Hola!!!
Capítulo 5
Momentáneamente ciego
Los pasillos oscuros de Hogwarts, iluminados disimuladamente por algunos candelabros eran una clara invitación a permanecer en sus habitaciones en la noche. Hermione lo sabía, lo tenía muy presente mientras se movía de pasillo en pasillo con el único fin de alcanzar la enfermería. El recuerdo de lo que le pareció ver en el pasillo de Transformaciones todavía seguía fresco en su memoria y no podía dejar de relacionarlo indirectamente con el que no debe ser nombrado.
La joven castaña sacudió la cabeza, decidida a no dejarse vencer por el miedo o la duda. Todo el mundo temía a Lord Voldemort, después de todo la mayoría de los niños crecían pensando que era el ser mas horripilante y espantoso del mundo. Él era la imagen misma del miedo...una imagen sin rostro que Hermione en muchas ocasiones habían intentado imaginar por las descripciones de Harry; quien aseguraba haberle visto en visiones. Los pensamientos de la chica fueron interrumpidos cuando dobló en el pasillo que conducía a la enfermería. A lo lejos un candelabro alumbraba la puerta y delante de esta las figuras inconfundibles de Severus Snape y Dumbledore obligaron a la Veela a volver sobre sus pasos y observar de lejos.
Los vió realizar gestos, más Dumbledore que el jefe de casa de los Slytherin. Pasaron varios minutos antes de que el director abandonara su posición y se alejara seguramente hacia su oficina. Hermione siguió sus pisadas y luego volvió la vista a Snape. El hombre de negro cabello le dio la espalda y entró a la enfermería. La castaña esperó pacientemente que volviese a salir, y este abandonó el lugar algunos minutos luego.
Severus se alejó por el pasillo contrario, camino a las mazmorras probablemente. La Gryffindor esperó en su posición un rato más. Observó ambos extremos del pasillo, todo estaba tan oscuro que un escalofrío le recorrió el cuerpo. Convencida de que era seguro se acercó rápidamente a la puerta de la enfermería; bastó colocar la mano sobre la cerradura para percatarse de que estaba cerrada con un hechizo. Maldijo entre dientes por su mala suerte y sacó su varita para realizar un Alohomora; internamente suplicando que el hechizo no le fallase.
-¿Qué cree hace, señorita Granger?- la chica se giró asustada ante la voz inconfundible del profesor Snape. El moreno estaba cruzado de brazos, mirándola como si estudiase sus acciones. Bajo el escrutinio de su mirada oscura, Hermione podía imaginar el sonrojo que estaba cubriendo sus mejillas.
-Lo lamento mucho profesor.- la disculpa salió de su boca antes de que fuese consciente de lo que decía. Ese sentido de corrección seguía vigente en su cabeza; lo que había planeado era erróneo, pero entre ver a su pareja y ser castigada prefería correr el riesgo al castigo.
-El joven Malfoy está bien.- fue la respuesta del profesor.
Snape era un hombre de pocas palabras y de pocas expresiones sentimentales. Aun así, una cosa era lidiar con estudiantes que rompían las reglas intencionalmente y otra muy distinta era trabajar con una semi criatura mágica que necesitaba conocer el estado de salud de su pareja. Como profesor de pociones Severus conocía el lazo fuerte que unía a la castaña a su alumno predilecto...también sabía que el mismo no tenía ningún sentimiento hacía ella. Por el momento, Draco Malfoy seguía muy lejos de Granger...perdido en la maraña de enseñanzas que su familia le había inculcado, y Snape no sabía si la Gryffindor tendría el poder para sacarlo de ahí.
-¿Puedo verlo? Prometo que será un minuto.- suplicó la joven. Su voz era baja, tenia el timbre de una criatura en medio de un lamento y Severus sabía que si seguía tranquila se debía a que estaba bajo los efectos de la pócima que le había otorgado hace algunas horas.
-No debería. Está prohibido que usted se encuentre fuera de su torre a esta hora.- le recordó Snape y Hermione tuvo que contener el sollozo lastimero que moría por escapar de su boca ante la idea de no ver a Malfoy. La idea de no comprobar con sus propios ojos que estuviese bien le aterraba.
-¿No podría hacer una excepción?- insistió tentando su suerte. Intentó captar el aroma de su pareja por si el profesor se negaba, pero no podía, él estaba fuera de su rango de olfato y la poción que había tomado no ayudaba.
