Trunks miró una vez más su reflejo en el espejo del baño y asintió, satisfecho con el resultado después de la aplicación del maquillaje. Era domingo, día familiar y no iba a arriesgarse a que su madre lo interrogara por los moretones y mordiscos que tenía en el cuello. Ahora por lo menos podía fingir que todo estaba bien.
Fingir. Él siempre fingía que todo estaba bien para no preocupar a los demás. Fingía ser fuerte para poder igualar el ritmo de su padre, inteligente para no defraudar a su madre, maduro, para darle un buen ejemplo a Bra… La única persona con la que nunca había fingido había sido con Goten; pero después de aquella noche y aquel solitario despertar, no sabía si tendría que fingir demencia para que las cosas siguieran igual. Lo que sí sabía es que no quería perder a su mejor amigo.
El de ojos azules tomó el maquillaje y lo guardo en su pantalón, antes de ponerse la chaqueta y salir de su apartamento con dirección a la casa de sus padres. A Vegeta le gustaba entrenar temprano todos los días e insistía en hacerlo entrenar por lo menos los domingos. Era una especie de tradición padre-hijo que Trunks no podía rehusar, aunque quisiera.
El heredero de Corporación Capsula llegó a su antigua residencia y se dirigió de inmediato a la sala de entrenamiento, donde su padre ya lo estaba esperando, impaciente y molesto. Se apresuró a enfundarse en su traje de entrenamiento y encaró a su padre, quien tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Llegas tarde —espetó Vegeta, poniéndose en guardia. —. Y hueles a alcohol.
Trunks se preparó para atacar, siendo su ataque fácilmente detenido por su padre. —Ayer bebí y me quedé dormido —contestó. Aquella era una típica platica con su padre. —. Lo siento.
—No lo sientas —cascó el mayor, dándole una certera patada en el estómago a su hijo, que lo mandó unos cuantos metros hacia atrás —. Compénsalo esforzándote más.
Trunks respingó al caer sobre su trasero. Su cadera dolía. Respiró con fuerza y asintió. —Me esforzaré más. —asintió, volviendo al ataque contra su progenitor, siendo evidente que ese día no estaba en su mejor forma por la serie de veces que cayó al suelo.
El entrenamiento terminó cuando Trunks, en lugar de levantarse, se puso de lado para mitigar la presión en su espalda. Vegeta gruñó fuerte.
—Estás en pésima forma. Deberías entrenar más —chirrió —. Cualquiera de los hijos de Kakaroto te haría pedazos en un instante.
Trunks se levantó con dificultad, asintiendo. Su padre no tenía idea de cuánta razón había en esas palabras.
—Lo sé, lo siento papá —dijo afligido —. Es sólo que hoy no me siento demasiado bien. Iré a tomar un baño en la tina y prometo venir a entrenar más contigo, hasta estar en forma nuevamente.
Vegeta afiló la mirada. Trunks odiaba entrenar con él. Algo raro había ahí. Cabeceó en respuesta y siguió ejercitándose, dejando que su hijo se fuera por su lado. Después se ocuparía de él, de entrenarlo mejor y de sacarle qué demonios le había pasado, porque no era normal que actuara así.
El menor por su parte se apresuró a la sala de baño, se quitó el sudor de encima y se talló un poco, logrando que gran parte del maquillaje saliera, antes de sumergirse en la bañera. Era como si al hundirse él dentro del agua, sus problemas se hundieran con él.
Trunks no supo en qué momento se había quedado dormido, sólo supo que el agua estaba fría y que alguien abría la puerta luego de dejar salir una aguda exclamación. Se talló los ojos y enfocó la figura de su hermana menor, frente a él.
—¡Dios, Trunks! —chilló la menor, consternada al ver los moretones en la piel de su hermano. —¿Qué te paso? ¿Fue por el entrenamiento con papá?
