Capítulo 2

La Sombra en la Montaña

La comandante se acercó con lentitud a su trono. Su mano rozó con ligereza uno de los brazos de madera.

Jamás creyó volver a sentirse partida a la mitad. Jamás pensó que ser Heda le costaría el alma.

Era la mujer más poderosa de los 12 clanes. La más letal, respetada y muchas veces temida. Y aun así, desmembrada por dentro.

"Ser líder significa tomar decisiones difíciles, Clarke"

Una vez más vivía en carne propia el yugo de esas palabras.

No había bastado con forjar la alianza sobre la sangre de Costia tiempo atrás. Muerta y sedienta de venganza, había accedido a aceptar a los Azgeda bajo su cuidado a pesar de que su reina había torturado y asesinado a su amor de la infancia.

Ilusamente pensó que esa sería quizás la última prueba de que era digna de su título, digna de la confianza y del amor de su gente. Pero la vida una vez más le recordaba que cada día debía merecerse ese trono. Su encomienda acabaría hasta su último aliento.

Lexa suspiró. Por un instante deseó nunca haber visto esa extraña máquina caer del cielo. Deseó no haber tenido que enfrentarse con esas personas del espacio que habían llegado a agravar su lucha por la supervivencia.

Por un instante deseó jamás haber recibido a Clarke en esa misma tienda en la que se hallaba tan contrariada ahora. Jamás haberse diluido en esos ojos brillantes llenos de determinación.

La comandante sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos de su mente. Era absurdo desear cambiar el pasado. Lo hecho, hecho estaba. Todo era como debía ser, lo quisiera o no. Lo aceptara o no. No podía darse el lujo de merodear en el pasado. El presente la aguardaba sin importar qué tan dividida se sintiera.

El presente. Este presente le hacía un nudo en la garganta.

Un estremecimiento recorrió su espalda y una sensación de angustia se arraigó en su pecho. Tenía que saber. Tenía que averiguar qué había ocurrido con la gente del Arca. Si Clarke…

- ¡Shura! – llamó la comandante en voz alta.

Un joven esbelto y alto entró apresurado a su tienda. De cabeza rapada y cubierta de tatuajes casi en su totalidad. Se acercó a ella y se hincó con reverencia. –Heda-.

Lexa lo observó detenidamente. Su mirada penetrante podía intimidar a cualquiera en ese momento. Se aproximó a él lo suficiente para que su voz, casi un murmullo, lo alcanzara con claridad. – Regresa a Mount Weather. Solo. Nadie ha de verte partir y nadie ha de advertir tu presencia en la montaña. Habrás de informarme sobre el destino de los Skaikru a tu regreso.

- Pero, ¿y el trato con…?

- ¡Haz lo que comando, Shura! – exigió la comandante lanzando dagas invisibles de sus ojos. - Nadie sabrá que "la sombra" vigila. Ahora vete. –

- ¡Sha, Heda! – dijo el joven guerrero y se aprestó a partir pero antes logró escuchar las amenazadoras palabras de Lexa:

- No creo que sea necesario mencionar que esto será un secreto entre tú y tu Heda. Tu lengua está en juego, sombra.

Shura volteó a dedicarle una fría mirada y asintió antes de desaparecer de su vista.

La comandante se sentó en el trono y fijó la mirada en la entrada de su tienda. Sabía bien que estaba infringiendo las reglas. No era una decisión racional, su instinto había sido más fuerte; si es que a ese martilleo incesante dentro de ella se le podía llamar instinto. Prefería nombrarlo así.

El guerrero hacía honor a su apodo. Su correr era ágil, silencioso, como el de una pantera. Se movía con tanta facilidad que parecía que las plantas de sus pies no tocaban la tierra. Al sentirse mucho más cerca de la montaña "La sombra" aminoró el paso y se detuvo por un momento, explorando sus alrededores. Alzó su cara analizando los árboles, intentando elegir un sendero más seguro lejos del suelo. No dilató mucho en hallarlo y trepó con destreza. La oscuridad era su aliada, nadie podría adivinar que había un ser humano haciendo suyo el bosque a diestra y siniestra.

El ruido de unas pisadas lo obligó a cesar sus saltos entre las ramas y a aferrarse al tronco del pino que lo sostenía.

Sus ojos pronto hallaron el origen de ese ruido. Un hombre de vestimenta extraña, por lo menos para los terrícolas, caminaba con lentitud y según la percepción de Shura, con temor. No era muy alto y cargaba en su espalda una mochila.

Por su ubicación, dirección y vestimenta, Shura se convenció de que era uno de los hombres de la montaña.

