión. Regresaron a tiempo a la sala común Gryffindor. Harry se sentó a leer una revista sobre Quiddich, Hermione recordó que el próximo torneo sería pronto. En cambio, Ron se había ido a sentar junto a una pelirrubia a la cual Hermione no creía haber visto anteriormente.

La joven castaña se ubicó junto a Harry, pero al sentirse ligeramente ignorada se puso en pie y se encaminó a su habitación. Luego de darse un baño y colocarse la pijama, tomó uno de sus libros y se sentó a leer. El silencio siempre le había parecido el compañero ideal para la lectura. El silencio implica, a veces, soledad...y a Hermione de vez en cuando le agradaba esa combinación. A ella siempre le había parecido que leer en soledad era una delicia ...hasta la tarde de aquel viernes.

La chica de ojos miel se había tomado su poción hace algunas horas. Severus no había comentado nada sobre su pareja o lo que debía hacer, solo le miró en silencio antes de brindarle la pócima. La cual ella la bebió como si la vida se le fuera en aquel trago, deseosa de borrar todo vestigio de deseo impuro de su cuerpo. La pócima era de un blanco pálido medio grisáceo; sabía amarga, pero al final le dejó un sabor dulce que ella identificó como miel.

-Gracias...- le había dicho al jefe de la casa de las serpientes y este no dio ningún indicio de responder así que ella abandonó su oficina.

Ahora se encontraba sentada en una silla de la biblioteca. Varios tomos bastante gruesos dispersados por la superficie resplandeciente de la mesa. Se encontraba ubicada lejos de los demás estudiantes, pero no tan resagada porque desde su posición podía contemplar la salida de la biblioteca y a la señora Pince que leía un libro con los espejuelos en el puente de nariz. La bibliotecaria de vez en cuando levantaba la cabeza, repasaba el lugar como en busca de que algo estuviese fuera de control y volvía a centrarse en su lectura.

Granger escribía con su pluma ferozmente sobre el pergamino. Su escritura era rápida, las letras parecían tomar forma poco legible en algunos momentos, aquellos en los cuales la sobre pasaba su deseo por escribir en el papel a la velocidad de sus pensamientos. Se detuvo a leer un párrafo del libro y tras algunos segundos inició nuevamente su ataque a la delgada y pulcra hoja. Cierta alegría se podía percibir en su rostro, estaba alegre desde que había tomado la pócima para poner sus nuevos instintos bajo control.

Concentrada en su lectura, no percibió el olor a menta que inundaba sus fosas nasales. Además, no podía percibirlo fuertemente, porque había colocado sus habilidades de criatura mágica bajo las cadenas de la pócima que el profesor Snape, no muy gustosamente, le había brindado. Pasaron varios minutos en los cuales Veela y pareja estuvieron a pocos metros. Ella ni siquiera se había percatado, seguía escribiendo velozmente sobre el pergamino y pensando en la siguiente información que debía buscar.

Draco se hallaba de pie en uno de los pasillos entre los dos filas de libros. El rubio platinado se habia cruzado de brazos sobre su pecho y leía pacientemente los lomos de los libros en busca de uno en particular para su tarea de Pociones. Malfoy aún vestia su túnica negra con la insignia de Slytherin en el área sobre su corazón y sus finos guantes, los cuales normalmente usaría en invierno: los traía porque el día estaba nublado y el frío era innegable.

El platinado observó el pergamino donde había escrito los nombres de los tres libros que debía conseguir. Repitió los nombres varias veces en su cabeza e inició nuevamente la busqueda hasta encontrar los primeros dos. Dió un giró en el pasillo para entrar al siguiente y se detuvo a observar a la castaña que estaba en la esquina opuesta.

Draco observó la imagen de su ceño fruncido al escribir y vió que tenía varios libros con ella. Internamente se repitió que por algún motivo ella era la estudiante mas inteligente de Hogwarts. El rubio giró el rostro, con tanta suerte que el tomo que buscaba quedó delante de sus ojos. Lo sujetó, y giró sobre sus pasos para irse, pero se detuvo y volvió a mirar a la castaña.

No lo pensó mucho, se comenzó a acercar a ella con el andar sigiloso de alguien que ha aprendido a valorar la ventaja de la sorpresa. Pero no la sorprendió, aunque él pensaba que si lo había hecho. Porque cuando Draco estuvo a menos de seis pies de distancia su olor a menta y chocolate inundó con fuerza las fosas sales de la veela. La castaña sonrió al percibir los sentimientos a lo lejos, aunque el olor era fuerte y embriagante, los sentimientos estaban casi cubiertos por completo.

