N/A:
Tengo varias cosas que decirles...
1.-Una pequeña disculpa por la inactividad, pero esta sera la ultima publicación que haga en un largo tiempo...
2.-Este capitulo es un poco largo, ademas de que podría incomodar a incomodar a algunas personas.
3.-Espero que este capitulo sea de su agrado, ademas de que revelara ciertas cosas.
4.-Unas disculpas por esta intromisión.
Tú serás para mí lo que se me fue arrebatado y yo seré para ti un buen ejemplo a seguir. -"gamagogiano"
Yo también merecía un final feliz...
("Los suburbios", 1:10AM)
-Joder con las cosas que hago... -saco uno de sus cigarrillos mientras recarga una pala contra la pared. Se encontraba sentado en los escalones de la puerta trasera de la casa del Sr. Grouse. El lugar era frio y obscuro, solo alumbrado por la chispa del mismo cigarrillo, solo dejando visible la herida de bala que tenía en el antebrazo, que, por suerte para él, no parecía haberle dañado alguna arteria importante, aunque si tenía una delgada línea de sangre corriendo por todo el brazo y un moretón con sangre en su mejilla.
Booker miraba con atención a su alrededor, pero eso era casi imposible, solo podía dirigir su mirada a la bolsa negra que tenía a un costado y al cuerpo casi inmóvil del Sr. Grouse sobre la mesa, con una hemorragia en la parte trasera de la misma que al igual que un rio, dejaba caer todo sobre la mesa para después caer al suelo, manchando un hermoso azulejo de color blanco, pero lo más fuerte del asunto, era ver como un trapo con algunas vendas que poco a poco se teñían de rojo, remplazaban su mano derecha. Con movimientos similares a los que haría una persona convulsionándose, solo que mas leves y con una respiración casi inexistente, el señor Grouse seguía con vida.
La cocina estaba llena de sangre, algunas partes de la misma como esquinas y fotos dentro de cuadros se encontraban dañadas. Había una pistola tirada sobre un charco de sangre con un cargador medio vacío siendo sujetada por una mano arrugada y que poco a poco perdía su tonalidad para volverse mas pálida, con un corte no muy "limpio", además de que esta todavía tenía los tubos conectados por la intravenosa.
Booker suspiro profundamente. -¿cómo he llegado a esto? -se levantó de los escalones y camino dentro de la casa, pasando al lado del futuro cadáver, podía sentir el frio de los recuerdos de hace unos pocos minutos recorriendo su enojo, se paró al lado y lo miro por unos pocos segundos. -Debo admitirlo, pensaba que al fin podría tener a un "amigo" que no buscara algo de mí, ¡maldito violador!, me lo quitaste todo y aun así no te basto, tenías que seguir arruinando vidas... tenías que arruinar la mía. -siguió caminando hasta la puerta del baño, dejando un rastro de lágrimas y sangre.
Girando la perilla, uno se preguntaba lo mismo que él. -"ring", el sonido tan irritante de un viejo teléfono sonó por la cocina. -Booker soltó la perilla y miro con enojo, sus manos se cerraron formando un puño, pero antes de siquiera caminar al teléfono, tiro una patada que termino atravesando la puerta. -¡MALDICIÓN! -grito con todo el aire que tenía en sus pulmones. -Estas idioteces siempre me pasan a mí, ¡Putos locos con los que trato!. -con algo de dolor saco su pierna de la puerta, ahora con algunas astillas lo suficientemente profundas como para mantenerse sujetadas a su carne. -¡YA VOY!. -le grito al teléfono. -¡Mierda!, ¿por qué tengo que contestar?. -iba a continuar con lo suyo, abriendo la puerta del baño.
-Hola Booker, así te llamas, ¿no es cierto? En fin, se podría decir que soy un mal samaritano, que en estos instantes busca a un nuevo socio, ya que aparentemente acabas de matar al mío, así que haremos lo siguiente, colgare y volveré a llamar y esta vez, quiero que contestes y en caso de que te quieras pasarte de listo, llamare a la policía y testificare en tu contra, ¿de acuerdo? Listó o no, comenzamos. -La grabadora de voz que se encontraba conectada al teléfono, dejo un mensaje claro y conciso.
-Una vida llena de fallos, fallos y sobre todo, decepción. -Booker se acercó al teléfono, tenía algunas dudas y debía admitir que algo de miedo también, pero, era tan excitante, le recordaba cuando aún trabajaba como investigador gubernamental, "haciéndole pagar a la escoria de la humanidad", de la cual sentía que ya formaba parte. ¿Le gustaba?.
Espero unos pocos segundos, mientras tanto, dentro de su cabeza se formaron dos mandos, por un lado, la parte de él que diría "no" y aceptaría de cierta manera las consecuencias y del otro lado, la parte del que aceptaría ser su nuevo socio, simplemente por la sensación de emoción y adrenalina que recorrió sus venas al momento de pelear contra Grouse.
No sabía como pudo ser visto, pero, aun así, ¿De qué se preocupaba?, el arma tenía un silenciador, además, Grouse fue quien ataco primero y sin provocación. El respeto y empatía que empezaba a generar por el anciano desaparecieron en cuanto le apunto con él arma y su supuesta razón, era tan simple y a la vez tan reveladora, porque es un simple bastardo caliente que buscaba una recompensa como un perro a su hueso.
-Dale gracias a Dios de que no soy como tú, porque si no, ten por seguro que te estaría torturando ahora mismo, empezando por arrancarte tu miseria con unas pinzas para luego quemarte las bolas con el fuego de la estufa. Grouse reacciono a la "amenaza" por parte de Booker, manchando ese traje de paciente hospitalario de color azul con una mancha blanca. -¡ADELANTE!, me harías un gran favor. -Grouse hablo. -Después de todo, soy un pedófilo masoquista violador y asesino de mujeres... ¡jajajaja!. -Grouse empezó a reírse mientras gotas de sangre salían disparadas al aire.