-Tiene diez minutos, Granger. La estaré esperando aquí.- le advirtió el profesor y a Hermione le pareció escuchar el ruido de la cerradura al ser abierta.
No esperó una segunda invitación, la Gryffindor se giró de inmediato, empujó la puerta y entró al lugar. Todo estaba oscuro, las cortinas abiertas y las camas vacías daban a entender que no muchos alumnos estaban allí aquella noche. Pasando entre las hileras de tétricas camas la castaña pudo ver que solo habían tres personas en el lugar...lo supo porque eran las únicas camas con cortinas echadas para preservar la privacidad.
La veela cerró sus ojos y se concentró hasta que el olor a menta y chocolate le sacudió los sentidos. Sus zarpas se mostraron y ella ahogó el gemido que subió por su garganta mordiendo su labio inferior antes de acercarse más rápidamente hacia la última cama de la hilera derecha. Abrió la blanca cortina con cuidado, sus zarpas rozando la gruesa tela a medida que la hacía a un lado. Entonces lo vió allí tendido y no pudo evitar acercársele de prisa. Su cuerpo moviéndose por voluntad propia; se detuvo a su derecha, observándole como si su vida estuviese en aquella camilla.
Malfoy vestía su uniforme de Quiddich, rasgado en algunas partes a causa de su caída en el bosque prohibido. Su cara, llena de alguna que otra laceración sacó una queja de la veela. Con cuidado la chica sujetó el brazo derecho de Malfoy; en el mismo habían varias cicatrices de lo que parecían haber sido rasguños. Conteniendo sus instintos, la castaña solo depositó un beso en el dorso de la mano del rubio, sentía la necesidad de cuidarlo, de protegerlo, era irracional, pero se sentía correcto.
-¿Pansy?- preguntó él intentando enfocar a la persona que le sujetaba. La oscuridad de la enfermería no ayudaba a la neblina que cubría su vista y ese sentimiento de mareo que le sobre vino tan pronto despertó.
Hermione no contestó, en algún momento su lado veela había vuelto a surgir con fuerza y ella solo pudo rozar su mejilla contra la palma de la mano de Draco. El rubio, confundido, solo pudo percibir el aroma; inhaló lo más hondo que pudo...dulce vainilla. Le impactó lo agradable que le resultaba un olor tan común, pero no fue capaz de atar cabos debido a su estado físico. Granger soltó suavemente su mano y acercó sus zarpas al rostro pálido, trazando una cortadura en su mejilla derecha mientras el rubio intentaba inútilmente descubrir quien estaba ahí. Su vista seguía distorsionando imágenes luego de los acontecimientos de la tarde.
-¿Astoria? ¿Por qué no me hablas?- insistió él con nerviosismo, el nombre mencionado ocasionó que Hermione se sintiese herida. Su lado racional comprendía que el rubio no tenía porqué reconocerla; pero su lado veela no parecía pensar racionalmente.
La Gryffindor se acercó un poco más, inclinándose hacia él y lamiendo su herida como si se tratase de algo completamente normal. Draco estaba confundido en su posición, no sintió ninguna diferencia, solo incomodidad ante la humedad de aquella lengua contra su piel fría. Ante la saliva de la veela, la cortadura había desaparecido y solo una cicatriz rosada había quedado en su lugar. Hermione se embriagó en el aroma de Malfoy, estaba tan cerca de su cuello en ese momento que podría solo introducir sus colmillos justo en ese punto que conectaba con el corazón y Draco sería suyo para siempre.
El rubio levantó una mano para tocar el rostro de la persona que estaba allí. No podía verla, ahora que estaba cerca ni siquiera le era posible contemplar su silueta. Sus ojos padecían bajo los efectos de una casi transformación a su naturaleza de rocho. Aun así, la aparente ceguera le permitía agudizar sus otros sentidos y él se encontró trazando unos labios suaves, delgados pero definidos. Para su sorpresa sintió como la persona atrapaba uno de sus dedos en su boca. El desconocimiento le espantaba un poco, pero pronto escuchó el claro gemido de una chica...
-¿Eres tu?- preguntó él, sólo su veela podría hacer algo así y provocar el escalofrío que sacudió todo su cuerpo. Draco no sentía aprecio, o amor o cariño, pero podía percibir las feromonas que liberaba la veela para cegarle. No producirían ningún efecto en él; todo el mundo tenía conocimiento de que las feromonas de las veelas no afectaban a su pareja...era todo un reto atraer al que debía ser tu alma gemela sin ayuda mágica.