-¿Cuándo iniciamos el ensayo, Granger?- le preguntó el rubio pensando que ella daría un salto en su asiento por la sorpresa. Pero no fue así, la castaña levantó el rostro con tranquilidad y clavó su mirada color miel en el rubio que se había detenido en uno de los extremos de la mesa.

-Cuando desees, ojalá que no esperes a un día antes de la fecha de entrega porque te advierto que lo habré acabado.- le dijo ella, Draco rodó los ojos y sin esperar una invitación se sentó en el extremo de la mesa, bastante lejos de la Gryffindor.

-¿En qué transformaciones nos vamos a enfocar?- quiso saber Draco, Hermione miró su pergamino a mitad y renunció a su trabajo. Aún bajo la poción de Severus, no podía evitar sentir que su corazón se ensanchaba al sentirse cerca de su pareja. Aunque él estuviese interrumpiendo, no le molestaba, porque tenerle cerca le hacía bien.

-Pensé que podíamos centrarnos en metamorfomagos y hombres lobos.- le comentó ella estudiando sus reacciones, él la miro con una ceja levantada y luego de rodar los ojos se dispuso a hablar.

-Metamorfomagos me parece bien, pero no me agradan los hombres lobo.- le comentó él paseando distraídamente sus dedos por los lomos de los libros. Hermione comprendía, el chico por algún motivo que le era ajeno había desarollado cierta aversión a criaturas que pudiesen considerarse agresivas.

-¿Qué te parece harpias?- interrogó ella.

-Habia pensado en veelas. Creo que son de las criaturas que realmente pueden cambiar su apariencia drasticamente.- le dijo el chico ignorando su pregunta anterior, Hermione rodó los ojos sintiéndose ignorada, pero decidió no tomarlo personal.

-Habia pensado en las veelas pero como tienes una opinión poco positiva de ellas pensé que no te interesaría.- admitió la Gryffindor huyendo de la mirada del otro. Draco no pareció reaccionar ante el comentario, solo permaneció observando a la chica en silencio hasta que el silencio logró incomodarla.

-Entonces...metamofomagos y veelas...- murmuró Granger intentando acabar con la mirada penetrante que él le dedicaba, Draco seguía mirándola, pero luego de algunos segundos asintió.

-Si, veo que estas ocupada, Granger. ¿Te parece si iniciamos el ensayo mañana?- preguntó él poniéndose de pie, la castaña asintió siguiendo sus movimientos. Él hizo un gesto de cabeza y se alejó sin decir nada más, los ojos color miel siguieron el camino que él recorrió hasta la puerta de la biblioteca.

Allí, Hermione lo vió tropezar con una Hufflepuff. Ambos dejaron caer sus libros, la castaña no podía quitar de ellos su mirada. Como el caballero que era, Malfoy se arrodilló y le ayudó a levantar sus cosas. Granger sabia que él no le hablaría a la joven, lo conocía lo suficiente para saber que Draco solo le recogería las cosas y luego la dejaría sola. La Gryffindor no se equivocó, luego de ayudarle a recoger lo que en su torpeza él había derivado, el astuto Slytherin hizo un gesto de cabeza, exactamente igual que cuando se habia despedido de Hermione, y siguió su camino perdiéndose de los ojos de la castaña.

Ella inhaló profundamente los ultimos vestigios de su aroma. Cerrando los ojos en extasis ante ese olor que le hacía sentir plena. Le enojaba ese sentimiento, porque ella siempre habia creído que ella no necesitaba que nadie le completase, ella poseía todo lo necesario para ser feliz. Pero ahora había cierta parte de su ser que le repetía que Draco Malfoy era la pieza que le completaba. El despertar de su parte veela le había transformado en un rompecabeza que estaba incompleto hasta el momento en que colocase su marca sobre Malfoy y le hiciese parte de ella misma.

-Hermione.- la castaña abrió los ojos con pesadez, no estaba en la biblioteca, había salido de allí hace algunas horas. Se había sentado en la sala común cerca del fuego, el cual, ahora, horas mas tarde, había dejado de calentar el lugar.