Booker quien esperaba la llamaba del teléfono, vio con un gran asco y desagrado al anciano que había copulado frente a sus ojos, acercándose a él. -¡Mucha risa no!, veamos que te parece esto ¡maldito depravado de mierda!. -Booker con su pierna sana, rompía de una patada uno de las bases que sostenían la mesa, provocando que esta cayera, de paso llevándose a Grouse al suelo. El sonido de unos huesos rompiéndose y la visión de dientes volando y cayendo a pies de Booker, le hicieron sentir nuevamente aquella adrenalina, como cuando corría peligro... o, mejor dicho, cuando lastimaba a alguien.
-¡MAS!, mas por favor. -Grouse suplico ya una vez tirado en el suelo. -¡Me vengo!. -Grouse grito de placer. Booker no sabía que lo había traumado mas, el grito de placer del masoquista de Albert o el sustancia blanca-transparente que había caído en sus zapatos. Booker tenía la mirada en el suelo, tratando de mantener el control de todas las formas que conocía, contar hasta diez, lanzar una moneda, hacer reír a su hija, desquitarse con algún objeto... con alguien, esta última ilumino su cerebro como un rayo de luz a la tierra.
-Felicidades Booker, te acabas de convertir en mi dominatrix... Jajaja. -Grouse menciono después de... Bueno, ustedes saben que.
-Eres igual a tu exesposa Booker, se sentía tan bien... Jajaja.
-Entonces, te gusta esto ¿no?, pues te daré lo que quieres. -Booker se acercó aún más a Albert, casi pegando sus pies a su cara. -¡Que lo disfrutes infeliz!. -Booker levanto su pie para después dejarlo caer sobre la cabeza de Albert, un solo golpe lleno de ira fue el equivalente de haberle pasado con un camión sobre el rostro.
Un fuerte ¡Crack!, le dio a entender que golpeo con la suficiente fuerza, pero, para asegurarse, levanto su pie del rostro de Albert, solo para ver una mandíbula fuera de su lugar, que colgaba del resto de la cabeza como un péndulo que dejaba caer saliva, solo siendo sostenido través de la piel y los músculos del rostro, una nariz torcida que mostraba un tabique al aire que disparaba un ligero chorro de sangre con una mezcla de mucosa que manchaba su cara.
Las imágenes mentales de lo que apenas había pasado hace unos minutos lo perturbaban. -Eres otro enfermo mas... -Booker respiro profundamente mientras limpiaba sus zapatos, frotándolos contra partes de la ropa limpia de Albert.
Booker cerró los ojos, permitiéndose organizar sus ideas para comprender mejor la situación, todo habia pasado tan rapido, aunque... "¿desde dónde comenzar?". -pensó Booker. -Tal vez... desde el inicio. -menciono mientras colocaba una silla frente al teléfono, sentándose en esta, esperando la llamada mientras cerraba los ojos, nuevamente en la obscuridad, solo siendo iluminado por la llama que se extinguía en su cigarrillo y la luz blanca de la Luna entrando por todas las aberturas de la casa.
(12:30AM, "Hace unos minutos")
Booker se encontraba en el baño, con unas cuantas toallas húmedas, analgésicos, pinzas para cejas, algo de algodón y, por último, un vaso de cristal con un líquido marrón que tenía un sabor fuerte a alcohol pero que de cierta manera sabía bien.
-"¡Psk!"… joder. -Booker sostenía las pinzas de la mejor manera que su cabeza aturdida le permitía. Un pequeño plato en el cual caían pequeños guijarros. -Ya van 9. -con la mirada en el espejo y las pinzas sacando una a una las pequeñas piedras encajadas en su labio, ceja, mejilla y una que otra de su nariz y frente. -Esta es la última vez que ayudo a alguien. -dio un ligero trago a la bebida, para volver a verse en el espejo. -Genial, 13 agujeros en mi rostro... parezco uno de esos punks con sus perforaciones innecesarias, bueno, al menos podre decir que gane la pelea jejeje. -se habló así mismo mientras se veía al espejo. Tomo el jabón de la barra y lo pasó por cada herida en su rostro, para después enjuagarse. -Bueno, una cosa menos. -tomo un paquete que tenía escrito "Naproxeno", tomo un par de pastillas de la caja, las metió en su boca y de un solo trago las paso junto con el resto de la bebida alcohólica.
Por un momento, parecería que saldría del baño y continuaría con la historia, sin embargo, su debilidad se encontraba frente a él. Un cajón entero lleno de pastillas de todo tipo, pasando desde simples medicamentos para la tos o gripe, con un ligero intermedio en analgésicos solo conseguidos a través de una receta médica, para terminar con el premio gordo, con medicamentos para diabéticos, hierba medicinal, alcohol etílico y unas pastillas que conocía muy bien... "Paroxetina".
La tentación y la dependencia, hacían prácticamente obligatorio que tomara cada una de esas pastillas, las moliera hasta hacerlas polvo, las metiera en un vaso y mezclándolas con los jarabes y el alcohol etílico, formara un coctel de alucinaciones, placer o tal vez dolor, que mezclaría con ayuda de la hierba, utilizándola como una cuchara, asegurándose de disolver bien los ingredientes, para terminar muerto por una sobredosis, pero todo eso y más lo valdría... ¿no es así?.
-¡Ahhh!. -suspiro mientras se aseguraba de no haber tomado ninguna caja, una vez terminado se encamino hasta la puerta, viendo una pequeña sala bien decorada como la de cualquier anciano, con fotos de sus sobrinos o hijos talvez, se rasco la cabeza mientras dejaba escapar otro suspiro. -Envidio tu vida amigo. -pensó mientras pasaba entre foto y foto, una donde un niño de pelo castaño y lentes estrenaba un pequeño trineo de madera, era una entre las decenas de fotos familiares que había en el lugar, pero entre todas ellas, había una que alguna vez mostro un verdadero significado de amor, en ella se podía ver a un chico peliblanco con Grouse, toda su familia, hermanas y padres por igual, agregando a un par de hombres que parecían pareja con un niño afroamericano entre sus brazos.