"La sombra" sintió que su estómago se revolvía, que sus entrañas ardían. Sería tan sencillo avanzar hacia él sin ser detectado y lanzársele para romperle el cráneo con su hacha. Era tentador imaginar el gorgoteo de la sangre y el alarido de dolor que ese hombre vil emitiría. Demasiado tentador. Sin embargo, su misión no era esa y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro. Esa noche Shura era los ojos de su Heda, no más.

Unos segundos después de resignarse a no tomar esa pobre vida en sus manos, "la sombra" se percató de que ese incauto no estaba solo. De la penumbra surgió otro hombre, mucho más alto y corpulento, vistiendo ropas de terrícola. Oyó el gruñido que hizo eco en el bosque cuando se aproximó al hombre de la montaña para atacarlo con su espada.

Un sonido agudo y constante, como el graznido de un ave moribunda se escuchó por toda el área. Shura se dio cuenta de que provenía de un objeto en la mano del hombre de la montaña. Sí, conocía ese sonido que punzaba los oídos. Ya antes lo había escuchado cerca de la presencia de carroñeros.

En un abrir y cerrar de ojos, la mano del hombre de la montaña salió disparada por los aires y fue el fin de ese molesto ruido.

Shura no pudo vislumbrar por completo lo que había ocurrido, sólo alcanzó a ver al hombre caer al suelo con un muñón sangrante y al terrícola observando a su presa inerte.

El asesino era uno de los suyos, no cabía duda. "La sombra" no pudo evitar sentir cierta satisfacción aunque esa muerte no hubiera sido suya. Pero por lo menos le pertenecía a alguno de sus hermanos del clan. De algo a nada.

Cuando la silueta del guerrero a ras del suelo desapareció entre la neblina que empezaba a esparcirse por el bosque, Shura continuó su trayecto saltando de árbol a árbol para acercarse más a su objetivo. Después de unos minutos se encontró posicionado a una distancia prudente frente a la enorme puerta metálica que adornaba Mount Weather, la tumba de tantos hermanos y hermanas de sangre.

No le gustaba la forma en que su estómago respondía ante esa vista. El pensar que aquella estructura rocosa era la tumba de miles de terrícolas lo carcomía por dentro. Lo asqueaba y lo encolerizaba al extremo. "La sombra" sintió bilis subiendo por su garganta y escupió hacia las hojas marchitas en el suelo para luego soltar una maldición en su lengua materna.

Su cuerpo se puso en alerta cuando la puerta de acero rechinó y comenzó a abrirse. Instintivamente se llevó la mano hacia la espalda, a punto de agarrar el mango de su hacha, pero la razón lo paró en seco.

- Skaikru – musitó.

La gente del cielo empezó a emerger por la abertura. Caminaban despacio, mirando para todos lados con cautela. Varios de ellos apenas si podían andar, múltiples vendajes cubrían las extremidades de sus lacerados cuerpos. Otros tantos se veían menos magullados y eran los que sostenían a sus compañeros para ayudarlos a caminar.

Los ojos de Shura se abrieron de par en par. Si la puerta permanecía abierta, si los Skaikru estaban vivos, entonces…

Recargó su torso contra el tronco girando un poco su cuerpo para que la madera lo escondiera casi por completo mientras observaba la escena.

Rostros llenos de consternación y de abatimiento desfilaban a unos metros de él y se dirigían hacia el sur de la montaña. Y más allá, al final de ese arroyo de gente cejijunta, pudo discernir a una joven de cabellera rubia que permanecía inmóvil cerca de la puerta. Si bien la había visto caminar sin dificultad, parecía que ella no quería realmente dar un paso más. Los demás siguieron avanzando, pero ella estaba enraizada ahí, con la mirada perdida. Incluso a esa distancia y en la oscuridad, Shura pudo percatarse de la miseria en su cara, en su cuerpo.

Clarke volteó hacia atrás una vez más hacia la negrura del interior de Mount Weather.

Todos los muertos venían con ella. Estaban encadenados a sus pies, cada uno de ellos. Hombres, mujeres…Niños.

La joven sacudió la cabeza y sollozó.

- ¡Clarke! – Gritó Bellamy dándose cuenta de que se había quedado relegada.

Como por arte de magia, la joven se sobresaltó y reprimió el llanto, se obligó a guardar la compostura y sólo asintió antes de ir tras los demás.

La puerta seguía abierta de par en par.

"La sombra" supo entonces lo que eso significaba.

La montaña había sido conquistada por Skaikru.

La comandante continuaba en vigilia dentro de su tienda. Ni siquiera había intentado conciliar el sueño, pues sabía bien que este no llegaría. No esta noche.

Había repasado una y otra vez los planos, las notas, los pergaminos. Leído y releído todo lo que estaba a su alcance sin realmente haber puesto atención a alguna de las palabras.