-Harry...- murmuró ella con voz soñolienta mientras se levantaba, percatándose con rapidez del dolor en sus extremidades. Dormir en el sofá de la sala común jamás era una de las ideas más inteligentes.

-Estás tarde para la clase de Defensa contra las artes oscuras.- le dijo el moreno con una sonrisa, extendió su mano derecha y le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja para que su cabello estudiese menos alborotado.

La Gryffindor miró el enorme reloj que anunciaba la hora. De momento era conciente del tic-tac que este hacia en todo momento. Tenía solo veinte minutos para llegar a la clase. Pasó una mano por su mejilla, había dormido muy bien, tanto que en la comisura de su boca quedaba la prueba de cuan profundo había sido su sueño. La chica no respondió palabra, salió rápidamente corriendo hacia las escaleras que dirigían a las habitaciones de las chicas. Se detuvo cuando estaba por subir y volvió a mirar a su mejor amigo.

-Gracias, Harry. Te compraré una cerveza de mantequilla la próxima vez que vayamos a Hogsmade.- se ofreció la chica con una sonrisa que el moreno respondió y luego siguió subiendo las escaleras.

Solo dos minutos. Habia llegado dos minutos tarde y el profesor no había perdido la oportunidad para restarle puntos a su casa. Él no había siquiera iniciado la discusión. Hermione estuvo enojada la mayor parte de la clase. Murmuraba entre dientes mientras escribía furiosamente sobre el pergamino la tarea que debía terminar antes de que acabasen la sección de la clase. Acabó pocos minutos antes de la hora, y el profesor le instó a irse.

Eran aproximadamente las diez y cuarenta minutos de la mañana. Faltaba todavía casi una hora para el almuerzo y la castaña moría de hambre porque se había saltado el desayuno. Decidió que no deseaba marearse así que se atrevió a acercarse a la cocina. Allí los elfos cocinaban como todos los días, con sus manos pequeñas y rápidas intentaban tener los alimentos listos para el momento del almuerzo.

A Hermione la recibió un elfo de nariz prominente y ojos saltones. Él le miró con sorpresa cuando se la encontró de pie frente a la entrada. Hermione intentó sonreirle, aunque dentro de si se repetía que no debía sacar a colación sus ideales porque no deseaba espantar al elfo, era su única oportunidad de conseguir alimento.

-Me he perdido el desayuno. ¿Podrías darme algo para comer a lo que llega la hora de almuerzo?- interrogó la chica, él la miró sin responder y luego con un chasquido de dedos apareció en un pañuelo algunos alimentos que le tendió.

La chica los tomó con precaución, temerosa a que él se asustase de ella. Cuando los tuvo en sus manos no tuvo tiempo de agradecer porque el elfo había desaparecido. "Gracias". El murmullo se había quedado entre los labios de la Gryffindor que simplemente se dio la vuelta y se dirigió hacia los invernaderos. Era un día cálido y su próxima clase sería en una hora.

Lejos de allí, Draco se encontraba de pie junto a Theodore Nott. Ambos chicos esperaban las instrucciones de la señora Hooch para poder elevar el vuelo. Vestían sus uniformes de quiddich, escobas en mano y rostros inexpresivos. De cada cierto tiempo intercambiaban miradas, Nott dejaba salir una pequeña sonrisa que parecía no encajar con su mascara. Draco, mucho más acostumbrado a simplemete no sonreir, no mostraba ninguna reacción, solo un brillo de diversión en la mirada mientras volvía a observar a los Gryffindor que volaban entre los aros.

La profesora Hooch tomó la decisión de dar clase a Griffindors y a Slytherins a la vez. Todos estaban de acuerdo en que era la peor decisión que habia tomado, en lugar de una clase parecía una competencia para superar a los otros. La profesora lo sabía, y de cierta forma porque conocía que sería así, decidió colocarles en la misma clase. Intentando superar al otro grupo, cada joven daba lo mejor de si mismo.

Draco y Theo no eran la excepción, se esforzaban por superar a los Gryffindor en todo. En vueltas, en rapidez, en balance. Sorprendentemente, Nott parecía brillar esa mañana, nadie había conseguido superarle en rapidez, ni siquiera Draco, quien parecía distraerse de momento a momento.