-Parece que tenías una buena vida ¿no? Lincoln. Ya somos dos. -Booker dejo de mirar la foto para dirigirse a la cocina donde Albert lo esperaba con botella en mano.
-¿Cómo está mi ángel vagabundo? -Grouse lo recibió con sarcasmo, con una botella de whisky sobre la mesa y un par de vasos. -Parece que ya te arreglaste, así que, ¿por qué no acompañas a este anciano? -sirvió un poco de whisky en ambos vasos para después extender uno de ellos en dirección a Booker.
-No has tenido suficiente con lo de hace rato, ¡eh! anciano. -Booker extiende su brazo, aceptando el vaso de parte de Grouse, debía admitir que se sentía relajado e incluso feliz de poder sentarse a beber un trago con tranquilidad.
-Dime Booker, ¿qué es lo que un vago con buena ropa hace por aquí, en especial a estas horas?.
-Hurgando entre la basura, que mas que podría hacer, soy un vago... -Booker menciono tomando lugar en la mesa.
-jejeje, si que sabes como hacer reír a una a un anciano... pero ya hablando enserio, es cierto que soy viejo y casi un cadáver, pero no soy idiota, ahora dime la verdadera razón por la que estás aquí.
Casi en tiempo récor, Booker acabo con el segundo vaso, cuando Grouse termino de hablar. -¿La verdad? Dices, bueno, la verdad es que me puse hasta la mierda en drogas y una vez así, pensé, "voy a ir al vecindario de mi exmujer a gritarle de maldiciones referentes a que nunca la necesite y que estoy mucho mejor sin ella, de paso despertando a los hijos de los vecinos con escuela mañana, para luego tirarme en el pasto y suplicarle que vuelva, con la promesa de que cambiare". -Booker estiro la mano, tomando la botella con la sustancia marrón y de nombre "Jack Daniels". Volvió a llenar el vaso hasta la delgada línea que impedía que cayera sobre la mesa. Debía admitir que algunas veces exageraba, en especial cuando alcohol empezaba a hacer de las suyas en su sistema.
-De verdad que tienes problemas, dime, ¿has tratado de conseguir ayuda?. -Grouse alejo un poco la botella de whisky de Booker, el noto esta acción y aunque sabía que era por su bien, no pudo evitar sentirse algo enojado.
-Sabes, eres de las pocas personas que ha sido amable conmigo, solo me llamaste vago y no escoria de la humanidad como otros, te lo pagare, te lo prometo. -volvió a acabarse el vaso.
"Te lo prometo", una frase de la cual Booker y todo el mundo en su vida conocía muy bien su significado, aunque parecía que en la suya no lo tenía. En su cabeza no paraba de escuchar el eco de sus quejidos en la morgue, al igual que el llanto de una bebé.
-Gracias Booker, pero no me debes nada, salvaste mi vida, de una forma que no podríamos llamar heroica, pero, aun así, lo hiciste, pero volviendo al tema, ¿tienes algún otro familiar que no sea tu exmujer? Tal vez algún hermano, puede que padre o madre... un ¿hijo?
Grouse seguía hablando, pasando de tías a bisabuelos, pero Booker dejo de escuchar con la tercera opción "un hijo".
-Si... -Booker menciono débilmente mientras veía fijamente el vaso que se encontraba de la misma manera que su razón de vivir, "vacía".
-¿Dijiste algo Booker?. -Grouse menciono con algo de intriga.
-Una hija... -menciono mientras sus ojos se tornaban rojizos, no por el esfuerzo que hacía al mantenerse despierto o por el alcohol o drogas en su sistema, sino porque empezaba a llorar.
-Una hermosa niña, con el nombre que al igual que ella, mas hermoso, "Elizabeth". -los labios de Booker empezaban a temblar de la misma que lo harían los de un niño haciendo berrinche.
-Mmmm, Booker, ¿te encuentras bien?. -Grouse estiraba poco a poco el brazo, tratando de alcanzarlo.
-Mi único logro en una vida de fallos y malas decisiones... una preciosa bebé de poco mas de un año de edad, con un peso de 10 kilos, de piel blanca, pelo rubio y con ojos cafes. -Booker rompió en llanto, llevando sus manos a cubrir su rostro, uno no podría decir si era dulce o terrorífico que supiera todo eso, aunque viéndolo por otro lado, es su hija.
Grouse se acercó a Booker, colocándose a su lado. -Si tan mal estas, solo queda una salida, ¿quieres hablar de ello?. -Grouse se disponía a consolar a Booker, cuando el teléfono de la cocina sonó.
-Discúlpame un momento. -Grouse dejo a un lado a Booker mientras atendía la llamaba. Por su parte Booker, seguía llorando por los buenos y malos recuerdos, se suponía que había comenzado a beber y drogarse para olvidar, pero lo curioso era, que en esos momentos era donde los recuerdos eran mas fuertes, tal vez por eso lo hacía, porque tenía miedo a olvidar lo único bueno que hizo en esta vida, casarse con una hermosa mujer y tener a una linda niña y en este caso, se podría definir de la siguiente manera "si difícil llega, fácil se va".
Aparto las manos de su rostro y permitió a su cuerpo recargarse sobre la silla, mirando fijamente al techo, reviviendo de nueva cuenta aquel momento en el que su vida volvió a irse al caño.