Draco esperó unos segundos. Su dedo seguía atrapado por aquellos labios cálidos. Era agradable, después de todo lo único que había sentido durante un buen rato era un frío que le había sacudido cuando despertó hace algunas horas y luego hace algunos minutos. Él esperaba que su cuerpo respondiese negativamente, pero no hubo tal respuesta: era su veela. De otra forma, él estuviese sintiendo un quemazón desagradable y la persona ya le hubiese soltado.
Ante la pregunta que él había hecho, la única respuesta que dio la persona fue liberar su dedo lentamente. Él volvió a trazar los labios que sin haber visto podia imaginar. Se sentía curioso y confuso antes de percibir el aliento de la veela sobre su boca. Reaccionó de inmediato, girando el rostro cuando le pareció que estaba demasiado cerca...la escuchó quejarse y sonrió con cierta burla. Hasta cierto punto, si no odiase tanto la idea de ser propiedad de una veela caprichosa, le parecería casi idílico tener tal poder sobre una criatura semi mágica.
-Malfoy...- escuchó por primera vez una palabra de aquella persona, su voz era delicada, pero estaba presente ese rasgo de veela que distorsionaba el tono de voz y que no le permitió descubrir que era Hermione Granger quien estaba delante suyo.
-Señorita...- era Snape, Draco reconoció su voz inmediato y luego escuchó un ruido que le pareció amenazante.
-¿Profesor?- cuestionó Draco intentando ocultar la preocupación.
-Cálmese señorita, o asustará a Malfoy.- escuchó a Severus nuevamente y luego sintió la presencia de ella. Estaba a centímetros de su rostro nuevamente. Fue poco tiempo...la sintió desvanecerse.
Severus había tenido que lanzar un desmayo a Granger cuando le vio fuera de control. La chica cayo al suelo como peso muerto y el profesor suspiró antes de elevarla con su varita y cuidadosamente sacarla hasta dejarla caer en una camilla vacía y volver a donde un preocupado Draco esperaba impaciente.
-¿Era mi pareja?- quiso saber Malfoy luchando por enfocar a su jefe de casa.
-Joven, debe descansar.- le dijo el profesor.
-Respóndeme, Snape, por favor.- le pidió Draco.
-He dicho que descanse, joven Malfoy.- repitió el profesor y Draco prefirió no contradecirle así que cerró los ojos mientras escuchaba las pisadas de su su jefe de casa a lo lejos.
-Era ella...- susurró sumergido nuevamente en su oscuridad. Esperaba poder ver con claridad la mañana siguiente...Severus le había dicho que era un efecto secundario luego de haber experimentado un cambio abrupto en su campo de visión.
"Por lo menos su olor no era desagradable..." fue el último pensamiento de Draco Malfoy antes de caer dormido.
Snape despertó a Granger lejos de la enfermería; específicamente en la torre Gryffindor en presencia de la señora Mcgonagall. La castaña estaba tendida sobre el sofá de la sala cerca de la chimenea. La profesora Minerva le observaba de pie delante de ella y Snape algunos pasos más alejado.
-¿Qué ocurrió?- preguntó la Gryffindor parpadeando en confusión.
-Al parecer, entró usted en un trance mientras estaba cerca del joven Malfoy, Hermione.- le explicó Minerva omitiendo los detalles que Snape le había comentado y tendiéndole un vaso de agua a la veela.
-¿Draco? Fui a verlo a la enfermería...¿Qué ocurrió luego? ¿Cómo llegué aquí?- quiso saber ella confundida.
-Entré a la enfermería porque usted tardó demasiado Señorita Granger. Al parecer usted pensó que yo estaba atentando contra su intento de...cortejar a Malfoy.- explicó el profesor escondiendo la burla en su voz de manera casi perfecta.
-Yo...lamento si le hice algo profesor.- se apresuró a disculparse Hermione.
-No me hizo nada, Granger. Le desmayé antes de que pudiese.- se burló disimuladamente Snape y Minerva le lanzó una mirada de advertencia antes de volver a centrar su atención en Hermione.
-¿Se siente mejor?- cuestionó la jefa de los Gryffindor.
-Sí, con un poco de dolor de cabeza.- admitió la castaña.