Volvieron a subir sobre sus escobas mientras los Griffindor bajaban. Harry Potter estaba entre los cinco que habían bajado, miró a los Slytherin con cierto desagrado y la respuesta no fue sino burla y desprecio por parte de las serpientes. Todo parecía marchar excelentemente, los jovenes volaban de un lado a otro siguiendo las instrucionea de la profesora. Nott, nuevamente, se destacaba entre las cinco serpientes y Draco parecía más desconcentrado que nunca.

El castaño pasó junto a su amigo y se detuvo de golpe al ver que el rubio se había detenido en el aire y estaba estremeciendose de manera violenta pero imperceptible si estabas muy lejos. Malfoy tenía sus manos alrededor de la escoba, luchando por no perder el control sobre el mango de la misma mientras sentía como su cuerpo comenzaba a dar señales de una transformación. No debía ocurrir, había tomado la pocima hace dos días...pero sabía que su veela estaba en Hogwarts y eso alteraba por completo su sistema.

-¿Draco estás bien?- cuestionó Nott acercándose, el otro giró completamente sobre su escoba y lo encaró. Nott pareció quedar inmóvil dirante algunos segunda, los ojos de Draco eran casi como dos pedazos de sol, en medidas iguales: escalofriantes y llamativos. Su barbilla estaba más pronunciada, como preparándose para una transformación total. Draco dejó de mirarle, estremeciéndose con violencia mientras los estudiantes desde la parte de abajo intentaban comprendar que ocurría con los Slytherin que se habían detenido.

-Intenta calmarte, Draco...- le pidió su amigo, una transformación a plena luz del día sería peligroso. Aunque la ley mágica protegía a Draco, sería incómodo que todo el mundo supiese de su naturaleza.

-No Puedo, Nott...- murmuró el rubio entre dientes. Era él, pero el sonido agudo que salió le alejaba completamente de lo que sería su tono de voz natural. Había un destello de graznido que no pasó desapercibido para el castaño.

-Concéntrate.- le ordenó el castaño, pero Draco se retorció y salió volando a una velocidad inimaginable. Nott se giró a mirar a la profesora que observaba desde el suelo sorprendida.

La señora Hooch subió hasta donde Theo. La preocupación en su mirada era evidente, la mayoría de los profesores conocían de la condición del unigénito de los Malfoy. Por eso ningún profesor discutía con el Slytherin o le regañaba cuando llegaba tarde a clase. Gran parte del cuerpo educativo entendía que debían tener cuidado cuando se trataba de lidiar con criaturas mágicas. Y la condición de Draco Malfoy ameritaba tener mucho cuidado.

-¿Qué ha pasado?- preguntó la profesora.

-Se ha salido de control. ¿Voy por él?- preguntó Theo, la profesora negó.

-Voy a buscar a Snape, solo él podrá tranquilizar al joven Malfoy. Sigue la rutina.- le dijo ella antes de perderse de la vista de todos.

Desde el suelo Harry Potter observaba con el ceño fruncido como Theodore Nott miraba en dirección al bosque prohibido. Harry había observado como se desarollaba todo. Sabía que Draco se había comportado raro durante toda la clase y también le vió cuando comenzó a temblar sobre su escoba. No comprendía que ocurría con el hurón, pero no podía evitar sentir desconfianza de lo que sea que estuviese ocurriendo.

Draco había perdido por completo el control sobre su cuerpo poco tiempo luego de adentrarse en el bosque prohibido. Terminó chocando contundentemente con varias ramas. Soltó involuntariamente su escoba y antes de que pudiese voler a sostenerse se encontró a si mismo cayendo estrepitosamente hacia el suelo. Su cuerpo golpeó varias ramas en medio de su caída, rompiéndolas en el proceso.

Cayó fuertemente sobre el suelo húmedo del bosque prohibido. Su cara casi golpeó la superficie plana, se había cubierto con sus brazos, su vestimenta ayudó a impedir laceraciones, seguramente moretones saldrían con el paso de las horas. El chico se levantó un poco, manos apoyadas en la tierra mientras él respiraba pesadamente.

La caída había aplacado su transformación, estaba respirando como animal encerrado. Tomaba rápidas bocanadas de aire luchando con su instinto. Cerró los ojos concentrándose en su lado humano, luchando contra su naturaleza para permanecer consciente. Las lágrimas pelearon por escurrirse por sus mejillas y en la soledad de bosque prohibido Draco se permitió llorar en silencio.