("En un mal recuerdo", Hace 20 años)
Era un cuarto bastante agradable, lleno de muchos muebles y de todo tipo de decoración, un armario, una alfombra, un par de mesitas de noche, un par de lamparas de lectura, una cama matrimonial y una cuna pintada de rosa con una mantita blanca que se movía suavemente junto con una pequeña humana y potencial adulta.
Todo era ligeramente oscuro, con un silencio bastante agradable, sobre todo cuando uno se percataba de la joven vida durmiendo tranquilamente por debajo de esas mantitas, solo con un pañal y el peluche de un conejo blanco entre sus brazos, simplemente era la imagen de la inocencia pura, casi sin el pecado original.
Un par de adultos entraron gritando y discutiendo entre si, el silencia y calidez habían sido expulsados una vez la bebé se despertó con un ligero llanto que pronto cesó cuando esta vio a aquellas dos personas gritándose, sus padres, pronto gateo hasta los barrotes de madera que evitaban que cayera y al igual que un prisionero, observo entre aquellas rejas. Se podría decir que, para ella, ya era una costumbre ver pelear a sus padres.
Un hombre y una mujer entraron discutiendo y peleando entre si, a lo que parecía ser su habitación, esta última tenía el cabello rubio, de tes blanca y vestía con una blusa amarilla, pantalón de mezclilla y unas sandalias azules, por otra parte, el hombre era castaño y usaba una camisa y guantes blancos, corbata y chaleco negros, pantalón y tenis azul oscuro.
-¡Te dije que te callaras!... nos mudamos y punto final, lo hago por nosotros... ¡por ella!. -grito un hombre de aproximadamente 23 años. Tenía la cara roja y se notaba un cierto tartamudeo en su voz.
-Cálmate Booker, sé que estas asustando, pero esa no es razón para gritarme. -la mujer menciono con lágrimas en su rostro, siguiendo por detrás a Booker.
¡No estoy asustado! solo... solo necesito más tiempo... y... y ahora empaca. -saco un par de maletas del closet, para después tomar ropa en montones de los armarios, sin fijarse realmente en lo que metía.
-Detente Booker, por favor, estoy segura de que si hablas con ellos podrás solucionarlo. -La mujer pelinegra trataba de hacerlo razonar.
-¡Aras lo que yo te diga Diana y se acabó! -Booker empujo de un codazo a su esposa, provocando que esta cayera al suelo con boca llena de sangre, pero a Booker no le pudo importar menos en ese momento.
Diana, la esposa Booker, reanudo el llanto, pero esta vez, ya no eran lágrimas de compasión hacia su esposo, sino de ira y frustración, estaba harta de tener que huir del pasado que su esposo no era capaz de enfrentar.
-Ya es suficiente... -Diana menciono mientras se recuperaba del golpe del Booker. -Te odio Booker, considera esto el divorcio... -Diana salió de la habitación tomo una pañalera y la lleno de pañales, ropa, leche en polvo y de todo tipo de utensilios para bebes. tomo su bolsa y adentro metió su cartera, asegurándose de que esta tuviera suficiente dinero.
-Mamá soy yo, Diana, escucha, tuve otra pelea con Booker y... acabamos de terminar, quería comprar unos boletos de avión, pero antes quería saber si Elizabeth y yo podemos quedarnos contigo un tiempo...
-Claro, mas les vale venir cuanto antes... sabía que no era mas que la "escoria de la humanidad", no entiendo porque no me hiciste caso y aun te casaste sin mi permiso...
-Lo siento mamá, gracias mamá... a partir de ahora solo te are caso a ti... -Diana acabo con la llamada, seguía llorando y a la vez, disolviendo parte del maquillaje.
Se suponía que hoy iban a celebrar su aniversario en un restaurante.
Se quedo unos segundos mirando el teléfono, para después dejarlo caer y empezar a gritar. -¡¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué?!, ¿Por qué me haces la vida tan miserable Booker?, ¿por qué?... -se dejó caer sobre sus propias rodillas y al igual que una telenovela, se llevó las manos del rostro y empezó a sollozar, todo esto sin que Booker se diera cuenta, tenía tanto miedo, tenía miedo de que le quitaran su segunda oportunidad de hacer mejor las cosas, de ser un buen esposo, amigo, compañero y sobre todo padre, tenía tanto miedo de que le quitaran su "nuevo comienzo", que no se dio cuenta de que el mismo lo estaba haciendo.
Desde la perspectiva de la pequeña Elizabeth, no tenía ni la mas mínima idea sobre lo que pasaba, es cierto que solo tenía nueve meses, pero aun así sabia cuando las cosas no estaban bien y esta, era una de esas veces, sé sentía mal cuando vio cómo su padre golpeo a su madre, eso le molesto y quería llorar, pero mas que estar molesta, tenía miedo, le recordó cuando el tío Lucas golpeaba a la tía Lucy y lo último que paso es que jamos volvió a ver al tío Lucas y ella no quería que eso pasara con su padre, lo quería.
Tal vez si lograra hablar, podría hacer que se olvidarán de la pelea. Siempre recordaba que entre ellos se llamaban papá y mamá, tal vez si los llamara... -mamá siempre llama papá "Boo". -fue la deducción a la que llego la pequeña Elizabeth.
En la sala, se encontraba una "Diana" que se recuperaba del llanto, se levantó y con la mayor cautela posible tomo las llaves del auto y se aseguró de meter la pañalera al igual que algo de ropa, su bolsa... lo único que faltaba era la pequeña Elizabeth.
Se adentro al cuarto, procurando ser lo mas sigilosa posible, no quería tener que volver a ver esa cosa en lo que se había convertido su esposo, era la primera y también sería la última vez que se comportaba a tal grado de haberle pegado, le tenía miedo, pero a la ves furia y tristeza, ella sabía que era un buen hombre, sino, no se hubiera casado con él, pero tenía el mas grande defecto que un padre y esposo podría llegar a tener, "enfrentar la verdad". Se aproximo hasta la cuna de la observadora Elizabeth y entonces la alzó en sus brazos mientras salía del cuarto.