-Seguramente producto de que no consiguió marcar a Malfoy.- comentó Severus a modo de aplicación y Mcgonagall le miró severamente mientras Hermione enrojecía ante el solo pensamiento.
-Ya puede irse Snape.- comentó Minerva.
-Solo quería explicarle a la señorita el motivo de su jaqueca.- comentó Severus antes de dirigirse a la salida. Hermione bebió rápidamente el agua que la profesora de Tranformaciones le había provisto.
-¿Quiere hablar, Hermione? ¿Algo que piense que deba saber?- preguntó Minerva sentándose junto a la prefecta de los gryffindor.
-Perdí el control profesora...la poción no sirvió de nada.- murmuró Mione ligeramente enojada consigo misma...se sentía débil e insegura.
-Granger, es natural que los efectos tranquilizantes de la pócima no funcionaran. Usted estaba demasiado cerca de su pareja y él estaba herido...su lado veela jamás hubiese permanecido inmóvil ante tal escenario. A mi parecer se controló bastante bien...otras veelas en su lugar habrían marcado inmediatamente a su pareja.- le comentó la profesora dándole una palmada de consuelo y haciendo que la castaña se sintiese menos culpable.
-Gracias, profesora.- susurró la joven.
-Vaya a dormir. A sido una noche difícil para usted.- le dijo Mcgonagall haciendo que Hermione asintiese y se dirigiera a su recamara donde se tiró escondiendo su rostro en su almohada hasta que la primera imagen la golpeo.
En un instante la aparente niebla que había estado en su cabeza se disipó y ella recordó con claridad lo que ocurrió en la enfermería. Recordaba el rostro confundido de Draco, su voz suave y sus dedos contra sus labios. Abrió los ojos, sentía el calor recorrer su cuerpo ante el recuerdo. Al cerrarlos nuevamente, lo volvió a ver, recordó como su olor le nubló los sentidos y como era incapaz de escuchar otra cosa que no fuese su respiración y el correr de su sangra por sus venas. Y el deseo. El deseo de marcarlo le obligó a intentar atrapar sus labios...acercarse a su boca dirigida por un instinto.
Hermione cayó dormida con el recuerdo del sonido de la respiración de su pareja. Despertó la mañana siguiente respirando aceleradamente y con el cuerpo cubierto en sudor. Giró hasta estar boca abajo, un gemido escapando de sus labios y no pasando desapercibido por sus compañeras de cuarto. Había soñado con Malfoy, que enterraba sus dientes en la piel pálida de su cuello y lo escuchaba soltar jadeos y gemidos. Había sido tan real que su cuerpo estaba expectante...deseoso de más...aquello era lo más cerca que ella había tenido de un sueño erotico y no tenia idea de que debía hacer al respecto.
-¿Estas bien, Hermione?- preguntó Parvati, una de las gemelas con mas cuales compartía habitación la castaña. Granger internamente deseo que no volviesen a preguntar.
-¿Hermione?- insistió la chica y la castaña intentó tranquilizarse.
-Sí, todo bien.- respondió, pero sonó como si hubiese estado corriendo un maratón.
-¿Estas segura? ¿Te estas masturbando?- preguntó otra voz y la castaña enterró su cabeza en la almohada. Ahora la acusarían de algo que definitivamente no había hecho y que no tenía pensando hacer.
-Estoy bien y no estoy haciendo eso.- respondió Hermione un poco enojada; su voz sonó más segura esta vez.
-Es que escuchamos un ruido extraño.- explicó Parvati.
-Me golpeé.- mintió la gryffindor.
-Oh, que mal pensadas nosotras.- habló parvati nuevamente y Hermione estaba segura que esta vez escuchó como se alejaban de su cama hacia la salida.
-En realidad no sería tan mala idea.- murmuró la prefecta percibiendo lo sensible que se encontraba en ese instante, negó con la cabeza y se puso de pie para ir a darse un baño.
Minutos luego estaba vistiendo su túnica y bajando las escaleras hacia la sala común donde Ron, Ginny y Harry le esperaban. Los primeros dos hablaban sobre una revista, probablemente de Quiddich, y la pelirroja simplemente esperaba junto a ellos la llegada de Hermione. La castaña se acercó y se percató de la mirada que la pelirroja le dedicó.
-¿Por qué me miras así?- quiso saber la mayor frunciendo el ceño mientras Ron y Harry le dedicaban una sonrisa antes de seguir hablando.