Las lágrimas caían sobre la tierra y una que otra golpaban sus manos. La frustración y la desesperación de vez en cuanto lo rompían. De vez en cuando necesitaba soltar un grito para dejar salir todos los sentimientos que había almacenado durante la semana, durante el mes...durante el año. Entre lágrimas se estremeció de nuevo, maldijo entre dientes, se maldijo a si mismo, a las semicriaturas magicas y a las veelas. También la maldijo a ella...a su veela...a esa criatura que por algún motivo aún no se dejaba ver y acaba con su suplicio.

-Joven Malfoy...- era Snape, el profesor se encontraba junto a la Profesora Hooch a algunos pasos del rubio.

Draco escuchó el sonido de sus pisadas, levantó el rostro por instinto y Severus detuvo sus pasos al ver que su mirada seguía reflejando los destellos del sol. El profesor de Pocciones sabía que no debía acercarse a un rocho en plena transformación, solo su veela podría permitirse ese lujo. Snape pensó en Granger, e intentó no culparla, él sabía que tarde o temprano la chica no podría resistir más y le revelaría toda la verdad a Malfoy. Pero también sabía que la castaña era obstinada y que Draco no soportaría mucho tiempo.

-Draco...¿me escuchas?- le cuestionó el profesor acercándose otro paso. Se percató de que el chico tenía uno que otro aruñazo en el rostro, uno un poco profundo en la frente, dos en el cuello y uno menos profundo en la mejilla.

-Profesor...mi poción...- pidió el chico, su voz era una suplica que salía de lo mas profundo de su garganta. Estaba temblando, como un niño en medio de una noche oscura y silenciosa.

-Aquí la tengo, Malfoy. Sabe que no puedo tocarle, tendrá que esforzarse por tomarla usted mismo.- le advirtió Severus colocando la pocima a poca distancia.

Draco observó el líquido rojo como un condenado a muerte observa la última esperanza de vida. Se dejó caer al suelo entre retorcijones mientras extendía una mano para sujetar la pócima. Cerró los ojos, todo se volvía borroso. Comenzó a tener un miedo profundo que jamás había experimentado. No podía ver la poción, ni la grama, ni al profesor, pero podía tocar el cristal frío del envase.

-Esfuércese un poco más, Draco.- le alentó Snape, el chico cerró su mano alrededor de la pócima. Estaba temblando, pero ahora no sabía si era de miedo ante su repentina ceguera o producto de su transformación.

De momento se hizo la luz, tan repentinamente que Draco cerró los ojos y afirmó su agarre sobre la poción a la vez que soltaba un graznido. Cuando volvió a abrir los ojos sintió aun más miedo, podía ver con tanta claridad y tan de cerca que sentía que estaba dentro de otro cuerpo. Con los últimos vestigios de conciencia se llevó la pocion a los labios y de un trago bebió el contenido.

Se estremeció, graznó y luego perdió por completo la conciencia. Severus le vio quedar como muerto en el suelo. Elevó su varita y lo levitó en dirección al castillo seguido de la sorprendida profesora de vuelo. Ella jamás había presenciado algo parecido, era alucinante y aterrador a la vez.

-Me haré cargo de él, profesora. Gracias por buscarme.- le dijo Snape antes de seguir el camino hacia la enfermería cargando a un inconsciente Draco Malfoy. Lleno de tierra, con el cabello sucio, varios rasguños en la ropa y un semblante de paz que pocas veces era posible ver en su rostro.

En Hogwarts los chismes se movían pos los pasillos a la velocidad del viento que se escurría por entre las altas ventanas. Doblaba en las esquina y se pasaba entre las puertas hasta llenar por completo el castillo. Pasó muy poco tiempo antes de que la noticia sobre el rubio que ahora estaba en la enfermería llegase a oídos de la mayoría de los magos jovenes. En las mazmorras todos murmuraban, miraban a Theodore, Pansy y Blaise preguntándoles en silencio que había ocurrido con Malfoy, pero las miradas de estos tres cortaban de golpe las interrogantes y a los alumnos ya no deseaban saber nada.

Granger se enteró cuando Harry llegó a la sala comun y se sentó junto a ella y Ronald. La castaña habia estado hablando con el pelirrojo sobre nada en particular cuando el moreno llegó medio corriendo. Harry se sentó delante de ellos con la plena intención de informarles de lo que era el último acontecimiento aparentemente interesante que había ocurrido en las ultimas horas.