-Daremos una vuelta "Eli"… en avión, ya sabes, "pájaro grande", no te preocupes, papá nos vera después y cuando lleguemos, podemos comprar un helado. -le dio una sonrisa que a priori se notaba que era forzada. A Diana le dolía tener que hacer esto, mentirle a su hija.
La tenía entre sus brazos, caminando con el mayor cuidado para no llamar la atención de Booker, pero algo que simplemente no podía evitar paso... -"Boo-Boo". -pronuncio la pequeña Elizabeth tratando de despedirse de su padre.
Diana no sabía que sentir, felicidad porque su hija dijo su primera frase o miedo de escuchar a Booker hablar. -Di.. Di.. Diana, ¿qué estás haciendo con Elizabeth?. -podía haberse quedado a responder su pregunta, pero conociendo a Booker, sabía que terminaría en otra discusión, si no es que algo peor.
-Perdóname Booker... pero no puedo continuar mas con esto... -salió disparada en carrera, cerrando la puerta al momento de pasar y sujetando con firmeza a la bebé. Corría hasta la entrada, donde ya tenía el auto encendido, solo tenía que entrar, cerrar la puerta y acelerar hasta el aeropuerto, saltándose algunos pasos como el cinturón de seguridad.
Piso el acelerador hasta el fondo, viendo varias veces y de manera involuntaria el retrovisor. Todavía no daba vuelta a la calle cuando entre unas de sus miradas involuntarias al retrovisor, pudo ver a un hombre castaño encendiendo una motocicleta mirando fijamente el auto.
El tiempo pasaba y cada semáforo en rojo no ayuda a aliviar la tensión que sentía, la sensación de huir de alguien que amas pero que a la vez le tienes miedo, la tenían confundida, en especial cuando su hija sentada de copiloto, en un asiento especial para bebes, apuntaba a un llavero colgado del retrovisor que tenía una foto de toda la familia, en concreto apuntaba a la persona que la tenía en brazos en la foto. -"Boo-Boo". -mencionaba la pequeña Elizabeth entre ligeras risitas preocupadas.
-Si... si.. -le contestaba Diana. -"Boo-Boo". -repetía con mas fuerza y frecuencia. -"Boo-Boo, Boo-Boo, Boo-Boo". -no paraba de repetir, esta ves haciendo un pequeño berrinche.
-¡Cállate!... no quiero oírte decirlo una vez mas, ¿sabes por qué? ¡Porque "Boo-Boo" está muerto para nosotras! -grito con todas sus fuerzas, llamando la atención de peatones y conductores por igual que se encontraban a su alrededor y ganándose un lloriqueo por parte de la pequeña Elizabeth.
Diana no se percató al principio de esto y mejor decidió encender la radio, pasando de estaciones musicales y parando en una noticiera... - "Atención ciudadanos de Seattle, debido a las recientes disputas que ha habido en estos días entre el gobierno y los desertores del ejército, hoy se nos acaba de informar que gran parte de la ciudad ha sido tomada por un grupo titulado "Hellraiser's", formado por estos desertores, entre esos lugares se encuentra el aeropuerto, Space Needle, zona centro, Parque Olimpia, entre otras zonas de la ciudad, por favor se les pide que mantengan la calma y se resguarden dentro de sus hogares, le mantendremos info...". -de la nada la transmisión paro, para dar lugar a fuertes sonidos de golpes y disparos. -¡Ayuda!, por favor, ayuda, acabando entrar y están matándonos a todos... ¡NO!, por favor... ¡BANG!... quiero que apaguen eso y después vayan a tomar todas las rutas principales. -Una voz diferente se escuchó atreves de la radio, para terminar en estática.
Para la mala suerte de Diana, se encontraba tan deprimida que lo último que escucho fue el disparo. -Elizabeth, llegaremos al aeropuerto dentro de poco, de todos modos, hoy no hay mucho tráfico. -menciono con toda la tranquilidad del mundo, como si los gritos de hace segundos nunca hubieran pasado.
-Que raro, no parece haber gente. -Diana pensó para sí misma mientras estacionaba el auto, tomo todas las maletas y una bebé que no paraba de llorar. -Shhhh.. Shhhh, ya llegamos. -Diana cargando a la pequeña Elizabeth en brazos y está a la vez al conejo de peluche, se aproximaron a las puertas de cristal polarizado del aeropuerto. -Que raro, ¿desde cuándo cambiaron los cristales?. -una distraída madre y una inocente niña se metían en la boca del lobo. Abrieron con facilidad las puertas del lugar sin ninguna dificultad, todo el lugar estaba oscuro y en silencio, hasta que...
-Bueno, quien lo diría, parece que después de todo si vamos a tener algo de diversión, el lugar s ilumino por unos intensos faros, revelando varios cuerpos de personas, hombres, mujeres y niños por igual. Los ojos de Diana se contrajeron y un grito seco fue lo único que pudo hacer.
-Muy bien, tú le disparaste al último, así que esta me toca a mí y con la bebé ya veremos que hacemos. -dos hombres con uniforme militar se aproximaron y de un fuerte golpe la noquearon, volviendo a apagar las luces del lugar.
Fuera del lugar, en el techo de una gasolinera, un joven de pelo castaño se encontraba mirando con unos binoculares lo sucedido. -No tengan miedo, voy por ustedes. -le susurro al viento, casi como esperando que este les transmitiera el mensaje.
Pasaron los minutos y un par de desertores se encontraban ablando en medio de la oscuridad.
-¿Sabes si ya llego el jefe?.
-Si, llego hace unos pocos minutos atreves del alcantarillado.
-¿Qué crees que le vaya hacer a la muchacha o a la niña?