-Parvati y Lavender bajaron cuchicheando sobre ti.- le explicó Ginny con una sonrisa mientras le guiñaba un ojo en señal de complicidad.
-¿Qué decían?- preguntó fingiendo desconocimiento, aunque tenia una idea.
-Hablaban sobre sueños húmedos o algo así me pareció escuchar.- explicó Ginny.
-Me he golpeado al despertar y he soltado un grito que confundieron con un grito sexual.- explicó la chica mintiendo sagazmente.
-¿Segura? No tienes porque mentirme.- le comentó Ginny mientras caminaban detrás de Ron y Harry hacia el gran salon.
-Bueno, quizás fue una mezcla de sueño y golpe.- susurró Hermione huyendo de la mirada de la pelirroja avergonzada.
-¿Con quién fue el sueño? Si fue mi hermano no me cuentes.- le pidió la menor con una risita. Potter y el pelirrojo, algunos pasos por delante, se giraron a mirarlas antes de seguir con su plática.
-No, no fue con Ron.- murmuró Mione y Ginny levantó una ceja.
-¿Con Victor? Todos sabemos que mantienes correspondencia con él.- le acuso la Weasley menor con una sonrisa traviesa.
-No, no era con Krum.- susurró Hermione cuando llegaron al gran salón.
-¿Con quién entonces?- insistió la pelirroja.
-Cuando este lista te dejaré saber.- susurró la prefecta nerviosamente mientras entraban al comedor y ella disimuladamente recorría la mesa Slytherin mientras se acercaban a sus sillas.
-Estas muy rara estos últimos días ¿Te has sentido bien?- le pregunto la pelirroja sirviéndose zumo de naranja y observando los alimentos en la mesa en un intento de decidir que deseaba desayunar esa mañana.
-Estoy bien.- respondió la Gryffindor sirviéndose comida. La leona mas joven se dio por vencida y se dispuso a comer mientras comentaba sobre los trabajos que debia entregar en la semana. Hermione le daba consejos para poder obtener una mejor calificación y la otra de vez en cuando rodaba los ojos ante lo sabelotodo que podía llegar a ser la prefecta de gryffindor.
Tarde ese mismo día, en el patio interior de Hogwarts, Hermione se encontraba con Ronald y Harry. Los dos chicos jugaban ajadrez tendidos bajo la sombra de un roble viejo que se movia al son de un viento suave. La castaña les observaba jugar y luego volvía su vista hacia su lectura. Llevaban varios minutos en aquella posicion, hasta que el moreno de espejuelos refondos y ojos verdes decidió traer algun tema de conversación mientras movia un peon.
-Snape envió a buscar hojas de Alihotsy. ¿Conseguiste las tuyas, Mione?- preguntó Harry analizando el movimiento de Ronald.
-No, pero le pregunté a Hagrid dónde podrian hallar algunas y me dijo que cerca del invernadero hay un árbol de hienas. Podemos ir cuando ustedes terminen.- ofreció la castaña cerrando el libro y anotando en su libreta la pagina en la cual se habia quedado leyendo.
-No creo que vaya a ir hoy...- murmuró Ron arrugando el ceño y moviendo su torre. Hermione le empujó y el le miró con reproche antes de enfocarse nuevamente en el kuego.
-¿Tu piensas ir hoy, Harry?- interrogó la prefrecta cruzandose de brazos. El de ojos verde no levantó la vista del tablero, perl a Hermione le pareció que tardaba demasiado en responder.
-Es que...quedé en reunirme con Dean en un rato...- explicó Potter sin si quiera mirar a Granger. La de ojos miel rodó los ojos y se puso en pie.
-Entonces iré a buscar mis hojas...ni piensen que les traeré las de ustedes.- les advirtió Hermione, los otros dos estuvieron a punto de quejarse pero decidieron permanecer en silencio y seguir con el juego.
Hay quienes dirán que fue causalidad, otros podrian insinuar que se trataba del destino, pero lo cierto es que mientras Hermione observaba el arbol de hienas decidiendo que hoja debia cortar el olor a chocolate y menta llegó a sus fosas nasales. Su corazon se aceleró y sus ojos se oscurecieron mientras ella acaricaba las hojas. Podia sentir al rubio caminando hacia ella, el olor de Malfoy se hacia mas fuerte a medida que él se acercaba. Granger sonrió...sentía emociones mezcladas en su cuerpo.