-¿Escucharon lo que todo el mundo dice?- les preguntó el moreno en voz apenas audible inclinándose hacia sus amigos quienes no hicieron más que negar y seguir escuchándole expectantes.

-Malfoy está en la enfermería.- soltó Harry, Ronald frunció el ceño en intriga y no tardó en preguntar que había ocurrido a lo cual el moreno se encogió de hombros antes de recordar los acontecimienos en el campo de Quiddich.

Hermione no escuchó nada de lo que salía de la boca de su mejor amigo. Su corazón dolía como si una herida mortal le hubiese sido hecha y estuviese abierta y sangrante. Su pareja estaba herida, alguien quizás le había lastimado y ella no había hecho nada para evitarlo. Estaba inmóvil en su asiento, como si su vida de momento estuviese en una eterna pausa mientras ella terminaba de asimilar los sentimientos que la estaban superando. Una necesidad por ir a verlo la sacudió, ella necesitaba estar cerca de él, comprobar que Malfoy estaba sano, que su vida no estaba en peligro.

-Él estaba muy raro durante la clase de vuelo. Derrepente salió volando hacia el bosque prohibido y no supimos más de él hasta que se comenzó a correr el rumor de que estaba en la enfermeria.- comentaba Harry, Hermione había escuchado cierta parte de su comentario, pero seguía inmóvil digiriendo todo.

-¿Qué tan raro se comportaba?- interrogó Ronald.

- Muy raro, ustedes ya saben que creo que es un aliado de Voldemort.- les comentó el niño que vivió mirando sus alrededores para corroborar que nadie los estaba espiando.

-El que no debe ser nombrado.- le corrigió Ronald con cierto temblor en la voz que no pasó desapercibido por el moreno.

-Es lo mismo. No sé, pero lo que sea que tiene Malfoy tiene que estar relacionado con ya sabes quien. Además, no es la primera vez que lo veo actuando raro.- aseguró Harry.

Granger estaba al borde de un colapso, aun bajo los efectos de la poción podía sentir a su veela deseando callar a Harry con un golpe en la mandíbula. Era su amigo, su mejor amigo, y lo amaba como no amaba a otro, ni siquiera a Ronald, pero en esos momentos estaba hablando de cosas que no comprendía. Hermione sabía que Draco actuaba raro. "Claro que actua raro, se está transformando en una endemoniada criatura mística inexistente desde hace algunos siglos" pensó Granger. La castaña quería explicarle eso a Harry, pero sabía que no podía ni debía, porque ella era incapaz de traicionar la confianza que Malfoy había depositado en ella.

-¿Qué opinas, Mione?- cuestionó Harry, la castaña parpadeó completamente confundida. ¿Qué le había preguntado?

-Lo siento, no te escuchaba. ¿Qué preguntaste?- cuestionó la chica, no se sonrojó, como hubiese ocurrido en otra situación, porque estaba demasiado enojada con su amigo para sentir vergüenza por haberlo estado ignorando.

-Creo que deberíamos vigilar más a Malfoy,quizás podríamos descubrir si es un seguidor de ya sabes quien.- le explicó el moreno, y Hermione sabía que si ella decía que no, Potter lo haría de todas formas porque él era así.

-Es...una buena idea...quizás yo pueda hacerme cargo.- se ofreció rápidamente, temerosa de que su amigo persiguiese él mismo a Draco y descubriese el secreto que con tanto afán el rubio había ocultado toda su vida.

-¿Tú?- cuestionó Ronald sorprendido.

-Sí, soy mas discreta que ustedes.- explicó ella con suficiencia y Ron rodó los ojos, Harry parecía no estar en contra de lo recién dicho.

-Sería una buena idea ya que te asignaron un trabajo con él.- comentó Harry.

-Exacto, por ahora tendré que ir a ver cómo está. Nuestro ensayo no se escribirá solo y yo necesito saber si estará en la enfermeria mucho tiempo. De ser así tendré que iniciar el trabajo sola.- comenzó a explicar Granger poniéndose de pie, tenía urgencia por ir a ver a Draco.

-¿Quieres que te acompañemos?- preguntó Ronald y sin haberlo pensando ella ya estaba negando con el gesto.

-Mejor no, para evitar discusiones.- respondió ella lo mas natural que le fue posible intentando que no se notade su urgencia por salir de la sala comun cuando cruzo hacia la salida escuchando la respuesta de sus amigos a lo lejos.

Continuará...

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Próximo capítulo: Lunes 16