Indra había interrumpido su no hacer nada minutos atrás para entregarle la lista de todos los liberados. Y así como había entrado, se había ido. Lexa daba gracias a que había sido así. Le estaba costando mantener su careta de impasibilidad incluso ante sus guerreros e Indra era inquisitiva, demasiado.

Finalmente se dejó caer con pesadez al borde de la cama y permaneció sentada ahí un rato. Tomó el espejo que se hallaba sobre un viejo buró a punto de deshacerse y se dispuso a remover la pintura de guerra y la sangre seca de su faz. Tomó un pedazo de tela que estaba sobre el mismo mueble y observó su reflejo.

No le gustaba lo que veía, a quien veía.

No era ni un bosquejo de quien había sido el día anterior. Su reflejo dolía, dolía como una llaga abierta y supurante en su alma. Por un segundo pudo ver en sus ojos el mismo tormento que en los de Clarke horas atrás.

"No hagas esto Lexa"

El espejo fue lanzado con furor contra el cofre a un lado de la cama y los pedazos se desperdigaron por todo el suelo.

"Deberías venir a Polis conmigo, Clarke. Eso cambiará lo que piensas de nosotros"

"Tú ya lo has hecho"

Lexa cerró los ojos. – Clarke…-

La comandante fue arrebatada de sus cavilaciones cuando escuchó el batir de tela y ligeros pasos ingresando a su tienda. Se levantó de inmediato y aparentó entereza, una vez más.

- Heda – enunció Shura, haciendo su pronta reverencia.

- ¿Ena? – preguntó Lexa.

- La montaña ha caído –

La comandante abrió los ojos de par en par.

- Explícate –

- Los Skaikru lograron salir de Mount Weather. La puerta está abierta y no hay signos de actividad. Las antenas están apagadas. Todo es silencio y oscuridad. – Relató Shiru.

Lexa caminó hacia su trono y se sentó. No podía creerlo. O tal vez sí. Muy en el fondo había deseado, sabido que la gente del Arca podía lograrlo. Eran fuertes, tenían la tecnología, la estrategia y tenían a Clarke, su líder.

Las implicaciones de la derrota de Mount Weather eran de un alcance inimaginable. La comandante ponderó la situación por unos minutos. Su cabeza daba vueltas, su corazón latía rápidamente. Si la información era veraz (y presentía lo era), esto representaba el fin de una era para los terrestres. Para su gente. Nadie más volvería a vivir bajo la sombra de la montaña, nadie más tendría que ser un saco de sangre a exprimir; nadie más se transformaría en una bestia sedienta de sangre; nadie más moriría asfixiado en la niebla de ácido; nadie más quedaría hecho pedazos entre las llamas de un misil.

Serían libres.

Y Clarke. Clarke quizás estaba viva… Tenía que estarlo. Los Skaikru no podrían haberlo conseguido sin ella.

Los ojos de Lexa se oscurecieron. Tenía que comprobarlo, tenía que verlo por ella misma.

- ¡Hon Indra op! – ordenó.

- ¡Sha, Heda! –

En cuanto Shura salió en búsqueda de Indra, Lexa tomó una bocanada de aire. Se sentía aliviada, más liviana.

Clarke y su gente habían sobrevivido y triunfado. Pero no gracias a ella.

Aun así, podía volver a respirar.

Notas de la autora:

Espero que estén disfrutando de esta fanfic. La escribo con todo el corazón y aun así a veces me faltan las palabras.

La historia de Clarke y de Lexa es digna de ser contada y hoy, digna de ser cambiada. Nunca me había sentido tan conmovida e impactada por un amor en la pantalla y el destino fatal de Lexa desató muchas emociones dentro de mí y me provocó gran tristeza. Sí, ella merecía algo mejor. Clarke y Lexa merecían un destino mucho más luminoso. Se elevaban mutuamente, se enaltecían, se procuraban.

Si ustedes sintieron lo mismo, es porque muy en el fondo todos buscamos un amor así, de leyenda.

No quiero quedarme con el nudo en la garganta y con un mal sabor de boca por cómo se desarrolló su historia. Así que me he propuesto recrearla, por todas y todos los fans que se sintieron devastados y traicionados. Por mí también, porque creo que ya hay demasiada mierda en este mundo como para verla también en la televisión. Esta historia es hecha con amor y por amor. Ojalá a lo largo de esta travesía puedan sentirlo así.

Intentaré estar publicando capítulos con cierta regularidad. ¿Cuántos? No lo sé. Me estoy dejando fluir, tratando de explorar mucho más las emociones, los sentimientos y pensamientos de Lexa y de Clarke, así como de los otros personajes. Habrá algunos nuevos, como Shura, e iré metiendo a los que ya conocemos si la oportunidad apremia.

Dudo mucho meter la Ciudad de la Luz. Así que si esperan a Jaha y a los pequeños chips, estarán decepcionados.

Gracias por leer.

Gineah