-Granger...- aquella voz, arrogante y mandona, era música a sus oídos. Se dio la vuelta, encontrándose con el Slytherin vestido con el uniforme.
-¿Neceistas algo, Malfoy?- quiso ella saber volviendo su atencion a las hojas.
-Vine a cortar las hojas para la poción de mañana. Pero ya que estás aquí aprovecho para recordarte que debemos iniciar el ensayo.- le comentó ubicándose junto a la leona y tanteando algunas hojas. Hermione arrugó el gesto, miró al rubio y descubrió que tenia los ojos cerrados mientras acariaba las hojas.
-¿Qué haces?- cuestionó confundida.
-Las hojas mas nuevas son mejores para la poción.- explicó el rubio como si fuese algo evidente. Hermione palpó la hoja que había estado apunto de picar y no supo distinguir si era nueva o llevaba un tiempo.
-¿Cómo sabes cuales son mas nuevas?- quiso saber ella y el rubio me miró levantando una de sus cejas.
-Nunca estas seguro...pero si cierras los ojos y te concentras...puedes percibir cuales están mas blandas.- explicó él y luego dio un paso y olió la hoja de alihotsy.
-Cuidado...- le advirtió la leona.
-Las hojas nuevas tienen un olor y un sabor mas suave...- explicó Draco arrancando una hoja y guardándola en un envase de cristal.
-¿Cómo lo sabes?- quiso saber ella, no había leído eso en ningún libro.
-Me comí algunas cuando pequeño...- admitió el rubio encogiéndose de hombros y a Hermione le pareció un gesto demasiado tierno.
-Escuché que estuviste en el hospital...- comentó la gryffindor.
-Si, Granger. Ya sabes...lo de siempre.- explicó Malfoy encogiéndose de hombros.
-¿Plumas?- preguntó ella queriendo bromear para que el ambiente pesado desapareciese.
-Además de eso...se me afectó la vista. Snape dijo que mi visión se unió a la del rocho. Quedé casi ciego por algunas horas.- le comentó el rubio cerrando su envase.
-Me imagino que no fue agradable.- susurró ella mirándole fijamente. Draco cortó una hoja más y se la tendió antes de asentir. La castaña verbalizó un gracias con los labios mientras guardaba la hoja que se le ofrecía.
-Todo es incómodo, Granger. Estar ciego fue aun más incómodo. Mi veela fue a verme al hospital.- le comentó Malfoy mientras seguía cortando hojas y tendiéndoselas a la gryffindor. Ellos dos serían la imagen más extraña de ese día.
-¿La viste?- preguntó la castaña sintiendo un nudo en la boca del estómago. Miedo a ser descubierta.
-No, estaba casi ciego. Pero la olí.- admitió Draco y Hermione se sonrojó. Él no vió el sonrojo, estaba tanteando una hoja para saber si debía cortarla o no.
-¿Y...que piensas de su olor?- preguntó la Gryffindor. El rubio la miró y se encogió de hombros.
-Olia a vainilla como un gran porciento de las chicas de Hogwarts.- murmuró encogiéndose de hombros mientras sacaba su varita y con un movimiento reducía el tamaño de las cosas que había traído y guardaba todo en su bolsillos.
-Entonces no podrías reconocerla...- murmuró Hermione tanteando el terreno.
-Creo que no...a menos que tocase sus labios.- respondió Draco escondiendo sus manos en sus bolsillos.
-Pero no puedes tocar los labios de todas las chicas.- comentó Granger huyendo de la mirada grisácea de su pareja.
-No tengo pensado hacerlo. Ni siquiera sé si quiero saber quién es.- habló el rubio.
-Claro...sigues prefiriendo transformarte en un rocho.- comentó Hermione bajando la mirada con cierta tristeza.
-Granger. ¿Vas a hacer algo ahora?- cuestionó el Slytherin cruzándose de brazos. Hermione le miró a los ojos y se limitó a negar.
-Entonces... ¿te parece si vamos a la biblioteca e iniciamos el ensayo?- quiso saber el rubio.
-Claro. ¿Por qué no?- respondió ella y comenzaron a caminar hacia la biblioteca guardando las distancias.
"La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado..."
G. García Marquez
Continuará...
Narradora Nueva: Jajaja prometo que Draco no sufrirá por mucho xD
Pauli Jean Malfoy: jejeje Hermione reaccionará pronto, solo es cuestión de un poco de tiempo xD