El mayor terminó de despertar y se apresuró a tomar su bata de baño para envolverse en ella. —¿Qué no sabes tocar la puerta, Bra? —preguntó molesto —Y no, no fue por el entrenamiento. Fue otra cosa…
—Iré por mamá para que te revise. —se apresuró la menor, chocando con su padre, quien se dirigía hacia la escena luego de haber escuchado el grito de su pequeña princesa.
—¡No, Bra, no lo hagas…! —rogó Trunks, antes de que sus azules ojos chocaran con los negros de Vegeta, quien lo veía interrogativo. —Ella entró sin llamar a la puerta. —susurró el mayor, cubriéndose con la bata.
—¡Ese no es el problema! —gruñó Bra y Vegeta alzó una ceja —. Trunks se quedó dormido en la bañera porque está herido —siguió la menor viendo a su padre —. Voy por mamá para que te revise.
El mayor de los hermanos desvió la cara. —No quiero que mamá me revise, Bra —dijo tajante —. No es nada grave. Se quitará en un par de días.
Vegeta afiló la mirada, alejó a su hija con cuidado y se puso frente a su primogénito, para jalar el borde de su bata y destapar su cuello lastimado. Apretó los dientes hasta hacerlos chirriar. —Vete, Bra —pidió el príncipe sayajin —. Y no le digas a tu madre, sólo se preocuparía y no es nada grave.
La menor asintió renuente. Su padre también sabía curar heridas, pero era muy poco sutil al hacerlo. Bra suspiró. —¿Traigo el botiquín?
—No, estaremos bien —volvió Vegeta, viendo a su hija —. Ahora vete.
Trunks contuvo la respiración al escuchar la puerta cerrarse detrás de Vegeta, una vez que su hermana había desaparecido. Esperó una bofetada, pero ésta nunca llegó. En cambio, su padre sólo estaba ahí, acribillándolo con la mirada.
—¿Por eso estabas tan inútil en el entrenamiento? —preguntó Vegeta despectivo —¿Te dejaron muy cansado anoche?
—Papá —susurró Trunks —, esto no es…
—Sé lo que es, Trunks —cortó Vegeta —. ¿Fue con el hijo de Kakaroto? —pregunto y los ojos del menor se aguaron. —Maldición —bisbisó el mayor, apretando los puños —. ¿Eres consciente de que está casado y tiene una hija?
—No fue con Gohan —dijo con la voz estrangulada el de ojos azules —. No estuve con Gohan. Lo juro.
Vegeta bufó por la nariz. —Ya están grandecitos para hacer lo que quieran —escupió con acidez —. Pero no quiero que vengas a llorar en el regazo de tu madre porque te rompieron el corazón por iluso, otra vez —siguió con desprecio —. Me resulta desagradable que seas tan débil, pero el que seas un llorón, eso lo encuentro insoportable. Y que te rebajes a ser una puta… bueno. A veces en verdad me pregunto si eres hijo mío.
Trunks tragó duro. —Entendido —susurró. Para su padre no era más que un insecto débil y despreciable. Sabía que no era el hijo favorito, ni el orgullo de príncipe sayajin, pero en verdad que hacía su mejor esfuerzo, aunque no sirviera de nada. —. Iré a vestirme, entonces.
El menor pasó a un lado de su padre y caminó con paso rápido hasta su antigua habitación, en la que se encerró antes de dejarse caer sobre la cama. Se quedó ahí, tumbado boca arriba pensando por un largo rato. Estaba seguro de que era una vergüenza para su padre, pero hasta ese momento no se había dado cuenta de cuánto.
Quizá lo mejor que podía hacer era dejar de frecuentar la casa de sus padres. Olvidarse de los entrenamientos con su progenitor y de las cenas familiares de los domingos. Aquello nunca había sido su punto fuerte. Por ello, quizá lo mejor era que se enfocara únicamente en la Corporación Capsula. Aquel parecía ser el único campo en el que era bueno.