-Tu dímelo, es un hombre que no ha llevado a una mujer a la cama por lo menos en un tiempo, además, hay que admitir que esa chica se veía muy apetecible, jajaja.
-Tienes razón, jajaja.
Los dos hombres empezaron a reír hasta el punto de estarse ahogando, aunque eso no duro mucho cuando alguien llamo a la puerta.
-¡Oh mierda!, los dos hombres se colocaron tras unos pilares y apuntaron sus armas a la entrada. Uno de ellos formo una especia de cuadrado incompleto en el aire.
-Dile a Mike que mate al bastardo... le respondió en voz baja mientras formaba una especie de cilindro con su mano que ponía sobre su ojo.
-Cállate imbécil, Mike está en la torre de control, la mitad del edificio le cubre su visión.
-Nos tendremos que encargar nosotros, lo de siempre, abrimos la puerta de un golpe, tú giras a la derecha y yo a la izquierda.
Los dos hombres asintieron, colocándose uno detrás de otro, formando una fila de solo dos personas. Llegaron hasta la entrada, solo escuchando una especie música que venia del otro lado. -Eso es... ¿Fleetwood Mac?. -pensaron los dos hombres ya preparados para continuar, sin embargo, algo desconcertado por la canción -"Y si no me amas ahora (no me quieres ahora) nunca me vuelvas a amar de nuevo". -
Casi como se tratará de un ataque terrorista, las puertas principales fueron explotadas, llevándose consigo la vida de esos dos hombres. El lugar se llenó por algo de tiempo de un espeso humo negro que emanaba desde fuera y al mismo tiempo la entrada era cubierta por unas 15 personas y apoyada desde el techo del edificio por un francotirador. Todos guardaron silencio y se posicionaron estratégicamente a lo largo de la entrada, todos ellos solo comunicándose a través de señas.
Sin embargo, después de todo lo sucedido la canción no dejaba de sonar. -"Aun te puedo oír cuando dijiste que no romperías la cadena" . -La canción seguía al igual que la organización de los desertores. El humo se disipaba, dejando ver el cuerpo de un hombre desnudo que colgado del tobillo desde el segundo piso, tenía el cañón de un arma clavada en su recto, la cual estaba manchada de materia fecal, dando a entender que la metió y saco varias veces, con un cuchillo clavado en la clavícula que para su suerte, no provoco sangrado, aunque lo peor era ver el rostro suplicante del hombre que tenía mucosa y lágrimas por todo su rostro... sufrió mucho.
Algunos hombres no pudieron evitar taparse la nariz por el fuerte olor, mientras otros parecían temblar, después de todo, la mayoría de ellos eran personas que ni siquiera habían terminado el entrenamiento, "son los mas fáciles de convencer".
El cuerpo colgado lo identificaron como "Mike", el único francotirador se encontraba muerto y de una manera no muy placentera. Pasaron algunos segundos de tensión, donde el cuerpo colgado no hacia mas que intimidar y distraer, hizo un buen trabajo. El sonido de un motor encendiéndose los hizo voltear casi al instante, viendo como una moto de color negro era triturada por las balas, pero ningún rastro del bastardo que lo había hecho.
Era oficial, algunos de los hombres perdían la paciencia... o la valentía?. -sal de una buena vez ¡bastardo! -Uno de los hombres 15 hombres se puso en medio del resto. -Te dije que salieras bastardo. -menciono nuevamente, aunque no se le escuchaba muy bien, era el único que tenía una máscara de gases aparte del que parecía ser el líder de escuadrón.
Este, tras ver al hombre que rompía la formación, empezó a mover el dedo en círculos, sin recibir alguna respuesta del que se puso en medio del resto. -¡Maldición!, tú, vuelve aquí ahora mismo. -menciono el líder de escuadrón mientras trataba de leer el nombre que tenía escrito en su placa.
-Claro señor. -el hombre desconocido giro completamente su cuerpo, dejando ver un traje exactamente igual al que ellos tenían, aunque eso se notaba sin esforzarse, pero lo que de verdad importaba era saber el nombre del soldado.
La paciencia se había agotado relativamente rápido, en especial cuando estas en riesgo de morir con un pase gratuito al infierno. -¡QUE vengas aquí, tu.. -el líder de escuadrón empezó a leer en voz alta la placa que colgaba del cuello del hombre. -M.. MI.. Mike. -sus sentidos de líder se dispararon mas rápidos y violentos que un arma.
-1, 2, 3 por Mike. -menciono en un tono burlón mientras daba 3 ligeros golpes al suelo, el hombre desconocido dejo caer una chaqueta militar, revelando una camisa llena de granadas, todas ellas atadas con un hilo que colgaba de sus seguros, que terminaba con un nudo en su dedo menique.
-Abran fuego... -todos los hombres apuntaron directo al "Kamikaze"… muy tarde.
Con un ligero movimiento por parte de su dedo, toda la sala empezó a llenarse de un gas blanco. La habitación se ilumino con los destellos de las armas siendo disparadas, por un momento todo se quedó en silencio, hasta que uno a uno cayeron al suelo, todos de la misma manera, cubriéndose los ojos o la boca, la mayoría gritando y luchando al principio y terminando en el suelo, muertos, todos cubriéndose el rostro.
-¡Mierda!. -Ahora solo quedaban un par de personas en la habitación, un líder sin nadie a quien dirigir y un trastornado mental que de alguna manera había matado a una persona torturándola y a otras catorce de la misma manera, solo que sin hacerlo de mano propia.
El "único" superviviente, empezó a moverse de un lado a otro, un poco intimidado de lo que vio, además de que era el único presente que había terminado el entrenamiento avanzado e ido al extranjero a pelear por la "paz".
Sus pasos eran firmes y lentos, todo el tiempo apuntando con su arma, ligeramente encorvado sin perder la postura. -Joder.. ¿Qué es esto?. -su pie choco contra algo ligeramente firme, teniendo algo de experiencia, esperaba encontrarse con un cadáver, pero su sorpresa fue tal, al encontrarse con algo que, para él, resultaba mas interesante que un cadáver, era la camiseta que sostenía las granadas. Se coloco de rodillas al lado de la camiseta y sin perder la posición, daba cuidadosas miradas a la camiseta. "Biological Danger", es lo que tenían escrito cada una de esas granadas.
Tembló un poco ante esto, eran las mismas granadas que usaban en el extranjero contra los rebeldes iraquíes.
-A la mierda esto, tengo que salir de aquí. -pensó para sí mismo.
Se encamina a la entrada, donde su sentencia lo esperaba, el gas se disipaba y las puertas estaban abiertas, salió con el máximo cuidado, solo para ver un estacionamiento con un único vehículo, camino hasta el mismo, abriéndolo sin ninguna dificultad, después de todo el auto no tenía seguro, entro y con las llaves puestas en el encendido, no hizo nada mas que dejarse caer sobre el volante, manteniendo pulsada la bocina con un fuerte sonido, la sangre se escurría a través de sus rostro y nuca, con un agujero que atravesaba el parabrisas y posteriormente su cráneo.
-Uno menos. -un sujeto con un francotirador que estaba lleno de materia fecal del cañón, se encontraba pecho-tierra, en medio del gas ya disipándose.
Se levanto y una vez el gas ya disipado, se quitó la máscara, dejando ver un hombre castaño bastante joven, "Booker". -Yo no lo considero el divorcio Diana. -menciono mientras se adentraba en el aeropuerto.
Camino por el lugar sin ningún resultado, hasta que unos gritos le hicieron correr hasta unas escaleras que parecían dirigirse al sótano del aeropuerto, los sonidos del eco de sus pisadas se escuchaban por la oscura bajada. Para y frente a él, una puerta entreabierta que no dudo en abrir, con pistola en mano, abrió la puerta por completo... lo que vio, lo termino de matar por dentro.
-¡Mas rápido!.. ¡Oh sí!.. ¡Por favor, más rápido!, ¡ahhhhhhhh!, ¡hazme olvidar a la escoria de marido que tengo!. -una mujer rubia gritaba mientras tenía sexo con un tipo en traje militar... "Diana".
Ninguno de los dos se había dado cuenta de la presencia de Booker en el lugar, estaban tan sumergidos en el placer, que ni siquiera notaron cuando les apunto con el arma.
Booker miraba con ojos contraídos que se volvían pálidos, como su esposa era penetrada, gritando de placer y emoción, gritando por mas, gritando al aire, gritando que era una escoria, con su dedo presionando cada vez mas contra el gatillo, no apuntaba al bastardo que estaba cogiendo a su esposa, sino a su esposa. -Considéralo el divorcio. -menciono con los ojos enrojecidos, con lágrimas de dolor e ira en sus mejillas.
Booker cerraba con cuidado sus ojos, tirado en el suelo, con un fuerte golpe en la cabeza, seguía viendo como su esposa y el otro sujeto seguían teniendo sexo, pero esta vez viéndolo, sin parar. Dirigía su mirada a su derecha, para ver a un tipo de cabello oscuro, sosteniendo una varilla metálica con sangre en la punta.
-Debiste disparar antes. -menciono el sujeto de cabello oscuro.
-Gracias por salvarme "A". -menciono un sujeto castaño al igual que Booker, mientras dejaba de mover sus caderas y metía un disparo a quemarropa en la cabeza de Diana. -Al principio se hizo la difícil. -menciono mientras se apartaba de ella y subía sus pantalones. -Pero no tardó mucho en caer. -se acercaba con un gran ego hacia el ahora casi indefenso Booker.
-Era tu esposa ¿no Booker?... creo que deberías escogerte a alguien mas fiel, jajaja. -menciono mientras presionaba con su pie la cabeza de Booker contra el suelo, estaba aturdido y confundido, no sabía todavía lo que había pasado.
-Debo admitir que fue difícil hacerte salir, pero quien diría que al final vendrías corriendo hacia nosotros. Al principio tenía mis dudas sobre si lo de reclutar desertores era buena idea, ya sabes, lo de tomar partes de la ciudad y formar a los inútiles de "Hellraiser's" solo para hacerte pagar tus deudas. -quito su pie de la cabeza de Booker.
-Pero no te preocupes, puedes considerar tu deuda saldada, por parte mía, tu esposa fue una excelente forma de pago... Pero ¿tú que dices "A1"?, estas seguro de conformarte con una niña.
Booker vio con mas detenimiento al segundo hombre que lo acababa de golpear, pudo notar un pequeño bulto entre sus brazos, durmiendo tranquilamente, sosteniendo un peluche de conejo blanco mientras se chupaba el dedo... "Elizabeth".
-No es para mí, es mi hija, ha estado intentado tener hijos por más de un año, sin conseguir nada y como esta niña es tan dulce y bonita como ella, sin mencionar que es casi idéntica, creo que aceptara con los brazos abiertos, además, si no me equivoco la madre está muerta y el padre es un desgraciado.
Booker escuchaba con atención todo lo que hacían, le iban a quitar la única cosa buena que le quedaba en esta vida, su hija. -Devuélveme a mi hija... bastardo. -Booker empezaba a levantarse como podía en cuatro patas. -¡Que me la devuelvas!. -cayó al suelo, silenciado por la sensación de la varilla clavándose en su espalda, para después volver a recibir otro golpe en la cabeza.
-Creo que escuche algo, pero solo fue un insecto. -menciono el tipo castaño.
-Tienes razón, creo que ha llegado la hora de irnos.
Los dos hombres se apartaron de Booker, no antes de dejarle una última desgracia.
Los pequeños llantos de una pequeña niña que decía. -"Boo-Boo" . -mientras estiraba los brazos a Booker.
-No, no, no, no, pequeña "Lori", él es una mala persona, un mal ejemplo para ti. -menciono el hombre que tenía en brazos a la pequeña "Elizabeth" y ahora "Lori", empezando hacerle cosquillas mientras le lanzaba al aire y la cachaba, ganándose risas por parte del infante.
-"Pop-Pop". -menciono la niña mientras se aferraba a su brazo.
-Así es, soy "Pop-Pop".
Booker lloraba en el suelo, aturdido por los golpes en su cabeza e inmóvil por un tubo metálico en su espalda, viendo como su hija lo olvidaba por alguien que había contribuido a asesinar a su madre. Salieron por la puerta con la bebe en brazos, dejándolo casi muerto en un sotano con el cadaver de lo que el llamaría una mala madre y una pésima mujer, pero, ¿qué él no había tenido la culpa en primer lugar?.
-Lo siento Diana...
-Lo siento Elizabeth...
("Fuera de un mal recuerdo", 20 años después)
-Lo siento Diana, lo siento Elizabeth, fui débil, fui un bastardo, un mal esposo, un mal padre, un estúpido que no merece tener testículos. -Booker seguía llorando mientras Grouse atendía la llamada.
Los minutos pasaban y Booker aún no dejaba de llorar, el recuerdo se repetía una y otra y otra vez en su cabeza, las palabras "Pop-Pop" lo atormentaban, su hija lo había cambiado...
Sujetaba firmemente la botella de whisky, apunto de dar el primer trago, pero él apareció de frente, un niño peliblanco de camiseta anaranjada que sufría, sintiendo un dolor equivalente al que el sintió hace 20 años, lo tenía frente a el, podia ayudarlo para a aliviar su dolor, podia estar ahí para él, podía ser la persona que consolara a ese niño, ser la persona que nunca llego para el en esos 20 años, podría llegar a salvar la vida del niño y con ella la suya.
Lanzo la botella de whisky contra la pared. -No volveré a fallar. -menciono parándose de la mesa, limpiando las lágrimas de su rostro. -Te salvare chico... -menciono Booker mientras se dirigía a la puerta.
-Si... creo que eso... no sucederá. -menciono Grouse.
-¿A qué te refieres con que eso?...
-"¡Bang!". -el disparo silenciado de un arma choco contra en el antebrazo de Booker...
Booker no perdió el tiempo y corrió a cubrirse dentro de la cocina.
-Veo que esos recuerdos te siguen atormentando, no te preocupes, a mí también me atormenta el recuerdo de haberme cogido a la perra de tu mujer, jajaja.-menciono Grouse con una sonrisa en su rostro.
Booker no era de los que entendían rápido, pero esas palabras, esas sonrisas, le hicieron sentir una enorme ira que no había podido sofocar con el alcohol.
-Vamos, no me digas que no me reconociste. -antes de siquiera terminar las palabras, vio como Booker salía corriendo hacia él con un cuchillo de cocina con dientes que sostenía en la mano...
(Minutos después)
-Ya lo recuerdo. -Booker respiro profundamente mientras se rascaba la cabeza. Tomando el quinto cigarrillo de la cajetilla, miro a Grouse tirado en el suelo. -Algo claro aquí, es que los dos somos la escoria de la humanidad, malas personas, la cuestión es, ¿Quién de los dos es peor? Tú me quitaste todo lo que amaba, casi tomaste una ciudad entera y posiblemente también les quitaste la vida a cientos de personas y yo... pues... digamos que me, La unión europea, la OEA y posiblemente los tigres asiáticos...
El teléfono sonó y Booker no dudo en contestar, aunque hubiera preferido no hacerlo.
-Hola... -Booker comenzó.
-Hola Booker, ¿estás listo para tu primera tarea?... -una voz femenina hablaba.
-¿A qué te refieres?... -cuestiono Booker
-Bueno, contestaste, eso te convierte en mi perrita que busca su premio... -se escuchaba feliz.
-Sabes, de eso quería hablarte, no voy a ser la perra faldera de nadie...
-¡Lo aras! o si no me encargare de hacerte la vida imposible, ¡me oyes!, maldito drogadicto de mierda...
-Jajajajaja, oh Dios, eres tan hilarante... lamento ser yo el que te diga que llegaste 20 años tarde.
-Escúchame tu maldito hijo de...
-Te espero en la corte. -Booker colgó el teléfono, para después arrancarlo de la pared.
-Necesito limpiar este desorden. -menciono Booker mientras sacaba a Grouse a la parte delantera de la casa. -Espérame aquí, no tardare, Booker entro a la casa, y se aseguro de tomar cualquier cosa en la que estuviera en contacto, el teléfono, la botella de Whisky, la pala, el cuchillo, los utensilios del baño, entre otras cosas y las junto todo en la cocina, entro al almacén de la casa y tomo todos los bidones de gasolina que encontró, y se aseguró de vaciarlos por todo el piso inferior, incluyendo la acera donde estaba su sangre, abrió las tuberías de gas del sotana y encendió una vela que coloco en el medio de la cocina, solo esperando la llegada del gas.
Él sabía que las personas de la casa de al lado podrían resultar heridas, pero también sabía que clase de personas Vivian en ella.
Levanto a un Grouse que se encontraba en las puertas de la muerte. -No te preocupes, te llevare al hospital mas cercano.
N/A:
Bueno ahora conocen lo necesario del pasado de Booker y sobre todo lo de su hija... (sin comentarios).
Saben, me dan a entender que no tienen la mas mínima idea sobre quienes son los violadores de Lincoln y se los vuelvo a reafirmar, no son sus padres ni abuelo.
Creo que no hace falta decir que espero impaciente sus comentarios, si les soy sincero no se si les haya gustado este capitulo. Nos leemos dentro de un tiempo, ¡Chau!.
