Era una tarde algo fría, habían anunciado una nevisca ese día que marcaba el inicio de la temporada invernal.
Akaashi se encontraba en el marco del portón de la escuela, esperando que Bokuto terminara sus actividades deportivas para ir a casa juntos.
Habían pasado algunos meses desde que había vuelto a Tokio, con todo el esfuerzo logró repasar sus apuntes de la preparatoria y recordar casi a la perfección lo que había aprendido en esos años, después de todo Bokuto tenía razón, era bastante más listo de lo que recordaba.
La madre de Akaashi también estaba feliz, el que su hijo finalmente se sintiera fuerte para seguir su vida la llenaba de felicidad y orgullo. Le dijo que no habría problemas económicos, cuando sus padres vivían en Tokio -en una posición bastante favorecida- habían ahorrado lo suficiente para que Akaashi estudiara en la universidad que deseara, por supuesto que ese dinero había sido guardado por tantos años con la esperanza de que ese día llegara.
Así que con todo lo demás resuelto, no le fue especialmente difícil aprobar el examen de admisión, aunque para los del consejo académico era muy extraño que un chico quisiera inscribirse a la universidad varios años después de la fecha normativa y tuvo que llevar a cabo la desagradable tarea de juntar sus papeles que revelaban ese pasado que ahora quería olvidar.
Pero a partir de eso, todo iba mejorando.
No había tenido ningún ataque de ansiedad realmente desde que volvió a Tokio, quizá había tenido señales de alarma, pero había aprendido a sobrellevarlas sin que pasara a algo extremo que no pudiera controlar. Claro que no lo dejaba todo a la suerte, seguía practicando todas las recomendaciones de las terapias que había tomado por años en Fukuoka -donde había aprendido las técnicas de respiración-, así que se sentía en control de su estado emocional.
Bokuto era de gran ayuda también, se habían inscrito a una clase de yoga juntos y siempre estaba a su lado.
-¡Te hice esperar mucho! Lo siento -gritó su novio al llegar a su lado.
-No fue tanto tiempo, está bien -sonrió. - Konoha, Yukie y Sarukui están cenando cerca, me preguntaban si queríamos alcanzarlos ¿qué te parece?
-Está bien, hoy me tocaba hacer la cena, entonces está bien.
Akaashi sonrió a medias.
-Todavía te toca hacerla mañana.
-Uhmmm….- gruñó.- Está bien.
Ambos se tomaron de la mano y caminaron juntos.
-¿Recuerdas el partido en Australia al que me invitaron?
-¿Al que no querías ir por miedo a dejarme sólo?
-Sí.
-¿Qué sucede?
-Acepté ir…
Akaashi detuvo su paso y el otro se volteó a verlo, alarmado.
-Bueno, todavía puedo decir que no -dijo inmediatamente.
-Si te niegas a ir, entonces me decepcionarás.
-¿Akaashi?
-Pensé que ya habías aceptado ir ¿por qué hasta ahora?
-No quería dejarte sólo…
Akaashi bufó.
-No me pasará nada, lo tengo todo bajo control.
Bokuto bajó la mirada, avergonzado.
-Tampoco me iré y desapareceré cuando te vayas… si es lo que te preocupa.
-No es eso… sólo no me sentía con ganas de separarme de ti.
El menor sonrió y se acercó para darle un beso.
-Estaremos bien, no lo pienses tanto.
Bokuto le miró a los ojos.
-Te prometo que estaré bien.
Le creía, Akaashi era valiente y fuerte.
-Igual podrías venir…
-¿Y perderme el frío invernal de Tokio para pasarla en las increíbles playas de Australia? ¿Por quién me tomas?
El mayor estalló en una risa ruidosa.
-El entrenador quiere conocerte -dijo cuando se calmó.- Quiere ver si podrías participar con nosotros de vez en cuando.
-Deja de hablarles de mí a tus amigos, estoy seguro de que ellos no me ven ni la mitad de interesante que tú.
-¿Tú crees? Kuroo estuvo de acuerdo conmigo.
-Es porque Kuroo me conoce.
-Entonces si los demás te conocen, sabrán que eres interesante…
-Basta -rio a su lado.- ¿Cuándo será?
-En vacaciones… ¿lo pensarás?
-Lo pensaré…
Bokuto sonrió. No podía describir lo feliz que era desde que Akaashi había vuelto. Descubrió cosas dolorosas sobre él, peor de lo que habría podido imaginar, las razones de su ausencia por tantos años y que nada tenían que ver con aquello que él creyó en su momento.
Pero con lo fuerte y valiente que era, su chico había logrado superarlo poco a poco, y ahora le tocaba a él hacer su parte, apoyándolo y haciéndole sentir como lo que era, una persona valiosa y fuerte, el amor de su vida y quien hacía que todo se viera mucho mejor cuando sonreía.
Se preguntaba si Akaashi pensaría lo mismo sobre él.
-¿Qué pasa? -preguntó el pelinegro.- ¿Por qué me miras así?
Bokuto negó con la cabeza y se acercó al chico para depositar en beso en su frente.
-Te amo, Keiji.
El chico lo miró con las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.
-También te amo, Kotaro -dijo antes de besarle en los labios.
Sí, estaba seguro de que Akaashi le quería de la misma manera; lo sentía cuando le miraba a los ojos con ese brillo, cuando dormían juntos e inconscientemente buscaba su calor, cuando descubría una sonrisa discreta en sus labios sin ninguna razón aparente, pero cuando le preguntaba su respuesta siempre era "pensaba en nosotros".
Lo sabía. Volver a Tokio había sido la mejor decisión. Volver a las personas que amaba, a Akaashi, era lo mejor que le había podido pasar.
Sonrió con satisfacción y apretó la mano de Akaashi entre la suya, con los dedos entrelazados.
Ahora sólo quedaba impulsarlo un poco más, ayudarle a descubrir que sus alas eran aún más grandes que las suyas.
-0-
-0-
-0-
El extra, el clásico extra en mis historias XD -aunque quizá ustedes no lo sepan-.
Gracias por leer! Espero que les haya gustado tanto como a mi y espero haber despertado feels en ustedes! GRACIAS! :corazones:
